4.- Panqueques

La gran mayoría de los ángeles consideraba que su cuerpo era un templo, por eso consideraban que comer comida humana era ensuciar dicho templo. Por desgracia (para ellos), Aziraphale no tenía la misma opinión. Desde el inicio de su estancia con los humanos, el ángel había sabido apreciar todo aquello que preparaban para comer. Al principio lo había hecho por curiosidad, como una forma de acercarse a ellos y pasar desapercibido. Pero conforme pasaron las épocas, fue conociendo más y más la infinita variedad de platillos y sabores que estaban a su disposición, lo cual lo hacía inmensamente feliz. No había nada que lo alegrara tanto como conocer algún nuevo restaurante y probar nuevos sabores.

Sin embargo, esa no era una opinión compartida por sus semejantes. Pero ahora que el Armagedón se había evitado y que ya no era requerido en el cielo, podía dedicarse a ese pequeño placer sin sentirse juzgado.

Otras de las cosas que le gustaban, aparte de degustar nuevos platos, era cocinarlos. Por supuesto que podría hacer que aparecieran los manjares más deliciosos con un simple movimiento de sus manos. Pero siempre había admirado la dedicación y la técnica que los humanos hacían para prepararlos. Por eso prefería preparar sus propios platillos.

Gracias al hecho de ser inmortal podía dedicarse a perfeccionar su forma de preparar las cosas, por ello se había vuelto realmente bueno cocinando ciertas cosas, como galletas o pasteles. Aunque también había cosas que se le resistían. Como los panqueques.

Oh los panqueques.

Sin duda ese era su dolor de cabeza actual. Por alguna extraña razón, no conseguía hacerlos del todo bien. No es que el sabor fuera malo o que no tuvieran consistencia. Pero algunas veces no salían del todo redondos, o no eran lo bastante esponjosos, o dejaba un lado más dorado que el otro. Había probado muchas recetas, inclusive había buscado algún truco en Internet con la ayuda de su vieja computadora. Sin embargo, nada había funcionado.

Crowley solía quejarse de su búsqueda de perfección y decirle que sus panqueques eran deliciosos, así como estaban mientras devoraba uno tras otro.

— No entiendo por qué estás tan obsesionado con eso... — dijo una mañana, viendo al ángel lamentarse de sus (no tan perfectos) panqueques— Son los mejores que he probado.

— Son los únicos que has probado, querido —le reclamó Aziraphale, sirviéndole más—. No creo que puedas comparar.

— Entonces si no son tan buenos, busca al que mejor los haga y róbale la receta — respondió el demonio comiendo un bocado.

— Crowley... ¡Sabes que no puedo hacer eso! —dijo el ángel con indignación

— Entiendo, ¿y por qué no simplemente se la pides? No creo que se vaya a negar.

— Esa es una maravillosa idea —exclamó el rubio dándole un beso en la mejilla.

Lo siguiente que supo el demonio es que estaba conduciendo por las calles de Londres con un ángel que daba brinquitos de la emoción en su asiento, mientras sonaba de fondo el "Crazy Little Thing Called Love" de Mozart.

— Me alegra que Sakura- san haya aceptado darme su receta —dijo con una enorme sonrisa—. Sus panqueques son los más esponjosos, suaves y deliciosos que he probado.

— Si tú lo dices... —le respondió el demonio un tanto receloso, sin dejar de observarlo tras sus lentes. En verdad dudaba de que hubiese alguien mejor que su ángel.

— Ya lo veras, querido. Tienes que probarlos...

Una vez que entraron al lugar, ambos fueron recibidos por una chica delgada, de baja estatura, de cabello corto y negro.

— Mr. Fell, que agradable es verlo de nuevo —le saludo la chica con una reverencia—. Pase por aquí de favor, voy a prepararles un plato de panqueques para usted y su esposo.

— Ohh... él y yo no... —dijo Aziraphale sonrojado.

— Aun no estamos casados —dijo Crowley alzando la mano del ángel, donde se podía ver el reloj que le había regalado y que no tenía ningún anillo—. Al menos no por ahora.

— Crowley...— chillo el ángel con el rostro rojo y sin poder alzar la mirada.

— No es necesario avergonzarse, cada quien es libre de amar a quien quiera —le dijo la chica con una sonrisa tratando de tranquilizarlo—. Además me parece que hacen una bonita pareja —les guiño el ojo—, me alegra por fin conocer al famoso Mr. Crowley...

— Así que le has hablado de mí, ehh —le susurró el pelirrojo al oído con una sonrisa, mientras la chica los conducía a su mesa.

— Un poco —dijo el ángel avergonzado.

Cuando terminaron de comer y de que Aziraphale viera como la chica preparaba los panqueques. Se despidieron de ella y se montaron en el Bentley.

— Creo que se me olvido algo —dijo el demonio, bajándose del carro al ver que la chica le hacía señas para que se acercara.

— Le he escrito la receta para que sea más fácil para el — le dijo entregándole un sobre blanco—. Aquí entre nosotros —le sonrió mientras hablaba en tono confidencial—, Mr. Fell me pidió la receta ya que quería que sus panqueques fuesen perfectos para usted. Es muy afortunado de tenerlo…

— Lo sé —le respondió Crowley con una sonrisa—. Gracias por todo. Espero que te vaya bien —se despido deseándole buena suerte o tal vez un pequeño milagro demoniaco que haría más famoso su restaurante.

— Toma —le dijo entregándole el sobre a su ángel— . La chica escribió la receta para ti

— Sakura-san es tan amable — exclamó Aziraphale abriendo el sobre para leer la receta. Al cabo de unos segundos lanzó un gritito de sorpresa.

— ¿Está todo bien, ángel? —le preguntó el demonio, volteándolo a ver.

— No es nada... — respondió con nerviosismo el rubio, pegando el sobre a su pecho.

Crowley no dijo nada mientras continuaba manejando.

Después de eso, los panqueques de Aziraphale eran mejor que antes (si es que eso era posible) y el demonio había olvidado todo el asunto de la receta. Hasta que un día encontró el papel cuidadosamente oculto en una repisa de la cocina. La curiosidad pudo con él, ya que quería saber el porqué de la reacción de su ángel. Al parecer era una receta. Leyó los ingredientes y los pasos para prepararlos, hasta que llego al final:

*El ingrediente secreto de los panqueques perfectos es el amor.

Sonrió, mientras volvía a esconder el sobre.