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El ataque de tos me despertó.
Mi cuerpo entero se estremecía mientras me llevaba las manos de forma instintiva al pecho, algo en mi garganta parecía estar quemándome y pestañeé de forma rápida intentando que mi visión se acostumbrase de forma rápida, desde que había perdido un ojo me era mucho más difícil enfocar cosas las cosas.
La tos continuó por un par de segundos más y apoyé mis manos en la arena intentando comprender en donde me encontraba. Solo sabía que ya no estaba en el palacio del Emperador.
Al pasar el ataque inicial y concentrarme mejor en la situación logré observar que estaba en medio de la nada. Al mirar a la lejanía el desierto se veía infinito, al igual que la arena parecía tragarme con cada segundo que pasaba. Me mordí el labio inferior y me arrepentí de hacerlo al instante, mi piel estaba tan seca que aquello solo me había hecho sangrar levemente. Maldije en silencio y me di cuenta que mis manos estaban rojizas al igual que mis antebrazos. Mi garganta moría por un trago de agua y mi boca estaba llena de arena al igual que mi nariz. La situación general no era buena: Me estaba deshidratando rápidamente y eso era el equivalente a morir en unas pocas horas.
Rápidamente me coloqué la capucha en la cabeza y me levanté del piso, mi cuello hizo un sonido casi metálico haciéndome notar que no había dormido en una posición demasiado cómoda. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza, pero la prioridad era encontrar agua cuando antes. No era la primera vez que estaba en el desierto, por lo que ya estaba acostumbrada a caminar por sobre la arena y que esta entrara en mis zapatos. El problema estaba en que realmente no tenía ni la más remota idea de en donde estaba o qué diablos había pasado.
Miré hacia el sol intentando adivinar que hora del día era. No podía hacerlo de forma precisa como lo hacían Nasus o Sivir, pero al menos podía saber cuando oscurecería. El sol ya había dejado de estar en lo alto y pese a que hacía un calor horrible, el viento era bastante fresco. Si mis cálculos no fallaban, tenía un par de horas antes de que oscureciera.
En los cuentos infantiles shurimanos los grandes aventureros perdidos en el desierto siempre buscaban una fuente de agua primero, además de preparar un refugio durante el día. Cuando se estaba solo en el desierto y sin recursos era mucho mejor utilizar la noche para caminar.
Busqué a mi alrededor algo en el paisaje que me diera indicios de agua, plantas, animales, aves dando vueltas en círculos...No había absolutamente nada. Me sentí decepcionada y por un momento tuve que respirar profundo para no caer presa del pánico. Si había aprendido algo en el último tiempo era que incluso alguien como yo podía salir de las peores situaciones con un poco de confianza en sí misma.
Comencé a caminar hacia un sitio rocoso que podría servir como refugio para las horas restantes de sol que quedaban. Intenté mantener un paso lento que no agotara mis energías y mientras lo hacía intenté recordar lo último que había ocurrido antes de despertar en aquel lugar.
Recordaba haber estado en el palacio de Azir. Quinn había llegado malherida y Nasus le había atendido junto a Azir, sin embargo ninguno de los dos había estado de acuerdo con la idea de que debían ayudar a Demacia...Me había sentido tan decepcionada que incluso había salido de allí...
"Reiter" La palabra cruzó mi mente como una daga clavándose. Me cubrí el lugar donde había estado mi ojo derecho sintiendo un extraño ardor, casi como si el dolor de aquella vez se hubiese grabado al rojo vivo en mi memoria.
—¿Qué estás planeando?—Pregunté sin poder creer lo que había escuchado, el causante de todos mis problemas venía a pedirme favores así como si absolutamente nada hubiese pasado.
Ante la respuesta, sus dedos rodearon mi cuello y sin ninguna clase de esfuerzo me levantó del piso mientras su sonrisa se ensanchaba. Pataleé e intenté rasguñarlo para librarme de su agarre, mas su fuerza era inhumana.
Si los invocadores éramos capaces de hacer grandes y terribles cosas ¿Por qué siempre terminaba en una situación donde mi vida peligraba? Incluso cuando había sido la responsable de haber sellado un portal del Vacío, no era suficiente. Quería tener el poder para cambiar las cosas, dejar de depender de los demás... Detener la oscuridad que se estaba cerniendo sobre nosotros. Esto ya no era solo la Academia de Guerra, Demacia o Shurima. Era el mundo.
Intenté meterme en su cabeza, si un portal había cedido ante mi magia, un invocador tenía que ser muchísimo más fácil. Una punzada de dolor me hizo cerrar el ojo con fuerza, pero había logrado por lo menos dar la orden a través de sus pensamientos de liberarme.
Reiter soltó su agarre. Caí de bruces al suelo tosiendo y me reincorporé volviendo a ponerme en pie lo más rápido que pude. Levanté la mirada y por primera vez los ojos dorados que tanto miedo siempre me habían provocado durante meses estaban envueltos de algo parecido a un fuego ardiente.
—Así que el peón del tablero está buscando coronarse al final—
Mi memoria parecían fragmentos de un mosaico que estaba intentando entrelazar para entender como había terminado en aquel desolado lugar. Toqué con mis dedos el cuello y me pregunté si habían marcas o moretones. No tenía un espejo o alguna forma de comprobarlo.
Al llegar a las rocas observé el paisaje buscando alguna señal de animales que hubiesen tenida la misma idea que yo. La sensación en mi boca de tener arena en vez de saliva era desesperante. Me senté a la sombra de las rocas y mis piernas parecieron convertirse en gelatina; me quité los zapatos para limpiar la arena que se había metido en ellos. Me propuse descansar hasta que el sol bajase y pudiese caminar en la oscuridad para buscar un poco de agua.
¿Como había llegado hasta ese lugar? La pregunta volvió a mi cabeza mientras pasaba una mano por las vendas de mi ojo derecho. Cuando se utilizaba demasiada magia podían pasar esa clase de cosas, la mente era sometida a tanta presión que podías desmayarte, marearte e incluso tener una confusión de recuerdos. Podía utilizar los hechizos básicos de invocador fuera de la Grieta sin mayores problemas, pero en ese momento el ignite no opción, un hechizo de como obtener agua seguramente hubiese sido útil. Curación, barrera...Comencé a repasar todos los encantamientos que conocía y me palmeé la cara al recordarlo.
Teletransportación.
Era una completa estúpida. Había utilizado el hechizo para teletransportarme para huir de Reiter, el problema era que obviamente había consumido todas mis energías y por eso mi mente era un desastre. Me obligué a mí misma a recordar lo que había sucedido y las imágenes parecieron amontonarse en mi cabeza junto a las palabras del invocador albino.
—¿Sabes cual es la diferencia entre tú y yo, Drachenblut?—Preguntó ladeando la cabeza mientras sus ojos se entrecerraban, dejándome ver una mirada llena de arrogancia—Existen dos tipos de persona en el mundo: Los que cumplen sus metas y los que sueñan con cumplirlas. Yo soy el primer tipo, tú eres el segundo—
Reiter me golpeó tan fuerte en el estómago que me había dejado prácticamente sin aire, mi cuerpo se había torcido hacia adelante y había caído de bruces al piso. Intenté girarme, pero sentí la suela de su zapato sobre mi cabeza y grité apenas comenzó a presionar para enterrar mi cara en el piso. Él soltó una risa.
—Todo es realizable cuando tienes voluntad. No necesitas nada más ¿Amigos, familia, amor? Estupideces de las que personas sin voluntad como tú se llenan la boca para justificar su miserable existencia—Me volteé con dificultad y logré tomar su pierna para intentar quitármelo de encima, él solo me miró como si de una hormiga me tratase—Todos son utilizables, Drachenblut. Si no entiendes ese principio, el mundo entero será quien te utilice, incluido yo—
Quitó su pie de encima y enredó su mano en mi cabello mientras me levantaba del piso. Le di un golpe a ciegas y él solo se limitó a acercarse lo más que podía a mí. Como si hubiese deseado que sus ojos pudiesen mirar mi rostro al escuchar sus palabras.
—No me digas que no te has dado cuenta que incluso tus adorados Ascendidos te han estado utilizando todo este tiempo—Dijo casi como si supiese con aquellas palabras mi mundo entero pudiese irse hacia abajo. Y casi como si hubiese querido borrarlas de mi mente golpeé a Reiter directamente en la nariz utilizando mi propia cabeza. Escuché un sonido metálico que me hizo estremecer de pies a cabeza. Me soltó mientras se llevaba la mano a la nariz maldiciéndome en voz alta y aullando del dolor. Sentí el hilillo de sangre bajar por en medio de mi cara y me parecía que hasta mis dientes habían resentido el impacto. El dolor en el abdomen no me dejaba ponerme de pie, estaba dispuesta a escapar incluso gateando y fue lo que hice.
—¡Nasus!—Grité y me sorprendí al notar que mi voz no se escuchaba, como si hubiese estado muda. Volví a intentarlo y absolutamente nada ocurrió, mis labios parecían modular, pero ninguna palabra salía. Me volteé para observar a Reiter y lo ví riéndose mientras se lamía la sangre que bajaba desde su nariz.
—¿Te comió la lengua el gato, maldita puta?—Preguntó y de inmediato adiviné que el truco de controlar otros invocadores no era solo mío. Se abalanzó sobre mí y sin saber qué hacer utilicé el único hechizo que siempre nos habían restringido usar fuera de la Academia de Guerra. Teletransportarse estaba prohibido por diversas razones: era inestable y no sé sabía muy bien donde podrías terminar sin catalizadores que te ayudaran, podías terminar en Aguas Turbias o bien, apareciendo en el estómago de una persona la cual partirías en dos al materializarte. Pero estaba tan desesperada por huir que solo pensaba en huir a través de aquel hechizo.
Y lo había logrado claramente. La primera teletransportación de una de las peores invocadoras de la Academia de Guerra había resultado sin heridos. Me llevé la mano a la frente y me di cuenta de que había sangre seca, lo que reafirmaba mis recuerdos.
—¿Hola?—Dije abriendo la boca para comprobar que mi voz siguiese funcionando y me tranquilicé al saber que solo había sido momentáneo. Mi mala suerte estaba dándome un respiro al parecer.
No supe muy bien cuanto tiempo pasó, pero ya me sentía un poco más descansada. El sol ya se estaba poniendo por lo que era buen momento para salir a buscar agua. La sed me estaba matando y no podía ser más literal. Para mi sorpresa, una bandada de aves estaba sobrevolando en círculo un área a lo lejos. Eso podía significar dos cosas: Había algo muerto o bien, un pozo de agua. Comencé a caminar, era una distancia considerable, pero ver otros seres vivos (que no fueran las crías de Rek'sai) era bastante alentador.
Al ir llegando al lugar lo primero que vi fueron una especie de árboles que no pude distinguir. Sonreí al notar que lo más probable era que en ese sitio hubiese agua. Apresuré el paso y al llegar pude ver que efectivamente, había un pequeño oasis. Prácticamente corrí para tocar el agua con mis manos y sumergir mi cabeza, pero mi sorpresa fue que al tocar el agua tan solo había arena. Jamás había habido nada allí. Golpeé la arena sintiendo la frustración de no saber qué hacer. Quise sentarme a llorar, pero eso solo me haría sentir con aún más sed.
—Este es mi territorio—Dijo una voz detrás mío y sin siquiera poder prepararme para defenderme pude ver una espada justo al lado de mi cuello. Levanté las manos en señal de rendición y rogué para que me pudiese escuchar—Date media vuelta sin bajar los brazos, al más mínimo movimiento te quedas sin cabeza—
La voz era de una mujer, fuerte y decidida, dispuesta a cortarme en dos apenas hiciese algo estúpido. La obedecí mientras bajaba la cabeza y acercó una de sus manos para quitarme la capucha. Levanté la mirada y me quedé sin aliento al notar a una mujer con los ojos de color azul y el cabello rubio observándome atentamente.
—¿Kayle?—Pregunté y ella apretó más el agarre de su espada.
—¿Drachenblut?—Sus ojos se entrecerraron con desconfianza y por un momento tuve miedo de que estuviese dispuesta a matarme por órdenes de la Liga de Leyendas—¿Como es...como es posible? Tú eres humana ¿¡Has estado utilizando magia de sangre para mantenerte joven!? ¡Responde!—
—¿Ah?—Ladeé la cabeza ante su incredulidad. Levanté aún más mis manos sin poder entenderla—Kayle, pensé que estabas muerta...Nasus dijo que los Altos Mandos se habían intentado deshacer de ti y no se sabía de tu paradero—
—Eso fue hace demasiado tiempo atrás—Dijo y de pronto algo en mi mente no terminó de encajar. Si Kayle era un ángel por supuesto que su apariencia física no cambiaría incluso después de mil años.
—Kayle... ¿Donde estoy?—Mis manos temblaban en el aire y mis piernas no podían sostener el peso de mi cuerpo al igual que el cansancio. Kayle bajó su espada y la enterró en la arena, como si de pronto ella ya hubiese entendido toda la situación con tan solo mirarme.
—Bienvenida al año 40 de la Nueva Era del Vacío, Drachenblut—Dijo con tono irónico y alcé una ceja sin comprender la fecha ¿Desde cuando habían cambiado el calendario?
—No...no puede ser—Respondí negando con la cabeza al escuchar las palabras "El Vacío" y Kayle suspiró como si supiese exactamente lo que iba a decir.
—Han pasado 40 años desde que el Vacío ha tomado control de nuestro mundo y han consumido todo—El tono de voz de Kayle era el de una persona que había pasado por los horrores más terribles—Estamos paradas en lo que queda de Demacia—
Notas de la autora: Miles de disculpas, perdones y todo ;; Tengo que entregar mi tesis (yay, queda poquito para ser libre) y he estado ocupada con eso, la tesis es casi como mi novia abusiva que no me deja salir, tener amigos, leer fics, jugar LOL y cosas así. Pero logré escribir de a poquito el capítulo.
Muchas gracias por leer este fic, apoyarlo como siempre con sus lindos comentarios (al igual que los mensajes de que ojalá me vaya bien en la universidad) y votos. Son los mejores lectores del mundo.
¡Un abrazo gigante y galletitas shurimanas para todos! Saludos.
