Espero que les guste este regalo de navidad porfa disfrútenlo y felices vacaciones.
Adiós
El aliento de Izayoi salió haciendo "zum" de sus pulmones cuando Inuno llegó al estacionamiento. Le tomó un segundo a sus piernas dejar de temblar lo suficiente para que él la soltara, pero el reluciente hospital tan cerca le dio la fuerza necesaria para comenzar a caminar hacia él.
- ¿Por qué no vinimos en coche hasta aquí? - Preguntó ella, su corazón aun golpeando.
- Habría tomado tres veces más tiempo. Más, si hubiésemos quedado atrapados en el tráfico. - respondió Inuno.
Claro, no había tráfico en el cielo, pensó Izayoi, todavía un poco aturdida por el vuelo reciente. Inuno la había arrastrado, a toda velocidad a través del cielo nocturno, antes de que ella se diera cuenta de lo que estaba haciendo. La capacidad del yokai para volar en un vertiginoso torbellino de velocidad era a la vez excitante y aterradora. Creía que nunca podría olvidar la visión de los edificios desde su ventajoso punto de vista volando por encima de ellos. Superman y Loas Lane, muéranse de envidia.
Pero Izayoi empujó su asombro residual a un lado cuando entró en el muy iluminado hospital. En algún lugar de los pisos superiores, Tina estaba luchando por su vida contra una enfermedad que no dejaba sobrevivientes. La empleada del hospital le dirigió una mirada compasiva mientras le asignaba a Izayoi un pase de visitante.
- Llegas justo a tiempo. Las horas de visita a la UCI terminan en treinta minutos. - Izayoi lanzó una mirada agradecida a Inuno a pesar de que el yokai no la miraba. Si hubieran conducido en lugar de volar, no habrían llegado a tiempo.
- Sólo los miembros de la familia se permiten en cuidados intensivos. ¿Es él de la familia, también? - Preguntó la encargada.
- Sí - respondió Izayoi inmediatamente. Ella no estaba dispuesta a devolver la amabilidad de Inuno por traerla aquí haciéndole enfriar sus talones en la planta baja. La encargada le dio una mirada dudosa a Inuno. Izayoi no podía culparla. Ella e Inuno no se parecían en nada, con su pelo castaño y ojos claros en contraste con su coloración más plateada y rasgos cincelados.
- Su licencia de conducir, por favor - dijo la encargada a Inuno. Él se inclinó sobre el mostrador, el destello de rojo en sus ojos se había ido tan rápido, que Izayoi no estaba segura si realmente lo vio.
- Listo. Ahora, dame el pase - Inuno le indicó en una voz suave y baja. La encargada le entregó el pase de visitante con una sonrisa vidriosa en el rostro, sin siquiera escribir un nombre en él. Inuno lo tomó y se dirigió a Izayoi.
- Vamos. - Izayoi miró hacia atrás a la operadora, que seguía sonriendo como si estuviera congelada, antes de seguir a Inuno a los elevadores.
- ¿Así de fácil es para ti controlar las mentes de las personas en circunstancias normales? ¿Una mirada de un segundo con un pequeño flash rojo? - Una vez dentro, finalmente encontró su voz.
- Tal vez ahora puedas apreciar la rareza de tu resistencia a mi poder. - Inuno le dio una mirada de reojo.
- Porque me diste tu sangre - murmuró Izayoi pensativa, mirando la luz de los pisos mientras el elevador los pasaba.
- Y posiblemente mi terquedad - añadió con una sonrisa floja.
- Hay una posibilidad más. Un porcentaje muy pequeño de humanos son naturalmente inmunes al control mental de un yokai. En mi vida, me he encontrado sólo con una docena de humanos con esa inmunidad, pero hay quienes pueden tener un tipo de mutación genética que impide… - Inuno casi pareció dar un suspiro.
- Nunca me dijiste eso - Izayoi le interrumpió, pavor llenándola.
- Supiste todo este tiempo, que tal vez no era sólo tu sangre la que te impedía borrar mi memoria. - Un miedo enfermo hirvió en ella. ¿Era esta la forma de Inuno de decirle que nunca la dejaría ir?
Las puertas del elevador se abrieron, revelando la estación de enfermeras de la unidad de cuidados intensivos. Inuno no dijo nada, lo que Izayoi tomó como una admisión condenatoria. Pero no podía hablar más sobre eso ahora. Tenía sólo media hora para ver a su hermana, y eso prevalecía incluso sobre sus temores por la nueva revelación de Inuno. Izayoi desvió su mirada alrededor de las claras puertas de cada habitación hasta que encontró la marcada con Tina Graceling. Luego mostró su pase a la enfermera antes de acercarse a la habitación de su hermana, sin siquiera mirar para ver si Inuno la seguía.
Tina parecía estar dormida, su pequeño cuerpo conectado a máquinas que le hacían parecer enana alrededor de la cama del hospital. Estaba casi tan pálida como las sábanas a su alrededor, sombras oscuras surcando sus ojos, los únicos puntos de color en su cara. Se veía tan frágil, tan rota, como una muñeca hermosa que había sido descartada por algún niño sin cuidado. Un tubo de plástico transparente, estaba pegado con cinta adhesiva sobre la boca de Tina, la compresión constante del ventilador que estaba cerca sonando como un acordeón resollarte.
Lágrimas llenaron los ojos de Izayoi, por lo que su hermana y todas las máquinas se hicieron borrosas. Tina no estaba dormida, estaba inconsciente y conectada a un respirador. Uno de los mayores temores de Tina era ser conectada a un respirador mecánico. Su hermana a menudo le había dicho que una vez que sus pulmones se deterioraron a tal punto, todo habría terminado. Y Tina probablemente tenía razón. Un sollozo escapó de Izayoi antes de que pudiera tragarlo. Sabía que llegaría ese día. Pensó que se había preparado para él, pero el dolor candente que envolvió su corazón cuando vio a Tina viva sólo con la ayuda de máquinas hizo a sus rodillas debilitarse. Se sentó en una silla cercana, incapaz de apartar la mirada de su pequeña hermana inconsciente.
- ¿Qué enfermedad tiene? - La suave y profunda voz de Inuno sorprendió a Izayoi por un segundo. Ella casi había olvidado que el yokai estaba aquí. Él dio la vuelta alrededor de la cama de Tina, mirando a su hermana con su habitual expresión encapuchada.
- Fibrosis quística… Nació con ella. - dijo Izayoi con voz áspera. La ironía de eso apuñaló un chorro fresco de dolor en Izayoi. De acuerdo a lo que Inuno acaba de revelar, Izayoi también podría haber nacido con una mutación genética, pero aunque la de ella podría robar su libertad, no sería mortal, no la mataría, como la de Tina.
- Está muriendo - dijo Inuno, aún con esa expresión indescifrable.
- No digas ESO. - Izayoi le dio al yokai una mirada llena de toda su rabia impotente por la condición de su hermana mientras se ponía de pie. Sabía que era verdad. Todos sus instintos le advirtieron que esta vez, Tina no se recuperaría. Había sentido ese temor crecer dentro de ella todo el día, a pesar de que había tratado de quitarle crédito. Los ojos dorados de él eran duros.
- Para como está ahora, es un hecho, pero ¿Qué estás dispuesta a hacer para cambiar ese hecho? - ¿Quería decir...? Izayoi miró a Tina, a Inuno, luego en la máquina de ECG monitoreando el débil pulso de su hermana. Un pulso que Inuno ya no tenía.
- Nada tan drástico - dijo Inuno, con la más mínima inclinación de su cabeza hacia el monitor del corazón.
- Mi sangre ha curado tus heridas. No puede curar la enfermedad de tu hermana de forma permanente, pero podría curar las complicaciones que causan que ella esté en esta condición. - La esperanza se estrelló contra Izayoi mientras miraba a Inuno. Su sangre si la había curado… de una lesión mortal, no menos. Incluso si no curaba la fibrosis quística de Tina, ¿Podría sanarla lo suficiente como separarla del ventilador? ¿Tal vez incluso fuera del hospital?
- ¿Harías eso? - Tomó todo de Izayoi no suplicar mientras esperaba su respuesta.
- Sí. Por un precio. - Sus rodillas se sentía débiles de nuevo, pero esta vez, con otro tipo de temor.
Por supuesto, que el precio de la ayuda de Inuno sería que Izayoi aceptara la pérdida de su libertad... para siempre. Después de todo, él había dicho en repetidas ocasiones que no la dejaría ir hasta que pudiera borrar de su memoria de los yokais. Seis días más tarde, todavía no podía manipular sus recuerdos o escuchar sus pensamientos. Izayoi no guardaba muchas esperanzas de que mañana por arte de magia se hiciera alguna diferencia. Mutación genética. Inmunidad natural.
Volvió a mirar a Tina. Si su precio era que llegara a aceptar su destino, su cautiverio permanente para curar a su hermana lo suficiente para darle una nueva oportunidad de vivir, estaría de acuerdo. Tal vez no tendría otra opción que perder su libertad, pero podía ver que Tina se beneficiara con ello. Una y mil veces, se había preguntado, "¿Por qué ella?" Acerca de la condición de Tina, y, sin embargo ni una sola vez había oído alguna vez a Tina hacer eco de ese sentimiento. Su hermana había aceptado su destino con un valor por el que Izayoi desde hace mucho tiempo se había sentido intimidada. Ahora, era el turno de Izayoi.
- Puedo adivinar tu precio - dijo, enderezando los hombros.
- Y estaré de acuerdo, si curas a Tina más que sólo esta vez. Hazlo suficientes veces como para darle una expectativa de vida normal, y me quedaré encerrada por el resto de la mía. Una vida por una vida. - Inuno la miró en silencio durante tanto tiempo, que Izayoi se preguntó si se había atrevido a exigir demasiado.
¿Estaba enojado por la condición que ella había añadido a su precio? ¿Divertido? ¿Sentía desprecio? ¿Ninguna de las anteriores? Era cierto que Inuno podría mantenerla como rehén para siempre sin ayudar a Tina, pero si quería que fuera tan dócil como Selene, Kurt, y Sam lo habían sido, entonces eso era lo que tenía que hacer.
- Llama a la enfermera - dijo Inuno. Eso no fue realmente una respuesta, pero Izayoi no presionó. Fue a la estación de enfermeras y en pocos minutos regresó a la sala con la enfermera de Tina.
- Tráeme una jeringa. - Inuno miró a la mujer y sus ojos brillaron con ese destello escarlata.
La expresión de la enfermera cambió inmediatamente a la misma de obediencia plácida que la encargada de los visitantes tuvo. Una vez más, Izayoi se maravilló de cómo, casi sin esfuerzo, Inuno podría controlar las mentes de otras personas mientras la enfermera salía de la habitación. Menos de un minuto después, volvió con una jeringa y se la entregó a Inuno.
- Déjanos ahora. No me trajiste nada. No recuerdas nada de mí - dijo Inuno displicentemente. La enfermera se marchó sin mirar atrás.
Izayoi habría comentado lo extraño que había sido ese intercambio, pero estaba demasiado ocupada concentrándose en Inuno mientras se deslizaba la aguja en su muñeca y tiraba lentamente del émbolo. Líquido rojo brotó hacia la jeringa hasta que estuvo llena. Echó un vistazo detrás de ellos a la estación de enfermeras. Nadie estaba mirando en su dirección. Izayoi volvió la mirada para encontrar a Inuno observándola. Ahora tenía la aguja inserta en la línea de IV. No apartó la mirada mientras presionaba el émbolo hacia abajo, volviendo el tubo de alimentación que iba hacia la mano de Tina de color rojo con su sangre, mientras se absorbía en la vena de Tina.
Izayoi contuvo la respiración hasta que la jeringa estuvo vacía y fuera de la línea de IV. Inuno la tapó y se la metió en el bolsillo del abrigo. El único rastro de que algo raro había sucedido era el residuo de líquido de color rosa al final de la línea IV, donde el catéter estaba pegado a la carne de Tina con cinta adhesiva.
- Quédate aquí - dijo antes de salir de la habitación.
Ella no le preguntó a dónde iba. Izayoi se sentó junto a la cama y trazó su mano a lo largo del pálido brazo inmóvil de su hermana. ¿Cuánto tiempo haría falta para que su sangre contrarrestara el daño sin piedad que había causado la enfermedad de Tina? Le había dado sólo una jeringa llena. Tal vez eso era lo único que pretendía darle al principio, pero entonces inyectaría otras pocas jeringas de sangre a Tina en los próximos días. Tal vez él no tenía la suficiente sangre en él ahora para dar más. Podría ser que Inuno se dirigía a encontrar un donante desconocido y una recarga...
Tina hizo un sonido de arcadas. Todo en Izayoi se congeló cuando vio a los ojos de su hermana abrirse. Tina parpadeó varias veces antes de hacer arcadas de nuevo, girando su cabeza. Su mirada verde mar se reunió con la de Izayoi en pregunta, pero no en confusión. Tina estaba despierta… y lúcida. Entonces el flojo brazo que Izayoi había estado acariciando se levantó, la mano de su hermana moviéndose para tirar del tubo que tenía en la boca. Eso fue todo lo que Izayoi vio antes de que su mirada se volviera borrosa, y gritó una sola palabra.
- ¡Enfermera! - Inuno vio a Izayoi decir adiós a su hermana. Su rostro estaba enrojecido aún con felicidad mientras se inclinaba para besar la mejilla de Tina.
- Trataré de venir de nuevo pronto. Te quiero, Tiny-T. - murmuró.
- Te quiero, también, hermana - respondió Tina, su voz suave, pero no rasposa, como debería haber sido después de que el tubo de ventilación hubiera sido retirado.
- Es milagroso lo rápido que ha respondido a los nuevos antibióticos - se maravillaba la enfermera mientras acompañaba a Izayoi fuera de la habitación de Tina.
- Oh, sí. Milagroso - hizo eco Izayoi, pero levantó la vista hacia Inuno mientras hablaba.
Él le dio una leve sonrisa. Los efectos curativos de la sangre de yokai… específicamente tan antigua y poderosa como la de él… le había parecido de hecho milagrosa a la enfermera, quien no lo sabía. Izayoi si, sin embargo. Ella tomó su mano una vez que se acercó, entonces se la llevó a los labios.
- Gracias - susurró ella mientras le besaba la mano.
Este simple gesto. El mismo que un sinnúmero de otros (humanos, yokais y onis) habían hecho a lo largo de miles de años, quemó a través de Inuno con más fuerza que un rayo. Con demasiada rapidez, el roce de la boca de Izayoi y la suave presión de su mano se habían ido, dejándolo sintiéndose más frío sin su toque. Por los dioses, esta mortal era tan peligrosa para él.
- Tenemos que volver ahora - dijo él, aliviado de que su voz no traicionara la emoción embravecida en su interior.
- Estoy lista. - Izayoi miró de nuevo hacia la habitación de su hermana y asintió con la cabeza, algo de la felicidad dejando su rostro.
Inuno no habló, mientras tomaban el ascensor hasta la planta baja del hospital. Tampoco Izayoi. Cuando estuvieron en la esquina más oscura del estacionamiento, él abrió sus brazos, y ella entró en ellos, su calor envolviéndolo mientras les catapultaba hacia el cielo. En momentos, estuvieron muy por encima del hospital y luego por encima de todos los otros edificios, también invisibles contra la noche con su abrigo negro envuelto alrededor de ellos. El latido del corazón de Izayoi tamborileaba contra su pecho, su cuerpo moldeado tan de cerca del suyo, que él apenas podía pensar en otra cosa. El viento en ráfagas a su alrededor le robó su olor a limón, pero sabía que lo olería en él más tarde. Tal vez no lavaría esta camisa o abrigo de nuevo, para no perder todo rastro de su perfume de ellos.
Demasiado pronto, vio la silueta de su destino por delante. Tenía los labios apretados. Era el momento de eliminar la amenaza que Izayoi representaba para él. No tenía otra opción. Inuno bajó hacia el edificio y dejó ir a Izayoi tan pronto como recuperó el equilibrio. Ella miró alrededor del techo con la confusión estampada en su hermoso rostro.
- ¿Dónde estamos? Esto no es donde tú vives. - Él se armó de valor, bloqueando sus emociones detrás de un muro inalcanzable.
- No, aquí es donde tú vives. - Izayoi miró a su alrededor otra vez, con los ojos cada vez más abiertos al reconocer el paisaje urbano que rodeaba a su edificio de apartamentos.
- ¿Quieres que recoja algunas de mis cosas antes de volver? No tengo mis llaves conmigo… - Le preguntó con confusión.
- Todavía no puedo oír nada de tu mente o controlarla, así que es obvio que eres naturalmente inmune a mi poder. Te dije en el hospital que mi sangre venía con un precio. Mi precio para la curación de tu hermana es tu silencio sobre todas las cosas que has aprendido en la última semana. No hables de mí, y ellos, a nadie. - Voz fría y estable mientras le entregaba las llaves que había dejado en su mochila el día en que se conocieron. Luego, con un empuje mental, la puerta del techo se abrió.
- Pero dijiste que mientras yo supiera, nunca podría… - Su boca se abrió en incredulidad, esos labios naturalmente rojos burlándose de él con su plenitud.
- Y tú dijiste que podía confiar en ti. Así que estoy confiando en ti, Izayoi, y te dejo ir a pesar de tu conocimiento. - Inuno interrumpió en voz baja.
Ella no tenía idea de lo difícil que esto era para él. Cuando Izayoi se ofreció voluntariamente a cambio de la curación de su hermana, Inuno casi se había aprovechado. La oportunidad de verla cada día, aprender más sobre ella —y seducirla hasta su cama— le había llenado con un propósito primario y hambriento. Quería mostrar cosas a Izayoi que ni siquiera había imaginado, llevarla a lugares de los que sólo había oído hablar, derrochar en extravagancias que avergonzarían a una reina. No tenía sentido, apenas conocía a Izayoi, pero ella lo llamaba de una manera que casi lo vencía. La última vez que había sentido algo tan fuerte por una mujer, los reinos habían caído a su paso.
Pero la oscuridad del inframundo se alzaba ante él, burlándose de que su tiempo estaba por terminar. Izayoi tenía un futuro. Él no. Tenía que liberarla, tanto para dejarla vivir su vida y para dejar que él terminara lo que quedaba de la de él. Ella se acercó a él con pasos fuertes, que estaban en desacuerdo con su esbeltez femenina y lo agarró en un abrazo fuerte.
- Gracias - le susurró. Esta vez, lo besó en el cuello, no en la mano, y el roce de sus labios suaves y cálidos casi rompió su control. Tenía que irse. Ahora. En lugar de devolver su abrazo, Inuno metió la mano en su abrigo y sacó una bolsa.
- Toma esto - dijo, acercándola hacia ella.
- La sangre del no-muerto no se degrada con el tiempo. Usa de un cuarto de cada tubo cada vez que empeore la condición de tu hermana. Puedes decirle que es un suplemento herbario e inyectarla en ella, o bien colocarla en una bebida bastante fuerte para que no sienta el sabor. - Izayoi abrió la bolsa, con los ojos cada vez más brillantes cuando vio a las decenas de viales llenos de su sangre.
Había hipnotizado a una enfermera para proporcionar los tubos, mientras Izayoi había estado ocupada con su hermana. El contenido de la bolsa debía ser suficiente para contrarrestar la enfermedad de Tina para darle una expectativa de vida normal. Como le prometió.
- ¿Significa esto… que nunca voy a verte de nuevo? - La voz de Izayoi se quebró ligeramente mientras preguntaba, causando un dolor que cortaba a través de él.
¿Sentía ella algo por él también? Había admitido lujuria antes, pero ¿Eran sus emociones más profundas que eso? ¿Podría querer volver a verlo, a pesar de que con los viales, no lo necesitaba para mantener bien a su hermana? No importa, ese vacío negro susurró. Lo que podría haber sido con Izayoi nunca podría ser. Lo único que quedaba era asegurarse de que su muerte sirviera mejor a aquellos de los que él era responsable… y frustrar a Ryuko.
- Adiós, dama oscura - murmuró Inuno. Luego se lanzó hacia arriba en la noche.
Continuara…
