7.– Pesadilla.
Aziraphale se movía entre los escombros de lo que alguna vez había sido Londres, aunque no había detectado ninguna presencia demoníaca en su alrededor, sostenía con fuerzas su espada en llamas. No podría evitar sentir tristeza al ver la destrucción a su alrededor. Tantas vidas perdidas... Había tratado de detener el Armagedón y todo había sido en vano. Ni siquiera sabía dónde estaba Crowley o si es que todavía estaba vivo. Un fuerte dolor oprimió su pecho. No debía ser pesimista. Sabía que el demonio era muy astuto y que no dejaría que le sucediese nada malo. Si tan solo pudiera volver a verlo, saber que estaba bien. Siguió caminando por varios minutos más, hasta que vio un edificio que aún se mantenía en pie, un bar. Por alguna extraña razón había algo que lo empujaba hacia ese lugar. No podría ser posible, ¿o sí? Con pasos inseguros se dirigió a la entrada, abriendo la puerta con lentitud. El lugar estaba totalmente desordenado, mesas y sillas regadas por doquier, todo cubierto de escombros. También llegó a ver lo que parecían ser algunos cadáveres. Lanzó una plegaria por ellos, dirigiéndose hacia la barra. En ese momento, noto una figura apoyada sobre ella, dándole la espalda.
Ese cabello rojo y esa forma de desparramarse sobre su asiento eran inconfundibles.
—Crowley ... —llamó el ángel con un leve temblor en su voz.
El aludido se giró a verlo con fastidio, bebiendo otro trago de la botella que tenía un lado.
— Genial —dijo molesto—. Ahora estoy teniendo alucinaciones. Al menos puedo decir que el vino si sirve para algo...
— Soy yo, Crowley —murmuró el rubio con tristeza al ver el deplorable estado en el que estaba el demonio—. No soy ninguna alucinación.
— ¿Aziraphale? —tartamudeo el demonio quitándose sus lentes y tratando de contener la emoción en su voz— ¿Realmente eres tú?
— Sí, querido ... —respondió acercándose a él.
— Creí que estabas muerto ... —susurró Crowley acortando la distancia que los separaba y estrechándolo entre sus brazos— Lo lamento tanto, Ángel. No pude hacer nada para detenerlos...
— Lo sé. Soy yo el que debe disculparse, Crowley. Debí haber confiado más en ti. Tal vez si lo hubiera hecho, nada de esto habría pasado.
— Ángel ... yo ...
— Lo sé, querido —dijo Aziraphale besando sus labios—. Yo también te amo, Crowley. Pensé que te había perdido, pero me alegra tanto que no sea así. Aunque sea en estas circunstancias...
— ¿No crees que ahora sea buena idea irnos a Alpha Centaury? — bromeo el demonio con una sonrisa.
— Me parece una idea maravillosa...
Lo siguiente que sucedió fue tan rápido que ninguno de los dos tuvo tiempo de reaccionar. Todo el lugar se llenó con un fuerte destello de luz divina. Un par de ángeles entraron al lugar, atacándolos. Aziraphale intentó dialogar con ellos, hacerles ver que Crowley no era ningún enemigo, pero todo fue en vano. Lo acusaron de traidor, sin dejar de atacarlo. El rubio se defendió como pudo, mientras que el demonio luchaba contra el otro de los ángeles. La pelea era intensa, parecían estar a un punto de ganar, pero en un descuido el principado tropezó con los escombros, cayendo al suelo. Vio el brillo de la espada de su adversario alzándose sobre él y cerró sus ojos esperando su muerte. Pero al cabo de unos segundos no sucedió nada. Abrió sus ojos, observando la figura de Crowley de pie frente a él, siendo atravesado por la espada.
— No podría perderte otra vez, Ángel —dijo cayendo de rodillas al suelo.
Con toda la furia que tenía, el rubio arremetió contra el ángel, matándolo en el acto. De reojo pudo ver como el otro ángel había sido derrotado por Crowley. Corrió hacia donde estaba el demonio, tomándolo entre sus brazos, trató de sanar la herida con sus poderes.
— Vas a estar bien, querido —susurró canalizando toda su energía hacia la herida.
— Ángel... — dijo el demonio acariciando su mejilla con una mano— Ambos sabemos que no va a hacer así. Soy un demonio, ¿recuerdas? No puedo ser curado por un ángel.
— No ... estoy seguro de que puedo hacer algo, tal vez si... — su voz se quebró, mientras que las lágrimas caían por sus mejillas.
— Shhh ... no llores ángel ... — pidió el pelirrojo— Siempre te amare, Aziraphale. No lo olvides —dijo cerrando sus ojos—. Ahora por fin puedo dormir ...
El ángel se aferró al cuerpo sin vida del demonio, susurrando palabras de amor que ya no podía oír, llorando por su pérdida.
*. *. *. *
Aziraphale despertó con lágrimas en sus ojos, buscando el cuerpo del demonio entre las sabanas que lo cubrían. Pero no lo encontró. Se abrazó a sí mismo sollozando hasta que el sonido de la puerta lo sacó de su trance.
— Ángel, mira lo que conseguí —anuncio Crowley entrando a la habitación con una bandeja—, son bollos recién horneados de tu panadería favorita...
Al ver el estado del rubio, el pelirrojo se apresuró a dejar la bandeja sobre la cama, corriendo al lado de su ángel. Este lo abrazo con fuerza, hundiendo su rostro en su pecho.
— ¿Estas bien, Aziraphale? — dijo el demonio con preocupación, acariciando su cabello— ¿Alguien te hizo algo? Si es así te juro que...
— Fuiste tú querido... —murmuró el ángel separándose y secando sus lágrimas.
— ¿Qué? —exclamó el demonio descolocado— Lo que sea que creas ángel, te juro que no lo hice para lastimarte...
— No te preocupes, Crowley —dijo el ángel riendo al ver la reacción del demonio—. No ha hecho nada. Solo tuve una pesadilla —explico—. Yo... soñé que morías por mi culpa... —termino de decir con un deje de tristeza.
—Vamos, ángel —dijo el demonio apretando una de sus manos—. Destroce el Bentley, lo maneje en llamas por varias millas solo por ti, me rebele contra el Infierno solo por ti, detuve el Armagedón solo por ti...
—Ese fue Adam, querido...
—Nimiedades —hizo un gesto para quitarle importancia—. El punto es, ángel, que podría ser capaz de hacer cualquier cosa por ti. Hasta morir para protegerte. Y no me importaría hacerlo si es por ti...
—Entonces, no mueras —se cruzó de brazos el rubio, haciendo un mohín—. No quiero que te alejes de mi lado nunca.
—Supongo que no tengo más opción que obedecer —dijo el demonio con una sonrisa.
— Más te vale, demonio astuto.
— Soy un demonio de palabra, ya lo sabes.
— Entonces qué te parece si desayunamos, querido —dijo el ángel sonriéndole—. Esos bollos se ven deliciosos.
— Tus deseos son órdenes, ángel...— lo beso el demonio.
Sorry por el angst al principio pero no lo pude evitar. Soy debil. Espero haberlo compensado con el final, aunque no me ha convencido del todo. Mil gracias por leer =)
