Distrito Konoha, Tokio, Japón.
Viernes, 00:35 a.m.
Corría desesperada a través de las oscuras calles, las lágrimas nublaban sus ojos, obstaculizandole la vista.
Sentía como su pecho quemaba, la respiración agitada, el cansancio y el estrés extremo estaban haciendo mella en ella.
Quería detenerse y descansar, más sabia que no podía, no debía, si lo hacia tenia miedo de que él la atrapara.
Pronto sus ojos brillaron de alivio y un nudo de emoción se formó en su pecho cuando un alto edificio con luces brillantes y grandes letreros apareció en su campo de visión.
Apretó el paso y aceleró, había encontrado su salvación.
Departamento de policía de Konoha.
00:40 a.m.
— ¡Oye Obito! ¿Has visto a Hatake? El jefe lo está buscando, parece que tienen que aclarar algunos detalles de lo ocurrido en el distrito Ame...
— ¿Eh? No, para nada Ibiki, debe de venir en camino -respondió el azabache encogiéndose de hombros.
— Vaya irresponsable -murmuró el hombre negando con la cabeza de un lado a otro.
De repente un escándalo se formó en la entrada del complejo policial llamando la atención de ambos detectives, quienes con paso rápido, se dirigieron a ver que era lo que estaba sucediendo.
Al llegar a la sala principal vieron como Kotetzu e Izumo sostenían de los brazos a una chica, al acercarse mejor vieron mejor a la joven quien trataba de pedir que la soltaran.
Estaba con su uniforme escolar puesto, lleno de grandes manchas de sangre por todas partes, el cabello despeinado, la piel pálida, ojos llorosos y temblando como una hoja.
Sin duda alguna nada bueno le había ocurrido.
Con cuidado Obito se acercó a la alterada muchacha, quien con ojos temerosos lo vio en busca de ayuda, ella no había hecho nada malo, ella no era una criminal, no debían apresarla.
— Niña ¿Qué sucedió? ¿De quién es toda esa sangre?
— Él, él me estaba persiguiendo, entró a mi casa, atacó a mis padres... -dijo la joven tartamudeando, no podía ni siquiera hablar bien, estaba aterrada, al borde de un colapso nervioso.
De repente una potente voz se hizo oír, acabando con el revuelo de la habitación.
Todos dirigieron su mirada hacia el jefe Fugaku Uchiha, quien con semblante serio y estricto se hizo ver en la sala.
— ¡¿Se puede saber qué está pasando aquí?!
Un silencio abrupto se apoderó de cada uno de los detectives en la estancia, aquel sujeto era capaz de imponer miedo hasta a los mismísimos criminales de la peor calaña de la ciudad.
Y Dios sabía con cuantos habían tratado ya.
— ¡Señor! Esta chica acaba de entrar al departamento, estábamos tratando de saber que le había ocurrido... -dijo Shisui con seriedad.
El jefe asintió, dirigió su mirada hacia la jovencita, quien nerviosa se escondió detrás de Obito, en un intento de resguardarse de la fría mirada del hombre frente a ella.
— Morino, tú y Obito lleven a la jovencita a la sala de interrogatorios y averigüen que está pasando, Kotetzu, busca algo de ropa limpia para la señorita ¡Y alguno que localice a Hatake!
— ¡Sí señor!
—Estaba en mi cuarto cuando escuché un fuerte ruido en la planta de abajo, hace ya un rato que acabábamos de cenar, porloquemeestabapreparandoparadormirdespuésdepasarlanocheestudiandoparaun examen de matemáticas en mi instituto, estaba a punto de cambiarme la pijama cuando oí un grito, era mi mamá, así que salí a ver que pasaba...
— ¿Y qué pasó después? -preguntó Morino con seriedad.
Soltó un leve sollozo.
— Bajé a la cocina, entonces ví a un hombre, llevaba puesta una gabardina negra y una horrible máscara de payaso, como la del Joker, y en su mano derecha llevaba un cuchillo de cocina, era espantoso, en el suelo estaban mis padres... Estaban inconscientes... Y todo estaba lleno de sangre...
— Entiendo pequeña, ¿Y luego de eso qué ocurrió? -continuó Obito con paciencia.
— Yo... Me quedé paralizada, cuando por fin reaccioné ese hombre estaba frente a mí, intenté huir pero me sujetó del cabello y me lanzó hacia mis padres; grité y traté de correr, pero él me sujetó de nuevo con fuerza, me agarró del cuello y con la otra mano me empezó a tocar -pequeños sollozos fueron escapando de su garganta con cada vez más fuerza-yo gritaba y trataba de soltarme pero no podía, realmente tenía mucho miedo...
— Tranquila, ya estás a salvo, dinos ¿Cómo escapaste?
— Él se había sentado sobre mí, no podía respirar, y él no dejaba de tocarme, iba a hacerme daño, lo sabía; entonces ví en el piso el cuchillo que llevaba, así que lo agarré y se lo clavé en el hombro, soltó un grito y se apartó, corrió al botiquín de primeros auxilios que teníamos en la cocina, así que aproveché y salí corriendo, cuando se dio cuenta que no estaba me empezó a perseguir... Entonces llegué aquí, ví para atrás antes de entrar pero él ya no estaba.
— Muy bien, hiciste bien en venir aquí...Dime ¿Viste algo en él con lo que podamos identificarlo?
— Yo, no lo sé... Él siempre llevaba la máscara encima, y estaba cubierto de pies a cabeza -guardó silencio unos segundos-aunque... En su muñeca izquierda, ahí llevaba un tatuaje, era como un tatuaje tribal, de esos que se ven en los libros de arte antiguo o algo así...
Detrás de la ventanilla de la sala de interrogatorios se encontraban el jefe Fugaku junto a uno de sus detectives viendo el cuestionario a la joven, aquel relato era realmente sórdido.
— ¿Qué opinas Itachi? Esto definitivamente parece obra del asesino de media noche.
— Lo sé, este definitivamente es su modus operandi, lo que no contaba es que la chica iba a sobrevivir al ataque.
— Sí, debemos mantener a esta chica vigilada y bajo protección, es la primera testigo que tenemos de este sujeto, lo más seguro es que vaya a intentar buscarla para acabar con el trabajo.
— ¿Y a quién piensa asignarle esa tarea padre?
En ese momento la puerta de la oficina se abrió, mostrando la alta figura de un hombre con el cabello alborotado y de color plata, quien entraba con la cara enterrada en un libro y un curioso tapabocas cubriéndole el rostro.
Una sonrisa macabra surcó el rostro del jefe de policía, provocándole un escalofrío al azabache junto a él.
Oh, como odiaría ser Kakashi Hatake en ese momento.
— ¡Oh! Pero miren quien se digna a aparecer en la estación.
El albino levantó con pereza la vista de su preciado libro, dirigiéndola hacia los otros dos hombres en la sala.
— ¡Yo! Siento llegar tarde a mi turno, es que me encontré con un gato negro y tuve que tomar otro camino para llegar aquí...
Un par de miradas cansadas fue lo que recibió en respuesta a su absurda excusa.
— Bueno, eso ya no importa... Por el momento; te estaba buscando para aclarar algunas cosas sobre la persecución en el distrito Ame, pero ya habrá tiempo para eso después, por ahora te tengo una nueva asignación -dijo Fugaku al tiempo en que se acercaba a la ventanilla nuevamente seguido de cerca por el albino- te presento a Hotaru Shino, la primera sobreviviente del asesino de media noche.
