Capítulo II

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria

Después de una larga misión a Suna, donde les correspondía entregar unos pergaminos realmente importantes (y potencialmente peligrosos, si caían en las manos equivocadas) al Kazekage. Les llevó tres semanas, pero afortunadamente la completaron exitosamente, aunque casi pierden la vida en el intento. Unos ninjas renegados de la Aldea de la Lluvia los habían interceptado cuando apenas comenzaban su travesía en el País del Fuego y tuvieron que lidiar con ellos hasta llegar a Suna. Por suerte, una vez completaron su recorrido, la fuerza de Seguridad de Suna se habían encargado de la visita indeseada.

Así, el equipo de Boruto finalmente cruzaba las puertas de Konoha, agotados, pero realmente satisfechos por el resultado de la misión.

—¡Me voy ya, Konohamaru-sensei! —gritó un entusiasta Boruto, mientras se alejaba de los integrantes de su equipo a grandes zancadas.

Sin embargo, una fuerte mano le había atrapado, frustrando así sus planes de huida.

—¡Espera, Boruto! —exclamó con el ceño fruncido su compañera, sosteniéndolo en un ademán casi suplicante— Habíamos quedado en almorzar juntos, todo el equipo. ¿No vendrás?

Boruto resopló.

—Estoy cansado, Uchiha —gruñó — Quiero volver a casa. Y tú deberías hacer lo mismo. Sasuke-sensei debió regresar hace unos días.

Sarada profundizó su ceño fruncido, sin embargo, lo soltó. El joven rubio no perdió el tiempo, se despidió con un asentimiento de cabeza de Mitsuki y se dio la vuelta para emprender su poco disimulada huida.

La joven morena suspiró.

—Boruto sigue igual de esquivo que siempre —masculló, sin molestarse en ocultar su decepción.

Konohamaru la miró y simplemente soltó una risita floja. Mitsuki solo contempló el lugar por donde su amigo había desaparecido mostrando cierto desconcierto.

—Vamos, les invito algo de comer.

De camino a casa, Boruto se sintió realmente cansado, aunque ese no era el verdadero motivo por el que había decidido irse directo a su hogar. Aunque no lo reconociera abiertamente, realmente deseaba que su padre estuviera en casa para observar su expresión cuando descubriera que su equipo había logrado completar una misión de rango A en menos de un mes, que era el tiempo estimado de demora, sin embargo, sabía que eso no ocurriría. Eso era precisamente lo que lo tenía de malhumor desde que partieron de la posada en la que decidieron descansar la noche anterior.

A pesar que había estado pensando en grandes imposibilidades desde el comienzo del día, era evidente que nunca esperó encontrarse con su sensei sentado en el tejado de su casa en una postura realmente tensa. Este lucía el semblante impasible de siempre, sin embargo, sus ojos tenían un brillo especial que lo dejó bastante descolocado.

—¿Sasuke-sensei? —lo llamó, aun dudando de que la visión fuera real. Sin embargo, la situación se volvió más extraña cuando percibió un ligero estremecimiento en el cuerpo del hombre.

Sasuke volvió su rostro para observarlo.

—Boruto —masculló, aunque no con el mismo tono de indiferencia que empleaba usualmente—¿Has vuelto de tu misión?

El joven rubio enarcó una ceja, intrigado. Sasuke no le hacía ese tipo de preguntas. Jamás.

—Si, hace unos pocos minutos —respondió, aunque con cierto tono de recelo — Sarada ha regresado también —comentó, pero no esperó percibir la súbita incomodidad en la postura de su sensei — Todo ha resultado bien, la misión fue un éxito.

A pesar de la situación tan extraña en la que se encontraba, no pudo desaprovechar la oportunidad para alardear sobre el éxito de su primera misión rango A.

Casi se cae de culo cuando percibió la pequeña sonrisa que dibujó el azabache, que aún permanecía en cuclillas sobre el tejado de su casa, sin hacer ningún ademán de cambiar su postura.

—Naruto se pondrá eufórico cuando descubra que llegaste de la misión más rápido de lo esperado.

Boruto rodó los ojos.

—Y que lo digas, seguramente va a… —de pronto, se calló. Acababa de entender el significado de las palabras de Sasuke. Excedió el diámetro ocular a límites insospechados y comenzó a correr en dirección a la entrada de su casa.

Sasuke finalmente saltó del tejado en un grácil movimiento y se situó frente al menor, obstruyéndole el paso.

—Creo que deberías esperar un poco…

Pero el Uchiha no pudo terminar de exponer su objeción, cuando la puerta de la entrada fue azotada con una fuerza innecesaria y un rayo amarillo cruzó el umbral para situarse entre él y el pequeño engendro Uzumaki.

—¡Boruto! ¡Has llegado antes! —exclamó un emocionado Naruto, cuya expresión infantil transmitía el orgullo que sentía por el éxito de su hijo en su primera misión rango A — ¡Tienes que hacer el reporte de la misión y entregármelo!

Naruto se inclinó para revolver el cabello de su hijo y regalarle una de las sonrisas más bonitas del mundo, desde la perspectiva de Sasuke. Boruto sintió que algo en su pecho se removía y le dejaba un sentimiento de calidez realmente agradable.

—¡Ya, viejo! —masculló avergonzado, mientras apartaba la mano de su padre de un manotazo perezoso —Ha sido muy fácil, la próxima vez deberías asignarnos una misión más entretenida —agregó, haciendo uso de una soberbia que no sabía que podía emplear.

Naruto soltó una risotada realmente escandalosa y Sasuke solo resopló, preguntándose si su alumno había estado aprendiendo más que jutsus de él.

—No pidas más de lo que puedes masticar, mocoso —dijo Sasuke en un tono inusualmente divertido para luego revolver el cabello rubio del muchacho, al igual que segundos antes lo había hecho su padre.

—¿Eh? —fue la inteligente respuesta de Boruto.

Desde que conoció a Sasuke siempre pensó que era una persona inalcanzable, esto lo comprobó cuando comenzó a entrenarse con él, pues durante las sesiones apenas le dedicaba una mirada de desdén, un detalle con lo que nunca se sintió ofendido y quizá, hacía que su admiración se incrementara. Es por ello que las múltiples y concurridas demostraciones de simpatía de su sensei en el transcurso de los últimos minutos lo dejaban bastante desconcertado.

Una presencia alertó a los dos hombres, que en seguida cambiaron un poco sus posturas, haciendo que se percibiera una ligera incomodidad en el ambiente.

Su madre apareció a las espaldas del hombre rubio, tenía una sonrisa grande en sus labios, pero sus ojos estaban sospechosamente enrojecidos e hinchados.

—¡Boruto! ¡Has llegado! —El aludido sonrió un poco, aunque sin entender el cambio en el entorno, ni la extraña situación que parecía desenvolverse como un secreto a voces que no lograba descifrar. Se acercó a su madre y se dejó asfixiar por su fuerte abrazo — Pasa, te prepararé algo de comer —después se volvió a los dos hombres que permanecían fuera de al otro lado de la puerta — Naruto, creo que deberías hablar con él —el rubio asintió rápidamente y sin decir palabra alguna, se apresuró al interior de la casa.

Sin embargo, la mujer permaneció en el umbral de la puerta una vez ambos rubios se habían alejado, observando fijamente a Sasuke, quién sostuvo su peso valerosamente, sin apartar la mirada, con su rostro invariable. Finalmente, sonrió. Era una sonrisa exactamente igual a la que le dedicó Sakura aquel fatídico día, aunque en los ojos de Hinata se pudo percibir, por un efímero instante, una sombra de reproche que osciló peligrosamente antes de desaparecer.

—Pasa tú también, Sasuke —dijo. Su tono de voz era suave y gentil, como siempre — Me parece que tienes que estar presente para evitar que Naruto se enrede con sus palabras y termine traumatizando a Boruto.

Fue la primera vez que Sasuke y Hinata se animaron a compartir una cálida carcajada entre miradas de complicidad.

Después de la generosa cena que había preparado Hinata, Naruto y Sasuke continuaban interrogando a Boruto acerca de su misión y este, aunque se esforzaba por ocultarlo, estaba disfrutando de la inusual atención. Ocasionalmente, Sasuke hacía un comentario mordaz sobre la época de Genin de ambos y el rubio inflaba las mejillas en esa expresión infantil que hace tiempo Hinata no veía. Himawari observaba el intercambio de insultos bastante entretenida y Boruto solo atinaba a soltar risotadas al descubrir que su padre, cuando era joven, era un completo inútil.

Sin embargo, el ambiente cambió repentinamente cuando Hinata colocó las tazas de té en la mesa. La expresión de Naruto se tornó inesperadamente seria y Sasuke endureció las facciones haciendo que la situación adquiriera un matiz inquietante. Los tres adultos intercambiaron una rápida mirada antes de asentir, como si estuviesen siendo parte de un acuerdo tácito. Fue su padre el primero en hablar.

—Boruto, Himawari —les llamó. El tono de voz que empleó no era de reproche, pero era profundo e intimidante. Ambos comprendieron y se mantuvieron en silencio, aunque intercambiaron una mirada de curiosidad, sin saber exactamente lo que su padre les diría — Sé que se sienten decepcionados porque paso poco tiempo en casa y, cuando lo hago, estoy demasiado cansado para prestarles la atención que se merecen. Lo siento por eso.

Boruto y Himawari soltaron una exclamación de asombro, pero Naruto no varió su expresión.

—Entiendo que sea complicado tener al Hokage como padre, pero deben saber que no tienen culpa de nada. Los quiero muchísimo y sé que no me he portado demasiado bien con ustedes últimamente —una sonrisa triste se dibujó en los labios del hombre rubio, pero Sasuke a su lado tomó su mano, que se mantenía descansando sobre la mesa, y la apretó. Boruto observó este gesto con incredulidad, pero su hermana pequeña solo sofocó una risita.

—Siento decepcionarlos constantemente. A ustedes y a su madre —por primera vez en toda la noche, Naruto dirigió una significativa mirada a Hinata, que permanecía de pie, sosteniéndose del respaldar de la silla en donde Himawari estaba sentada. Ella le dirigió una sonrisa llena de amor que causó que a Sasuke se le revolviera el estómago. Este afianzó su agarre en la mano del rubio, quién suspiró débilmente para finalmente soltar a bocajarro: —Hinata y yo nos separaremos.

La noticia cayó como un peso muerto, sintiéndose como una sentencia ineludible que afianzó el ambiente incómodo que se había forjado conforme Naruto hablaba. Boruto frunció el ceño sin entender, pero Himawari simplemente dirigió una mirada realmente profunda a su padre, quién no supo interpretarla.

—¿Qué? —Boruto fue el primero en romper el denso silencio que se había cernido sobre ellos, todavía conmocionado — ¿P-por qué? —balbuceó, apenas siendo consciente de la enorme presión en su pecho que le impedía respirar con normalidad.

—Boruto… —por primera vez, la voz de su madre se escuchó a sus espaldas. Esta parecía percatarse del estado de alteración en el que estaba su hijo, por lo que decidió intervenir, ayudando a su nervioso esposo — Tu padre, desde hace muchos años, ha estado enamorado de alguien más —sonrió conciliadora ante la mirada aterrada que le dirigió joven rubio —Yo lo sabía. Sin embargo, con el paso de los años él correspondió a mis sentimientos y decidimos casarnos, gracias a eso los tuvimos a ambos. Compartimos un amor profundo por ustedes, pero él realmente tiene a su persona especial desde hace mucho tiempo. Incluso antes de que yo apareciera en su vida.

Boruto parecía realmente asustado. Alternaba la mirada de su madre a su padre, sintiendo una desagradable presión en el corazón. Naruto y Sasuke intercambiaron una mirada de preocupación, pero Hinata continuó sonriendo con ternura, sin variar su expresión conciliadora, intentando contener la vorágine de emociones que parecía querer explotar en esa habitación.

—Tu tío Neji, antes de morir, habló conmigo —comentó con naturalidad, sorprendiendo a todos los presentes — Él creía fielmente en el destino, pero también confiaba en Naruto. Me dijo que el alma de tu padre estaba, desde la eternidad, enlazada a otra alma que parecía mantenerse en la oscuridad. Sin embargo, a pesar de confirmarme que él realmente me quería, me dijo que yo solo debería tomar lo que él estuviera dispuesto a darme. Llegaría un día en que decidiría irse y yo tendría que aceptarlo, pues él nunca estaría completo hasta que esa alma lo reclamara. Se pertenecen el uno al otro y yo no puedo intervenir —la voz de Hinata se escuchaba temblorosa, pero en ningún momento flaqueó — Ese día ha llegado y yo debo dejarlo ir. Su otra mitad lo ha reclamado finalmente y no puedo estar más feliz de que, después de tanto tiempo, esto haya sucedido.

Hinata sonrió, dirigiéndole una mirada especial a su esposo, cuyos ojos cristalizados revelaban que se sentía realmente conmovido. Al final, dejó caer sus ojos perla en los orbes ónice de Sasuke, que parecía especialmente abrumado. Aunque sus labios no dejaron salir palabra alguna, Sasuke comprendió que la mujer le agradecía por volver a Naruto, por amarlo con ese fuego que los ha consumido desde siempre. El azabache se limitó a regalarle un ligero asentimiento, ocultando, a duras penas, la turbación que sentía en ese momento.

Boruto dirigió una mirada inexpresiva a su padre, que permanecía especialmente nervioso al otro lado de la mesa, pero sosteniéndose con una fortaleza digna del Séptimo Hokage.

—Papá —habló con voz ronca — ¿No nos olvidarás?

La pregunta dejó atónitos a los dos hombres, que parecían esperar un cuestionamiento completamente diferente.

—¿Qué? —fue la inteligente respuesta de Naruto. Finalmente, este soltó una contundente carcajada que cortó la tensión y que inmediatamente comenzó a caldear el ambiente — Por supuesto que no, Boruto. Podrán visitarme siempre que quieran y yo vendré para el almuerzo todos los días.

El joven rubio lo miró con recelo un par de segundos, pero finalmente le dirigió una tímida sonrisa.

—Vale, vale, te creo —masculló, sintiéndose inesperadamente bien.

Su madre le dejó un beso en el cabello y Naruto sonrió. Una sonrisa que nunca en su vida había visto y que, debía reconocer, era la más radiante y hermosa que había podido presenciar en el rostro de su padre, que incluso alcanzaba a iluminar sus ojos, que brillaban con un fulgor sobrecogedor. Entonces, no pudo estar más de acuerdo con su madre; realmente se sentía feliz de que su padre finalmente estuviera con la persona que amaba. Oh, espera…

—¿Quién…? —comenzó a preguntar, invadido por una punzante curiosidad.

Sin embargo, fue interrumpido por su hermana menor.

—¡Boruto, eres un idiota! —soltó Himawari con una risita aguda, ante la mirada incrédula de los presentes — ¿No sabes atar cabos? Tus habilidades ninjas son una bazofia —continuó, soltando esta vez una sonora carcajada ante la mirada divertida de Sasuke y la aterrada de sus padres — ¡Es obvio que la persona que ama papá es Sasuke! Si no, ¿qué sentido tendría que estuviera aquí justo cuando nos va a dar esta noticia? ¡Mira sus manos, Dios mío! —señaló las manos entrelazadas de los dos hombres y los aludidos enrojecieron hasta las orejas ante la desorbitada mirada de Boruto —¿Necesitas más pruebas?

El joven rubio se sintió mareado.

¿Sasuke y su padre? ¿Juntos?

¿Sasuke era la persona especial de su padre?

¿Eh?

Hinata parecía todavía consternada por las palabras de su hija y la expresión en blanco de su hijo mayor en el momento que se presentó otro imprevisible suceso: Boruto saltó sobre la mesa y se abalanzó sobre los dos hombres que permanecían de piedra frente al giro inesperado de los acontecimientos.

—¡Esto es genial! —aulló, dejando realmente atónitos a todos los que permanecían en la habitación — ¡Mi nuevo papá es el ninja más genial del País del Fuego!

Naruto frunció el ceño, claramente ofendido.

—¿QUÉ? ¡NO! ¡YO TAMBIÉN SOY GENIAL! —gritó indignado el rubio, mientras Sasuke dejaba escapar una suave risa, al tiempo que le dirigía una mirada de complicidad al endemoniado engendro rubio.

Naruto sintió un aleteo agradable en su pecho, cerca de su corazón y simplemente sonrió. Himawari también se unió al abrazo, insistiendo en que Naruto seguía siendo el ninja más sorprendente del mundo, debatiendo con su hermano, quién prudentemente decidió darle la razón para evitar cualquier confrontación con ella que pudiera deteriorar su integridad física.

Sasuke le dirigió una mirada a Hinata, ella le sonrió nuevamente. Estaba genuinamente feliz, a pesar de que sentía un poco de pena por la mujer de pupilas transparentes. Debía reconocer que ella era realmente fuerte.

Pero si de algo estaba seguro es que nunca volvería a dejar a Naruto, ni en mil vidas más.

N/A: Este capítulo en particular me costó horrores. Como mencioné antes, casi no conozco las personalidades de la segunda generación y ugh, lamenté haber sido tan ambiciosa al incluirlos en este fic. Sin embargo, creo que he logrado algo mínimamente presentable. Lamento si la narración es deficiente o dispersa, me hubiese gustado dedicarle un poco más de tiempo, pero temía que, si no lo subía, simplemente lo dejaría a medias y no lo terminaría.

Por otro lado, adoré escribir sobre Hinata. Idk, pienso que es uno de los personajes femeninos de Naruto más fuertes e increíbles, pero Kishimoto apenas reparó en ella al final. Terminó siendo solo "la esposa de Naruto" y meh. Es un personaje con mucho potencial que hubiese logrado muchas cosas y podría haber figurado un poco más. Al igual que Sakura, se merecían un mejor final. En fin, la intervención de Hinata es esencial, pone en evidencia que ella sabía acerca del infinito amor que Naruto guardaba a Sasuke y que nunca le pertenecería por completo.

Y bueno, nada más que comentar. Espero saber sus opiniones acerca de este capítulo. Muchos besitos.