8.-Resaca
Una de sus cosas preferidas era el alcohol
Un gran invento de los humanos, sin duda. Eso y los coches, pero esa era otra historia.
Y una de las cosas que más disfrutaba era beber una copa junto a su ángel.
Crowley abrió sus ojos con pesadez, pero tuvo que cerrarlos de nuevo al sentir que la luz quemaba sus pupilas. Lanzo un quejido de dolor y se hundió en las sabanas de la cama. Busco a tientas en estas, tratando de encontrar a Aziraphale, pero estaba solo. Aparto las sabanas de golpe, levantándose hasta quedar sentado sobre la cama. Fue cuando sintió un fuerte mareo y un terrible dolor en su cabeza que se arrepintió de ello. Sentía como si golpearan su cabeza con un martillo (no es que lo hayan golpeado con un martillo alguna vez, pero pensaba que debía sentirse así). No era una sensación para nada agradable. Chasqueo sus dedos para aliviar el dolor, pero no sucedió nada. Confundido, llevo sus manos a su cabeza, tratando de concentrar sus poderes. Siguió sin suceder nada. Molesto, maldijo en voz alta, lo cual solo empeoro el dolor.
Tenía que hacer algo. La desagradable sensación en el fondo de su garganta no auguraba nada bueno. Trato de calmarse, respirando con lentitud, cerrando los ojos. De esta forma, el dolor disminuía un poco. Debía ver donde estaba su ángel, tal vez el pudiera hacer algo. Un poco indeciso se levantó de la cama y avanzo hacia la puerta de la habitación hasta que unas fuertes arcadas lo hicieron correr al baño. Después de vomitar lo que pareció una botella completa de alcohol, se sentó en el piso, limpiándose los restos con un milagro. Al menos eso lo había hecho sentir mejor. Una idea cruzo por su mente. Con un chasquido, elimino todo el alcohol de su cuerpo. Había funcionado, ahora el dolor era menor.
Se puso de pie, tambaleándose hacia la cama y se tiro en ella, colocando un brazo sobre sus ojos. ¿Qué demonios había pasado? ¿Cómo es que había olvidado quitar el alcohol de su cuerpo? ¿Y por qué demonios no podía quitarse el dolor? Intento recordar lo que había pasado la noche anterior. Solo había bebido con su ángel, platicaron sobre su día y nada más. Tenía la horrible sensación de que había olvidado algo importante. En ese instante, flashes de imágenes invadieron su mente. Todo lo que había hecho, todo lo que había dicho. Se sentó en la cama, Deseo que la tierra se lo tragase (literalmente). ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Maldito cuerpo humano que lo había traicionado. ¿Cómo pudo decirle todo eso a su ángel? Tanto tiempo escondiendo todo eso y tenía que ir a decírselo en una noche. ¿Cómo podía haber bajado la guardia de esa forma? Nunca jamás volvería a beber alcohol (era una vil mentira, pero eso no importaba de todos modos).
Debía pensar en algo rápido. Tal vez si le decía a Aziraphale que todo habían sido tonterías de borracho, le creería. Si, esa era una buena idea. Se sentó en la cama, pensando en cómo se lo diría, debía buscarlo cuanto antes para aclarar las cosas... El sonido de la puerta que se abría, hizo que diera un brinco en su lugar. Por esta se asomó una mata de rizos rubios.
— Parece que ya has despertado, querido — le sonrió el ángel, entrando con una bandeja en sus manos y se sentó junto a el —. Toma esto —le dijo dándole una taza—, he leído que esto es bueno para aliviar el malestar...
— Ángel... yo... —tartamudeo el demonio — Sobre lo que dije... Fueron solo tonterías de borracho.
— Ambos sabemos que eres un pésimo mentiroso, Crowley —le beso una mejilla con ternura.
— No es cierto —siseo Crowley al verse descubierto—. No tenías por qué saberlo... — suspiro derrotado.
— Lo sé, pero me alegra saberlo —el rostro de Aziraphale se puso serio y apretó una de sus manos entre las suyas—. Sé que no ha sido nada fácil para ti. Y me siento muy mal por haber negado lo que sentía por ti todo este tiempo. Lo lamento tanto, Crowley. Siempre pensé que era lo mejor y no me di cuenta de lo mucho que te lastimé. Por eso no quiero que me sigas ocultando nada. Quiero saberlo todo sobre ti.
— Maldita sea, ángel — murmuró Crowley, cubriendo su cara con su mano libre tratando de contener su sonrojo—. Te prometo que no te ocultare nada más.
Aziraphale aparto la mano de su rostro, inclinándose sobre él y uniendo sus labios.
— Lo que no entiendo —dijo Crowley una vez que se separaron—, es porque olvide quitar el alcohol de mi cuerpo, si lo hubiera hecho no tendría que lidiar con esta resaca.
— Fue mi culpa —susurró el rubio, moviendo sus manos con nerviosismo.
— ¿Que?
— Yo lo hice... fue un castigo, Crowley
— Ahora entiendo menos, ¿podrías explicármelo, ángel?
— Te castigue por esto —contesto Aziraphale con el rostro sonrosado, bajando el cuello de su camisa, dejando ver varias marcas de chupetones.
— Vaya —exclamó el demonio con una sonrisa pícara, lanzándose sobre el—. Parece que nos dejamos llevar ehh...
— Crowley... —chillo el ángel con la cara completamente roja.
— Creo que ya sé que lo mejor para curar mi dolor —dijo rodeándolo con sus brazos, a escasos centímetros de su rostro—. El deber de un ángel es curar a quien lo necesite, ¿no es así?
— S- si...—tartamudeo el rubio acortando la distancia que los separaba.
