Eh chicos aquí su regalo para cerrar con broche de oro el año nuevo, espero que les guste mucho y que lo pasen bien, mis mejores deseos para ustedes el próximo año y que todos sus deseos se cumplan Bye

Añoranza

- ¡Graceling! - la cabeza de Izayoi se giró para ver a Frank usando su usual ceño fruncido mientras se encorvaba sobre el escritorio que los separaba.

- ¿Ya terminaste con esos reportes? - Su jefe la había extrañado mientras no estaba, seguro, pero no de una forma amorosa.

- Casi - replicó Izayoi. La pila en su escritorio se había reducido en tres cuartas partes desde que regresó a su trabajo hacía cuatro días… y eso sin contar las cosas nuevas que Frank arrojó en su escritorio que ella había completado todos los días.

- Bien. Los clientes no pueden ser descuidados solo porque tú estabas enferma - dijo Frank, lanzando otra gruesa pila de papeles en el escritorio de Izayoi.

- Necesito esto de vuelta para el final del día. - Hay una recesión económica, los trabajos son difíciles de conseguir, se decía Izayoi mentalmente mientras se forzaba a si misma a sonreír. Si el mercado de empleo fuera mejor, ella estaría tentada a decirle a Frank que se inclinara para que ella pudiera devolverle esos papeles justo ahora.

- Lo hare - fue lo que dijo Izayoi.

- Si todo está listo antes del fin de semana, te pondré a trabajar en el próximo caso de personas desaparecidas que tengamos. Sé cuánto quieres uno de esos. - Frank apuntó con su dedo hacia la pila de papeles.

Era jueves por la tarde. Izayoi tendría que trabajar hasta después de media noche hoy y mañana para poder cumplir eso, pero Frank tenía razón. Ella sí quería asignaciones más serias que atrapar a esposos infieles, vigilancia a compañías de la competencia, o entregar citaciones. El viejo lema de su viejo mentor sonó en la mente de Izayoi: Salva una vida. Bueno, Mack, Izayoi pensó, recordando la sonrisa de Tina mientras salía del hospital hace dos días, creo que lo he hecho. Tal vez si ella fuera asignada a un caso de persona desaparecida, Izayoi podría salvar dos vidas.

- Tendré todo terminado - le dijo a Frank.

- El viejo Mack me dijo que no me arrepentiría de haberte contratado. - Él le dio su versión de una sonrisa amigable, la cual todavía tenía un borde mercenario.

Y a mí me dijo que tú eras un imbécil, añadió Izayoi mentalmente. Mack no había estado equivocado sobre su ex compañero, pero Frank si mostraba un indicio ocasional de amabilidad debajo de su normal mentalidad de capataz de esclavos. Él no tenía que dejar usar a Izayoi el carro de la compañía en sus asignaciones. Él pudo contratar a alguien más que tuviera un auto. Izayoi sabía que había más que compensado el uso del auto con sobretiempo no pagado, pero aun así. Frank merecía una inclinación por eso. Su compañera de trabajo, Lily, se inclinó sobre el espacio entre sus escritorios una vez Frank dejó la habitación.

- Primera vez que has faltado por enfermedad en más de tres años, y él se tiene que asegurar que te arrepientas. Si hay un Dios, Frank será condenado con hemorroides. El dolor en el trasero que merece. - La boca de Lily se curvó hacia abajo.

- Está bien. Un poco más de líquido incentivo me ayudará a tener todo terminado. - Izayoi le sonrió.

- El café no se supone que sea un substituto del sueño. Tienes círculos oscuros debajo de tus ojos, niña. Te tienes que cuidar, o te enfermarás de nuevo. - Lily frunció el ceño, las líneas hundiéndose es su frente.

- Estoy bien - dijo Izayoi.

No le podía decir a la dulce anciana que los círculos debajo de sus ojos no eran por la recuperación del resfriado sino porque los pensamientos hacia un yokai la mantenían despierta. A pesar que habían pasado varios días desde que él la dejó, Izayoi no parecía capaz de sacar a Inuno de su mente.

No debería ser tanta sorpresa. En los seis días que estuvo con él, le mostró que otras dos especies existen junto a la humanidad, había salvado su vida, la de su hermana, la había hechizado, tentado, mordido, y contra los mejores intereses de su clase, liberado. ¿Por qué no estaría ella pensando en él? Cada vez que veía o hablaba con su hermana, Izayoi recordaba a Inuno, además de cada vez que pasaba por delante de ese almacén en su viaje desde el metro hasta su apartamento. El impacto de él en su vida había sido enorme, y ahora que se había ido, Izayoi sentía una aguda sensación de pérdida.

Ella todavía no podía creer que en realidad la hubiera dejado ir. El primer par de días, ella había esperado que Inuno se apareciera de la nada y dijera que ella tenía que regresar. Una pequeña, y retorcida parte de ella tal vez incluso quería que sucediera, aunque su sentido común sabía que eso era seriamente enfermizo. Cualquier situación donde una persona tenía completo poder sobre otra no era solo incorrecta; era enfermiza. Y lo más importante era que ella había sido la prisionera de Inuno. Una prisionera bien tratada, tal vez, e incluso por una buena razón, pero todavía. Prisionero y guardián no eran las circunstancias adecuadas para una interacción romántica, incluso una casual.

Aunque Inuno no parecía estar interesado en ningún tipo de interacción con ella, romántica o de otro tipo. Él la dejo ir, la única cosa que abrió las posibilidades de Izayoi de explorar la atracción que sentía hacia él, yokai o no, pero después él dio todas las indicaciones de que no iba a volver. Si él quería verla de nuevo, lo habría dicho. No lo hubiese dado a ella toda esa sangre, suficiente para que no tuviera ninguna razón para contactar con él de nuevo… no que tuviera ninguna intención de hacerlo. Ella no sabía exactamente donde Inuno la había tenido esa semana, y él no había dejado su número telefónico antes de desaparecer en la noche. Afróntalo, Izayoi pensó desoladamente. Has sido rechazada. Por el lado bueno, él era probablemente muy viejo para ella por cientos de años, y realmente, ¿un humano y un yokai? Eso nunca hubiese funcionado. Mira todas las películas de Drácula. O Buffy.

- ¿Si quiera me estás escuchando? - Le preguntó la voz divertida de Lily. Izayoi arrancó sus pensamientos del atractivo oscuro yokai de vuelta a su compañera.

- Lo siento, yo…mi mente divagó - dijo tímidamente.

- Te dije que necesitas dormir algo… Pero como sé que no me escucharás, déjame al menos traerte café. De esa forma, serás capaz de pasar el resto del día sin cabecear en frente de Frank. - dijo Lily.

- Gracias, eres un ángel - dijo Izayoi con una sonrisa agradecida. Ella todavía tenía un largo día por delante, y pensar en Inuno no haría que la pila de papeles en su escritorio se hiciera más pequeña. El café ayudaría a que esa pila de papeles se volviera más pequeña, sin embargo. Montones y montones de café.

Ocho horas después, Izayoi salió del metro, colocando su cabello detrás de su oreja con cansancio. Había volado libremente de su moño en algún momento de su caminata de la oficina a la estación L, y no se había molestado en prensarlo de nuevo. Al menos no era lo suficientemente largo para bloquear su visión mientras subía los escalones hacia la calle. De hecho, con el arrastrándose unos centímetros por debajo de sus hombros, Inuno tenía el cabello más largo que ella…

Deja de pensar en él, se reprendió Izayoi. Dobló en la primera de las tres calles que la guiaban a su apartamento, aumentando su ritmo. Una cosa era estar agradecida por el extraño giro del destino que había hecho que su camino se cruzara con el de Inuno, porque a pesar de que ella casi había muerto, también había ganado la habilidad de mantener la enfermedad de su hermana a raya. Pero ella no estaba meditando sobre la condición de su hermana cuando seguía pensando en él.

Ella recordó como sus ojos dorados podían brillar con humor, con cuanta gracia y clandestinidad se movía, cuan apetitoso se veía desnudo, y como ella deseaba haber pasado más tiempo aprendiendo sobre él cuando ella había estado prisionera en su casa. Inuno era la única persona a la que ella había contado sobre sus instintos y cuan fuertes eran. Para su sorpresa, él no lo había encontrado en lo más mínimo gracioso o inusual. En lugar de eso, él le aconsejo que se enfocara en ellos. Para escucharlos. Aparentemente, su brújula interna no parecía del todo rara para alguien que podía volar y manipular las cosas con su mente.

Además si ella escuchaba sus instintos ahora, ellos le seguirían repitiendo lo mismo que la había estado fastidiando en los últimos días… que había perdido algo importante cuando Inuno desapareció en la noche. ¿Había algo más que ella podría haber hecho para prevenir que él se fuera? ¿Cómo, diciéndole a Inuno que ella quería verlo de nuevo en vez de solo preguntarle si se estaba yendo para siempre sin declarar su preferencia en el asunto?

Izayoi estaba tan preocupada con sus pensamientos que le tomó varios segundos antes de ver la oscura forma en las sombras al frente de su edificio. Tensó su mano en la correa de su cartera y continuó, pretendiendo que no lo había notado aunque cada músculo se tensó. Cuando estaba casi en la puerta principal de su edificio, una mano tiró de ella. La adrenalina de Izayoi surgió mientras ella se agachaba y barría una patada en el tobillo del hombre, golpeándolo con su pesado bolso después. Graduarse de la academia de policía seguido por clases de defensa propia hacía sus acciones mucho más reflejas que planeadas.

- ¡Ouch! ¡Izayoi! ¿Qué demonios? - su posible atacante gritó, tambaleándose y saltando en una pierna.

- ¿Rick? - Ella se detuvo justo antes de golpear su ingle con su pie.

- Sí, soy yo. ¡Maldición, me lastimaste! - El hombre se enderezó, la tenue luz de la calle revelando el rostro de su medio hermano.

- Es pasada la medianoche, y tú estás merodeando usando una sudadera con capucha y saltando sobre mí. Tienes suerte de que no me hayan dado una nueva arma todavía, ¡o podría haberte disparado! - Su corazón todavía estaba corriendo por el pensamiento de que él era un potencial ladrón y ella tenía que pelear, hacienda su voz afilada. ‖

- Solo estaba intentando de atraer tu atención. Casi pasas sin verme. - Él sonaba más petulante que arrepentido. Esto era tan de Rick; no pensando antes de hacer algo estúpido. Izayoi exhaló un suspiro.

- ¿Qué estás haciendo aquí tan tarde? - No se sentía de ánimo como para aleccionar a su hermano pequeño ahora mismo.

- Llamé a tu celular por días, pero no me respondiste. No podía recordar el número de tu trabajo, así que pensé que podría venir y solo pasar el rato hasta que llegaras a casa. No pensé que tendría que esperar tanto tiempo. - La mirada de él se lanzó hacia la calle.

Por supuesto que no respondió su teléfono. Inuno no se lo había devuelto cuando la dejó en el techo con solo su sangre y las llaves de su departamento, y no había comprado uno nuevo todavía. Asumía que él todavía tenía su bolso, también, ya que es allí de donde él habría sacado sus llaves. A menos que él hubiera arrojado todo justo después de haberla dejado esa noche.

- Entra - murmuró Izayoi. Hasta aquí llegaron sus planes de ducharse e ir directo a la cama una vez llegara a casa.

Rick sonrió, sus hoyuelos haciéndolo ver más joven que sus veinticinco años. A pesar de conocerlo mejor, Izayoi sintió algo de su irritación disminuir. Tal vez Rick en verdad solo había estado preocupado por ella cuando no pudo contactarla, y eso es por lo que estaba aquí. Pura mierda, susurró su voz interior. Izayoi esperó que fuera su cansado cinismo hablando y no su instinto. Sería agradable pensar que Rick estaba allí sin otros motivos.

- ¿Tienes hambre? Tengo algo de pizza congelada que podrías calentar. - preguntó ella, mientras él la seguía dentro del edificio.

- Mm, no creo que me vaya a quedar tanto - se cubrió Rick, mirando lejos. Sus esperanzas se desvanecieron. Te lo dije, susurró esa voz interior.

- Te lo dije, Rick, no voy a seguir haciendo esto. - Izayoi no entró al elevador a pesar de que las puertas se abrieron. Dejó caer su cartera y le dio a su hermano una mirada dura y cansada.

- Solo necesito un par de dólares. Ha sido muy duro tratar de encontrar trabajo, y… - dijo él, encontrando su mirada ahora. Sus ojos verdes, más oscuros que los de ella, se ampliaron en esa manera suplicante que había perfeccionado.

- Tal vez si pudieras pasar una prueba de drogas, sería más fácil encontrar trabajo - dijo Izayoi fríamente.

- Lo dejé, lo juro. Solo fumo un poco de hierba una y otra vez, eso es todo. Mira, Joey dice que me va a echar si no le doy cien dólares para mañana. Tengo una entrevista en la mañana, y se ve bastante bien, pero si soy contratado, todavía no le pagaría a Joey antes de que me eche. - Rick agitó la mano.

- Pura mierda. Es más de media noche ya, no hay forma de que vayas a una entrevista mañana en la mañana. Incluso si tenías una programada, solo terminarás durmiéndote en ella. No puedes seguir viniendo a mí por dinero. Ya te lo dije antes, no tengo mucho, y… - dijo Izayoi, haciendo eco de su voz interior.

- Y lo que tienes, se lo das a Tina para sus gastos. No lo pensarías dos veces para escribir un cheque si fuera ella pidiéndotelo. - interrumpió Rick amargamente.

- No te atrevas. La enfermedad de Tina le impide tener un trabajo normal, no la pereza como a ti, y ella casi muere la semana pasada. No que tú fueras a saber porque difícilmente te mantienes en contacto con ella ya. - Izayoi sintió su rabia aumentando, cubriendo su cansancio. Rick bajó su cabeza, teniendo la gracia de parecer avergonzado.

- Lo siento ¿Está ella mejor? ¿Todavía en el hospital? - murmuró.

- ella está en casa ahora. Deberías llamarla. Le gustará oír de ti. - Gracias a Inuno, Tina estaba incluso mejor de lo que ella sabía.

―Sí, sí, la llamaré mañana, ‖ dijo Rick enseguida. ―Sabes que no soy tan cercano con ella como lo soy contigo, pero todavía me preocupo por Tina incluso aunque no sea de mi sangre.‖

Su parentesco hacia las cosas más complicadas. Los papas de Izayoi habían sido hijos de las flores quienes eran todo sobre el amor libre, incluso después de casarse. Izayoi y Tina compartían la misma madre, pero padres diferentes. Izayoi y Rick compartían el mismo padre, pero madres distintas. Técnicamente, Rick y Tina no tenían relación sanguínea, pero Tina siempre consideró a Rick como su hermano a pesar de eso, y a pesar de que no crecieron en la misma casa como ella y Izayoi.

―Lo juro, esta será la última vez que te pido algo. - continuo Rick, dándole más de sus ojos de cachorro.

- Y te lo pagaré, te lo prometo. - Si Izayoi tuviera un dólar por cada vez que había escuchado eso, sería capaz de comprar un auto. Pero en la remota posibilidad de que Rick realmente hubiera abandonado sus hábitos y estuviera tratando de cambiar su vida…

- Esta es la última vez - le dijo, sacando su chequera.

- En serio. - Rick sonrió de una forma que le recordó cuando eran niños, y ella estaba tan emocionada por tener un hermano pequeño. Eso casi hace que se alejara el pinchazo de la separación de sus padres y que su papá se mudara a otro estado cuando se enamoró de alguien más.

- Eres la mejor, hermana - Izayoi escribió el cheque por cien dólares y se lo dio a Rick. Él se lo guardó en el bolsillo inmediatamente, entonces arrastró los pies mientras miraba a lo lejos.

- No tendrás uno de veinte para que pueda tomar un taxi a mi casa, ¿verdad? Es algo tarde para caminar. Conoces ese vecindario. Además, me duele mi tobillo. Me pateaste bastante fuerte. - Izayoi apretó sus dientes. Si ella no hubiese visto el vecindario donde vivía Rick, se hubiera categóricamente rehusado a esta segunda donación, pero era un vecindario aterrador. Le pasó más de veinte, los cuales desaparecieron en el bolsillo de Rick tan rápido como lo había hecho el cheque.

- Te amo, hermana - dijo él, dándole un rápido beso. Entonces se dirigió afuera del edificio, silbando. Izayoi presionó por el elevador, ignorando la voz interna que le decía que había sido estafada por su hermano de nuevo.

Inuno saltó tranquilamente al techo al lado del edificio de Izayoi, sentándose en el frío piso de concreto. ¿Cuán cerca había estado de asesinar al hermano de Izayoi? ninguno de ellos lo sabría jamás. Tal vez ahora cesarás esta locura de seguirla noche tras noche, se reprendió. Cuando él había visto a ese hombre agarrando a Izayoi mientras ella se aproximaba al edificio, ya había saltado del techo, con la intención de arrancarle la garganta a quien fuera que la hubiera amenazado, cuando el atacante la había llamado por su nombre. Izayoi y su hermano fueron ajenos a la forma oscura que se aproximaba a ellos desde arriba, o como se había abruptamente abalanzado a la izquierda cuando Izayoi también había dicho el nombre del chico. Si alguno de ellos hubiera estado en silencio por solo unos segundos más…

A pesar que la muerte del chico no hubiese sino una gran pérdida, por lo que Inuno pudo escuchar de la conversación. La esencia del chico le confirmó que estaba mintiendo acerca de la entrevista, mintiendo sobre estar limpio de drogas, y mintiendo sobre el taxi, probándolo al ir caminando por la calle en vez de llamarlo. Si Inuno no hubiese escuchado al sinvergüenza llamarla "hermana" él lo hubiese matado en un principio después de que le hubiese quitado el dinero a Izayoi. Por su propio reconocimiento… y por la observación de Inuno… Izayoi no tenía fondos adecuados para mantenerse ella, a su hermano deshonesto, y a su hermana enferma. Verlo abusar de su generosidad hacía que la rabia quemara dentro de él. Tienes suerte de compartir su sangre, pensó Inuno mientras el estúpido joven todavía vagaba calle abajo. O estaría compartiendo la tuya con los drenajes esta noche.

En el próximo minuto, la ventana en el apartamento de Izayoi brilló con una luz suave. Inuno se relajó. Ella estaba segura adentro ahora. Él pudo vislumbrarla mientras pasaba por la ventana en su camino hacia su habitación. Incluso si se fuera a dormir inmediatamente, Izayoi tenía menos de siete horas antes de estar en su escritorio nuevamente. Sus largas horas de trabajo lo molestaban. No había regresado a su casa antes de las diez ninguna noche esta semana, y esta noche, se había quedado incluso más tarde. No era correcto que ella trabajara en horarios tan largos.

Debes detener esto, su sentido común lo había alcanzado. Aquí estaba él, colgado como una gárgola en el techo mirando a una mujer que le había rogado estar libre de él. Había una palabra moderna apropiada para sus acciones: "acoso". Él ni siquiera se molestó en pretender que había seguido a Izayoi estas noches para asegurarse que ella mantuviera su palabra de no revelar lo que había aprendido sobre los yokais. Él sabía que estaba aquí por una razón… él quería verla de nuevo incluso si no la alertaba de su presencia.

A pesar de que Izayoi ya no estaba bajo su techo, ella todavía se las arreglaba para dominar sus pensamientos a un grado peligroso. Incluso ahora, él se preguntaba qué haría ella si él aparecía en su puerta. ¿Lo invitaría a pasar? ¿Y si lo hacía, sería él lo suficientemente fuerte como para irse? ¿O su cercanía, su tentador aroma, y la suave melodía de su voz sería suficiente para hacerlo abandonar todo lo que cuidadosamente había planeado por la oportunidad de estar con ella?

Mejor no averiguarlo. Izayoi lo hacía querer vivir, enfrentarse con Ryukotsusei, al amargo y sangriento final sin importar las consecuencias, y él no podía permitirse ese tipo de pensamiento. Su gente no podía permitírselo. Habían sufrido suficiente la última vez que él dejó que sus emociones por una mujer balancearan sus acciones. Inuno se obligó a sí mismo a alejarse del suave brillo de la ventana que probaba que Izayoi todavía estaba despierta. Tenía que detener esta locura. Por lo que él había visto en los últimos días, Izayoi había vuelto a una vida de trabajo duro y preocuparse por su hermana, similar a como su tiempo había sido gastado en deberes relacionados con su gente. Pero incluso si parecía solitaria —otra cosa tenían ellos en común— era todavía su vida, y no lo incluía a él.

Se entregó a los brazos del viento y se fue volando. Esta sería la última noche que él la seguía. Así tenía que ser, pero él haría una pequeña cosa adicional antes de sacar a Izayoi de su vida completamente. Izayoi gimió mentalmente mientras escuchaba la voz de Frank a través del ritmo usual de sonidos en la oficina. Junto a ella, Lily le dio a Izayoi una mirada comprensiva.

- Temprano hoy, ¿no es así? - Murmuró Lily.

- ¿Dónde está Graceling? - gritó Frank. Antes de que Izayoi tuviera oportunidad de replicar, Frank pasó a través de la puerta. Ella plasmó una versión lisiada de una sonrisa en su rostro, preparándose para lo que lo había hecho buscarla antes de las nueve de la mañana.

- Estoy trabajando en los informes de la semana pasada y debería estar terminándolos con los nuevos para el final del día de hoy - dijo Izayoi, adelantándose a Frank antes de que él se pusiera a ladrar demandando su estatus. Frank dejó algo en el escritorio de Izayoi que por una vez no estaba atestado de papeles.

- ¿Las dejé aquí? Creí que las tenía en mi bolso… - Miró a las llaves del auto en confusión.

- Son mi juego de llaves del auto de la compañía - dijo Frank. Él sonrió.

- Te lo estoy dando. Lo mereces. - La boca de Izayoi cayó abierta incluso mientras escuchaba a Lily dejar caer algo que sonaba como una taza de café.

- ¿Me lo estás dando a mí? - repitió, mirando el calendario. No era el día de los inocentes… a menos que Frank estuviera haciendo sus bromas un par de semanas tarde.

- Además, te daré un aumento - continuó Frank.

- Y te quiero fuera de la oficina para las seis de la tarde todas las noches que no estés en vigilancia. Trabajas demasiado. - Una extravagante buena obra de Frank, Izayoi podría apuntarse a esta tratando de balancear su mal karma o algo. Tres extravagantes buenas obras… o estaba drogado, o esta era su idea de una broma.

- Estoy esperando el remate del chiste - dijo Izayoi cautelosamente. Frank rio, alto y audible, confirmando su presunción de que él había estado bromeando. Quería golpearlo. Ese hombre tenía un muy enfermizo sentido del humor. Entonces Frank deslizó un sobre en su escritorio.

- Ábrelo. - Izayoi rompió el sello, mirando una vez a Lily por apoyo moral antes de sacar el contenido. Contenía dos piezas de papel. Una era el título del auto de la compañía, firmado por Frank y nombrándola a ella como su nueva dueña. Un cheque por dos mil dólares, también dirigido a ella, era la otra pieza de papel.

- Hice tu aumento retroactivo - dijo Frank, todavía en el mismo tono alegre que ella solo había escuchado usarlo con los clientes.

- Buen trabajo, Graceling. - Izayoi solo miró mientras Frank se alejaba. Estaba muy aturdida como para siquiera decir gracias.

- ¿Qué diablos acaba de pasar? Quiero decir, tú mereces todo eso, pero Frank es tan tacaño. ¡No puedo creer que lo hiciera! - susurró Lily.

Tampoco Izayoi podía hacerlo. Frank debió haber sido visitado por el Fantasma de la Navidad del Futuro o algo. De otro modo, esta abrupta transformación del avaro jefe Score a jubiloso y generoso benefactor era poco menos que milagrosa. Milagrosa.

- Oh Dios mío - susurró Izayoi.

- ¿Qué? - preguntó Lily.

- Yo… nada. - Izayoi giró su silla alrededor, tomando varias respiraciones profundas e irregulares.

Frank no había experimentado un cambio milagroso de corazón después de la visita del Fantasma de Navidad del Futuro. No, él debe haber experimentado algo inusual… una visita de un yokai controlador de mentes en algún momento entre ayer y hoy. Inuno. Su corazón comenzó a martillear. ¿Qué estás haciendo? Izayoi puso otra pila de archivos en la maletera del auto de Frank—es decir su auto—y se detuvo para despedirse de Lily con la mano a través del estacionamiento.

- ¿Que estás haciendo con todo eso, niña? No se supone que debas irte a una hora decente solo para que puedas trabajar toda la noche en casa - le gritó Lily.

- Estos son para, hmph, un proyecto alterno - tartamudeó Izayoi. Un proyecto muy alterno.

- Algunas personas llaman citas a los proyectos alternos, también. Deberías intentar eso en su lugar - cacareó Lily. Izayoi casi se sonrojó. Si solo Lily supiera…

- Buenas noches, te veo mañana - fue lo que dijo agitando su mano de nuevo.

Tomaba casi el mismo tiempo llegar a West Loop en auto como lo hacía caminando y tomando la Línea Verde, como Izayoi descubrió. Igual, era infinitamente más agradable no cargar ese pesado bolso a todos lados, o tensarse ante cada parche de sombra a lo largo de las calles por las que caminaba cuando trabajaba hasta tarde. Tendría solo que obtener una caminadora o una membrecía para un gimnasio para ejercitarse de ahora en adelante.

Una vez que se estacionó en el garaje de su edificio, Izayoi no pudo evitar mirar alrededor. ¿Estaba Inuno cerca? El pensamiento enviaba una sensación de entusiasmo a través de ella. ¿O había hipnotizado a Frank en la oficina sin que nadie lo notara? Era posible. Inuno se movía tan rápidamente, él podría haber estado adentro y afuera sin que Izayoi o alguien más, lo notara.

¿Y por qué lo hizo? ¿Capricho? ¿Aburrimiento? ¿O era una pista de que él quería que lo encontrara? Inuno sabía que ella trabajaba para un investigador. Sabía que ella tenía casos donde los clientes hablaban de sucesos extraños que ella anteriormente descartaba… pero ahora se dio cuenta que tal vez habían sido verdad. Si hipnotizar a su jefe para que le diera un auto y efectivo era la forma de Inuno de dejar caer las migas de pan para ver si Izayoi las seguía, funcionó. La oportunidad de verlo de nuevo, no como su prisionera, sino como una mujer, produjo más astillas de alegría a través de ella. Ella tenía mil buenas razones por las cuales verlo sería un error, pero su instinto revocaba esos pensamientos cuando pensó en verlo. Está bien, Inuno, estoy tomando el anzuelo.

Dos viajes de su auto a su apartamento después y ella tenía todas las cajas de archivos expandidos en su sala. Cada caso contenía algún tipo de suceso que podría ser paranormal en naturaleza, ya fuera testimonios de testigos escandalosos, evidencia extraña dejada en la escena, o rumores de participación en algo extraño además del ocultismo. Izayoi intentó ir a través de todos ellos hasta que encontró un común denominador, Inuno quizás se quedó en su casa la mayor parte del tiempo en que ella había estado con él, pero tenía el presentimiento que su apego por su hogar no era un patrón normal —o el patrón de la mayoría de los yokais.

Tiempo de seguir esos sentimientos internos. Con suerte, en algún lugar en estos archivos, ella encontraría algo que la guiara a Inuno. Si eso no funcionaba, utilizaría el internet. O podría pegar la imagen de un murciélago a la ventana de su apartamento y justo arriba un letrero de Bienvenido, pero Izayoi pensó que eso sería exagerar. Recogió el primer archivo. Sigue las migas de pan.

Gorgon apareció en la puerta de la habitación, pero Inuno no se molestó en abrir sus ojos. Él sabía a quién había venido a anunciar Gorgon. Lo escuchó llegar.

- Dile que bajaré en un momento - dijo Inuno.

- Si, padre - replicó Gorgon.

Inuno abrió sus ojos una vez Gorgon cerró la puerta. Miró al techo por varios segundos, sin ver su pálido patrón sino tratando de ver hacia el futuro, esperando que algo hubiese cambiado. Quizás el nuevo vigor en la vida de Izayoi había de alguna forma alterado la visión del futuro que él había visto antes. Su poder aumentó, levantando el velo que separaba el ahora del después, pero en vez de imágenes de gente, lugares, o sucesos, todo lo que Inuno pudo ver fue un manto de ébano como el vasto e insondable universo.

El inframundo de Duat, esperando por él. Justo como antes. Inuno se levantó de la cama. Su destino era todavía la muerte, pero en vez de la aceptación que había sentido la primera vez que vio el vacío sin fin que se aproximaba, ahora lo enfureció. La muerte se había convertido en una horrible derrota en vez de una forma fríamente lógica para frustrar a Ryukotsusei mientras liberaba las cargas que había estado llevando, y era todo debido a Izayoi. Él tensó su mandíbula. Cuan crueles fueron los Dioses en enviarla a su vida. Ella lo hacía querer vivir cuando ya no tenía tiempo.

E incluso menos tiempo para quejarse de su destino, se recordó Inuno. Tomó un sobre manila de su mesa de noche antes de deslizarse fuera de la habitación. Algunas cosas todavía las podía controlar, incluso si su futuro no fuera una de esas cosas. Inuno bajó al vestíbulo. Un yokai estaba parado cerca de la puerta, su corto cabello oscuro rizado y su delgado cuerpo envuelto en su casual pantalón negro y su jersey equipado. Por un momento, Inuno lo miró. Mi cogobernante. Mi heredero. Y el asesino de su esposa.

- Inuyasha - dijo en saludo.

- Gracias por venir. - Sus oscuros ojos marrones se encontraron con los de él con una frialdad que todavía lo aturdían incluso a pesar de que Inuno se lo había ganado.

- Dijiste que era urgente - replicó Inuyasha, con un acento británico coloreando sus palabras incluso después de siglos.

- No confío en que esto sea pasado incluso entre miembros de nuestra línea - dijo Inuno, sin molestarse con formalidades. Inuyasha siempre prefería meterse directo a los negocios. Él le extendió el sobre manila que contenía toda la información personal de Izayoi.

- Pon esto con mis otros elementos heredados. - Inuyasha arqueó una ceja mientras tomaba el sobre que estaba destinado a abrirse solo en el momento de la muerte de Inuno. Él no lo sabía, pero tomándolo, Inuyasha acababa de asumir la responsabilidad por Izayoi una vez Inuno se hubiese ido.

- ¿Aun piensas que pronto vas a ir a la tumba, gran sire? La impotencia de la visión no significa necesariamente muerte. Podría significar también una pérdida temporal. - preguntó Inuyasha con un tono de burla.

Inuyasha sabía que las visiones del futuro de Inuno se habían ido, pero Inuno no le había dicho a su cogobernante que lo único que había visto delante de él era oscuridad. Él tampoco le había dicho a Inuyasha que su guerra fría con Ryukotsusei se estaba calentando. Inuyasha se sentiría obligado a actuar en función de ambas piezas de información, e Inuno no quería eso. Él debía resolver sus propios asuntos en el tiempo que le quedaba.

- Es tonto no estar preparado para alguna eventualidad - dijo Inuno encogiendo sus hombros.

- En efecto. Hablando de prepararse para alguna eventualidad, quizás tengamos problemas con algunos onis. He escuchado reportes que yokais sin amos han desaparecido en las últimas semanas, con bandas de onis como principales sospechosos. – comento Inuyasha.

- He escuchado lo mismo. - Inuno le dio una sonrisa siniestra mientras recordaba la mañana en el almacén.

- Podría no ser nada más que unos pocos idiotas necesitando que les enseñen una lección… Pero también podría ser Juromaru removiendo las cosas con más de su podredumbre de que mi esposa es una amenaza para los onis. He estado verificando eso. Pensé que querías saber. - continuó Inuyasha.

Otra razón por la que Inuno estaba frustrado por su inminente muerte. Inuyasha quedaría solo para manejar esta amenaza sin él, si tenía razón y Juromaru estaba involucrado. Su muerte significaba que estaba dejando a su cogobernante cuando más lo necesitaba. Una vez más Inuno maldijo la oscuridad que se avecinaba en sus visiones.

- ¿Cómo lo maneja Kagome? - preguntó, reteniendo su ira hacia su destino.

- Muy bien. Te envía disculpas por no venir hoy. - replicó Inuyasha. Sus labios curvados.

- Sí, estoy seguro que ella lamenta profundamente no verme. - Inuno le dio a Inuyasha una sonrisa seca.

- Tú borraste su memoria de un yokai que la secuestró y la coaccionó a casarse cuando solo tenía dieciséis. Y después no te molestaste en decir a ninguno de nosotros sobre eso hasta que ese yokai vino tras de ella de nuevo una docena de años después, o decirnos las razones por las cuales él la quería tanto. Ese tipo de traición tiende a quedarse. - dijo Inuyasha suavemente. Sus ojos brillaban en rojo.

- Camina conmigo - replicó Inuno, no tratando eso. Él salió al jardín, deteniéndose junto a la pequeña piscina, esperando hasta que Inuyasha estuviera junto a él antes de hablar de nuevo.

- El futuro es como el agua. Todas tus acciones ondulan en ella, cambiando su reflejo. Si yo le hubiera dicho a ti o a Kagome lo que sucedería, hubieran alterado sus acciones, haciendo los reflejos de lo que son diferentes de los que debían ser. A todos nos gustaría cambiar nuestro futuro por el camino más simple, la línea más recta, el camino de menos arrepentimientos… pero entonces el final no sería el mismo. - Inuno se detuvo para sonreír sardónicamente.

- Fácil de decir cuando eres el tipo que puede ver los resultados de forma anticipada. El resto de nosotros se tiene que preguntar si esos a los que amamos sufrirán o morirán por nuestras acciones. - replicó Inuyasha con un filo en su tono.

- Todos nos preguntamos - dijo Inuno tranquilamente.

- Incluso si lo sabemos, aun nos lo preguntamos. - Inuyasha no dijo nada.

- Algo que quería preguntarte, gran sire. Dijiste que habías visto antes de que yo naciera que yo sería el que compartiría el poder contigo. ¿Por qué no me cambiaste a yokai tú, entonces? Tú estabas allí esa noche. Sin embargo dejaste que Koga me cambiara. - Entonces recogió un pequeño guijarro y ausentemente lo arrojó a la piscina.

- Para mantenerte a salvo. Irasue buscaba entre mi gente aquel que profesé sería el que la asesinara. Mi esposa pensó que sería alguien que cambiara yo mismo. Tú eras inusualmente fuerte, Inuyasha, incluso como un joven yokai. Si yo te cambiaba, tu hubieses sido incluso más fuerte… demasiado fuerte para quedarte inadvertido hacia Irasue por todo el tiempo que lo hiciste. Así que dejé que Koga te cambiara. Así serías igual mi línea de sangre, ya que yo cambie a Koga; pero te daría la oportunidad de crecer sin despertar el letal interés de Irasue hasta que estuvieras listo para vencerla. Como dije… la onda más pequeña lo puede cambiar todo. - Inuno señaló hacia el agua de la piscina, que todavía vibraba por el guirrajo que había arrojado Inuyasha.

- El poder que compartes conmigo aumentó mi fuerza y me dio la habilidad de escuchar los pensamientos de los humanos, todo en la primera noche. Ha pasado casi un año y medio desde entonces. ¿No te has preguntado si algo más se me pasó en el ínterin? - Inuyasha le dio a Inuno una mirada que no pudo descifrar.

- Pensaría que si manifestaras más de mis poderes, me dirías. - Inuno miró a Inuyasha, sin pestañear.

- Quizás. A menos, por supuesto, que pudiera causar una problemática ondulación en los eventos futuros. - Una sonrisa apareció en los labios de Inuyasha.

¿Había Inuyasha comenzado a manifestar poderes de la visión? Así había sido como había comenzado con Inuno cuando no era mucho mayor que Inuyasha; el veía pequeños y borrosos reflejos que al principio había catalogado como ilusiones y solo se había dado cuenta después que eran trozos del futuro. Entonces de nuevo, también había una posibilidad de que Inuyasha estuviera jugando con él. Inuyasha sabía que la pérdida de la visión de Inuno lo molestaba, y la parte fría de Inuyasha podría pensar que estaba encontrando venganza haciendo creer a Inuno que Inuyasha sabía algo del futuro que no le revelaría a Inuno. Justo como él no le había dicho lo que sabía de Inuyasha y Kagome. Pero si Inuyasha no estaba solo atentando a su frivolidad con él…

- Entonces solo puedo confiar en el voto de sangre que hicimos cuando fusionamos nuestras líneas… A pesar de lo que haya sucedido en el pasado, mantengo mi voto para hacer todo lo que sea mejor para ti y nuestra línea. - dijo Inuno, su tono endureciéndose.

- No intento traicionar el voto que he hecho cuando forjé nuestra alianza. Pero piensa en esas ondas, amigo. Podría sorprenderte lo que ellas traen. - Inuyasha asintió una vez a la piscina antes de volverse.

Continuara…