Título: Más allá del bien y del mal
Tipo: Boys Love - Romance - Humor
Resumen: Aioria se enfrenta al mayor reto de su vida, Milo. ¿Podrá vencer la tentación con la ayuda de su fé?
Clasificación:
Advertencias: Boys Love (Si no te gusta, no continúes) AU, Abuso de religión, lenguaje soez
Pareja Principal: Milo & Aioria
Personajes: Aioria, Milo, Aioros, Marin, Shura, Aldebarán y un ex muy fisgón

Nota importante: Fic previamente publicado bajo mi otro pseudónimo Waterfenix
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada

Fic escrito por diversión, sin fin de lucro.


Más allá del bien y del mal

Capítulo I - Dios Mio, que no pase

Aioria Katsaros es un joven de 20 años, atractivo, muy alegre y con un enorme carisma, tanto que se podría decir que gozaba de cierta popularidad en la universidad. Fue criado en el seno de una familia católica romana muy conservadora pero curiosamente el jovencito se había formado su muy personal concepto de Dios. Mismo que chocaba con la mentalidad de la juventud del momento, pero que a él no parecía incomodarle ya que lograba siempre empatar sus imperiosos deseos juveniles con sus extraños y radicales conceptos espirituales.

Estudiaba el cuarto semestre de la carrera de Ingeniera en procesos de automatización en la Universidad de la capital y a pesar de tener un excelente promedio y un lugar privilegiado entre la sociedad estudiantil de su área, el chico siempre se quejaba de haber tenido que entrar a esa Universidad obligado por sus padres, ya que su verdadera elección para estudiar había sido otra. El menor de dos hermanos había aplicado para entrar a una prestigiada universidad en otro país y aunque había sido aceptado, sus padres decidieron que el benjamín de la familia asistiera a la misma universidad que su hermano Aioros pues no podían darse el lujo de pagar doble manutención para ambos y además al estar ambos chicos en la misma institución Aioria se hacía acreedor a un porcentaje de descuento que beneficiaba en mucho la economía familiar.

Ambos hermanos habían compartido el mismo departamento por dos años, en los cuales las diferencias entre ellos se habían hecho más que notorias. Aioria era deportista, fiestero, desordenado y algo flojo. Aioros por su parte era muy disciplinado, responsable y mucho más sensato que su pequeño hermano. También gozaba de gran popularidad entre los jóvenes de su generación y con sus maestros.

Los padres de los jóvenes estaban contentos y orgullosos de sus hijos, sin embargo, ese sería el último semestre que los hermanos estarían juntos, pues Aioros había terminado ya su carrera y tenía una oportunidad de beca-empleo en una empresa muy importante, por lo que Aioria se quedaría solo, cosa que a sus padres preocupaba un poco debido al relajado comportamiento de su hijo.

Pero Aioria estaba feliz de saber que próximamente gozaría de total libertad para hacer lo que le viniera en gana sin el lastre de su hermano sobre él obligándolo a estudiar, a arreglar su cuarto, tomándole el tiempo en las fiestas y sobre todo limitando su vida sexual.

Porque si bien Aioros no le exigía celibato a su hermano, tampoco le permitía hacer desmanes en su casa. Pero eso iba a cambiar con su hermano lejos. El jovencito nacido bajo el signo de Leo ya no podía esperar para iniciar esta nueva etapa de su vida en completa libertad.

El semestre finalmente acabó y después de todas las celebraciones por la graduación de Aioros, finalmente el mayor de los hermanos tomó sus cosas y se preparó para partir a su nuevo trabajo en otra ciudad. Aioria pasó unas semanas con sus padres, pero antes de que la Universidad si quiera abriera sus puertas, ya estaba de regreso es su departamento.

La primera noche sin Aioros se celebró con litros de cerveza, pizza y papas fritas. Sus amigos más cercanos, Shura, Aldebarán y la adorable Marin lo acompañaron hasta el amanecer entre risas y canciones y entre sorbo y sorbo de la dorada bebida.

-Debes ir viendo tus materias de artísticas y sociales -dijo Shura- en cuanto las liberen todo el mundo se abalanzará para agarrar las mejores y si no te apuras te van a madrugar y vas a terminar estudiando tejido o cocina.

-¡Hazle caso a Shura, mira que el semestre pasado le batalló como nadie con sus clases de danza! Jajaja- reía a carcajadas Aldebarán, un chico de origen brasileño.

-Ya ni me recuerdes cabrón, que por eso ahora ni pienso dormir para ser el primero en elegir- Y es que el español aunque era un año mayor que los demás jóvenes, por parrandero iba arrastrando algunas materias, por lo que coincidía con los menores y así habían hecho tan buena amistad.

-lo bueno es que ya es el último semestre en que debemos tomar estas mugrosas materias de relleno—comentó Marin- ya a partir del próximo semestre son puras materias de nuestra carrera.

-Pues sí, pero estas materias de relleno son más relax y tienes más chance de echar lio- dijo el Shura

-Eso si- coincidieron todos.

-No importa, lo que sea caerá bien- comentó el griego mientras abría una lata más de cerveza

-Bueno, luego no digas que no te advertimos. Así que… ¡Pues salud amigos! –brindó Shura con su cerveza en alto - ¡por un semestre lleno de fiesta y diversión!

-Y que nos toquen materias fáciles y maestros bien barcos jeje –brindó el brasileño

-¡Salud! Y que nadie salga herido, embarazado o preso este semestre Jajaja-completó el brindis la única chica

-¡Sobre todo!- reían todos al unísono.

-Tocó el turno al anfitrión, quien se lo pensó bien antes de brindar- Porque en esta casa, nunca falte el sexo… ¡SALUD!

Todos rieron y comenzaron a bromear al joven, quien disfrutaba el momento sin saber que su deseo muy pronto se haría realidad.

Un par de días después.

Una vez liberadas las materias, los chicos se apresuraron a cubrir su horario con los créditos necesarios para el semestre. Aioria intentó anotarse a Cinematografía y el cupo estaba lleno, después intentó Historia de la música moderna y de nuevo fue rechazado por el sistema. Siguió buscando en la lista e intentó entonces con Expresión fotográfica y nuevamente fue rechazado. Tomó su celular y llamó a Marin para que le recomendara algo rápidamente pues los grupos se estaban llenando y no quería terminar en clase de tejido y costura.

-¿Oye que rollo? Todo está lleno, ¿ya tienes tu horario completo?

-Sí, Alde y yo nos apuntamos en Dibujo artístico, ¿porque no intentas ahí?

-¿Dibujo? Pero si yo ni siquiera sé agarrar un lápiz

-Eso ya lo sé Aioria, pero ahí aprenderás, además es una clase súper relax, escuché que el mismo director de Diseño Gráfico y Arquitectura da la clase y el tipo es de lo más relajado.

-Mmh bueno, deja ver. Ya estará de Dios si alcanzo lugar. Luego hablamos.

Miró nuevamente la lista y los grupos que aún tenían espacio eran Danza contemporánea, Arte en textiles (costura) y momento, ¡quedaba un lugar en Dibujo Artístico! –Ni modo- suspiró y se anotó en la clase, completando así su horario del semestre.

Las clases apenas comenzaban, así que aún no había exámenes ni trabajos que entregar, por lo que las fiestas estaban a la orden del día con la excusa de la bienvenida. Aioria y sus amigos no se perdían ninguna. Había días que asistían a más de una fiesta al día, donde ya sin la supervisión de su hermano, Aioria daba rienda suelta a sus deseos. Por las noches se desatrampaba bebiendo hasta el amanecer y ligando chicas al por mayor y por el día asistía a la iglesia a comulgar y orar. Una filosofía de vida muy curiosa para el parecer de sus amigos, pero así era Aioria y a pesar de su, a veces extrema religiosidad, seguía siendo el amigo simpático, divertido y noble que sus amigos y familia amaban.

Hasta que un día, las cosas cambiaron. Aioria, Marin y Aldebarán estaban en su clase de Dibujo y el maestro llegó con las notas de la clase anterior.

-A ver jóvenes, la clase anterior me decepcionaron mucho sus "Obras de arte", así que vamos a repetir el ejercicio del cuerpo humano, y espero que esta vez sí se apliquen.

Todos los chicos de la clase comenzaron a murmurar pues aun cuando la clase era de lo más relajada, el profesor exigía trabajos con calidad, so pena de reprobar la materia si no alcanzaban sus estándares.

-Diablos-exclamó Aioria- a mí no me sale eso. Tengo dos manos izquierdas para el dibujo.

-Bueno, es que, si en lugar de haberte quedado como menso viendo a la chica te hubieras puesto a dibujarla, otra cosa habría sido- sentenció Marin

-Vamos, estaba muy linda y su bikini color piel le sentaba de maravilla.

-¿Verdad que si Alde?-sonrieron en complicidad ambos amigos

-¡Aich Hombres! – Marin hizo una pausa- ¡ORALE! Esta clase si me va a gustar –comentó al ver que el modelo de esta clase sería un chico.

Al frente del salón se acomodó tranquilamente en una silla un jovencito de risada cabellera rubia, recogida en una coleta. Segundos después se despojó de su bata, dejando al descubierto su perfectamente conformado cuerpo cubierto solamente por un pequeño traje de baño azul.

De pronto, todos los asistentes de la clase se apeñuscaron al frente del salón. El maestro sabía que el modelo de la clase atraería a los estudiantes como moscas a la miel, así que esperaba que eso al menos hiciera que pusieran más atención en su dibujo.

Sin embargo, el chico que posaba despreocupado en traje de baño parecía ignorar que 24 pares de ojos lo miraban sin cesar y que un par en particular, unos bellos ojos verdes no solo lo miraban, si no que escudriñaban en su ser de formas que podrían avergonzar a cualquiera.

- ¡Katsaros!, vas muy lento –exclamo el maestro al pasar por el lugar de Aioria y ver el poco avance en su dibujo.

-Lo siento maestro –tragó saliva, pero por más que quería enfocarse en el dibujo no podía. Sentía calor, se sentía agitado y peor… sentía que algo en su entrepierna se revelaba.

-¿Qué te pasa Aioria? –preguntó su amiga

-Necesito salir de aquí Marin, no me siento muy bien.

-Ok, ya casi termina la clase, aguanta tantito.

-No puedo, regreso en unos minutos –dejo sus cosas en su mesa de trabajo y salió rumbo al baño más lejano del edificio para tratar de calmar al "inquieto" habitante de su entrepierna.

Una vez en el baño, se aseguró que no hubiera algún otro estudiante por ahí y cerró la puerta, pero sin cerrojo. Metió la cabeza bajo el grifo de agua fría para después aflojar sus apretados jeans que estaban matando a su pobre "amiguito".

-¿Dios, pero que me pasa?- exclamó preocupado al ver la erección que traía. ¿Sería acaso que estaba enfermo?. ¿Porque qué otra cosa podría ser? Se negaba a creer que el cuerpo de ese chico lo hubiera provocado de esa forma, tenía que ser algún problema de salud. Y no podía regresar así al salón, se sentía agitado y tenía necesidad de "descargarse de alguna manera"; así que aflojó aún más su pantalón, sacó completamente su miembro viril y comenzó a masturbarlo suavemente, pues sentía algo de dolor.

Aioria rezaba para que nadie fuera a entrar en ese momento, pero al parecer ese día los ángeles estaban muy ocupados en otros menesteres, pues mientras el atribulado chico estaba en su afanosa labor, alguien entraba al baño agarrándolo infraganti y con las manos en el tremendo paquete.

-Wow- exclamo el visitante al ver semejante escena.

De todos los baños en la universidad y de todas las personas que podían haber entrado a ellos, porque este hombre en particular había tenido que entrar en este baño precisamente –se recriminaba Aioria mientras trataba en vano de ocultar su desgracia de los ojos del mirón, quien lejos de alejarse para dar privacidad al apesadumbrado joven, permanecía impávido contemplando la acción.

-¿Necesitas ayuda? –se ofreció el visitante quien vestía solamente un traje de baño y una delgada bata entreabierta.

Aioria no dijo nada, su mente estaba completamente nublada, pero sus pies de pronto cobraron vida propia y comenzaron a moverse en dirección a ese cuerpo semidesnudo que cortésmente se ofrecía darle el tan anhelado consuelo para esa situación tan desesperada. En ese momento Aioria no pensaba más, solo deseaba sentir esa piel.

El rubio visitante no dudó en despojarse de las pocas prendas que lo vestían, para acercarse al novato en apuros y mostrarle como desfogar esa pasión que intentaba contener.

En el salón de clase, todos los alumnos y el profesor se habían retirado. Marin y Aldebarán esperaban a Aioria que había salido y dejado sus cosas en el lugar.

-¿Oye? No se le habrá olvidado que dejo todo aquí

-No creo Alde, aquí está su cartera y las llaves de su depa.

-entonces quizás si se sentía enfermo.

-Vamos a esperarlo, en algún momento tiene que regresar.

Aioria mientras tanto yacía perdido en los mares del placer al que ese ardiente rubio lo transportaba. Con la poca conciencia que aún conservaba, intentaba ahogar los gemidos para no llamar la atención, pero la escandalosa charla de unos estudiantes acercándose al lugar rompieron el encanto. Aioria se paralizó por un segundo, pero su acompáñate rápidamente reaccionó, tomo sus cosas del piso y se metió a la parte trasera del baño, donde se encontraban las duchas. Cuando la puerta se abrió, el castaño se metió rápidamente a uno de los sanitarios y cerró la puerta. Pudo escuchar en el fondo el sonido de las duchas y sin pensarlo mucho, simplemente aseó su antes enfurecido miembro con papel de baño, se fajó la camisa, se subió el cierre y salió como si nada del lugar con rumbo de regreso a su salón.

-Vaya, pensamos que ya te habías olvidado, ¿Dónde andabas? –reclamó Marin por todo el tiempo que los había hecho esperar.

-Solo fui al baño y a caminar un poco, vámonos ya -respondió serio.

-Ok, ¿vas a ir esta noche a la albercada en casa de Fred?

-no, no… me iré a casa. Necesito ducharme y descansar.

Esa noche Aioria no pudo cerrar un ojo, lo sucedido en el baño de la universidad lo había trastornado. Por momentos quería convencerse a sí mismo de que solo había sido un sueño, pero luego el placentero recuerdo del tremendo orgasmo que experimentó lo volvía a la realidad nuevamente. Así que decidió rezar toda la noche buscando un poco de consuelo, hasta que los primeros rayos de sol detuvieron si maratón de rezos. Estaba tan cansado que lo más coherente era que ese día faltara a clases para intentar descansar un poco. A la luz del sol, el chico siempre sentía un poco más claridad en sus pensamientos y seguro encontraría la forma de aplacar su angustia.

Al medio día se despertó y se levantó de su cama con una idea metida en la cabeza. Tenía que hablar con ese chico, quizás así entendería porque razón reaccionó de la forma en que lo hizo. Pues el no saber ni siquiera su nombre lo llenaba de vergüenza. Un hombre de bien no anda tenido sexo con extraños -pensaba- pero si sabe quién es, entonces ya no es un extraño –lógica muy objetiva – sin embargo aún quedaba ese pequeño detalle de que se trataba de "un hombre".

Al día siguiente Marin y Aldebarán esperaban a Aioria en el comedor de la universidad algo preocupados.

-¿Que pasó contigo? Te llamé todo el día y no contéstate ninguna de mis llamadas

-Sí, nos tenías preocupados

-Perdón, yo me sentía algo enfermo y apague el celular, pero no es nada de lo que tengan que preocuparse

-¿estás seguro?

-Por supuesto.

Sin embargo, los chicos notaron esos días a Aioria algo ausente y preocupado, así que acordaron invitarlo a un bar, darle unas cuantas copas y hacerlo confesar que era lo que realmente le sucedía

-Ay mi cabeza - se quejaba el castaño

-Vamos, solo son unos cuantos shots –reía Shura mientras Aioria trataba de mantenerse vertical. - ¿Qué te pasa Aioria?, usualmente te puedes empinar varios pomos sin problemas, como es que ahora unos cuantos traguitos se te suben tan rápido.

-Es que no he dormido bien, solo necesito recuperarme, es todo.

-Ya cuéntanos, que es lo que te pasa, desde ese día en la clase no has sido el mismo.

-No es nada, ¿ok?

-Pues entonces no nos dejas otra que hablarle a tu mamá para que venga a verte –sentenció Marin ante la negativa de su amigo

-No, no, no… dejen a mi mamá en paz

-No saldremos de aquí hasta que nos digas toda la verdad –le amenazó Alde

-Ahh –suspiró el ojiverde- ok, algo pasó… algo que no debió haber sucedido.

-Desembucha gato –le apresuro el español

-Ese chico en la clase de Dibujo…

-¿Cual chico? –cuestiono Shura a los demás

-¿Milo?

-¿Se llama Milo?- pregunto Aioria

-Si. El rubio de la clase del cuerpo humano –respondió Marin

-¿Lo conoces? –

-Bueno, no personalmente, pero algunas amigas lo stalkean cañón, está en el equipo de clavados de la universidad. ¿Qué hay con él?

Las miradas de sus tres amigos se fijaron en el griego, quien buscaba las palabras correctas para explicar el motivo de su estrés y como se ligaba con Milo.

-bueno, pues….. él y yo… mmh…. ¡COGIMOS EN EL BAÑO! -tapó su rostro con sus manos para no ver la expresión de sorpresa de sus amigos ante tal revelación.

-¿QUE? –gritaron al unísono los tres acompañantes

A partir de ese día, las bromas y chistes a costillas del pobre Aioria por parte de sus amigos no se hicieron esperar. Sin embargo, debían reconocer que Milo no era cualquier tipo, no señor. Aioria había elegido a unos de los más deseados de la universidad para salir del closet, y su mérito le reconocían.

-¡Al menos tienes buen gusto! -bromeaba Marin con su amigo – Y, ¿No te has checado en caso de que te hubiera contagiado algo? Le preguntó

-Buen punto, ¿Gonorrea? –lanzó el primer disparo Alde

-O Sida jajajaja- contestó Shura.

-Ladillas jajajaja contrarrestó Alde.

-Ya me tienen hasta la madre cabrones, ustedes burlándose de mis desgracia. Que tal que esté en peligro de muerte.

-No te azotes, si te sientes bien no deberías preocuparte, ¿no?

-Pero por si acaso, mejor averigua gatito –le advirtió Alde

-Ahhhh- Aioria no estaba seguro de querer volverle a ver, pero ¿qué tal si en verdad estaba enfermo de algo? era una posibilidad en la que no había pensado.

Un par de días después Marin le consiguió el nombre completo del susodicho y el lugar donde trabajaba después de clases

-No sé Aioria, quizás deberías dejar las cosas así.

-No Marin, necesito asegurarme de que todo está bien y además quiero saber quién es el hombre que recibió mi sagrada semilla.

-¿Tu sag?¿…? ¡ok! Como quieras –comenzó a reírse la pelirroja

Esa tarde, justo al terminar su penúltima clase decidió ir en busca del causante de su angustia y estrés. Definitivamente perdería la última materia, pero ya se ocuparía después de conseguir los apuntes y tareas. Su salud física y mental bien lo valían.

No tardó mucho en llegar a la cafetería donde Marin le había dicho que trabajaba Milo, un lugar muy acogedor y sencillo pero bastante concurrido, pues había un gran grupo de gente esperado por una mesa afuera del pequeño lugar.

Al acercase a la puerta notó a una chica algo preocupada tratando de poner orden entra las personas que iban llegado. Se le notaba la total falta de experiencia en ello, pues los clientes que esperaban estaban ya molestos y reclamado su lugar.

-Disculpa busco a...

-Permítame un momento señor -interrumpió al joven mientras trataba de calmar a los demás clientes que se agolpaban en la puerta.

-¿Señor? - se sorprendió el chico de que lo llamara así- seguro ni me ha visto a la cara - pensó- Yo solo vengo a buscar a...

-Un segundo por favor... ¿lugar para una sola persona?

-¿Eh? bueno yo... si... una persona.

-Muy bien ¿su nombre por favor?, en cuanto haya un lugar lo llamaré.

-Ah, bueno, Aioria Katsaros.

-Muy bien señor Aioria yo lo llamare -anotó la chica su nombre si siquiera mirarle.

Aioria suspiró y se retiró un poco de la puerta a esperar que lo llamaran, nunca pensó que el lugar fuera tan famoso, de hecho nunca lo había escuchado nombrar en los casi dos años y medio que llevaba viviendo ahí.

Mientras esperaba, se acercó a él un hombre mayor pidiéndole fuego.

-oh lo siento señor, no fumo.

-Haces bien jovencito tampoco yo debería, pero toda mi vida fui muy débil para los resistirme a los placeres de la vida. Y por ello ahora vengo aquí cada vez que puedo, sin importar cuanto deba esperar para poder entrar.

-¿Lo dice en serio? ¿Acaso es tan buena la comida?

-Antes era una vasca, pero ahora ¡Es algo de otro mundo! el nuevo cocinero hace magia con los ingredientes. Y como lo bueno nunca dura mucho, aprovechare mientras se pueda.

-Aioria se sorprendió, esa era la razón de porque había tanta gente.

Quizás no había sido buena idea buscar a Milo en la cafetería, después de todo el tema que quería tratar con él era muy íntimo y lo que menos existía en ese lugar era privacidad. Pero ante la tan efusiva recomendación del anciano, ahora estaba más que curioso por probar esos platillos. Al final, el mismo también era muy débil para resistirse a los placeres de la vida

Al cabo de casi una hora escuchó su nombre y de inmediato se acercó a la puerta. La distraída chica de la recepción, lo condujo a una pequeña mesita al fondo del lugar, cerca de la entrada de la cocina. Se notaba que el lugar era improvisado, pero que más daba, para comer hasta parado lo había hecho antes. Entonces se sentó y le joven le pasó una pequeña carta.

No eran muchas las opciones del menú, pero recordando las palabras del viejo, decidió pedir algo al azar.

-Muy bien, entonces un plato de pastitsio ¿y de tomar?

-Una cerveza por favor...¡ahh! y un pay de queso con chocolate también.

-muy bien en un momento se lo traigo.

-Aioria miro a su alrededor y solo pudo ver a otro mesero atendiendo algunas de las apretujadas mesas que conformaban el lugar. Varias de las mesas desentonaban con el resto del mobiliario indicando que habían sido colocadas recientemente para dar entrada más clientes a la vez.

-Quizás Milo ayude en la cocina-pensó- comeré y antes de irme preguntare por él. Después de todo primero está el comer que el ser cristiano-se dijo a sí mismo.

Minutos más tarde, el jovencito que atendía las otras mesas llegó con su orden. El olor era increíble pero cuando lo probó se dio cuenta que los dichos del anciano se habían quedado cortos. La comida era simple y sencillamente deliciosa. Masticó lo más despacio que pudo para saborear cada trozo en su boca. La consistencia, las suaves notas de los condimentos, el sabor. Aioria nunca había probado algo tan delicioso en su vida. Esto superaba incluso a la comida de su madre, así que por unos segundos se olvidó de su misión y se enfocó en su cena.

Mientras estaba terminando su postre, otra joven mesera se acercó a retirar el plato vacío de su pastitsio y preguntó a Aioria si comería algo más.

-Creo que quizás otra rebanada de pay y un latte, ehh, disculpa, me gustaría hablar con Milo Stathopoulos ¿estará muy ocupado?

-La chica lo miro algo sorprendida -ah bueno, supongo que algo, pero deja le pregunto si puede venir.

Aioria siguió comiendo su pay pero se detuvo cuando escucho gritos y reclamos que salían de cocina.

-¿Y que se supone que haga? ¿Me parto en dos o qué?- reclamaba una voz varonil

-Ya pues, pero está muy guapo, después no te quejes si se te va –era la voz de la mesera

Cuando la puerta se abrió salió el rubio ataviado con una filipina, un delantal y con gran cara de fastidio. Milo de inmediato reconoció al joven sentado a un lado de la puerta, quien casi se atraganta con el trozo de pay al verle.

-¡Oh vaya! pero que sorpresa... -lo miró pícaramente- ¿acaso te quedaste con ganas de otro round?

-Aioria se sonrojó, de inmediato soltó la cuchara y se levantó molesto - ¡pero claro que no! Yo solo... yo vine a... bueno... yo necesito hablar contigo.

-¿Hablar? ¿Sobre qué? ¿aquí?. Porque no me buscaste en la universidad, ¿no ves que estoy ocupado? todo Grecia quiere comer en este mugrero.

-Lo siento no pensé que estuviera tan concurrido el lugar, yo creí que este sería un lugar más privado, obvio me equivoque, pero podría esperarte a que termine tu turno. Supongo que no ha de faltar mucho, ¿o sí?

-Como dos horas más. En serio ¿de qué quieres hablar?

-¡Dos horas! Pues de lo que pasó, ¿de que más?

-¡Fue bueno! pero si no te interesa repetirlo, no veo de que más haya que hablar.

-Es importante hablar, creo que mejor te busco mañana en la universidad. A qué hora llegas.

-A las 5:30 de la mañana.

-¿Que? olvídalo te espero… daré un pase por ahí y regreso cuando salgas.

-Como quieras, no olvides dejar buena propina- dicho eso, se regresó a la cocina.

Ya que Milo se retiró, la mesera entregó a Aioria su otra rebanada de pay y su Latte junto con la cuenta - no te preocupes, es algo pesadito pero en el fondo es buena persona y le URGE un Novio-le guiño el ojo mientras se llevaba el plato vacío.

Aioria se quedó mudo, no había entendido la indirecta hasta que fue tarde y compendio que la chica trataba de empatarlo con Milo - ¿he? pero yo no soy... mmh...

Una vez terminada su ración extra de postre, salió del lugar a caminar un rato por los alrededores para hacer tiempo. Prefería eso que levantarse a horas inmorales para hablar con Milo en la mañana.

Un par de horas más tarde regresó y se recargó en una barda de la cafetería a esperar que saliera Milo.

Quedaban ya pocos comensales dentro y los tres meseros limpiaban y recogían las cosas.

Aioria los miraba distraído y no se percató que Milo estaba un lado de él, metiéndole un buen susto.

-¡Caramba!, avisa que casi me da un infarto.

-No es mi culpa que seas tan distraído. Y bien, de que quieres hablar.

- Aioria miro en todas direcciones para asegurarse que nadie escuchaba y una vez que se aseguró de ello, siguió- ¿cómo de qué? de lo que pasó en el baño hace unos días. Milo, no es posible que le des tan poca importancia.

-A ver, ni siquiera sé cómo te llamas.

-Aioria Katsaros... ¿ves de que hablo? tuvimos sexo SIN PROTECCION en un baño y ni siquiera nos conocemos. No sabemos nada el uno del otro.

-Por dios, bájale a tu paranoia, no seremos los primeros ni los últimos que hacen eso.

-Bueno, quizás para ti es algo normal y cotidiano, pero no lo es para mi.

-Vaya, ¿acaso nunca has cogido en una fiesta?

-bueno, sí pero es distinto

-¿Por qué es distinto?

-¡En primera , porque no soy gay!

-¡ahh! es eso...

-Y en segunda... que siempre uso un condón.

- Ya me perdí, entonces ¿te preocupas porque no usamos condón? ¿o porque en lugar de vagina tengo un pito?

La conversación estaba tornándose un poco hostil y Aioria no sabía cómo expresar lo que realmente quería, porque para empezar, el mismo no sabía que era lo que le inquietaba tanto.

¿Acaso Milo tenía razón y su preocupación era que le había gustado coger con él?, con un hombre.

-Milo, yo solo quería, bueno, no sé cómo explicarme - el otro chico lo miraba con expresión asesina, era de su misma altura y quizás hasta de su mismo peso, si le colmaba el plato bien podría darle un puñetazo y fácilmente tirarlo al piso, así que trato de suavizar su tono pues no quería una confrontación- solo entiéndeme, no quería dejar pasar esto así como si nada, necesitaba conocerte y al menos saber quién eres, como te sentías con todo esto, si todo estaba bien contigo.

-¿Bien? ¿a qué te refieres? tenía idea de que ambos la habíamos pasado bomba. A no ser por ese par de tarugos que llegaron a interrumpir. ¿O con bien te refieres a si no tengo algo que pudiera contagiarte?

-Ambos, bueno, si estas sano o si hay algo que deba saber.

Milo comenzó a reír algo molesto -vaya, pues bueno, que yo sepa no tengo ningún problema de salud... que yo sepa, claro que uno nunca sabe tu pareja que haga a tus espaldas.

-ok, yo me haré un examen, pero quizás también estaría bien que tú te hagas uno, ¿no crees?.

-Por favor, el buga paranoico eres tú, yo tengo muchas cosas que hacer.

-Pero un examen no te quita tiempo y son gratuitos.

-Está bien, me haré uno cuando pueda ¿satisfecho?

-¿Cuando?

-¡No sé! ¡Cuando pueda! Aioria o como te llames, tengo que entrenar, estudiar, hacer tareas, trabajar y todavía buscar un lugar donde vivir. Como ves tengo muchas cosas importantes en que pensar como para andarme preocupando por el sida. Además, si estuviera sidoso, tú también lo estas ya, unos días que tardes en saberlo no cambia nada.

A Aioria le molestaba el sarcasmo con que se refería a un tema tan delicado, pero hasta cierto punto tenía razón, quizás debía tranquilizarse y creer en el chico cuando le decía que estaba bueno y sano, después de todo se veía bien...demasiado bien- Está bien, si estas tan ocupado no te voy a presionar, solo prométeme que si te lo harás.

-Está bien, lo haré- se dio la vuelta y comenzó a caminar.

-Espera, en qué edificio tomas tus clases, Para buscarte la próxima vez allá -al ver que no le contestaba, camino de prisa para darle alcance.

-"H"- respondió de mala gana

-¿H? es el de Mercadotecnia? ¿Estudias merca?- Aioria además de ser un muchacho noble era bástate curioso y quería saber más de ese escurridizo chico- Yo estudio Ingeniería en automatización de procesos.

-mmh... bien por ti -siguió caminando sin ponerle atención.

-Al menos podrías detenerte un poco- reclamó

Milo se detuvo y volteo a mirar bástate molesto a Aioria -Son las 11 de la noche, estoy muy cansado después de trabajar como esclavo toda la tarde por un sueldo de miseria que no me alcanza para nada, no me interesa socializar ni conocer bugas ¿ok?

-¿Bugas? -pensó- perdón no creí que tu trabajo fuera tan desgastante, ¿qué es lo que haces en la cafetería?

-Cocino Aioria-le respondió cortante- soy el único puto cocinero en este mundo que ha aceptado trabajar ahí por esa mísera cantidad de dinero.

- ¿Co-cinas?.. ¿tú eres el cocinero? -los pupilas de Airoia se dilataron de inmediato. No podía creer lo que escuchaba, Milo además de ser tan extrañamente atrayente, cocinaba como los dioses, eso lo dejo sin palabras.

-Ok me voy, adiós -Milo siguió su camino dejando a Aioria atrás bástate pensativo.

Al día siguiente Marin acompañaba a Aioria a almorzar.

-¿Entonces pudiste hablar con él?

-bueno si, algo así

-¿Algo así? ¿Estas más tranquilo entonces?

-bueno pues...

Antes de que dijera palabra, su enorme amigo brasileño se sentó a un lado de Marin - ¡Hey chicos! ¿Qué tal su mañana? ¿Aioria cómo fue tu misión? -comenzó a morder un enorme baguette rebosante de toda clase de ingredientes.

-En eso estábamos cuando interrumpiste-respondió en broma Marin

-Ahh pues, no sé... bueno le pregunte si no estaba enfermo de algo y solo me dijo que creía que no, y le hice prometer que se haría un examen.

-jajajaja- se reía Marian -¡no puedo creer que te atrevieras! Seguro no lo tomo muy bien.

-Pues no mucho, pero tenía que hacerlo.

-¿Entonces porque sigues con esa cara de interrogación?

-no sé, he estado pensado -no termino la frase porque su amiga lo interrumpió.

-uy peligro, ¡un hombre "pensado"!-comenzó a reírse.

-¿Qué pues?-respondieron al unísono los caballeros presentes

-jaja, es que no secreto que casi siempre piensan con el amiguito de hombrelandia! jajaja-ambos la miraban serios y tratando de contener la risa- ok, pues cuéntanos, que estuviste "pensando"

-Gracias por la confianza - la miro con falsa indignación- Bueno como saben mis padres me comentaron que buscara un roomie para ayudarme con mis gastos personales -de pronto ambos amigos se quedaron serio pues podían adivinar hacia donde iba la gran idea de Aioria- y justamente Milo me comentó que anda buscando un lugar donde vivir y yo pensé -lo interrumpe de golpe Aldebarán-

-Aguanta gatito, luego porque nos tachan de zoquetes, ¿no estarás pensando en ofrecerle a Milo el cuarto de tu hermano verdad?

-si ¿porque no?-Alde y Marin comenzaron a reír - ¿porque la risa?

-¿Sí, porque la risa díganme que hizo Santo Aioria ahora? -llegó Shura con su charola de almuerzo y sentó junto al antes mencionado.

-Pues casi nada, que nuestro gato quiere llevarse al causante de sus desvelos a vivir con él -seguía riendo el brasileño-

-¡No mames! sí que estas pendejo Aioria, o es que ¿te gustó? dinos la verdad ¿te gustó? ¿te gustó?- Shura se unió al coro de risas- Ya te veo cada noche rezando, Dios mío que no me pase, y si me pasa que no me guste, y si me gusta ¡que no me falte! jajajajaja

-A ver ya, yo no nunca dije que pensara "repetir" la experiencia, ¡gracias! ¡Y eso no me gusta! Soy hetero y me gustan las mujeres, ¿ok? solo lo pienso, porque bueno... sería una opción, y yo necesito un roomie - aunque omitió claro, mencionar que además le gustaba deleitarse la vista mirándolo y que daría lo que fuera por comer todos los días lo que él cocinaba.

-Pero Aioria ¿cómo sabes que no volverás a caer en las maliciosas garras de ese diabólicamente suculento individuo? -recalcaba con sorna Aldebarán- No sé... me parece muy peligroso. Si a mí me gustaran los hombres, ¡no dudaría en cenármelo cada noche! jajajaja

-Ya lo sé Alde, tu apetito es tan feroz, aun me sorprende que no nos hayas comido a nosotros -respondió a la broma de su amigo- Pero a MI, NO ME GUSTAN los hombres, y ya dije que no se va a repetir. Ese día estaba, no sé, confundido, cansado yo que sé. Pero ya estoy consciente, medité mucho sobre eso y recé para obtener más claridad - esa última frase solo consiguió que sus tres acompañantes rieran más.

¿Y fuiste a misa a confesarte con el cura y llevarte una mega-dotación de agua bendita para lavarte tu miembro pecaminoso?

-síganle...

-Pues como quieras, pero después no andes llorado. Mira que Milo es de peligro, con esa carita y ese cuerpo, tuerce a cualquiera -respondió Marin

Esa noche Aioria estuvo pensando en lo que sus amigos entre broma y broma le habían dicho. Se sentía muy seguro de su hombría y no veía en Milo "un riesgo" solo veía a una buena persona que necesitaba ayuda. Su carácter era algo áspero, si, pero después de todo no tenían porque que ser grandes amigos, solo serían roomies y si lograba convencer a Milo de que cocinara para los dos seria genial. Así que al día siguiente Aioria se dirigió al medio día al edificio H a buscar a su futuro compañero de depa.