2.-Despertador

El tiempo pasaba de forma rápida para los humanos, Aziraphale al ser un ángel, no le tomaba demasiada importancia. Al final, él estaría en el mundo por un tiempo indefinido, las ventajas de ser inmortal.

Pero eso no significaba que no tuviese que estar al pendiente del tiempo. Todavía recordaba las veces que no había abierto su librería por estar tan entretenido en sus lecturas que olvidaba ver la hora.

Ya que el ángel, a diferencia de cierto demonio, no dormía. Entonces se encontraba con una enorme cantidad de tiempo libre por las noches, la cual podía dedicar a su pasatiempo favorito. Por ello tenía un pequeño despertador. Era un despertador de cuerda, muy antiguo, hecho de acero con un par de campanitas. También tenía un par de alas de ángel grabadas en el centro y hacia un ruido atroz cuando sonaba. Todas las noches lo programaba antes de sumergirse en la lectura de alguno de sus libros. Cuando el despertador sonaba por las mañanas, dejaba su lectura y se arreglaba para abrir su librería. Sin duda, el despertador era muy útil.

Pero había pasado un detalle por alto: ahora tenía a un demonio durmiendo de forma semi-permanente en su cama. Y el despertador se había convertido en un tema de disputa.

Todo comenzó en una de las muchas veces que el demonio se quedó a dormir en su casa. Ambos terminaron en la cama con el demonio durmiendo plácidamente de un lado y el ángel recostado junto a él, leyendo un libro. El despertador también fue con ellos. Era casi la hora de levantarse cuando el ángel se ausento por unos minutos para buscar otro libro. De regreso a la habitación, vio a un demonio enojado sobre la cama y a su pobre despertador hecho pedazos en el suelo. Al ver al ángel, el gesto del demonio se suavizó y con un chasquido de sus dedos reparó el despertador.

— Lo siento, ángel —dijo tendiéndole el aparato—. Odio los despertadores.

El demonio podía ser muy perezoso y al contrario que él, disfrutaba de levantarse tarde. Por lo cual solía quejarse de su hábito. Así que el ángel no tuvo más remedio que tratar de adelantarse al despertador y apagarlo antes de que sonara. Aunque había veces que no lo lograba. En tales ocasiones, escuchaba los quejidos malhumorados del demonio mientras veía como una melena pelirroja se asomaba por encima de las sábanas. El ángel le sonreía, dándole un beso en la frente para relajarlo y luego de un par de quejas más Crowley regresaba a su sueño.

Por desgracia, el demonio había tomado una especie de aversión hacia el despertador y hacia todo lo posible por deshacerse del reloj. Pero el ángel era más astuto, logrando encontrar todos los lugares donde su demonio escondía el aparato. Aziraphale solía enojarse con el demonio esas veces, pero una salida a su restaurante favorito era capaz de calmar su molestia. Y así habían estado por varias semanas, hasta que un día Crowley llegó corriendo a la librería, con una sonrisa de oreja a oreja mientras sacaba a todos los clientes que se encontraban en aquel momento.

—Ángel, te tengo una sorpresa —anunció entregándole una caja pequeña.

— Oh, querido…— dijo el ángel con un ligero sonrojo, abriéndola— No era necesario que te molestaras… ¿Un reloj? — preguntó confundido— Es muy bonito — dijo observando el patrón de tartán que tenía la correa y que combinaba con la pequeña pantalla que mostraba la hora—, pero yo no necesito uno.

— Pero no es cualquier reloj — le explicó el demonio sonriente—, aparte de dar la hora, también cuenta con una alarma vibratoria. Eso quiere decir que, en vez de hacer ruido, el reloj va a vibrar en tu muñeca cuando se active la alarma. ¡Así ya nunca tendrás que encender ese molesto despertador!

— ¿Así que fue por eso? —murmuró el ángel desilusionado.

— Bueno... en realidad solo tome la oportunidad para darte un detalle —dijo el demonio sonrojado, volteando el reloj para que el ángel observara el grabado que tenía en la parte de atrás, donde se podía ver el grabado de un par de alas y la leyenda Nuestro bando, nuestras reglas —. Supuse que preferirías algo más discreto que un anillo — continuó Crowley, pasando una mano por su cabello con nerviosismo— ¿No te gusto?

— Claro que me encanto, Crowley — exclamó el ángel arrojándose a sus brazos y dándole un suave beso—. Lo usaré siempre.

El tiempo podía pasar muy lento para un ser inmortal como el ángel. Pero sin duda eso no impedía que disfrutara de los pequeños momentos junto a su amado. Y gracias a la alarma silenciosa de su nuevo reloj, podía tomarse unos minutos más para observar como este dormía tranquilamente antes de que tuviese que salir de la cama. Tal vez esa se convertiría en una de sus actividades favoritas.