Capítulo 6 – ¡Dinamax! ¡Enfrentamiento múltiple en el Área Silvestre!

Victor y Hop caminaban por la enorme ruta del Área Silvestre intentando seguirle el ritmo a Gloria, la enérgica chica que habían conocido esa misma tarde y que los había dejado boquiabiertos con su destreza en combate y conocimientos generales como entrenadora pokémon. Ambos se sentían un poco poca cosa junto a ella, pero a su vez eso les despertaba la suficiente motivación para superarla, superándose a sí mismos. La chica no parecía tener noción alguna del encuentro que había tenido con Victor la noche anterior, por lo que el castaño forzó a su mente para que deje de pensar en ello, y simplemente acepte la idea de que ahora, al menos, podían llegar a ser compañeros de viaje. Hop recordó, mientras caminaban tras ella, que jamás habían establecido ningún tipo de acuerdo para seguir juntos. Pero espontáneamente se hallaban siguiendo sus pasos, quizás tomándose demasiado a pecho ese concepto de brújula moral del que tanto habían parloteado en el tren a vapor.

—Oye, Gloria —la llamó Hop, trotando un poco para alcanzarla finalmente, mientras la chica fotografiaba distraída a una familia de Wooper que cruzaban el camino a su bola—. Estaba pensando, ya sabes, que tal vez tu Sobble no sea suficiente protección para ti, sola, en los terrenos más peligrosos del Área Silvestre. Ya sabes, ahí donde no todos son pokémon con múltiple debilidad al agua. ¿Qué te parece si vienes con nosotros, y nos damos una mano entre todos para salir vivos de acá?

La chica escuchó atentamente las palabras del muchacho con camperón inflado, y estalló en carcajadas ante la "oportunidad" que creía estarle brindando.

—Hop, no te estoy menospreciando, de verdad que no —pudo decir, finalmente, mientras se sujetaba el estómago con los brazos de tanto reír—, pero hasta ahora recorrí un largo camino sola, acompañada no solo por Seven. ¿O acaso no les dije antes que ese no es mi único pokémon?
—Bueno, es el único que te vimos hasta ahora —murmuró Victor, sin prestarle tanta atención a la charla como a los Wooper, que siempre le habían parecido pokémon de lo más bonitos y simpáticos, y que pensó en atrapar ahí mismo, hasta que se dio cuenta de que se acercaban a un lago cercano, sumergiéndose junto a su madre Quagsire, contra la que definitivamente no tendría chances todavía.
—¡Ya sé! ¿Qué les parece si tenemos una batalla ahora mismo? Así comprueban por su cuenta si realmente necesito de su ayuda —resolvió, chasqueando los dedos y adelantándose con largas zancadas hacia el otro extremo del camino de tierra. No había campo de batalla allí, pero los entrenadores no lo necesitaban para disputar una batalla casual al aire libre. De todos modos, se encontraban en territorio salvaje—. Si ninguno de mis pokémon puede continuar, consideraré viajar junto a ustedes.

Hop y Victor cruzaron miradas con cierto nerviosismo e incertidumbre.

—¿Te refieres a una batalla en simultáneo entre los tres? —inquirió Hop, extrañado—. Es decir, ¿una batalla múltiple?
La chica negó repetidas veces con su fino dedo índice.
—Por supuesto que no. Me refiero a ustedes dos contra mí. Podríamos hacerla doble, si quieren, por mí es igual. Eso sí: envíen a sus mejores pokémon.

La mirada de Gloria ardía como el fuego, y si bien aún mantenía esa sonrisa dulce y espontánea en el rostro, sus cejas inclinadas y sus pupilas brillantes le daban un aspecto tremendamente desafiante. Aparte de haberla visto jugar prácticamente con un monstruoso Onix, apenas una hora atrás.
El cielo nublado garuaba finas gotas de lluvia, que apenas se hacían sentir sobre sus cabezas, pero sí sobre la tierra a sus pies, que se encontraba ya húmeda y blanda. No parecía ser el lugar más apropiado para sostener un combate múltiple, pero ni Victor ni Hop querían negarse a aceptar el desafío. Asintieron, finalmente, e inflaron dos pokébolas en cada mano, al tiempo que Gloria hacía lo propio con las suyas, que desprendió sencillamente de las correas de su mochila.

—¡Haneki, Gear, den lo mejor!
—Cheepo, Lulú, ¡a pelear!

Los cuatro pokémon se materializaron delante de sus entrenadores. Wooloo golpeó la tierra con sus pezuñas, intentando parecer intimidante, mientras que Gear, el Rookidee, levantó vuelo girando en círculos sobre la cabeza de su entrenador. Los iniciales le dedicaron una mirada de mayor rudeza a Gloria, adoptando rápidamente posición de combate; Scorbunny rascando el suelo con sus patas y sacando chispas ardientes, mientras que Grookey retiraba la ramita de madera del mechón de pelo en forma de hojas que sujetaba, blandiéndola hábilmente con una mano, mientras se apoyaba juguetonamente sobre su propia cola, balanceándose de un lado al otro sin perder el equilibrio.
Gloria observó un segundo a los pokémon de sus adversarios, estudiándolos con la mirada mientras esbozaba una sonrisa llena de ternura al comprobar lo adorables que se veían todos ellos. Al posar sus ojos sobre Haneki y Cheepo, sacó de inmediato su SmartRotom y apuntó a ellos con él, escaneando su información. La voz robótica, configurada con tono femenino, recitó:

—"Grookey, el Pokémon Chimpancé. Ataca golpeando sin cesar con su baqueta, con un entusiasmo que crece a medida que acelera el ritmo. Al hacerlo, produce unas ondas sonoras capaces de devolver la vitalidad a la flora"

—"Scorbunny, el Pokémon Conejo. Se pone a correr para elevar su temperatura corporal y propagar así la energía ígnea por todo su cuerpo. Cuando se prepara para combatir, irradia calor por la punta de la nariz y el pelo que le recubre las patas"

—Son un encanto, los dos —suspiró la chica, resignándose a la terrible idea de tener que darles una paliza con sus propios pokémon—, pero no tendré miramientos a la hora de enfrentarlos. Seven, Cookie, ¡ustedes tampoco lo tengan!

Arrojó sus dos pokébolas al suelo y éstas estallaron al unísono, liberando a Sobble y a un Yamper de aspecto mucho más rudo y combativo que el de Sonia. Lo primero que hizo el perro eléctrico, de hecho, fue girar sobre si mismo rápidamente en el lugar, frenando en seco repentinamente y cargando de energía estática todo su pelaje, desprendiendo chispas de él al sacudirse. Gear fijó sus diminutos ojos rojos en el can de Gloria, más precisamente en los chispazos eléctricos que manaban de su pelaje, todo esto combinado con el clima lluvioso lo pusieron alerta. Sabía que debía prepararse para volar lejos de ese Yamper. Victor debió pensar exactamente lo mismo que su pokémon, por lo que le susurró a Hop que lo cubriese de los rayos con su Grookey. Hop apuntó al perrito con su SmartRotom, encendiendo la Pokédex.

—"Yamper, el Pokémon Perrito. Los Yamper son muy glotones, por lo que ayudan a la gente a cambio de comida, volviéndose pokémon muy populares entre los pastores de Galar. Echan chispas al correr, generando electricidad por la base de la cola"

—¡Bueno, chicos, ya conocemos las reglas! —anunció Gloria en voz alta por la distancia a la que estaban separados, tras guardar su SmartRotom en un bolsillo interno de su pulóver—. ¡Si alguno pierde a sus dos pokémon, la victoria es mía!
—¡Empecemos de una vez! —sentenció Victor, para sorpresa de su mejor amigo. Parecía nervioso por el combate, tanto, que irrumpía con una orden certera y temeraria—. ¡Haneki, ataque rápido contra Yamper!
—¡Lulú, placaje contra Sobble! —mandó Hop a su pokémon lanudo, aun observando de reojo al castaño, con expresión confundida—. ¡Cheepo, no te apartes mucho de Gear!

Rookidee bajó hasta mantenerse a vuelo a pocos centímetros del suelo, justo por detrás del inicial de tipo planta, que aguardaba pacientemente con la baqueta de madera entre los dedos. Wooloo, por su parte, pegó un corto salto para tomar impulso, ocultando sus patas bajo la lana y comenzando a rodar cuesta abajo aprovechando la ligera pendiente en el suelo de tierra resbaladizo para ganar velocidad rápidamente.

—¡Seven, intercepta a Scorbunny y dale un sorbo de tu pistola de agua! ¡Cookie, moflete eléctrico a Wooloo!

Haneki cargó rápidamente contra Yamper, desapareciendo en un santiamén del lugar donde estaba y reapareciendo varios metros adelante, dejando tras su paso una estela de luz blanca delimitada por dos líneas de fuego en dónde habían pisado sus patas, pero para su sorpresa y la de Victor, Sobble demostró una velocidad tan sorprendente como la de la coneja, deslizándose con sus patas resbaladizas por el suelo y derrapando de costado hasta quedar frente a frente, por delante del Yamper que comenzaba a perseguir a Lulú, quién ya había torcido el curso de su envite rotatorio, girando hacia donde se desarrollaba la acción para ir de frente contra el eléctrico. El plan sería, pues, mantenerlos a raya y conservar con todas sus energías a Gear para realizar ataques veloces desde la seguridad del aire, donde no pudiera alcanzarlo el pokémon eléctrico de Gloria.

Sobble infló los cachetes llenándolos de líquido, y disparó un chorro de agua que Scorbunny apenas pudo eludir dejándose caer hacia atrás en plena corrida, salpicándose apenas con algunas gotas que no causaron mayor efecto en ella. Al encontrarse de espaldas al suelo y justo por debajo del camaleón, Haneki le propinó una rápida patada en la quijada, pero Seven fue todavía más rápido, y pegó un brinco hacia atrás con una ágil voltereta en el aire, al tiempo que desenrollaba su cola y la usaba para intentar atrapar con ella su pierna. Hop adivinó el movimiento de aprisionamiento de Sobble, ordenando a su Grookey que arroje su baqueta contra el pokémon acuático, logrando golpear su larga cola celeste para que no alcance a Scorbunny.

—Ya tendrás tiempo de agradecérmelo —sonrió con confianza el peliazul, fijando su mirada en el combate que se desarrollaba rápidamente.
—¡Gear! —llamó Victor a su pokémon volador, que volteó a verlo de inmediato con su característica seriedad—. Quiero que aguardes pacientemente, mientras utilizas afilagarras.

El ave asintió en seco, posando sus patas en el suelo y concentrando toda su fuerza en las garras, que comenzaron a crecer y volverse más curvas y puntiagudas, aumentando así su característica de ataque. Más adelante, Yamper consiguió dar con Wooloo, interceptándola por sorpresa aprovechando que un charco formado en la tierra por el ataque acuático de Sobble la hizo resbalar de más, y le propinó un suave envite con su cuerpo regordete, logrando asestarle en el rostro una frotada de su propio pelaje y disparando así una descarga eléctrica que envolvió el cuerpo de la oveja.

—Piensen un poco más rápido, chicos —dijo Gloria en tono agudo y burlón.
Hop había desviado su mirada viendo cómo su Wooloo pausaba sus movimientos a raíz de una parálisis, y no pudo ver el momento exacto en el que Sobble usó su propia cola, tras recibir el golpe de rama punzante de Grookey, para envolver con ella su baqueta, quitándosela fácilmente. El mono le dedicó una mirada llena de furia al inicial de agua, haciendo el ademán de ir a buscar su herramienta más preciada.
—¡Cheepo, no te apartes de Gear! —mandó tajante a su pokémon, que tras un gruñido volvió a sentarse sobre su propia cola extendida, aguardando mientras Rookidee se envolvía por un aura blanca, tiñendo también las garras en sus patas.
—¡Cookie, hora de hacerle cariñitos a Scorbunny! —ordenó Gloria, apuntando a la coneja de fuego.
—¡Haneki, mantenlo a raya con ascuas! —respondió Victor, mientras su pokémon eludía una segunda pistola de agua que le disparaba Sobble.

Scorbunny comenzó a picar en círculos alrededor de Yamper, pegando saltos espectaculares sobre su cabeza cada vez que el perrito intentaba embestirlo y frotar sus cachetes contra ella, sacando cada vez más chispas, y pateando con fuerza el suelo de tierra (y ya casi barro), convirtiéndolo en bolas de fuego que volaban en todas direcciones entorno al eléctrico. Yamper las eludía como podía, pero claramente la agilidad no era su fuerte debido a sus cortas patas, rodando y agachándose para intentar que las ascuas no lo alcancen. Por fortuna para él, aquellas llamas que no podía eludir eran interceptadas por precisos pistolazos de agua fría que disparaba Sobble, combatiendo al fuego sin mayor dificultad.

—¡Lulú, encárgate de Sobble con rizo de defensa! —señaló Hop al camaleón, que había conseguido apartarse sigilosamente de la zona álgida del combate, disparando desde allí cómodamente sus ataques de agua que anulaban los de Scorbunny. Debía sacar de la ecuación al inicial de Gloria, para luego sí poder ocuparse entre todos del Yamper—. ¡Cheepo, cuando Lulú haga lo suyo, será tu momento!

El chimpancé asintió, esbozando una sonrisa ilusionada. Gear, a sus espaldas, aguardaba con toda la paciencia que podía el momento de atacar, enterrando sus afiladísimas garras en la tierra, rasgándola una y otra vez. Lulú hacía lo posible por alcanzar a Sobble, pero la parálisis que entumecía sus músculos no le otorgaba ni la mitad de movilidad que tenía el de agua, quién simplemente patinaba con sus patas resbaladizas por todo el terreno, en círculos, sin dejar de dispararle a las ascuas de Haneki, quién intentaba mantener a raya al Yamper que seguía acumulando electricidad en su pelo, acercándose poco a poco a la coneja. Entre los nubarrones grises comenzaron a retumbar estruendosos truenos, que hacían vibrar el suelo.
Al ver la oportunidad, Scorbunny realizó un movimiento inesperado: pateó con rapidez una serie de ascuas en hilera contra el propio Sobble, que sin esperar recibir directamente un ataque al que era resistente disparó por inercia su pistola de agua, tapando así su propio rango de visión, momento que aprovechó la coneja para realizar un impresionante ataque rápido que golpeó de lleno al camaleón, que salió empujado hacia atrás justo para quedar a merced de Lulú, quién mientras rodaba había duplicado su tamaño natural gracias al rizo defensivo que hacía crecer rápidamente su lana, descargando todo su peso sobre el inicial de agua, que se vio envuelto en el pelaje espeso de la oveja. Gloria soltó un gruñido por lo bajo. Grookey no pudo contener sus impulsos, y aprovechó el descuido de Sobble para correr hacia su baqueta, arrancándola de su cola, que era lo único que no había quedado preso de la trampa lanuda de Wooloo.

—¡Ahora, atadura! —mandó la chica de pelo castaño, apuntando a Cheepo con el índice.
—¡Esquívalo, Cheepo!

En una fugaz sacudida, la cola de Sobble rodeó por todo el cuerpo a Grookey justo cuando éste intentaba regresar con Gear con su baqueta en la mano, dejándolo inmovilizado y estrujándolo con más fuerzas de las que cabía esperar de un pokémon tan frágil en aspecto como era el de agua. Victor y Hop estaban boquiabiertos, pero no podían darse el lujo de asimilar el astuto movimiento comandado por su oponente, puesto que Gloria dio inmediatamente la orden a su Yamper de ir directo a por Rookidee. El perrito eléctrico concentró toda la energía que venía almacenando en sus cuatro patas, y salió disparado como un rayo en dirección al pokémon volador, que parecía mirarlo con ansias de combate, aún en desventaja de tipos.

—¡Haneki, ataque rápido y ascuas! —mandó Victor al ver que los dos pokémon de su amigo se encontraban ligados directamente a Sobble ahora.
—¡Cookie, mordisco!

La coneja de fuego corrió como alma que lleva el diablo codo a codo con Yamper, regulando su carrera para poder propinarle una potente embestida, pero el perro, sin dejar de correr en dirección a Gear, le lanzó agresivos mordiscones enseñando sus cuatro afilados colmillos, obligándola a apartarse lo suficiente como para no poder realizar un ataque directo. Las chispas eléctricas salpicaban en todas direcciones a través del pelaje de Yamper, por lo que acercarse demasiado era peligroso si no quería sufrir una parálisis como la de Wooloo, que endurecía todos sus músculos para que Sobble no pudiera escapar de la gruesa lana que lo apresaba, al tiempo que el de agua trababa con fuerza su cola elástica alrededor de Grookey, quién tenía medio cuerpo apresado por la atadura, gruñendo de dolor. Rookidee se mostraba nervioso por no recibir aún una orden concreta de su entrenador, y ya hacía rato había desistido de continuar con el afilagarras. Scorbunny comenzó a patear bolas de fuego, que golpeaban de lleno a Yamper sin hacer demasiada mella en él, puesto que la fina lluvia que caía sobre ellas debilitaba su poder considerablemente, por lo que el perro eléctrico prefirió seguir carrera hasta alcanzar a Gear. Hop observaba atentamente a sus pokémon, calculando el mejor momento para realizar el próximo movimiento. Gloria, por su parte, no se preocupaba tanto por Sobble, sino que observaba con una confiada sonrisa cómo su pokémon eléctrico se encontraba ya prácticamente encima del pajarito, que ni siquiera había despegado sus patas de la tierra. Victor miraba con impotencia cómo no conseguía sacar ventaja aún con la mayor velocidad de Haneki. Yamper no era tan rápido, pero tampoco podía considerarse para nada lento, y tenía un nivel de resistencia superior a la coneja de fuego, que además veía su poder mermado por el clima adverso y el duro terreno de combate.

—¡Seven, ahora! —gritó Gloria de repente, a lo que Victor desvió la mirada, sobresaltado, fijándose en el camaleón de agua que aún se encontraba apresado bajo las capas de pelo de Lulú, que apretaba sus ojos y dientes con fuerza para resistir cualquier movimiento que pudiera realizar su oponente debajo de ella.
Sin embargo, nada fuera de lo común sucedió bajo la Wooloo de Hop.
—¡Victor! —lo alertó su amigo, mucho más atento a lo que ocurría.

Había caído en la trampa: en el momento clave, donde debía estar más atento que nunca a la seguridad de Gear, Gloria consiguió que Victor se distraiga y desconcentre. Scorbunny también trastabilló sin mucha ayuda de la tierra, que se volvía espesa por la mezcla de humedad y calor bajo sus patas, y así Yamper consiguió acelerar lo suficiente para alcanzar a Rookidee, sacando chispas por todo el cuerpo.

—¡Gear, cuidad-!

El castaño ni siquiera pudo finalizar sus palabras, ni articular una orden concreta. Tampoco fue necesario: tras expulsar de su pecho un gorjeo de guerra que venía conteniendo desde el comienzo del combate, Gear alzó un corto vuelo a menos de un metro del suelo, para permanecer lo más cerca posible de Cookie, el Yamper, que se detuvo en seco al quedar debajo suyo, gruñéndole mientras la tierra salía disparada hacia arriba, rasgada previamente por las patas del Rookidee, que las había triturado pacientemente mientras afilaba sus garras e incrementaba su poder de ataque. Las cortas alas azules del pokémon volador se batieron como nunca lo había hecho, endureciendo su esférico cuerpo para evitar ganar altura, y generando una onda expansiva de aire y presión que obligó a Yamper a bajar la cabeza, flexionando sus cortas patas, hasta quedar su estómago prácticamente apoyado sobre la tierra húmeda del suelo.

Gloria tenía los ojos abiertos como platos, y por primera vez alcanzaron a verla sin tener muy en claro qué hacer. La situación de mayor desventaja para Rookidee se había concretado tal y como había previsto, pero ahora era Yamper quién se encontraba contra las cuerdas, aplastado por la enorme energía física del volador, y por el ímpetu que mostraba al combatir. Gear no pensaba desaprovechar esa oportunidad para lucirse, y menos tras la humillante derrota que había sufrido ante el Grookey de Hop. Las ráfagas de viento no solo cumplían la función de amedrentar a Yamper, sino que cubrían todo su pelaje con tierra, mermando así su poder eléctrico, al igual que la lluvia reducía el fuego de Scorbunny.

—E-es una excelente estrategia —reconoció Hop, entre balbuceos y risas incrédulas, parpadeando repetidas veces ante el dominio de la situación que mostraba tener Gear.

Victor tenía la mirada perdida en algún punto entre la fascinación y la culpa: nada de lo que estaba dando vuelta ese combate era mérito suyo como entrenador, sino de Rookidee como el pokémon aguerrido y astuto que era. Había recibido una sola orden en el combate: quedarse en su lugar y utilizar afilagarras, un movimiento pasivo. Y había resuelto, él solo, la mejor manera de capitalizar esa pasividad para anular completamente su principal desventaja. Gear batía sus alas como una bestia de los cielos, bañando con tierra al perro eléctrico sin apenas esforzarse, obligándolo a gruñir con impotencia en su lugar, sin siquiera poder mantener abiertos sus ojos por la polvareda que se levantaba y volaba a su alrededor junto al viento que generaba su oponente.

—¡Seven, basta de juegos! —finiquitó Gloria, dando un fuerte pisotón en su lugar, hasta que sus borceguís se cuero se hundieron en la tierra. No hizo falta más que eso para su pokémon inicial.

Wooloo salió volando tras una potente explosión de agua que impactó de lleno contra su estómago, rodando hacia atrás por los cielos y aterrizando suavemente tras amortiguar la caída con su lana, que podía regular en textura y largo a voluntad, mientras Sobble reaparecía cubierto de pelusa, pero con un aura de energía rodeándolo que la asustó. Fijó su mirada brillante y llorosa en la ovejita, congelándola en su lugar al contagiarle las lágrimas, que junto al estado de parálisis la dejaban completamente desorbitada. Además, la presión del agua contra su estómago hizo auténtica mella en su condición, respirando con dificultad mientras todo se ponía difuso a causa de las lágrimas que brotaban involuntariamente de sus ojos. Para rematar el contraataque, Seven sacudió con violencia su alargada cola, revoleando por los aires al Grookey de Hop.

—¡Cheepo, no lo dejes escapar, utiliza rama punzante! —mandó Hop, desesperado, viendo cómo el chimpancé giraba descontroladamente por los aires, hasta hallar el equilibrio y focalizar su vista en Sobble.
—¡Key! —chilló el de planta, justo cuando el acuático desaparecía del lugar y comenzaba una furtiva picada hasta donde se encontraba peleando Gear.

Desde el aire calculó rápidamente el ángulo, y arrojó con vehemencia la baqueta de madera en su mano, haciéndola girar como una sierra que partía cada gota de lluvia que se interponía en su trayectoria, peinando el ras de la tierra mientras Sobble emprendía carrera hacia el pokémon volador, a velocidad de vértigo. Detectando con la aleta en su cabeza la proximidad del ataque tipo planta, el Sobble pegó un golpe al suelo con su cola, impulsándose en un impresionante salto que dejó pasar de largo por debajo el proyectil de Grookey, curvando su trayectoria de forma circular y volviendo al tipo planta, que atajó la baqueta enroscándola en su cola. Haneki comenzó a correr en dirección a Sobble desde un lateral, mientras Cheepo hacía lo mismo tomando carrera con sus patas delanteras, haciendo uso de todas sus fuerzas para dar con el camaleón acuático, que fijaba su mirada en Gear mientras inflaba sus cachetes cargándolos con agua, apuntándole mientras corría hacia él. El pájaro azul lo miraba de reojo, sin descuidar al Yamper bajo sus patas, esbozando una especie de sonrisa provocadora en su pico negro.

—¡Ayuda!

Una voz desconocida se oyó cerca de ahí. Fue Victor el primero en divisar la figura de una persona que se acercaba corriendo con todas sus fuerzas hacia ellos, a espaldas de Gloria. Les dio la orden de alto a sus pokémon, y tanto Hop como la castaña hicieron lo mismo. Sus pokémon se detuvieron en seco, jadeando y agitados, mientras la chica volteaba para encontrarse a un niño de no más de nueve años de edad, que vestía un impermeable color amarillo, con una capucha con largas orejas cubriéndole la cabeza. Se agarró del pulóver de la entrenadora, sollozando con gordas lágrimas que desbordaban por sus ojos color azabache. Las pequeñas manos le temblaban, aferrándose a la ropa de la chica como si todo a su alrededor se estuviera derrumbando y ella fuera su última fuente de apoyo. A todos les llamó la atención ver a un chico de su edad andando solo por el Área Silvestre, sin compañía de adultos, pues siempre había estado restringido el acceso a la mayor parte de las zonas a chicos que no fueran entrenadores pokémon y tuvieran por lo menos diez años de edad. Quizás se habría perdido, pensaron los tres. Victor y Hop se acercaron rápidamente para ver qué sucedía, mientras sus pokémon hacían lo propio.

—¡P-por favor, t-tienen que ayudarme! —lloraba a moco tendido, estirando con sus manos el pulóver de lana de Gloria para secar sus lágrimas con él. La chica puso una marcada mueca de incomodidad, pero se agachó para estar a su altura y lo miró a los ojos, genuinamente preocupada.
—Te ayudaremos en lo que podamos —lo consoló—, pero para poder hacerlo debes intentar calmarte, y contarnos qué sucedió exactamente.
El chico se secó los mocos con el dorso de la mano y sacudió la cabeza un par de veces, para luego continuar.
—E-estaba jugando con Pi-Chan, cuando d-de repente empezaron a caer rayos p-por todos lados —relató con la voz entrecortada—, u-uno de ellos cayó sobre Pi-chan, y… y… —el chico volvió a llorar desconsoladamente. Victor y Hop intercambiaron miradas de circunstancia. ¿Era Pi-Chan su pokémon? ¿Era otro niño como él? ¿Le había caído realmente un rayo encima? En ese caso debía ser un Gastly ahora mismo, pensó Hop, pero por supuesto que se tragó las palabras.
—¿Pi-Chan es tu amigo? ¿Dónde está ahora? —preguntaba Gloria con calma, sujetándole las manos al pequeño con delicadeza.

Yamper y Wooloo frotaban su suave pelaje tiernamente contra su cuerpo, aliviando un poco su llanto y consiguiendo tranquilizarlo al cabo de un rato. Grookey, Scorbunny y Sobble no podían evitar intercambiar miradas de desconfianza y rivalidad entre ellos. Aún tenían muy fresca caliente en la piel la sensación de adrenalina de la batalla que estuvieron disputando instantes atrás.

—Lo golpeó un rayo. Pero eso no le hizo daño, Pi-Chan es muy fuerte, pero se puso como agresivo, y comenzó a atacarme. Después paró, y se fue corriendo, y lo seguí, pero era muy rápido —contaba el niño sin saber bien cómo articular las frases, por lo que los tres entrenadores debían armar el rompecabezas y procesar cuidadosamente la información—. ¡Se cayó en una de esas horribles fosas con luces rojas que hay por todos lados!

Tras escuchar eso último, Hop tragó saliva, y sus ojos buscaron rápidamente algo en el cielo, más allá del horizonte visible. Un pilar de luz roja. Había algunos en la distancia, pero ese niño no podría haber corrido desde tan lejos hacia ellos. Todavía debían tener algo de tiempo.

—¿Dónde ocurrió lo que nos cuentas? —preguntó Victor finalmente.
—¿Podrías llevarnos a ese lugar? Seguro que nuestros pokémon pueden ayudar a Pi-Chan —propuso Gloria, enseñándole una espléndida sonrisa al niño, que asintió mecánicamente sacudiendo la capucha con orejitas que cubría la mayor parte de su cabeza.

Tras darle una serie de pociones a sus pokémon y Hop un antiparalizador a Lulú, todos siguieron al chico a través del largo sendero de tierra mojada. Mientras caminaban, el chico les contó que su nombre era Tim y que siempre se escapaba para jugar con Pi-Chan, puesto que se aburría horrores cuando sus padres iban a hacer trabajo de campo solos en el Área Silvestre. Él quería ser entrenador algún día, y le fascinaba rodearse de los pokémon cuando jugaba en el Área Silvestre. Claro que la zona cercana a la gran capital de Galar era mucho más tranquila normalmente que aquellas ubicadas en las profundidades de la ruta silvestre, mucho más salvajes y con climas más inestables.

A medida que se acercaban al destino la lluvia se intensificaba, y los rayos y truenos ganaban más presencia, haciéndose eco en todo el cielo. El lago a un lado del camino sacudía sus aguas violentamente formando olas, y a Victor le preocupó pensar en la familia de Wooper y Quagsire que había visto sumergirse en él un rato antes. Por supuesto que su tipo tierra secundario los mantendría a salvo de las descargas eléctricas. Intentó regresar a Haneki y Gear a sus pokébolas, puesto que el clima salvaje y tormentoso era un peligro para ellos, pero la coneja y el pichón se negaron categóricamente. Querían avanzar junto a su entrenador, y descubrir juntos qué había pasado. Conmovido por esa actitud, pensó que los pokémon podían ser criaturas muy sensibles y empáticas, más aún que muchas personas.

Cuando finalmente llegaron, el chico señaló un sector en el pastizal donde se alzaba una especie de monolito de piedra agrietado de medio metro de altura, dentro del cual había un profundo hoyo negro en el centro. Los chicos asomaron la cabeza por encima, viendo con sorpresa cómo una luz roja brillaba y titilaba en lo más hondo, sumida en medio de la oscuridad. ¿Era eso Pi-Chan?

—¡Ahí, ahí se cayó! ¡No pude hacer nada para evitarlo y por eso salí corriendo buscando ayuda! —gritaba el chico desesperado, poniéndose de rodillas junto a la formación de piedras y buscando a su amigo con la mirada dentro de la fosa.

El niño no paraba de gritar y llorar, mientras Gloria, Yamper y Wooloo intentaban consolarlo, y Hop analizaba detenidamente la fosa viendo algo en su SmartRotom, al parecer, escaneando la zona a su alrededor. No había señal de otros pokémon en las proximidades, ni tampoco de entrenadores o guardaparques. Victor, por su parte, se alejó unos cuantos metros y se quitó la pesada mochila, sacando la carpa de acampe que les había obsequiado Leon y armándola rápidamente. El clima de lluvia iba acompañado de fuertes vientos, así que se aseguró con ayuda de sus pokémon de sujetarla lo mejor posible a la tierra. Luego de hacerlo, y sin mediar palabras, se acercó raudamente al niño y lo sujetó por debajo de los brazos, apartándolo de ahí y dándole la espalda a la fosa. Lo miraba fijamente con expresión muy seria, el chico aún sollozaba, aunque de sus ojos ya no caían lágrimas, y miraba con miedo al castaño.

—Escúchame, ¿sí? Vamos a hacer todo lo posible por ayudar a Pi-Chan, pero para hacerlo necesitamos que te tranquilices, y que te apartes lo más que puedas, porque no sabemos qué tan peligroso pueda ser eso. No queremos que nada malo les pase, ni a ti ni a tu amigo, así que vas a esperarnos en el campamento hasta que terminemos.

Todos miraban sorprendidos el repentino comportamiento de Victor, que actuaba como un hermano mayor, o incluso un padre, frente al chico con piloto amarillo. La carpa negra que había levantado se sacudía un poco por el viento, pero parecía que nada la movería de su lugar. El niño miraba alternadamente a Victor y a Gloria, buscando en ella una especie de permiso. La chica le sonrió con dulzura, poniéndose en cuclillas y acariciando el pelaje de Cookie, susurrándole algo al oído a su pokémon.

Yamper pegó un par de alegres ladridos, y moviendo su cola corrió junto a Tim. Hop animó a Lulú a hacer lo mismo, y la Wooloo rodó cómicamente hasta el pequeño, empujándolo suavemente con su mata de lana blanca, invitándolo a jugar con ellos en el campamento que Victor había armado para todos. Finalmente, fue el propio Rookidee de Victor el que terminó de convencer al niño, dando un par de alegres piruetas volando en el aire, hasta posarse tiernamente sobre su hombro, dándole suaves picotazos a las orejas de su capucha. El niño no pudo evitar reírse de alegría al estar rodeado de pokémon tan increíbles, así como de entrenadores experimentados (o eso creía) que iban a rescatar a su amigo.

—¡Déjalo en nuestras manos, no hay nada que temer! —exclamó Hop, imitando la pose heroica de su hermano mayor.
—Puedes jugar con ellos un rato, Tim —sonrió Gloria, animándolo a seguir a los pokémon, que corrían, rodaban y volaban hacia la carpa, a resguardo de la tormenta.
Victor le dedicó una cálida sonrisa, y fue lo último que necesitó el niño para correr detrás de los pokémon, refugiándose junto a ellos. Tras esto, los tres entrenadores intercambiaron miradas y suspiraron exhaustos al unísono, colocándose alrededor de la fosa negra.
—Bien, ¡¿qué rayos vamos a hacer?! —soltó Hop, despeinándose con las manos—. Tienen idea de lo que es esto, ¿no?
Victor arqueó una ceja, mirando a su amigo.
—A decir verdad…
Hop cayó de espaldas al suelo, y se incorporó rápidamente con un chichón en la cabeza.
—¡Pero si está en la guía de supervivencia que te pasabas leyendo!
—Victor —dijo seriamente Gloria, sin dejar de observar la luz roja que titilaba en lo más hondo del agujero entre las rocas—, esto es el nido de un pokémon, pero no uno común. ¿Ves esa luz roja?

El castaño asintió, desconfiado. Los pokémon iniciales peleaban entre ellos para ver quién podía asomar más su cabeza para observar curiosos lo que estaba ocurriendo. Finalmente treparon sobre sus entrenadores, observando mejor todo desde la altura de sus hombros. La lluvia había empapado su ropa, pero eso no parecía preocuparles demasiado. Al fin y al cabo, ahora eran entrenadores pokémon. Era parte de su viaje. Hop continuó por Gloria:

—Se dice que en el Área Silvestre ocurre frecuentemente el mismo fenómeno que los líderes de gimnasio y entrenadores de renombre en la Liga Pokémon utilizan para que sus pokémon puedan usar la habilidad "Dinamax". Sí la reconoces, ¿o no?
—Sí —Victor estaba familiarizado con el concepto de "Dinamax", porque lo había visto en algunos de los enfrentamientos de la liga televisados que a veces Hop lo obligaba a ver juntos.

Se trataba de una energía especial, ajena a los propios pokémon, que desencadenaba una transformación sorprendente en ellos, haciendo que su tamaño se multiplique por diez. Sabía que incluso algunas especies determinadas podían cambiar de aspecto, como el famoso Charizard del campeón, que recubría sus alas escamosas con fuego mientras adoptaba un tamaño descomunal. Es por esto que los combates oficiales del circuito de la Liga Pokémon se llevaban a cabo exclusivamente en estadios construidos especialmente para sacar provecho, y mantenerse a resguardo, de los propios pokémon que adquirían el estado Dinamax.

—Lo que vimos en la tele fueron combates donde los mejores entrenadores podían regular el estado Dinamax de sus pokémon —explicaba Hop, quién parecía saberlo todo acerca de lo relativo a batallas pokémon incluso a niveles profesionales—, pero en realidad los primeros casos de pokémon gigantes se registraron aquí mismo, en el Área Silvestre. Por eso tampoco se construyeron pueblos ni ciudades en un territorio tan extenso, no solo es el clima salvaje, sino el hecho de que muchos de los pokémon que viven aquí pueden hacerse gigantes, y eso es terriblemente peligroso.
—En el Área Silvestre hay un comité de guardaparques especializado en contener a los pokémon en estado Dinamax, pero todavía no está claro por qué sucede ese fenómeno, y es tan repentino y azaroso que a veces no puede prevenirse —dijo Gloria con gesto de preocupación, buscando algún pilar de luz en el cielo, hasta dar con uno en la distancia, que le mostró a Victor apuntando con el dedo—. ¿Ves eso de allá? Ese pilar rojo es la única señal que tenemos para saber que ahí está ocurriendo un fenómeno Dinamax, y que un pokémon así puede despertar en cualquier momento. Donde veas uno de esos pilares, ten por seguro que un guardaparques oficial de la Liga Pokémon está vigilando el terreno e intentando aplacar al pokémon gigante. Normalmente surgen de fosas como ésta, pero algunos también han sido vistos en el agua, o descendiendo incluso desde las propias nubes.

Victor recordó que habían hablado brevemente con Sonia sobre aquello cuando caminaban juntos hacia la casa de la profesora Magnolia, en Wedgehurst. La profesora estaba dedicando todos los esfuerzos de su investigación en desarrollar un dispositivo capaz de detectar las áreas geográficas de la región donde estén por desencadenarse ese tipo de fenómenos, para así poder prevenir cualquier tipo de catástrofe que pusiera en peligro a entrenadores y pokémon.

—Quiere decir que estamos en problemas —afirmó el castaño, mirando de reojo a Haneki, quién escuchaba atentamente la charla de los chicos—. ¿Deberíamos llamar a alguien?
—Me encantaría poder decirte que no —suspiró Hop—, pero creo que no tenemos todavía el nivel suficiente como para hacer frente a algo así.

El suelo vibró bajo sus pies. Fue solo una sacudida, pero alcanzó para poner sobre alerta a los tres entrenadores.

—No contamos con mucho tiempo —examinó Gloria—, pero creo que tenemos posibilidades. Pi-Chan debe estar todavía en esa fosa, así que quizás podamos sacarlo de ahí antes de algo pase. Por desgracia, nosotros mismos no podríamos caber ahí…
—¡Grook! —aulló el chimpancé de planta desde el hombro de Hop, alzando su brazo como un alumno con ganas de dar respuesta en clases.
—¡Bunny! —afirmó Scorbunny, dispuesto a colaborar.

Sobble se encogió detrás del pelo castaño de su entrenadora, juntando los dedos de sus patas delanteras tímidamente y agachando la cabeza. Durante la batalla múltiple se había vuelto una máquina de pelear, con una frialdad y precisión excepcionales, pero no dejaba de ser un pokémon cuya especie era famosamente tímida y temerosa. Aun así, su cuerpo era el más pequeño de los tres, y contaba con el factor resbaladizo en su piel que le permitiría acceder fácilmente a lugares estrechos. Los entrenadores cargaron en brazos a sus pokémon.

—¿Estás seguro de que quieres intentarlo, Cheepo? —le preguntó Hop a su pokémon, aunque sabía perfectamente que su respuesta sería doblemente afirmativa.
—No quiero que te suceda nada, Haneki —le dijo seriamente el castaño a la coneja blanca, que le guiñó un ojo y enseñó sus grandes y relucientes incisivos con una sonrisa, tirando patadas al aire.
—No tienes que hacerlo si te da miedo, Seven —le sonrió Gloria a su pokémon, acariciándole la cabeza—. Sigo pensando que eres el mejor de los tres, y por eso te elegiría cada vez.

Esas últimas palabras llamaron poderosamente la atención de Victor y Hop, pero sus pensamientos se desencajaron de lugar cuando un segundo temblor sacudió el suelo, agrietando un poco más el monolito de piedras que se alzaba entre ellos. Haneki y Cheepo brincaron rápidamente desde los brazos de sus entrenadores y se pararon sobre las rocas, mientras los entrenadores retrocedían unos pasos.

—Chicos, solo necesitamos que localicen a Pi-Chan en el fondo de ese agujero y lo traigan a salvo —comandó Hop, mientras sus manos temblaban hundidas en los bolsillos de su camperón inflado, y no por el frío—. No intenten locuras ahí dentro, y si ven que es demasiado profundo y se quedan sin oxígeno, salgan inmediatamente.
—Tengan mucho cuidado, por favor —pidió Victor, tan preocupado como su amigo. Haneki era muy fuerte, pero no tenía idea de lo que pudiera suceder si se topaba con algo más grande y poderoso ahí dentro.

Los pokémon asintieron con una confiada sonrisa en sus rostros, y se lanzaron sin miramientos dentro de la fosa, que vibraba suavemente como si albergara una fuente de poder a punto de estallar, así que debían ser rápidos y precisos. Grookey era de por si ágil y contaba con la ayuda de su cola y de la baqueta que podía usar como alpinista para sujetarse a las piedras. Scorbunny, por su parte, era un pokémon que en estado salvaje vivía naturalmente en madrigueras bajo la tierra, por lo cual también podría desenvolverse sin problemas allí. La sorpresa la dio Seven, el Sobble de Gloria que, tras unos segundos de duda y conmoción, pegó un fuerte salto desde los brazos de la chica, llorando desconsoladamente mientras su cuerpo se recubría por sus propias lágrimas y se zambullía dentro del agujero, resbalando rápidamente entre las piedras. La chica quedó atónita, pero finalmente soltó una risita por la actitud corajuda de su pokémon.

Así, los tres pokémon iniciales habían desaparecido en la fosa del monolito que albergaba en su interior al perdido Pi-Chan, impactado por un rayo, convertido en un pokémon agresivo, y ahora capaz de adoptar el estado Dinamax en cualquier momento, en medio de una tormenta eléctrica y con la lluvia golpeando fuertemente sus cabezas. Los chicos se miraron entre sí, notablemente preocupados, pero con una especie de vigorosa adrenalina viajando a toda velocidad en su interior. Esa adrenalina se llamaba confianza: ellos creían realmente en sus pokémon, y en que podrían salir sanos y salvos con Pi-Chan en brazos, e ir con Tim al campamento y darle la sorpresa. Y ser héroes inesperados aquella tarde agitada en el Área Silvestre.

Pero los segundos se transformaron en minutos, y los minutos se sucedieron lenta y pesadamente. El suelo había dejado de vibrar, y las nubes grises sobre sus cabezas alertaban que la lluvia seguiría durante un buen rato. Victor, Hop y Gloria apuntaban en simultáneo con sus SmartRotom a la fosa, intentando detectar en cualquier momento la presencia de alguno de sus pokémon. Los tranquilizaba no haber escuchado ningún ruido violento en su interior, pero la calma siempre precedía a la tormenta, y si algo podía salir mal, saldría peor.

Cuando la situación se había vuelto insoportable, un ruido seco resonó en los oídos de los tres entrenadores. Fue como un chasquido, como el que hacen dos piedras al frotarse para producir fuego. Pero no hubo chispa, sino luz. Una luz carmesí que salió disparada como un rayo láser desde las profundidades de la tierra, perforando las nubes grises y generando una onda expansiva que arrojó a los chicos hacia atrás, cegándolos momentáneamente. El cielo pegó un grito de dolor, y las nubes comenzaron a arremolinarse en las alturas entorno al pilar de luz que había sido vomitado por el monolito, volviéndose negras y parpadeando en truenos y relámpagos como destellos rojizos. Gloria volteó hacia la carpa, asegurándose de que estuviera lo suficientemente lejos; Tim no debía haberse enterado de nada, porque el suelo no se inmutó ante el rayo de luz que surgió de ahí. De hecho, había sido totalmente silencioso. Pero no encontraba suficiente consuelo en eso, y mayor fue su preocupación cuando volvió la cabeza hacia la fosa y se encontró con Victor y Hop arrancando las piedras con sus manos, gritándoles desesperadamente a sus pokémon para que salieran de ahí de inmediato. La chica enmudeció. Había estado en situaciones límite toda su vida, estaba cómoda con el peligro de la aventura, y había soñado con experimentar todo eso en compañía de sus pokémon casi desde que tenía memoria. Pero la situación se había vuelto terrorífica, y todo ello se acentuó cuando, ahora sí, la tierra que los sostenía comenzó a retorcerse y agitarse, con tal facilidad que parecía el agua en un vaso sacudida por un dedo. La brillante luz rojiza comenzó a volverse más gruesa, arrojando varios metros hacia atrás a Victor y Hop, que cayeron de espaldas al suelo dándose un fuerte golpe, mientras que el monolito desaparecía consumido por la misteriosa energía carmesí, y el suelo se resquebrajaba desde adentro formando una implosión de pasto, tierra y piedras de la que tuvieron que cubrirse como pudieron con sus brazos.

—¡Cuidado!

Antes de cubrirse el rostro con las manos y tirarse al suelo para ponerse a resguardo, Gloria alcanzó a ver tres siluetas que surgieron entre la luz roja, repelidas por la energía. Se tapó la cara y escuchó cómo algo surgía violentamente desde la tierra, pegando un furioso salto hacia el cielo y cayendo frente a ellos con un temblor retumbando bajo sus pies. No había tiempo para temer: Victor se incorporó rápidamente, con un fuerte dolor en la espalda y los codos, y buscó rápidamente a Haneki con la mirada. La coneja se encontraba a pocos metros suyos, y se había incorporado de un salto, junto a Cheepo y Seven, que corrieron junto a sus entrenadores mientras se levantaban.

—¡Cheepo! ¿Qué sucedió? —alcanzó a decir Hop poniéndose de pie, justo antes de que sus propios ojos y oídos le faciliten la respuesta.

PI… KA…

—No puede ser —balbuceó Victor. No habría podido cerrar la boca, aunque un Hitmonchan le hubiera estampado un puñetazo ascendente en la mandíbula.

En donde antes había estado el monolito de piedras, ahora se encontraba un pilar de luz carmesí de más de cinco metros de diámetro, y desde él había surgido un pokémon muchísimo más grande que el Onix que habían visto ser atrapado por Gloria hacía unas horas. Era una especie bien conocida por los entrenadores allí presentes, posiblemente una de las más populares en el mundo desde que un entrenador legendario de la lejana región de Kanto lo hubiese usado para alzarse con el título en reiteradas ocasiones. Un roedor de más de veinte metros de alto extendía sus cortos y regordetes brazos invocando una serie de rayos que cayeron a su alrededor, peligrosamente cerca de donde ellos se encontraban, pero afortunadamente lejos del campamento que había montado Victor para poner a resguardo a Tim. El pokémon era más redondo de lo que recordaban haber visto en la televisión y revistas, su pelaje era amarillo y tenía dos orejas alargadas con machas negras en las puntas. Sus mejillas coloradas desprendían chispas que, por sus dimensiones, eran prácticamente rayos que retumbaban en sus oídos, y su amigable expresión contrastaba fuertemente con la alargada cola zigzagueante en forma de rayo hasta posicionarse justo por encima de su cabeza, apuntando al cielo negro y rojo como una antena.

—Así que un Pikachu…. —suspiró Hop, mientras Grookey enfundaba su baqueta, con una sonrisa desafiante en el rostro—… y no solo Dinamax, sino Gigantamax.
—¡Pi-Chan, necesitamos que regreses a la normalidad! —le gritaba a sus pies Gloria, mientras un aterrado Sobble jalaba de sus medias escocesas con las patas, indicándole que se aleje.
—¡Gloria, aléjate de ahí! —mandó Victor, mientras el gigantesco Pikachu los observaba con curiosidad desde las alturas, esbozando una dulce sonrisa que rápidamente se transformó con un trueno en una expresión desafiante. Se lo veía rebosante de energía, y pese a ser normalmente un pokémon amigable y dócil, ahora mismo estaba bajo los efectos de una energía desconocida que le daba el poder de pulverizar una montaña si se lo proponía.

Un fugaz rayo de luz descendió desde las nubes, invocado por los mismos poderes eléctricos del Pikachu Gigantamax, y habría golpeado directamente a la entrenadora de no ser porque Cheepo saltó rápidamente sobre ella, haciendo girar con las dos manos la baqueta de madera de tal forma que hizo de escudo, desviando la descarga a pocos metros de ellos. La situación se estaba saliendo de control rápidamente, no había tiempo de negociar con una bestia así.

—¡Chicos, tenemos que actuar! —resolvió Hop, parándose a distancia suficiente del pokémon gigante, mientras Victor y Gloria corrían a su lado. Los tres iniciales se posicionaron delante de sus entrenadores, adoptando posición de combate—. No tenemos alternativa; esto lo hacen entrenadores que triplican nuestra experiencia, pero debemos enfrentarnos al Pikachu para que vuelva a la normalidad.
—Seven, ¿estás seguro? —le preguntó Gloria a su pokémon, mientras el camaleón giraba la cabeza con las pupilas dilatadas por sus lágrimas, y levantaba uno de sus dedos en señal afirmativa, con las patas traseras temblando sin control. Scorbunny se acercó al inicial de agua y le dio una palmadita en la espalda, dedicándole una enérgica sonrisa.
—¡Cheepo, Pikachu usará ataques eléctricos, así que necesitamos más que nunca de tu protección! —indicó Hop, apuntando a los rayos que se formaban entorno al Pikachu gigante, cuya cola en forma de antena se mecía suavemente hacia ambos lados desprendiendo destellos de luz blancos, como revolviendo las nubes para preparar unos buenos rayos.
—¡Haneki, nosotros iremos por la ofensiva, necesito de tu agilidad! —dijo Victor, y no necesitó más que eso para que los pies de Scorbunny desprendan una onda de calor que quemó el pasto a su alrededor, encendiéndose en llamas lista para salir a la carrera.
—¡Muy bien, Seven, necesito que uses tu cola para atar como puedas a Pikachu! —ordenó finalmente Gloria—. Mucho cuidado con sus rayos, ¿entendido?

Los iniciales asintieron al unísono, y tras pegar un grito de guerra se lanzaron al ataque, al tiempo que Pikachu emitía un portentoso y grave chillido que ensordeció el sonido de la luvia. La secuencia de ataque fue tan espectacular como cabría esperar de una batalla contra un pokémon en estado Gigantamax, que con lentos y pesados movimientos agitó una de sus patas traseras intentando patear a los pequeños adversarios que corrían como el viento entre sus pies, aprovechando Haneki para pegar un descomunal salto y aferrarse con fuerza de la extremidad inferior del Pikachu. Sobble se deslizaba por el suelo como si surfeara sobre agua, desplegando una velocidad de vértigo que Grookey aprovechaba al sujetarse de su cola extendida, al tiempo que concentraba todas las energías de su elemento en la baqueta de madera que alzaba orgulloso sobre su cabeza, haciéndola crecer hasta casi triplicar su tamaño y utilizándola como antena pararrayos para cualquier chispazo que pudiera caer sobre Sobble. Los entrenadores entendieron que no serviría de mucho quedarse quietos en un combate de semejante envergadura, por lo que también echaron a correr tras sus pokémon para poder dar las indicaciones correspondientes, siempre manteniéndose a una distancia prudencial del monstruoso Pikachu, que ya había transformado completamente su amigable expresión por una absolutamente desafiante y hasta molesta, dándole pisotones al suelo que producían pequeños temblores en el lugar, mientras Haneki corría a su alrededor y trepaba por su estómago dejando pequeñas quemaduras bajo sus pisadas.

—¡Cheepo, con una sola no será suficiente! —Hop recogió a la carrera una rama alargada que había tirada en el pasto, y se la arrojó con destreza a su inicial, que se desprendió un segundo de la cola de Sobble para pegar un espectacular brinco en el aire, atajándola con su mano libre y haciéndola girar mientras la cargaba con energía, volviendo a aferrarse al inicial de agua pero esta vez con sus dos patas, mientras controlaba sus propios movimientos con su cola.

El camaleón disparaba potentes chorros de agua deslizándose a toda velocidad alrededor del pie que Pikachu usaba para apoyarse, formando con ayuda del agua de lluvia encauzado un charco que, si bien no lastimaba al eléctrico, sí que entorpecía sus movimientos, poniéndolo en peligro de resbalarse. Al estar lo suficientemente cerca del pokémon eléctrico y ya prácticamente sumergido en el propio estanque que había disparado por los ojos y la boca, Sobble comenzó a enroscar su alargada cola alrededor del oponente, mientras que Grookey clavaba con todas sus fuerzas la rama más larga en el suelo como un mástil, para que la atadura pueda dar una vuelta completa desequilibrando definitivamente al roedor, que se tambaleó un par de veces en el lugar sacudiendo sus regordetes brazos en el aire, y obligándose a cesar sus descargas eléctricas para apoyar su cola zigzagueante en el suelo. Fue entonces cuando aprovechó para soltar desde su punta una onda expansiva de electricidad, que viajó al ras del suelo a toda velocidad directo a Sobble y Grookey.

—¡Seven! —chilló Gloria, cubriéndose la boca con las manos al ver cómo la descarga alcanzaba a su pokémon de agua.

Grookey apareció frente al camaleón, que se aferraba con sus cuatro patas a su propia cola para mantener efectiva la atadura sobre la pata del Pikachu, cruzando la baqueta y la rama para resistir la descarga eléctrica. Pero no estaba solo: a su lado, Wooloo realizaba un rizo de defensa hinchando todo lo posible su lanudo pelaje para amortiguar aún más el ataque de Pikachu, mientras que Yamper absorbía los rayos con su pelaje, recibiendo un poco de daño entre gruñidos, mientras se cargaba de energía eléctrica para potenciar sus propios ataques.

—¡Vamos a ayudar, Rookidee!

Esa no fue la voz de Victor. El castaño giró la cabeza hacia la carpa, encontrándose fuera al pequeño Tim, con una decidida mirada en los ojos que apuntaba directamente al que supo ser su compañero de toda la vida: Pi-Chan. Tim le hablaba a Gear como un auténtico entrenador, mientras el volador desplegaba sus alas y salía disparado por los aires en dirección al Gigantamax. Gear surcó el cielo a tal velocidad que los movimientos del gigantesco Pikachu parecían aún más lentos y pesados de lo que ya eran, y lo atacaba con rápidos envites y patadas, rodeado por un aura oscura, a la vez que eludía cada contraataque que el roedor eléctrico intentaba propinarle; desde torpes manotazos y coletazos hasta enormes descargas que caían a su alrededor desde las nubes, demostrando una destreza aérea que Victor no le había visto antes. En un momento, el Pikachu gigante estuvo a punto de estampar un puñetazo eléctrico contra Haneki, aprovechando una leve patinada en plena carrera, pero tras un haz de luz el inicial de fuego había desaparecido, reapareciendo a varios metros de altura, sujetándose con su brazo a las garras de Gear, quién volaba como un cometa con voluntad propia por encima de la cabeza del roedor, mientras a distancia Scorbunny pateaba el aire expulsando ascuas que estallaban contra el pelaje amarillento y empapado del oponente.

A los pies del Pikachu, y tras agradecerle a sus compañeros por haberlo salvado de la fuerte descarga eléctrica, Seven continuó disparando chorros de agua a sus patas mientras oprimía con fuerza su cola enroscada alrededor, buscando que su enorme y regordete oponente haga un movimiento en falso y se resbale, además de causarle daño lenta y progresivamente con el movimiento de atadura. Cheepo se enfocó en la otra pata de Pikachu, dándole duros golpes con su ataque de rama punzante, ahora por partida doble, mientras que Lulú se valía de envites y rodadas con todas sus fuerzas. Cookie, al serle inútil utilizar ataques eléctricos -e incluso pudiendo ser contraproducente, corriendo peligro de sobrecargar de energía al Pikachu y potenciar sus propios ataques-, se valía de su mandíbula para enterrar profundo los colmillos en su cola descomunalmente larga, atrayendo hacia él mismo la energía eléctrica que el ratón intentaba canalizar con ella para controlar el curso de los rayos que disparaba por doquier. Los entrenadores contemplaban el encarnizado combate contra el gigante boquiabiertos, y con sus manos cerradas en puños, apretándolas tan fuerte que les temblaban, mientras las gotas de lluvia se escurrían y chorreaban entre sus dedos.

—Ch-chicos, lo estamos logrando —balbuceó Hop, incrédulo y fascinado a la vez por el despliegue de sus pokémon, que atacaban ordenada y sincronizadamente, de manera mucho más efectiva al cooperar todos juntos que durante la batalla múltiple que habían tenido entre ellos contra Gloria, donde actuaban de manera más individualista.
—No es casualidad —sonrió Gloria, mientras sus pupilas color café iban y venían siguiendo cada movimiento de los pokémon durante la batalla—, piénsenlo: Seven, Cheepo y Haneki están exhaustos luego de la batalla que tuvimos antes, y ahora continúan dando el máximo. Esto debe ser por sus habilidades: torrente, espesura y mar de llamas.

Victor recordó que había leído acerca de esas habilidades mientras leía su guía de supervivencia en el tren. Luego del primer combate que tuvo con Hop, sintió mucha curiosidad por el repentino poder de fuego que había manado de Haneki cuando se encontraba contra las cuerdas, y gracias al cual pudo derrotar a Cheepo. Aparentemente, gracias a ellas los ataques pertenecientes a sus respectivos tipos elementales duplicaban su poder cuando el usuario se encontraba al límite.

—No solo eso —añadió Victor, fijándose en la facilidad con la que su Rookidee transportaba bajo sus garras a la conejita de fuego, que le disparaba bolas de fuego a quemarropa al Pikachu Gigantamax y en la energía de su vuelo—, Gear aún conserva el aumento de ataque que obtuvo en el combate anterior al usar afilagarras. Al haberlo irrumpido sin regresar a su pokébola o debilitarse, aún posee una fuerza física muy por encima de la media.

Mientras Pikachu respiraba notablemente agitado, lanzando rayos y descargas eléctricas cada vez más débiles y aislados, Tim se acercó al grupo de entrenadores, mirando con una expresión de angustia y calma cómo la monstruosa energía que había dominado a su pokémon comenzaba a mermar poco a poco. Victor y Hop miraban atentamente cómo se desenvolvían los espectaculares ataques, hasta que finalmente el Pikachu gigante tropezó con la cola de Sobble y el río que había formado a sus pies, tambaleándose un par de veces en el lugar y comenzando a caer hacia atrás, de manera lenta y catastrófica, pero Gloria se fijó entonces en el niño de nueve años que sujetaba con fuerza su mano, y sonreía con lágrimas en los ojos al ver caer al monstruo en que se había convertido su querido Pi-Chan.

—¡Vamos, chicos, ustedes pueden lograrlo, derroten al Pi-Chan malvado! —gritaba alzando los brazos y arrojando puñetazos al aire mientras las lágrimas brotaban sin control y rodaban por sus mejillas, confundiéndose con las gotas de lluvia que empapaban su cabeza—. ¡POR FAVOR, DEVUELVAN A PI-CHAN CONMIGO!

Un último chorro de agua al estómago. Un último mordisco en la cola con forma de rayo. Un último envite rodante a su pie izquierdo. Un último golpe de rama punzante al pie derecho. Un último picotazo entre los ojos. Una última bola de fuego pateada con certeza hacia su pecho. Los ataques combinados de los seis pokémon, que luchaban por ellos mismos, por sus entrenadores, y por el propio Pi-Chan envuelto en un poder más allá de su control, estallaron contra el pokémon eléctrico derribándolo completamente. Su espalda con rayas marrones se aplastó pesadamente contra el monolito de piedra, despedazando lo poco que quedaba de él, y generando una onda expansiva que arrastró a todos hacia atrás, levantando una polvareda de tierra y humo que lo cubrió todo.

Continuará…

TRAINER's PROFILE

Victor Evans
Edad: 14 años
Medallas: 0
Pokémon:
- Scorbunny (Lv.12) "Haneki"
- Rookidee (Lv.11) "Gear"

Hop Owen
Edad: 14 años
Medallas: 0
Pokémon:
- Grookey (Lv.12) "Cheepo"
- Wooloo (Lv.10) "Lulú"

Gloria Scott
Edad: 14 años
Medallas: 0
Pokémon:
- Sobble (Lv.12) "Seven"
- Yamper (Lv.11) "Cookie"