Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Obviamente yo no tengo nada que ver porque de lo contrario todo había terminado muy distinto.
Advertencias: Está situado en el universo de Boruto, aunque no esto muy familiarizada con él. Quizá exista un poco de OOC porque no estoy muy familiarizada con mucho de los personajes.
¿Con qué puedo retenerte?
Capítulo I
Te ofrezco magras calles, ocasos desesperados, la luna de los corroídos suburbios
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Sakura Haruno reconocía haber tenido que lidiar con situaciones insólitas en su vida, después de todo era parte de la rutina de todo ninja. Sin embargo, no podía negar que este era uno de los momentos más absurdos a los que había tenido que enfrentarse en toda su carrera.
La joven mujer permanecía arrodillada sobre el tatami, con la cabeza rubia de uno de sus mejores amigos de la infancia en su regazo, mientras este lloraba desconsoladamente. A pesar de haber tenido que reconfortar a Naruto en ocasiones anteriores durante su larga y complicada amistad, el contexto actual era, por lo menos, alucinante.
—Deja de lloriquear ya, Naruto — sentenció una tercera voz, grave y letal — Luces patético.
Sakura alzó el rostro en dirección a la cama por segunda ocasión en esa tarde. Su esposo, Sasuke Uchiha, mantenía su acostumbrado rostro impasible y sus ojos de hierro. No obstante, lo que parecía ser lo más increíble de la imagen era la parcial desnudez del hombre, que, gracias a Dios, tenía la decencia de cubrirse sus partes bajas con las sábanas revueltas de la cama.
Tragó saliva. Esa mañana ella misma se había encargado de colocar ese juego de sábanas limpias en su cama matrimonial.
—Sa-Sakura l-lo siento mu-mucho —balbuceó entre descontrolados sollozos el hombre de hebras doradas, soltando ocasionales hipidos y abrazándose con mayor fuerza al pecho de la desconcertada mujer.
Sakura suspiró y deslizó sus manos por la, inesperadamente, suave cabellera de su amigo.
—Cálmate ya —dijo, finalmente — No voy a hacerles daño —afiló la mirada y echó un vistazo al moreno, quién parecía bastante fastidiado con el hecho de que Naruto se aferrara a ella con tanta insistencia — Aunque debería — esto último, lo pronunció en un susurro que fue perfectamente audible para ambos hombres.
Naruto volvió a estallar en llanto, mientras pronunciaba frases inentendibles.
—Basta ya, mediocre —siseó Sasuke, abandonando su cómoda postura en la cama, recostado contra la cabecera. Sakura lo miró, esperando finalmente algo parecido a una disculpa. Sin embargo, el heredero Uchiha volvió a decepcionarla: — Sakura no es imbécil. Ella sabía de esto.
Las palabras del azabache crearon el efecto deseado, pues Naruto cortó en seco sus sollozos, aunque algunas lágrimas continuaron deslizándose por sus tostadas mejillas. La joven de hebras rosas frunció el ceño.
—Eso no justifica sus acciones, Sasuke —masculló entre dientes, experimentando una sensación desagradable en el esófago.
Naruto finalmente se separó del pecho de Sakura ante la atenta y peligrosa mirada del heredero del Clan Uchiha. Una expresión de tonta incredulidad adornaba su rostro. Si no se hubiesen encontrado en esas circunstancias, Sasuke habría lanzado uno de sus comentarios mordaces para burlarse del rubio, pero hasta él mismo reconocía que ese no era el momento apropiado.
—¿Lo sabías, Sakura? —su voz se escuchó amortiguada y ronca.
Incluso la enfadada mujer se sintió un poco mal por el aspecto lamentable de su amigo. Tenía los ojos hinchados y rojos, el cabello dorado revuelto, apuntando a todas las direcciones (como cuando era un niño demasiado entusiasta e insoportable) y una terrible expresión de abatimiento. Pocas veces había tenido la oportunidad de apreciar esa faceta del rubio y, curiosamente, las pocas veces que lo hizo en el pasado, tenían que ver, precisamente, con el perfecto témpano de hielo que permanecía recostado despreocupadamente en su cama.
No obstante, toda noción de compasión cedió y se rompió en mil pedazos como un viejo trozo de madera cuando notó las marcas ya violáceas en el cuello del hombre rubio. Sus facciones se endurecieron.
—Son unos imprudentes de mierda —gruñó, ignorando la pregunta de Naruto, quién tembló y se encogió aún en los brazos de su amiga — ¿Qué hubiera pasado si, en vez de mí, hubiese sido Sarada quién los descubriera? ¿Y si su equipo hubiese terminado antes su misión?
Por primera vez y para su satisfacción, Sakura notó un cambio en la postura de su marido, cuyos músculos se habían tensado en un ademán casi imperceptible que para cualquiera hubiese pasado desapercibido. Lamentablemente, Naruto lo conocía igual (o mejor) que ella, por lo que también se percató de este cambio y esta vez soltó un jadeo audible.
—No volverá a pasar, Sakura —aseguró con un tono de voz firme y ronco, que descolocó a las otras dos personas que se mantenían en una peligrosa batalla de miradas — Sasuke y yo no nos volveremos a ver y…
—¡Naruto! —interrumpió el moreno visiblemente alterado. Era la primera reacción real que observaba en Sasuke desde que ese absurdo escenario se había desatado — ¡Deja de decir estupideces! ¡No puedes decidir algo así en una situación como esta!
Aquello dejó completamente atónita a la mujer que, contra su voluntad, se había relajado en el asfixiante abrazo que le ofrecía su traidor amigo. Nunca, ni en sus sueños más tórridos e improbables, había observado una reacción similar en Sasuke.
Todos los músculos de su cuerpo (o los que alcanzaba a ver) estaban en completa tensión y su rostro mostraba una expresión que, estaba segura, ninguna persona perteneciente al linaje Uchiha había empleado jamás. Pero no fue eso lo que más la desconcertó, sino el sentimiento en esos ojos usualmente gélidos e insondables: desesperación.
Su corazón se estrujó dolorosamente en el interior de su tórax. A pesar de que tenía sus sospechas casi confirmadas con los largos períodos de ausencia de su esposo en la aldea y la mirada de puro sufrimiento y culpa que le dirigía el Séptimo Hokage cada vez que se cruzaba con ella (en ocasiones que podía contar con los dedos de una mano, cabe destacar), no era lo mismo que chocar de cara contra la evidencia.
Le resultaba terriblemente doloroso admitir que había estado engañándose durante los últimos doce años. A pesar de lograr su estúpido capricho infantil de casarse con el único heredero Uchiha, siempre albergó esa pequeña espina que se clavaba en su corazón con sarna cada vez más a medida que pasaban los años y observaba a su hija crecer con la eterna ausencia de su padre en casa. Parecía como si nunca hubiese vuelto a la aldea y ella, aunque nunca lo admitió, sabía que era el principal problema.
Todos a su alrededor estaban conscientes de ello y lo notaba en sus miradas llenas de condescendencia cuando se cruzaba con alguno de sus viejos compañeros de camino a la tienda o cuando acompañaba a Sarada a la Academia. Incluso en la mayoría de sus pacientes del hospital, quiénes le dirigían sonrisas teñidas de asquerosa lástima. Se sentía una estúpida por haberlo ignorado todo este tiempo, pero, sobre todo, sentía que un profundo sentimiento de culpa se enterraba en su pecho y le perforaba los pulmones.
Finalmente, fue consciente de su propia responsabilidad en la dolorosa situación. Recordó entonces las calculadoras y punzantes palabras de Shikamaru en una ocasión, hacía algunos años, cuando Sarada apenas podía sostenerse en sus piernitas.
¿No les parece increíble que Sasuke y Naruto sigan teniendo esa complicidad de siempre? Como si nunca se hubiese ido de la aldea y lo hubiera abandonado. Como si el tiempo se hubiese detenido solo para ellos. Creo que Naruto nunca dudó que Sasuke volvería y Sasuke nunca dejó de tener la esperanza de que Naruto lo traería de vuelta.
Rememoró como todos en la mesa había guardado un respetuoso silencio, incluso la insoportable de Ino había evitado soltar un comentario envenenado. Nadie mencionó nada más en esa ocasión y la conversación rápidamente se orientó hacia otro tema completamente diferente, pero ella siempre estuvo consciente de ello. Aún si el afilado intelecto de Shikamaru no lo hubiese descubierto, ella hubiese terminado encontrando esa respuesta.
Y en ese momento, observando como el rubio era apartado de ella con brusquedad y otros brazos, níveos y fuertes, lo apresaban sin dar tregua alguna, Sakura sonrió. Era una sonrisa triste y resignada, pero en su pecho sintió que la espinita de hielo que le había molestado durante más de doce años finalmente se derretía.
—Será mejor que hables con tu esposa, Naruto —dijo y, afortunadamente su voz no flaqueó — No me imagino la reacción de la pobre Hinata si los llega a encontrar follando en su cama también.
Naruto soltó una exclamación de pura sorpresa, haciendo que sus lamentos se detuvieran casi al instante, mientras su rostro se teñía de un furioso color bermellón.
—¿Pero qué…?
—Por favor, Naruto, deja de lamentarte. Toda la aldea lo sabe —ante esta afirmación, el Séptimo Hokage, el héroe de la Cuarta Guerra Ninja, el Jinchūriki del Kyūbipasó de estar tan rojo como un tomate a empalidecer súbitamente — Pasaste muchos años persiguiendo a Sasuke y poniendo esa expresión de perrito mojado cada vez que lo nombraban. Hasta Lee, que es un imbécil redomado, reconoció en algún momento que esa obsesión que tenías era muy gay.
Naruto emitió un sonido de pura incredulidad y Sasuke resopló. Sin embargo, pudo distinguir la sombra de una sonrisa en la comisura de sus labios, mientras su abrazo se afianzaba con más seguridad en torno al musculoso cuerpo del rubio.
Sakura sabía que esa era su forma de agradecérselo.
—Ya me encargaré yo de hablar con Sarada —dijo finalmente, sobresaltando a los dos hombres que permanecían en un sepulcral silencio — Pero tú —señaló al hombre de hebras doradas — Tienes que hablar con Hinata —al observar su expresión de pánico, agregó, compadeciéndose de su amigo:— Lo entenderá.
Eventualmente.
Pero eso último no era necesario decirlo. Simplemente se limitó observar, con cierta turbación, como ambas figuras (cubiertas solo del ombligo para abajo), recogían sus ropas del tatami para vestirse. No obstante, en un inhóspito lugar de su mente, la mujer de ojos jade reconoció que los dos parecían complementarse bastante bien y que, no le hubiese molestado que la invitaran a participar en la actividad que realizaban tan enérgicamente antes que ella los interrumpiera con su inesperada aparición.
Con un bochornoso sonrojo se incorporó torpemente, colocándose de pie y saliendo de la habitación entre trompicones ante la divertida mirada de los dos hombres.
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(0): Tanto el título del fic, como el del capítulo, son sacado de un hermoso poema de Jorge Luis Borges.
N/A: Sé que dije que "probablemente" no publicaría más, pero he tenido días difíciles (er, de mierda) y la musa bajó. Esto es un poco diferente a todo lo que he escrito y, además, me he tomado algunas libertades con los personajes. Intento conservar sus respectivas personalidades, pero quizá haya algún cambio en Sasuke, aunque lo adjudicaré a la edad. Es un three-shot, ya está escrito y lo iré publicando inesperadamente para añadir más tensión, je. Pues, no tengo nada más que decir, ¡que lo disfruten! No olviden dejar reviews que siempre me calientan un poquito el corazón.
