Dama lista
Izayoi se despertó con el corazón palpitante, con los brazos arremetiendo contra un atacante que no estaba allí. Durante varios segundos de pánico, no parecía poder asociar la realidad con la imagen de esa cosa desgarrando su estómago. Luego se dejó caer sobre las almohadas, jadeando. Sólo una pesadilla, una pesadilla.
Excepto que era más que eso. Izayoi deseaba que su respiración se desacelerase mientras contaba hacia atrás desde treinta. En el momento en que había llegado a uno, su corazón había dejado de correr a toda prisa, y ella ya no estaba jadeando. Otro set de contar hacia atrás se hizo cargo del temblor en sus manos. En el tercer set, Izayoi pudo levantarse de la cama sin imágenes constantes de la cara del oni bombardeando su mente. Está muerto, ya no puede hacerte daño, se recordó con firmeza.
Además, aunque las circunstancias eran diferentes, esta no era la primera vez que alguien la había atacado, a pesar de eso ella había sobrevivido. Esos recuerdos horribles podrían aparecer de nuevo en sus sueños, pero ella no estaba a punto de dar a los fantasmas de su atacante… cualquiera de ellos… el poder sobre ella una vez que estaba despierta.
Y pronto, el recuerdo de este reciente asalto sería borrado, gracias a un extrañamente formal y letalmente poderoso yokai llamado Inuno. De todos los asaltos con los que había tropezado en el camino a su apartamento, ¿quién creería que se había topado con uno que involucraba a criaturas que no se suponía que existen? Nadie, ese es quien, Izayoi pensó misteriosamente. El infierno, ella lo había visto, era la prueba viviente con su estómago milagrosamente sanado, y todavía tenía un momento difícil comprendiendo que todo esto era real.
Yokais. Onis. ¿Qué otras criaturas existían que se suponía no eran reales? Izayoi se estremeció. Tal vez Inuno tenía razón. Tendría probablemente una vida mucho más feliz si ella no se acordaba de nada de esto. Por extraño que pareciera, ella esperaba salir de esto con vida. Después de su intercambio de anoche, Izayoi le creía a Inuno cuando dijo que la dejaría ir. Podría ser simplemente parte del atractivo yokai, pero todos los instintos de Izayoi decían que Inuno era digno de confianza, y sus instintos nunca habían estado equivocados… incluso cuando ella desesperadamente quería que lo estuvieran.
Yokais que no asesinan gente inocente. Casi era una revelación tan increíble como la existencia de los yokais. Los onis parecían ser una especie mucho más cruel, al menos por lo que Izayoi había visto. Lo que esas criaturas habían hecho a Inuno había sido horrible, y ciertamente no le habían mostrado piedad a ella. Si Inuno no los hubiese detenido, luego la hubiese sanado, ella no habría durado cinco minutos después de entrar en ese almacén... Izayoi se congeló en mitad de camino al baño cuando una cuestión que había estado enterrada bajo una avalancha de conmoción, finalmente apareció en su mente. Si Inuno podía detener a los onis con tanta facilidad, ¿por qué no lo había hecho antes de que ella llegase?
Inuno sintió a Gorgon aproximarse antes de que su imagen apareciese a través de la neblina de agua por encima de él. Él dio un suspiro mental cuando se levantó de su cómoda posición en el fondo de la piscina. Estando bajo el agua era una de las pocas veces que él podía disfrutar de una calma relativa. Las capas de agua silenciaban los sonidos de los mortales en su casa, y estar bajo en ella se había convertido en una especie de meditación.
- Señor… Su humana está requiriendo hablar con usted. - dijo Gorgon, una vez que Inuno había salido a la superficie.
La mirada de Inuno destelló detrás de Gorgon hacia Izayoi, cuya expresión dijo que no le importaba el término "su humana." Una vez más, Inuno exploró en la mente de Izayoi, y una vez más, se topó con una pared gruesa. El más elemental atisbo de confusión pasó a través de su esencia, pero la desconcertante e impresionante barrera que le impedía oír los pensamientos de Izayoi tan fácilmente como oía los latidos de su corazón todavía estaba allí.
- Tráela hacia delante - dijo Inuno, balanceando sus brazos contra el borde de la piscina.
- Cristal tintado ¿Pensé que habías dicho que los yokais no tenía aversión a la luz del sol? - fueron las primeras palabras de Izayoi cuando Gorgon le hizo señas hacia delante. Inuno miró alrededor de la piscina cerrada con un ligero encogimiento de hombros.
- La luz del sol no nos hace daño como las leyendas demandan, pero la exposición prolongada debilita nuestra fuerza, y tenemos tendencia a las quemaduras solares con facilidad. - ¿Por qué estoy explicándole eso a ella? se preguntó en el momento siguiente. Cada palabra que él pronunciaba hacia Izayoi sólo sería borrada de su memoria más adelante. Era tan absurdo como hablarle al viento.
- ¿Por qué no tienes paredes reales alrededor de tu piscina? El concreto bloquea mucha más la luz solar que el cristal opaco. - Ella se sentó a pocos metros de la orilla de la piscina, doblando sus piernas debajo de ella como si estuviera en un picnic.
- Porque a veces me gustan las cosas sin importar si son beneficiosas para mí o no. - Inuno le dio una pequeña sonrisa sombría.
Hablarle a Izayoi era otra de esas cosas poco beneficiosas de las que parecía disfrutar, porque allí estaba él, aun respondiendo a sus preguntas a pesar de no haber sentido en ello. Izayoi inclinó la cabeza, la muda luz del sol destacando el oro en su cabello. Ella llevaba pantalones de mezclilla y una blusa con cuello que era una fracción demasiado apretada. Inuno hizo una nota mental para preparar ropa nueva para Izayoi durante su estancia. Usaba algo de Selene ahora, pero los pechos de Selene no eran tan generosos como los de Izayoi.
La mirada de Inuno se detuvo en su pecho hasta que Izayoi se cruzó de brazos sobre este con evidente molestia. Ella le lanzó una aguda expresión cuando su mirada viajó hacia arriba para encontrarse con la de ella. Él desvió la mirada, casi riendo ante este inesperado absurdo de él. ¿Cuántos siglos habían pasado desde que había sido capturado comiéndose con los ojos los pechos de una mujer? Los pechos de una mujer vestida, no menos. Su co-gobernante, Inuyasha, se fracturaría una costilla riéndose si supiera.
- Hay cosas que nunca deben cambiar - murmuró Izayoi en voz baja.
- Parece que no. - Inuno se encontró a sí mismo sonriendo.
- ¿Por qué no detuviste a los onis ayer antes de que me presentase? Tú acaso… - Izayoi rozó una mano a través de su cabello, dándole otra femenina mirada de censura antes de que su expresión se tornase seria.
- ¡Silencio! - dijo Inuno al instante. Gorgon se había alejado de la vista, pero aún podía oírla.
- Lo he pensado, pero no tiene sentido - continuó Izayoi, ignorando por completo su orden de guardar silencio. Por un instante aturdido, Inuno no supo cómo reaccionar. Tenían que ser siglos por lo menos desde que un ser humano se había atrevido a hacer caso omiso de sus órdenes.
- Ni siquiera necesitaste tocarlos para… ¡Whoa! - Él había saltado fuera de la piscina para detener físicamente a Izayoi de pronunciar más frases condenatorias al poner su dedo en su boca. El agua goteaba sobre su ropa, y sus ojos verde pálido se ampliaron cuando él se cernió sobre ella.
- Nunca hables de eso otra vez - Inuno dijo, su voz suave pero inflexible.
No podía hipnotizarla para silenciarla, pero si es necesario, él amordazaría a Izayoi para que Gorgon no se enterase sobre el plan frustrado de Inuno con los onis de ayer. El latido de su corazón se había acelerado al momento en el que él saltó del agua, y se mantuvo elevado cuando ella apartó la mirada de su rostro al resto de su cuerpo. Luego ella jadeó. Su cálido aliento vibraba contra el dedo que aún sostenía en sus labios. Izayoi jadeó de nuevo cuando su mirada se arrastró desde sus hombros hasta sus pies, luego quedó fija en el punto entre sus piernas. De repente, el oscuro estado de ánimo de Inuno por ella casi derramando su secreto cambió a la diversión cuando Izayoi no parecía ser capaz de apartar la mirada.
Cuando el yokai saltó del agua para agacharse sobre ella, el primer pensamiento de Izayoi había sido, Uh-oh. Ella ni siquiera lo había visto moverse antes de que él estuviese sobre ella, los ojos negros ardiendo con advertencia, el agua goteando hacia abajo sobre ella. Ese solo dedo en sus labios se sentía como un mini martillo, e Izayoi se recordó que en la cadena alimentaria, él era un depredador, y ella era la presa. A él realmente no le gusta este tema, así que voy a callarme ahora, había sido su muy decisión lógica.
Entonces ella había mirado hacia abajo… y se olvidó sobre lo que había empezado a preguntarle. Gotas de agua acariciaban el cuerpo más duro y apretado que ella alguna vez había visto. El pecho, los brazos y el estómago de Inuno estaban grabados con un intrincado patrón de músculos que parecía demasiado perfecto para ser real. Su piel ligeramente teñida sólo hacía hincapié en cómo su cabello era plateado, chorreando en ríos plateados desde sus hombros. En algún momento desde ayer, se había cortado los pedazos desiguales por lo que era todo de la misma longitud ahora.
Su mirada recorrió más abajo, revelando que sus piernas estaban tan deliciosamente esculpidas como el resto de él. Nada interrumpía su punto de vista de su carne tensa y ondulada, tampoco, porque Inuno había estado nadando desnudo. Izayoi se sorprendió al ver que era lampiño por todas partes, incluso entre sus muslos... Los ojos de Izayoi se fijaron allí, ensanchándose. Oh. Mi. Si el yokai no hubiese tenido todavía un dedo en sus labios, ella se los hubiera lamido en reflejo.
- Hay cosas que nunca deben cambiar - señaló una voz profunda, cuando su dedo dejó sus labios para levantar su barbilla. Izayoi a regañadientes arrancó su mirada para encontrarse con los ojos oscuros de Inuno. Ellos carecían de su enojo anterior, y las comisuras de su boca se torcían. Su mente distraída tradujo finalmente que él había repetido su observación castigadora de antes, y ella se rió.
- Culpable - admitió ella, resistiendo la tentación de dejar caer su mirada otra vez. No es de extrañar que el yokai no llevase bañador.
- Uno podría argumentar que me lo merecía. - Él sonrió mientras se sentaba de nuevo.
Él buscó detrás de él, tirando de una toalla blanca de una silla cercana y colocándola alrededor de sus caderas con una lentitud casual que dijo que la acción era más por costumbres que modestia. Izayoi dio un ligero movimiento de cabeza. Por lo menos ahora con él cubierto por debajo de la cintura, ella debería ser capaz de mantener su tren de pensamiento.
Por supuesto, su inicial tren de pensamiento era lo que lo había enviado catapultado fuera de la piscina para hacerla callar. Algo de ayer tenía a Inuno tan espantado, que se negaba a discutirlo con ella. ¿Era simplemente que había estado tan cerca de ser comido por onis? ¿No quería recordar cuan desvalido había estado? No parecía avergonzado de eso ayer, cuando ella había despertado por primera vez, pero tal vez eso cambió. Tardía reacción traumática, o algo similar. Ella había tenido experiencia con eso antes.
De cualquier manera, era claramente un tema delicado, y aunque todos sus instintos de investigación estaban quemando con curiosidad, ella quería su libertad más. Parecía de sentido común que mantenerse congraciada con Inuno estaba relacionado directamente con él dejándola ir, por lo que ella había dejado caer el objeto de su desconcertante fracaso para liberarse antes. Volver a su vida era más importante que averiguar por qué un yokai terriblemente poderoso casi había muerto en manos de varios onis que había matado más tarde, sin siquiera tener que tocarlos.
- Dijiste que podría llamar a mi hermana - Izayoi le recordó, cambiando de tema.
- Así que lo hice. Ven. - Él se levantó con la misma gracia impredecible que todos sus movimientos parecían tener. Inuno tendió su mano, e Izayoi la tomó, dejándolo ponerla de pie. Ella miró a su camisa prestada y pantalón, sintiendo que se adherían a ella en los lugares del agua de la piscina que Inuno había goteado sobre ella.
- Por favor, usa esto. - Él le tendió la toalla sin la menor vacilación de que era lo único que lo cubría.
- Ah, no, gracias. Creo que la necesitas más que yo. - Al igual que cuando había que colgado de esa cuerda fuera de la casa, Izayoi se dijo que no mirase hacia abajo.
Su boca se arqueó de nuevo, como si estuviera conteniendo una sonrisa. Izayoi sintió ese toque de surrealismo, una vez más. Ella no podía realmente estar de pie cerca de una piscina junto a un yokai desnudo que estaba ofreciéndole su toalla para que pudiera secar sus vaqueros y camisa húmeda, ¿o sí? Gran parte de lo que había sucedido en las últimas treinta y algo horas tenía una cualidad onírica a la misma. Todo lo que necesitaba para hacer de este escenario más increíble sería que duendes a salieran dando volteretas del jardín cercano.
O que el magníficamente descubierto yokai le diera un masaje sensual mientras la alimentaba de uvas peladas. Entonces ella sabría que esto era un sueño. Pero debido a que Inuno estaba ciñendo la larga toalla de nuevo alrededor de su cintura en lugar de tirarla al suelo mientras él iba en busca de frutas y aceites perfumados, Izayoi supuso que esto era la realidad. Una extraña, a veces terrible, a veces excitante realidad, pero realidad, sin embargo. Y sus recuerdos de esto sólo serían temporales. De alguna manera, esa era la parte más extraña de todo esto. ¿Cómo podía simplemente no recordar nada de esto en una semana? ¿No permanecería algún conocimiento persistente? ¿Al igual, que ella experimentaría un déjà vu cada vez que viese una película de yokais en el futuro?
- No hay necesidad de que te preocupes. Tu vida seguirá adelante sin ningún efecto negativo de esta experiencia. - dijo Inuno en voz baja.
- ¿Eres capaz de leer mi mente ahora? Porque si es así, sobre ese masaje... - Preguntó Izayoi, la sensación de vergüenza en aumento.
- Todavía no puedo leer tus pensamientos, pero tu olor y expresión me llevaron a suponer que estabas pensando en tu futuro. Sin embargo, me gustaría oír hablar sobre el masaje. - La frente de él latió hacia arriba.
- Yo he, um, conseguido una torcedura en mi hombro - dijo Izayoi, mirando lejos.
- Los seres humanos emiten una esencia distinguible cuando mienten, y tú, Izayoi, hueles a esa esencia ahora. - Una risa suave. Izayoi dio la vuelta con una mirada desafiante. ¿Él quería la verdad? Muy bien, entonces. Inuno podría ser un poderoso yokai, pero ella era una mujer adulta, por lo que no estaba dispuesta a actuar como una tímida virgen ciega.
- Muerto o no, debes estar aburrido de mujeres que te dicen cómo te ves como el más caliente, más exótico sueño húmedo que alguna vez han tenido. No es extraño que el pensamiento de ti, uvas, y algunos aceites de masaje perfumados cruzasen por mi mente, y si se te cae la toalla de nuevo, voy a necesitar una ducha fría - Izayoi esperó una sonrisa satisfecha a cambio. Tal vez una mirada cómplice y un guiño, también. Pero la expresión de Inuno sólo podría ser descrita como... sorpresa. Luego se puso en blanco cuidadosamente.
- No sabes nada acerca de mí. - Ella se puso rígida. ¿Era su manera de decirle que era superficial?
- No te preocupes. Creo que el Everest es precioso, también, pero eso no quiere decir que tengo la intención de tratar de escalarlo. - ¡Oh, por favor! él había hecho alarde de su aspecto caminando alrededor desnudo… ¿y ahora ella era mezquina porque lo había notado?
- No entiendo esa analogía - murmuró Inuno.
- Vamos a mantener este tema en la misma categoría de "no discutir" bajo la que quieres tus acciones de ayer. - Izayoi dejó escapar un suspiro.
Puntitos de color rojo estallaron en sus ojos color carbón, recordando a Izayoi que lo que ella había dicho era similar a dar un tirón a un tigre por la cola. Pero por la más extraña razón, Izayoi no tenía miedo de Inuno. Él podría ser un depredador que podía matar con risible facilidad, pero Inuno también tenía un aura de total control sobre él. Incluso cuando había saltado de la piscina para callarla, ella había estado sorprendida, pero cada instinto le dijo que él no rompería su promesa de no hacerle daño.
Aunque, si no hubiese dado su palabra al respecto, Izayoi estaría aterrorizada de él. Toda esa asombrosa habilidad combinada con una voluntad de hierro hacía a Inuno más que mortal… esto prácticamente lo convertía en una fuerza de la naturaleza. ¿Alguien que podía rasgar las cabezas de otras criaturas sobrenaturales sin usar las manos, que podía curar su herida mortal, podía volar, y hacerle olvidar que algo de eso había sucedido? Inuno podía no asustarla tanto como debería, pero saber que un poder como el suyo existía era espeluznante.
¿Qué pasaría si todos los yokais pudiesen hacer las mismas cosas que él podía, pero no eran tan disciplinados como Inuno sobre no matar a humanos? Los onis de ayer habrían hecho el almuerzo de los dos de ellos, tan claramente, no todos los seres sobrenaturales operaban bajo un estricto código moral. Los expedientes de personas desaparecidas con historias extrañas unidas a ellos brillaron en la mente de Izayoi. ¿Qué pasa si los desaparecidos no estaban relacionados sólo con siniestra actividad humana sino otra cosa?
Izayoi miró hacia arriba para ver a Inuno estudiándola con palpable intensidad. ¿Estaba tratando de ver en su mente otra vez? ¿Estaba teniendo éxito? Casi esperaba que él lo estuviera. Si él podía leer sus pensamientos, entonces borrar su memoria podría no estar muy lejos, lo que significaba que podía ir a casa.
- ¿Algo de suerte sintonizando? - Preguntó. Él parpadeó una vez antes de alejarse.
- No oigo nada. - Un escudo invisible pareció caer sobre él, cubriéndolo de indiferencia, como si se tratara de un traje de tres piezas. Maldita sea.
- Permíteme llamar a mi hermana, entonces. Y no te preocupes… no es necesario que me recuerdes que no le diga nada a ella acerca de los yokais. - Izayoi paseaba por su habitación.
Tina no había contestado cuando intentó llamarla antes. Ella sólo podría estar afuera, pero ¿que si algo sucedió y su hermana estaba demasiado enferma para coger el teléfono? Izayoi debatió pedirle a Inuno que enviase a Gorgon alrededor del apartamento de Tina para ver cómo estaba. Según Inuno, el yokai rubio estaba ya haciendo una visita en su oficina hoy para de alguna manera manipular la mente de Frank en la creencia de que Izayoi no pudo llegar al trabajo a causa de la gripe. Izayoi tenía sus dudas de que el yokai pudiera hacer que su inflexible jefe estuviera bien con ella repentinamente tomándose una semana de descanso, pero Inuno se mostró confiado en la capacidad de Gorgon.
Sus entrañas no detectaban ninguna amenaza de Gorgon, justo como no lo habían hecho con Inuno, pero tal vez eso era parte del camuflaje natural de un yokai. Nada ayudaba más a los depredadores que su presa estando pensando que eran inofensivos. Izayoi no iba a exponer a su hermana a un yokai, aunque Gorgon fuese inofensivo y la tranquilizaría tener a Gorgon informando que Tina estaba bien.
Ella sólo tendría que tratar de llamar a su hermana después. Inuno no parecía ser tan draconiano que él sólo le permitiría una llamada, independientemente de si ella se ponía en contacto con Tina o no. Para un secuestrador no-muerto, de hecho, Inuno estaba resultando ser muy complaciente. Él le había dicho a Izayoi que podía tener acceso a la casa, la piscina, y los jardines de los alrededores… siempre y cuando ella no tratase de hacer llamadas sin supervisión, correos electrónicos, textos, o intentar huir de nuevo. Sus esposas estarían forradas de terciopelo, al parecer. Qué extraño. Ella había estado en circunstancias más duras de cautividad cuando estaba casada.
Izayoi dejó de lado el pensamiento tan rápido como había llegado. Ese capítulo de su vida estaba cerrado, y todo lo que había visto en la década desde entonces había servido sólo para reforzar que ella había hecho la única cosa que podía. Supervivencia. A veces no era noble o bonito, pero era necesario.
Su estómago gruñó, recordando a Izayoi que ella sólo había tenido un banano para el desayuno y nada para comer el día anterior. Inuno le dijo que se sirviese a sí misma de lo que sea que estuviese en el refrigerador, en realidad sonando en tono de disculpa cuando dijo que ella tendría que preparar su propia comida. Esposas de terciopelo, de hecho. Izayoi salió de la habitación, en dirección a la cocina. Tiempo para ver si Inuno quiso decirlo cuando dijo que podía correr libremente por la casa.
Bajó la escalera, deteniéndose en el rellano del segundo piso. Su dormitorio estaba en el tercer piso, y aunque había dos puertas más en su pasillo, ella no había oído a nadie más en su piso. Si Inuno estaba allí, estaba muy callado. ¿O estaba su habitación en el segundo piso? Aparte de ella, Gorgon, y Inuno, no había visto a cualquier otra persona en la casa. ¿Eran los únicos aquí? Si era así, ¿por qué Inuno necesitaba un lugar tan grande, si eran por lo general sólo él y Gorgon?
Y o bien Inuno era la persona más poco sentimental de todos los tiempos, o no había estado aquí mucho tiempo. La casa no tenía fotos personales u objetos de recuerdo que Izayoi hubiese visto, y tenía esa fría perfección de casa modelo que hablaba de vacuidad habitual. Si esta no era la casa principal de Inuno, ¿por qué estaba él aquí ahora? ¿Y dónde vivía cuando él no estaba aquí?
Una risa sacudió la atención de Izayoi lejos de la curiosidad sobre su misterioso captor. Esta tenía un acento claramente femenino, corrigiendo la hipótesis de Izayoi de que ella, Inuno y Gorgon eran los únicos en la casa. Izayoi bajó el último tramo de escaleras casi con cautela, al oír una risa masculina después. Una punzada peculiar pasó por ella. ¿Era ese Inuno? Si era así, ¿quién era la mujer con la que se reía? ¿Su novia? ¿O la esposa, tal vez? El yokai no llevaba anillo de boda, pero ¿quién sabía si eso significaba algo? Tal vez los yokais no hacían intercambio de anillos.
Izayoi cuadró sus hombros y siguió los sonidos. Por lo menos venían de a donde ella se dirigía… la cocina. No necesitaba una excusa para ir allí; su estómago gruñendo explicaría su presencia. Pero cuando Izayoi captó la primera visión de las personas agrupadas en torno a la mesa del comedor, ella no reconoció a ninguno de ellos. La conversación se detuvo cuando entró Izayoi, y ellos la miraron. Por la comida delante de ellos, Izayoi supuso que los dos hombres y la mujer eran humanos. ¿Más testigos retenidos contra su voluntad? Izayoi se preguntó. Dios mío, ¿tenía Inuno un establo de personas en cautiverio que inadvertidamente se habían enterado acerca de los yokais? Un temblor pasó por ella. Tal vez todo lo que Inuno había dicho era mentira. Tal vez no tenía ninguna intención de alguna vez dejarla ir.
- Hola. Hay un poco de huevos y tocino sobrante, si tienes hambre. - dijo la mujer rubia de una forma alegre, ondeando una hacia la estufa.
- ¿Qué onda? - el hombre de cabello oscuro, dijo, junto a un gruñido de acompañamiento amistoso del tipo de cabello oscuro cuya boca estaba llena. Izayoi parpadeó ante su saludo. Si estos tres eran prisioneros, ellos parecían relajados al respecto.
- Gracias - logró decir, dirigiéndose a la estufa más por algo que hacer mientras meditaba este nuevo acontecimiento.
Izayoi miró a su alrededor. No había signos de Gorgon o Inuno, pero eso no significaba que no se encontraran cerca. Ella raspó los huevos y el tocino sobrante de los dos sartenes en un plato, luego se sentó en la silla que permanecía vacía de la mesa del comedor. Tres pares de ojos la miraban con curiosidad.
- Yo soy Izayoi, por cierto - dijo ella, preguntándose cómo averiguar discretamente si estaban siendo retenidos contra su voluntad.
- Lo sabemos. Yo soy Sam, y estos son Selene y Kurt. - el chico de cabello negro respondió, con una leve sonrisa.
- ¿Qué saben ustedes? - Izayoi masticó algunos huevos, tratando de parecer casual.
- Lo saben, ¿eh? - Comentó una vez que hubo tragado.
- Que no vas a quedarte aquí mucho tiempo, y que no estás emocionada por el tiempo que pasas aquí - resumió Selene con esa misma sonrisa brillante. Izayoi tragó otro bocado de huevos antes de responder.
- ¿Y ustedes están, ah, emocionados por el tiempo que pasan aquí? - Preguntó con cuidado.
- Extenuados de trabajar de nueve a cinco - dijo Kurt, hablando por primera vez.
Los tres se rieron ante eso. Izayoi parpadeó. ¿Ellos estaban aquí de buena gana? ¿No sabían lo que Inuno y Gorgona eran? Inuno había sonado tan seguro de su capacidad para hipnotizar a los seres humanos en circunstancias normales. ¿Era posible que estos tres no tuviesen idea de que sus otros "compañeros" eran yokais?
- Entonces, ¿ustedes tres trabajan por cuenta propia, entonces? - Preguntó Izayoi, queriendo que siguieran hablando. Más risas entre dientes.
- Podrías decir eso - respondió Sam.
Él se echó hacia atrás, balanceándose sobre las dos patas traseras de su silla. A primera vista, Izayoi supuso que estaba en sus tempranos veinte. Todos ellos parecían más jóvenes que ella, de hecho. Ahora que lo pensaba, también Inuno, a pesar de su "más viejo que el polvo", comentario. Tal vez ella se equivocaba. Tal vez estos tres no eran humanos. Estaban comiendo comida regular, sí, pero hasta ahora la mayor parte de las suposiciones de Izayoi acerca de yokais habían demostrado ser erróneas. Tal vez los yokais comían tres comidas al día como todo el mundo—excepto que ellos seguían de cerca esas comidas con una copita de sangre. Izayoi los examinó tan disimuladamente como pudo mientras ella empujaba sus huevos alrededor de su plato. Selene, Kurt, y Sam parecían normales en todos los sentidos. . . pero también Inuno. Solo hasta que comenzó a moverse como un relámpago o a arrancar las cabezas de la gente.
- ¿Cómo conocieron a Inuno? - Izayoi optó por preguntar.
- Yo estaba haciendo triquiñuelas por alcohol metílico en Frisco, varios años atrás cuando Inuno rodó sobre mi proxeneta golpeándome. Él lo bebió de él, y luego me preguntó si quería una nueva vida. Yo la quería. Así que Inuno me llevó con él, me sacó de las drogas, y aquí estoy. - Selene se encogió de hombros. Izayoi había oído cuentos mucho-más-sórdidos como I.P. pero ella casi se queda boquiabierta ante la forma casual en que Selene transmitió una historia de adicción a las drogas, prostitución y asesinato a un completo extraño.
- Yo fui un Legado. Solía pertenecer a Tick Tock, pero él murió en guerra hace más de un año. Inuno era el Maestro de Tick Tock, por lo que heredó todos sus bienes cuando Tick Tock murió, incluido yo. - Antes de que pudiera decir nada, Sam tomó la palabra.
- ¿Maestro? ¿Inuno te considera su esclavo? - Izayoi soltó, horrorizada.
- No Maestro así, mujer. Maestro de la línea de yokais de la que Tick Tock venía. Si eres un humano que pertenece a un yokai, se te considera de su propiedad, pero puedo salir de esto en cualquier momento que quiera. No soy el maldito esclavo de nadie, ¿entendido? - Sam la miró duramente, casi indignado.
- Yo soy más como tú, Izayoi. No sabía sobre yokais hasta que me topé con algunos por accidente, pero decidí quedarme porque eran más seguros que la banda con la que me encontraba. - dijo Kurt, rompiendo el momento de tensión.
La mente de Izayoi giraba con esta nueva información. Selene, Sam, y Kurt sabían exactamente lo que Inuno era, sin embargo, todos se quedaron con él de buena gana. ¿O no? ¿Había Inuno manipulado sus mentes para hacerles creer que habían elegido estar aquí? ¿Estaba esperando para hacer lo mismo con ella? ¿Y si ella estaba pensando que la capacidad de Inuno para borrar su memoria era su boleto de regreso, pero en realidad, le estaba dando la posibilidad de recluirla para siempre?
Era un pensamiento horrible que Izayoi sintió la bilis alzándose en su garganta. Sus instintos, que habían sido su brújula perfecta por los últimos doce años, podrían no ser confiables cuando se trataba de Inuno. Si los yokais podían manipular las mentes, entonces era lógico que pudieran alterar la reacción del instinto de alguien hacia ellos, también. Izayoi miró a su alrededor en la cocina y a las tres personas sentadas en ella. En la superficie, todo era la imagen de normalidad, pero araña la superficie, y todo eso desaparecía.
Al igual que su confianza en los instintos que le aseguraban que Inuno hablaba en serio cuando dijo que la dejaría ir. Izayoi se puso de pie, apenas logrando evitar que sus manos temblaran.
- Encantada de conocerlos a todos - soltó ella. Luego se apresuró a salir de la cocina para entrar en el jardín, sintiendo como si las paredes se estuvieran cerrando sobre ella.
Inuno paseó más allá de la piscina hacia el jardín, atraído por los latidos del corazón de Izayoi como si fuera un faro. Ella estaba en el borde del jardín, sentada en las ramas bajas de un árbol, para su sorpresa. Una brisa llevó su olor a él, esa fragancia a limón contaminada con el miedo, la confusión y la ira.
Él se sentó en un banco de concreto en el lado opuesto del pequeño jardín, preguntándose qué causó el repentino cambio en el estado de ánimo de Izayoi. Ella parecía estar bien esta mañana mientras él la escuchaba moviéndose de un lado para otro en su habitación. Luego nada en la conversación que él había oído entre ella y los otros en la cocina debería haberla alarmado, pero Izayoi había ido directamente al jardín después y se quedó allí las últimas tres horas. ¿Era esto la normal irritación ante las circunstancias que exigía su presencia aquí? ¿O era algo más? No debería importarle. Era una locura absoluta que él hubiese venido aquí a sentarse en este banco con la esperanza de que Izayoi le contaría lo que la estaba molestando. Después de todo, si él era lógico, él se preocuparía por sí mismo con cuestiones cruciales en lugar de una mujer que pronto no lo recordaría.
Esa brisa levantó su olor hacia él de nuevo, tentándolo con la caricia invisible de ella en sus sentidos. De nuevo, ¿cuál era el daño en un poco de agradable locura? Inuno decidió, respirando la fragancia de Izayoi. En este momento de su vida, ¿no había ganado el derecho a no tomar cada última decisión basado en la lógica fría e insensible? Su atención se rompió lejos de Izayoi, cuando algo más barrió los sentidos de Inuno. Algo viejo, fuerte y vengativo. Se enderezó, ya enrollando sus emociones de nuevo en su familiar, impermeable cascarón a la vez que escuchaba a Gorgon abrir la puerta.
- Estoy aquí para ver a Inuno - dijo una voz demasiado familiar.
- Guardián… Voy a hacerle saber que está aquí. - respondió Gorgon, con la cantidad apropiada de respeto que el rango de su enemigo justificaba.
- Él lo sabe, muchacho. - La risa rodó de Ryukotsusei como un trueno silencioso.
Inuno mantuvo la ira que ardía en él comprimida a niveles indetectables. Ryukotsusei podría sólo suponer que su trato despectivo a su gente lo molestaba, si Inuno le daba una prueba, el Guardián de la Ley aumentaría su comportamiento insultante. Ryukotsusei conocía las protecciones que su estatus le daban y explotaba cada una de ellas cuando se trataba de Inuno. Si no hubiera sido el primer sospechoso en la desaparición de Ryukotsusei, Inuno habría acabado con su viejo enemigo miles de años atrás. Pero ése era el problema. Su historia retornaba a mucho tiempo atrás, todo el mundo lo sabía.
Y si Ryukotsusei fuese cualquier otra cosa excepto un Guardián de la Ley, Inuno se habría arriesgado a eso independientemente. Gorgon entró en el jardín. Ryukotsusei, como se esperaba, tras él en lugar de esperar para ser anunciado oportunamente.
- Señor, tiene un visitante - dijo Gorgon.
- Gracias - respondió Inuno. Gorgon se dio la vuelta, regresando a la casa antes de que el Guardián de Ley pudiera ladrarle que se fuera. Esta no era la primera vez que Gorgon había tratado con Ryukotsusei.
- Inu-chi Me sorprende que no tratases de ocultar tu ubicación de mí. - dijo Ryukotsusei, llamando a Inuno por el sobrenombre con el que había nacido.
- Estoy cansado de nuestros juegos, Ryuko - dijo Inuno, usando el nombre abreviado que Ryukotsusei había odiado cuando era chico.
Los labios de su enemigo temblaron tan sutilmente, que nadie más podría haberlo captado. Pero Inuno lo hizo, y le dio una sonrisa interior. Después de cuatro milenios y medio, Ryukotsusei todavía no podía dejar de lado las inseguridades de su niñez. Si lo hubiera hecho, ellos podrían que haberse reunido hoy en día como amigos en vez de adversarios.
- Nadie se deleita en los juegos tanto como tú - respondió fríamente Ryukotsusei, tomando asiento junto a Inuno sin invitación.
- Semejantes miserables alojamientos. ¿Estás haciendo algún tipo de penitencia por estar aquí? - Su mano se movió en dirección a la casa.
- Ni siquiera tú vendrías simplemente a burlarte de mi residencia actual. - Inuno levantó una ceja aburrido.
- He estado hablando con muchas fuentes, mi viejo amigo. Cosas tan terribles dicen de ti. Repetido robo de propiedad. Asesinato. Encarcelamiento. Brujería. ¿Cuántas leyes crees que has roto solo este año? - Ryukotsusei sonrió.
- Si tuvieras fuentes dignas de crédito, estarías preguntándome esto delante del Concejo de Guardianes, no por ti solo… No puedes probar nada de esto. Nunca pudiste. Encuentra un nuevo pasatiempo, Ryuko. Oí que el Wii es muy entretenido. - respondió Inuno en un tono uniforme.
- Todo el mundo sabe que mataste a tu esposa mediante el levantamiento de espectros a través de la magia negra y enviándolos tras ella - dijo Ryukotsusei bruscamente.
- Si todo el mundo dice eso, entonces tu prueba debería ser fácil de obtener. - Inuno se encogió de hombros.
- Sabes que todos aquellos que fueron testigos del asesinato de Irasue son leales a ti - dijo Ryuko con un desnudo destello de amargura.
En cuanto a Inuno utilizando espectros para matar a su esposa… no había sucedido exactamente de esa manera. Pero el hecho de que el cargo más grave que Ryukotsusei podría presentar contra Inuno era principalmente cierto, sin embargo no beneficiaba a Ryukotsusei en nada, era casi suficiente para hacer sonreír a Inuno. Casi.
- ¿Qué vas a hacer, Ryuko, cuando yo ya no esté aquí para que puedas centrar tu odio? – lo reto.
- No tengo ninguna intención de matarte, viejo amigo. Eso no me daría lo que busco—y sería demasiado misericordioso para ti. - Un destello apareció en los ojos negros de Ryukotsusei.
- Podrías encontrar que me he ido sin importar si es lo que buscas - murmuró Inuno en un raro momento de desprevenida honestidad.
- Mi corazón se retuerce en mi pecho ante la idea. - Ryuko sonrió.
No tanto como lo haría si asesto plata a través de él, Inuno reflexionó oscuramente. Pero tal pensamiento, mientras que tentador, llevaría consigo muchas repercusiones. Los guardianes de Ley eran el máximo órgano de decisión entre los yokais. Inuno podría ser capaz de matar a otro Maestro yokai con sólo el riesgo de una guerra entre él y los aliados de ese yokai, pero si él mataba a un Guardián de Ley, todos los yokais tendrían motivos para unirse contra él. Después de las últimas guerras en las que había estado, Inuno tenía demasiados enemigos a quienes les gustaría que él cometiera un error tan estúpido, pero él no lo haría. No cuando Inuyasha y otros a los que amaba tendrían que enfrentarse a las consecuencias.
- Estoy cansado - dijo Inuno. En ese momento, sintió el peso de todos sus años presionando sobre él, las luchas incontables, la culpa, la hinchazón y la fatiga anchándose con despiadada implacabilidad. De repente, él quería que Ryukotsusei supiese que sus planes para una elaborada venganza nunca llegarían a pasar.
- Deberías haberme estacado antes, viejo amigo. Cuando todavía tenía el deseo de darte la lucha que buscabas. - Algo pasó por el rostro del Guardián de Ley, como si sólo ahora se diese cuenta de que Inuno no estaba fingiendo su apatía.
- Nunca abandonarías a tu gente, Inu. - En medio de su agotamiento mental, Inuno sintió un atisbo de satisfacción. ¿Ryuko finalmente comprendía que sus posibilidades de venganza se escapaban?
- Eso es cierto, que es por lo que le di a Inuyasha el don de mi poder, cuando fundí mi línea con la suya. – su pequeña chispa cayo directa a la mecha.
- ¡El poder que debería haber sido mío, para empezar! - Exclamó Ryukotsusei, mostrando más emoción de la que Inuno había visto de él en siglos.
- ¿Todavía lamentas eso? - Se burló Inuno.
- Era elección de nuestro creador a quien le regalaba su poder adicional, como fue mi elección dar mi poder excedente a Inuyasha. Incluso ahora, Inuyasha crece más en su fuerza, y los poderes de su esposa Kagome crecen también. Ryuko - Inuno se permitió una pequeña sonrisa seca.
- Has esperado demasiado tiempo. - Ryuko se paró tan violentamente que el banco de concreto se estrujó bajo él. Él anduvo una corta y furiosa zancada antes de detenerse con la misma brusquedad.
- Mientes. Tratas de engañarme como lo has hecho siempre, pero yo te conozco. Nunca harías una cosa así. - dijo Ryuko, perfecto control en su voz ahora.
Si Ryuko hubiese hecho tal declaración hace un año, habría sido verdad. Pero con la esposa de Inuno muerta, Inuyasha lo suficientemente fuerte como para dirigir sus líneas combinadas, Kagome efectuando una transición en el tipo más raro de yokai, y las visiones de Inuno idas. . . él no tenía ninguna razón para quedarse. Su muerte pondría fin a su guerra fría con Ryukotsusei, negando a su enemigo la oportunidad de destruir la línea de Inuno junto con él.
Durante miles de años, Ryuko había tratado de hacerle daño a su gente, pero sus intentos se habían visto obstaculizados por las visiones de Inuno. Con esas idas, El Guardián de Ley atacaría a los que pertenecían a Inuno sin piedad. Pero Inuno no tenía ninguna intención de dejar que eso sucediera. Dejaría este mundo sabiendo que había garantizado la seguridad de su gente y frustrado a Ryuko de un solo golpe. Era algo que casi esperaba.
A excepción de Izayoi. Ella solo permanecía para mantenerlo con vida, pero la arena corría cada vez más rápido a través de ese reloj de arena también. Pronto, los recuerdos de Izayoi de él se habrían ido… y luego él sería libre para irse. En su descanso, Inuno lograría una victoria sobre Ryuko por toda la eternidad. Eso hizo a su sonrisa ampliarse mientras miraba al Guardián de Ley.
- ¿Me conoces, Ryuko? Entonces deberías temer. - Una rama crujiendo atrajo la atención de Inuno de nuevo hacia Izayoi. Ella había abandonado su percha en el árbol para deslizarse hacia abajo del tronco hacia el suelo. Ella miró en su dirección, su ritmo cardíaco se aceleró. Adivinando, sin duda, que su descenso había sido escuchado.
- ¿Quién es esa humana? - Ryuko chasqueó, azotando alrededor para mirar a Izayoi.
- ¿Eres tan arrogante que solo ahora notaste a la mujer en el jardín con nosotros? - Inuno se rió entre dientes.
- Ese latido del corazón podría haber pertenecido a un perro, por todo lo que te gusta rodearte de miserables - dijo Ryuko con frialdad. Inuno se puso rígido ante la forma insultante en la Ryuko se refirió a Izayoi. Entonces se obligó a relajarse cuando vio los ojos del Guardián de Ley estrecharse. Demasiado tarde. Ryukotsusei se había dado cuenta.
- Saca a la vista a esta humana - dijo Ryuko, mirando a Inuno. Inuno asumió una expresión aburrida.
- ¡Izayoi! Ven. - Negarse haría a Ryukotsusei aún más intrigado sobre quién era ella. Poco a poco ella se abrió paso por el jardín hacia ellos, mirando a su alrededor como si buscando posibles salidas. Inuno no mostró ninguna reacción cuando Ryukotsusei deslizó su mirada sobre Izayoi de una manera que no dejaba ninguna curva de su cuerpo perdida.
- Bonita - dijo Ryuko alargando la palabra. Luego sonrió.
- No tan bonita como tu difunta esposa, sin embargo, ¿no? - Inuno permaneció con el rostro en blanco y sus miembros relajados, pareciendo tan relajado como lo estaba cuando él descansaba en el fondo de la piscina. Por suerte, Izayoi no se alzó ante el cebo de Ryukotsusei. Ella miró al otro yokai durante un buen rato, pero no dijo nada.
- ¿No hablas? - Preguntó Ryuko, perdiendo la paciencia.
- Claro - respondió Izayoi en un tono perfectamente neutro.
- Pero no estabas hablando conmigo antes. - Su aroma traicionó su nerviosismo, pero aparte de eso, Izayoi era la imagen de la seguridad, de pie ante la mirada deslumbrante del antiguo Guardián de Ley. Por el estrechamiento de su mirada, a Ryukotsusei no le gustó su fría compostura.
- De repente encuentro que tengo sed. Esta humana servirá. - dijo Ryuko, bajando su voz a un ronroneo amenazador.
Ryukotsusei se movió, cerrando su mano alrededor del brazo de Izayoi antes de que ella pudiera retroceder... y luego todo su cuerpo se congeló. Inuno lentamente apretó su poder alrededor del Guardián de la Ley hasta que nada se torcía en su viejo enemigo excepto su boca. Los ojos de Izayoi estaban muy abiertos cuando ella se apartó de Ryuko, pero no corrió. Dama lista.
- ¿Te atreves a atacarme? - Siseó Ryukotsusei.
- Si te atacase, perderías tu cabeza. Sin embargo, yo estoy bien en mi derecho de evitar que pongas tus manos en uno de mi gente sin mi permiso, Guardián - respondió Inuno con frialdad.
La mirada de Ryuko ardía con la promesa de venganza, pero ambos sabían que era inútil. Él no era lo suficientemente fuerte como para romper el agarre de Inuno, y las leyes estaban de lado de Inuno. Él se permitió un momento para disfrutar de la impotencia de Ryuko antes de liberarlo del agarre de su poder. Tan pronto como se pudo mover, Ryukotsusei se apartó de Izayoi como si fuera una serpiente. Entonces él se encontró a sí mismo mirándolos a los dos. Inuno sonrió. Izayoi no se había movido desde que había desprendido su brazo del agarre congelado de Ryuko, mostrando más aplomo que el antiguo Guardián de Ley. De la expresión furiosa de Ryuko antes de que él disciplinara sus rasgos en la inexpresividad, él sabía que había sido puesto en evidencia por ella.
- He visto lo suficiente de ella. - Ryukotsusei movió su mano en un gesto despectivo hacia Izayoi.
Inuno echó un vistazo a la casa, y Izayoi se dio la vuelta sin decir palabra, dejando el jardín. Su respeto por ella creció una vez más. Si ella se hubiese aterrorizado antes, o discutido con el Guardián de Ley sobre su deliberado y trampeado tratamiento hacia ella ahora, Inuno podría haber sido obligado a castigarla… lo cual era lo que Ryukotsusei quería. Pero su porte dejó a Ryukotsusei sin nada que hacer, excepto hervir a fuego lento en su propia impotencia. Las mismas leyes que él podría haber invocado para castigar a Izayoi le impedían ser capaz de hacer cualquier cosa ahora. Y una vez que Izayoi estuviese a salvo de vuelta en casa y Inuno se hubiese ido, ambos de ellos estarían para siempre más allá del alcance de la amargura de Ryukotsusei.
- Conoces la salida, Ryuko. - Inuno sonrió de nuevo a su viejo enemigo.
Continuara…
