La cámara del Patriarca estaba sumergida en un gran silencio, pero no un silencio cómodo de esos que uno disfrutaba al leer; no, era un silencio de tensión e inquietud, uno que se había prolongado más de diez minutos luego de que Atenea les comunicara la información que había conseguido Dégel, aunque la diosa solo había necesitado hablarles acerca de Ra y el Inframundo, pues la otra mitad de la historia hablaba por si sola tanto en el rostro del francés como en su aroma.
Por supuesto, Kardia había sido el primero en enterarse. Había bajado a buscarlo a la casa de Aries y su rostro por poco no se había deformado al detectar una esencia imperante sobre el aroma natural de su amigo. Los insultos tardaron aproximadamente medio minuto en aparecer, llovieron de la boca del escorpión al confirmar con la vista lo que su olfato le decía: a Dégel lo había mordido aquel bastardo de Radamanthys.
El escandaloso ascenso de ambos hasta la cámara del Patriarca atrajo por sí solo al resto de los caballeros. Una vez arriba, Atenea y Sage se sorprendieron de que los trece estuvieran reunidos e hizo pasar primero al onceavo de ellos para que diera su reporte. Ya después, autorizó a pasar al resto: la situación, ambas situaciones, eran de importancia y gravedad mayor.
Ahora, se encontraban reunidos todos los santos, el Patriarca y la diosa, pero ninguno se animaba a tratar cualquiera de los dos temas.
Hasta que finalmente alguien lo dijo. Todas las miradas de los presentes se giraron hacia el portador de la armadura de capricornio.
—Ese niño no puede nacer.
—El Cid, eso es…
—Capricornio tiene razón y todos opinamos igual, Sísifo.—La tercera voz en alzarse fue la del gemelo mayor.
Volvió a surgir el silencio, todos apartaron la mirada. Era una situación difícil.
—Por lo que sugieres que lo pierda a propósito ¿es eso?—Esta vez, quien habló fue Kardia, alejado de cualquier sonrisa o intento de bromas. Estaba más hastiado que nunca y sus feromonas se mezclaban con las del resto de sus compañeros, todos tensos por las circunstancias.
—No se tiene registros de que algo así haya ocurrido antes y no sabemos qué consecuencias puede traer.—Respondió El Cid.— Con todo respeto, Atenea, puede que nazca y sea un niño como cualquier otro, pero puede nazca y Hades venga a reclamarlo; después de todo, uno de los padres es un espectro y ¿qué haríamos? ¿Entregarlo? Puede que el mismo niño resulte ser un espectro y ponga en riesgo la vida de uno de nuestros compañeros. No estoy de acuerdo con permitir que una potencial amenaza se desarrolle dentro de las doce casas, mucho menos estando tan cerca de usted.
Esa era la sentencia de la primera postura y nadie se atrevió a rebatir. Kardia chasqueó la lengua y abrió la boca para criticar la falta de coraje de los demás santos, pero la joven diosa se adelantó y aclaró la garganta para llamar la atención.
—Es verdad que se trata de una situación sin precedentes y sé que muchos no saben qué postura tener, pero ¿qué es lo que quieres hacer tú, Dégel?
Con esa pregunta, todas las miradas se concentraron en el aludido, quien tuvo la entereza de mantener la vista en alto al contestar.
—Haré lo que usted decida que es pertinente, Atenea.
Con eso, el santo de Acuario no rechazaba la posibilidad de perderlo ni de tenerlo.
—Pero ni siquiera sabemos si dará resultado ¿verdad? ¿No es demasiado pronto para decidir qué hacer con un niño que no saben si va a existir?
La sugerencia la dijo Regulus en voz alta, con un tono curioso y despreocupado, completamente fuera de juego con la seriedad que requería una reunión de aquel tipo, aunque no por eso dejaba de tener razón, pues apenas habían transcurrido dos días.
Así, el joven santo de Leo se las arregló para abatir el ambiente de tensión sin tener consciencia real de haberlo hecho. Los ánimos se relajaron con rapidez y Atenea agradeció que Regulus hubiera regresado a tiempo de su última misión.
—En ese caso, lo más importante ahora es discutir qué haremos con Ra.
El siguiente en entrar al diálogo fue Shion. Por fin, todos asintieron y pudieron colocar sus mentes a trabajar en la misma dirección.
—Si lo que Esfinge dijo es cierto, Ra está buscando a Bennu para convertirlo en su aliado.
—En ese caso, hay que encontrar al Bennu cuanto antes.
—Pero ¿por qué están atacando al Inframundo y por qué quieren a esos dos espectros en particular?
—Además, amenazaron directamente al Santuario. Es una declaración de guerra.
—Necesitamos más información.
—Entonces ¿todos los ataques que han ocurrido últimamente son enfrentamientos entre los espectros y los aliados de Ra?
—Si encontramos a Bennu primero y lo mantenemos vigilado, será cuestión de tiempo para que veamos a Esfinge o a los otros.
El diálogo se avivó con rapidez, todos brindaron sus opiniones y propusieron estrategias para dar con el espectro perdido o para recaudar más información, hasta que una voz en particular dejó a todas las demás en silencio.
—Yo sé dónde se encuentra Kagaho.— Dijo Libra. Las miradas se detuvieron sobre él, cada una más sorprendida que la anterior.
—Dohko…—Susurró Atenea, sin tener muy claro cómo formular las preguntas a continuación. El chino tenía una expresión seria como pocas veces.
—Está en Rozan, está viviendo en mi antigua casa.—Comenzó a explicar, mirando consecutivamente a cada uno de sus compañeros.— Volvimos a encontrarnos cuando fui a Rozan a colocar el sello. Estaba muy perturbado, así que le permití quedarse. No quise decirle a nadie, lo siento.—Hizo una pequeña pausa, como si aún le costara trabajo asimilar lo que iba a decir.— Atenea, él… era en realidad un caballero ¿verdad? —
La historia narrada por el de libra los dejó con una enorme consternación, pero la pregunta final causó que algunos incluso llegaran a exclamar. En conjunto, la atención se volcó hacia la joven diosa, quien mantenía un semblante triste al momento de asentir.
—Estaba destinado a ser el caballero de bronce del Fénix, pero terminó convirtiéndose en el espectro de Bennu.
—A eso se refería Pharaoh.
Susurró el acuariano, capturando de nueva cuenta el interés de sus compañeros.
—¿Dégel? —Intervino Dohko.
—Pharaoh mencionó que Bennu estaba en el limbo entre ambos bandos. A eso se refería y tal vez por eso lo quiere.
—No solo se trata de eso.—Añadió Hasgard, preocupado por la mención a Kagaho.— Si lo piensan bien, la Esfinge y el Bennu tienen algo en común: están relacionados con los dioses egipcios.
—¿Eso quiere decir que el tal Ra puede controlarlos? —Atajó Manigoldo, un poco ansioso por las conclusiones que comenzaban a aparecer.
—Hasta ahora, tiene sentido que ese dios haya atacado el Inframundo buscando a sus dos aliados y que luego haya buscado información con nosotros ya que el Bennu debía ser un caballero. Pero ¿por qué declaró su hostilidad hacia el Santuario? —Volvió a hablar Sísifo.
—Ra es el dios egipcio de la vida, la muerte y la resurrección.— Explicó Asmita, callado hasta el momento.
—Así que… ahora que Hades no está ¿planea atacar a Atenea para apoderarse de la Tierra?—
Esa pregunta la formuló Albafica y resumió los pensamientos de todos en el salón. Una vez más, el silencio les permitió reordenar sus conjeturas y digerir el peso de la noticia. El semblante de Sage y el de Sasha se llenaron de inquietud y los santos intercambiaron miradas unos con otros. Dégel dudó un momento, pero decidió hablar de todas formas.
—El juez de Wyvern dijo que los ataques al Inframundo comenzaron poco después de que Hades perdiera la Guerra Santa y eso fue hace más de un año.
—¿Sugieres que el tal Ra tiene otras intenciones?— Lo cuestionó Kardia.
—No estoy seguro, pero me resulta sospechoso que su primer objetivo fuera el Inframundo y no el Santuario directamente.
—Dijiste que los espectros que murieron no revivieron a pesar de haber sido aniquilados en el mismo Inframundo, ¿no es posible que le haya estado robando sus subordinados a Hades para volverlos parte de su propio ejército? — Preguntó Defteros.
—Es posible, pero también me da la impresión de que está intentando enfrentarnos con Hades nuevamente. —Asintió el de cabellos verdes.— Los espectros han estado viniendo a la superficie a averiguar quién los ataca y han surgido enfrentamientos que han dejado muchos heridos, quienes nos piden ayuda a nosotros. ¿No es extraño que no hayamos encontrado rastro alguno del ejército de Ra?
—Querían que nos encontráramos con los espectros.—Concluyó El Cid. Acuario asintió.
—Y ellos creían que éramos nosotros quienes los estaban atacando.
—Más parece el dios de la cobardía. Gran pedazo de cabrón.—Escupió Manigoldo y nadie lo regañó. Todos estaban de acuerdo.
Antes de que las deducciones continuaran, Sage alzó la voz.
—De cualquier modo, estas solo son las primeras conjeturas y aún no disponemos de toda la información. Lo que debemos hacer ahora es estar alerta, salir a buscar pistas sobre Ra… y tal vez prepararnos para una nueva guerra.— Concluyó. Los caballeros dorados asintieron, notando como una nueva carga de pesadumbre se instalaba en el ánimo colectivo.
—Lo primero es… Dohko.—Le llamó Atenea con cierta urgencia.— Debes hablar con Kagaho. Siento que quizás lo mejor sea que esté aquí en el Santuario, donde podamos brindarle protección y, en caso de que lo ataquen, tendremos guerreros de sobra para atrapar a Esfinge o a cualquier aliado de Ra.
—A la orden, Atenea.— El castaño asintió firmemente, aunque en el fondo le disgustaba la idea de tener que perturbar la vida pacífica que llevaba el Bennu ahora. De pronto, una fuerte mano se detuvo en su hombro y lo siguiente que vio el chino fue una enorme sonrisa.
—Te acompañaré a Rozan, ha pasado mucho tiempo desde que vi a Kagaho por última vez.
—Ah, comenzaba a preocuparme que el viaje resultara aburrido. Bienvenido a bordo, Hasgard.
—Si ese es el caso, sugiero que Manigoldo y yo vayamos al Inframundo para vigilar. Tal vez encontremos alguna actividad sospechosa.
—Será un paseo del terror. Cuenta conmigo.— El de Cáncer dio un golpecito de aprobación en la espalda del virginiano.
—Albafica y yo nos quedaremos en el Santuario, el primer y el último templo no deben permanecer vacíos si la mayoría de nosotros saldrá.— Acotó Shion luego de un breve intercambio de miradas con el caballero de Piscis.
—Nosotros los mantendremos a todos en contacto.— Aspros habló por ambos. Defteros solo asintió.
—Iré al castillo Heinstein. Si están buscando a un espectro, no hay duda de que llegarán a sitios que estén relacionados con ellos.—Afirmó El Cid.
—¿En serio iremos a Egipto? ¡Genial! —
Se escuchó de pronto un grito de alegría. Al prestar atención, pudieron ver cómo Sísifo sonreía sin remedio ante el entusiasmo de su sobrino. Para confirmar lo que el grito ya había aclarado, Sagitario levantó la mirada hacia Atenea.
—Regulus y yo iremos a Egipto, retomaremos la misión de Dégel y ayudaremos a los afectados. Si se trata de un dios egipcio, lo mejor es comenzar recabando datos en su lugar de origen.
Sasha contempló llena de afecto y de agradecimiento cómo los santos se ponían de acuerdo y se preparaban de inmediato para abordar una situación tan peligrosa. Se llevó las manos al pecho y les dedicó unas palabras.
—Mis preciados caballeros, cuento con ustedes. Realicen los preparativos necesarios y descansen bien esta noche. A partir de mañana, el Santuario volverá a estar en alerta y partirán a sus respectivas misiones. Eso es todo por ahora. Rezaré por que todo salga bien.—
Así, la reunión se dio por terminada y los guardianes de los templos zodiacales regresaron a sus respectivos puestos a planificar un nuevo procedimiento a gran escala. Sin embargo, no todos se marcharon de inmediato. Dégel y Kardia habían estado conversando apartados y esperaron a que se vaciara la cámara del Patriarca para poder hablar a solas con la diosa.
—Atenea, sé que no estoy en posición de solicitar nada debido a lo que ocurrió, pero…—Comenzó a hablar el galo, pero fue interrumpido por una gentil mano en su antebrazo.
—Dégel, no importa lo que haya sucedido, sigues siendo mi valioso caballero. Conforme se vayan desarrollando los eventos, decidiremos qué hacer. Por favor, no te sientas avergonzado. ¿Qué es lo que deseas preguntar?
—Gracias…—No pudo evitar bajar el rostro, superado como pocas veces por la impotencia, mas recuperó la calma y volvió a formular la petición mirándola a los ojos.— Tengo una corazonada. Han atacado a Hades y declararon hostilidad hacia Atenea. Sé que puede sonar egoísta e ilógico, pero quisiera viajar a Bluegrad. Aunque sea pequeña, cabe la posibilidad de que ataquen también a Poseidón en un futuro y deseo advertirle a Unity acerca de esto.
—Comprendo tu preocupación y pienso que tiene mucho sentido, pero no podemos dejar que abandones las doce casas hasta tener señales que confirmen o desmientan tu condición.— Quien habló fue Sage, provocando que el aguador frunciera los labios como única muestra de decepción, pues no tenía derecho a quejarse.
—Dégel, es posible que algún espectro intente hacerte daño. Ya que se trata de un acontecimiento sin registros, debemos tomar todas las precauciones que podamos.—Secundó la diosa.
—Sí, lo entiendo.—Asintió el peliverde, una vez más con la mirada en el suelo.
—Ah, con un demonio, yo iré. Yo le avisaré a ese estirado amigo tuyo que tiene que cuidar su congelado trasero. Me lleva el diablo.— Ladró finalmente Kardia, rascándose la cabeza en evidente estado de irritación.
—Kardia, gracias.— El onceavo paladín no sabía de qué otra forma expresar su agradecimiento.
—Tch, nada, no me des las gracias. También lo hago por mí ¿sabes? — Aunque lo habitual era que bromease el 90% de las veces, ahora era evidente que seguía bastante disgustado.— Voy a ser honesto contigo porque eres mi amigo: todavía apestas a Wyvern y me dan ganas de partirte la cara cada vez que siento su olor, así que lo mejor que puedo hacer ahora es ayudar con esto de Ra y salir del Santuario un rato va a mejorar mi sentido del humor. Ahora, si me disculpan, Sasha, Sage, Dégel.—
El octavo paladín dorado se marchó luego de eso. Dégel lo imitó a los pocos minutos, se inclinó ante las dos personas restantes y volvió a paso lento hacia su templo. No podía quedarse estancado en la incertidumbre, también tenía que ayudar al Santuario haciendo lo que mejor sabía hacer: leer las estrellas. Si se dedicaba a ello, tal vez podría dejar de pensar en la decisión que debería tomar.
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Tal y como habían planificado, cada uno de los caballeros emprendió el viaje hacia sus respectivos destinos a la mañana siguiente. Defteros se unió a El Cid en su ruta y Aspros hizo lo mismo con Hasgard y Dohko.
A diferencia de otras ocasiones, Kardia fue el primero en dejar las doce casas y no se despidió de nadie. Estuvo tres semanas en total afuera y vaya que fue una buena decisión haber viajado solo. Claro, si no consideraba que una de las tres semanas la pasó tirado en una cama, con fiebre y atendido por los hermanos García. Pese al pequeño desliz, había cumplido con su misión, Bluegrad estaba oficialmente en alerta y hasta había conseguido algunos libros del Archivo que podrían ser de gran ayuda si alguien sabía cómo carajos leerlos.
Regresó a Grecia con el espíritu renovado y con un par de bolsas repletas de manzanas. Una sonrisa brillante le cubrió el rostro al divisar el Santuario y comprobó con agrado que la mayoría de sus compañeros ya había vuelto y que la información recabada hasta el momento estaba en proceso de organización para formar el plan de contingencia. Estaba deseando hacer su aporte y para eso se dirigió rápidamente al templo de Sagitario, lugar donde se llevaba a cabo la reunión.
La sonrisa le duró hasta que saludó y puso un pie dentro de la casa del centauro, pues todo lo que recibió a cambio fue un silencio sepulcral y las expresiones serias y tensas de sus compañeros al despegarse de la mesa donde tenían la información recopilada.
Ni siquiera se le pasó por la mente preguntar qué ocurría. Durante un momento, olvidó cómo bromear, como hablar y cómo pensar. El silencio se prolongó durante lo que para él fue una eternidad.
Hasta que alguien, no supo quién, soltó la bomba.
—Dégel está esperando un hijo del Wyvern.
