Hola a todos, perdonen por el retraso pero aparte de la locura de navidad mi familia está en plena mudanza y no puedo sentarme a escribir así que quizá tarde en actualizar unas semanas, pero no crean que los olvidare pronto les traeré actualizaciones de sus historias favoritas. Pasen felices fiestas y muy feliz navidad a todos.
Segundo intento
Pasaron dos días. Izayoi vio más televisión de lo que había visto en el último mes, además de tomar el sol en la piscina, algo que ella no había hecho en, bueno, ella no podía recordar cuánto tiempo. ¿Quién habría pensado que así era como ella pasaría su tiempo como prisionera en una casa con yokais? Sin embargo, ella no tenía mucho más que hacer. Cada vez que ella salía de su habitación, sabía que estaba siendo cortésmente seguida en secreto por Gorgon, lo que era en partes iguales desconcertante y molesto. Ella no había visto a Selene, Kurt, o Sam desde aquella tarde en la cocina. Izayoi esperaba que no se hubiesen metido en problemas por hablar con ella. Ninguno de ellos parecía tener miedo de sus circunstancias, pero una vez más, Izayoi había visto sólo la superficie de la vida entre los no-muertos. Mucho más podría estar al acecho en las profundidades, y las probabilidades apuntaban que mucho de ello no era bonito.
Izayoi tampoco había visto a Inuno desde el día en que había tenido ese visitante ominoso. Ella se estremeció al recordar a Ryuko, como Inuno lo había llamado. Hasta allí llegó su pensamiento de que todos los yokais despedían un aura calmante como parte de su camuflaje. Tan pronto como ella había visto a Ryuko, su instinto se puso a toda marcha con alarmas de "¡peligro, peligro!" Su tiempo en el jardín con él había sido como estar cerca de un pitbull rabioso… cualquier movimiento repentino, su instinto le advirtió, resultaría en un ataque vicioso.
Y eso fue antes de que el bastardo de ojos fríos hubiese intentado morderla. Izayoi estaba más que aliviada de que Inuno cumpliera su promesa de que nadie podría tocarla mientras ella estaba con él. Cuando Ryuko la miró mientras Inuno de alguna manera lograba congelarlo en su lugar, ella había sentido oleadas de malevolencia vertiéndose fuera de él. Él no solo había querido morderla, ella podía decirlo. Él había querido hacerle daño y humillarla a pesar de que ella era alguien a quien él nunca había conocido antes.
A pesar de que esperaba nunca volverlo a ver, toparse con Ryuko había aliviado un poco la ansiedad de Izayoi. Incluso mirándolo desde su posición en el árbol antes de su vicioso alardeo en el jardín, algo sobre Ryuko la había asqueado. Lo que le demostró que su instinto podía transmitir advertencias de peligro, incluso con los yokais. Esto le dio la esperanza a Izayoi de que Inuno no estaba solo mintiéndole en anticipación del día en que él usaría sus recuerdos para esclavizarla. Después de todo, a él no debería importarle si a Izayoi le gustaba su cautiverio o no. Alguien tan rápido y fuerte como un yokai no necesitaba preocuparse acerca del consentimiento.
Podía dar miedo admitirlo, pero Izayoi ya estaba impotente cuando llegó a su circunstancia. Ella solo había estado engañándose pensando que Inuno necesitaría controlar su mente para obligarla a permanecer aquí. En el lado positivo, ella por fin había logrado ponerse en contacto con su hermana por teléfono. Izayoi le dijo a Tina la misma historia de tapadera que Gorgon afirmó haber dado a Frank… que Izayoi estaba en casa enferma con gripe. Tina se había preocupado, pero ambas sabían que ella no podía arriesgarse a visitarla. No mientras Izayoi supuestamente tenía un virus contagioso que debilitaría el sistema inmunológico ya comprometido de Tina. No pasó desapercibido para Izayoi que cada una de las risas de Tina terminó en un acceso de tos, y su voz era más gruesa, sus palabras más pesadas. A los veintinueve, Tina estaba ya en el otoño de su esperanza de vida, tan injusto como eso era.
La idea era tan deprimente que llevó a Izayoi fuera de su habitación. Ella justo había hablado con Tina ayer, pero ahora quería hablar con ella de nuevo. Necesitaba cerciorarse de que por el momento, Tina estaba todavía aquí, todavía parte de su vida.
Izayoi bajó las escaleras, en busca de Inuno o Gorgon. Si solo cogía un teléfono sin antes consultarlo con uno de ellos, por todo lo que sabía, las alarmas se dispararían. Entonces no podrían creer que ella había estado inocentemente tratando de ponerse en contacto con su hermana y pensarían que ella había decidido llamar al 911 después de todo. La molestia estalló en ella. Ella podía entender por qué los yokais estarían protegiendo su secreta existencia entre los humanos, pero ella todavía era la que pagaba el precio por eso por los próximos días. Por lo menos, ella esperaba que fuera todo el tiempo que ella había dejado para pagar el precio por descubrir su existencia inadvertidamente.
Llegó a la primera planta e hizo una revisión rápida de la sala de estar y la cocina. Nadie alrededor. Después Izayoi salió al patio, pero el área de la piscina estaba vacía. Al igual que el jardín. Izayoi volvió a entrar, a punto de ver el cuarto de lavado, cuando una voz justo a sus espaldas la hizo saltar.
- ¿Estabas buscando a alguien? - Ella se dio la vuelta, domando su pulso galopante, para ver a Inuno. No había estado allí hace un segundo, como si necesitara un recordatorio de lo increíblemente rápido que era.
- Yo debería poner una campana en ti - dijo Izayoi antes de que pudiera pensar. En lugar de estar molesto o confundido, Inuno inclinó la cabeza.
- Perdóname, no quise asustarte. - Tan perfectamente formal.
Con tal rigor en el control de la situación en todo momento… a excepción de aquella mañana en la bodega. ¿Cuál era el Inuno real? ¿Estás segura de que quieres saber? una voz interior cuestionó. No, probablemente no. Sobre todo en estas circunstancias, cuando ella era su prisionera mimada.
- Quería llamar a mi hermana otra vez. - Una parte de ella odiaba pedir permiso para hacer una cosa tan simple, pero la otra parte le recordó que si Inuno fuese una persona más cruel, ella ni siquiera estaría viva. Los investigadores muertos no cuentan cuentos de yokais, pensó Izayoi con ironía.
- Ciertamente - dijo Inuno, como si nunca hubiese alguna posibilidad de que él se negaría.
Izayoi soltó la respiración que ella no había estado consciente de contener. Qué extraño escenario este era, siendo una cautiva que era tratada como un invitado… la mayor parte del tiempo. Las agresivas características de Ryuko brillaron en la mente de Izayoi. Ella no había sido tratada como un huésped frente a él. De hecho, ella se había sentido más como un insecto bajo la mirada fría e implacable de Ryuko.
- ¿Estarás esperando que ese yokai vuelva en cualquier momento pronto? - preguntó Izayoi, expresando sus palabras con cuidado.
- ¿Supongo que no estás hablando de Gorgon? - Inuno arqueó una ceja.
- No, estoy hablando de él que tiene el lacio cabello oscuro que se ve un poco como tú. – respondió Izayoi.
- Ryuko… No, no espero que vuelva aquí, en el futuro cercano. - murmuró Inuno.
- Bien. Él me da escalofríos. - murmuró Izayoi.
- Sin embargo, una prueba más de que tu juventud no te impide ser sabía. - Una pequeña sonrisa tocó su boca.
- Tengo treinta y un años. En mi especie, una vez que una mujer tiene más de treinta años, ella es considerada estando bien en su camino a la mediana edad. - Izayoi sintió una réplica tirar de sus labios.
Inuno se echó a reír, sorprendiendo a Izayoi, y el sonido rodó a lo largo de su espina dorsal en una caricia trémula. Era la primera vez que lo había visto reír, y su expresión relajada junto con su amplia sonrisa cambió sus características de impresionantes a bellísimas. Dios, eres hermoso, pensó, contenta de que el yokai no podía escuchar eso en su mente… o lo difícil que era para ella no mirar.
- Tales nociones tontas de los humanos de que las mujeres sólo son bellas en la primera etapa de la juventud. Mi esposa tenía treinta y cinco en años humanos cuando nos casamos, y ella era encantadora... - Tan abruptamente, su risa se desvaneció, esa familiar expresión de impasibilidad se apoderó de su rostro.
- Ryuko dijo que tu esposa había muerto. Lo siento. - Izayoi se acercó a tocar el brazo de Inuno.
- Como yo lo estoy, pero no por las razones que piensas. - Una sonrisa extraña y triste destelló en la boca de Inuno. Una docena de preguntas de inmediato saltaron a la mente de Izayoi ante ese misterioso comentario, pero Inuno cambió de tema en el momento siguiente.
- Ven, haz tu llamada ahora. La biblioteca debería ser lo más cómodo para ti. - No te gusta ese tema en absoluto, ¿verdad? pensó Izayoi, sus instintos de investigación todavía impulsándola a saber más acerca de las circunstancias obviamente inusuales alrededor de la difunta esposa de Inuno. Pero Izayoi los comprimió. Ella no estaba en un caso aquí, era una cautiva, aunque una bien tratada. Si le preguntaba a Inuno de su esposa, y él se ponía a la defensiva, él podría no dejarle llamar a su hermana. Tina se posicionaba más alto que la curiosidad de Izayoi.
- La biblioteca suena bien para mí - fue todo lo que dijo Izayoi, y lo dejó dirigir el camino.
Inuno esperaba en una habitación contigua mientras Izayoi hacia su llamada. Él le había dejado tener la ilusión de privacidad al dejarla sola en la biblioteca, pero ambos sabían que él estaba escuchando. Se maravilló de cómo la voz de Izayoi cambiaba cuando hablaba con su hermana. Se hacía más suave, más tierna, con un matiz de protección. El amor de Izayoi por su hermana brillaba a través de cada sílaba, y por estas breves veces que Inuno escuchaba sus conversaciones, ese amor era extrañamente tranquilizador para él, aunque él no era el receptor de este.
Por qué una mujer que pronto no tendría ningún recuerdo de él, podía afectar su estado de ánimo con sólo su voz era desconcertante. Pronto Izayoi se habría ido, y una vez que así fuera, Inuno pretendía vivir sólo hasta que pudiera encontrar otra manera conveniente de resultar muerto. Él debería gastar sus últimos días con los yokais que había creado, o viejos amigos, o incluso pidiendo perdón a su co-regente de la manipulación que había causado una brecha entre él y Inuyasha.
En su lugar, se encontró permaneciendo en esta casa con su pensamiento ocupado por Izayoi, a pesar de que trataba de darle tanto espacio como fuera posible. Debe ser su novedad lo que la hacía fascinante para él. Izayoi no había sabido nada de él cuando ella corrió en su ayuda a la bodega, y lo que había aprendido de él desde entonces debería solo haberla aterrorizado. Sin embargo, la mirada que Izayoi le había dado el otro día cuando él se agachó sobre ella en la piscina había estado llena de calor. Luego ella había admitido casualmente su atracción por él, como si eso no lo hubiese derribado donde estaba parado.
No tenía sentido. Como Inuno había querido tanta soledad como guerra posible en sus últimos días, pero no podía estar completamente solo, sin despertar sospechas, él había elegido esta casa pequeña y modesta. A Gorgon y a los humanos les habían dado instrucciones estrictas de no decir nada acerca de él a Izayoi, por lo que Izayoi no podía saber acerca de su estatus entre los yokais, lo raras que sus habilidades eran, que su riqueza estaba mucho más allá de los estándares de Riqueza 5005, o cualquiera de las otras cosas que la habrían atraído así como a tantos otros antes que ella. Que ella lo encontraría deseable, basada en mera carne y hueso, nada más, lo hacía en partes iguales seducido e incrédulo.
Si las cosas fuesen diferentes, Inuno podría haber actuado de acuerdo con la atracción que sentía hacia Izayoi, la primera mujer en miles de años… posiblemente en toda su vida… que lo deseaba sin segundas intenciones. Pero su tiempo estaba casi terminado. Por supuesto, los comentarios halagadores de Izayoi también podrían haber sido un intento de persuadirlo para liberarla. Izayoi no había insinuado cualquier deseo por él desde ese día en la piscina. Era enteramente plausible que ella hubiese buscado en primer lugar persuadirlo por medio de encantos a dejarla ir, se dio cuenta de que eso no funcionaría, y lo dejó así. Inuno sintió una punzada de dolor al contemplar eso. Sí. Eso era mucho más probable.
- ¿Tratamientos otra vez? - La voz de Izayoi interrumpió sus reflexiones.
- Bueno, esas ayudan, y yo debería ser capaz de ir contigo. Te lo dije, me siento mejor, y he estado tomando antibióticos durante varios días ya. . . Sí, mi teléfono sigue funcionando mal en casa bueno, me quedé dormida y se me olvidó cargar mi celular. Siento haber perdido tu llamada. Te llamaré mañana. Promesa. Te quiero, Tinya-T - Sonaba como si ella tomase una respiración profunda cuando su pulso se aceleró.
Un clic señaló que Izayoi había colgado, pero Inuno se quedó dónde estaba. La irregularidad repentina de su respiración decía que ella estaba luchando por contener las lágrimas. Izayoi no había sido propensa a reacciones exageradas hasta el momento, por lo que su hermana debía estar muy enferma. Inuno sintió una punzada de culpa que contuvo. Fuera cual fuera la condición de su hermana, no sonaba como si fuera nuevo, y Inuno no podía dejar que Izayoi se fuese con sus recuerdos intactos. Con suerte, sólo estaría aquí otro día o dos.
- Ya terminé - gritó Izayoi, su voz más áspera de lo normal.
Inuno se levantó, contento de que ella no hubiese tratado de hacer otra llamada en secreto. Eso mostraba cautela e inteligencia, dos cosas infravaloradas en los tiempos modernos, de lo que él había observado. Cuando él entró en la biblioteca, los ojos de Izayoi estaban secos, pero un ceño fruncido suturaba su frente, y su esencia era más profunda por la preocupación. Él no había tratado de hipnotizarla en los últimos dos días. Tal vez había pasado suficiente tiempo que él podría borrar sus recuerdos, incluso si aún no podía oír sus pensamientos.
- Izayoi, voy a tratar de traspasar tu mente otra vez. Si tengo éxito, puedes regresar a casa esta noche. - Ella le dirigió una mirada que era a la vez de esperanza y cautela.
Él descubrió que tenía sentimientos encontrados acerca de esto también. La lógica indicaba que cuanto más rápido Izayoi se hubiese ido, mejor sería para los dos, pero a pesar de eso, él sabía que... la extrañaría. La estupidez de extrañar a una mujer que no quería nada más que olvidar que ella alguna vez lo había conocido era tan enorme, que le parecería gracioso si la broma no fuese sobre él.
- Muy bien - dijo Izayoi, levantándose. Rubí brilló en sus ojos cuando él los trabó con los de color verde claro de ella compeliéndola a no apartar la mirada.
- Izayoi. - Su nombre fue apenas un susurro, pero desbordante energía llenaba esa sola palabra.
- Ven a mí. - Ella lo hizo, tomando las manos que él le tendía a ella. Su ritmo cardíaco, respiración y sangre corriendo por sus venas eran una sinfonía de sonidos que lo llamaba. Pero su mente se quedó callada, recluyendo sus secretos detrás de un muro que él no podía penetrar.
- Abre tu mente para mí - suspiró, liberando más de su poder.
- Yo estoy tratando - ella se quejó, sus manos doblándose en su agarre. Ese muro mental titiló, pero no cayó. Inuno soltó sus manos y dio un paso atrás.
- Aún es demasiado pronto - dijo, más preocupado por el conocimiento de que se sintió aliviado de que no tendría que decir adiós a Izayoi esta noche que por su incapacidad para traspasar su mente una vez más.
- Han pasado casi cinco días desde aquella mañana en la bodega - dijo Izayoi, dando vueltas con frustración.
- Cinco días de estar atrapada aquí. No sé cuánto más de esto puedo soportar. Vamos, deja que me vaya. - Ella no tenía reparos en querer olvidarlo para siempre… o mejor dicho, nunca volver a verlo.
- Tú hermana cree que te estás recuperando de la gripe, y tu trabajo es seguro. Sé que esta situación no es de tu elección, pero terminará pronto. - Si sólo él sintiese el mismo firme desapego sobre ella.
- Mi hermana no está bien. - Los puños de Izayoi se apretaron, y su natural esencia dulce se agrió.
- ¿Está en peligro de morir en los próximos días? - Inuno preguntó sin rodeos. Izayoi vaciló, mordiéndose el labio.
- No. – gruño con resignación.
- Entonces no puedo justificar el riesgo. – comento fríamente con un gesto de la mano.
- Mira, ¡ella tiene miedo! No creo que eso suceda muy a menudo con los yokais, pero lo hace con el resto de nosotros. Estas estancias en el hospital son difíciles para Tina. Ellos golpean su espalda para aflojar la flema en sus pulmones, luego, le dan tratamientos para ayudarla a respirar más fácil. Ella es mi hermana pequeña, le dije que estaría allí para ella. - Izayoi contestó bruscamente.
- Le dije que siempre podría contar conmigo. - La voz de Izayoi flaqueó, volviéndose ronca.
Inuno cerró sus ojos. Izayoi no lo sabía, pero la lealtad era una de las cualidades que más apreciaba. Y él comprendía, demasiado bien, el sentido de la responsabilidad que Izayoi sentía hacia alguien a quien ella consideraba suyo. Él estudió su fuerte y hermoso rostro y la curva de esa terca mandíbula. Cualquier manipulación que Izayoi podría haber intentado con él estaba justificada. Inuno habría hecho lo mismo por sí mismo, si él fuese ella.
- Hay una cosa que podría acelerar mi capacidad de borrar tus recuerdos. - La expresión de Izayoi se volvió esperanzada y ella dio un paso hacia él.
- ¿Qué? Sea lo que sea, lo haré. - ¿Todavía diría eso una vez que ella escuchase lo que implicaba?
- Tu sangre me daría más poder sobre ti. Para los seres humanos con mentes muy fuertes, beber de ellos a veces es necesario antes de que puedan ser hipnotizados. Tú eres muy fuerte de voluntad, Izayoi. Tal vez más que solo mi sangre en tu sistema está impidiéndome la manipulación de tu mente. - Izayoi palideció mientras digería lo que tendría que hacer. Inuno la observaba, manteniendo su expresión en blanco. ¿Era su actitud protectora por su hermana mayor que su miedo de ofrecer su garganta a un yokai? Ella tragó saliva, y luego dio un corto asentimiento con la cabeza.
- Está bien. Vamos a hacerlo. - Él se sorprendió por su rápida capitulación.
- ¿Te das cuenta de que esto significa que voy a morderte y beber tu sangre? - preguntó él, por si acaso ella no había entendido.
- Eres un yokai. No pensaba que utilizarías una aguja y una pajita. - Izayoi dejó escapar una pequeña risa.
- ¿No tienes miedo? - desafió él, haciendo su voz grave e irguiéndose en toda su estatura a propósito, pero Izayoi no pestañeo.
- Prometiste no hacerme daño. Así que no tengo nada que temer. - Su mirada de color verde pálido era estable incluso cuando su pulso comenzó a acelerarse.
Lealtad. Valentía. Determinación. Los atributos de Izayoi eran como una antorcha brillando sobre todos sus oscuros años de crueldad. Emociones largo tiempo dormidas se alzaron en él, y sus ojos brillaron de color rojo. No podía recordar la última vez que había conocido a alguien de su calidad, y su sangre se convertiría en parte de él cuando bebiese de ella. Cuando Izayoi apartó su cabello y se acercó a sólo unos centímetros de distancia, se encontró con que quería su sangre en su interior tan fuertemente que no se atrevía a tocarla, no fuera que él la hiriera con su urgencia.
- Se siente como algo apenas rozando contra mí... ¿tú sientes eso? - Ella se estremeció, mirando por encima del hombro. Era su poder desenrollándose y envolviéndose a su alrededor en todas las maneras que él no podía permitirse hacerlo. Inuno lo templó, sólo dejando a su aura acariciar la de ella sin esa energía arrolladora acariciando a lo largo de su piel como docenas de manos.
- Acércate - dijo él con voz áspera, todavía no confiando en sí mismo para tocarla.
Había pasado tanto tiempo desde que había sentido algo tan fuerte por una mujer. El aumento inesperado de necesidad serpenteando a través de él tenía su piel zumbando con energía. Si esto era lo que sentía en anticipación de morder a Izayoi, ¿qué se sentiría al poseer su cuerpo? ¿Al separar esos labios rojos y llenos, con un grito lento de éxtasis mientras conducía su carne profundamente dentro de ella? Un sonido escapó de Izayoi, casi un jadeo. Inuno se refrenó de nuevo, tratando de sofocar el brote repentino de lujuria que resultó en su inconsciente, agitando su poder a lo largo del grupo más sensible de sus terminaciones nerviosas. La profundidad de su respuesta hacia ella era increíble, como si algo largamente dormido en él hubiese despertado inesperadamente con un rugido.
- ¿Así? - Preguntó Izayoi, inclinando la cabeza hacia un lado con los ojos cerrados.
La línea suave de su cuello con su vibrante pulso fue casi su ruina. Inuno apretó los puños, irguiéndose de nuevo bajo control con gran esfuerzo. Poco a poco. Ella nunca ha sido probada antes. El conocimiento de que él sería el primero en reclamar su sangre despertaba un instinto primario en él. Él envolvió a Izayoi en un suave y fuerte abrazo. Su pulso tronaba bajo de sus labios cuando ellos rozaron su cuello. Su piel era tan suave, su aroma se mezcló con el suyo cuando él la atrajo hacia sí. Ella no hablaba, pero su respiración llegaba en pequeñas bocanadas inestables que lo calentaban donde aterrizaban. Su brazo se deslizó por su espalda, tirando de ella aún más cerca, sofocando su gemido al sentir su cuerpo sofocarse contra el suyo.
- ¿Cuánto tendrás que tomar? - murmuró ella vacilante, su ritmo cardíaco saltando cuando Inuno le rozó la garganta con sus colmillos.
- No tengas miedo. - Su voz era baja, casi un gruñido, mientras su mano pasaba a través de la espesa masa de su cabello.
La fricción sensual de sus senos contra su pecho, subiendo y bajando por su respiración rápida, intensificó su deseo de explorar todo de ella. A fondo, sin descanso, y poco a poco. Pero a pesar de que la sostenía mucho más cerca de lo necesario, sus manos permanecieron en su espalda y en su cabeza, sosteniéndola estable en lugar de aprender las curvas tentadoras de su cuerpo. Ella se quedó sin aliento cuando Inuno selló su boca sobre su cuello, chupando con presión suave y constante. No la perforó todavía, pero la preparó para su mordedura, trayendo esa pequeña y suculenta vena más cerca de la superficie. Sus ojos se cerraron ante el sabor a néctar de limón de su piel, la forma en que su pulso saltaba contra su boca, y ante el temblor que corrió por todo su cuerpo. Su esencia lo envolvía, una mezcla de aprensión, duda. . . y algo más. Excitación.
Una emoción oscura de triunfo se apoderó de Inuno. Ella podría no ser consciente de ello, pero una parte de Izayoi anhelaba que él la mordiera por razones que nada tenían que ver con su hermana. Quieres ser reclamada de esta manera, pensó, golpeando con su lengua sobre su cuello una vez más. Y lo serás. Ahora. Sus colmillos se hundieron en su carne en el instante siguiente.
Todo en Izayoi se congeló al sentir esos afilados colmillos perforando su piel, pero no estaba preparada para lo que sucedió después. En lugar de dolor, una cascada de sensaciones fluyó sobre ella. Dulce, deliciosa calidez parecía extenderse lentamente de su cuello, por los hombros, hacia abajo, y más bajo, hasta que sintió a su cuerpo como sumergido en chocolate caliente. Todas sus preocupaciones se desvanecieron con tanta prisa que se sentía mareada, sólo al darse cuenta de lo pesado que había sido su estrés cuando ya no estaba allí para cargar con él.
Algo grueso y sedoso pasó a través de sus dedos. Después de un momento confuso, Izayoi se dio cuenta de que había levantado los brazos y ahora estaba agarrando el pelo de Inuno. Él hizo un sonido profundo y gutural que vibraba en contra de su cuello, mientras tragaba. Mi sangre. Inuno está tragando mi sangre.
El pensamiento debería haberla asustado, o por lo menos, inquietarla, pero Izayoi se encontró presionándose más a él en su lugar. Fragmentos de placer pinchaban en ella mientras los colmillos se deslizaban más profundos en respuesta. El calor deslizándose a través de ella comenzó a girar y se concentró en un solo lugar, haciéndole dar un grito ahogado ante la repentina e intensa necesidad en sus entrañas. Sus manos se enredaron más fuerte en su cabello, mientras que un impulso oscuro e inexplicable hizo que Izayoi frotara el cuello en contra de la boca de él.
El placer la apuñaló con suficiente impacto para hacerla gritar de asombro mientras sus colmillos se deslizaban en ella otra vez. Se oyó gemir a sí misma. Sintió otro barrido vertiginoso de calor. ¿Cómo podría una mordedura ser responsable de tanta dicha? Inuno levantó su cabeza demasiado pronto, dejando aire frío contra su garganta en lugar de la presión fuerte y sensual de su boca. La caricia firme de sus manos en la espalda y la cabeza desapareció, también, lo que resultó en un decepcionante vacío en lugar de la sensación de él agarrándola. Ni siquiera pensó antes de tirar la cabeza de él hacia su cuello.
- No te detengas - jadeó ella. Un ruido áspero se le escapó a él mientras su lengua se deslizaba en un largo y lento camino a través del punto en la garganta donde la había mordido.
- Realmente no lo dices en serio. - ¡Como el infierno si lo hacía!
Necesitaba más de ese maravilloso calor buscando, inundándola. Más de él tocándola. Sus pechos frotándose contra la pared de músculos del pecho de Inuno mientras ella hacía más fuerte el agarre sobre su cabeza, manteniéndolo acunado en el hueco de su cuello. Sus manos la alcanzaron, juntando sus muñecas en un gentil pero irrompible agarre mientras levantaba la cabeza fuera de ella. Esa necesidad arañando en ella comenzó a disminuir, dejando atrás un cálido y delirante letargo, como si acabara de salir de una tina de agua caliente después de respirar óxido nitroso.
Izayoi se balanceaba mientras una onda de vértigo se apoderaba de ella. Inuno la levantó, y fue puesta sobre algo suave. Abrió los ojos al ver que los había trasladado hasta el sofá. Esperaba que su boca estuviera teñida de rojo, o ver los senderos zigzagueantes de carmesí por su rostro, pero nada empañaba su rostro sorprendentemente atractivo. Sus ojos seguían siendo de color escarlata brillante, derritiéndola con una intensidad que no podía nombrar.
Y no tenía la menor idea de qué decir. Los desinhibidos sentimientos que le habían llevado a meter la cabeza de Inuno en su garganta, exigiendo que le mordiera de nuevo, se habían desvanecido, dejando a Izayoi rota. ¿Era esa reacción apasionada justo lo que le pasaba a todo el mundo cuando Inuno los mordía? ¿Por eso le había dicho que en realidad no lo decía en serio cuando le dijo que no se detuviera? ¿O no quería que se detuviera porque la mordedura del yokai era una excusa para actuar sobre el deseo que sentía hacia él? Ella ciertamente no dejaría suelta su enfermiza atracción en cualquier otra circunstancia. No importa lo bien intencionadas que fueran sus acciones, todavía era su captor – su captor inhumano. No iba a complicar aún más una situación ya retorcida.
- ¿Te sientes mejor ahora? - Inuno preguntó, nada de su turbación coloreando su tono. Izayoi miró hacia otro lado, tomando una respiración profunda. Notó que su corazón ya no latía tan rápido. De hecho, tenía la misma cadencia relajada como si acabara de despertar.
- Bien…. Esto… ¿Es todo ese "¡Más, más!" una respuesta común cuando muerdes a alguien? ¿O te debo una disculpa? - Entonces se obligó a preguntar.
- Es muy común. - Inuno se alejó de ella antes de responder.
Su tono fue tan rígido que Izayoi le lanzó una mirada. Su rostro se cerró completamente, tan inexpresivo como una estatua. ¿Por qué esperarías algo diferente? Se preguntó a sí misma. Esta podía ser una experiencia nueva para ella, pero Inuno debía morder a una persona diferente cada día. La única razón por la que no estaba bostezando era probablemente porque no tenía la necesidad de respirar. Luego, bruscamente, estaba arrodillado frente a ella, su mano acunando su cara y sus ojos verdes ardiendo en los de ella.
- Nada pasó, Izayoi. Yo no te mordí. No regresaste a mi casa. Te fuiste a casa del trabajo el martes por la mañana, y has estado enferma en tu cama desde entonces. - Una extraña sensación presionaba en su mente mientras su voz parecía vibrar a través de ella.
Por una fracción de segundo, Izayoi se sintió eufórica. ¡Debía estar funcionando por fin! Pero con la misma rapidez, consternación barrió sobre ella. Si lo hacía, entonces se olvidaría de Inuno. Nunca sabría siquiera que lo había conocido… Ella parpadeó, y esa presión insistente desapareció de su mente. Los ojos de Inuno estaban todavía fijos en los de ella, tan brillantes que ni siquiera parecían reales, pero ella ya no sentía el impulso de caer dentro de su brillo.
- No está funcionando. - La más extraña sensación se apoderó de ella. ¿Lamento? ¿Alivio? Izayoi lo dejó ir antes de que pudiera determinar qué era lo que sentía. Inuno estaba al otro lado de la sala, de espaldas a ella antes de que parpadeara. Nada en sus cuadrados hombros le dio alguna indicación de lo que estaba pensando.
- Trataremos de nuevo en dos días - dijo.
Eso sería una semana desde aquella fatídica mañana en el almacén. La máxima cantidad de tiempo que Inuno dijo que tomaría para que los efectos de su beber su sangre desaparecieran. Izayoi tragó la pregunta que inmediatamente apareció en su mente. ¿Qué pasaba si en dos días, todavía no podía borrar sus recuerdos? Y si Inuno no podía hacerle olvidar todo lo que había aprendido de él y los otros yokais... ¿Alguna vez la dejaría ir?
Inuno yacía en el fondo de la piscina, los rayos del sol del atardecer brillaban silenciosamente a través del cristal opaco. Había estado aquí por más de una hora en el agua calentada artificialmente, pero incluso este tiempo normalmente de descanso hizo poco por calmarlo. No dejaba de pensar en cómo la piel de Izayoi se había sentido en su boca ayer, cómo sabía, y cómo su esencia tomaba una rica, y más profunda fragancia con su excitación.
Sabía que esa excitación se debía sólo a la forma en que la había mordido. La respuesta de Izayoi había sido la misma que Inuno había encontrado con innumerables mujeres y hombres de los que se había alimentado antes. Lo que era diferente era la respuesta de él. Cuando Izayoi había gemido que no se detuviera, por un momento, estuvo tentado. Podía beber de ella todo el tiempo mientras la tomaba, drenando sólo la mínima cantidad de sangre, pero dándole la misma sensación increíble de su mordedura —más. Su deseo había sido tan grande que le causó dolor físico alejar a Izayoi. Inuno no podía recordar la última vez que había querido a alguien con tanta intensidad. Tal vez nunca.
Y sin embargo era más que lujuria. Cuando no había podido una vez más penetrar su mente, el alivio que le llenó era innegable. No podía dejar de preguntarse si la renuencia por su parte jugaba un papel en su incapacidad para borrar la memoria de Izayoi. Sí, había otra posible razón para su incapacidad para alterar sus pensamientos, pero la verdad era que no quería que se fuera. Era un placer ver el rostro de Izayoi cada día. Su voz era algo que él se encontraba a sí mismo esforzándose en oír aunque hablara con él o no, y su proximidad ocupaba sus pensamientos mucho más de lo que alguna vez le dejaría saber.
Era irónico, que él la mantuviera cautiva, pero ella lo había cautivado a él. Inuno se levantó de la piscina, abandonando esta búsqueda inútil de tranquilidad. Una cosa le haría sentirse mejor, y no tenía nada que ver con tomar el sol bajo el agua. Haría que Gorgon obtuviera toda la información de Izayoi, discreta y minuciosamente. Inuno ya había decidido reclamarla como suya por lo que quedaría al cuidado de Inuyasha una vez que él se hubiese ido. Ahora todo lo que tenía que hacer era asegurarse de que Inuyasha sabía a quién cuidar, una vez que llegara ese día. El hecho de que este fuera uno de los pocos ítems que estaba priorizando no escapaba de su alcance, pero no le importaba. Podría pretender que Izayoi no se había convertido en algo importante para él, o podría aceptarlo y encontrar la manera de proceder a pesar de eso. La negación no le había ayudado en el pasado.
- ¡Gorgon! - Inuno llamó.
- Tengo una tarea para ti. - Ni siquiera esperó a que el otro yokai saliera a la terraza antes de hablar otra vez.
Inuno podía escuchar los pasos de Izayoi en su habitación. Ella había estado haciendo eso durante las últimas dos horas. Sin duda, estaba de nuevo irritada por sus circunstancias, por lo que no podía culparla. Su tiempo con él se había alargado más de lo que cualquiera de ellos había anticipado. Sin embargo, en su sexto día desde que ella bebiera su sangre, no capturaba el más mínimo destello de los pensamientos de Izayoi, de lo que debería haber sido capaz de hacer a estas alturas. Ya no podía pretender que a su sangre le estaba tomando un tiempo inusualmente largo en desaparecer en su sistema. Era el momento para que tomara una decisión. Y lo temía.
- Al diablo - oyó murmurar Inuno a Izayoi antes de que ella cerrara la puerta y bajara las escaleras. Se quedó sentado en la sala de estar, manteniendo su expresión compuesta, como si no hubiera estado en sintonía con ella con todos sus matices por las últimas horas.
- Tengo que llamar a mi hermana - dijo Izayoi tan pronto como lo vio.
- ¿Pasa algo malo? - Levantó una ceja ante la urgencia en su voz.
- Espero que no ¿El teléfono de la biblioteca está bien otra vez? - murmuró Izayoi.
- Sí - respondió Inuno, viendo que Izayoi que casi corrió hacia allí.
¿Qué le había agitado tanto? Cuando ella había colgado a su hermana anoche, Izayoi había estado bien. Preocupada, pero tranquila. Ahora, actuaba como si hubiera caminado sobre la tumba de su hermana. Inuno escuchó los pitidos mecánicos que señalaba que Izayoi estaba marcando, y su respiración tensa mientras esperaba. Después de una docena de repiques, Izayoi soltó una maldición, luego colgó y marcó de nuevo. Él entró en la biblioteca mientras Izayoi murmuraba otra maldición y colgaba de nuevo. Su rostro pálido.
- Ella no contesta. Algo anda mal. Jadeo llena de preocupación. Inuno no se acercó a ella, para su desconcierto, su primera inclinación fue ir a acariciarla para confortable.
- No has podido hablar con tu hermana antes otras veces, sin embargo, nada estaba fuera de lugar - señaló.
- Esto es diferente. Desde esta misma mañana, yo sólo... sentía que algo estaba mal. - Izayoi le lanzó una mirada pensativa.
- Pensarás que es una locura, pero a veces yo sólo lo sé. Llámalo instinto, reacción visceral, lo que sea, pero las he tenido toda mi vida. - Por el contrario, era una de las pocas personas en el mundo que podía saber cosas sobre la base de una interna habilidad inusual. O por lo menos, solía hacerlo.
- Concéntrate en la sensación. Céntrate - declaró Inuno.
Ella lo miró sorprendida por su instrucción, pero frunció el ceño y empezó a caminar en un ritmo a paso lento. El silencio y la concentración habían agudizado el don de Inuno cuando era más joven y el don era nuevo. Luego con el tiempo, había perfeccionado su capacidad de llamar visiones dispuestas a voluntad. Había sido incluso capaz de usar su poder para localizar personas en incontables kilómetros, especialmente si había probado la sangre de la persona. Hasta que sus visiones terminaron abruptamente y todo lo que veía era oscuridad. El simbolismo era a menudo una parte de sus visiones, y Dual, el inframundo, donde su alma viajaría a la espera de su juicio por el dios Anubis, era un lugar de oscuridad uniforme. La muerte venía por él, pero Inuno elegiría su propio final. El que mejor sirviera a su pueblo.
- Si estoy en lo cierto, y pasó algo malo, Tina estaría en un hospital. Tengo que hacer otra llamada - dijo Izayoi. Fue al teléfono y empezó a marcar, sin esperar a ver si Inuno se oponía. Él no dijo nada, viendo como sus dedos se retorcían por su agitación.
- Hospital Mercy y Centro Médico - oyó entonar al operador de voz.
- Estoy llamando para chequear si mi hermana ha sido admitida. Su nombre es Tina Graceling. Podría estar en la sala de emergencias. - dijo Izayoi, tomando una respiración profunda.
- Un momento. - Música llenó la línea durante varios segundos, luego la voz del operador de nuevo.
- Sí, Tina Graceling es una paciente aquí. Por favor espere mientras la conecto con la estación de enfermeras. - Inuno no habló mientras Izayoi era transferida y otra voz le explicó que su hermana estaba en condición crítica pero estable. De lo que dedujo, no se debió a un accidente, sino a una enfermedad médica recurrente.
- Gracias - dijo Izayoi antes de colgar el teléfono. Entonces se encontró con la mirada de Inuno.
- Está en cuidados intensivos. Tuvo una hemorragia y fue llevada al hospital en ambulancia esta mañana... - Su voz era cruda, en su olor se arremolinaban el miedo, la agitación, y la culpa.
Nada de esto debería importarle a él. La hermana de Izayoi estaba en un hospital, no había nada más que ella pudiera hacer para ayudarla, y la mala salud de un mortal desconocido no era realmente su preocupación. Pero a Izayoi le importaba, y por eso, a él también. A pesar de todas las razones por las que no debía importarle, Inuno encontró que no podía soportar ver a Izayoi sufrir. Sí, le importaba mucho, demasiado.
Había mantenido a Izayoi aquí con la intención original de proteger el secreto de su raza, pero mientras pasaban los días, la mayor amenaza de Izayoi no era hacia mundo de los yokais… era hacia él. Ella le hacía sentir cosas que no podía dejarse sentir en este momento de su vida. No importaba lo difícil que era, era el momento para eliminar esa amenaza. No tenía otra opción si tenía la intención de mantener el rumbo que había establecido.
- Vámonos - dijo Inuno, tendiéndole la mano.
La frente de Izayoi fue surcada por arrugas, pero ella la tomó. Bella dama oscura, pensó. Ojalá no tuviera que hacer esto. Había Izayoi encerrado en un inquebrantable agarre antes de que pudiera siquiera jadear.
Continuara…
