Muerte

Izayoi abrió los ojos a tiempo para ver las dos puertas en la sala explotar hacia el exterior, arrancadas desde las bisagras por alguna fuerza invisible. Ellas se estrellaron en el suelo con un ruido sordo que pareció resonar por toda la habitación. Flare, Pelón, y Rastas saltaron, retrocediendo. Luego, una alta figura encapotada entró rápidamente en la habitación, el cabello largo y oscuro balanceándose con su paso rápido, la mirada color carbón volviéndose de un rojo flameante. El corazón de Izayoi se sintió como si diese un vuelco. Inuno.

Sus ojos parecieron encontrarse con los de ella sin detenerse en ninguna otra persona en la habitación. Luego Inuno se detuvo, su rostro endureciéndose como arena convertida en vidrio. La furia que emanaba de él era palpable, haciendo a su corazón saltar de nuevo. ¿Era su condición apaleada el motivo de su enojo? ¿O estaba Inuno así de furioso con ella?

Inuno cruzó la habitación hacia Izayoi, la rabia haciendo erupción a través de él mientras tomaba su maltratado rostro. Cuando la olió se dio cuenta de que a pesar de que había sido gravemente golpeada, no había sido violada, lo que cambió el destino de su captores de una muerte lenta y tortuosa a sólo una rápida y dolorosa. Luego Inuno vio la mano de Izayoi —hinchada, sangrante, y deforme— con fragmentos de hueso atravesando su piel. Una muerte lenta y tortuosa será, entonces.

No les lanzó ni un vistazo a los tres yokais mientras la tomaba suavemente en sus brazos. Por sus auras, eran demasiado jóvenes y débiles para representar una amenaza para él, incluso estando de espaldas. La boca de Inuno se tensó cuando sintió a Izayoi estremecerse lejos de su tacto. ¿Era por el dolor en que se encontraba, o por miedo de él? Cortó su muñeca con sus colmillos, sosteniendo el corte sangrante sobre la boca ensangrentada de Izayoi. Ella no trató de volver la cabeza, para su alivio, a pesar de que hizo una mueca mientras tragaba. Entonces, un áspero jadeo salió de ella.

- Tu mano dolerá a medida que sane. Pasará pronto - dijo Inuno, manteniendo la muñeca presionada contra su boca.

A pesar de que su herida se cerró en cuestión de segundos, gotas de sangre que Izayoi podría tragar todavía se aferraban a su muñeca. Algo bajo apretó dentro de él mientras sentía su cálida lengua lamer sobre su carne. Ante su mirada, la nariz de Izayoi se enderezó de nuevo en su bonita vertiente normal, sus ojos hinchados se despejaron, el corte de su labio desapareció, y su mano se extendió, los dedos perdieron su malformación retorcida y tullida, hasta que volvió a ser normal y suave. A pesar de que más sangre no era necesaria, Inuno mantuvo su muñeca en la boca de ella, simplemente porque quería sentir sus labios sobre él durante unos momentos más.

- Si... así que tú debes ser Inuno - dijo una voz detrás de él.

- Soy Flare, y estos son Patches y Wraith. - No les hizo caso, centrándose en los ojos de Izayoi mientras el dolor dejaba su mirada y su respiración perdía su irregularidad. Ella inhaló, luego tosió mientras algunos de los restos de sangre de su anteriormente rota nariz volvían a subir por sus pasajes nasales. Inuno no tenía un pañuelo, por lo que limpió la cara de Izayoi con su manga, quitando finalmente su muñeca de la boca de ella.

- ¿Se ha ido el dolor? - preguntó.

- Se ha ido. - Su mirada parpadeó sobre él antes de deslizarse lejos.

- Lo siento. Traté de no decirles tu nombre, pero … - susurró.

- Pero tan pronto como lo hizo, no la toque otra vez - la misma voz interrumpió a su espalda.

- Oye, habrías hecho lo mismo a alguien que se dejara caer en tu casa y tratara de hacerse con tu propiedad ¿No? - Ahora, el otro yokai tenía toda su atención. Inuno se dio la vuelta, perforando con su mirada a Flare.

- ¿Lo haría? - preguntó, lanzando las dos palabras.

Izayoi había sido duramente maltratada por lealtad hacia él, a pesar de que sólo le había pedido que no hablara de él o yokais a nadie humano. Sabía la mucha agonía que la lesión a su mano habría causado por la abundancia de terminaciones nerviosas. Flare había sabido eso, también, ¿Y este tonto esperaba que no vengara su sufrimiento?

- Si torturara a un humano por intentar un acto que posiblemente no podría completar… - Inuno continuó, cada palabra empapada en hielo.

- Entonces ¿qué piensas que le haría a un yokai que abusó innecesariamente de alguien bajo mi protección? - La expresión del Flare, se alarmó. Los dos otros yokais comenzaron a moverse lejos de Inuno, pero los golpeó con su poder y los inmovilizó con un latigazo de su mente.

- A-ahora, escucha… - comenzó Flare, extendiendo las manos.

- Ella no me diría a quién pertenecía, y no podía controlar su mente para descubrirlo de otra manera. - Inuno debatió matarlos antes de que más palabras inútiles asaltaran sus oídos, pero luego decidió no hacerlo. Izayoi había experimentado suficiente violencia esta noche. Además, estas habitaciones estaban probablemente cubiertas con cámaras de seguridad, y no dejaría nada atrás que pudiera causarle problemas a Izayoi más tarde. Mataría a estos tres en otro momento, en un lugar más privado.

- Yo sólo trataba de ayudar a una joven a volver con su familia. Él la secuestro y la obligó a desnudarse aquí. - dijo Izayoi. Señaló a una humana agachada en un rincón.

- Ella quería involucrarse en el mundo yokai. Consiguió su deseo. No puedo evitarlo si está llorando por eso ahora. - Flare se encogió de hombros.

Otra razón para matar al tonto. Jóvenes yokais que disfrutaban abusar de humanos sólo porque podían, podrían causar aún más problemas cuando se hicieran mayores y buscaran un deporte más desafiante. Que no había tenido ningún recurso, salvo la tortura para averiguar a quién pertenecían a Izayoi, era una mentira flagrante. No habían intentado siquiera otra manera.

- Nos vamos - dijo Inuno a Flare, su voz desafiando al otro yokai a oponerse. Pasos se acercaron. Inuno levantó la mirada, esperando ver a Gorgon, que había venido en coche en lugar de volar como él lo había hecho. Pero el yokai entrando a grandes zancadas en la habitación no era su fiel amigo. Era su más antiguo enemigo.

- Inu-chi, te ves sorprendido de verme. - Ryukotsusei sonrió.

- Ryuko. ¿Me estás siguiendo ahora? Que vacíos deben de ser tus días. - La voz de Inuno apenas contenía sus gruñidos.

- Lo seguí a él. Te fuiste un poco muy apresurado para rastrearte, pero para mi suerte, él no. - dijo Ryuko, asintiendo con la cabeza a Gorgon, que apareció detrás de él en la puerta.

- Mis disculpas, mi señor - dijo Gorgon, que sonaba frustrado y contrito.

- ¿Quién es él? - El calvo que Flare había presentado como Patches preguntó.

- Soy un Guardián de la Ley. - Ryuko se irguió en su metro ochenta y tres.

- Mierda, no puedo creerlo, un policía cuando lo necesitas - murmuró Flare.

- ¿Qué tenemos aquí? - preguntó Ryuko, cada vez más cerca. Inuno cambió de posición como si estuviera aburrido, pero al hacerlo, se colocó justo entre Izayoi y Ryuko.

- ¿Esta misma humana otra vez? Inu-chi, ¿Detecto un inusitado interés de tu parte? - Por la sonrisa de su antiguo enemigo, la acción no había pasado desapercibida.

- Si por interés te refieres a venir a recoger mi propiedad, entonces sí, me interesa - Inuno respondió con frialdad.

Izayoi tomó en una respiración profunda al ser referida como "propiedad" pero Inuno no se volvió para mirarla. Estaba más segura si Ryukotsusei creía que Izayoi no valía más para él que cualquier otro humano que hubiese reclamado bajo su línea. Ryuko parecía estar reflexionando sobre la sinceridad de Inuno.

- Eres muy protector con tu gente, incluso con tu propiedad. Pero hay algo más aquí, en mi opinión. Tú. - La mirada de Ryuko se volvió hacia Flare.

- Mencionaste que estabas feliz de que un Guardián estuviese aquí. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió con Inuno y esta humana? - Flare miró a Inuno antes de hablar.

- Uh, agarré a la humana cuando le oí decirle a mi chica que tenía un arma llena de plata para llevarla lejos de mí. Entonces no me diría a que pertenecía sin instigarla, pero al final dijo que estaba con Inuno. Lo llamé, vino, parecía muy enojado con nosotros por golpearla, pero no está bien que alguien intente robar mi propiedad, ¿No? - Inuno se maldijo silenciosamente por no arrancar las cabezas de Flare, Patches, y Wraith tan pronto como llegó. Ryukotsusei no tendría nada sobre él entonces. Sólo los otros yokais Maestros lo tendrían, si elegían ir a la guerra con Inuno por las muertes de Flare, Patches, y Wraith.

- ¿Inuno te amenazó? Recuerda… soy un Guardián, por lo que me debes contestar con sinceridad. - Ryuko tenía una sonrisa maliciosa en su rostro mientras miraba de Inuno a Flare, sintiendo la soga apretarse.

- En realidad no. Estaba a punto de irse con ella cuando te presentaste. - Flare movió los pies.

- Oh, tú pobre tonto. Si él se marchaba sin siquiera pronunciarte una dura palabra, no tenía ninguna intención de dejarte vivir para ver la siguiente salida de la luna. Cuando mi viejo amigo está verdaderamente enojado, nunca se molesta con palabras. Él sólo mata. - Ryuko se echó a reír, tan fuerte y alegre, que Izayoi saltó. Inuno mantuvo su expresión impasible, pero no se molestó en negarlo. Ryukotsusei lo conocía demasiado bien.

- Estas son graves acusaciones en tu contra, Inuno ¿Cómo te declaras? ¿Admites que enviaste a tu humana a robar la propiedad de este yokai? - continuó Ryuko, todavía en ese mismo tono alegre.

- No, no lo hizo. - Inuno se dio la vuelta para hacer frente a Izayoi. Había estado a punto de decir que sí, que había dirigido todas sus acciones, pero ella había hablado antes de que pudiera pronunciar una palabra.

- No digas nada más - gruñó Inuno. Ryukotsusei sólo podía imponer sanciones monetarias contra él y dañar su posición con el Concejo de Guardianes, pero Izayoi era mucho más vulnerable a las sentencias del Guardián.

- No voy a quedarme aquí parada y dejar que te culpen por mis acciones - murmuró Izayoi.

- No… - comenzó Inuno.

- ¡Silencio! Yo soy la Ley, y a menos que quieras que los cargos en tu contra sean aún más graves, Inu-chi, no la interrumpas de nuevo. - Ryuko rugió, toda pretensión de genialidad se había ido.

La frustración corría por él. Si dejaba muda a Izayoi con su poder, estaría desafiando directamente las órdenes de un Guardián… con testigos. Ryukotsusei había estado esperando innumerables siglos para que Inuno cometiera tal error. Si hablaba en lo absoluto ahora, su co-gobernante y su pueblo pagarían por ello, no sólo él mismo.

- No he visto Inuno en más de una semana. Él no tenía idea que iba a venir aquí. Soy investigadora privada, y reconocí a Jennifer de uno de los expedientes en mi trabajo. Ella claramente no estaba aquí por propia voluntad, así que me ofrecí a ayudarla a escapar. Y sí, le dije que estaba armada. Inuno sólo se involucró cuando Flare me atrapó y lo llamó. - continuó Izayoi, su mandíbula fija en una testaruda línea.

- Eso parece ser cierto por lo que sé - murmuró Flare. Parches y Wraith murmuraron su acuerdo. Ryuko parecía decepcionado, pero era todo lo que Inuno podría hacer para no rugir de dolor. Izayoi no tenía idea de lo que acababa de hacer.

- Una vez que supo de tus acciones, ¿Inu-chi no hizo nada para darte una reprimenda? Eso es equivalente a autorizar tus actividades. - Ryuko sonaba escéptico.

- No llegamos tan lejos. Estoy segura de que Inuno está muy enojado conmigo. Pero tú apareciste justo después de que él hubo llegado hasta aquí, así que no tuvo oportunidad de hacer algo al respecto. - Izayoi le miró con estas palabras, ciega a la trampa que había cavado para sí misma.

- Muy bien, Inu-chi, tu humana te ha exonerado. ¿Vas a matarla a tu ahora, o lo hago yo? - Ryuko dejó escapar un ruido decepcionado.

Inuno escuchó a Izayoi sellar su destino como si estuviera atrapado dentro de un sueño terrible. Durante varios congelados momentos, casi pudo ver su muerte ocurrir ante él; Ryuko rompiéndole el cuello con un movimiento descuidado de su muñeca. O abriéndole la yugular para dejarla ahogándose en su propia sangre que brotaba de la garganta. ¿Qué sentiría al verla morir? ¿Traería de vuelta la antipatía que había tenido contra la vida antes de conocerla, haciendo a él, una vez más, ver la oscuridad inminente en su futuro como algo que celebrar?

Si Ryuko fuera alguien más, Inuno podría matarlo. Podía masacrar a todos los yokais en la habitación y ocultar todo rastro de sus restos. Podría arrasar con el edificio entero de modo que incluso si sus acciones fueran grabadas, nunca volverían para perjudicarle a él o a Izayoi. Todas estas cosas podría hacer, si no fuera por el Guardián de la Ley sonriendo frente a él.

- Ah, mi viejo amigo, creo que por fin he roto ese sarcófago impenetrable tuyo. Ésta humana sí significa algo para ti, ¿No es así? Que divertido. - dijo Ryuko con satisfacción.

Rabia comenzó a construirse lentamente serpenteando a través de él, palpitante bajo su piel, tratando de ser liberada para hacer su voluntad. Todavía podrías matarlos a todos, dijo en voz baja. Las sospechas recaerían sobre él, pero sin cuerpos como prueba, Inuno todavía podía evitar el castigo de los Guardianes restantes que llovieran sobre él y Inuyasha. Libérame, instó la rabia en un murmullo tentador. Me has mantenido encadenada durante demasiado tiempo...

- Hey, hombre, no quería que llegáramos a esto. Si dice que va a mantener a la humana lejos de mí y mi propiedad en el futuro, es suficientemente bueno para mí… - dijo Flare, dando una mirada nerviosa entre Ryuko y Inuno.

- Pero no es suficiente para mí. Presentaste una denuncia formal por intento de robo de tu propiedad contra Inuno por informarme lo que su humana hizo aquí esta noche. Si no tenías ningún deseo de hacerlo, entonces deberías haber permanecido en silencio - espetó Ryuko.

- No sabía que decirte era como presentar una queja - murmuró Flare.

- Ignorancia sobre la ley no es excusa. Los humanos y yokais tienen una cosa en común. Sin embargo, los yokais no pueden robar los unos a los otros tan libremente como lo hacen los humanos, y especialmente no tendré piedad de un humano por robar a un yokai. La muerte es mi sentencia, así que Inu-chi, te pregunto de nuevo, ¿Vas a castigar a esta mortal, o debería hacerlo yo? - Ryuko sonrió con frialdad

- Secuestró a una joven y la obliga a desnudarse para él. - La voz de Izayoi era calmada a pesar de que su rostro estaba extrañamente blanco.

- Eso no es considerado un crimen para ti, ¿pero el que yo haya tratando de liberar a la misma chica amerita pena de muerte? Deberías estar avergonzado de llamarte a ti mismo guardián de cualquier ley. - Ryukotsusei ni siquiera se dignó a mirar a Izayoi.

- El secuestro de un ser humano no reclamado no es un delito. Los humanos son nuestra comida, no tienen los mismos derechos que los yokais. Inu-chi, tu tiempo para decidir quien lleva a cabo este castigo se acorta. - Izayoi no respondió a eso.

No trató de correr, tampoco, aunque el yokai calvo la agarró por los hombros, como si esperara que ella lo hiciera. Inuno encontró su mirada, viendo horror y resignación nadando en las profundidades de esos ojos color rojo pálido, pero no había esperanza o súplica. No esperaba que él la ayudara. Esperaba morir por el capricho de un hombre que no tenía verdadero interés en ella en absoluto.

Su ira comenzó a azotar con más urgencia en su interior, sintiendo que Inuno estaba a punto de dejarla libre. La sombría aceptación de Izayoi sobre su destino era más de lo que podía soportar. No importaba si terminaba con todos ellos, no podía dejar a Ryuko condenarla a la misma oscuridad que lo esperaba a él. Pero no dejaría liberarse al malicioso poder dentro de él. Había arruinado su vida una vez. No le daría otra oportunidad para destruir a Inuyasha o su gente de nuevo.

- Haré efectiva la pena de muerte por mí mismo, Guardián. - dijo Inuno, viendo como la sonrisa de Ryuko se hacía más profunda.

- Sin embargo, después, creo que voy a traerla de vuelta. - La sonrisa Ryuko cayó.

- Su sentencia está destinada a ser un castigo, no un premio que mejorará su precaria existencia - siseó.

- Su sentencia es la muerte, la que se llevará a cabo por su crimen. Pero es humana, en ninguna parte está escrito que no puedo traerla de vuelta como un yokai después de que su sentencia sea llevada a cabo. Ese niño tal vez no conozca nuestras leyes, Guardián… Pero yo estoy muy versado en ellas - Inuno le dio a Ryuko una sonrisa fría mientras hacía hincapié en la palabra.

- No has cambiado a un humano en casi un centenar de años - dijo Ryuko, cambiando al antiguo dialecto egipcio que había sido su primera lengua.

- ¿Ha sido realmente un siglo? Esa es incluso una mayor razón para cambiarla. Ha pasado mucho tiempo desde que refresqué mi línea con sangre nueva - Inuno permitió una expresión perpleja cruzar su cara antes de contestar en el mismo idioma.

- Tu pequeña mortal puede no querer ser tu sangre nueva - se burló Ryuko.

Se volvió hacia Izayoi. Su respiración era irregular, y su pulso golpeaba lo suficientemente fuerte para ser escuchado, incluso con la música a todo volumen del club, pero aún así, ella no rogó por su vida. Izayoi no había entendido su reciente intercambio con Ryukotsusei. Sabía que su sentencia era la muerte, lo que no sabía era si iba a ser traída de vuelta después de eso. Sus ojos rojos parecían aún más pálidos con la luz del techo reflejada en ellos mientras le miraba, impotente para controlar el destino que Inuno había elegido para ella.

El yokai calvo detrás la liberó con un pequeño empujón hacia Inuno. Izayoi casi tropezó pero recuperó el equilibrio, lanzando una mirada sombría en torno a las otras caras en la habitación antes de reunirse con su mirada otra vez. No tenía la necesidad de oír sus pensamientos para saber lo que estaba pensando mientras miraba a los yokais que la rodeaban. Sin esperanza, sin tregua, sin lugar a donde correr. Y tenía razón. Esa abrasadora rabia cayó en cascada a través de Inuno de nuevo, exigiendo otra solución aparte de violar la mortalidad de Izayoi. Pero sabía cual era la única otra solución, y podría condenar a su co-regente por un crimen del que no había formado parte. Inuno le dio una única mirada a Ryukotsusei.

- Antes de esto, podrías haber ganado nuestra guerra sin una batalla de mi parte - dijo, de nuevo en su dialecto muerto hace mucho tiempo.

- Pero ahora, no voy a ir tranquilamente hacia mi tumba. En su lugar, por la sangre de Caín, te arrastraré hacia la tuya. - Ryukotsusei le dirigió una mirada calculadora.

- Nunca he querido que buscarás tu propio fin. ¿Por qué crees que te he estado siguiendo? Después de nuestra última conversación, me temía que podrías suicidarte antes de darme lo que quería. Y me lo darás, Inu-chi. Pronto. - Inuno sabía lo que Ryuko quería de él.

El desliz del Guardián de la Ley en su casa la otra semana había sido suficiente para traicionar su motivación, sin embargo, Inuno no tenía intención de permitirle obtener su objetivo. Pensó en el oscuro vacío delante de él. No tenía idea de cuánto tiempo tenía de plazo hasta que lo envolviera, pero en ese tiempo restante, descubriría los medios para terminar con Ryukotsusei. La mortalidad de Izayoi sería vengada. Ambos sabían que no era una cuestión de ley. La única razón por la Ryukotsusei había exigido la muerte de Izayoi era porque había sentido que le haría daño.

Lo hacía, y era la intención de Inuno hacer que Ryukotsusei sintiera la plenitud de su dolor, y el de Izayoi, antes de terminar con él. Sus ojos brillaban rojos, y empujó su rabia de nuevo, pero permitió que su poder se desplegara. Llenó la sala, envolviendo a cada persona, provocando que los otros yokais se estremecieran y Ryukotsusei redujera su mirada. Con su poder derramado hasta que envolviera todo el club, Inuno le estaba recordando la única cosa que el Guardián de la Ley siempre había querido, pero nunca podría tener.

Luego se alejó de la vista de su enemigo de nuevo hacia Izayoi. No habló, no suplicó, pero una sola lágrima rodó por su mejilla. Inuno extendió la mano, cogiéndola antes de que cayera por su mandíbula orgullosa y fuerte. Tan pronto como la tocó, todo el cuerpo de Izayoi empezó a temblar.

- Haz… haz que sea rápido. - Su voz no fue más que un susurro, y no lo miró, pero su columna vertebral estaba erguida.

Una vez más, su valor tocó la fibra sensible en él. Izayoi tenía el espíritu de un guerrero dentro de su marco elegante, femenino, porque el valor verdadero era mejor revelado cuando la derrota era inevitable. Su mano acarició la mejilla de ella, sintiendo su calor penetrar en sus dedos

- Inuno… - . Entonces la tomó en sus brazos, escuchando su ritmo cardíaco triplicarse, su cabeza cayó a la garganta de ella.

- No. No digas si prefieres permanecer en la tumba, Izayoi, porque no importa lo que digas… voy a traerte de vuelta. - susurró, apoyando un dedo contra sus labios mientras la sostenía con un agarre inquebrantable.

Luego enterró sus colmillos en su garganta, justo en la vena pulsante de gran tamaño que vibraba al unísono con los latidos de su corazón. Izayoi dio un gemido jadeante, con las manos convulsivamente agarrando sus hombros. Inuno sacó los dientes, permitiendo que una gran cantidad de sangre caliente, dulce llenara su boca a través de las dos perforaciones.

Tragó esa riqueza, con los dedos moviéndose de los labios de Izayoi al grosor de su cabello. Luego deslizó sus colmillos en su yugular de nuevo, esta vez más profundo, hundiéndolos hasta el final. Izayoi se estremeció contra él, las toxinas de sus colmillos en combinación con la pérdida de sangre hicieron que se balanceara sobre sus pies. Sus brazos se apretaron más alrededor de ella, sosteniendo su cuerpo y su garganta más cerca mientras mordía por tercera vez, los tres grupos de perforaciones enviando la sangre de Izayoi dentro de su boca tan rápido como podía tragar.

Todo su cuerpo comenzó a sentirse caliente, pesado, y tarareando con la energía que absorbía con cada trago carmesí. A pesar de odiar las circunstancias, sintiendo la sangre de Izayoi verter en él, fusionándolos juntos más perfectamente que cualquier acto sexual, causó una alegría embriagadora estallar a través Inuno. Ella nunca estaría más cerca a nadie de lo que estaba con él en este momento, desbordándolo con la fuerza vital que drenaba de ella, fundiéndolos con un vínculo que nunca podría ser deshecho. Cuando Izayoi colgaba sin fuerzas en sus brazos, sus latidos del corazón en silencio, salvo por unos pocos tercos, intermitentes golpes, Inuno se apartó de su garganta finalmente. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta, esos llenos labios rojos ahora rosa pálido sin aliento agitándolos.

Su pena de muerte, pagada. Ahora, dar inicio a su nueva vida.

Inuno tiró fuera el collar de plata de Izayoi, envolviendo su fina cadena alrededor de sus dedos. Luego cavó el extremo largo de la cruz en su cuello, abriéndolo. Dirigiendo la floja cabeza de Izayoi a la herida, su sangre saliendo de él y entrando de ella. La plata quemaba su carne, la curación era más lenta que la una herida hecha con cualquier otro material, mientras la boca de Izayoi se llenaba con su —la de ambos— sangre.

Pudo sentir el cuerpo de ella reaccionar a la sangre, aunque no movió ni un músculo al principio. Inuno inclinó la cabeza de ella hacia atrás, enviando la sangre a su garganta y más profundo a su cuerpo. Clavó la cruz en su cuello otra vez, haciendo otro agujero, dejando más de su sangre unida a su poder dentro de ella. Esta vez, no tuvo necesidad de ayudar a Izayoi a tragar su sangre, su garganta trabajó mientras su corazón se quedó en silencio por última vez.

Inuno la acunó cerca de su cuello, acariciándole el pelo mientras sentía los dientes de Izayoi morder en el mismo lugar que había desgarrado con su cruz. Una punzada aguda después, y ella había roto su piel, la vida y el poder en su sangre instintivamente llamándola. Ella cerró los dientes más duro en él y comenzó a chupar, mientras que gran cantidad de temblores envolvieron su cuerpo.

Él dejó que el collar de ella envuelto en su mano cayera de su garganta, usándola para apoyar a Izayoi mientras los bajaba a los dos al suelo. Ninguno de los otros yokais habló mientras Inuno se sentaba con ella en sus brazos, dándole más de su sangre mientras que ella arrancaba y le mordía el cuello con un hambre cada vez mayor. El ligero dolor se sintió de maravilla, porque en cada desesperado trago, Izayoi absorbía la vida de él como él lo había hecho de ella. Era una forma más oscura de vida, sí, pero una más fuerte que la mortalidad que se había distanciado con el desvanecimiento de los latidos de su corazón.

Vive, Izayoi. Vive. Cuando bebió más de la sangre que Inuno había drenado de ella, la apartó, flexionando su poder para sostenerla cuando luchó para volver a su garganta. Tenía los ojos abiertos pero ciegos, parpadeando con un tono más oscuro, de color rojo brillante, y dos colmillos que se curvaron hacia fuera de los dientes superiores anteriormente planos de Izayoi.

- Descansa ahora - Inuno susurró, manteniéndola inmóvil.

Un último estremecimiento arrancó a través de ella, entonces sus ojos quedaron en blanco, y se desplomó en su contra, su humanidad asesinada, su nuevo cuerpo de yokai inconsciente, pero pronto a levantarse.

Izayoi estaba atrapada en un crepitante infierno. Podía escuchar el retumbar de su apartamento colapsando alrededor de ella, sentir la agonía de las llamas que asolaban su cuerpo, y ella rezando por la muerte para acabar con el dolor. Y luego vino la muerte, limpiando sus quemaduras, el cuerpo roto con dulce alivio, facilitando el tormento que la chamuscaba desde adentro hacia afuera. Frescor, lánguida nada la envolvía, resguardándola del fuego que aún hacía estragos a su alrededor.

Ella debía estar muerta, porque el dolor había desaparecido, pero curiosamente, Izayoi podía oír el estruendo de su edificio y el olor del humo del fuego. Qué cosa tan extraña, poder oler y oír a pesar de que estaba muerta. Por otra parte, también podía saborear algo increíble. Algo tan rico y suculento, que hizo que los sonidos y los olores se desvanecieran en la oscuridad. Ella necesitaba más de eso, lo que sea que fuera. Sí. Más...

Después el sorprendente jugo había desaparecido, y unas brillantes luces atravesaron la mirada de Izayoi. El estruendo del edificio derrumbándose de nuevo junto con los gases asfixiantes que debían haber comenzado el incendio, pero había algo mas, también. Izayoi gimió. Ella no debía de estar muerta todavía. Todavía no, por lo que en cualquier segundo, sentiría el horror de su carne siendo quemada, su cuerpo de nuevo.

- Izayoi. - Su nombre fue un ancla que arrastró su mente para entrar en la realidad. De repente, ella vio el rostro de Inuno justo frente a ella, ojos como diamantes negros y su piel perfecta como el cristal de color. Ella no estaba atrapada en un apartamento en llamas. Algo más había sucedido.

Inuno. Él la había matado y la traído de vuelta.

Ese estruendo fue tras ella otra vez, el olor de gas levantándose por encima de la oscuridad, ese olor dulce estaba en todo su alrededor. Izayoi trató de huir de lo que había hecho ese sonido tan horrible, pero Inuno la empujó hacia abajo. Una sacudida pasó a través de ella tan pronto como las manos de él tocaron su piel. Se sentía como si todo su cuerpo estuviera electrificado y corrientes se dispararan a través de ella.

- Son sólo los motores del avión, Izayoi. No estás en ningún peligro. - Esa explosión ocurrió de nuevo, tan fuerte y afilado que no podía ser de motores de avión. Izayoi miró a su alrededor, pero todo se deslizó en una falta de definición hasta que Inuno le agarró la barbilla y la obligó a que se centrara sólo en él.

- Quédate quieta. No te has adaptado a tus nuevos sentidos todavía. Te sentirás abrumada, pero pronto te acostumbrará a ellos. - Sus nuevos sentidos. En medio de la tensión que chisporrotea a través de ella de las manos de Inuno, los sonidos que se estrellaban a su alrededor, esa mezcla oleosa potente de aromas, y los destellos de luz que parecían arder en sus ojos, la mente de Izayoi se apoderó de un solo, pensamiento increíble: Ya no era humana.

- Yo soy… tú… Yo no soy. - No podía decirlo en voz alta. La conmoción explotó a través de ella cuando se dio cuenta de que a pesar que había utilizado aire para hablar, ella no estaba respirando. Casi a ciegas, su mano se estiró para sentir su cuello. Nada más que suave silencio había bajo sus dedos donde su pulso debería haber estado.

Soy un yokai. Inuno no dijo nada, la mano él todavía acunaba su rostro. Solo entonces su visión se deslizó lo suficiente para notar el resto del él. Todavía llevaba la misma camiseta de la última vez que lo había visto, pero ahora, tenía grandes manchas rojas en la parte frontal. ¿Eso era su sangre? ¿Y Ryuko. el yokai malvado y sonriente que había ordenado su asesinato estaba aquí, también? La mirada de Izayoi se giró a su alrededor, pero una vez más, todo empezó a dar vueltas.

- Hay algo mal con mis ojos… ¿Quién mas está aquí? - preguntó ella, el pánico aumentando.

- Nadie más que yo, Gorgon y el piloto están en este avión. Como ya he dicho, estás a salvo. - ¿A salvo? Izayoi contuvo una risa histérica. Se suponía que estaba segura ya que ya estaba muerta.

Inuno estaba sentado frente a ella, su oscura mirada sombría, con una mano en su hombro, mientras que con la otra acunaba su rostro. Ella parpadeó, notando que él parecía más —vivo. Los asombrosos planos de su rostro estaban más claramente definidos, destacaban los reflejos del pelo de Inuno haciendo su sombra negra más rica, sus ojos estaban teñidos con pequeñas motas de plata, y su piel. . . su piel era como la arena bajo el sol, una mezcla de oro y crema que se sentía electrizante con las chispas de poder de él. Más que hermoso… magnífico. Inuno, su asesino. Su salvador. Era mucho para que Izayoi procesara.

- No me toques - susurró ella, mirando a otro lado.

Las manos de él cayeron. Un sentimiento de pesar rodó a lo largo de sus emociones, yéndose tan rápido, que Izayoi no estaba segura de si lo había sentido o si había sido una alucinación, como el apartamento infernal lo había sido. Esa explosión siguió su camino fuera de su alrededor. Miró a un lado, las cosas se movían menos en su visión en este momento, para ver que efectivamente estaban en un pequeño avión. Una mirada hacia abajo reveló que Inuno no era el único salpicado de rojo en el frente de él. Este no era el traje con el que había, ah, muerto, pero aun así estaba cubierto con algo púrpura, algo que olía a algodón de azúcar líquido.

Izayoi olfateó sin pensar en ello, con la nariz casi explotando por la cantidad de olores, demasiados para distinguir. Por encima de todo estaba el embriagador, ahora adictivo, procedente de las rojas manchas en su camisa. Lo había aferrado y llevado el material a su boca antes de su próximo pensamiento coherente, gimiendo ante el dolor intenso que floreció a través de su pecho. Entonces algo maravilloso se derramó en su garganta. Rico, embriagador, vibrante, necesario, enfrió ese destello instantáneo de agonía, aliviándola desde adentro hacia afuera. Ella ni siquiera había sido consciente de cerrar los ojos, hasta que un estrepito de luz y movimiento sustituyó el pacifico vacío momentáneo de su visión.

- ¿Qué hay de malo en mí? - Izayoi se las arregló para preguntar, tratando de detener la loca inclinación cuando ella miró a su alrededor.

Los rasgos de Inuno nadaron antes de que se volvieran claros como el agua en el momento siguiente. Él estaba encima de ella, con el pelo cayendo a su alrededor en una cortina oscura. Si ella tenía razón, la dura, sacudida plana en su espalda era el piso del avión. ¿Se había caído? Ella no recordaba haberlo hecho. Algo húmedo cubría su rostro y su boca. Sin poder detenerse, Izayoi se lamió. Un estremecimiento de placer la recorrió, casi tan intenso como un orgasmo. ¿Qué era eso?

- Estas en medio de la locura de sangre. - La voz de él acarició sus oídos, haciéndola estremecerse nuevamente. Los sonidos, vistas, esencias, gustos, texturas…todo era demasiado. Se sentía como si fuera a salirse de su propia piel.

- Va a disminuir. Hasta entonces, no puedo dejarte libre. Matarías, Izayoi, y lo lamentarías. - continuó Inuno. Izayoi se encontró arqueándose hacia su voz, como si físicamente pudiera tocarla con el mismo efecto que si acariciara sus sentidos.

- No... - se quejó ella, cerrando los ojos. Esto no es real. No es real. Más felicidad se derramaba por su garganta en el siguiente momento, más pesado que el agua, más dulce que el jarabe. Ella tragó saliva, su espalda arqueándose de nuevo, tratando de acercarse a lo que era la fuente a pesar de que no podía mover sus manos para agarrarla.

- Voy a cuidar de ti - esa voz profunda de seda, prometió.

- Superarás esto. - No es real, no es real, no es real, Izayoi siguió gritando en su mente. Nada tan intenso podría ser real. Y a través de los sonidos explosivos de los motores, las vibraciones del suelo, ese torrente de dolor y gozo bajando en su interior, el éxtasis líquido fluía hacia abajo en su garganta, y los choques que sentía cada vez que Inuno la tocaba, escuchó su voz de nuevo.

- Perdóname. - Inuno vio la cara de Izayoi mientras yacía a su lado en la cama.

Ella no se había movido desde el amanecer. Los primeros rayos de sol le habían hecho caer profundamente dormida, como lo hacía con todos los nuevos yokais. Su sueño lo hizo más fácil durante su estancia en las áreas humanas, tal como en el privado aeropuerto en que su avión aterrizo y a lo largo del camino a su casa en Jackson Hole, Wyoming. Inuno había elegido este lugar con cuidado. Sus vecinos más cercanos estaban por lo menos a una milla de distancia en todas direcciones, y Gorgon había reubicado inmediatamente a los humanos que permanecían allí una vez que llegaron. Menos sonidos, tentaciones, y restricciones cerca de Izayoi eran mejor mientras ella trataba con su nueva condición.

Sin embargo aún sería difícil para ella. Normalmente, los humanos que eran escogidos para convertirse en yokais pasan un largo período bebiendo sangre de yokai, incrementando la cantidad. Les daba una idea de su nueva hambre, los sentidos y el aumento de fuerza que ganaban, haciendo el cambio final con menor shock. Izayoi no había tenido esa preparación. Todo sería abrumador para ella al principio.

Y ella no había elegido esa transición por voluntad propia. Sería mayor el obstáculo que tendría que superar. Sin embargo, Inuno sabía que no podía haber actuado de otra manera. Si su elección era entre la muerte de Izayoi o su desprecio, él siempre decidiría ser el objeto de odio en vez del instrumento de su destrucción permanente.

Grava revolviéndose en el camino, indicó que Gordon estaba de vuelta. Inuno sintió una punzada de alivio. Izayoi había bebido casi todas las bolsas de sangre que había robado a toda prisa de un hospital desde su camino desde el club de striptease a su avión. Sangre animal sería suficiente en circunstancias desesperadas, pero sospechaba que si Izayoi se despertaba de su sueño y se encontraba alimentándose de un ciervo muerto, pondría aun más resentimiento hacia él.

- ¿Ella despertó, ya? - preguntó Gorgon tan pronto como entró en la casa.

- Todavía no. - Inuno miró a los rayos del sol decayendo a través de la grieta en las cortinas. Ella despertaría pronto. Al caer la noche, a más tardar.

- Esto debería durar hasta el amanecer. Voy a volver a conseguir más. No hay muchos hospitales alrededor de aquí, y me sentiría mal si me tomó todo su suministro. - Gorgon entró en el dormitorio llevando una nevera portátil de espuma de poliestireno que puso en el suelo.

- Consigue sangre fresca. Vuela en uno de mis aviones a hoteles en las inmediaciones si es necesario. - Al igual que Inuno, sin embargo, la extensión que él recorrería para proteger a Izayoi suplantaba su preocupación por los problemas que podría causar a algunos mortales desconocidos.

- Lo haré - dijo Gorgon mirando la forma de dormir de Izayoi. Inuno la había bañado y vuelto a vestir, cubriéndola con una colcha gruesa sobre eso. No era raro que los nuevos sintieran un inexplicable frío mientras se ajustaban a la temperatura de su cuerpo alterado, e incluso en primavera, estaba era más frío a esta altitud de lo que habían estado en Chicago.

- El Guardián estaba en lo cierto. Sientes algo inusual por ella. Cuando estás cerca de ella, tu esencia cambia, y tu protección se desliza más de lo que he visto hacerlo - dijo Gorgon en voz baja.

- Después de lo que le he hecho, yo creo que no importa. - Inuno jaló sus emociones hacia dentro de la pared que cortaba la habilidad del yokai de sentirlas.

- No tuviste otra opción. Una vez que Izayoi lo acepte y se adapte a ser un yokai, ella va a dejar de estar enfadada contigo. - Entonces Gorgon sonrió.

- Aunque puede ser divertido ver el entretanto. Nunca has tenido que trabajar para seducir a una mujer antes, ¿cierto? - De hecho, Inuno no había anteriormente necesitado atraer a una mujer a su cama con endulzadas palabras o apasionada búsqueda.

- Incluso si lo hubiera hecho, teniendo en cuenta mi largo estado de celibato, eso me haría estar muy fuera de práctica, para usar frases contemporáneas - observó secamente.

- Es como andar en bicicleta, hay cosas que nunca se olvidan. - Gorgon se echó a reír.

Inuno deseaba que el único obstáculo entre él e Izayoi fuera el desafío de ganársela. Si así fuera, le encantaría la oportunidad de ganarse su confianza, su afecto, su cuerpo, y… con el favor de los dioses… su corazón. Pero una vez más, ese vacío negro en su futuro era el verdadero obstáculo.

- Tengo mayores preocupaciones en la actualidad - fue todo lo que dijo Inuno.

- Ryukotsusei. - La sonrisa de Gorgon se desvaneció.

- Sé lo que quiere, y debo asegurarse de que no encuentre una manera de obligarme a dárselo. - Inuno suspiró, cerrando los ojos.

- Debes decirle a Inuyasha. – murmuro Gorgon preocupado.

- No. Y debes jurarme que no se lo dirás - Sus ojos se abrieron de golpe.

- Si insistes. Él va a oír hablar de Izayoi, sin embargo. Apuesto a que los tres yokais en el club ya ha quemado la mensajería de texto y las líneas telefónicas hablando de ello. - Gorgon lució consternado, pero asintió.

Continuar…