5.- Dormir
Dormir era una de sus actividades favoritas.
Un gran invento de los humanos, sin duda alguna. Muchas veces dudaba que hubiese podido aguantar tanto tiempo en este mundo si no fuese por el hecho de dormir. Gracias a sus pequeñas siestas, podía continuar siendo tan genial y de paso podía escaquearse un poco del trabajo. Era una excelente forma de reparar fuerzas, claro que para los humanos era más bien una cuestión de supervivencia. Y para no volverse locos. Esa también era una de las razones por las que le gustaba dormir, podía irse a la cama mientras todo se iba a la mierda, y después de una corta siesta de cien años todo continuaba con su curso.
Ahora que podía estar junto a su ángel, parte de esa utilidad había desaparecido, pero aun así le encantaba dormir solo por pereza (algún pecado debía de tener, era un demonio después de todo) y por el placer que le producía desconectarse de vez en cuando de todo.
Muchas veces había intentado convencer al ángel para que ambos durmieran por las noches, pero este no se dejaba convencer. Decía que solo era un truco para tentarlo, (como si no lo hubiese hecho ya). Así que por ahora se conformaba con el ángel leyese junto a él en la cama mientras él dormía.
Y nada le daba más ganas de ver a su ángel, que despertar de una siesta de un par de días.
Crowley entro a la librería, buscando a su ángel. Cuando no lo encontró, se dirigió a la trastienda, pero tampoco lo vio por ningún lado. Pensó que tal vez estaría en la cocina preparando alguna nueva receta. Pero no estaba. No quedaban muchos lugares donde pudiera estar. Y Aziraphale no le había comentado que fuese a salir. Se dirigió a la recamara para tomar una siesta en lo que el ángel regresaba. Cuando entro a la habitación vio a este recostado sobre su cama. Estaba vestido con su traje, en una postura bastante recta y con sus brazos a los lados. El demonio camino lentamente hacia él, notando como este tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente. Con suavidad se inclinó sobre él y deposito un beso en sus labios.
— Un beso para despertar al ángel durmiente —dijo con diversión al ver como el rubio abría sus ojos sorprendido, ruborizado hasta las orejas.
— C-crowley... ¿qué estás haciendo aquí? — dijo levantándose de la cama.
— Eso es lo que debería preguntarte a ti, solo quería pasar un rato por aquí y te encuentro tratando de dormir.
— Sabes muy bien que los ángeles no dormimos. Solo quise cerrar los ojos por un rato... Es bueno para la vista, ¿sabes? Debo cuidar mi cuerpo humano...
— ¿Esperas que crea eso, Ángel? —respondió Crowley perspicaz
— De acuerdo, lo admito. Si estaba tratando de dormir... — confesó el ángel azorado al verse descubierto— Es que siempre quieres que duerma contigo y sabes que no puedo hacer eso... Así que estaba tratando de practicar porque quería darte una sorpresa...
— ¿Cómo pretendes dormir con ese incomodo traje? — dijo el pelirrojo cambiando el tema, intentando ocultar su sonrojo— Deja que te ayude, tendré que ponerte algo más cómodo — agregó con un chasquido de sus dedos haciendo que el ángel luciera un pijama de seda blanca y el mismo una de color negro—. Así está mejor. Ahora recostémonos e intentemos dormir.
Ambos se acostaron en la cama, terminando un ángel nervioso junto a un demonio que lo observaba con una sonrisa mientras sostenía su cabeza con una mano. Aziraphale cerró sus ojos y por varios minutos no se pudo escuchar más que la respiración de ambos
— Es muy difícil concentrarme —dijo el ángel abriendo sus ojos—. Cada vez que lo intento no puedo evitar estar al pendiente de lo que sucede, puedo sentir las presencias de la gente que se encuentra alrededor, los sonidos que provienen de la calle. No puedo simplemente ignorarlo...
— Entonces tal vez necesites un pequeño milagro demoníaco — anuncio Crowley haciendo que el tiempo se detuviera—. Creo con esto debería bastar, pero conforme practiques aprenderás a ignorar lo que está a tu alrededor. Ahora solo concéntrate en escuchar mi respiración...
— Gracias, querido — dijo el ángel agarrando su mano y apretándola con suavidad.
El rubio volvió a cerrar sus ojos, siguiendo las indicaciones del pelirrojo. Luego de varios minutos, el demonio sintió como la respiración del contrario se volvía más relajada. Al fin se había dormido. Sonrió, devolviendo el tiempo a su curso.
Ya que estaba ahí, vestido con su pijama y su ángel durmiendo a un lado, tomaría una siesta también.
Después de todo sería un desperdicio no hacerlo.
Dormir era una de sus actividades favoritas. Dormir junto a su ángel era su actividad favorita.
