3.-Café
Crowley no tenía demasiado gusto por la comida. En realidad, la gula no era uno de sus pecados. El demonio, a diferencia de cierto ángel, solo comía cuando salían a cenar a algún restaurante. Pero una de las cosas que a Crowley le encantaba, dejando de lado el alcohol, era el café. Amaba su delicioso aroma y el influjo de energía que le daba a su cuerpo. No podía pasar un día en que no lo tomara. Incluso tenía una maquina súper sofisticada para prepararlo. Solía moler los granos con parsimonia y colocaba el agua hirviendo viendo como tomaba cuerpo y como el aroma inundaba todo el lugar.
Cuando empezó a pasar más tiempo en casa de Aziraphale, se compró otra máquina para llevar a cabo su ritual matutino.
Algunas veces pillaba al ángel mirándolo embelesado y le sonreía de forma picara.
Aunque el ángel no era aficionado al café, (más bien era una persona de té, como buen ingles) solía tomar una taza junto al demonio todas las mañanas. Crowley preparaba distintos tipos de café para el deleite del ángel, a quien sorprendía cada mañana con una bebida distinta.
Tal vez Crowley no lo había notado, pero Aziraphale podía sentir una sensación de cariño provenir del cada vez que preparaba su café.
Un día se lo dijo:
—Claro que no —respondió el demonio molesto—. Sabes bien que los demonios no podemos sentir eso...
—No creo que puedas decir eso ahora, querido —le contestó el ángel dándole un suave beso en la mejilla—. Sabes que soy muy receptivo para sentir ese tipo de emociones…
— ¿Es broma, ángel? —le dijo lanzándole una mirada suspicaz— ¿Acaso tengo que recordarte lo obvio?
— ¡No es necesario recordar eso! —gimió el rubio sonrojado— No podía creer que un demonio pudiera sentir amor. Pero tú eres diferente…
— Tal vez tengas razón — se encogió de hombros el pelirrojo—. Si puedo sentir amor por ti, porque no habría de hacerlo si estoy preparando algo para ti —sonrió extendiéndole una taza de café.
El ángel la aceptó gustoso y le beso en los labios.
