Hola aquí la continuación de la saga "The Night Huntress" de Jeaniene Frost espero que les guste y porfa comenten, ya saben la regla no comentario no nuevo capítulo.
Intento de Escape
Izayoi sabía que no estaba soñando, o alucinando o enloqueciendo. Y esas eran malas noticias. Eso significaba que todo lo que había visto era real, lo que significaba que el hombre que la había secuestrado no podía ser humano. Tan imposible como era la idea, era la única explicación lógica. Los humanos no pueden recuperarse de la carnicería que ella había visto cuando captó el primer vistazo del hombre atado al poste. Los humanos no tenían colmillos u ojos que brillaran verde fluorescente. Y los humanos no podían rasgar las cabezas de las personas sin siquiera tocarlas.
Incluso si ella quisiera racionalizar todo como que había sido su histérica malinterpretación de un evento traumático, los humanos seguros como el infierno no podían volar. Sin embargo su secuestrador había salido volando de ese almacén, después fue saltando de tejado en tejado sosteniéndola como si no pasara nada.
Izayoi siempre había tenido miedo a las alturas, por lo que el miedo, junto con los mareos, golpes, la pérdida de sangre, y el vértigo, fue demasiado. En algún momento durante el salto de techos se desmayó. Ahora ella se encontraba despierta en una habitación que lucía normal, aún en sus rasgadas ropas salpicadas de sangre, la herida de su estómago milagrosamente sanado y su secuestrador sentado en una silla al otro lado de la cama.
- No tengas miedo, estás a salvo - fueron sus primeras palabras, pronunciadas con un extraño acento. Sólo el instinto de supervivencia de Izayoi le impidió decir "Una mierda" Ella bajó la mirada hacia ella misma, pero, por supuesto, su arma no estaba a la vista. No es que hubiera hecho algo contra lo que él y las otras criaturas del almacén fueran.
- ¿Dónde estoy? - Preguntó Izayoi, saliendo de debajo de las mantas que alguien ¿él? había puesto sobre ella.
- Un lugar seguro - respondió su secuestrador, provocando otra mofa mental de Izayoi. Claro. Ella estaba tan segura como un paracaidista con un paracaídas roto.
- Que extraño… Puedo oler tu miedo, pero no puedo oír ni una palabra de ello. - murmuró el hombre en el siguiente instante.
Izayoi había estado en un lento proceso de salir de la cama, pero con eso, ella se detuvo. Una fría sensación de adrenalina se arrastró a través de ella mientras ella tomaba la primera mirada real de la persona que la mantenía cautiva.
Recto pelo plateado colgaba bien pasado su pecho en algunos lugares, pero estaba cortado por los hombros en otros. A primera vista, su rostro parecía de Oriente Medio, pero su piel clara le hizo pensar en una herencia mixta. Una amplia boca estaba curvada en una leve media sonrisa mientras que las negras cejas se cernían sobre los ojos dorados. ¿A dónde se había ido el resplandor rojo sobrenatural? Él parecía tener unos veinticinco años, a juzgar por la falta de líneas alrededor de sus ojos. Él todavía tenía sangre salpicada en el cuello, pero parecía que se había puesto una camisa limpia y pantalones. Si no fuera por la sangre y el desigual corte de pelo, Izayoi hubiera pensado que era un fino joven ejecutivo, si se hubiera topado con él en el metro.
Pero ella lo había visto medio cortado en trozos esta mañana, aunque no había signos de lesión visibles en él ahora. Era una prueba más de que lo que fuera, no podía ser humano. ¿Por qué molestarse con cortesías? Izayoi se preguntó. Ambos sabían que había sido testigo de algo que probablemente daría lugar a su asesinato para que no pudiera decirle nada a nadie sobre ello.
- Fascinante… No puedo escuchar una palabra de lo que estás pensando. - dijo él, casi para sí mismo. Las manos de Izayoi fueron de manera instintiva a su cabeza, como si ella pudiera bloquearlo psíquicamente de escudriñar en su mente.
- Eso no te hará ningún bien en circunstancias normales, pero como dije, no puedo escuchar tus pensamientos. - Su media sonrisa se arqueó.
- ¿Qué eres? - espetó ella. ¿Un alíen? Ella sabía que el gobierno estaba mintiendo acerca del incidente de Roswell.
- Nada de lo que tengas que preocuparse, Tina. Pronto, podrás… - respondió con un encogimiento de hombros.
- ¿Por qué me llamas Tina? - Izayoi interrumpió con un susurro lleno de pánico.
- Quizás sólo necesito más sangre - murmuró el desconocido.
- Aléjate de mi hermana - gruñó Izayoi, en aumento. Cualquier cosa que él fuera, había huido de la policía. Eso significaba que ellos debían de ser capaces de hacerle daño, y si él tenía algo previsto que involucrara a Tina, ella iba a encontrar una manera de hacerle daño, también.
- Lo has entendido mal. Dijiste 'Tina' justo antes de que perdieras el conocimiento. Pensé que era tu nombre. - Le ofreció una mano.
Izayoi no recordaba eso, pero tenía sentido. Cuando vio lo horrible que era su herida, su último pensamiento había sido que no habría nadie alrededor para cuidar a Tina, una vez que ella estuviera muerta. Una herida como esa debería haberla matado, sin embargo la primera cosa que Izayoi había notado al despertar era que su estómago estaba curado. Increíblemente, ni una sola marca permanecía, y ella se sentía bien, aunque sus ropas todavía estaban rasgadas y manchadas con sangre.
Eso hizo que le diera a su secuestrador otra lenta evaluación. Él debió de haberla sanado de alguna manera. ¿Significa eso que decía la verdad cuando dijo que no estaba en peligro, o que esta criatura tenía algo aún peor reservado para ella? Si no tenía malas intenciones, ¿por qué no la había dejado en el almacén con la policía?
El extraño oscuro permaneció inmóvil, con una sola mano todavía extendida hacia ella. Izayoi tomó una respiración profunda y se sentó sobre la cama. Había estado en bastantes situaciones extrañas en su trabajo como para saber que ponerse histérica nunca ayudaba a nadie. Es cierto, nada acerca de ser un investigador privado la había preparado para esto, pero si quería conservar hasta la menor posibilidad de sobrevivir, tenía que mantener la calma.
- Mi nombre es Izayoi. Quiero ir a casa ahora. No estoy segura de lo que sucedió esta mañana. Cuando intento recordarlo, está todo tan borroso... - Si él tenía sus pertenencias pronto sabría eso por su identificación, de todas formas.
- Estás mintiendo - dijo el hombre con burla, pero de alguna manera haciendo que sonara elegante.
- No necesito leer tu mente para saber eso. Puedo olerlo. - Esos ojos color oro se estrecharon.
- ¿No pretenderías que no recuerdas nada si estuvieras en mi posición? - Izayoi tragó saliva.
- No lo sé… - respondió casi pensativo.
- Nunca he estado en tu posición. Siempre supe acerca de los hijos de Caín, aun cuando era niño. - Luego él sacudió la cabeza como para despejarla.
- ¿Por qué te digo esto? Debo necesitar alimentarme de nuevo. Venga, vamos a acabar con esto... - De repente estaba delante de ella, las manos sobre sus hombros. ¿Cómo se podía haber movido tan rápido? Su corazón empezó a latir con fuerza mientras un frenesí enfermizo brotaba de ella. ¿Terminemos con esto? ¿Era esa la forma como él se refería casualmente al asesinato?
- No temas… - dijo el monstruo en voz baja. Sus ojos cambiaron, a un color rojo brillante mientras él la obligaba a mirarlo. Presión comenzó a construirse en su mente. Oh Dios, él estaba a punto de arrancarle la cabeza, como le había hecho a las otras criaturas allá en el almacén.
- Detente ¡Yo traté de ayudarte! - exclamó Izayoi.
- Lo sé - interrumpió él, rozando sus dedos a través de su rostro.
- Fuiste muy valiente. Tonta también, pero valiente, no obstante. Mírame a los ojos, Izayoi. Nada sucedió esta mañana. Nunca fuiste al almacén. Nunca me viste. Fuiste a casa, te quedaste dormida, y no pasó nada más. - Su voz profunda, vibraba con algo más que su extraño acento.
La presión en la mente de Izayoi se intensificó, pero su cabeza no se sentía como si estuviera a punto de separarse de sus hombros. Tal vez él no estaba tratando de matarla. No se había tomado tanto tiempo para matar a los otros en el almacén. Después de otro momento mirando a sus ojos increíblemente brillantes, Izayoi trató de razonar con él otra vez.
- Eso es exactamente lo que voy a decir. Cualquier cosa que seas, lo que ellos fueran, no quiero saber nada al respecto. Sólo quiero olvidarlo. - El ceño fruncido incrementó sus facciones.
- Imposible - murmuró.
- Nada paso esta mañana. Te fuiste a casa, te fuiste a la cama. - Sus ojos se iluminaron aún más.
- Lo tengo - dijo Izayoi, parpadeando. Mirarle a los ojos era como mantener la mirada fija en dos focos rojos. Él estaba en el otro lado de la habitación antes de su siguiente parpadeo, mirándola con la misma especulación que ella le había otorgado antes a él.
- Eres inmune a mi poder. - Una corta risa salió de él.
- Este es un día memorable, en efecto. Quizás es porque te di mi sangre para curarte. Eso puede interferir con mi hipnotismo ahora. Una vez que salga de tu sistema, serás influenciable otra vez. - Eso no sonaba bien. Sonaba muy largo, como si ella no fuera a irse pronto, y las cosas estaban formando una conexión en su mente. Sangre. Hipnotismo. Colmillos. Volar. Sólo una criatura tenía todas esas cosas en común, pero este extraño no podía ser yokai, ¿o sí?
- Puede que recuerde lo que sucedió esta mañana, pero puedes apostar que no se lo diré a nadie - dijo Izayoi calmadamente.
- No tienes que esperar para borrar nada de mi sistema. Iré casa y no voy a decir una palabra acerca de ti, ese almacén, o cualquier otra cosa que no sea completamente normal. - Él se le quedó mirando, oscuridad remplazaba el verde de su mirada. Después muy lentamente, negó con su cabeza.
- En este momento, puedes creer eso, pero no voy a tomar el riesgo de que cambies de idea luego. - El sonido de la puerta cerrándose fue el único indicador de que él se había movido.
Izayoi corrió hacia ella, aunque el pomo de la misma se giró y ella chocó contra ella, no pudo abrir la puerta. Algo muy pesado debería estar en el otro lado de la misma. ¿Cómo se suponía que iba a escaparse de él cuando se movía tan imposiblemente rápido? Una vez más, la palabra "yokai" saltó en su mente. Con todos los otros rasgos que había visto, parecía ser el favorito para lo que era su secuestrador. ¿Por otra parte, no se suponía que los yokais ardían a la luz del sol? Él no lo había hecho. El sol había salido cuando la había llevado desde el almacén, pero su secuestrador no había sufrido ningún daño. Además, ella llevaba un collar con una cruz, pero no había evitado que la acarreara por la mitad de los tejados de Chicago esta mañana, tampoco. Eso disparó a un gran agujero en su teoría de "yokai."
Una parte de Izayoi no podía creer que estuviera pensando en qué clase de criatura sobrenatural podría ser. Se suponía que ninguna de esas cosas existe, por no hablar de ¡secuestrarla! Incredulidad luchó contra el recuerdo de todo lo que había visto. Incluso si quisiera creer que su larga noche sin dormir le había hecho ver cosas que no eran reales, su estómago perfectamente curado y manchado de sangre era un recordatorio de que sus ojos no jugaban trucos con ella. No se había imaginado la agonía de su carne desgarrada, tampoco. O la frialdad que se había filtrado a través de cada poro, la sensación de desvanecimiento. . . y luego el brusco tirón a la vida justo a tiempo para ver a su captor de cabello oscuro rasgar las cabezas de varias personas cuando sus manos ni siquiera estaban cerca de ellos.
No importaba lo que fuera, decidió Izayoi. Lo más importante era alejarse de él. Comenzó a merodear alrededor de la habitación, haciendo caso omiso de los muebles lujosos. Ningún teléfono que ella pudiera ver. Un cuarto de baño adjunto completo con todas las comodidades, ninguna útil para fines de escape. Ningún ordenador. Se acercó a la ventana y miró fuera con frustración. Por supuesto ella estaría unos cuantos pisos arriba sin un balcón o enredadera. Se suponía que debía estar agradecida de que no parecía haber un foso alrededor de la propiedad, o lobos aullando por todo el perímetro. ¿Estaba todavía en Chicago? ¿O bien, cuando había estado inconsciente, había conseguido llevarla mucho más lejos?
Izayoi se hundió en la cama, tocando la tela de la colcha. Frank probablemente ni siquiera se daría cuenta de que estaba desaparecida hasta más tarde esa noche. Su jefe sabía que había estado fuera toda la noche, lo que haría que durmiera hasta tarde hoy. Tina tampoco intentaría llamarla hasta más tarde, y si Izayoi no respondía, su hermana acabaría asumiendo que ella estaba trabajando. Su única esperanza era que su secuestrador hubiera dejado su mochila en el almacén. La policía definitivamente investigaría su paradero si encontraban sus pertenencias en el lugar de un homicidio múltiple espeluznante. ¿La tenía con él cuando la agarró? No podía recordarlo. Su mochila no estaba en esta habitación, eso era todo lo que sabía.
Izayoi hizo un puño con el edredón, queriendo destruirlo por la frustración, pero con su gruesa suavidad, probablemente era un recuento de miles de hilos y por lo tanto más fuerte que la cuerda. Todos lo que conseguiría sería romperse varias uñas. De pronto, Izayoi empezó a sonreír. La improvisación es una parte necesaria del trabajo, Frank le había dicho cuando la entrenó para trabajar como I.P (Investigador privado). Había estado en lo cierto. Izayoi fue al baño, arrastrando el edredón detrás de ella.
Inuno cerró los ojos mientras tragaba. Carne caliente presionada contra su boca, un dulce pulso vibrante debajo de sus labios. Una nube de pensamientos placenteros cubrió su mente cuando ligeramente clavó los colmillos de nuevo, pero no eran sus pensamientos. Pertenecían a Selene, la humana de la que se alimentaba. Sí, muérdeme otra vez. Más profundo. Ah, muy bien, no te detengas.
Selene se estremeció con un éxtasis que Inuno no había sentido en siglos. Se echó hacia atrás después de su siguiente trago, cerrando las perforaciones de sus colmillos con una gota de su sangre, mientras que la dicha que había sentido tan brevemente se había convertido en cenizas.
La pasión de Selene era sólo debido a la hábil forma en que la había mordido, junto con la leve euforia que induce el veneno que todos los yokais tienen en sus colmillos. Él sería capaz de darle orgasmos mentales con su mordida, si quisiera, pero cualquier yokai podría despertar la mismas sensaciones en ella. Si había una cosa que los largos años le habían enseñado a Inuno, es que ser un instrumento de placer no era lo mismo que ser realmente deseado.
Una vez se había burlado de eso. Cuando él era un gobernante humano en Egipto, se consideraba un honor compartir su cama, y Inuno daba la bienvenida a muchos allí. Cuando se convirtió en un yokai, hombres y mujeres acudían a él con la esperanza que los transformara en yokais. Más tarde, su poder atraía a aquellos que buscaban protección. Con el tiempo, ser su amante era un símbolo de estatus entre los yokais. Incluso si Inuno vivía entre los humanos, ocultando lo que era, su riqueza seducía a gente a su lado. Después de vivir de esa manera por dos mil quinientos años, incluso los placeres más sensuales empezaban a sentirse vacíos. Inuno quería más.
Pensó que lo había encontrado en Irasue, la joven reina egipcia con la que se casó hace dos mil años, pero eso había terminado en desastre. En aquel entonces, había sido tan ingenuo como para creer que podía saciar la necesidad de poder de Irasue convirtiéndola en un yokai, compartiendo su vasta riqueza, y la enseñanza más profunda, los secretos más prohibidos de su raza, pero no había sido suficiente. Nada de lo que había hecho había sido suficiente, y un pecado de mucho tiempo atrás resultó en Irasue casi destruyendo a todos los que le importaban a Inuno, hasta que ella había sido asesinada el año pasado. Tan deprimente como él pensaba que era, todo el mundo en su vida había sido atraído hacia él por segundas intenciones, incluso aquellos en que confiaba. Incluso aquellos que amaba.
Por extraño que pareciera, la única excepción era la humana encerrada en la habitación de arriba. Izayoi había tratado de salvarlo, actuando sin la influencia de su patrimonio, estatus, poder, riqueza o carisma. Ella arriesgó su vida sin esperar una sola cosa a cambio. Nadie había hecho tal cosa por él. Nunca. Como resultado del incomprensible acto desinteresado de Izayoi, combinada con su incapacidad para controlar su mente o escuchar sus pensamientos, no había podido dejar de pensar en ella. A pesar de que el día dio paso a la noche y había enviado a otro yokai para entregar alimentos y refrigerio a su habitación, Inuno no podía desterrarla de sus pensamientos.
Izayoi... En griego, significa "dama". En celta, significa "oscuro". ¿Cuál se ajustaría mejor a ella? Su apariencia se ajustaba a ambos significados de su nombre… su rostro era delicado y hermoso, con excepción de su fuerte mandíbula que advertía terquedad. Los ojos de Izayoi eran de color verde pálido, pero sus cejas eran oscuras, igualando el tono profundo de su cabello antes de ser aligerado con el oro en las puntas. Su cabello era corto para el gusto de Inuno, cayendo justo encima de los hombros, pero era tan abundante, grueso y rizado, que prácticamente lo invitaba a enroscarlo alrededor de sus dedos.
El cuerpo de Izayoi era otro contraste de feminidad y fuerza. Era esbelta al punto de delicadeza, pero ella mantenía su postura como la de un luchador, y sus anchos hombros solo servían para destacar mejor sus llenos pechos. Había tensado sus hermosos amplios hombros y esa testaruda mandíbula cuando gruñó que se mantuviera alejado de su hermana. Incluso aunque Izayoi supiera que no era humano, no había vacilado en desafiarlo al percibir la amenaza a su familia. Dama oscura, de hecho.
- ¡Si, por favor! - El grito sacó a Inuno de sus pensamientos.
¡Caray! Él había estado acariciando Selene e inconscientemente, envío cadenas de su poder para acariciar y estimular sus terminaciones nerviosas. ¿Cómo podía haber estado tan perdido en sus pensamientos con Izayoi que había olvidado que todavía tenía a Selene en sus brazos? Inuno retiró su poder y alejó a Selene lejos de él.
- He tomado todo lo que necesito - le dijo. Ella abrió los ojos mientras se apretaba contra él.
- Déjame darte más que sangre - ofreció con una voz ronca.
- No - respondió Inuno automáticamente.
En cuanto pronunció las palabras, recordó de nuevo que no era necesario negarse. Su esposa había muerto, así que no había más pena de muerte sobre cualquier mujer que llevara a su cama. Si quisiera a Selene, podía tenerla. Pero era irónico, después de arder por la lujuria no utilizada por más tiempo del que muchas civilizaciones existieron, cuando tenía la oportunidad de disfrutar… no tenía ganas. Selene era hermosa, dispuesta, sin embargo él no la quería. La cara de Izayoi brilló en su mente, pero Inuno limpió la imagen antes de que se permitiera pensar demasiado en ello.
- No - le repitió a Selene en un tono que no admitía discusión.
Se fue después de una última mirada persistente que el fingió no darse cuenta. Selene, como todos los otros, no sólo lo quería a él. Ella también quería el poder, la seguridad, y el placer sobrenatural que podía dar, pero de alguna manera durante el prolongado celibato forzoso, ya ese no era un trato aceptable. Selene sólo se había ido unos minutos antes de que Gorgon, el único yokai que Inuno trajo a esta casa, entrara en la biblioteca.
- Sire - dijo Gorgon.
- Tenemos una situación con la humana que trajo a casa esta mañana. - Inuno subía ya a grandes zancadas por las escaleras al cuarto de Izayoi, cuando la voz de Gorgon lo detuvo.
- Ah, ¿Sire? Es posible que usted desee ir fuera, en su lugar. – no pudo evitar arquear una ceja al escucharlo.
Izayoi colgaba por la ventana en su improvisada cuerda, recordándose a sí misma con los dientes apretados no mirar hacia abajo. Había tomado horas atar las colchas, sábanas, cortinas y la cortina de la ducha juntas hasta que estuvo lo suficiente larga para llegar al fondo de la casa. Luego la aseguró en torno a dos esquinas de la cama, esperando tensamente hasta la noche así ella tendría menos posibilidades de ser vista. Tomó otra media hora de charla de ánimo mental antes de que ella hubiese maquinado el coraje para alzarse a sí misma sobre el alféizar de la ventana, y ella había tenido un momento de pánico cuando la cuerda se estiró por primera vez bajo su peso.
Pero la cuerda, el anclaje de la cama, y sus bíceps habían aguantado. Poco a poco, Izayoi bajó, enredando la cuerda entre sus piernas para frenar su descenso. Lo estás haciendo muy bien, Izayoi se dijo a si misma cuando ella cuidadosamente comenzó a bajar por el lado de la casa. Con suerte, ella estaría a salvo en la parte inferior en sólo unos minutos. Si ella tenía incluso más suerte, no le tomaría mucho tiempo encontrar ayuda. Dudaba que ella todavía estuviese en Chicago, a juzgar por la falta casas y edificios a la vista, pero ella había visto lo que parecía otra casa más allá de la línea de árboles hacia el norte. Ahí es donde ella iba a tratar primero… asumiendo que la cuerda o la cama no se rompieran repentinamente.
Cuando alcanzó la cornisa debajo de su ventana, Izayoi dejó escapar un tenso suspiro de alivio. Un piso completo, dos más faltaban. Hasta ahora, nadie había dado la voz de alarma. Hacerse pasar por una cautiva obediente había funcionado al parecer. Había pretendido comer la comida y beber la soda que el hombre de cabello rubio con la cicatriz corriendo por su mejilla le había traído, pero en realidad, ella los había tirado por el retrete. De ninguna manera se arriesgaría a ser drogada por probar esas cosas. Había tragado un poco de agua de la ducha cuando se limpiaba. Eso era más que suficiente para mantenerse hidratada, y dudaba de que fueran lo suficientemente inteligentes como para haber agregado drogas a eso.
Izayoi continuó dejándose caer por la cuerda, sorprendida de que sus brazos no se sentían débiles. Ella había perdido mucha sangre esta mañana, pero por alguna razón, sus brazos se mantenían estables, manejando su peso con facilidad. Eso fue bastante inusual para preocupar a Izayoi, pero ella decidió preocuparse por ello más tarde. Como cuando estuviera muy lejos de esta casa y en la estación de policía más cercana.
Ella logró bajar otro piso, conteniendo el aliento cuando su cuerda la trajo colgando directamente en frente de una ventana. La luz adentro brillaba contra el cristal, haciendo el interior claramente discernible para ella. Izayoi rezó por que la oscuridad del exterior la hiciera casi invisible por el contraste. Ella ligeramente pateó para posicionarse lejos del centro de la ventana, y se hizo bajar un poco más rápido. ¿Debería ella arriesgarse a mirar hacia abajo para ver cuánto más allá estaba? No, decidió Izayoi. Había hecho bien en llegar hasta aquí, teniendo en cuenta su miedo a las alturas. No necesitaba arruinarlo mirando hacia abajo ahora.
Cuando Izayoi finalmente sintió tierra sólida debajo de sus pies en lugar de más vacía y cuerda, casi gritó de alivio. Ella contuvo su alegría, sin embargo, tirando de la cuerda hacia la izquierda de las ventanas y asegurándola al meter el extremo bajo una planta en una maceta. Con suerte, nadie la encontraría hasta la mañana, y ella se habría ido hace mucho tiempo para entonces. Izayoi empezó a correr tan rápido como pudo en la dirección donde ella pensaba que había vislumbrado la otra casa desde la ventana de su dormitorio.
Estaba oscuro como boca de lobo afuera, pero estaba bastante segura de que iba en la dirección correcta. Su corazón latía con alegría y regocijo. ¡Ella era libre! Ella alcanzó unos veinte metros antes de que se encontrara con una pared.
Inuno había visto a Izayoi descender de la casa con una mezcla de asombro y diversión. Ella ciertamente era una mujer tenaz, uniendo una cuerda hecha de diversos materiales del dormitorio… ¿y eran esos anillos de la cortina de la ducha que ella había utilizado como puntos de anclaje para sus nudos? Se tuvo que cubrir la boca con la mano para no reírse a carcajadas. ¡Hacia siglos que no veía algo tan tenas!
- ¿Quiere que vaya por ella? - preguntó Gorgon, con voz demasiado baja para que Izayoi lo oyese.
- Nop - respondió Inuno.
Él estaba bastante curioso de ver si ella haría todo el camino hasta el fondo. Si la cuerda se rompía o ella perdía el agarre, él fácilmente podría atraparla. Pero mientras tanto, ver a Izayoi maniobrar por el lado de la casa era más entretenido que cualquier cosa que él había hecho en los últimos meses.
- Puedes volver adentro - le dijo a Gorgon, su boca torciéndose cuando Izayoi delicadamente se alejó a patadas de la ventana.
Ella estaba siendo muy silenciosa para un humano, pero por supuesto, con su audición, ella hacía una gran conmoción. Gorgon asintió con la cabeza una vez antes de desaparecer de vuelta en la casa. Inuno estaba en la parte más oscura del césped, donde sería invisible a la vista de Izayoi, y continuó observándola. Él se tensó cuando el armazón de la cama al que la cuerda estaba anclada crujió en advertencia, pero su agarre se mantuvo. Cuando Izayoi llegó a tierra, Inuno sonrió junto con ella. Bien hecho, dama oscura.
Lástima que no podía dejarla completar su victoria escapando, sin embargo. Un humano contando a la policía cuentos de criaturas sobrenaturales era lo último que Inuno necesitaba. Ryukotsusei se valdría de eso como más prueba de que Inuno había roto sus leyes. Ryukotsusei. Qué extraño que Inuno no había pensado en el vengador Guardián de la Ley desde que dejó la bodega esta mañana, pero él atendería sus asuntos con respecto a Ryukotsusei más tarde. Primero, tenía que borrar los recuerdos de Izayoi de todo lo sobrenatural. Él podría pasársela a Gorgon o a otro yokai en su línea para hipnotizarla, pero ocuparse de Izayoi parecía lo menos que él podía hacer para pagarle por la amabilidad que ella le había mostrado en el almacén. Incluso si ella lamentaba esa bondad ahora.
Él siempre podía encontrar otra manera de poner en práctica su plan concerniente a Ryukotsusei después que los recuerdos de Izayoi de ese almacén y él hubiese desaparecido. Inuno no había visto a Ryukotsusei en más de una semana. No había necesidad de apresurarse, él lograría su objetivo a tiempo. Inuno dejó a Izayoi correr por unos pasos antes de que se pusiese delante de ella. Ella chocó con él lo suficiente duro para extraer un grito de ella, pero él absorbió el impacto como si ella fuera una mariposa.
- Ya son dos las cosas valientes pero tontas las que has hecho hoy - señaló Inuno.
- ¡Maldita sea! Eres tú de nuevo, ¿no? - La respiración de Izayoi era trabajosa, pero su objetivo fue estable cuando ella lo golpeó de lleno en el pecho. Él podía ver claramente en la oscuridad, pero ella estaría casi ciega por la falta de luces en el jardín.
- Sí, soy yo - respondió Inuno. Él no hizo ningún comentario sobre el golpe, aunque no podía recordar la última vez que una persona lo había golpeado en realidad.
- Me observaste todo el tiempo, ¿no? - Exigió Izayoi, dándole un segundo golpe.
- ¿Por qué? ¿Pensaste que era divertido, viéndome tratar de escapar? - La amargura salía de ella, cambiando su olor a limones y espuma de mar a algo más fiero.
De hecho, él había estado bastante divertido, pero sólo porque sabía que ella nunca estuvo en peligro real. La enojada desesperación en la voz de ella lo hizo detenerse a pensar, sin embargo. Él podría haber sabido que Izayoi no estaba en peligro, pero ella no. En realidad, él no le había dicho nada realmente para tranquilizarla de que no tenía motivos para temer, si estaba dentro de la casa o colgando de una cuerda fuera de ella.
- Me disculpo. - Inuno dejó caer las manos de sus hombros, donde la había estabilizado después de que Izayoi había chocado contra él. Ella no trató de huir una vez que la soltó. Ella se quedó allí, respirando hondo y mirándolo.
- ¿Qué eres? ¿Y qué vas a hacer conmigo, ya que está claro que no me dejaras ir? - Inuno dudó un momento antes de dar un encogimiento de hombros mental. Muy pronto él borraría su mente. ¿Qué importaba si ella sabía más sobre él en el interino?
- La palabra moderna para lo que soy es yokai. - El corazón de Izayoi ya había estado martilleando, pero ante eso, dio un vuelco.
- Los yokais no existen - dijo ella, a pesar de que ella sonaba como si sus palabras fuesen un último intento de negación en lugar de una declaración verdadera de incredulidad.
- Eso es exactamente lo que los humanos se supone que piensen, salvo que tú has visto demasiado como para aferrarte a esa historia por más tiempo - respondió él firmemente.
- Pero estabas fuera a la luz del sol esta mañana, y mi cruz… - Inuno extendió la mano para tocar el emblema colgando del cuello de Izayoi. El mero hecho de tocar la plata no le haría daño. Sus ardientes y agotadores efectos estaban inactivos a menos que la plata rompiese la piel de un yokai.
- Los efectos de la luz solar, cruces, estacas de madera, y agua bendita son pistas falsas que mi pueblo deliberadamente plantó a lo largo de los milenios. Nuestra verdadera debilidad no es algo que permitamos convertirse en conocimiento común. – dijo de manera presumida.
- Plata - dijo Izayoi. Sus cejas se levantaron. Ella no podía verlo, pero ella debió sentir su reacción, porque se encogió de hombros.
- Eso debe ser lo que los otros, ah, yokais estaban usando en ti esta mañana. Los cuchillos no acababan de verse como acero, pero, por supuesto, estaban tan sangrientos. - Su voz se desvaneció de nuevo y ella miró hacia otro lado, mordiéndose el labio.
En medio del silencio escandaloso de su mente, él captó un cambio de su esencia en algo que reflejaba una emoción que él conocía bien. Arrepentimiento. Ella deseaba no haber intervenido para ayudarlo esta mañana. Inuno no podía culparla, pero para su sorpresa, descubrió que eso en realidad. . . lastimaba. Por los dioses, ¿estaba él realmente triste por lo que una extraña pensaba de él? ¡Tenía más de cuatro mil quinientos años de edad! Tal vez en verdad era hora de que pasase de este mundo. Antes de que él manifestase otras formas de lo que tenía que ser senilidad de no-muerto.
- Esos otros hombres no eran yokais. Ellos pertenecen a otra raza conocida como onis, o comedores de carne - Inuno la corrigió con frialdad.
- Esta mañana me acerqué a onis, que comen carne, cortando a tajos a un yokai que bebe sangre. ¿Es eso lo que me estás diciendo? - Sonó como si Izayoi se atragantara.
- Sí. - Ahora el miedo agudizó la esencia de Izayoi, y un temblor fino atravesó sus miembros, pero su columna vertebral permaneció recta.
- ¿Es eso por lo que me mantienes aquí? ¿Para beber mí sangre? - Inuno no pudo evitar mirar a su garganta con su pulso tentadoramente rápido antes de responder.
- No. Te lo dije… no tienes nada que temer de mí. Yo ya te habría regresado a tu casa excepto que soy incapaz de borrar tu conocimiento de esta mañana todavía. Una vez que mi sangre haya dejado tu sistema, y pueda limpiar tu mente de esto, serás liberada. Hasta entonces, estarás ilesa. Te doy mi palabra. - Ese temblor se desaceleró, pero su ritmo cardíaco no detuvo su carrera.
- Esto es como un mal sueño - Izayoi susurró.
- Tú podrías prometer no hacerme daño, pero alguien más me trajo la cena, y supongo que él no era humano, tampoco. Si hablas en serio cuando dices que no quieres hacerme daño, tienes que dejarme ir. Si no, sólo estoy segura hasta que uno de los otros yokais a mí alrededor le dé apetito. - Inuno no pudo detener el resoplido que se le escapó.
- Mi palabra es ley en mi pueblo. Nadie se atrevería a tocarte sin mi permiso, y yo expresamente lo he prohibido. Estás muy segura de alguien teniendo "apetito" a tu alrededor, Izayoi. - Ella guardó silencio por unos instantes.
Inuno se concentró en su mente, pero seguía siendo frustrantemente difícil de alcanzar para él. Su aroma se debatía entre la desconfianza y la conmoción, sin embargo, diciéndole tanto de su lucha interna para digerir esta información como sus pensamientos probablemente lo harían. La angustia de Izayoi era de esperar. Teniendo en cuenta que había comenzado el día sin saber nada de las criaturas que existen aparte de la humanidad, entonces había sido casi asesinada por algunas de esas criaturas y era ahora retenida contra su voluntad por otras, ella había demostrado una fuerza notable. Inuno había visto a los líderes de las naciones reducidos a sollozos incoherentes bajo menores circunstancias.
- Incluso si mi vida no está en peligro, no puedo solo quedarme aquí esperando a que mi mente se vuelva maleable de nuevo. Tengo un trabajo, y, ah, otras responsabilidades muy importantes. Por favor, no me malinterpretes, estoy más que aliviada de que no pretendas comerme, pero no puedo solo desaparecer por varios días. Si dejas que me vaya, me iré a casa, y no voy a decir una palabra a nadie sobre nada de esto. - dijo Izayoi al fin.
- ¿Es allí a donde tenías la intención de ir cuando corrías esta noche? - Preguntó Inuno, su mano saliendo disparada para detener a Izayoi cuando empezó a alejarse.
- Y no me mientas otra vez. - La cara de Izayoi se enrojeció cuando ella encontró su mirada.
- Me dirigía a casa de tu vecino más cercano para llamar a la policía - respondió ella en voz baja.
- Y es por eso que no puedo dejarte ir mientras recuerdes cualquier cosa de lo que has visto. - Inuno dejó caer la mano de su cara.
- Pero eso fue antes. Cuando yo todavía pensaba que me ibas a matar, así que sí, la policía sonaba como mi mejor opción. Pero has demostrado que no puedo escapar sin que lo sepas, y que claramente podrías dominarme en cualquier momento. No puedo imaginarte malgastando el esfuerzo de mentirme tanto si sólo tuvieras la intención de matarme. Y si no me vas a matar, entonces no deben ser los asesinos insaciables que la leyenda pinta que son, por lo que no es necesario advertir a la humanidad acerca de ustedes. Sí, has matado a esas personas que estaban torturándote, pero eso es homicidio justificado en cualquier tribunal, así que no hay necesidad de que le diga nada a nadie. - dijo Izayoi insistentemente.
La voz de Izayoi se había levantado en su agitación, y su pulso se aceleraba de nuevo. Inuno no dijo nada, sabiendo que ella estaba tratando de conciliar los hechos en voz alta más que otra cosa. Siempre era aterrador para los seres humanos cuando se daban cuenta de que su creencia en la superioridad de su raza era falsa. Cuando se daban cuenta de lo vulnerables que realmente eran a las otras especies que comparten la oscuridad con ellos.
- Además… - dijo al fin, expulsando la palabra en un suspiro irregular.
- No importa a cuánta gente le diga, ¿quién me creería? Yo nunca había creído a cualquiera de los clientes que acostumbraban hablar de cosas extrañas e imposibles, y escuché más que unas pocas de esas historias como investigadora privada... - Los ojos de Izayoi se abrieron aun mientras dejaba de hablar en mitad de la frase.
Inuno no podía oír los pensamientos formándose en su mente, pero por su expresión, ella estaba dándose cuenta de que algunas de las historias que había descartado rápidamente podrían haber sido ciertas. Luego miró a su alrededor al patio oscuro como si lo viera con otros ojos, su respiración acelerándose. Inuno observaba con pena, sabiendo que era el momento en que Izayoi realmente aceptaba que todo esto era real. La pequeña parte de ella que todavía esperaba que hubiese otra explicación había finalmente desistido. Él había observado esta misma rendición mental en los humanos antes, demasiadas veces para contar, y aunque Izayoi podría creer que ella podría volver a una vida normal con esta información, Inuno sabía que no podría.
- No quieres este conocimiento - dijo él, su voz tranquila pero firme.
- Va a destruir tu vida. Verás todas las sombras de una manera diferente, y cada sonido extraño hará que te preguntes… ¿es eso una persona, o un monstruo? Los humanos que no forman parte de la línea de un yokai o un oni no andan bien con esta información. El tiempo ha demostrado eso en varias ocasiones. - Lo que no le dijo a Izayoi fue que el tiempo también demostró que dichos humanos por lo general terminaban muertos.
Finalmente, los mortales trataban de hacer que alguien les creyera sobre el mundo sobrenatural, y un humano no reclamado difundiendo cuentos acerca de los no muertos era una amenaza para ambas especies. Tanto yokais como onis reclamaron un cierto número de humanos como propiedad, pero esos seres humanos eran escogidos especialmente, luego retirados de su propio mundo. Vivían con sus protectores no-muertos en pleno conocimiento de que si derramaban el secreto sobre cualquiera de las especies a la sociedad en general, serían eliminados. Este conocimiento no tranquilizaría a Izayoi, sin embargo, por lo que Inuno lo guardó para él. Realmente no la quería saliendo trepando de cualquiera de las ventanas en el futuro.
- ¿Vas a dejarme ir ilesa? - Preguntó por fin, pareciendo llegar a una decisión.
- Tan pronto como pueda eliminar estos recuerdos de tu mente - prometió Inuno.
- Voy a tener que llamar a mi jefe, inventar alguna excusa por faltar al trabajo. No puedo permitirme el lujo de ser despedida. - Ella le lanzó una mirada evaluadora.
- Voy a procurar que tu situación laboral sea atendida. - Pero Inuno no estaba dispuesto a dejar que llamara a su empleador, incluso bajo su atenta mirada. Izayoi trabajaba para un investigador privado, la línea podría ser rastreada, o ella podría utilizar palabras de código indicando peligro que Inuno no podría reconocer. Le gustaría esperar que Izayoi no hiciera tal cosa a la luz de su nueva capitulación, pero estaba demasiado cansado para confiar en la esperanza.
- Tengo que llamar a mi hermana. Ella no está bien. No puedo dejarla preocupándose por mi desaparición sin decirle algo. - Su voz se endureció en una manera que no lo había hecho cuando Izayoi habló de su trabajo.
- Voy a hacer los arreglos para que puedas hablar con ella mañana. - Inuno inclinó la cabeza.
- Muy bien. ¿Cuánto tiempo debería tomar hasta que puedas borrar mis recuerdos? - Izayoi tomó una larga respiración y la dejó escapar lentamente. Mentalmente calculó la cantidad de sangre que le había dado a Izayoi. Habían sido varios tragos por lo menos, y su sangre era muy potente.
- Unos pocos días, como mínimo, una semana como máximo. - Ella hizo una mueca, pero no respondió.
Una vez más, Inuno quedó impresionado por su fortaleza. Izayoi había intentado huir y había argumentado en repetidas ocasiones con él para que la dejara ir, pero ella no había recurrido a la súplica o la histeria. ¿Qué clase de persona era ella, para hacerla tan inusualmente fuerte a hacer frente a tales circunstancias difíciles? Si aún tuviese sus visiones, podría mirar hacia el futuro y ver exactamente qué clase de persona era Izayoi. Nada revelaba el carácter más que ver la culminación de toda una vida de decisiones. Pero Inuno no podía ver el futuro ya. Él regresó de inmediato si destello de ira ante eso. Maldecir a los dioses por lo que le dieron y luego revocaron… era inútil.
- Muy bien. No puedo creer que vaya a pasar una semana con yokais, pero... está bien. - dijo Izayoi de nuevo, trayendo su atención de regreso a ella.
Inuno ocultó una sonrisa, su estado de ánimo aligerándose al ver la manera irónica en que Izayoi negaba con la cabeza. Ella no era la única persona sorprendida con este reciente giro de los acontecimientos. Una parte de él tampoco podía creer que acababa de comprometerse a estar confinado en casa con la misma humana que había arruinado sus planes esta mañana.
- ¿Estás lista para entrar ahora? - Preguntó Inuno, ofreciéndole su brazo.
- Supongo que sí. Dime, yokai, ¿cómo te llamas? - La boca de Izayoi se torció mientras lo tomaba después de un momento de vacilación.
- Inuno - ¿Que era una cosa más para borrar de su mente?
- Suena Español - murmuró ella, examinándolo lo mejor que pudo en la oscuridad.
- Egipcio. - Sin embargo, otro detalle que tendría que borrar de ella más tarde. ¿Qué tenía Izayoi que lo hacía tan inusualmente locuaz?
- Ah. - Ella sonrió entonces, la primera que había visto que no se veía forzada.
- Por lo tanto, Inuno el yokai Egipcio, ¿Eres realmente viejo, o eres tan joven como te ves? - Él le dio una mirada de reojo mientras comenzaba a caminar hacia la casa, sintiendo la más extraña punzada al contemplar la diferencia de edad.
- Soy más viejo que el polvo - respondió secamente.
- Un yokai con sentido del humor. Yo realmente no sabía que existían - bromeó ella con igual sequedad. Inuno no respondió. En primer lugar, él le estaba diciendo cosas que no tenía ninguna razón para revelar, ahora él estaba bromeando sobre su edad. Qué extraño. Había pensado que su sentido del humor había expirado hace mucho tiempo.
- Supongo que volver a organizar esa habitación me dará algo que hacer por las próximas horas - señaló Izayoi con un suspiro.
- Eso no es necesario, tú... permanecerás en otra habitación. - Inuno casi tropezó cuando tragó las palabras que habían estado a punto de cruzar sus labios: Te quedarás en mi habitación. ¿Qué lo poseyó, incluso para pensar tal cosa? Él no había encontrado su sentido del humor… él había perdido la razón. Senilidad de no-muerto. No había muchos yokais que quedasen que fuesen mayores que él. Tal vez se trataba de una situación real después de todo.
Continuara…
