Capitulo II Y Si me pasa, que no me guste

Caminó un rato por los pasillos, pero no lograba verle, en ese edificio había casi puros alumnos de mercadotecnia o de negocios. Todos vestidos a la moda y demasiado "posers" para su gusto. Eso le llamo la atención, porque si bien Milo tenía buen porte, el trabajar de cocinero y sufrir para sostener una beca le decía que no contaba con muchos recursos. Como sea, de todas formas, se sintió algo intimidado en medio de la "elite" de la universidad y después de varias vueltas pensó en desistir.

De pronto lo vio acercarse al jardín con un cigarro en la boca. Caminó seguro hacia él, captando de inmediato su atención.

-¡Ay no inventes!, ¿otra vez con lo mismo? Yo te dije que iré cuando tenga tiempo.

-No vine a eso. Solo venía a proponerte algo -Milo lo miró serio, ese chico tenía una mirada muy agresiva y penetrante, pero Aioria no se amilanaría por ello- bien, me dijiste que buscabas un lugar para vivir ¿no?

-Sí y ¿qué hay con eso?

-bueno, yo ando buscando un roomie, ¿te interesa?

-¿Qué?-Milo tampoco daba crédito a la proposición del otro.

-Pues eso, si quieres ocupar el cuarto que está vacío en mi departamento -Milo no le respondía, así que Aioria hizo una ademan buscando su respuesta -¿entonces?

-A ver, ¿tú me estas ofreciendo una habitación a mí? ¿Acaso no temes que mi homosexual presencia perturbe su heterosexual santidad? -comenzó a burlarse

-Bien, si no te interesa solo dímelo

-Ok ¿dime cuanto pides?

-¿Cuánto puedes dar?

-¿Como que cuánto? ¿Tu cuanto quieres Aioria? o quieres que te pague con… ¿sexo?

-No claro que no, ¡sexo no! Nadie va a tener sexo, bueno, no entre nosotros. Eso está claro

-Tengo muy poco dinero Aioria, apenas si me alcanza para vivir al día -Aioria lo miró y algo no le hacia sentido, notó que sus ropas eran finas, sus zapatos de marca y el definitivamente era un chico con mucha clase.

- ¿por eso te pregunté cuanto podías dar?

Contrariado Milo respondió. -Muy poco-

-bien, entonces podemos llegar a algún tipo de acuerdo. Podemos fijar una mensualidad de acuerdo con tus posibilidades y el resto puede, no sé, cubrirse de otra forma, como por ejemplo cocinando para los dos, ¿te parece un buen trato?

-¿Quieres que pague mi renta cocinado?-lo miraba incrédulo.

-Si eso dije, algunas otras labores de casa quizás. Si estás de acuerdo... ¡pero no sexo!.

-ok-sonreía burlón-no sexo entonces... me interesa

-Bien, tenemos un trato. Puedes mudarte este fin de semana, dime si necesitas ayuda para mover tus cosas, un amigo tiene una vieja camioneta y podemos meter ahí varias cosas.

Vaya, además de casi regalarle el techo, todavía le ofrecía ayuda para mover sus pertenencias, ese muchacho debía ser demasiado bueno o ¿sería que estaba ocultando? Como fuera, Milo estaba en una situación desesperada y necesitaba encontrar un lugar rápido, ya después averiguaría las verdaderas intenciones de ese chico.

-Te tomo la palabra-anotó en una hoja su dirección y se la dio a Aioria- cáele el sábado en la mañana.

-Muy bien, ahí nos vemos entonces- se despidió amigablemente el castaño y se fue.

Milo lo miró a lo lejos con su habitual desconfianza, pero quizás esta oportunidad era la que esperaba para darle el tiro de gracia a su ex, pues Aioria era bastante guapo y no tardaría en correrse el rumor de que estaba viviendo con él. Su ex sabría de qué madera estaba hecho Milo muy pronto.

Ese fin de semana…

No jodas cabrón, todavía que son tus putas ideas mamonas, nos embarras a nosotros -rezongaba Shura porque Aioria los había citado a las 5 de la mañana en su casa

- Prometí a Milo que le ayudaríamos a moverse y como él se va a entrenar temprano, haremos la mudanza mientras el entrena.

-¿O sea que nosotros vamos a bajar sus cosas al auto, y después subirlas para acá? ¿él no nos va a ayudar?

-No Alde, ¿qué pasa?, somos hombres, que tantos son unas cuantas cajas, no sean nenas.

-¿Perdón? ¿Como que nenas? yo ni me estoy quejando... vayámonos ya, si queremos terminar pronto. ¿Qué tal que tenga muchas cosas? -dijo Marin

Los chicos llegaron al domicilio y para su sorpresa este se encontraba en un barrio muy elegante, Aioria se preguntaba por qué con tan pocos recursos, se había ido a vivir ahí.

Subieron al 3er nivel por el elevador y Milo tenía la puerta abierta. Al entrar vieron algunas cajas y unos pocos muebles ya alineados cerca de la puerta.

-Hey ya llegamos-se anunció Aioria.

Milo salió de la recamara y saludo secamente -hey-

-Ellos son Shura, Marin y Aldebarán que amablemente se ofrecieron a ayudar- los tres saludaron con una sonrisa más que forzada.

-Gracias, lo mío es solo que está ahí a la entrada -los chicos se sorprendieron pues el departamento aún tenía muchos muebles y artículos muy buenos.

-¿Vives con alguien más? -pregunto Alde.

-No, vivo solo, pero el resto de las cosas no me interesan, así que pueden dejarlas ahí

-¿No te lo llevaras?- pregunto nuevamente Aldebarán- ¿quieres decir que vas a dejar los sillones y la smart tv?

-Milo lo miró algo pensativo- ¿te interesan?

-Claro, ¿cuánto pides por ello?

-¿Y por el frigobar, la cafetera y el Blu-ray?-esta vez era Shura quien preguntaba

-ok denme 100 euros por todo, si algo no les agrada, solo tírenlo a la basura.

-Wow-exclamo Marin- Yo quiero esa mesita de sala, el tapete, los cuadros, el microondas y los libros - rápidamente entre los tres juntaron los 100 euros y comenzaron a repartirse lo demás.

Aioria estaba extrañado de ver como Milo mal-barataba sus cosas, si necesitaba dinero ¿porque hacia eso? Cuando Milo pasó a su lado para despedirse, Aioria lo detuvo.

-¿Estás seguro que no deseas conservar nada de eso?

-Milo lo miro apático- Esas cosas no son mías y a tus amigos les servirán más que al basurero, además es en pago por la ayuda.

-bueno, pues como quieras. Toma, está es la dirección de mi departamento, aunque te diré que no es tan bonito como este.

-Si tiene 4 paredes y un techo es suficiente para mí -tomo el papel con la dirección y se retiró.

-vaya, ya no los escucho quejándose por cargar cosas tan temprano.

-No manches hermano, así si costea- respondió el español- Sí que es raro este Milo.

-Pues escuché a una amiga decir que es el mejor clavadista que ha tenido la universidad, ha sacado calificaciones dignas de olimpiada-anotó Marin

-Con razón tiene que entrenar a diario

-Además creo que debe sostener una beca-comentó Aioria

-Pero esta raro, estas cosas son muy acaras y están casi nuevas, ¿porque las casi regala si no le alcanza el dinero? -pregunto el mayor de los amigos curioso.

Aioria solo se encogió de hombros, no iba a meterse a detalles de la vida de su nuevo inquilino, después de todo no era asunto suyo su vida privada.

Al cabo de un rato la vieja camioneta de Shura estaba reventar de cosas

-Híjole, tendremos que dar mínimo unos tres viajes

-Ni que los digas Shura -respondió Alde- yo creo que lo mejor será dejar para el final lo tuyo, así ya te vas a tu casa con el ultimo cargamento

-Pues sí, vayamos pues a dejar primero las cosas de Milo a casa de Aioria

-Sí, yo los espero aquí, acercare más cosas a la puerta para el siguiente viaje y le daré una barridita al lugar

-Perfecto Marin, vámonos chicos.

Y así poco a poco el lugar fue quedando vacío y los cuatro amigos se retiraron.

Una vez en su departamento, Aioria recapacitó un poco en lo que se estaba metiendo, no sabía mucho de Milo, solo que era deportista, algo agresivo en su trato y que le gustaba coger con hombres que no conocía, pero algo dentro de él le decía que debía confiar y así lo haría.

Por la tarde Milo llegó al departamento de Aioria y este lo recibió con toda la amabilidad y cortesía que siempre lo han caracterizado.

-Pasa, mira esta es una copia de la llave- le entregó un llavero- está es la habitación que antes usaba mi hermano. El terminó su carrera el semestre pasado así que ahora vivo solo. Como ya te habrás dado cuenta, la universidad está muy cerca de aquí, así que caminado no haces más de quince minutos.

-Ok- tomó el llavero- gracias por traer mis cosas, creo que comenzare por acomodarlas.

-Claro, si quieres te ayudo- ambos joven comenzaron a sacar las cosas de las pocas cajas y a acomodar los muebles en el departamento y la nueva habitación de Milo.

Una vez que terminaron, se sentaron en la cocina a tomar una cerveza- Mañana puedo hacer una pequeña despensa en lo que nos ponemos de acuerdo en la lista definitiva. Puedes invitar amigos siempre y cuando no traigan drogas, mis padres me matarían si se enteran de que alguien consumió drogas en la casa y el intendente del edificio es muy chismoso. Si quieres invitar a tu novio no tengo bronca solo avísame para, ya sabes, no interrumpir. Igual yo lo haré.

Cuando vengan mis padres de visita, mejor no invitar a nadie hasta que se vayan.

-No tengo

-¿Eh?

-Novio, no tengo novio y puedo asumir que tú tampoco tienes novia

-Bueno, no por ahora, estoy estudiando y no tengo tiempo para una chica, prefiero relaciones abiertas por el momento, es lo más sano. ¡Pero me gustan las mujeres!

-oh si claro, no te lo discuto.

-¿Y tú?

-No, a mí no me gustan.

-Me refiero a si estas en busca de una pareja

Milo suspiró- No, tenía un novio pero me resultó puto el cabrón, así que estoy mejor solo -la expresión antes calmada en el rostro de Milo se tornó dura y agresiva en un segundo.

-Entonces ¿eran suyas las cosas que estaban en tu departamento?

-si...

-¿y no crees que quiera recuperar sus cosas?

-Pues si las quiere que se las busque en el culo el idiota

A Aioria le sorprendió el altísimo nivel de hostilidad de Milo hacia su ex -¿Y qué pasó?

-Me dejó… un día regresé de la escuela y ya me esperaba con la maleta hecha solo para decirme que las cosas no estaban funcionando y que lo mejor era darnos un tiempo para pensarlo bien... y después de eso se largó

-¿Entonces él te ayudaba con el pago del lugar?

-No Aioria, el pagaba el departamento. Cuando el imbécil se largó, le valió madre el que yo no tuviera dinero para seguir pagando la mierda esa que el mismo había elegido.

-Vaya, eso fue muy descortés de su parte

-Descortés? ja... es un puto traidor

-¿Pero y tus padres? no pueden apoyarte con algo?

-Con mis padres no cuento, mi padre no quiere saber nada de mi porque no quiere un gay en su familia y mi madre es una pobre mujer inútil que solo sabe obedecer a su marido.

Aioria no supo que más decir, definitivamente Milo la tenía difícil. Quizás esa era la razón de su carácter tan agresivo. Ambos tenían la misma edad, sin embargo, Aioria sabía que contaba con el apoyo y amor incondicional de su familia, su única preocupación era obtener buenas notas y divertirse. En cambio ese otro chico debía esforzarse día con día por proveerse un techo, el sustento y además sus estudios. Debía ser muy triste que todas las personas que se supone debían apoyarte te abandonen y te dejen a la deriva a una edad donde eres tan vulnerable.

-Lamento escuchar eso -lo dijo sinceramente- supongo que a veces las cosas se pueden ver complicadas, pero cuando llega su tiempo, comienzan a mejorar.

-Mmh, no creo que las cosas vuelvan a ser como antes

-Quizás pueden ser mejor

-¿Que eres? predicador o promotor de cursos baratos de superación personal -se rio mientras abría otra cerveza.

-Bueno, por un tiempo fui consejero juvenil en la iglesia.

-¿Ah sí? ¿y qué sigue? ¿Me vas a exorcizar para sacarme al diablo? jajaja o ¿nos pondremos a rezar por el perdón de mi alma?

-Ya pues, aunque viéndolo bien ¿quizás no te vendría mal un baño con agua vendita eh?-comenzó a reírse también

-Ja! no me digas! ¿También eres de los que creen que la homosexualidad se cura rezando?

-No pero la oración nunca está de más -exclamo seguro de si el ojiverde.

-Ándate con cuidado , no te vayas a contagiar -sonrió pícaro- bueno, me voy con mi diabólica persona a otro lugar.

- ¿A dónde iras? ¿Regresaras tarde?

-¿Que? ¿también tienes complejo de madre sobreprotectora?

-Claro que no, has lo que quieras, solo quería ser amable - lo cierto es que ni el mismo Aioria entendía porque le había preguntado eso , quizás si se sentía un poco protector con él después de saber su situación- ya vete pues..

-Ok mamá, no regresaré tarde porque mañana debo ir temprano a entrenar.

-¿También en domingo? Órale...

-Debo cuidar mi beca

-Va que va, vete con cuidado, digo, vete como quieras...

-jajaja si mamá -cerró de golpe la puerta

Aioria sonrió satisfecho, sentía que había hecho bien en invitar a Milo a vivir con él, cualquier duda que tenía sobre su calidad moral, se estaba disipando poco a poco. Si bien él era muy conservador, no era en absoluto homofóbico y sabía que no tendría problemas con ese joven de lindos ojos color turquesa, en tanto ese salvaje deseo de poseerlo que se había apoderado de él unos días atrás no se repitiera.

Y todo parecía ir viento en popa los primeros días. La comida que dejaba preparada Milo tenia a Aioria fascinado y por la diferencia en sus horarios, casi no coincidían en casa, más que ya muy noche, pero Aioria se escurría temprano a su recamara para evitar cualquier "tentación" o se escapaba a cualquier fiesta para distraerse con sus amigos y conocer chicas.

Milo comenzó a adoptar otras actividades de la casa, como la limpieza de la misma, esto también tenía a Aioria encantado, aunque Milo protestara y le dejara todos los días notas regañativas por sucio y descuidado.

Con lo que Aioria no contaba, era con los fines de semana, al principio Milo se iba de juerga desde el viernes, pero conforme avanzaba el semestre y los trabajos escolares y los exámenes aumentaban su dificultad, decidió quedarse en casa a estudiar y eso era algo que Aioria no podía evitar. Así que planeó contrarrestar cualquier tentación invitando a sus amigos a estudiar a su casa también y poder distraerse con ellos y evitar quedarse solo con Milo por tantas horas.

Sin embargo, la atracción que sentía por él era a veces difícil de controlar, era tan ingenuo como como querer tapar el sol con un dedo. Ese leve cosquilleo en su miembro cada vez que Milo se acercaba, igual que el desproporcionado latido de su corazón le indicaban a Aioria que estaba en peligro inminente y que tarde o temprano sus esfuerzos por controlarse fracasarían... y así fue.

-¿Aioria estas bien? Te ves algo... agitado -pregunto Milo con genuina preocupación

Aioria se mojaba la cara con agua fría en el pretil de la cocina mientras evitaba mirara a los ojos al otro -estoy bien, creo que solo necesito descansar un poco- dejó la cocina y se dirigió a su habitación.

-Ok, avísame si necesitas algo -a Milo le pareció extraño, pero siguió en lo suyo hasta que, cansado de leer y hacer anotaciones, decidió dejar los estudios por esa noche y retirarse a descansar. Ya que estaba a punto de meterse a la cama, notó que había olvidado llevar su vaso con agua, siempre tomaba agua antes de dormir y aunque estaba ya en paños menores, salió a la cocina a servirse un poco de agua. Sin embargo al girarse para regresar a su habitación se topó con un Aioria bastante agitado, con los ojos rojos y sudando a chorros.

-¡Puta madre! no te escuche salir, me acabas de pegar un susto de muerte. Pero mírate nada más, pareces un zombie

-Quizá porque no he dormido bien los últimos días -respondió algo jadeante

-¿Y eso? ¿Has ido al médico? te ves muy mal. ¿Tienes fiebre?

-Fui a la enfermería, incluso he orado cada noche, pero nada me ha ayudado

-Los rezos no siempre son efectivos... ¿hay algo que pueda hacer por ti?

-¿Quizas?

-claro, dime

-Que tal si … -el castaño acortó la poca distancia que aún quedaba entre ellos hasta quedar literalmente pegado a Milo. Sintió la enorme erección de Aioria que no dejaba duda sobre lo que realmente necesitaba.

-¡Oh vaya! pero tu dijiste que... -Ok, olvídalo - Milo dejó el vaso en el pretil y no tardó ni un segundo en corresponder con pasión al desesperado Aioria que clamaba nuevamente por atención.

Unas horas después, uno de los chicos dormía plácidamente satisfecho y exhausto por lo acontecido esa noche, mientras el otro no lograba conciliar el sueño angustiado por sentirse extrañamente feliz y satisfecho.

-¿Aioria estas bien? -Marin preguntó preocupada a su amigo que caminaba como autómata por los pasillos -apenas si dijiste una palabra en clase hoy- y eso era mucho decir, ya que siempre suele ser el más participativo del salón- hasta el maestro se notaba preocupado

-No es nada

-¿Nada? pero si te comportas como un fantasma, ¿están bien tus padres? ¿Aioros?

-Ellos están bien, no es por ahí…

-Ajá, entonces si pasa algo, vamos dime

-es que...

-vamos suéltalo

-Ahh… ok, sucedió de nuevo -dijo con voz angustiosa.

- ¿Qué cosa? ¿De qué hablas? ¿Qué sucedió de nuevo?

-Milo y yo...

-¡Ah! vaya... ven vamos a otro lugar -jaló a su amigo hacia la parte trasera del edificio donde nadie los pudiera escuchar y se sentaron detrás de uno de los arbustos -Aioria, recuerdas que te lo advertimos ¿ verdad?.

-Marin, no necesito regaños ahorita. Pienso que esta debe ser un aprueba

-¿Prueba? ¿Prueba de que? -de tus estúpida inocencia pensó la pelirroja.

-De Dios

-¿Que? Deja a Dios en paz

-No, no, debe serlo, Dios puso a Milo en mi vida para probarme y que yo venza la tentación de Satanás

-¿Aioria estas drogado?

-¡Por supuesto que no! Fui criado con valores y temor de Dios, sin embargo cuando estoy con Milo mi capacidad de pensar y razonar se nubla, solo el deseo me invade.

-¿Y eso que? eres hombre, ¡los hombres solo piensan en sexo! no es novedad -Aioria la miró indignado- Ay si mira, las cosas por su nombre-continuo la chica- tú mismo brindabas a principios del semestre por que a partir de ese día tu departamento viera mucho sexo, bien, ahí lo tienes y debe ser muy bueno para que a pesar de tus mocherias sigas clavado con Milo, literal.

-Pe-pe pero no es lo mismo, yo -yo pedí sexo con chicas no con hombres.

-Y cuales la diferencia

-¿Como que cual?

-¿Acaso nos es bueno el sexo con Milo ? Dime , júrame que es mejor el sexo con las chicas que el que tienes con él..

-ahh.. bueno... yo... este...

-Ya ves, te gusta, debe ser MUY BUENO por lo que puedo interpretar

-pero...

-Déjame terminar de hablar Aioria-cuando Marin se lo proponía, podía llegar a ser muy dominante- ¿Qué es lo que realmente quieres? dime ¿qué es lo que te preocupa? pediste sexo y lo obtuviste.

-Pues lo que todo hombre desea, que mas

-A ver ilústrame, que es lo que todo hombre desea.

-No sé, terminar mi carrera, obtener un buen trabajo, un buen auto, tener mucho sexo con mujeres guapas y después quizás, buscar una chica recatada, casta y de buena costumbres para que sea la madre de mis hijos.

-Válgame ¿pero en qué siglo vives?

-¿Por qué? ¿Qué tiene de malo?

-¡Aioria eres un cavernícola!

-¿Que? ¿por qué?

-Como sea, si lo que quieres ahora es solo sexo y más sexo mientras llega la virgen María para darte hijos ¿pues qué más da si es hombre o mujer? al final es solo sexo con personas muy atractivas y en definitiva Milo lo es, es más, hay decenas de chicas y chicos que acuden a los entrenamientos cada día solo para mírale en traje de baño.

-¿cómo que a mirarle? no deberían dejarlos entrar, tendré que ir a ver ...

-Aioria, que importa si lo ven

-¿Como que qué importa?

-Aich, olvídalo ¡eres un bruto! -Aioria no escuchó eso último pues estaba algo perturbado con la idea de que otros estudiantes se deleitaran con el cuerpo de su roomie.

Esa tarde Aioria regresó a su departamento y se extrañó de ver ahí a Milo. Sentía algo de vergüenza de enfrentarlo después de lo que había sucedido la noche anterior, pero no iba a pasársela evitándolo, si satán insistía en tentarlo, él le haría frente con la fuerza de Dios de su lado, así que entró y saludó como si nada.

-hey - Milo lo miró con una tremenda sonrisa en la boca

-mmh.-gruño de coraje- ¿porque no estás en el trabajo?

-porque no abrieron hoy, es cumpleaños de la dueña y nos dio el día -sonrió.

-Lo estas disfrutando verdad -murmuró- pequeño incubo del mal

-¿Dijiste algo?

Entonces se giró y lo retó enérgicamente- Teníamos una regla Milo –increpó a su compañero- una regla que rompiste.

-¿Yo la rompí? ¿yo?

-Si, tú

-Pero si yo no hice nada, solo salí por un vaso con agua, quien literalmente me atacó fuiste tú -se empezó a reír.

-¿Atacarte? Pues no te vi defenderte ni resistirte

-Pues no, ¿porque lo haría? -respondió con el mayor cinismo –me gusta que me la metan salvajemente y sin lubricar –seguía riendo

-Eres el diablo en persona Milo –respondió tajante

-Tú que no puedes controlar tus impulsos closeteros Aioria

-Pero esto no se debe repetir, nuestra sana convivencia y así como la salvación de nuestras almas dependen de ello. Iré a mi habitación a leer la biblia y tú medita muy bien sobre tus acciones Milo -este lo miraba tratando de disimular la risa que le daba la actitud de Aioria.

-Ok

Cuando Aioria estaba a punto de cerrar la puerta de su habitación Milo le preguntó – Por cierto, ¿no vas a comer? la comida ya está lista

Palabras mágicas para el glotón de Aioria

- Bueno, la biblia puede esperar. Tengo mucha hambre- respondió y regresó al pequeño comedor de la cocina y se sentó a esperar que el otro le sirviera.

Milo lo observaba algo molesto- ¿Qué? ¿No me vas a servir? -cuestiono el ojiverde

-¿Pero qué flojo eres Aioria? ¡Sírvete tú!, ya que me tomé el trabajo de hacerte la comida, al menos tu sírvetela

-Pero que poca actitud de servicio tienes bicho greñudo, a Dios no creo que le gusten esas actitudes. Además ya estás de pie y más cerca de la estufa que yo, ¿qué trabajo te cuesta? -el rostro de niño inocente de Aioria acababa siempre por doblegar al pobre Milo.

Ambos chicos comieron sin pelear excepto por el momento en que Aioria quiso repetir plato y Milo se negó a pararse a servirle de nuevo. Después de eso, se sentaron a ver un rato la televisión y el tema de la noche anterior quedo en el olvido, al menos por un par de días, porque al tercer día

-¿Qué haces a esta hora arañita? -cuestionó Aioria a Milo que estaba picando champiñones y tomates a las 11 de la noche.

-Mañana no tendré tiempo de venir a preparar nada, así que dejare la comida hecha desde hoy -Milo se había tomado muy en serio su responsabilidad de cocinar como medio de contribuir a la casa.

En la estufa tenía un sartén con cebollas y algunos condimentos friéndose y en otra hornilla una olla con trozos de carne cociéndose. Aioria lo miraba embelesado, aunque para cualquiera no era más que la imagen de una persona X cocinado, para Aioria era algo sumamente excitante.

Milo seguía muy enfocado en incorporar los ingredientes recién picados al sartén hasta que de pronto, la cercanía del cuerpo de Aioria al pegarse a su retaguardia lo detuvo. Milo apagó el fuego en las hornillas y de inmediato correspondió a los deseos de su ardiente roomie, de nuevo. Ya sabía que al día siguiente haría un drama como de costumbre, pero que importaba, coger con ese guapo joven era algo a lo que podría fácilmente acostumbrarse.

Al día siguiente:

-¿Otra vez esa cara? Déjame adivinar, sucedió de nuevo

-Me rindo Marin, el demonio ha ganado... Milo es un incubo que me seduce sin piedad y al que no puedo resistirme.

-¡No te azotes amigo! solo es sexo, divierte, disfrútalo, atáscate mientras hay -reía divertida ante la desgracia moral de su amigo.

-¿Y qué tal si siempre he sido gay y no me había dado cuenta?

-Aioria por el amor de Dios, no te angusties por esas tonterías -sin que Aioria se diera cuenta, la chica desabotonó su blusa dejando entre ver sus redondos senos -¿Aioria? -llamó a su amigo para captar su atención.

De inmediato los ojos del castaño se dirigieron se clavaron en los pechos de la pelirroja quien respondió a su lujuriosa mirada con un fuerte pellizco en las costillas- ¡Auch! ¿Pero qué te pasa?

- Eso te ganas por mirón

-¿Yo? Pero si fuiste tú quien se desabotono la blusa ¿estás loca?

-No, no estoy loca... no se, no creo seas gay. A un chico gay le habría valido un rábano si estaba desnuda -mientras Marin abotonaba nuevamente su blusa llegó Aldebarán.

-hey chicos-al ver la escena se sonrojó levemente-perdón, ¿interrumpo algo?

-No, nada, aquí yo que estoy tratando de rescatar la heterosexualidad de Aioria

-jajaja ¿qué pasó amiguito? ¿De nuevo ese Milito te sigue haciendo agua la canoa?

-Nah, mi heterosexualidad ya la di por perdida, no hay, no existe - se recostó en el pasto con la mirada perdida en el cielo.

-Quizás solo eres heterocurioso- comentó el gigante brasileño

-O bisexual, no sería novedad, la mayoría de la gente en algún momento de su vida lo es- Marin intentaba consolarlo.

-Y que tal esa nueva palabrita ¿cómo es? esa de que no importa el género sino lo sentimientos y la belleza física- preguntaba Alde a su amiga.

-¿Pansexual?

-¿Que? ¿Es algo que se come?

-No tonto, es una definición que bien podría aplicársete, porque quizás no solo es el sexo lo que te atrae, quizás haya algo más profundo.

-¿Como la comida? -respondió el castaño

-¿Que?

-Es que cuando estoy con Milo solo puedo pensar en dos cosas, en comer y en tener sexo

-Típico macho neandertal jajajaja - Se burlaba Marin

-Ay si tú, señorita evolución... es que cocina tan delicioso, así como transportarse al paraíso con cada bocad… esperen - se quedó dubitativo por un segundo- ¿Qué tal si esto es parte del plan de Dios?

-¡Por favor ya deja a Dios en paz!

-Sí, las cosas tienen más sentido ahora. Dios me puso en la vida de Milo para rescatarlo del mal camino.

-¿Cómo?, ¿acaso piensas volver a Milo straight cogiendo con él? no quiero romper el encanto pero creo que no va por ahí ¿eh? jajajaja

-¡No! me refiero a su comportamiento, su vida antes de mí. Milo estaba con alguien que no le convenía y llevaba una vida disipada, sin seguridad económica ni moral, completamente alejada de la palabra de Dios.

-Houston, ¡lo perdimos! jajajaja

-Ay ya dejen de burlarse, estoy hablando en serio. Creo que esa es mi misión, evitar que el alma de Milo se pierda en la inmundicia del pecado de la carne- Los dos amigos de Aioria solo se miraban a los ojos, sabían que estaba de más decirle algo, ya que era tan necio que las palabras le entraban por un oído y le salían por el otro. Pero al final era su amigo y lo querían y aceptaban con todas sus rarezas.

-Bien, pues no se diga más, adelante amigo, ve y salva a esa pobre alma descarriada -lo animó entre bromas el brasileño

-Amén hermano -remató Marin.

-No sé por qué no los siento sinceros, pero no importan, mi trabajo pastoral me espera

-Y dinos, ese trabajo pastoral ¿incluye más sexo con el incubo ese?

-Quizás, no sé, pero si es necesario...

-Mira que conveniente jajajaja

-Los caminos de Dios son misteriosos Alde -dijo muy serio

Los dos amigos trataban de contener en vano la risa -Que la fuerza te acompañe amigo- dijo Alde

-Repite Aioria,¡the power of God compels you!, ¡the power of God compels you! jajajaja

- ja. ja mucha risa -tomó su mochila y se fue a su casa a armar su plan de salvación de almas.

Esa noche Aioria esperó a Milo para tantear un poco el terreno. Estaba convencido de su misión divina, pero aun había muchas cosas del pasado de Milo que no sabía.

-Y eso que estas despierto ¿acaso me estabas esperando? -Preguntó Milo al entrar y ver a Aioria sentado en la salita.

-No, solo estaba terminando unas tareas. Gracias por la comida, estuvo muy rica... como siempre, solo que, se acabó muy rápido

-Aioria, era para dos días, no mames.

-¿Como para dos días? ¿acaso me quieres matar de hambre?

-Más bien tragas como si no hubiera un mañana, por eso estas gordo

-Mira incubo, no estoy gordo, soy joven, atlético y guapo... necesito alimentarme bien

-¿Que tiene que ver el estar guapo con comer como descocido?.

-¿Me estás diciendo que no soy guapo, sensual y atractivo?

-¡Dije todo lo contrario burro!, porque nada tiene que ver tu atractivo con tu estomago sin fondo

-Entonces... ¿en verdad crees que soy guapo?

De pronto Milo se puso colorado, no quería aceptar que Aioria le encantaba, pero esta vez sentía acorralado. No había querido abrirse a nadie más después de la experiencia con su ex, pero le resultaba sumamente difícil resistirse al angelical encanto del ojiverde.

-Pues yo, bueno... mmh.. ..quizás ... un poco

La charla planeada por Aioria no pudo concretarse, porque después de la revelación que Milo le hiciese, los impulsos de ambos los llevaron a donde siempre terminaban llevándolos, a la cama. Pero la inquietud del chico no pararía ahí y al día siguiente se propuso acompañar a su joven amante al entrenamiento.

-¿Aioria, qué haces aquí? -preguntó sorprendido al verlo llegar a las instalaciones donde practicaba cada mañana

-Nada especial, solo andaba por aquí y decidí venir a ver cómo iban los entrenamientos

-¿caminabas por aquí a las 6 de la mañana?

-venía a la biblioteca

-Abre a las 8

-Pero yo traigo el libro

-¿Entonces porque no lo leíste en casa?

-bueno, ¡pero qué carajo! vine porque se me dio mi puta gana ¿ya?

-Ok , está bien, como quieras -Milo escuchó el silbato del entrenador llamando a cambio y comenzó a quitarse la bata que traía para prepararse a su turno

-¿Pero qué?-exclamo Aiora molesto- ¿no vas a salir así, verdad? -sujetó a Milo de la muñeca para detener su camino

-¿Porque no?

-Es muy pequeño

-¿Que es muy pequeño?

-Ese traje de baño, no cubre casi nada

-Por favor, es un traje reglamentario, todos los competidores de natación y clavados lo usan

-Pues creo que es bastante inmoral

-No mames Aioria tus usas tangas más pequeñas e inmorales, además de ridículas y no te digo nada

- ¡No son ridículas! y además es distinto, nadie las ve

-Yo las he visto y todavía estoy intentando olvidarlas

-Bueno tú, pero yo no me ando mostrando así en público para despertar los bajos instintos de los demás

-¿Como los tuyos en la clase de dibujo eh?

-Mira araña peluda, de eso mismo hablo. Hasta alguien tan correcto y casto como yo sucumbe al pecado ante algo así.

-Ay ya bájele, si no te gusta no me veas- se soltó del agarre y se dirigió a la piscina

A Aioria no le quedó más que irse a las gradas a ver como transcurrían los entrenamientos. Marin le había dicho que Milo era el mejor de la universidad, pero la verdad es que no tenía ni idea de que era lo que calificaban. Así que se sentó junto a una chica que no quitaba los ojos de su roomie. Esto al principio incomodó un poco a Aioria, pero intento fingir para hacer platica. La chica en cuanto sintió cerca al castaño sonrió nerviosa pues la sonrisa, aunque fingida del joven lo hacía verse muy atractivo y varonil.

-¡perfecto! –Exclamó la chica después de que Milo ejecutara su primer clavado de la mañana.

-¿Vienes seguido a ver los entrenamientos? -preguntó curioso

-Sí, me encanta el deporte, pero la verdad lo que me levanta en las mañanas es ver a Milo.

-¿Entonces lo conoces?

-No en persona, pero lo sigo en face, en instagram y aquí en la universidad.

-Por ahí dicen que no le gustan las mujeres-comento otra chica que estaba a un lado de ellos- pero a quien le importa, ¡ esta taaaan guapo!

-Dicen que salía con un estudiante de arquitectura - comentó otra más de las que estaban ahí sentadas.

-¿En serio? ¿con quién? Cuenta –preguntó otra más mientras Aioria escuchaba atentamente

-Si, con un chico muy guapo, creo que es francés, no sé cómo se llame-respondió otra

-wow y alguien tendrá fotos de ellos? Quiero shippearlos jajaja

Aioria comenzó a sentirse fuera de lugar y algo molesto con los comentarios de las jovencitas

-Ay disculpa, ya te inundamos de chisme de mujeres... ¿Y tú tienes novia?

-¿Yo? ah si, si.. tengo novia y la quiero mucho.

-Awww, que afortunada

Mientras Aioria escuchaba los halagos de las chicas para cada clavado que Milo ejecutaba, un par de ojos azules también tenían su ojos fijos en el joven deportista griego, unos ojos que le venían siguiendo desde hacía ya tiempo y que no habían pasado por alto la conversación y cercanía que Milo y Aioria habían tenido unos minutos antes.

Con el pasar de los días, las visitas inesperadas de Aioria a los entrenamientos comenzaron a hacerse más frecuentes, Milo sabía que para su roomie era un enorme sacrificio levantarse a esa hora y no entendía muy bien porque lo hacía. Sin embargo, le daba una extraña sensación de alegría verlo ahí. Tanto que comenzó a pasar por alto los diarios reclamos del castaño por el tamaño de su traje de baño.

En general la vida de Milo estaba dando un cambio muy drástico. Su tan característico mal humor y su ruda forma de responder se estaban suavizando. Sus amigos no sabían la razón, pero sospechaban que su nuevo roomie tenía mucho que ver, así que no tardaron en comenzar a esparcirse los rumores sobre una posible relación entre ellos. Rumores que, por supuesto llegaron a los oídos de cierta persona, a quien no parecían hacerle la más mínima gracia.

Pero para Milo y Aioria, la situación seguía en el aire, un día fornicaban con lujuria y pasión para al día siguiente fingirse como si no hubiese pasado nada, y entonces al día siguiente volver a dejarse llevar por sus más salvajes pasiones para al día siguiente olvidarlo y así consecutivamente.

Hasta que un día, cuando Milo regresó de la escuela para preparar la comida de Aioria, encontró una carta pegada con imanes de ositos en la puerta del refrigerador. Estaba dirigida a él y le extrañó que Aioria hubiera dejado una carta así, pues cuando algo le inquieta, nunca se calla y suele decirle las cosas de frente.

Tomó la hoja y comenzó a leerla. Mientras leía su contenido, un vacío enorme en su estómago se comenzaba a formar y una angustiante sensación lo invadía.

Milo,

Esto no puede continuar. Sabes al igual que yo que está mal y debemos poner un alto antes de que nos hagamos daño.

Voy a la iglesia a orar y buscar un poco de claridad en la presencia de Dios, para hacer lo que es correcto para el bien de los dos.

Regreso más tarde para que hablemos.

Aioria.

Milo sabía que había estado jugando con fuego al relacionarse con Aioria y sus ideas ultra conservadoras, pero pensaba que finalmente el chico había entendido que la vida era para disfrutarse y no para limitarse en nombre de Dios. Sin embargo, la nota parecía indicar todo lo contrario, era muy clara, Aioria no estaba dispuesto a seguir. Y si bien la idea de tener que buscar otro lugar para vivir le preocupaba, lo que más taladraba su corazón era la idea de ya no tener a Aioria cerca. ¿Era acaso que se había vuelto a enamorar? ¿Cómo había sucedido? ¿Si tan solo era sexo? o al menos eso es lo que él creía.

Como una maldición, sin darse cuenta había entregado nuevamente su amor a alguien que planeaba abandonarlo. ¿Sera que había algo malo en él? . Tantas cosas comenzaron a rondar la cabeza del joven, que en un momento se sentía tan abrumado y desesperado que tuvo que correr al baño a vomitar. Después regresó a su habitación y comenzó sacar su ropa, sería bueno tener todo listo para cuando Aioria le pidiera que se fuera de la casa, pues no podía permitirse el lujo de mostrar la pena que esto le causaba, no frente a él.

Mientras sacaba sus cosas de los cajones, sonó su alarma para avisarle que debía alistarse para el trabajo, pero estaba tan abrumado que optó por reportarse enfermo, poniendo a sus compañeros en el predicamento de tener encontrar un cocinero de última hora. Ya que terminó de guardar sus cosas en la maleta se dirigió a la cocina para preparar la última comida que haría para Aioria. Se dio cuenta de lo mucho que disfrutaba de preparar los alimentos para él, de verle devorarlos y servirse doble o hasta triple plato. Parecía increíble pero cosas tan estúpidas como esa o como recoger las toallas que dejaba regadas por el baño, o sacar y doblar su ropa del centro de lavado se habían convertido una rutina encantadora que, ahora, le dolía creer que llegaría a su fin.

Cuando la comida estuvo lista, se sentó en la salita a esperar que Aioria llegara para enfrentar de una buena vez lo inevitable, miraba fijamente el reloj en su celular hasta que el sonido del cerrojo lo trajo de nuevo a la realidad.

-Oh, ¿no has ido a trabajar?

-Mmh Es que... ando algo indispuesto y no es buena idea manipular alimentos así.

-Si claro, pero, ¿todo bien?

-Si

-Bien, ¿viste mi nota?

-Si, la vi. Dime que quieres hablar.

-Bien -daba vueltas como león enjaulado alrededor de la salita- bueno yo, pues, necesitaba un poco de claridad para decirte esto Milo.

-Ok, suéltalo

-Esto no puede seguir así, ¡está mal! Lo sabes, ¿verdad? Dios nos mira y seguramente se siente avergonzado de nuestro comportamiento...

Milo lo observaba, cuando Aioria sacaba a Dios a la conversación, sabía que no tenía mucha oportunidad de rebatir lo que dijera y veía claramente hacia donde iba la conversación.

-Ok

-Mis padres mi inculcaron valores muy firmes, valores en lo que yo creo y con los que me quiero seguir manteniendo. Y esta situación, simplemente no tiene cabida en la vida que yo planee para mí, la que hará felices a mi padres y a Dios.

-bien...

-¿Milo? -se sentó a un lado de él- quiero pedirte que... -la pausa que Aioria hizo le pareció eterna al menor de los chicos- ¿quieres ser mi novio?

-¿QUE? -Milo por un momento pensó que había escuchado mal y se quedó congelado por unos segundos repasando las palabras de Aioria.

-¿Que si quieres ser mi novio?

-Tu... ¿Qué?

-¡MI NOVIO CARAJO!

-¿ah?

-Milo, por Dios entiende, fornicar es pecado cuando no se hace con amor y responsabilidad ante los ojos de Dios.

-¿Oh si? ¿Eso es lo que me querías decir?

-Si. Yo te quiero y deseo que formalicemos YA, quiero que mis padres te conozcan, quiero ponerme una camiseta que diga "Soy el novio de este alacrán ponzoñoso y nalgón", quiero que gravemos juntos el mensaje de nuestro buzón, quiero poner en mi Facebook "en una relación con". Es lo que hace la gente de bien.

-Pero si tú ni tienes Facebook -Milo seguía en shock

-Te equivocas, ayer abrí una cuenta y ya tengo 720 amigos ¿tú crees?

-¿De dónde... sacaste 720 amigos?

-No sé, no los conozco... ¿entonces? ¿Me aceptas?

Milo seguía tratando de hilar las palabras que Aioria decía para asegurarse que estaba entendiendo correctamente.

-¿Si me aceptas?

De pronto una lagrima solitaria escapo de los ojos de Milo -¡Aioria eres un pinche idiota!

-¿Pero porque?

Rápidamente se secó el rostro y abrazó a su tonto roomie que de inmediato le correspondió atrayéndolo con fuerza hacia su pecho.

Bueno, voy a tomar eso como un sí. La próxima semana que vaya a visitar a mis padres les hablaré de lo nuestro, pensaba pedirte que vinieras conmigo, pero quizás sea mejor que les hable primero. Ya verás que te van a amar.

-Milo lo miraba con una suave sonrisa en el rostro- ¿Y porque estabas tan seguro de que te iba a decir que si?

-¡Porque soy un partidazo! , vamos, no hay razón por la que dijeras que no.

-¡ohh!

-Bueno, bueno, desde hoy quiero que te mudes a mi habitación, eso de tener que levantarme y regresar a mi cuarto después de hacer el amor en las noches, me espanta el sueño.

-¿Dormir juntos? ¡Olvídalo! eres muy encimoso

-No soy encimoso, solo soy cariñoso, y eso es normal ¡bicho peludo!, es lo que un hombre hace cuando ama a su pareja.

-Tener que dormir con 80 kg encima es una fregadera, paso.

-Bueno, pues comienza a acostumbrarte satanás.

Milo lo miraba con una enorme sonrisa-Eres un tonto Aioria ¿lo sabias?

-Quizás tengas razón, pero me quieres, ¿cierto?

Milo respondió a su pregunta con un beso.

Esa noche al pobre de Milo ya no le quedó de otra que mudarse a la habitación de su nuevo novio y comenzar a acostumbrarse a dormir con él pepenado a su cuerpo como lapa.

El fin de semana siguiente Aioria se fue a visitar a sus padres. Milo se preguntaba como lo irían a tomar, después de todo si Aioria era tan ridículamente religioso, seguro sus padres eran el doble. Pero como fuera, se sentía seguro, pues si algo distinguía a Aioria, era su lealtad y honestidad a sus sentimientos, rasgo que su antiguo novio en definitiva desconocía.

Apenas habían pasado unas cuantas horas de la partida de Aioria y Milo y ya lo extrañaba. Como le habría gustado que Aioria hubiese llegado a su vida antes, cuando las cosas eran diferentes. Habría dado lo que fuera por haber evitado transitar ese camino lleno de frustración y sufrimiento. Pero ahora comenzaba a entender un poco eso de que cada cosa llega en su tiempo, y toda esa historia de traición