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Lux

Si había algo que amaba ver era el crepúsculo. Sobre todo si tenía la oportunidad de escaparse de su turno en la guardia para ir la parte más alta del castillo y disfrutar del escenario.

Se sentó en el tejado mientras apoyaba sus manos en las rodillas y cerraba los ojos disfrutando del viento. Respiró profundo, deseando que aquel aroma quedase grabado en sus memorias. Considerando que su magia provenía de la luz, era un poco irónico que su momento favorito del día fuese aquel en el cual las sombras lograban tragarse al sol.

Desde la caída de la Liga de Leyendas, Demacia se había convertido en uno de los Estados que apoyaba la decisión sobre la exterminación absoluta de los invocadores. La mayoría de estos habían sido arrestados y juzgados por los Tribunales de Justicia Demacianos como criminales. Según los Altos Mandos, aquello era un desperdicio de tiempo, pero para los ciudadanos de aquel lugar existía una ley que seguir incluso si tan solo era para mantener las apariencias. Ningún invocador había sido declarado inocente y habían sido ejecutados, enterrados en una fosa común donde sus nombres se perderían para el resto de la eternidad.

Luxanna se había opuesto a la decisión del exterminio desde un inicio, en vano había intentado decirle al cabeza dura de su hermano que aquello era una completa estupidez. La mayoría de los invocadores que estaban en Demacia eran novatos que apenas y podían lanzar un Ignite en el momento adecuado. Eran incapaces de herir a alguien.

Sin embargo ni Garen, ni Jarvan la habían escuchado. Los únicos que parecían estar de acuerdo con ella eran Galio, Poppy y Sona considerando que el primero era una estatua durmiendo, la segunda una yordle y la tercera se había marchado ante la decisión demaciana de apoyar el exterminio...No eran de mucha ayuda. Quinn se había mantenido al margen, mientras que Fiora había resuelto el dilema a duelos. Si un invocador podía sobrevivir a un embate con ella, su vida sería perdonada. Y hasta el momento ninguno había vivido para contarlo.

Lux ante la frustración había decidido ayudar a escapar a algunos. Lograba escabullirlos utilizando trucos de luz para distraer a los guardias de las puertas o simplemente una sonrisa engañosa capaz de convencer a un soldado novato.

La Doncella Luminosa de pronto sintió que el edificio donde estaba sentada comenzaba a moverse. Dio un grito mientras maldecía el estar en un tejado en pleno movimiento sísmico. Su cuerpo se deslizó hacia abajo y en el último segundo logró sujetarse con una mano del borde del techo.

—¡Maldita sea!—Exclamó y al notar que el temblor no bajaba su intensidad, decidió que lo mejor era utilizar su magia. Se mordió el labio inferior y rogó para que el escudo tuviese la suficiente fuerza como para resistir el impacto contra el piso. Contó hasta tres cerrando los ojos, soltó sus manos y agitó sus dedos mientras una barrera rodeada su cuerpo.

Auch. Pensó al aterrizar de manera forzosa en el piso. Al levantarse, se acarició la parte baja de la espalda y se prometió a sí misma tener mucho más cuidado la próxima vez. El temblor se había detenido, sin embargo Lux tenía un extraño presentimiento.

Algo estaba mal. Demasiado mal.

No tardó en ir por su bastón y rápidamente correr hasta la Gran Plaza ubicada en el centro de Demacia. Todas las construcciones seguían en pie, no había heridos y las personas pese a que comentaban el hecho extrañadas no parecían estar alarmadas.

Algo estaba acercándose.

Lux maldijo el pensamiento en su cabeza. Normalmente utilizar su magia la hacia sentir tan feliz que era imposible quitarse la sonrisa de su rostro apenas veía la luz jugueteando en sus manos. Pero esta vez era diferente...Se parecía muchísimo a lo que había percibido unos meses atrás en la Academia de Guerra.

De pronto la Dama Luminosa cayó en cuenta de lo que se avecinaba. Sin pensarlo dos veces reunió todo el aire que sus pulmones podían soportar y gritó con todas sus fuerzas que los aldeanos se retiraran a sus casas. Las personas se voltearon a mirarla confundidas, sin embargo nadie podía dudar de la palabra de una Crownguard y muchas de ellas comenzaron la marcha de regreso a sus hogares.

El piso bajo sus pies volvió a crujir, solo que esta vez con aún mayor intensidad. Luxanna no comprendía muy bien lo que estaba ocurriendo, sin embargo estaba segura de que aquellos que habían provocado el desastre en la Liga de Leyendas tenían algo que ver.

—¡Muéstrense!—Gritó e intentó mantenerse en pie sosteniendo su báculo, abrió los brazos intentando equilibrarse y decidió alejarse de las estructuras que se veían más endebles. Los gritos de los aldeanos no tardaron en volverse en un coro desesperado que no parecía no tener fin. Luxanna se mordía los labios sintiéndose inútil ante el poder que estaba siendo desatado. Sus piernas terminaron por ceder cayendo de espaldas al suelo. La tierra pareció dar un último rugido antes de que uno de los pilares de la Plaza Central cediera ante el movimiento sísmico.

La Dama Luminosa sin siquiera pensarlo utilizó su hechizo luminoso para sostener la construcción que estaba a punto de caer sobre ella y los aldeanos que atónitos miraban la escena.

—¡Corred!—Gritó sintiendo como el pilar parecía caer sobre ella. Mantener retenido a un campeón no era lo mismo que algo diez veces más enorme. Cerró los ojos intentando concentrarse, no podía volver a colocarlo en su lugar...Pero al menos podía darle suficiente tiempo a los demacianos para buscar refugio. Ella no tenía la suficiente fuerza como para levantarse y hacer lo mismo, su mente solo se concentraba en mantener el hechizo.

Lux abrió los ojos para comprobar que no hubiese nadie herido y lo único que encontró fue la mirada atónita de los demacianos al verla utilizar magia. Ni siquiera el terremoto los había espantado tanto como el hecho de saber que uno de los suyos utilizaba lo que tanto odiaban.

—¡Váyanse!—Exclamó con sus últimas fuerzas sintiendo como el hechizo se desvanecía. La construcción no tardó en desplomarse sobre ella, la Dama Luminosa se cubrió con los brazos en un acto reflejo y en silencio lamentó el no haber podido no ser de ayuda.

—¡Muévete...Persona jovencita!—

Abrió los ojos al escuchar una voz familiar, bajó los brazos, miró hacia el piso y notó que una espada estaba dibujaba en el. Las enormes alas del coloso de piedra hicieron que la chica sonriera ampliamente y diese un suspiro aliviada.

—¡Gracias!—Dijo moviendo el brazo para captar la atención de Galio. Este devolvió el gesto con una mano mientras con la otra volvía a acomodar el pilar en su sitio.

El movimiento ya se había detenido, sin embargo varios edificios se encontraban con severos daños y otros se hacían caído. Algunos muros se habían derribado y la confusión en la Plaza Central era evidente. Habían personas atrapadas bajo los escombros, gritos desesperados pidiendo ayuda, niños llorando por haber perdido en la multitud a sus padres...Sin embargo, el riguroso entrenamiento demaciano ayudaba a los soldados a mantener la calma para prestar auxilio inmediato en situaciones extremas.

Luxanna intentó levantarse del piso, sin embargo sus piernas no respondían. Aún después de lo sucedido, seguía teniendo ese extraño presentimiento de que algo se estaba cerniendo sobre ellos. Sentía escalofríos en su espalda, casi como si arañas estuviesen trepando sobre ella. Negó con la cabeza y se abrazó a sí misma un momento intentando reconfortarse. Movió su mano llamando a su bastón. Aún se sentía débil, pero sabía que el responsable de todo aquello estaba cerca. Se levantó utilizando el báculo como apoyo mientras todo su alrededor todo parecía comenzar a ser tragado por una espesa niebla.

Corrió en dirección al Palacio de los Lightshield, ignorando el dolor de cabeza que parecía estar acabando con las pocas energías que le quedaban. Con la ayuda de su bastón luminoso podía atravesar la neblina sin tropezarse con los escombros que habían quedado desperdigados por el piso luego de los movimientos sísmicos.

Al llegar al Palacio, se percató de que ningún guardia se encontraba vigilando la puerta. Ignorando cualquier protocolo demaciano, entró por la puerta principal gritando el nombre de su hermano y luego el de Jarvan. De pronto alguien se abalanzó sobre ella blandiendo una espada y Lux cayó de espaldas al piso mientras bloqueaba el ataque con ayuda de su báculo.

—¿¡Qué estás haciendo, hermano!?—Gritó la chica al darse cuenta que quién la estaba atacando era nada más y nada menos que el mismísimo Garen. El demaciano chasqueó la lengua con fastidio al ver que había fallado y volvió a intentarlo una vez más, solo que esta vez la Dama Luminosa estaba preparada para utilizar su magia.

—¿Garen? ¡Respóndeme!—Exclamó una vez más y se dio cuenta que el contrario no la estaba escuchando. Su mirada parecía estar perdida y su cuerpo se movía al igual que el de un muñeco—¡Hechizo Luminoso!—

La magia no funcionó. Lux dio un grito al sentir como la pesada espada de Garen le hería en una de sus piernas al intentar esquivar uno de sus ataques. El demaciano no tardó en volver a embestir de nuevo contra ella, pero esta vez soltando un rugido casi desgarrador.

—¡Huye, Luxanna!—Gritó y la chica abrió los ojos sorprendida al ver que su hermano parecía estar luchando contra sí mismo.

—¿Garen? ¿Qué te está pasando?—Preguntó asustada y escuchó la risa de alguien dentro de su propia cabeza.

"Esto es una decisión táctica, querida campeona" Susurró una voz masculina y Lux sintió como la sangre se le congelaba al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Sin perder ni un solo segundo más escapó del palacio aun con la pierna sangrándole.

"Invocadores" Pensó horrorizada. La neblina que se encontraba en el exterior mermaba sus poderes mágicos, lo mismo que había ocurrido meses atrás en la Academia de Guerra. Era solo una cuestión de tiempo antes de que se quedase sin poder utilizar magia.

"No intentes escapar de tu destino" Volvió a susurrar el invocador y Lux se apresuró aún más, quedándose sin aire. Su mente era un caos entre tantas ideas ¿Quienes eran los invocadores que estaban allí? ¿Eran los mismos que habían ayudado a destruir la Academia de Guerra meses atrás? Por más que intentaba encontrarle sentido a lo ocurrido, le parecía imposible. La mayoría de los invocadores que se hallaban en Demacia estaban muertos, los únicos que quedaban eran los...Altos Mandos.

La Dama Luminosa utilizó los restos de poder mágico que le quedaban para crear una barrera que le impidiese a cualquiera acceder a su mente. El dolor de cabeza que sentía parecía estarle rompiéndole el cráneo, era tan intenso que mantener los ojos abiertos era una hazaña. Pero debía resistir un poco más por su hogar.

A Demacia le quedaba poco tiempo. Y su única esperanza yacía en quien pudiese escapar de aquel lugar para conseguir ayuda.

Para ella, ya era tarde.

Drachen

Desde que Nasus había tomado mi mano, el discurso de Azir había dejado de tener cualquier importancia para mí. Me sentía en una especie de burbuja rosada llena de felicidad que ni todas las criaturas del Vacío juntas podían destruir. Incluso después que el Ascendido me hubiese dicho que debía atender otros asuntos y se había quedado con Azir en la Sala de Reuniones, yo continuaba en una especie de trance. En ese momento me sentía tan dichosa que incluso si el mundo hubiese sido consumido por Cho'Gath, todo me seguiría pareciendo maravilloso.

—Mastica un limón para borrarte esa cara de felicidad, por los dioses—Dijo Sivir al topármela mientras iba caminando hacia mi habitación luego de haberme robado una bolsa de galletitas shurimanas de la cocina.

—¿Como está tu mano?—Pregunté ofreciéndole una y ella asintió. De pronto, Sivir me quitó la bolsa de las manos y pese a mi protesta, ella me ignoró.

—Mejor, gracias. Estoy ayudándote con tu dieta, dame las gracias—Respondió mostrándome la mano vendada y extendí mis brazos intentando recuperar lo que me había robado. Al ser casi imposible superar su agilidad, terminé por rendirme y aceptar que debería ir a buscar más apenas pudiese—¿Alguna idea de lo que pasó con Azir y Nasus?—

—¿Ah?—Ladeé la cabeza sin entender bien.

—Estabas ahí mismo...Un guardia se acercó y le susurró algo en el oído a Azir. Cada uno de sus discursos dura por lo menos una hora y este no fue ni de quince minutos—Mencionó con una ceja alzada, notando que efectivamente que mi mente no había estado presente durante la ceremonia—Algo se están trayendo entre manos—

—No lo creo—

Sivir suspiró, casi como si mi respuesta hubiese sido lo que esperaba. Se pasó la mano derecha por el rostro y frunció el ceño levemente.

—Escúchame bien, Drachenblut. Usualmente no doy consejos gratis, pero supongo que por cerrar un portal del Vacío te lo mereces: No siempre puedes esperar a que los demás siempre vayan por delante de ti—Habló de forma calmada, pero a su vez podía sentir la firmeza en cada palabras—Lo sé, para ti es normal confiar en las personas que son mayores. Eres una invocadora, te han criado toda la vida para seguir órdenes de alguien que tiene más experiencia que tú. Pero no es necesario que siempre te quedes esperando a que te digan lo que debes hacer...Y sí, me estoy refiriendo a que la próxima vez que te encierres en tu habitación te sacaré a patadas de ella—

Quise decirle algo, pero una parte de mí sabía que tenía razón. Me mordí el interior de la mejilla sin saberle muy bien qué responder. Sivir me palmeó el hombro para despedirse y continuó su camino en dirección opuesta a la mía.

Al llegar a mi cuarto me sorprendió encontrarme con un guardia esperándome. Rápidamente me explicó que el Emperador había solicitado mi presencia inmediata en la enfermería. Sin dudarlo me encaminé hacia el lugar con paso apresurado. Llamé a la puerta y al escuchar la voz de Azir diciéndome que entrara, obedecí.

No había nadie más en el cuarto además de los Ascendidos y una persona tendida en la cama. El aire olía a sangre, parecía que hace muy poco Nasus había terminado con un tratamiento. Él me miró preocupado e hizo un gesto con la cabeza para que me acercase a la cama.

Una mujer castaña yacía tendida en la cama con su cuerpo cubierto de vendas. Tenía puesta una camiseta suelta de color blanco que le cubría parte del pecho y por la forma en que la llevaba puesta supuse que se la habían prestado. Su rostro tenía diversos rasguños y tenía un moretón en la mejilla izquierda tan grande que incluso con el parche que cubría parte de la herida era muy visible. Respiraba con dificultad y cada bocanada de aire parecía un martirio para ella. Alzó su mano haciendo una señal y de inmediato su compañero desde el otro lado de la habitación reaccionó: La majestuosa ave de color azul que siempre la acompañaba comenzó a caminar hacia ella con dificultad. Se le veía agotada, tenía una de sus alas a vendada al igual que sus dos patas y se balanceaba a la hora de moverse; pero se mantenía firme. Como si no estuviese dispuesta a mostrarse débil.

La mujer pese a todo el dolor que sufría, sonrió apenas su compañero aleteó con todas sus fuerzas para posarse en el brazo que ella le había extendido. Ambos por un segundo se miraron, como si las palabras entre ellos no fueran absolutamente necesarias.

—Lo lograste, Valor—Dijo felicitándolo y el ave emitió un leve ruido—Lo logramos—

La voz de Quinn se escuchaba tan ronca que era posible saber que no había bebido nada en un largo tiempo. Nasus le extendió a la mujer un cuenco con agua.

—Quinn, debes hidratarte—Agregó el Curador de las Arenas y la mujer emitió una queja al intentar levantar su cuello. De inmediato se acercó a ella y le tomó de la nuca con extremo cuidado para ayudarla a que bebiese un poco.

—Tu vida está fuera de peligro, pero estás demasiado débil. Debes descansar—Dijo el Curador de las Arenas volviendo a acomodar a la demaciana en la almohada—Es casi un milagro que después de aquel aterrizaje sigas con vida. Tienes una fractura en el brazo derecho y dislocamiento de hombro. Lo más probable es que haya debido al impacto. He limpiado las heridas de diversos proyectiles de plata y probablemente tengas una infección, deberás tomar un par de medicamentos durante unas semanas—

—¿Como está Valor?—Preguntó mientras el ave inspeccionaba la cama buscando un lugar donde establecerse. Al final se decidió por el lado izquierdo de la almohada y graznó dando por hecho que nadie podría moverla de ahí.

—Está agotado al extremo al igual que tú, un ala rota y contractura muscular en sus piernas. Pero ambos están a salvo y fuera de peligro—Explicó el Ascendido dando un completo diagnóstico. Azir y yo nos miramos preocupados por el estado en el que ambos se encontraban.

—La gloriosa Shurima nunca ha abandonado a sus invitados, ni a aquellos que buscan refugio en tiempos de necesidad—Dijo el Emperador acercándose a la camilla con decisión—Mientras el Sol brille en este Imperio, se te brindarán las mejores atenciones. Tienes mi palabra de Emperador. Y por supuesto, eso incluye a tu noble compañero—

—Gracias—Suspiró con alivio la castaña y Nasus acercó el cuenco con agua al ave que miraba la escena con atención—Ha...Ha ocurrido algo terrible...en Demacia—

Su voz parecía apagarse a medida que las palabras iban saliendo de su boca, sus ojos estaban rojos, pero ninguna lágrima parecía salir de ellos debido a la deshidratación. Estaba utilizando toda su fuerza voluntad para no quebrarse ahí mismo.

—Los Altos Mandos—Volvió a hablar repentinamente y empuñó una de sus manos—Nos engañaron...Todo este tiempo...Kayle tenía razón. No...Nunca debimos confiar en ellos. Lux...Lux estaba herida...Me dijo que debíamos...Buscar ayuda en Shurima...—

"¿¡Qué!? ¡No puede ser!" Me dije a mí misma y abrí la boca para protestar, sin embargo Azir me interrumpió.

—¿Demacia ha caído en las manos de los Altos Mandos de la Liga de Leyendas?—Preguntó y colocó su mano sobre la de Quinn mientras le miraba fijamente a los ojos. Ella tan solo cerró los ojos y Valor graznó aleteando con el ala que aún podía mover. Esa parecía ser la señal de que su compañera no podía seguir hablando.

—Intenta dormir un poco—Sugirió Nasus dándole un sorbo de agua con infusión de hierbas a la demaciana. Esta no tardó en caer dormida, no sin antes buscar el ala que tanto la cuidaba para acariciarla.

Salimos de la enfermería y Azir asignó un par de guardias a la puerta para asegurarse de que nadie interrumpiese el descanso de Quinn. Ordenó que le diesen de comer a Valor un par de semillas y apenas la chica despertase, se le enviara un mensaje. Nasus, Azir y yo intercambiábamos miradas preocupados, ninguno de nosotros se atrevía a decir una palabra, pero era claro que la amenaza de los Altos Mandos no solo afectaba a Demacia.

—¿Qué van a hacer?—Rompí el silencio y Azir levantó la cabeza, dejando de lado cualquier pesadumbre que hubiese sentido antes.

—Es horrible lo que le han hecho a Demacia. Sin embargo no podemos enviar a nuestro ejército para recuperar la ciudad—Dijo el Emperador decidido, dejando en claro que había desechado aquella posibilidad—De una forma u otra, sería declararles la guerra. Y considerando que la amenaza del Vacío está sobre nosotros es imposible que intervengamos con asuntos fuera de los nuestros: Shurima es nuestra prioridad—

—¿Nasus?—Pregunté intentando hacerme ilusiones de que ellos podían arreglarlo. Porque ellos siempre tenían una solución para todo ¿Cierto?

—Nuestra única opción es buscar alguna forma de intentar neutralizar la magia de los invocadores. No podemos arriesgarnos sin un plan. Terminaríamos como los otros campeones de Demacia—Comentó Nasus y pude notar que su opinión iba por el mismo lado que la de Azir.

—Esperen... ¿No...No van a hacer nada?—

—No podemos, Drachen. Debemos ocuparnos del Vacío primero—Fue la respuesta de Nasus y supe que con eso el tema estaba zanjado para ellos—Ayudaremos a Quinn en su recuperación, pero no podemos hacer nada más por el momento—

Tenían razón. Incluso si no estaba de acuerdo con la idea de dejar a los demacianos a merced de los Altos Mandos, no podía exigirle a Nasus y a Azir que se preocuparan de ello. La que estaba furiosa era yo, no ellos.

Durante años se nos había enseñado que lo más importante para ser un invocador era estar dispuesto a sacrificar todo deseo individual para un bien mayor. Ayudábamos a resolver conflictos a través de nuestras habilidades. Incluso si eso significaba vivir encerrados para conseguir llegar a lo más alto.

Pero me habían engañado. Había aceptado que la purga era inevitable debido al peligro que representaba nuestra sola existencia. Me habían intentando asesinar durante varias ocasiones...Y aún así me había ilusionado de que algún día lograría limpiar mi nombre y demostrar que podía llegar a lo más alto. De que de alguna forma u otra, en el futuro lograría ser la invocadora que soñaba.

Era una esperanza estúpida que había guardado en lo más recóndito de mi ser. Respiré profundo y me retiré a mi habitación a paso apresurado. Necesitaba respirar, necesitaba volver a entender el mundo. Escuché a Nasus decirme algo, pero la ira me estaba comenzando a consumir ¿Había perdido años de mi vida por una institución que había tomado el poder por la fuerza?

Caminé por los pasillos del Palacio mordiéndome el interior de mejilla y sintiendo que en menos de un día, todo parecía haberse ido al demonio. Cambié el rumbo y decidí dirigirme a la terraza, necesitaba tiempo para pensar a solas y seguramente en mi habitación terminaría frustrándome más. Si los Ascendidos no podían arreglar lo que estaba ocurriendo ¿Quién era yo para decirles lo que tenían que hacer?

—Si yo fuera tú, me quedaría con Shurima—Uno de los guardias de Azir se acercó a mí y me di media vuelta asustada. Sentía gotas de sudor correr por mi frente y mi respiración estaba un poco agitada, al parecer había estado corriendo en el transcurso sin darme ni siquiera cuenta.

—¿Disculpe?—Alcé una ceja extrañada de que el guardia no se refiriera a mí como "señorita" (como usualmente lo hacían todos en el palacio). Entrecerré el ojo intentando reconocerlo y soltó una risa que me hizo estremecer de pies a cabeza. Di un paso atrás intentando mantener la distancia entre ambos y me coloqué a la defensiva de inmediato.

—¿No que solo habías perdido el ojo? Al parecer también los oídos—Respondió de forma sarcástica. El guardia llevaba en su mano derecha una lanza y en la otra un escudo, era quizás un poco mayor que yo y llevaba el cabello negro corto, al igual que la mayoría de los soldados shurimanos.

Tuve que sostenerme las manos para evitar rascarme ante la comenzón que tenía en el lugar donde alguna vez había estado mi ojo derecho. Mis piernas temblaban y me costaba respirar, mi cuerpo entero parecía estar paralizándose ante la amenaza que estaba en frente de mí. Ni siquiera podía correr, era inútil sabiendo que en un solo instante me alcanzaría.

—Piénsalo. Ya te has sincronizado con ellos antes, no te será difícil...Después de todo, si ellos están equivocados ¿Por qué no demostrárselos?—

—Vete de aquí—Ordené respirando cada vez con más dificultad. De pronto el sujeto acortó la distancia entre ambos y pude ver con claridad el color dorado de sus ojos, aquel que delataba que la persona que estaba en frente de mí era tan solo una marioneta.

—¿Por qué siempre me obligas a tomar el camino más difícil, pequeña Drachenblut?—

Di un grito ahogado. Maldición, maldición, maldición. Tenía que salir corriendo de allí lo antes posible. Intenté mostrarme segura, pero incluso cuando hacía lo posible por controlar los temblores, mi cuerpo reaccionaba de manera casi involuntaria.

—¿R-Reiter?—Balbuceé y mi voz apenas era un susurro audible.

—Ah, estás teniendo una reacción de rechazo. Tu cuerpo me identifica como algo peligroso...Y está aterrado—Dijo asintiendo a mi pregunta—Es una lástima que al final no hayas realizado tu sueño de ser la mejor invocadora de todas...Pero ahora necesito de tu ayuda—

—¿Mi ayuda?—Fruncí el ceño ante sus palabras. Bajo ninguna circunstancia me imaginaba a mí misma ayudando a quien me había hecho perder un ojo.

—Los Altos Mandos se han salido con la suya, han tomado Demacia y no puedo permitir que ellos ganen ¿Lo entiendes, cierto?—Explicó utilizando un tono algo extraño en él. Era la primera vez que lo escuchaba hablar de forma seria—No tengo mucho tiempo antes de que mi magia se agote. Así que déjame decirte una cosa, pequeña Drachenblut: La exterminación fue solo para hacer a los invocadores restantes más poderosos. Eso fue un plan de los Altos Mandos, pero para su desgracia eso nos incluye a ti y a mí. Si puedo manifestarme de esta forma en el mundo físico es porque me he hecho más poderoso que antes...Al igual que tú y tu habilidad para cerrar Portales del Vacío ¿Quién lo diría?—

Aquello hizo ruido en mi cabeza. Reiter sabía lo que había hecho y además, me había ofrecido una explicación lógica de porqué alguien como yo, que hace meses atrás estaba a punto de fallar, se había vuelto tan fuerte al punto de poder alterar las fisuras que el Vacío utilizaba en el mundo real. Me quedé en silencio esperando que él continuase y al asentir con la cabeza, él prosiguió.

—Imagina que nuestra magia es un pastel, mientras más comensales haya, hay menos postre para cada uno. Los Altos Mandos ordenaron la masacre para tener más magia para sí mismos y recuperar lo que les he quitado: La Liga de Leyendas. Y eso, como verás, es algo muy, muy malo para mí. Es por eso que vengo a ofrecerte mi ayuda, Drachenblut. Tú quieres vengarte de los que te mintieron y yo...Quiero lo mismo. Necesito un ejército para acabar con los Altos Mandos, pero no puedo meterme en la cabeza de un Ascendido porque ellos simplemente no me lo permitirían, pero ellos confían en ti. Sobretodo el perro—

De pronto lo entendí. Reiter no estaba allí para acabar conmigo.

—¿Te unirías a mí?—Preguntó.

Notas de la autora: Probablemente el capítulo más editado en toda la historia de este fic. Existen unas cuatro variantes y debo haber borrado unas 5000 palabras en total. Muchas gracias a todos por sus mensajes y reviews ;_; Sé que no actualizo muy seguido ¡Pero les prometo que este fic no quedará botado aunque me tarde años!

Quiero darle gracias especiales a mis beta readers: Sergio y Teffy por haberme ayudado con el bloqueo de escritor. Ellos se tomaron la molestia de leer todas las versiones y decirme cuales iban mejor ;w;

Queridos lectores, los adoro por leer esta historia durante tres años casi (wow) Así que estoy pensando en celebrarlo con algún regalito tipo oneshot para ustedes, me gustaría saber sus opiniones con respecto a ello: si quieren algo tipo terror, smut, fluff, spinoff no lo sé. Solo que sea con respecto al universo de las Rapsodias, lalala ¡Acepto sugerencias de temáticas y ships!

Muchas gracias por hacerme la escritora aficionada más feliz del mundo, en estos tres años siento que han sacado lo mejor de mí y de mi pluma ¡Un gran abrazo (congelado) y a la distancia a todos!

GeminixSyndrome.