Capítulo III
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal
•
Habían pasado cerca de seis meses desde que había tenido que dejar la aldea e involucrarse en una misión especialmente peligrosa en los límites del País del Fuego. A pesar que anteriormente había estado lejos de Konoha períodos mucho más prolongados de tiempo, estos últimos meses se le antojaron especialmente difíciles. No recordaba la última vez que le había desagradado tanto una misión de Clase S.
Afortunadamente, él era un Uchiha y cumpliendo orgullosamente con las implicaciones de dicho apellido, había culminado exitosamente la misión en un lapso de tiempo mucho más corto que el que se había calculado en el informe. Lamentablemente, él había visualizado esas eternas semanas como una tortura agónicamente larga, un detalle que pocas veces en su vida le había ocurrido. Desde siempre, Sasuke Uchiha se caracterizaba por ser una persona fría y calculadora cuyas prioridades jamás radicaban en sentimentalismos innecesarios.
Pero los años habían pasado y estos pesaban en su espalda como una contundente losa helada y de piedra. Había perdido demasiado tiempo de su vida dedicándose a la ingrata venganza, que solo le dejó un espacio vacuo ahí, donde su corazón debería latir. Estuvo una temporada bastante larga sumergido en una oscuridad gélida y arrolladora que solo había contribuido a abrir despiadadamente viejas heridas. Incluso llegó a pensar que ya no quedaba nada más de él que destruir y que solo era un trozo resquebrajado de lo que alguna vez fue, si es que algún día tuvo la oportunidad de estar completo y feliz.
Resopló, agotado. Detestaba pensar en el pasado, pero después de estar batallando durante meses con ninjas sanguinarios y sin escrúpulos, acechado muchas veces por las garras de la mismísima parca, debía tomarse el tiempo de reflexionar.
Por supuesto que había sido feliz en algún momento de su vida. Genuinamente feliz. Recordaba tener trece años y discutir la mayor parte del tiempo con el jodido e insufrible Naruto Uzumaki. Era la primera vez, después de lo sucedido con el Clan Uchiha, que Sasuke se permitía actuar como un niño de su edad, demostrando su habilidad innata creando una increíble variedad de coloridos insultos. Sin embargo, no se percató, sino hasta muchos años más tarde, que le entregó el último pedazo importante e invaluable de su alma a ese idiota. Y no pudo haber elegido a alguien mejor a quién dárselo, en caso de que hubiese tenido la oportunidad de hacer una elección.
Resulta evidente ahora, después de tantos años, que con ese imbécil nunca tuvo una elección, que su libertad siempre estuvo condicionada a esos ojos fulgorosos e imposiblemente azules. Desde siempre había estado atado a ese mediocre escandaloso e imprudente que siempre proclama, en un tono de voz insufrible, que algún día sería Hokage. Ese mismo niño impertinente que nunca dejó de perseguirlo y buscarlo, aun cuando se había convertido en un espejismo lamentable de lo que alguna vez había sido dentro del equipo 7. Y aún ahora, después de 22 años, Naruto nunca se rendía con él.
Con un suspiro dejó su negra capa sobre el sofá de la pequeña estancia, sintiéndose repentinamente nostálgico. Acababa de llegar a la aldea y lo único que deseaba era tomar una ducha caliente hasta que sus dedos se arrugaran como pasas, para después comer una buena ración de onigiris y, finalmente, recostarse en su cama, preferiblemente entre los sorprendentemente cálidos brazos de un rubio idiota, para dormir durante días. Lamentablemente, Naruto no estaba en casa.
Desde su desastrosa salida del armario, que involucrada a una aterrada Sakura que había vuelto inesperadamente pronto de su turno doble en el hospital, ambos habían decidido comenzar a vivir juntos. A pesar de la sugerencia de Naruto para vivir en su desastroso e insospechablemente minúsculo departamento de soltero que aún conservaba por mera melancolía, Sasuke se había negado rotundamente. No solo por lo deplorable del espacio, sino porque en ese lugar le traía tórridos y salvajes recuerdos de la época en la que habían mantenido un romance clandestino, ahogados por la culpabilidad en las orbes azules y asfixiados por el apabullante deseo que burbujeaba en el pecho de ambos. Entonces, habían decidido adquirir un espacioso condominio cerca de la oficina del Hokage, de modo que Naruto pudiese volver a casa a cenar.
Debía admitir que era un lugar increíblemente acogedor, pese a la escasa inmobiliaria que ambos habían adquirido, más por comodidad que por pereza. Sin embargo, se notaba cierto matiz femenino gracias a la intervención de Sakura y de la siempre diligente Hinata. Incluso tenían algunos cuadros colgados a la pared que pertenecían al inquietante Sai, un sujeto al que aún le mantenía un respetuoso recelo. Pero lo que le proporcionaba un ambiente caldeado al generoso espacio eran los objetos de los tres jóvenes revoltosos que, más de lo que había esperado en un principio, se quedaban a dormir ocasionalmente.
Recordaba la reacción de su hija, Sarada. Sabía que era una chica brillante, pero jamás se esperó la madurez con la que se enfrentó a esta nueva y extraña situación. Contrario a los posibles escenarios desastrosos que había dibujado en su cabeza, la pequeña Uchiha aceptó de buen grado la noticia. Incluso se había acercado a regalarle un afectuoso brazo a Naruto que le hizo entrecerrar los ojos, molesto. La relación con su hija no era digna de festejo, pero que ella considerara que ese imbécil era mucho más "genial" que él le había herido el orgullo.
Por suerte, Naruto siempre se había caracterizado por poseer un alma paciente y entrañable, además de vivaz. Menos de un mes le tomó hacer que Sarada se sintiera cómoda con la presencia de ambos e incluso, que le regalara algunos gestos afectuosos. No era tan abierta e inesperadamente cariñosa como con Naruto, pero definitivamente, era un gran avance.
Sasuke tuvo que salir fortuitamente de sus pensamientos cuando escuchó el sonido de la puerta a sus espaldas. Sin abandonar su cómoda posición en el sofá, se giró perezosamente. Una maraña de cabellos dorados se asomó en el umbral de la puerta, cargando en un brazo a una entusiasta Himawari y en el otro una bolsa repleta de embaces de ramen instantáneo. El azabache frunció el ceño.
—No voy a comer esa porquería —fueron las cariñosas palabras con las que Sasuke le dio a su querido rubio la bienvenida a casa.
Naruto se detuvo en seco, aún en el umbral, aunque la risita graciosa de Himawari rompía el silencio. Se podía deducir, por la expresión en su rostro, que en absoluto se esperaba que Sasuke estuviera en casa. Y a pesar que la comisura de sus labios tembló en una muestra inequívoca de sonrisa, este gesto murió antes de siquiera nacer. Enseguida le devolvió una expresión de molestia al moreno.
—No es porquería, es ramen —masculló, irritado —Y si tanto lo odias, deberías cocinar tú.
La pequeña, que aún se mantenía en los brazos de su padre, dio un agraciado brinco para correr al encuentro de Sasuke, ignorando olímpicamente la mirada desaprobatoria del rubio.
—¡Llegaste antes! —celebró, emocionada —Papá te ha echado de menos. No deja de hablar de ti —comentó, haciendo que, involuntariamente, las mejillas del hombre de hebras doradas se tiñeran de un furioso bermellón, ganándose una sonrisa taimada de Sasuke.
Naruto gruñó.
—No le des más razones para molestarme, Himawari —dijo, aunque sus facciones se habían suavizado — Ya es suficientemente engreído sin que le alimenten el inflado ego que tiene.
Por primera vez en meses, Sasuke soltó una risita suave que hizo que el corazón de Naruto diera un brinco inesperado. El sonrojo del rubio se incrementó cuando reconoció que si había extrañado terriblemente a ese hijo de puta insufrible.
—¿Cómo estás? —preguntó dirigiéndose a la pequeña, a quién le revolvía los cortos mechones ónice — ¿Ha pasado algo en mi ausencia?
No se esperó la reacción de la niña, que dibujó una sonrisa divertida y permaneció en un sospechoso silencio. Naruto, que había escuchado la pregunta de Sasuke desde la cocina, se tensó.
—No podrías adivinarlo —fue la enigmática respuesta de la pequeña Uzumaki, sin abandonar la inquietante sonrisa — ¡Todo ha estado bastante bien! Dentro de poco entraré a la Academia, por lo que Sarada y Boruto han estado practicando conmigo durante las tardes. Incluso papá ha entrenado un poco con nosotros — añadió, visiblemente emocionada, haciendo que Sasuke olvidara su sospecha inicial y le sonriera abiertamente. Una sonrisa que pocas personas habían tenido la oportunidad de observar.
—Eso es increíble —dijo, dejando que la pequeña se acurrucara junto a él en el amplio sofá — Aunque no sé si el entrenamiento mediocre de tu padre sea adecuado para aprender algo, pero me alegra que te diviertas.
—¡SASUKE! —el grito enfurecido de Naruto hizo retumbar las paredes, al tiempo que se escuchaba un fuerte estruendo, seguramente causado por algún plato roto — ¡Deja de decir esas cosas frente a los niños! ¡Me perderán respeto!
Himawari y Sasuke compartieron una mirada divertida, para, finalmente levantarse y dirigirse a la cocina. Seguramente Naruto necesitaría ayuda con el desastre que acababa de ocasionar debido a su arrebato de ira.
Cuando ambos aparecieron en la estancia, se encontraron con un revoltoso rubio recogiendo los pedazos de porcelana debido a las tazas que había tiradas sin consideración alguna. Este le dirigió una mirada indignada al pelinegro y, posteriormente, se limitó a buscar una cacerola para calentar el agua para preparar el ramen.
—Vamos, Naruto… —comenzó diciendo Sasuke, ante la atenta mirada de Himawari, quién encontraba fascinante las constantes discusiones de los dos hombres — Tengo más de seis meses fuera, podrías recibirme con un poco más de cariño.
—Vete a la mierda —fue la escueta respuesta de Naruto, que se mantenía de espaldas a él.
—Papá, no digas malas palabras —reprendió dulcemente Himawari, siendo la viva imagen de su madre.
Naruto se volvió para dirigirle una mirada apenada.
—Lo siento, cariño —su voz era apenas un murmullo — ¿Puedes colocar los platos en la mesa, por favor? —pidió con una renovada y brillante sonrisa. La pequeña de cabellera ónice asintió de inmediato, obedeciendo sin rechistar.
Una vez solos en la cocina, Naruto suspiró y le dirigió una mirada indescifrable a Sasuke, quién se limitó a devolverle la mirada sin sentirse intimidado. Aunque debía reconocer que, cuando el Séptimo Hokage posaba sus ojos severos y turbulentos en él, se sentía realmente pequeño.
—Es cierto —dijo en un tono de voz confidente, dando a entender que esas palabras estaban dirigidas solo a él — te extrañé cada maldito día, bastardo.
Sasuke, incuestionablemente conmovido, se limitó a acercarse hasta a él en una zancada, tomando su rostro en un ademán casi ansioso y regalándole un beso que los hizo estremecer a ambos.
Naruto no necesitó más que eso para reconocer en él la misma impaciencia que lo había mantenido distraído durante esos meses. Sasuke también lo había extrañado. Cada maldito día.
•
Después de una cena gratificante para el rubio, pero poco saludable para Sasuke, los tres se sentaron en el sofá a disfrutar de una buena dosis de videojuegos y platicar sobre los nuevos acontecimientos en la aldea. Se enteró que Sarada y Boruto estaban en una nueva misión y que no regresarían hasta dentro de dos semanas, sin embargo, notó cierta tensión cuando nombraba casualmente a Sakura o a Hinata, por lo que dedujo que esos dos le estaban ocultando algo. A las 10, ambos mandaron a una reticente Himawari a dormir y, finalmente, quedaron solos en la sala de estar.
—¿Me dirás o esperarás a que tarde o temprano lo descubra? —Sasuke dejó caer la pregunta desenfadadamente, haciendo que el rubio, que permanecía recostado en su regazo se tensara.
—Lo descubrí hace dos días, también ha sido una sorpresa para mí —masculló a la defensiva el hombre de cabellera dorada — Himawari lo sabía desde hace tiempo… Esa mocosa —comentó, indignado, presumiblemente por el engaño de su hija — Pero creo que ni Boruto ni Sarada lo saben.
Sasuke enarcó una ceja, sorprendido por la reciente incomodidad que mostraban las facciones infantiles de Naruto. Sin embargo, se limitó a acariciar su cabello, instándolo a continuar con su, hasta ahora, palabrerío sin sentido.
—¿Qué es?
Naruto fijó su mirada sofocantemente azul en esos ojos color abismo. Finalmente, suspiró.
—Fui a visitar la casa de Hinata para buscar a Himawari —comenzó con una voz inusualmente grave — Usualmente la busco por las tardes para ayudarla un par de horas con su entrenamiento, pero ese día tenía la mañana libre y me pareció buena idea ir, especialmente porque Boruto y Sarada habían salido de misión, razón por la que había estado entrenando sola —Sasuke lo escuchaba atentamente sin dejar de acariciar las suaves hebras áureas, aunque no podía ocultar el brillo de curiosidad en su pupila por el curso que estaba tomando el relato — En fin, que iba a entrar, porque usualmente Hinata siempre deja la puerta abierta, pero esta vez estaba cerrada —profundizó su ceño fruncido — Entonces me preocupé un poco, intentando percibir un chakra extraño en la casa, pero solo estaba el de Hinata, el de Himawari y el de Sakura. Últimamente Sakura y Hinata habían estado pasando mucho tiempo juntas entonces no me pareció extraño, pero aún estaba el detalle de la puerta cerrada. Entonces decidí echar un vistazo por la ventana —comentó, aunque se removió incómodo — Nada parecía fuera de lo normal, pero estaba vacío. Era extraño, Hinata suele madrugar y eran más de las diez de la mañana, además, Sakura estaba dentro de la casa. Por eso subí hasta el tejado para asomarme por la ventana del dormitorio —el pelinegro le dirigió una mirada reprobatoria que Naruto esquivó olímpicamente — Y no puedes creer lo que vi.
—¿Qué? —inquirió el pelinegro, con renovada curiosidad, aunque sin abandonar su postura impasible.
—¡Sakura y Hinata! ¡Follando! —chilló, en un tono de voz alarmantemente agudo, sin embargo, recobró la compostura cuando recordó que Himawari estaba en el dormitorio del fondo del pasillo —Casi me caigo del alféizar de la ventana. Y eso que estaba sosteniéndome con chakra. Hui de ahí antes de que me descubrieran, pero, más tarde cuando volví a pasar para buscar a Himawari, ambas me saludaron como si nada. Aunque noté que Hinata estaba más nerviosa y sonrojada que de costumbre, además que Sakura me dirigía una sonrisita insufriblemente arrogante —refunfuñó, sin abandonar su postura de enfado — Me recordó mucho a ti. Estoy seguro que las dos detectaron mi chakra y asumieron que las había descubierto… en eso. No me dijeron nada, pero no puedo dejar de pensar en que Sakura se estaba vengando —agregó — Ya sabes, por aquella vez que nos descubrió… — balbuceó avergonzado, dejando en evidencia que aún no se recuperaba de ello.
Sasuke no había variado su expresión ni un ápice, pero si estaba realmente sorprendido. Nunca se hubiese imaginado que algo así podría pasar.
—¿Y Himawari lo sabe? —preguntó simplemente.
—¡Si! —dijo energícamente el rubio, pronunciando su mohín infantil — Le pregunté esa misma noche sobre la relación de Sakura y Hinata, a lo que simplemente respondió: "Sakura ahora es mi mamá también", ¿puedes creerlo?
El pelinegro permaneció en silencio durante unos segundos, como si estuviera reflexionando algo particularmente importante y, finalmente, sonrió. Una sonrisa que distrajo a Naruto de su consternación y lo dejó embobado.
—Supongo que Sakura si es un poco Uchiha, en el fondo —comentó después de mucho tiempo, conteniendo el tinte de diversión en su voz —La vena vengativa se le tuvo que haber contagiado después de tantos años de no convivir juntos —soltó con una sonrisita sardónica.
Naruto bufó, pero finalmente le dedicó una de sus sonrisas brillantes que dejó al pobre corazón de Sasuke descolocado, latiendo frenéticamente en su tórax.
Permanecieron un rato más recostados en el sofá, Naruto preguntándole incansablemente sobre su misión y Sasuke contestando con sus típicos monosílabos. Después de algunos minutos intercambiando una gran variedad de insultos que difícilmente podrían ser cariñosos y de dedicarse largas miradas de fuego, decidieron ir a la cama.
La habitación que compartían era uno de los lugares favoritos de Sasuke. En ella nadie había intervenido, salvo ellos dos. Una gran y sencilla cama matrimonial se mantenía en el centro de la estancia, mientras a cada lado habían decidido colocar una mesita de noche. Junto a la mesa del lado derecho Sasuke dejaba su katana cada vez que culminaba una misión, mientras los kunais y los shurikens se mantenían guardados en el armario, junto a la ropa desaliñada de Naruto y las elegantes prendas del Uchiha. Las paredes eran de un color crema neutro que le daba un aspecto refinado al espacio y un espejo ridículamente grande les devolvía la mirada desde el otro lado de la habitación, un elemento que en ocasiones podía resultar muy sucio.
Cuando Naruto se tumbó en la cama, el azabache no pudo hacer nada más que observarlo durante algunos segundos antes de imitarlo. Inmediatamente, el gran héroe de la Cuarta Guerra Ninja se acurrucó a su lado buscando calor en esa noche de otoño. Sasuke se limitó a acogerlo entre sus brazos, incapaz de hacer un comentario mordaz acerca del anhelo que se podía percibir en las acciones del rubio, pues él mismo compartía ese sentimiento. A pesar de que solo habían pasado seis meses desde que tuvieron que separarse por la inesperada misión que el mismo Naruto tuvo que asignarle, sentía que ya habían perdido suficiente tiempo.
No podía olvidar la mañana de primavera en la que el rubio le confesó sus sentimientos, haciendo uso de esa habilidad innata para sorprender a la gente. Fue en una carta, el día antes del matrimonio entre él y Hinata. Recordaba haberse sentido pequeño por la osadía del acto, sin embargo, no sintió sensato responder que correspondía a sus sentimientos, aunque si lo hacía. Sería estúpido si no lo hiciera, incluso él, que permaneció cegado por la venganza durante años, se percataba de esos detalles que lo hacían sentirse irremediablemente atraído al rubio. Nunca se sintió interesado por buscar respuestas, pero no era necesario. Él lo sabía y, probablemente, todos los que habían tenido algún tipo de trato con ellos también lo sabían. Simplemente eran Naruto y Sasuke, eso parecía ser respuesta suficiente.
Esperó durante años después de esa confesión que parecía quedar enterrada entre responsabilidades y prioridades, entre hijos y esposas, entre relaciones políticas, el título de Hokage y la misma Konoha. Pero Sasuke debería saber que Naruto nunca dejaría de ser ese niño insufrible e insistente, con esa voluntad inquebrantable, el espíritu ardiente y la paciencia que había adquirido con los años de espera.
En invierno compartieron su primer beso. Fue tosco y febril, más parecido a una lucha por el control y la supremacía que a un gesto de afecto, pero nunca lo olvidaría. Recuerda los labios torpes de Naruto posándose sobre los suyos y poseyéndolo en un ademán casi salvaje, necesitado. Las manos grandes y calientes sobre su piel glaciar, haciendo ebullición en el mismo instante en que entraron en contacto. Pero, sobre todo, recuerda el mar oscurecido en la mirada de Naruto y su sonrisa letal. Pensó, en ese entonces, que Kurama había intervenido de alguna forma en las acciones bestiales del rubio, pero estaba equivocado. Después de estar durante años compartiendo encuentros fortuitos y tórridos con el Séptimo Hokage, era completamente consciente de que Naruto también tenía un lado oscuro que nada tenía que ver con el Kyubi.
El cuerpo en sus brazos se removió con inquietud, trayéndolo desconsideradamente al presente. El moreno simplemente apretó un poco más el abrazo.
—¿Mhm? ¿Sasuke? — la voz somnolienta de Naruto le reveló que estaba más cansado de lo que había demostrado durante la velada.
—¿Mhm?
—¿En qué estás pensando? —preguntó en un murmullo.
Sasuke dibujó una pequeña sonrisa.
—En nosotros —fue la escueta respuesta.
Naruto resopló, aunque después soltó una risita divertida que dejó al moreno desorientado.
—¿Qué clase de cosas sucias está imaginando esa retorcida mente tuya? —preguntó, removiéndose un poco para fijar su mirada insoportablemente azul en los inquietantes ojos negros del Vengador — ¿Por qué te has puesto duro? —pinchó, insistentemente, mientras una de sus manos se abría paso entre los dos cuerpos para rozar el prominente y delator bulto en los pantalones de Sasuke.
Incluso en la oscuridad, Naruto pudo distinguir el adorable rubor que tiñó las mejillas del Uchiha.
—Puedo imaginar que me follo a mi, er, novio siempre que me dé la gana —masculló, visiblemente malhumorado por haber sido descubierto.
Esta vez Naruto si soltó una sonora carcajada.
—Cállate —lo reprendió el azabache, cada vez más irritado.
El rubio dejó de reír, aunque los espasmos en los hombros lo delataban. Era evidente que se estaba conteniendo. Sasuke rodó los ojos con hastío.
—Deja de ser un cabrón irascible, cariño —comentó con un tinte de burla en su voz, para, finalmente, apegarse nuevamente al cuerpo de su compañero en un ademán sensual — Mhm, Sasuke, no es necesario que lo imagines cuando estoy aquí, ¿sabes? —su voz era apenas un susurro ronco que hizo que Sasuke tragara saliva — Puedes follarme siempre que quieras.
Cuando Naruto se escabulló de su asfixiante abrazo y se situó sobre él a horcajadas, el azabache sintió un cálido cosquilleo en su entrepierna ya despierta. Finalmente, los labios del rubio se adueñaron de los suyos en un gesto casi posesivo, pero que transmitía entre líneas cuánto lo había echado de menos y ese sentimiento que hacía que el pecho de ambos temblara, amenazando con estallar en cualquier momento. Cuando ambas lenguas se encontraron, una sensual y peligrosa batalla de caricias húmedas se llevó a cabo, caldeando mucho más el ambiente, haciendo que el aire de la habitación se volviera cada vez más asfixiante. Sin embargo, pronto el beso dejó de ser bestial y se convirtió en algo que nunca habían podido definir. Ni siquiera después de haber pasado tantos años juntos. Las caricias entre sus lenguas se volvieron suaves, casi dulces y sus manos recorrían la piel del otro con una delicadeza injustificada, como si temieran romperse en los brazos del otro.
El beso acabó en una sonrisa resplandeciente y sobrecogedora de Naruto.
—Mierda —dijo en un susurro ronco que a Sasuke se le antojo demasiado caliente — Te necesitaba tanto.
Las declaraciones del rubio hicieron temblar a Sasuke, no por las palabras en sí, sino por el significado. Era consciente que Naruto lo había dicho, no por el período de seis meses que pasó fuera de la aldea, sino por los largos y dolorosos años de búsqueda y ausencia que habían tenido que soportar. El moreno se sintió repentinamente abatido. Y culpable. Porque ese sentimiento infernal de culpabilidad nunca lo abandonaría. Se cernía sobre él, aun teniendo a Naruto entre sus brazos y lo asfixiaba con garras despiadadas y heladas.
El rubio se percató del cambio en el semblante y la postura de Sasuke e inmediatamente lo besó con tanto ímpetu que ambos perdieron el aliento en el proceso.
—No pienses más, Sasuke —le pidió en una súplica implícita —Estoy aquí, contigo —y, apoyando sus palabras, comenzó a acariciar el pecho de Sasuke por debajo de su camisa, haciendo hervir la piel del moreno con su tacto — Estamos aquí.
Sasuke carraspeó, repentinamente conmovido.
—No volveré a dejarte —prometió con un tono de voz inflexible, aunque Naruto percibió la sombra de una herida mal cicatrizada.
—Lo sé —y volvió a sonreír ampliamente — No voy a dejarte ir tan fácilmente, bastardo.
El sonido de la risa de Sasuke era algo que Naruto nunca se cansaría de escuchar. Le hinchaba el corazón con una satisfacción inaudita.
—Eres un obstinado de mierda —se quejó, aunque su sonrisa no flaqueó. Sin embargo, agregó: — Mierda, gracias por no rendirte conmigo.
Las inesperadas palabras de Sasuke hicieron que Naruto se abrazara al níveo cuerpo con una fuerza innecesaria, ocultando su rostro en el frío cuello. Pero el moreno recibió su apabullante cariño sin vacilar, ni intimidarse.
—Nunca me rendiría contigo —reconoció en un murmullo amortiguado por la piel del moreno — Ni aunque me arrancaran los brazos y las piernas.
Sasuke tragó saliva con dificultad, intentando reprimir las impertinentes lágrimas que luchaban por escaparse de entre sus párpados. Reconoció la veracidad en las palabras que habían sido dichas hace tantos años.
Ahora no tenía duda, siempre volverían a encontrarse. Porque era Naruto y era Sasuke, porque no importa la fuerza que emplearan en romper esos lazos que los unía, siempre tendrían que volver. Porque no existía uno, si el otro estaba ausente. Porque, a pesar de todo, sus almas estaban destinadas y nadie, ni siquiera él, podría cambiar eso.
Fin
N/A: Y con esto pongo fin a esta historia. Este último capítulo me gustó mucho, especialmente porque he mostrado un poco de la madurez que ha tomado la relación de Naruto y Sasuke. Que ese cariño irrefutable que ambos se conservan se ha convertido en un amor mucho más fuerte. Algunas partes están un poco flojas, pero el trabajo apenas me ha dado tiempo para corregir y añadir algunos detalles que me gustaría que tuvieran.
En fin, espero les haya gustado. Lo hice con mucho amor y, por primera vez, hice un fluff que no tenía tragedia de por medio. I know it, la relación de Hinata y Sakura fue demasiado irreal, pero quería mostrar un poco de la perversidad calculadora que pueden tener las mujeres cuando se lo proponen, je. Espero leer sus reviews.
Btw, pronto volveré a publicar un capítulo de mi otro fic "No te salves". Lo tengo armado desde hace mucho tiempo, pero apenas hoy comencé a escribirlo. Espero leerlos por ahí entonces. Besitos.
