Capítulo 3 – Brota el futuro, arde la rivalidad

Ya había pasado el mediodía en Galar, y las nubes se habían adueñado poco a poco del cielo de matices anaranjados sobre la casa púrpura de la profesora Magnolia, trazando gruesas sombras sobre el pasto que se extendían por el amplio patio de entrada sobre el cual Victor y Hop habían liberado a sus pokémon, dando inicio a la batalla. Sonia había cargado en brazos a Yamper, asegurándose así de que su pokémon eléctrico no intentase interferir, juguetonamente, en medio de la disputa. Ambos luchaban por conseguir la aprobación de la profesora pokémon, así que no podía haber distracciones en dicho combate. Victor liberó a Gear, su recientemente atrapado Rookidee, mientras que Hop se decantó por Lulú, la Wooloo que lo había acompañado en casa desde que era un niño, y que jamás había recibido un entrenamiento más allá de podar el pasto en el patio de casa. Entrenadores y pokémon eran aún inexpertos en el arte de las batallas, pero darían lo mejor de si mismos para sorprender a Magnolia.

—¡Lulú, empecemos con un rizo de defensa! —mandó Hop, a lo que su pokémon respondió endureciendo los músculos de su cuerpo bajo la lana, inflándose poco a poco para ganar volumen.
—¡Gear, no dejes que suba sus estadísticas, usa mirada maliciosa! —ordenó Victor, a lo que su Rookidee levantó vuelo y se acercó peligrosamente a su oponente, dedicándole con esos diminutos y fieros ojos rojos una serie de miradas intimidatorias, que detuvieron el movimiento defensivo de la ovejita, quién cerró los ojos e intentó desviar la mirada—. ¡Muy bien, ahora aprovechemos para usar picotazo!
—¡Rookiee!

Gear comenzó a volar rápidamente alrededor del pokémon lanudo, propinándole certeros picotazos que, aun así, no parecían hacer gran mella en su esponjoso pelaje. Al parecer, el pico de Rookidee era demasiado corto aún para penetrar apropiadamente en esa capa de pelo.

—¡Ja, con ataques así no llegarás lejos! —se burló Hop, cruzándose de brazos para adoptar una postura más intimidante—. ¡Lulú, respondamos con un placaje!
—¡Wooo!

El pokémon tipo normal rodó repentinamente hacia atrás, eludiendo uno de los envites en vuelo de Rookidee, y se desplazó rápidamente por el campo de batalla levantando una polvareda tras su paso, ocultando sus cortas pezuñas bajo su mullido pelaje de lana, girando como una esfera de pelo blanco lejos de los ataques de Gear, que intentaba seguirle el paso en vuelo descendiendo en picado cada tanto para asestar un picotazo, pero Lulú era mucho más hábil al rodar que al andar, y eludía con giros y derrapes cada ataque que recibía, devolviéndole cada vez que entraba en su rango un potente placaje de lleno, haciéndolo retroceder algunos metros.

—Probemos otra cosa… —Victor sacó de su mochila la guía de viaje que le había obsequiado su madre, y buscó rápidamente la página dedicada a Rookidee, y su lista de movimientos—. ¡Gear, ataquemos con chulería!
—¿Chulería? —se preguntó Hop, sin saber qué podría hacer el volador a continuación—. ¡Lulú, haga lo que haga no pares de rodar!

Rookidee sacó pecho y emitió un vigoroso gorjeo, rodeándose por un aura siniestra, para luego plantarle cara a Wooloo de frente, propinándole primero una mirada maliciosa en toda la cara y luego una fuerte patada con giro hacia atrás, que la oveja no alcanzó a esquivar y rodó hacia atrás torpemente, aún sin haber recibido un daño considerable. Sin aguardar orden alguna de su entrenador, Gear desplegó sus alas y voló a toda velocidad al ras de la tierra, hundiéndose justo debajo del lanudo cuerpo de su oponente e impulsándose con sus dos patas en el suelo hacia arriba, mandándola a volar por los aires.

—¡Eso es, lo sacó de su territorio! —sonrió Victor, cerrando de un golpe el libro en sus manos al ver el hábil movimiento de su pokémon.

Hop no creía lo que veían sus ojos: ese Rookidee había forzado en su favor el mismo descuido que tuvo Scorbunny en su combate anterior, aprovechando el aire para atacar desde allí con mayor comodidad a una Wooloo que no podía hacer ningún tipo de maniobra evasiva para evitar sus incesantes picotazos. Magnolia observaba con seriedad el combate, mientras Sonia ocultaba un bostezo girando la cabeza hacia otro lado, mientras con una mano rascaba la barriga de su alegre Yamper, que miraba entretenido la batalla siempre con la lengua afuera.
Tras caer al suelo, Lulú se encontraba ya fuera de combate. Había recibido incluso más picotazos y envites de los que su fornido pelaje estaba en condiciones de soportar, y su inexperiencia en combates incluso cuando era un pacífico pokémon salvaje la abrumaron más de la cuenta. Hop se acercó rápidamente a ella, y se agachó para acariciarla y reconfortarla, agradeciéndole el esfuerzo y devolviéndola a su receptáculo.

—La primer victoria se la lleva el Rookidee de Victor, Wooloo no puede continuar —sentenció Magnolia, dando un par de golpecitos en el suelo con su bastón.
—¡Bien hecho, Gear, estuviste fantástico! —felicitó Victor a su pokémon, que respondió como quien no quiere la cosa alzando un ala en signo de victoria mientras le daba la espalda.
—Usted lo dijo, profesora —Hop arrastraba las palabras sin desdibujar la sonrisa confiada en su rostro, al tiempo que inflaba su siguiente pokébola y la hacía girar sobre el dedo—. Digamos que fue una cortesía, pero ahora vamos a ponernos serios. ¡Cheepo, a pelear!

La pokébola voló por los aires y liberó al inicial de Hop, que tomó el palito de madera que usaba a modo de sujetador de los mechones verdes como hojas en su cabeza y lo blandió con astucia entre sus manos, apuntando con una sonrisa alegre al pokémon volador. Gear le propinó al Grookey una mirada de desprecio y suficiencia, confiado de su ventaja, pero a Cheepo no parecía preocuparle en absoluto su oponente.

—Así que Grookey, eh —murmuró Magnolia, esbozando una disimulada sonrisa que llamó la atención de su nieta—. Puede ponerse interesante.
—¡Gear, picotazo!
—¡Cheepo, gruñido!

Rookidee levantó vuelo nuevamente desplegando sus alas azules y arremetió contra Grookey, que lo aguardaba pacientemente imitando a Magnolia con su baqueta, descansando sobre ella cual bastón. Cuando tuvo al volador lo suficientemente cerca y listo para propinarle un certero picotazo, Grookey enseñó sus puntiagudos colmillos y le propinó un estruendoso gruñido, con una voz rasposa y salvaje que lo tomó por sorpresa y lo detuvo en seco.

—¡Ahora, arañazo! —mandó Hop, ensanchando su sonrisa.
—¡Grooo!

Cheepo distrajo nuevamente a Gear, haciendo girar en el aire la baqueta en sus manos para que desvíe la mirada un momento, tiempo suficiente para propinarle de lleno una serie de rápidos arañazos en el pecho, que lo derribaron sobre el suelo. Tras esto, pegó un salto limpio con voltereta hacia atrás incluida y recogió con su cola la ramita en el aire, devolviéndola a sus manos con una habilidad que sacó sonrisas y aplausos por parte de Sonia.

—¡Miren cómo pelea ese Grookey! ¿No es adorable? —decía entusiasmada mientras mecía en brazos al Yamper, que la miraba con recelo.
—S-sorprendente… —Victor no daba crédito de lo que había visto. El pokémon de planta había demostrado el mismo nivel de destreza estratégica que Gear un rato antes, y con un simple ataque de arañazo le había hecho morder el polvo. Aun así, el Rookidee era aguerrido, y rápidamente clavó una garra en tierra firme y se incorporó para hacerle frente a su adversario, dedicándole una mirada combativa.
—¡Vamos a demostrarle a ese chimpancé que no nos dejamos amedrentar por monerías! —intentó animar Victor a su pokémon—. ¡Ataca con chulería!
—¡Ni lo sueñes!

El pájaro alzó vuelo nuevamente, aún con algunas plumas magulladas por los combates, y voló en zigzag con sorprendente destreza hacia Grookey, que contrario a la vez anterior, ahora comenzó a correr en dirección opuesta, listo para el choque. Cuando los pokémon se encontraron de frente, Grookey aprovechó su destreza y derrapó justo a tiempo con sus patas delanteras, haciendo una pirueta vertical para que Rookidee siga de largo, y giró rápidamente sobre una de sus manitos sujetando con fuerza la baqueta en un extremo de su cola alargada y color café, que sacudió aprovechando el impulso para propinarle un fortísimo golpe en la espalda al volador, que lo arrastró por la tierra levantando una polvareda.

—¡Gear!

Nuevamente, Rookidee se puso de pie, con el pico magullado y las plumas cubiertas de tierra y polvo. Se volteó a dedicarle una última mirada enfebrecida, antes de desplomarse por última vez, perdiendo la conciencia.

—Rookidee está fuera de combate —indicó Magnolia, golpeando el suelo con su bastón—. La segunda victoria se la lleva el Grookey de Hop.
—¡Estupendo, Cheepo! —felicitó el peliazul a su mono verde.
—Gracias por todo, Gear, eres un luchador formidable —consoló Victor a su debilitado pokémon, que apenas alcanzó a gorjear suavemente con los ojos cerrados, en una expresión pacífica impropia de él. Luego de devolverlo a su pokébola, infló la de Scorbunny en su mano izquierda y la hizo rebotar un par de veces sobre la palma de su mano, pensativo—. ¡Hop, espero que seas consciente de que aún corres con la desventaja en este combate!

Hop clavó su mirada en Victor, propinándole una sonrisa burlona mientras sacaba la lengua, gesto que imitó su inicial con expresión divertida.

—¡No olvides quién se viene preparando hace años para este momento, amigo mío! —proclamó, apuntando su pecho con el pulgar—. ¡La ventaja en un combate va más allá de los tipos y del número de pokémon en pie! Lo que importa a fin de cuentas es quién es el mejor entrenador. Y te demostraré que estoy hecho para esto.
—Puede que seas mejor entrenador que yo, Hop —sonrió el castaño, aferrando sus dedos a la pokébola inflada en su mano—. Pero un combate se disputa entre los pokémon, y estoy seguro de que elegí a la mejor de ellos para ser mi compañera. ¡Haneki, vamos a probárselo!

La esfera blanca y carmesí voló por los aires, liberando tras un haz de luz a la coneja de fuego, que rápidamente comenzó a patalear en el lugar sacando chispazos flameantes de sus pies, pegando saltitos en el lugar y lanzando puñetazos al aire. Estaba completamente lista para luchar, y más aún cuando se percató de que su oponente sería ni más ni menos que Grookey, que le sonrió con rivalidad, acercando la baqueta en su cola hasta sus manos, para blandirla aún con mayor firmeza. Se tomaría en serio el combate.

—Haneki, quiero que seas rápida y precisa, pero que tomes precauciones —le advirtió Victor a su pokémon—. Ese Grookey se guarda varios trucos bajo la manga.
—¡Scorbu! —asintió Scorbunny.
—¡Cheepo, acércate y dale una muestra de tu gruñido!
—¡Grooo!

El mono de planta comenzó a correr con los brazos hacia atrás directo hacia su oponente, enseñando los colmillos mientras blandía la baqueta en su mano derecha. Haneki no le dio el gusto, y flexionando sus largas piernas se impulsó hacia arriba en un espectacular salto de casi diez metros de altura, dejando en su lugar un círculo de ascuas en el suelo que Cheepo eludió a último momento, parándose sobre sus patas delanteras sujetando la baqueta con su cola, pegando una serie de volteretas cuidadosamente para no entrar en contacto directo con el fuego.

—¡Ataca con rama punzante! —mandó Hop, intentando aprovechar que Scorbunny se hallaba suspendida en el aire.
—¡Repélelo con una patada! —ordenó Victor como respuesta, tras oír el comando de su rival.

Grookey giró sobre sí mismo y arrojó con la cola la baqueta de madera, que giró a toda velocidad como un boomerang trazando un arco perfecto hacia Scorbunny. Pero la conejita blanca no la recibiría de brazos abiertos, sino que hizo una ágil voltereta en pleno aire y le propinó una fuerte patada al arma de su contrincante, encendiéndola fuego y devolviéndosela en picado hacia abajo.

—¡No dejes que te queme, Cheepo!
—¡Key!

Ignorando la orden de Hop, Grookey extendió su brazo y cazó al vuelo la baqueta flameante, soplando con fuerzas para que el fuego se concentrase solo en la punta, sin llegar a recibir mucho daño. Scorbunny cayó limpiamente delante de él, y le guiñó el ojo enseñando sus largos incisivos.

—No voy a dejártelo fácil… —murmuró Victor en voz baja, fijando la mirada en su pokémon—. ¡Haneki, ascuas!
—¡Bunny!
—¡Repélelas!

Scorbunny pegó un brinco con giro hacia atrás y lanzó dos rápidas patadas al aire, causando fricción con sus patas y generando un estallido de calor que salió disparado hacia Grookey en forma de pequeñas bolas de fuego. El mono blandió frente a su cuerpo la ramita de madera, extendiendo el brazo todo lo que pudo, y comenzó a hacerla girar rápidamente para escudarse con el viento que generaba, disipando las ascuas antes de que alcancen a tocarlo.

—¡Cambio de planes, Haneki!

Si bien el movimiento defensivo de Grookey era eficaz frente al ataque a distancia de Scorbunny, el tener que girar constantemente la baqueta delante de su rostro le dificultaba ver realmente a su adversario, por lo que Scorbunny aprovechó para desaparecer del lugar donde estaba, corriendo a gran velocidad alrededor del terreno de combate hasta posicionarse derrapando justo detrás del tipo planta. Sin necesidad de tomar más carrera, se abalanzó sobre él dándole un fuerte placaje en la espalda, pero Cheepo no dejaría que Haneki se saliera tan fácilmente con la suya, enroscando su larga cola en uno de sus brazos y apoyándose con las patas delanteras para levantarla por los aires hasta estrellarla contra el suelo.

—¡Así se hace, Cheepo, ahora dale con rama punzante!
—¡Gruñido!

La baqueta en manos de Grookey se cubrió de un brillo verdoso, extendiendo una de sus puntas y adoptando una forma aguda y afilada, con la que comenzó a dar estocadas saltando sobre la coneja, que rápidamente se incorporó rodando hacia atrás y salió de ahí con un brinco largo, para luego correr directo hacia el mono y detenerlo con sus propias manos, clavándole la mirada y emitiendo un fuerte gruñido que lo aturdió momentáneamente, para luego dar un giro en el aire y estamparle una fuerte patada directa a la cabeza, que el mono de planta alcanzó a cubrir colocando en paralelo su baqueta, desviando el golpe hacia el suelo. La fricción de su pata al estallar contra el suelo desperdigó varias ascuas en el terreno de combate, por lo que Grookey se apartó con destreza dando volteretas hacia atrás, apoyado por su propia cola. Pero la Scorbunny no pensaba darse por vencida, y comenzó a correr a través del fuego directo hacia su oponente, con los brazos extendidos hacia atrás para ganar la mayor velocidad posible.

—¡Arañazo!
—¡Placaje!

Cheepo clavó con su cola la baqueta en la tierra, apostándose contra ella con las patas traseras e impulsándose sobre Haneki, recibiendo de lleno la embestida pero propinándole una serie de rápidos arañazos con sus dos manos en toda la cara, obligándola a apretar sus ojos para no salir malherida. Fue esa la oportunidad perfecta para atacar con su baqueta de madera, que desenterró con la misma cola que no paraba de sujetarla y blandió rápidamente contra sus piernas, dándole un golpe seco que la derribó. Debía enfocarse en los puntos fuertes de Scorbunny si quería tenerla a su merced. Victor se cubrió la boca con una mano al escuchar el grito de dolor de su pokémon al recibir el impacto directo en sus piernas.

—¿No están tomándoselo muy en serio? —le preguntó Sonia a su abuela, con gesto preocupado. Incluso Yamper había guardado su lengua en la boca y observaba en silencio el enfrentamiento.
—Lo están dando todo incluso en su primer combate —afirmó la profesora pokémon, esbozando una discreta sonrisa—. Entrenadores y pokémon deben alcanzar ese nivel de sincronización cuando pelean juntos. Una buena batalla siempre tiene tanto de física como de mental. Sus corazones están puestos en cada ataque. Es el sueño de los dos, y de sus pokémon, así que yo creo que es tan serio como debe serlo.
—¡Haneki! ¿Estás bien? —corrió hacia su pokémon, pero la coneja giró como un trompo en el suelo y pateó una serie de ascuas con los pies trazando una línea de fuego divisoria entre los dos. El combate aún no terminaba. Grookey se apartó y volvió a blandir su baqueta entre las manos, sujetándola como un samurái a su katana.
—Lo tenemos contra las cuerdas, Cheepo —sonrió Hop, hablándole con calma a su inicial. Grookey, serio y jadeando, asintió con la cabeza—. ¡En guardia!
—¡Grroo!

El mono de planta soltó un grito de batalla y concentró todas sus energías en la baqueta de madera, como una sexta extremidad en su cuerpo versátil, adoptando ésta un largo del doble de tamaño, con la punta desprendiendo un fulgor verde aún más intenso que antes. Haneki, respirando con dificultad, puso una pata sobre la tierra y luego la otra. La tierra a sus pies comenzaba a carbonizarse y a soltar humo negro hacia el cielo, hasta que el fuego se avivó debajo suyo, rodeándola con la energía de su propio elemento. Grookey tomó impulso, y volvió a salir disparado contra Scorbunny, blandiendo hacia el frente su baqueta de madera como si de una lanza se tratase.

—Un último esfuerzo, Haneki, confío en vos —le susurró Victor, buscando la calma en su interior— ¡Ascuas!
—¡Bu-ny!

El fuego bajo los pies de Scorbunny comenzó a elevarse, manipulado por los propios sentimientos de la coneja, adoptando la forma de seis esferas de fuego de tamaño considerable, rodeándola como asteroides. En un movimiento imperceptible, la inicial de Victor sacudió sus patas con tal destreza que cuatro de las seis bolas de fuego salieron disparadas cual proyectiles contra el Grookey de Hop que arremetía contra ella. Éste eludió las primeras dos con hábiles saltos, pero el siguiente par lo sorprendió aún en el aire, por lo que tuvo que realizar la maniobra defensiva con su propio arma, haciéndola girar a velocidad de vértigo para contener el fuego delante suyo. Haneki, rodeada aún por el fuego, soltó un último grito de batalla y pateó con las últimas fuerzas que le quedaban las dos esferas ígneas que restaban, las cuales volaron a toda velocidad al ras de la tierra, sacando chispas tras su paso. La primera de ellas impactó de lleno sobre la que estaba conteniendo la baqueta de Cheepo, pero la segunda consiguió torcer su trayectoria justo a tiempo y dibujar un círculo perfecto alrededor del pokémon de Hop, quién vio con pavor cómo las ascuas estallaban de lleno contra la espalda de su Grookey. El tiro con efecto de Scorbunny le arrancó un grito de emoción a Sonia y a su Yamper, que saltó de sus brazos soltando chispas de electricidad y ladrando entusiasmado por el combate. Magnolia observaba con los ojos bien abiertos, sin dar crédito de sus propias manos, que por primera vez temblaban aferrándose a la empuñadura del bastón, y no lo había notado hasta recién.

—¡Cheepo! —Hop corrió desesperado con su pokémon, que permaneció inmóvil en su sitio aferrándose con ambos brazos a la baqueta chamuscada de madera que usaba ahora como soporte para resistir. El pelo verde en su espalda era ahora negro, y manaba de él humo a raíz de la fuerte quemadura. Scorbunny se dejó caer hacia atrás, agotada, mientras su estómago subía y bajaba por la agitación.
—Groo… Key… —el pokémon de planta volteó la cabeza hacia su entrenador, y le devolvió una sonrisa débil, como si se disculpara por no haberle entregado su primera victoria. Luego de eso, se desplomó justo a tiempo para que Hop lo sostenga entre sus brazos.
—Peleaste como un titán, Cheepo —lo reconfortó, dándole un sentido abrazo a su compañero—. Ahora toca descansar, ya tendremos otra chance.

Victor cargó en brazos a su agotada Scorbunny, y tras felicitarla y agradecerle por tamaño combate, se acercó con su amigo, con gesto preocupado.

—Oye, Hop…
—Ni lo intentes —dijo Hop, tajante, con la mirada oculta bajo algunos mechones de pelo azul, mientras guardaba a Cheepo en su pokébola. Alzó la cabeza, y le devolvió a Victor una mirada llena de convicción, y una sólida sonrisa dibujada en los labios—. Fue un combate excelente, y estoy orgulloso de haber sentido la amarga derrota por ti. No habría soportado perder con un cazabichos o un escolar.

Victor observó el semblante de su mejor amigo, sintiendo algo parecido a la envidia por ver la firmeza en su actitud aún tras haber perdido el combate. Le devolvió la sonrisa, y le ofreció la mano. Ambos entrenadores se estrecharon las manos en un fuerte y sentido apretón, mirándose a los ojos mientras el Sol caía tras la casa púrpura de la profesora Magnolia.

—Vas a ser todo un desafío, "rival" —le dijo finalmente. Hop soltó una risa amarga, desviando la mirada. Era un término raro para él, que siempre había escuchado a su hermano mayor hablar sobre las rivalidades en la Liga Pokémon. Comenzaba a comprender mejor cómo se sentía un verdadero entrenador pokémon, más allá de revistas y reportajes de televisión.

Los pensamientos de ambos entrenadores fueron sepultados bajo el firme aplauso de Magnolia y su nieta, quienes se acercaron al centro del campo de batalla escoltadas por el Yamper que se paró en dos patas sobre las piernas de Victor para ladrarle a Haneki, que dormitaba agotada bajo su brazo, como si fuera un peluche. El castaño se percató de eso, y decidió guardarla en su pokébola para que se recupere del combate.

—¡Los dos estuvieron incre-! Estuvieron bien, nada mal —se retractó Sonia sobre la marcha, ruborizándose ligeramente. Aún así, le dio unas palmaditas en los hombros a los dos entrenadores, gesto que a Hop le recordó a su hermano mayor, mientras que Victor no podía evitar pensar que no volvería a lavarse ese hombro en toda su vida, y se le aflojaban las piernas.
—Tengo que reconocer que eso que tuvieron, debe haber sido uno de los mejores combates que presencié… Entre novatos —afirmó la profesora Magnolia, guiñándole un ojo cómplice a su nieta—. Espero que sepan recompensar a sus pokémon como merecen, porque lo que hicieron hace un rato estuvo a otro nivel.
—M-muchas gracias —balbucearon tímidamente los dos entrenadores. Magnolia notó un dejo de dolor en la mirada de Hop, pero no hizo ningún comentario diferencial al respecto.
—Aun así, está claro que a los dos les queda mucho por aprender. Pero para eso deberán recorrer un largo camino, y no lo podrán hacer desde Postwick hasta Wedgehurst solamente.
Victor y Hop pararon la oreja y abrieron sus ojos de par en par.
—A-abuela, ¿eso quiere decir que…?

Magnolia miró a su nieta con serenidad, asintiéndole con un leve movimiento de cabeza. Sonia lo comprendió de inmediato, y comenzó a hurgar en su bolso cruzado de cuero el par de cajas blancas que contenían los SmartRotom. Los chicos no cabían en si mismos de la felicidad, mientras la pelirroja les entregaba alegremente aquello que se habían ganado por derecho propio.

—Genial, esto es tecnología de punta —balbuceó Victor mientras sacaba el dispositivo rectangular de su empaque, encendiéndolo con el pulgar. Los ojos del Rotom que habitaba dentro del aparato se encendieron con un brillo azulado y la pantalla negra pasó a blanco, revelando una cámara que rápidamente tomó una fotografía automática de su portador, tras haber leído su huella dactilar. Victor vio, con asombro, cómo su expresión de sorpresa -y su papada- se lucían en su primer fotografía mientras una voz robótica se hacía oír por los parlantes incorporados del SmartRotom:

—"Victor Evans, ID n° 009427, bienvenido a la Liga Pokémon"
—¡Ja, mira lo mal que saliste en esa selfie, Victor! —se burló Hop sacándole el SmartRotom de las manos, al tiempo que estiraba el brazo y encendía el suyo propio, tomándose una fotografía mucho mejor, con una ancha sonrisa en el rostro.
—¡E-esta cosa vino sin instrucciones, Sonia! ¿Estás segura de que no es una imitación de Sinnoh? —tosió el castaño mientras recuperaba su dispositivo y buscaba rápidamente entre el menú de opciones la manera de rehacer la fotografía para su ID como entrenador, al tiempo que todos echaban a reír.

La noche había caído sobre Galar cuando Victor y Hop se despidieron de la profesora Magnolia, agradeciéndole por su autorización para participar oficialmente de la Liga Pokémon. La profesora pokémon le ofreció a su nieta llevarlos de vuelta en su automóvil, pero Sonia insistió en que descanse, y finalmente accedió ella misma a llevarlos, con el permiso de Magnolia. Así, los chicos se subieron a los asientos traseros del vehículo -violeta, al igual que la casa de Magnolia- y Sonia se aferró al volante para regresar al pueblo. El camino fue rápido, puesto que por la noche en la Ruta 2 habitaban pocos pokémon nocturnos, y los entrenadores de la zona eran principalmente novatos que no comenzaban aún su recorrido para participar de la liga. Tras llegar a Wedgehurst, Sonia dejó a los chicos en la puerta del Centro Pokémon y regresó al laboratorio, puesto que debía terminar con su trabajo antes de volver a casa. Los chicos se despidieron de ella, agradeciéndole por toda su ayuda, y ella les devolvió una espléndida sonrisa junto con una señal de victoria con los dedos.

Dejaron a sus pokémon con la enfermera y luego apartaron una habitación para pasar la noche, un derecho que tenían todos los que se acrediten como entrenadores de la Liga Pokémon, enseñando sus ID en el SmartRotom. Mientras comían algo en el buffet, y para su sorpresa, una chica que esperaba que le devolvieran a su pokémon debilitado reconoció a Hop y se acercó a saludarlo. Se trataba, por supuesto, de una de las tantas admiradoras de su hermano mayor, pero el peliazul no se negó a tomarse una fotografía juntos, saliendo Victor en el plano con una evidente cara de circunstancia y una gruesa gota de sudor cayendo por su frente.

—Espero que atesores esta selfie, porque pronto podrás venderla por millones cuando obtenga el título de campeón —alardeaba Hop, con el pulgar hundido en su pecho inflado.
—¡Mándale mis besos a Leon, por favor! —se despidió ella con los ojos brillantes, cuando la voz de una enfermera la llamó por los parlantes para recoger a su pokémon en la mesa de entrada.

Cuando la fanática se perdió de vista, Hop volvió a adoptar la postura encorvada y desgarbada que tenía hacía un rato, soltando un pesado suspiro sobre la mesa. Victor le despeinó el cabello azul.

—Ánimos, amigo —le sonrió—. No todas las capas que cargamos sobre la espalda son tan fáciles de llevar como la de Leon. Estoy seguro de que vas a ser todavía mejor entrenador que él, algún día.
—Gracias, Victor —asintió—. Pero no pienso tanto en él ahora mismo, mi nuevo objetivo a superar eres tú, y te aseguro que voy a conseguirlo la próxima vez.
—Esperaré con ansias la revancha.

Ambos entrenadores chocaron los cinco y se fueron a acostar. No sabían que aquella noche estaba lejos de terminar.

Continuará…

TRAINER's PROFILE

Victor Evans
Edad: 14 años
Medallas: 0
Pokémon:
- Scorbunny (Lv.8) "Haneki"
- Rookidee (Lv.6) "Gear"

Hop Owen
Edad: 14 años
Medallas: 0
Pokémon:
- Grookey (Lv.7) "Cheepo"
- Wooloo (Lv.5) "Lulú"