6.- Insomnio.

El Mal no duerme nunca, el Bien tampoco lo hacía.

O al menos se suponía que fuese así.

Pero parte del Mal, (para ser más exactos cierto demonio) sí que dormía.

Y gracias a la insistencia de dicho demonio, ahora cierto ángel dormía junto a él.

Aziraphale se despertó, dirigiéndose a la sala. Al llegar, encontró al demonio recostado en el sofá de la sala, mirando Las Chicas de Oro por enésima vez. Ya eran seis semanas las que el demonio no dormía. Estaba comenzando a preocuparse. En condiciones normales, ninguno de los dos necesitaba dormir, pero estaba empezando a notar los cambios en el comportamiento habitual de Crowley. Se veía cada vez más irritado, haciendo milagros demoniacos solo para molestar a la gente con la que se topaba. Solía pasar varias horas recostado en el sofá de la trastienda de la librería con los ojos cerrados, no dormía como se había dado cuenta el ángel, ya que al menor ruido el demonio solía ponerse alerta. Cada día notaba su cansancio, que se manifestaba en forma de un par de líneas negras bajo sus ojos. Había tratado de hablar del tema con el demonio, pero este solo le aseguraba que estaba bien y desviaba la conversación.

— ¿Te desperté, Ángel? —preguntó Crowley girando a verlo cuando el ángel se sentó a su lado.

— No tengo sueño y pensé en venir a hacerte compañía —le respondió con una suave sonrisa— ¿No te gustaría una taza de té? Creo que tengo antojo de una —continuo meditabundo.

— Está bien —dijo el demonio regresando su vista a la televisión.

Al cabo de unos minutos, Aziraphale regreso con una bandeja donde se encontraban un par de tazas. Le entrego una al pelirrojo y agarro la suya una vez que estuvo sentado, dándole un pequeño sorbo.

— Querido... — protestó el ángel al sentir que el contenido de su taza había cambiado a un nada despreciable whisky.

— Así está mejor — sonrió divertido, bebiendo un largo trago —. ¿Quieres que lo convierta en té otra vez?

— No es necesario —respondió el rubio con un ligero rubor.

Ambos estuvieron en silencio por varios minutos, mirando la televisión.

— Escúpelo, ángel —dijo Crowley cuando comenzaron los comerciales —. ¿Que sucede? Has estado observándome durante todo este tiempo...

Aziraphale no contesto, inclinándose hasta quedar a escasos centímetros del demonio y con delicadeza tomo su rostro, dibujando sus ojeras con las yemas de sus dedos

—Tienes ojeras —susurró—. ¿No crees que es hora de que duermas, querido?

—Ngk... —balbuceo Crowley sonrojado, pues no se lo esperaba ese ataque sorpresa— N-no sé a qué te refieres... — logro articular, desviando su mirada.

—Quiero saber por qué no has dormido todo este tiempo, pero no puedo saberlo si tú no me lo dices.

— No es nada... solo es insomnio... además no es como si necesite dormir de todos modos...

—Sé muy bien que no necesitamos dormir como los humanos. Pero tú si lo necesitas... siempre lo has hecho. Ahora se tan amable de decirme que es lo que te preocupa.

— Ángel... En serio no es nada —dijo zafándose de su agarre, poniéndose de pie—. Solo no puedo evitarlo... aunque ahora somos libres, no logro sentirme tranquilo. No se siente bien...— soltó caminando de un lado a otro, agitando sus brazos—, cierro los ojos y solo puedo imaginarme que en cualquier momento puedan venir tras nosotros... pensar que por mi culpa puedas salir lastimado...

— Eso no pasara, Crowley — dijo con firmeza el rubio agarrando su brazo para detenerlo—. Si estoy contigo es porque te amo. Y sé que nunca harías nada que me lastimara.

— Pero...

— Shh —le sonrió el ángel colocando un dedo sobre sus labios— Deja de decir cosas sin sentido, demonio tonto —le beso—. Es hora de que duermas... — dijo jalándolo con lentitud hacia la recamara que compartían.

— Gracias, Ángel —murmuró el demonio antes de quedarse dormido entre sus brazos.

— Yo soy el que tiene que agradecerte por haber estado a mi lado todo este tiempo, querido —respondió Aziraphale con una pequeña sonrisa, aunque sabía que ya no lo podía escuchar.