Lugar y momento equivocados
Inuno olió la sangre incluso antes de que captara la esencia tosca de un grupo de onis en el sótano del decrépito almacén. Ellos no mostraron preocupación cuando él camino dentro. Otra inhalación reveló que era sangre de yokai a lo que dos de ellos apestaban. Los otros no tenían ese olor cobrizo en ellos, pero por las depredadoras miradas que le echaron a Inuno, ellos intentarían rectificar eso.
- Un joven yokai desapareció de esta área recientemente - dijo Inuno como saludo, ignorando la forma en que los onis empezaban a rodearlo. Ellos parecían estar casi en sus veintes y por la energía de sus auras, tampoco llegaban a veinte en años de no-muerto.
- Cabello corto rubio, tatuajes triviales en la parte superior de sus brazos, un piercing de plata en su ceja, responde al nombre de Trick ¿Lo han visto? - continuó él.
- No es inteligente estar fuera tan cerca de la madrugada, yokai - el oni con el mayor aroma de sangre arrastró las palabras, sin responder a la pregunta de Inuno. Entonces el oni sonrió, mostrando todos los dientes limados de forma puntiaguda.
En lugar de inspirar miedo, la vista molestó a Inuno. Estos onis pensaban que tenían la ventaja por el inminente amanecer, pero el amanecer solo podía minar la fuerza de los yokais nuevos. Incluso con su nivel de potencia envuelto para que sintieran como si estuvieran solo ante yokai por la falta de vacilación de Inuno para enfrentarse a ellos.
Por otra parte, si fueran inteligentes, no habría matado a Trick en el mismo lugar que ellos utilizaban como casa. Le había tomado a Inuno solo una hora rastrearlos. Tal estupidez no era solo flagrante y descarada para las leyes de yokais y oni, sino que también ponía en peligro el secreto de sus razas. En otro estado de ánimo, Inuno habría matado al tiburón dentudo oni sin más conversación, y luego acorralaría a los cinco restantes para su castigo público más tarde. Después de todo, Inuno no requería su confesión para saber que habían matado Trick. No con el olor de la sangre de yokai en ellos.
Los onis tuvieron suerte, porque hoy, él no estaba buscando retribución sobre la muerte de Trick. Quizás era una buena cosa que él hubiera perdido sus visiones sobre el futuro, reflexionó Inuno. De lo contrario, si se hubiera previsto que esto era cómo iba a terminar su feudo de miles de años, con el corrupto Guardián de Ley, Ryukotsusei, él se habría cuestionado su propia cordura.
Pero si él no hubiera perdido sus visiones, nada de esto hubiera sido necesario. La ira estalló en él. Después de cuatro mil años viendo destellos del futuro, para de repente tener sus visiones paralizadas, era tan agobiante como inesperado. Hubo un tiempo en que lamentó la frustración de tener visiones de las que algunas personas hacían caso omiso, pero ahora que se habían ido, por todos sus otros poderes, no podía proteger a las personas que le importaban. Las recientes palabras de acusación de un amigo, resonaban en la mente de Inuno. ¿Por qué ahora, cuando te necesito más, no me sirves de nada?
Ryukotsusei podría haber odiado Inuno durante milenios, pero era demasiado listo para venir detrás de un enemigo que podría contrarrestar los movimientos más hostiles antes de que se hicieran siquiera. Ahora que las visiones de Inuno habían desaparecido, esta era la mejor oportunidad de Ryukotsusei. Los dos hombres sabían que Ryukotsusei no dudaría en utilizar su considerable poder como Guardián de Ley fabricando cargos contra Inuno por delitos que nunca había tenido lugar, Ryukotsusei no era ajeno de inclinar la ley para satisfacer sus propios fines. Era algo que había hecho incluso antes de que se hubiera convertido en un miembro del poderoso concejo gobernante yokai.
Su viejo enemigo podía saborear el enfrentamiento que venía y todo el sangriento daño colateral que implicaría antes de que uno de ellos fuera vencedor, pero Inuno pondría fin a esto antes de que empezara. Más bien le gustaba imaginar la frustración que sentiría Ryukotsusei al serle negada la oportunidad de aplicar sus elaborados planes de venganza. Por lo que cuando seis onis sacaron sus cuchillos de plata, sonriendo con cruel anticipación, Inuno simplemente se quedó allí de pie. Esto sería sangriento, pero él no era ajeno a la sangre. O el dolor. Ambos habían sido sus compañeros por mucho más tiempo del que esos onis podrían imaginar.
Echó una mirada al cielo casi al amanecer, preguntándose brevemente si el sol brillaba en el más allá. Antes de que el sol estuviera en lo alto, ya fuera él o los onis lo sabrían. Izayoi caminaba por la Avenida Ashland, la penúltima calle antes de la suya. Una súbita brisa llevó su cabello a sus ojos. No llamaban a Chicago la Ciudad de los vientos por nada. Empujó mechones sueltos detrás de las orejas y cambió su mochila pesada sobre su otro hombro.
Después de todas las veces que había llevado su pequeña mochila al volver del trabajo, Izayoi pensaba que no se sentiría tan pesada como lo hacía. Sin embargo, ella tenía la suerte de que su jefe le permitiera utilizar el vehículo de la empresa de vigilancias, y además, muchas personas que vivían y trabajaban en el West Loop no tenían autos propios. Simplemente ellos no tenía que cargar las varias cámaras, videocámaras, binoculares y otros elementos de vigilancia necesarios que ella llevaba.
Por lo menos había sido una noche productiva. Su vigilancia de la esposa infiel de su cliente finalmente dio sus frutos en la versión de varias fotos incriminatorias que Izayoi había dejado en su oficina antes de tomar la Línea Verde de vuelta a su vecindario. Ella podría dormir hasta tan tarde como quisiera el día de hoy, e incluso su exigente jefe, no tendría nada que decir al respecto.
Ser un investigador privado significaba sintonizar con su entorno, le venía de forma natural a Izayoi, pero su enfoque se afiló aún más al girar en la esquina siguiente. Caminar este tramo de carretera durante el día estaba bien, pero ahora la inquietaba. Se alegró de que el sol hubiera comenzado a salir. La línea de almacenes en ruinas se supone que debería haberse ido, pero la persistente recesión había retrasado su demolición y reconstrucción. El tramo de edificios feos significaba que el alquiler de su edificio más allá de esta cuadra fuera mucho menor de lo que sería cuando los apartamentos nuevos sustituyeran al almacén abandonado lleno de grafitis, pero eso también significaba que tenía que estar atenta ahora. Los asaltos no eran poco comunes en esta área.
Estaba a punto de pasar el último de los bloques cuando una carcajada sacudió su cabeza. Había llegado desde el interior de uno de los almacenes, y sonaba más fea que divertida. Sigue caminando, se dijo Izayoi, acariciando el bolsillo de su mochila donde guardaba un arma de fuego. Ya casi estás en casa.
La risa áspera sonó de nuevo, esta vez, justo en los talones de lo que sonaba como una nota de dolor. Izayoi se detuvo, escuchando duramente. Si hubiera sido al final del día, el ruido de coches y peatones habría ahogado cualquier cosa procedente de los almacenes, pero como la mayoría de las personas aún dormían, ella cogió lo que sonaba como un fuerte gemido. Quien había hecho el sonido estaba herido, y cuando fue seguido por más de la fea risa, Izayoi sabía que los dos estaban relacionados. Ella se quitó su mochila, sacando su teléfono móvil mientras caminaba rápido a la seguridad de su apartamento.
- 911, ¿Cuál es su emergencia? - entonó una voz después de que Izayoi marcara los números.
- Quiero reportar un código 37 - dijo Izayoi.
- ¿Dígalo otra vez? – casi se callo de espaldas al oir la sorpresa den la vos de la operadora.
- Asalto agravado - modifico Izayoi, sorprendida de que la operadora no hubiera registrado el código de policía. Ella le dio la dirección de donde estaba ubicado el almacén.
- Parece que es en el sótano - añadió para ser más específica.
- Por favor espere mientras la transfiero a la estación - dijo el operador. Momentos más tarde, otra voz le preguntó cuál es su emergencia.
- Estoy informando de un asalto con agravantes - dijo Izayoi, sin molestarse con el código esta vez. Le dio la dirección y la información de nuevo, rechinando los dientes de frustración ya que había repetido dos veces lo que había oído.
- Entonces, ¿usted nunca vio el asalto? - preguntó el operador.
- No, no fui allí - dijo Izayoi rígida, no caminando ahora que estaba cerca de su apartamento.
- Correcto ¿Cómo te llamas? - respondió la voz ahora sonando aburrido.
- Prefiero ser anónima - dijo Izayoi después de una pausa. Ella tenía una historia con la policía que no era necesariamente agradable.
- Vamos a enviar un vehículo alrededor - entonó el operador.
- Gracias - murmuró Izayoi, y colgó. Ella había hecho todo lo que podía. Esperaba que fuera suficiente para aquello que hubiera hecho ese horrible sonido.
Pero cuando empezó a caminar hacia la puerta principal de su edificio, sus pasos vacilaron. El instinto le dijo que se diera la vuelta y regresara al almacén. Pasarían desde cinco a diez minutos antes de que la patrulla llegara. ¿Qué si la persona herida desconocida, no tenía tanto tiempo? Nunca trates de ser un héroe, chica. Deja eso a los antidisturbios.
La amonestación de su jefe resonó en la mente de Izayoi, pero en lugar de hacerla sentir mejor, la ira se elevó. Si no fuera por su ex-marido, ella sería uno de esos antidisturbios. Ella sobresalió en la academia de policía, obtuvo su certificación en hacer cumplir la ley, y estaba a sólo dos cuadras de distancia de ese grito, no a varios minutos como el coche patrulla.
La voz de Mack profunda y áspera, sonaba a través de su mente. Salva una vida. Ese había sido el credo de su mentor. Si Mack hubiera sido más como su jefe, Izayoi podría estar muerta. No de pie en una acera debatiendo si debía o no ayudar a alguien en necesidad. Mack no habría vacilado, con placa o sin placa ¿A quién le gustaría parecerse, a su viejo amigo Mack, o su hastiado jefe, Frank? Izayoi se dio la vuelta, en dirección hacia los almacenes y la fuente de ese grito.
Inuno dejó escapar un largo gemido cuando el cuchillo de plata rasgó su esternón. Cuando los onis empezaron a cortar, él no había hecho ruido, y ellos habían dirigido sus hojas aún más lentamente a través de su carne, tomando su silencio como un reto. Así él gruñó, gimió, e incluso gritó. Eso ayudó. Ellos aumentaron su excitación, por lo que sus cortes fueron más profundos.
Pronto, él tendría que elegir entre usar su energía para encubrir el hecho de que él era un maestro yokai, o usar su poder para protegerse del horrible dolor. Había perdido demasiada sangre para seguir haciendo ambas cosas. Pero si sus atacantes tenían un poco de sentido común, cuando el revelara la magnitud de lo que había escondido en su interior podría hacerlos huir. No, él permitiría esa posibilidad. Era el dolor, entonces.
Inuno dejó caer la barrera mental que había levantado entre él y esos implacables y profundos cuchillos. Inmediatamente, su cuerpo se sentía como si estuviera en llamas, la plata causaba una reacción intensa y dolorosa, como si cortara a través de él. Con su barrera para el dolor fuera, surgió un nuevo problema. Con cada nuevo corte o herida por arma blanca la energía arremolinada despertaba la retribución que anhelaba. Inuno se obligó a echarla atrás, concentrándose en mantener su aura comprimida, la lucha contra su deseo de matar a los onis, incluso cuando su poder demandaba ser liberado.
- Stakes ¿Eres inexperto, o es que es simplemente lo mejor que puedes hacer? - dijo Inuno, llamándolo por el nombre que los otros habían utilizado.
El oni rugió ante el insulto, rajando una línea profunda en el muslo de Inuno como respuesta. Otro oni se apoderó del pelo negro largo a la altura de la cintura de Inuno, arrancando un trozo del mismo por los hombros. La ira de Inuno subió de nuevo, oscura y mortal, buscando fundirse con su poder para darle forma. La obligó a regresar, sabiendo que si él liberaba su control por un instante, todos los onis iban a morir. Y no habían cumplido su propósito todavía.
- Pongan los cuchillos en el suelo y aléjense de él - exclamó alguien.
Inuno giró su mirada hacia el sonido con el mismo asombro que los onis mostraban. ¿Había estado tan distraído por sus propios pensamientos (y los onis por su tortura) que un humano había logrado realmente entrar a hurtadillas hasta ellos? La prueba estaba en el otro lado de la sala, con una postura clásica de disparo, el arma apuntando a los onis agrupados en torno a él. Los ojos de la mujer estaban muy abiertos, con el rostro pálido, pero ella sostenía su arma en un agarre firme. Esta era una complicación que no necesitaba.
- Vete ahora - ordenó Inuno. Su cuerpo mortal-caliente sería demasiado tentador para los comedores de carne como para resistirse si ella no huía ahora.
- Bien, bien, bien… Miren aquí, chicos. El Postre. - Stakes dejó salir, dejando su cuchillo clavado en el muslo de Inuno.
- Voy a disparar - Un chasquido indicó que la mujer movía el martillo con el pulgar hacia atrás.
- Todos ustedes, pongan sus cuchillos hacia abajo y aléjense de él. La policía ya está en camino. - les advirtió.
Su voz se quebró mientras Stakes se alejaba de Inuno. La mayor parte de lo que le habían hecho lo bloqueaba el cuerpo del oni, pero cuando Inuno fue revelado completamente la mujer se quedó mirando fijamente. Los onis se precipitaron. Inuno sabía que no debía hacer nada. Debía permanecer amarrado, apoyado en la viga, pretendiendo estar indefenso, y dejar que los onis la mataran. Después de todo, él había tenido un objetivo cuando se expuso a este lugar, y no se trataba de salvar a un humano imprudente.
Pero en el segundo en que los onis llegaron a la mujer, otro pensamiento surgió en Inuno, superando su sentido práctico. Ella había tratado de salvarlo. No podía dejar que muriera. El poder se rasgó a través de él, vapuleando a los onis. Las cuerdas ensangrentadas alrededor Inuno comenzaron a desenrollarse, azotando como serpientes mientras Inuno cargaba más de su poder en los seis onis. Los ataques fueron más débiles que lo normal debido a su pérdida de sangre, pero los repentinos gritos agudos procedentes de los comedores de carne terminaron tan abruptamente como su ataque contra ella. En el momento que todas las cuerdas cayeron y Inuno se acercó a la mujer, ninguno de los onis se podía mover.
Inuno pateó a Stakes fuera de su camino para revelar a la mujer debajo de él. Ella jadeaba, sangre salía de su boca en un sendero delgado, más brotaba de la herida abierta en su estómago. Su indecisión había sido costosa. El oni logró herirla mortalmente antes de que él lo hubiera detenido. En pocos minutos, la mujer se desangraría hasta morir.
Ella lo miró, angustia se reflejaba en su expresión, seguida de un horroroso entendimiento mientras ella mirada hacia su estómago.
- Tina… - susurró la mujer. Luego sus ojos verde pálido rodaron hacia su cabeza, y perdió el conocimiento.
Inuno no se detuvo esta vez, cortó sus muñecas con sus colmillos y sostuvo la herida en su boca. La sangre no fluía. Por supuesto… los onis habían drenado toda su sangre. Él arrastró a la mujer en el instante siguiente, llevándola al poste al que tan recientemente él había estado atado. Luego Inuno recogió un puñado de sangre que se agrupaba en el suelo, soltándola en la boca de ella. Su pulso estaba errático, su respiración casi inexistente, pero él lo ignoró, obligándole a tragar.
Las sirenas se acercaron. La policía estaba casi allí, tal como ella había dicho. Inuno cogió otro puñado de su sangre, restregándolo en el agujero de su estómago. La sangre caliente de la mujer se mezcló con la suya, pero sólo por un momento. Entonces su sangrado se detuvo, los bordes de su carne uniéndose mientras ella comenzaba a sanar por dentro y por fuera, gracias a los efectos regenerativos de su sangre. Dos puertas de coche se cerraron de un portazo. Inuno la dejó en el suelo manchado de rojo mientras iba hacia los onis. Sus ojos eran lo único que ellos podían mover mientras él los miraba fijamente.
- Si me hubieran matado de una vez, podrían haber vivido unos días más - dijo Inuno con frialdad. Luego flexionó su poder en una ráfaga corta y controlada.
En el momento siguiente un ruido seco precedió a seis cabezas de los onis que rodaban lejos de sus cuerpos. Pasos se aproximaban al almacén. Inuno se detuvo, mirando a la mujer. Ella había recuperado la conciencia, y estaba mirándolo, su pálido rostro fascinado con conmoción y horror. Ella había visto sus colmillos. Lo vio matando a los onis. Ella sabía mucho de él como para dejarla aquí.
- Policía - una voz llamó.
- ¿Alguien herido ahí…? - Inuno levantó a la mujer y salió por una ventana rota antes de que los oficiales tuvieran la oportunidad de jadear por la carnicería que encontrarían dentro.
Continuara…
