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Sentía mis labios resecos y mi garganta estaba recubierta de arena, al igual que mi nariz y mis ojos. Estaba acostumbrada al desierto gracias a mi larga estadía en Shurima, pero ni los mejores mercenarios podían enfrentar al sol durante horas.

–Ven aquí–Dijo Kayle y colocó su mano cerca de mí. Una luz emanó desde la punta de sus dedos y de inmediato sentí como mi cuerpo dejaba de tener malestares. Seguía teniendo ganas de beber agua, pero al menos ya podía mantenerme en pie. Le agradecí en voz baja y ella asintió sin darle demasiada importancia.

Nos encaminamos hacia el lugar donde ella solía descansar, no muy lejos del oasis. Algo que me había sorprendido es que Kayle estaba caminando con sus pies, sin aletear. Eso llamaba profundamente mi atención, considerando que ella siempre se había distinguido de su hermana por precisamente sus alas.

No tardamos en llegar a un lugar que reconoció como su escondite. No entendía cómo podía distinguirlo entre tanta arena y rocas. Se agachó y comprobó con sus dedos lo que parecía ser una especie de entrada hacia un subterráneo; un chirrido metálico se escuchó apenas levantó levemente la puerta, dejando a la vista una escalera de piedra.

Hizo un gesto con la cabeza y simplemente asentí mientras me adentraba a su "hogar". Tuve cuidado de no tropezarme en la oscuridad y noté que a medida que íbamos descendiendo las antorchas se iban encendiendo con un peculiar tono azul.

–Es un refugio demaciano–Explicó mientras me señalaba los mueblres que de seguro habían tenido días mejores.

–¿Cómo lo sabes?—Pregunté alzando una ceja y ella suspiró con cansancio, como si hubiese preferido que no preguntara.

–Porque los cadáveres que saqué tenían ropas demacianas y los logos estaban en todos lados–Dijo desviando su mirada hacia una esquina–Murieron de hambre. Se encerraron aquí esperando una ayuda que jamás llegó. Eso fue hace unos 25 años–

"¿En qué momento Demacia se convirtió en esto?" Me mordí el labio y noté que estaban sumamente secos, sin querer les había hecho una pequeña herida y sentí el sabor de la sangre en mi lengua.

Me senté en el sofá, Kayle se puso justo en frente de mí mientras me extendía una cantimplora y una bolsa con frutos secos. Me imaginaba que por ser un ángel (o alguna clase de ser divino) no tenía que preocuparse demasiado por la comida.

–Gracias–Le sonreí y ella asintió mientras se quitaba la capucha que llevaba puesta. Tenía su armadura aún puesta, pero el dorado que alguna vez había brillado en los campos de la Liga de Leyendas había sido reemplazado por un color opaco y muerto. Una de las hombreras había desaparecido y tenía diversas grietas que se extendían como las cicatrices de un soldado que había librado mil batallas.

Y entonces entendí el porqué Kayle estaba usando sus pies.

–Quita esa mirada lastimosa–Amenazó y de inmediato negué con la cabeza–No necesito compasión, ni lástima–

–Kayle ¿Qué...qué pasó?—Pregunté y ella de inmediato se irguió de espaldas, recuperando la compostura. Incluso sin sus alas y con una armadura cayéndose a pedazos se veía...amenazante

–Yo soy quien hace las preguntas–Dijo y el tono de su voz me hizo entender que aún no confiaba en mí—¿Qué clase de magia te ha permitido mantenerte de esa forma?—

–Verás...Utilicé el hechizo de teletransportación intentando huir de alguien y...ahm...–Una cosa era pensar en las estupideces que hacía y otra era ver como el ceño (eternamente) fruncido de Kayle parecía aflojarse a medida que la duda invadía su rostro.

Y es que realmente solo un invocador estúpido utilizaba ese hechizo sin catalizadores.

—Deberías estar agradecida de no haber creado un portal en el cuerpo de una persona—Respondió luego de una pequeña reflexión, al parecer ya me había dejado de ver como una potencial amenaza. Kayle hizo un par de preguntas relacionadas a los eventos que había vivido, le expliqué con mucho detalle que el último acontecimiento global importante había sido la llegada de Quinn a Shurima. Sin desearlo, la sola mención de la negativa de Nasus y Azir para ayudar a Demacia me hizo sentir extrañamente triste.

—Han pasado 40 años desde que se libró la Gran Guerra contra el Vacío—Comenzó a explicarme Kayle, sus ojos parecían haberse transportado a un tiempo lejano, a un lugar oscuro al que ningún humano hubiese podido aguantar—También se le llamó la Guerra de las 7 noches, fue todo lo que esos monstruos necesitaron para desatar el caos...Antes de que eso ocurriese, los Altos Mandos tomaron el control de Demacia, se encontraban trabajando con Zed y la Orden de las Sombras. Cuando estuve en la última reunión, Kayn me atacó y desde ahí se corrió el rumor de que había cometido insubordinación—

Kayle se detuvo un segundo y sonrió de forma irónica, casi como si el solo recuerdo de la escena le causara gracia.

—La insubordinación es para los soldados—Sentenció mientras volvía a su usual calma y se erguía de espalda. Para ella, el obedecer las órdenes de los Altos Mandos jamás la había puesto en un rango inferior, después de todo...Ella era la ley en la Liga de Leyendas.

—Nada de esto tiene sentido—Fue todo lo que pude decir ante toda la información. Aún no podía entender como el lugar donde había puesto mi futuro, mis sueños, mis metas...Era un lugar tan podrido como para traicionar a una nación completa—Reiter mencionó que los Invocadores nos hacíamos más fuertes a medida que otros morían...—

La sola mención de aquel nombre hizo que los puños de Kayle se apretaran con fuerza. Me encogí en el asiento al ver como parecía intentar controlar su ira; incluso después de todas aquellas décadas no podía olvidar que los invocadores rebeldes la habían utilizado para sus propósitos.

—En ese caso—Dijo luego de inhalar y exhalar profundamente—Eso explica que el hechizo de teletransportación te haya traído 40 años en el futuro. Tu magia está fuera de control mientras aumenta—

—Tiene sentido...—Tragué saliva al entender mejor las palabras de Reiter ¿Qué otras cosas sería capaz de realizar? —Tiene que haber una forma de arreglar esto—

Mis palabras se perdieron en el aire mientras me mordía el interior de la mejilla y resistía el impulso de gritar ante la desesperación que poco a poco se iba acrecentando en mí ¿Podía evitarlo, cierto? ¿Había algo que pudiese hacer para que el Vacío no invadiera nuestro mundo?

Miré al piso con resignación y sentí el peso de la incertidumbre recaer en mis hombros. Intenté enfocarme en los eventos que habían ocurrido. La caída de la Liga, los Altos Mandos persiguiéndome...Demacia en manos del Vacío. Si retrocedía el tiempo lo suficiente ¿Podría evitarlo todo? Regresarlo desde antes de llegar a Shurima para quedarme en la Academia y advertirles a todos lo que estaba ocurriendo. Me pasé una mano por el cuello y sin querer al moverme lentamente, este crujió de una forma casi exagerada.

—No puedes utilizar la Teletransportación. Está prohibido—Dijo y alcé una ceja al escuchar de que Kayle estaba hablando de reglas en una situación así. Ella inmediatamente negó con la cabeza, confirmándome el hecho de que no me dejaría ni siquiera intentarlo—Podrías terminar retrocediendo un año, un día...Incluso cien años ¿Cómo nos ayudaría eso?—

—No puedo quedarme aquí—Le respondí intentando no sonar desafiante, pero lo suficientemente segura—Debe haber una forma de arreglarlo todo...Si yo no puedo volver algo debería poder ayudarme—

Algo. Tiempo.

Máquina del tiempo.

—¡Kayle, tengo una idea!—Exclamé sonriente y me levanté del sillón—Zaun. Nasus me había contado sobre la invasión y que estaban resistiendo. Incluso habían enviado un mensaje a Shurima para solicitar información. Ekko utiliza magia del tiempo, incluso Viktor podría ayudarme...—

Por un momento vi que los ojos de la campeona parecían brillar levemente, pese a que solo me dedicó una débil sonrisa. Suspiró agotada y me dió la impresión de que detrás de aquellos gestos se escondían dolorosas memorias. No era la primera vez que sentía esperanza, pero al parecer muchas veces le había sido arrebatada.

—Drachenblut...Ya he intentado salir de este lugar antes—Explicó y sentí como mis ánimos disminuían—Lo más lejos que he podido llegar ha sido la frontera con Noxus. Desde ahí es casi imposible. Zaun y Piltover están a más de un mes en caballo. Y aunque pudiese llevarte conmigo para volar...Las criaturas del Vacío no tardarían en detectarnos en el cielo—

Iba a protestar cuando ella me miró con reproche, dispuesta a darme una lección sobre lo estúpido que era intentar interrumpirla.

—Como decía—Continuó luego de carraspear levemente—No estoy diciendo que tu plan esté mal. Simplemente deberías ser consciente de los riesgos de este viaje. Mas con mi ayuda y la de alguien más no debería de ser imposible—

—¿Alguien más?—

—Galio. Lo único que los devoradores del Vacío no pudieron comerse—

Dos días después habíamos comenzado a caminar por el gran y desértico territorio que alguna vez había sido conocido como Demacia apenas la primera luz del día había aparecido. En parte agradecía que mi experiencia en Shurima me ayudaba a soportar aquella infernal clase de clima, pero de vez en cuando debíamos ocultarnos en alguna ruina o maleza para evitar que las criaturas del Vacío nos viesen.

—Galio debería estar cerca del área central en la Plaza. Si logras despertarlo antes que nos detecten, podría sacarnos volando de aquí hasta perderlos de vista—El plan de Kayle era bastante simple a decir verdad. Según la leyenda del coloso, él siempre resurgía cuando Demacia lo necesitaba... O bien, una gran cantidad de magia era liberada. Pero todas aquellas leyes eran ignoradas si un Invocador lo llamaba y considerando la cantidad de magia que parecía tener, no parecía difícil.

El problema era claramente otro: Encontrar a Galio entre las ruinas. Habíamos decidido ir al centro de la ciudad, aunque era casi imposible saber nuestra ubicación actual sin la ayuda de un mapa actualizado. Kayle utilizaba los monumentos caídos como un método de referencia, pero incluso ella estaba teniendo dificultades para encontrar el camino.

Lo único que estaba claro era que mientras más cerca estábamos del centro, más monstruos comenzaban a aparecer y con ello aumentaba el riesgo de ser descubiertas. Para disimular nuestro aroma, Kayle había esparcido una especie de pasta morada en nuestras ropas (Seguramente aquello eran los restos de algún desafortunado voidling que se había cruzado en su camino).

Caminamos una distancia que me pareció una eternidad. A medida que nos adentrábamos en la parte principal de Demacia era posible ver raíces de color morado que sobresalían del piso y luego se enredaban en las pocas construcciones que quedaban en pie, dando lugar a la imagen vívida de una pesadilla. La peor parte era el nefasto olor a podrido que había en el ambiente, proveniente de los múltiples cadáveres y restos de otros seres vivientes esparcidos por el piso. Aún me parecía sorprendente que nada nos hubiese atacado, aunque si lo pensaba bien...De seguro Demacia al ser la zona que había caído primero, ya no existían los recursos necesarios para sustentar a los monstruos desde hacía ya mucho tiempo.

De pronto logramos divisar la Plaza de Demacia. Sonreí al notar que aún no caía la noche, por lo que teníamos la suficiente luz del día como para no tener que lidiar con aún más monstruos. De todas formas, habían un par de ellos vagando por las ruinas de lo que alguna vez habían sido dos estatuas de soldados. La mayoría de las estructuras se encontraban en el piso, corroídas por el paso del tiempo y dañadas por múltiples mordidas.

Nos escondimos entre un par de rocas y Kayle me hizo una señal de silencio. Un grupo de voidlings pasaba justo a nuestro lado, pero no habían notado nuestra presencia. De pronto sentí algo moverse por encima de mi pie. Me tapé la boca para no gritar y Kayle me miró con horror, prácticamente alertándome que si pronunciaba una palabra, estábamos muertas.

Algo parecido a una araña estaba subiendo por mi pierna por encima de la túnica y no podía moverme sin que el sonido atrajese la atención. La criatura continuó subiendo por mi abdomen, sus pequeñas patas hacían un ruido que parecía martillarme los oídos y sus ojos grandes mirándome hacían que mi estómago se revolviese de mil formas diferentes.

Sin embargo, cuando sus colmillos parecieron moverse buscando el almuerzo del día, di un grito ahogado y de un manotazo la mandé a volar. Kayle desenfundó su espada y sin darle tiempo a la criatura de reaccionar, se lanzó sobre ella para partirla en dos en un corte limpio y rápido. Respiré aliviada, agradeciendo que la araña no hubiese dado aviso a sus compañeros. Sin embargo tan solo unos segundos después pequeños voidlings comenzaron a aparecer de todos lados.

—¡Corre!—Gritó Kayle dándome un empujón hacia la dirección en la cual se encontraba la Plaza—¡Te alcanzaré más tarde!—

No necesitaba más para saber que el protegerme e intentar acabar con los voidlings era demasiado para ella.

—¡Te espero!—Grité mientras corría a toda prisa intentando librarme de las criaturas del Vacío. Algunos de ellos habían decidido perseguirme al verme desarmada, pero tenía aún mis trucos como el Ignite o las barreras para protegerme. Logré acabar con un par de ellos, relentizando su avance, pero no lo suficiente. Tomé aire profundamente y me decidí a utilizar el Ghost, el único problema de usar tantos hechizos a la vez era la fatiga, ya me preocuparía por ello después. Di varias vueltas por las calles de Demacia hasta llegar al lugar donde se encontraba la estatua de Galio petrificada.

—¡Galio, despierta!—Grité mientras lo tocaba con mis manos e intenté conectar mi mente con la de él, pero al intentarlo no recibía respuesta. Los voidlings se acercaban cada vez más y mi cuerpo estaba resintiendo el uso de la magia—¡No, no, no!—

De pronto una luz brillante me cegó la vista, tuve que cubrir mi ojo para evitar que el ardor se siguiese expandiendo. Escuché una risa a lo lejos, una muy parecida a la que conocía en la Liga de Leyendas, pero había algo diferente y siniestro en ella. Parpadeé rápidamente intentando reincorporarme lo antes posible y me sentí como un ratón indefenso que había caído justo en la guarida de un gato.

—¿Acaso le temes a la oscuridad, invocadora?—Preguntó la persona que se había reído y solo pude vislumbrar una sombra de color morado borrosa. Me esforcé en enfocar la vista y ella no tardó en caminar hacia mí de forma lenta, como si disfrutara el hecho de que no pudiese terminar de reconocerla.

—¿L-Lux?—Murmuré sin poder entender lo que estaba viendo. Se veía unos años mayor, pero no parecía que el paso del tiempo la hubiese afectado como a un humano normal. Sus ojos eran del color púrpura y su cabello tenía aquel particular tinte. Sus ropas habían oscurecido y tenía algo parecido a unas plumas decorando su espalda. Pero lo que más me sorprendía era que su radiante personalidad se sentía...Extrañamente siniestra.

—Pensé que ya había acabado con la mayoría de ustedes. Veo que me equivoqué—Dijo y apenas terminó de pronunciar aquellas palabras hizo que entre sus dedos emergiera una pequeña esfera de energía oscura—Bueno, no es algo que no pueda arreglar—

—¡Espera!—Grité levantando las manos en señal de paz, si ella había liquidado a la mayoría de los voidlings y no me había ¿Iluminado? ¿Incinerado? con ellos era porque al menos algo de curiosidad debía sentir hacia mí—¡Soy una traidora de la Liga, no tengo nada que ver con ellos!—

—¿Y de qué me sirve eso ahora?—Su pregunta era más bien una capciosa. Jugueteó un segundo con la esfera que tenía en la mano, dispuesta a arrojármela apenas se acabase su paciencia—No es como si pudieses cambiar el pasado ¿O sí?—

—Bueno, en realidad...Algo así—Fue todo lo que pude decir antes de que ella soltara una risa desganada y entonces pude ver en sus ojos exactamente lo mismo que había en los de Kayle: Dolor. Demasiado dolor para ser contado a través de palabras.

—¡Vaya! Hace tanto que alguien no me hacía reír—La esfera comenzó a agrandarse más y más. Definitivamente mientras más lograra retrasar mi muerte, más rápida y dolorosa sería.

—No tengo nombre, pero puedes llamarme Drachenblut—Dije levantando más mis brazos, ni siquiera correr podía salvarme de un tiro—¡Hice mal un hechizo de teletransportación y viajé al futuro! ¡Nada de esto tendría porqué ocurrir!—

Lux ladeó la cabeza. Era difícil leer detrás de su máscara decorada con una sonrisa...Pero me parecía que estaba confundida.

—Drachenblut. El nombre largo e impronunciable que le mencioné a Quinn para que buscase ayuda en Shurima—Respondió luego de unos segundos de incómodo silencio y su sonrisa se borró—¿No te parece que es un poco tarde, eh?—

Antes de poder siquiera responderle, ella negó con la cabeza mientras sus ojos parecían sumirse en el recuerdo de algo horrible.

—Luego de que la Liga de Leyendas lograra controlar a Garen, no tardaron en hacer lo mismo con el príncipe Jarvan, con mi familia...Con absolutamente todos. Quinn y Valor lograron salvarme en el último momento. Pero nos emboscaron cuando quisimos salir de la ciudad, por lo que me quedé para darles algo de tiempo. Viajar con dos personas era demasiado para Valor—Relató Lux y sentí un nudo en la garganta al recordar lo malherida que estaban las Alas de Demacia cuando habían llegado a Shurima—Los Altos Mandos me tomaron prisionera, tenían otros planes para mí: Experimentación con magos—

—Lo siento—Tragué saliva maldiciéndome a mí misma por no haber sido más insistente con los shurimanos. El ejército de Demacia había sido destruido desde el interior, ni siquiera en una batalla contra sus enemigos de toda la vida.

Lux se rió. Como si mis palabras hubiesen sido una mala broma para ella.

—¿Lo sientes? ¿De verdad puedes sentir lo miserable que fui durante tantos años?—Preguntó mientras alzaba su brazo y la esfera de energía amenazaba con acabar conmigo—He visto el horror, invocadora. Y esta forma me ha elegido para que este mundo sea envuelto por la oscuridad—

—Estoy de acuerdo—Respondí y ella parecía divertida—Este mundo no debería existir...Nunca debió hacerlo. Necesito ir a Zaun y encontrar algo que me ayude a volver al pasado. Iré a Demacia antes de que caiga en manos de los Altos Mandos. No puedo salvarte, pero si a tu yo del pasado—

Lux parecía estar dudando de la verdad de mis palabras, pero el temblor de su mano me daba una señal de esperanza. No sabía si matarme o no.

—¿Como puedo confiar en tu palabra, invocadora?—

—Mira esto—Dije señalando mi ojo derecho en donde solo habían vendas—Perdí mi ojo intentando recuperar la Liga de Leyendas para salvarla porque...Era el único lugar que conocía como un hogar. Perderé el otro si es necesario, mi cuerpo entero si con eso puedo borrar este futuro. Podemos hacerlo. Podemos salvar a Demacia—

El piso comenzó a temblar debajo de mis pies y bajé mis brazos intentando equilibrarme. Detrás de mí pude escuchar el cómo se resquebrajaba la piedra, sin dudarlo me volteé y pude ver como el Golem protector de Demacia parecía volver a la vida. Al parecer mi magia de invocadora no era tan fuerte como el sentido del deber que estaba en el corazón de aquel gigante.

Kayle llegó tan solo unos segundos después, con el cabello cubierto de aquella desagradable sustancia morada y respirando de forma agitada. Su espada estaba desenfundada y era la primera vez que podía ver una sonrisa radiante en ella.

—No puedo creerlo—Dijo Lux observando a los otros dos campeones y la esfera en su mano desapareció—Y yo que iba a matarte con ese vomitivo discurso emocional—

Notas de la autora: El año pasado realmente fue una locura. Entre que terminé mi magíster, volví a mi país y entré a trabajar...Wow, sentí como el tiempo pasaba y no podía ni siquiera ponerme al día con todas las cosas que quería hacer.

Quiero agradecerles por haberme apoyado en estos años, recibí mensajes muy lindos y eso me ayudó muchísimo a superar toda esta etapa. Por supuesto que continuaré con este fic, sobretodo porque no pienso dejarlo sin un final jeje. Así que pueden estar tranquilos, no importa cuanto tarde, siempre habrá una actualización!

Gracias a todos por leer, por sus reviews y por ser los mejores lectores del mundísimo.

Saludos.

GeminixSyndrome.