Nuevos sentidos

Sin duda Flare, Patches, y Wraith les habrán dicho a otros los hechos de la noche anterior, pero Inuno no se preocupaba de que Inuyasha supiera sobre Izayoi. Él habría sabido de la importancia que tenía para él tan pronto como abriera el sobre que Inuno le había dejado de legado. Ahora la única diferencia era que los Inuyasha oiría hablar de Izayoi antes de eso, pero era imperativo que no se enterara del aumento de la hostilidad de Ryukotsusei. Kagome acababa de escapar de un roce con la muerte con uno de los mismos Guardianes de Ley. Ni ella ni Inuyasha podrían arriesgarse a enfadar a otro Guardián por un largo, largo tiempo si querían permanecer vivos.

Por otra parte, esta pelea con Ryukotsusei se había estado gestando mucho antes de que Inuyasha hubiera nacido. Inuno no tenía ninguna intención de dejar a su co-gobernante pelear esta batalla para él. Era suya para ganar. Las corrientes en la sala cambiaron y comenzaron a concentrarse sobre la cama. Inuno miró a Gorgon, que sin decir palabra sacó una bolsa de sangre de la nevera. Él levantó a Izayoi con una mano y tomó la sangre en bolsas de Gorgon con la otra, llevándola al baño. Despertar en una cama empapada de sangre iba a hacer muy poco para aliviar el estrés de Izayoi sobre ser un nuevo yokai. Igual, despertar en un cuarto de baño sangriento probablemente no sería mucho mejor, pero sería más fácil limpiar azulejos que la alfombra y sábanas, por lo menos.

- ¿Quieres que te espere, o salgo ahora a reunir más sangre? - preguntó Gorgon. Inuno dio otra mirada a Izayoi, que estaba empezando a temblar, el precursor de su rugido en la conciencia con la ardiente hambre sin sentido.

- Puedes dejarnos. Yo cuidaré de ella. - Y lo haría, durante el tiempo que le quedara.

Izayoi se sentó en la silla junto a la chimenea, oyendo el crepitar de las llamas tan agudamente como si los árboles estuvieran siendo cortados. Sin embargo, ella había querido el fuego. Su calor era un capullo gentil, y era más suave en sus ojos que el desdeñoso resplandor de la iluminación de una lámpara de mesa. Ella ahora podía ser capaz de ver en completa oscuridad, pero no quería que todas las luces se extinguieran con el fin de recordarle eso. Era bastante difícil hacer frente a los escalofríos intermitentes, los colmillos punzantes en sus labios sin previo aviso, el clamor exterior del bosque, y sus violentos apagones donde volvía con sangre corriendo por su rostro y un ardiente deseo de más.

Ella sólo tenía la palabra de Inuno de que no había hecho daño a nadie durante sus desmayos. Bueno, eso, y la cada vez más rápida disminución de bolsas de sangre. Inuno dijo que no se preocupara, Gorgon estaría de vuelta con más al amanecer. Una idea que tanto aborrecía como aliviaba a Izayoi. Nadie necesitaba decirle que era una amenaza para cualquiera —o cualquier cosa—con latido justo ahora, pero aunque su cuerpo ansiaba el líquido rojo con una ferocidad sin límites, la mente de Izayoi todavía no podía conciliar el hecho de que ella estaba bebiendo sangre. Sangre humana. Ella lo consideraría una forma de canibalismo, excepto que ella misma ya no era humana nunca más.

Ella se echó hacia atrás y la silla se rompió estrepitosamente debajo de ella, sorprendiéndola. Aún más sorprendente fue el hecho de que ella no estaba tirada en el suelo de madera en ese momento, sino mirando hacia abajo a la silla rota con la manta aún sobre los hombros. ¿Había saltado antes que la silla cayera? Dios, ¿Era en realidad tan rápida ahora?

Un hormigueo a lo largo de su piel anunció que Inuno había entrado en la habitación. Él llegó casi sin sonido en sus movimientos, y sólo su olor y el leve crujido de su ropa habían traicionado su presencia, si Izayoi no lo pudiera sentir. Ella ni siquiera necesitaba girarse para saber cuánta distancia los separaba. Cuanto más fuerte era la vibración que crecía a lo largo de su piel, más cerca estaba Inuno. ¿Todas las personas sentían como si tuvieran su propio campo de fuerza electrificada alrededor de ellos? ¿O era exclusivo para los yokais? Izayoi no quería preguntar. Ella no estaba segura de que pudiera manejar más información en este momento.

- No sé lo que pasó, la silla se acaba de romper - dijo. Tanto para conseguir un poco tiempo para sí misma. Ella no había estado sola durante diez minutos antes de que la silla se rompiera.

- Déjalo. Yo lo atiendo. - Incluso su voz sonaba diferente a como lo hacía antes de que ella se despertara no muerta. Era profunda, el matiz de su acento rico—y parecía que se enrollaba alrededor de ella fuertemente, desconcertándola.

- Yo puedo. - Izayoi fue a recoger el trozo más grande de la silla cuando la madera astillada se separo, en su mano. Ella parpadeó y volvió a intentarlo, pero ocurrió lo mismo. Era casi como si la silla se desintegrara tan pronto como ella la tocaba.

- ¿Qué? - comenzó ella.

Inuno se trasladó a su lado, cerca pero sin tocarla. Cada vez que ella tenía un extendido ataque de la conciencia, como éste, él atendía a su orden de no tocarla. Ella sabía que ese no era el caso durante sus apagones por hambre de sangre, pero no podía culparlo. Por supuesto, con su olor y la sensación de hormigueo de su aura que fluía sobre ella, Inuno bien podía estar tocándola. Añade su voz, y Izayoi se sentía consumida con sólo estar cerca de él.

- No estás acostumbrada a tu nueva fuerza. - Él se agachó, cogiendo un trozo del apoyabrazos de madera. No se disolvió en astillas, como pasó con ella. Se lo tendió a Izayoi.

- Trata de tomarlo, pero muy suavemente. - Ella agarró la madera… y se rompió en su mano. Frustrada, Izayoi se dio la vuelta, sólo para sentir algo punzante en un tobillo. Ella miró hacia abajo. Su pie derecho se había ido a través del piso de madera.

- ¿Qué demonios? - exclamó, tirando hacia fuera del pie. Más del suelo salió con él, dejando un agujero irregular.

- Como he dicho, no estás acostumbrada a tu fuerza - señaló Inuno, sin amonestación en su tono de voz, a pesar de que acababa de arruinar su silla y su suelo.

- Esta es otra razón por la no puedes estar cerca de humanos hasta que te hayas aclimatado a tus nuevas habilidades. - ¿Ni siquiera podía sentarse en una silla o pisar en el suelo sin causar grandes daños? Añade los enloquecidos apagones de sangre cada hora o así, y ella se había convertido en una ¡máquina de muerte andante! Los ojos de Izayoi quemaban como si hubieran sido rociados con gas pimienta, su visión volviéndose fuertemente rosa y borrosa. ¿Podrá alguna otra vez ser capaz de abrazar a su hermana? ¿O estrujaría a Tina tan solo tocándola como había aplastado esta silla?

- Maldito seas por esto - ella se atragantó, alejándose de la vista de Inuno.

Después inmediatamente, deseó no haber dicho eso. No era justo culparlo. El había hecho lo mejor que podía para ayudarla, las dos veces antes de que Ryuko llegara y después, cuando el policía corrupto hizo una sentencia letal contra ella. Por el rabillo del ojo, parecía como si sus palabras no tuvieron efecto sobre Inuno, pero una ola de tristeza bajo a través de su conciencia. Izayoi se quedó quieta. Ella no estaba triste. Estaba enfadada y confundida y empezando a tener hambre otra vez, pero no triste. ¿Era esa tristeza de él?¿ Podía ella sentir las emociones de él ahora, como ella podía sentir su poder y el toque de su voz?

Izayoi recordaba las últimas palabras que había escuchado como humana: no importa lo que digas… te traeré de vuelta. Estaba Inuno triste por haber sido forzado a matarla, ¿O se estaba arrepintiendo de su decisión de traerla como yokai? ¿Cuáles eran sus verdaderos sentimientos: la desdeñosa anterior actitud sobre ella ante Ryuko ayer? ¿O cuidadoso como había sido cuando llegó al club y la curó? Él no había hecho ningún esfuerzo para verla después dejarla ir, pero Ryuko, después de ordenar su muerte, implicó que podía notar que Inuno se preocupaba por ella.

Antes, preguntarse lo que el yokai misterioso pensaba de ella, era la fuente oscura de las imaginaciones secretas de Izayoi, pero ahora, era imprescindibles que lo supiera. Inuno había alterado su propia existencia y se había convertido en una figura central en su nueva vida, pero ella no sabía si él la consideraba nada más que una irritación temporal. Ella lo miró, y nada más que su habitual impasible expresión estaba firmemente en su lugar. No importaba. Ella quería algunas respuestas antes de que perdiera su mente en otro desmayo o su conciencia a la llegada del alba.

- ¿Por qué hipnotizaste a mi jefe sobre darme un auto y un aumento? - Preguntó, casi rígida por su concentración para ver si podía sentir cualquier emoción de él. Un débil tinte de sorpresa flotó por su subconsciente antes de que se desvaneciera. Izayoi casi pega un chillido. Eso no podía ser de ella, ¡ella no estaría sorprendida de su propia pregunta!

- ¿Ese fuiste tú, verdad? - dijo ella, sin darle tiempo a Inuno a responder su otra pregunta.

- Increíble, puedo sentirte ahora. - Abruptamente, una pared pareció cerrarse alrededor de él, cortando todo de Izayoi, incluso la onda de hormigueo de su aura.

- Te serviría más concentrarte en tu fuerza y en tu consumo de sangre - dijo Inuno con fría objetividad de su tono. Ella se acercó, sin importarle los crujidos que sentía en el suelo bajo sus pies.

- ¡Ah No! ¡tú no! - estalló ella.

- ¡Tú no vas a poner una pared en el único indicador que tengo de lo que estás pensando! Tú me mataste ayer y me trajiste de vuelta a una existencia donde todo es diferente, especialmente yo. Pero lo que es casi tan aterrador es que yo no sé si esto significa algo para ti, aparte de un gran, aburrido inconveniente. Así que dame algo. Pueden ser palabras, una expresión sin protección, un destello de sus emociones, lo que sea, pero hazlo ahora, porque necesito una pista de donde estoy contigo. - Si Izayoi pudiera respirar todavía, habría estado jadeando con las emociones arremolinándose en ella, pero ella estaba tan quieta como el yokai frente a ella mientras esperaba por su respuesta. Inuno no perdió su máscara inescrutable, ni ese muro invisible a su alrededor colapsó, pero al final inclinó su cabeza.

- Tu habías estado trabajando hasta tarde por la noche, y estaba más que demostrado como el día que nos conocimos, que no era seguro caminar hacia y desde tu trabajo. - Por un segundo, Izayoi no supo de lo que estaba hablando.

Entonces se acordó de su pregunta original, y la desilusión corrió por ella. Todo ese tiempo que había pasado buscando a Inuno se había basado en la suposición de que sus acciones con su jefe significaban que él quería volver a verla. Qué equivocada había estado. Muy equivocada. No había sido nada más que un gesto poco atento hecho por piedad. Cuidado con lo que deseas, pensó sombriamente. Izayoi había tenido éxito en su búsqueda de Inuno pero le había costado a su vida.

- Gracias. Ahora, dime ¿por qué no dejaste que permaneciera muerta? - dijo con voz apagada.

- La sentencia de Ryuko fue un abuso de su poder. La única razón por la que te condenó tan duramente fue a causa de su hostilidad hacia mí, así que lo menos que podía hacer era ver que no permanecieras muerta. - Inuno desvió la mirada, su rostro cada vez más ilegible, si eso fuera posible.

Otro gesto de piedad, pensó Izayoi, sacudiendo la cabeza con incredulidad. Qué brillante maldita comprensión saber que su existencia en la actualidad, no se debía a nada más que a la malevolencia de un yokai y al remordimiento de conciencia de otro. Si se hubiera mantenido alejada de Inuno una vez que él la dejó ir, tendría un auto nuevo, un aumento de sueldo, una hermana, cuya vida no fuera trágicamente truncada, algunos amigos, un hermano irresponsable pero algo cariñoso, y una vida social ocasional. Pero no, había arrojado todo por la borda persiguiendo a un yokai que probablemente no le había dado un pensamiento desde que la dejó en ese techo. Tonta, Izayoi se azotó a sí misma.

- No tienes por qué temer que todo en tu vida está perdido. En unos meses, deberías tener la fuerza suficiente al amanecer para regresar a tu empleo. Y en tan sólo una o dos semanas, deberías ser capaz de controlar tu hambre y habilidades alrededor a los seres humanos para ver a tu familia de nuevo… - continuó él, casi haciendo reír a Izayoi.

- Simplemente no lo entiendes, ¿verdad? - le interrumpió, temeridad levantándose en ella.

- Todo esto… Este repentino cambio es lo suficientemente malo, pero saber que la única razón por la que no estoy en una tumba, no es porque mi vida significa algo para ti, sino porque pensabas que equilibraría la escala de la justicia... bien, eso apesta. Y sí, me doy cuenta de la ironía de esta afirmación. - Algo húmedo resbaló por la mejilla de Izayoi. Ella lo secó, sorprendiéndose de ver líquido de color de rosa en sus dedos. ¿Eran esas lágrimas? ¿Podría todavía llorar, a pesar de que ahora era yokai ahora?

Antes de que pudiera meditar eso, un dolor que se estaba convirtiendo en demasiado familiar destrozó a Izayoi. Se inclinó, sosteniendo su estómago como si pudiera de alguna manera devolver la necesidad de sangre de vuelta hacia abajo en su interior. La brisa levantando su cabello era el único indicador que tenía que Inuno se había ido y vuelto en un destello de movimiento. Tenía dos de esas malditas bolsas rojas en la mano, y el salto interno que Izayoi sintió cuando las vio la dejó retorciéndose en el suelo con una urgencia que la desafiaba. Ella quería tirar las bolsas por la ventana en repugnancia. Ella quería arrancarlas de las manos de Inuno y devorarlas con rabiosos tragos.

Él sostuvo una de las bolsas para ella, pero Izayoi miró hacia otro lado. Ella no quería beber más sangre. Estaba mal, era asqueroso. Dos aguijones gemelos de dolor en el labio inferior, le dijeron a Izayoi que sus colmillos habían estallado fuera de sus dientes superiores, dando como resultado una degustación de ese rico sabor, con aroma cobrizo en su boca. Más dolor estalló a través de su cuerpo, esa odiada sensación de ser quemada de adentro hacia fuera cada vez más a un tono feroz.

- Bebe - Inuno la tenía en sus brazos en el instante siguiente, sosteniendo con astucia la bolsa en su boca.

Ella solo supo que la había rasgado cuando sintió un increíble alivio, llenando hasta los últimos tormentos dentro de ella. Izayoi sintió que empezaba a flotar, su mente paralizada por las prisas de la alegría y el hambre, pero antes de que se perdiera en la oscuridad, algo fastidiaba en su subconsciente. Algo por lo que había estado demasiado distraída para darse cuenta cuando Inuno por primera vez le dijo por qué había hipnotizado a su jefe sobre darle el auto y el aumento de sueldo. Tú habías estado trabajando hasta tarde por la noche...

Solo había una forma en que Inuno podría saber a qué tipo de horas Izayoi había estado trabajando durante esa semana. Él la había estado siguiendo. Inuno caminaba junto a Izayoi en el bosque. El aire era fresco y agradable, en las horas de la madrugada, pero Izayoi llevaba un jersey grueso y pantalones como si hiciera mucho más frío. Parecía ensimismada por el suelo mientras caminaba, sus ojos parpadeaban de vez en cuando hacia los lados cuando los animales nocturnos se sorprendían ante su presencia.

Él no dijo nada, dejándola que se aclimatara a la avalancha de sentidos de su alrededor. Se había despertado un par de horas antes del anochecer en su segundo día como un yokai, insistiendo en una ducha por sí misma después de que había saciado su hambre con las bolsas fresca con las que volvió Gorgon. Como Inuno le advirtió, no tuvo resultados positivos. Izayoi arrancó la puerta de la ducha cuando trató de abrirla, y luego arrancó la llave de la pared cuando trató de cerrar el agua después de terminar con la ducha sin puerta. Entonces su frustración por su incapacidad de controlar su fuerza, le llevó a otro ataque de hambre, que no fue una sorpresa. La ira y el deseo de alimentarse estaban firmemente unidos en los nuevos yokais, y con todas las emociones de Izayoi aumentado a niveles nunca antes explorados, sería un enjambre de volatilidad en los próximos días.

- No me parece justo no ver la oscuridad - dijo Izayoi, finalmente rompiendo su silencio.

- Yo sé que es de noche, pero parece una tarde nublada más nítida, con un sol que no lastima a mis ojos en su lugar. No hay más sombras. Sólo manchas de sombra. ¿Cuánto tiempo te llevó acostumbrarte a que no hay oscuridad? - Inuno trató de recordar sus primeros días como un yokai. Fue hace tanto tiempo que se sentía como si la transformación le hubiera sucedido a otra persona. Recordó el hambre cuando despertó por primera vez, ningún yokai se olvida de eso. Pero él no podía recordar cómo se veía la verdadera noche cuando era humano, por lo que no recordaba cuánto tiempo había llevado echarla en falta.

- Me he olvidado de gran parte de esos primeros días - admitió.

- Porque tú eres más viejo que el polvo, ¿no? Así que dime, ¿Este lugar también suena como una demolición para ti? ¿O es que aprendiste a desconectar el ruido de fondo en los últimos años? - preguntó Izayoi una con una mirada de lado.

Se centró brevemente en los sonidos que llenaban el bosque. No, él no se había molestado en prestarles atención, salvo discernir si eran naturales o una amenaza que era necesaria eliminar. ¿Había aprendido simplemente a desconectar, como Izayoi había descrito? ¿O estaba tan cansado que ya no le importaba si los grillos cantaban, las hojas bailaban, las ramas se rozaban entre sí, mientras se extendían a otra, mientras los animales cazaban para sustento o la compañía encontraba a su presa?

- Aprenderás a elegir en que centrar tu atención - respondió.

Eso era verdad. Tal vez no le había prestado ninguna atención a los sonidos del bosque, pero podría decir Izayoi todos los matices de cómo había cambiado su aroma mientras caminaba junto a él. ¿O cuántas veces sus ojos se habían llameado con esmeralda cuando había visto algo con un corazón latiendo a su alrededor?

- Luciérnagas. No las he visto desde que era niña. Tina y yo solíamos ir al bosque de nuestra antigua casa para tratar de atraparlas… - Izayoi se detuvo, volviendo la cara hacia la parte de arriba de los árboles.

Inuno se detuvo también, siguiendo su mirada a la luz que los insectos salpicaban por el aire. Su voz mantenía una nota nostálgica de recuerdo con la que él no se podía identificar. Incluso si él pudiera recordar su niñez, él no había tenido hermanos de una edad cercana a la suya y su hogar había estado desierto de criaturas como esas. Sin embargo, estos recuerdos mantenían valor para Izayoi, vinculándola a algo perdido de su juventud. Él miró a su perfil. Tenía la cabeza inclinada hacia atrás, los labios carnosos entreabiertos, la línea pálida de su cuello en un marcado relieve, tentadora calma como telón del fondo del bosque. Se veía tan hermosa. Casi etérea. A pesar de saberlo mejor, no podía forzarse a apartar la mirada.

Él no podría ser capaz de compartir su memoria de perseguir luciérnagas como de niña, pero podía darle una nueva memoria de los bosques. Que nadie más podía replicar. Inuno envió jirones de su poder por el suelo, enredándose en torno a las flores de varios parches de flores silvestres. Una a una, arrancó esas flores, hasta que había cientos de pálidas flores de color púrpura, azul, amarillo y blanco flotando sobre la maleza. Izayoi no se dio cuenta. Ella seguía mirando a las luciérnagas. Lentamente, atrajo su poder de vuelta hasta que las flores intercaladas al azar comenzaron a congregarse en una gran nube.

- Puedo sentir la energía que viene de ti. ¿Qué estás haciendo con ellas? - Los ojos de Izayoi se agrandaron al ver la bruma de flores que se curvaban alrededor de ella en el suelo. Un estremecimiento recorrió su cuerpo.

Ella no lo miró mientras le preguntaba. Inuno no contestó, pero podía sentir saliendo su poder en otra oleada, agrupando las flores en un cometa que se arrastró por un sendero y se abalanzó alrededor de las copas de los árboles en un ballet intrincado. Izayoi hizo un sonido entre un jadeo y una risa, con el rostro bañado en asombro en lugar del dolor y el trauma de los pasados dos días. Ella todavía no lo miraba, sino que seguía mirando las flores bailarinas. Inuno extendió su forma de cometa en una larga franja. Envió esa suave fragancia perfumada a través de una serie de giros antes de recoger el aumento de las flores en un círculo varios metros por encima de la cabeza de Izayoi. Luego, poco a poco se amplió el círculo y lo dejó caer a su alrededor, abarcándola en una funda de flores. Ella se quedó mirando al anillo de flores silvestres que la rodeaban, extendiendo sus manos, pero sin tocarlas. Entonces finalmente miró a Inuno, sus ojos rojos se iluminaron con un tono no muy diferente a las luciérnagas que había estado admirando antes.

- Déjalas ir. - Su voz era más baja, su susurro melódico se hermanaba en torno a él con su fuerza invisible propia. Inuno dejó su poder caer, liberando a las flores para que flotaran suavemente en el suelo a su alrededor. Entonces algo dentro de él apretó mientras Izayoi caminaba lentamente hacia él.

Izayoi le sostuvo la mirada mientras cerraba la distancia entre ellos. Había ido a esa caminata para enfrentarse a él por seguirla. Para saber si Inuno había sido motivado por la sospecha o por el deseo de volver a verla, pero eso no era necesario ahora. Podía sentir su deseo por ella. Se había filtrado hacia fuera de ese muro que él mismo había blindado con flujos cada vez mayores, hasta que fue una fuerza tangible, invisible pero en todas partes.

Y estalló un hambre en ella que casi la hace caer de rodillas. Quería tocar su piel, probar su boca, y enredar las manos en su pelo largo, mientras que él la tomaba en sus brazos para algo más que sólo para protegerla. Un latido tomó cadencia dentro de ella mientras se acercaba, casi tocándolo, impaciente por sentir que la rodeaba con su cuerpo en lugar de con su poder.

- Izayoi. - Su voz era baja, y exhaló después de que lo dijo, como si hubiese inhalado su nombre. Ella extendió las manos, sentía dolor por conectar con su carne. Inuno las tomó, pero la mantuvo lejos de él, su aura de necesidad cambiando a frustración.

- Realmente no quieres esto. - Casi se echó a reír ante lo absurdo de esa declaración. ¿No podía sentir el dolor construyéndose dentro de ella, demasiado fuerte para ser llamado deseo, demasiado profundo para ser mera lujuria? Si ella podía sentir sus emociones saliendo más allá de esas barreras, ¿No podía sentir él las suyas, también?

- Quiero esto. A ti. Lo quiero todo. - Ella llevó su cuerpo rozándolo mientras hablaba, aunque todavía le sostenía las manos lejos.

El contacto con su cuerpo, aún cubierto de ropa, fue suficiente para enviar un choque a través de Izayoi. Cerró los ojos mientras un gemido salía de su garganta. Con su poder chisporroteando dondequiera que se tocaban, él se sintió tan bien que casi dolía. Un ruido áspero se le escapó a él también, tan profundo y primitivo, que más calor inundó sus entrañas. Izayoi intentó liberar sus manos de su agarre con todas sus fuerzas incontrolables, pero Inuno la sostuvo sin esfuerzo, sin ni siquiera un cambio en su postura. Su cabeza sumergida, con su pelo rozándole la cara y el cuello como pequeños y sensuales toques de seda.

- Esto no es lo que tú sientes. Son tus nuevos sentidos. Te hacen sentir cosas que podrían no ser reales… - dijo, dejando caer su voz a casi un gruñido.

- Sentí esto por ti antes - Izayoi le cortó, la necesidad dejando áspero su tono de voz.

- Incluso cuando me mantuviste cautiva, pero especialmente después de que me dejaste ir. No me digas que lo que siento no es real, y ni siquiera trates de fingir que no me quieres también - No le importaba lo desafiante que sonaba.

Con la misma desinhibida y resuelta claridad que había sentido antes sólo en sueños, todo lo que Izayoi sabía era que lo quería a él y que él sentía lo mismo por ella. Trató de liberar sus manos de nuevo. Esta vez, Inuno la liberó, mientras sus ojos se volvieron de negro a brillante, resplandeciente rojo. Luego tiró de ella hacia él. Sus terminaciones nerviosas saltaron en respuesta desesperada al golpe de su cuerpo contra el de él. Tuvo tiempo para cerrar los dedos en el pelo de él antes de la boca de él se inclinara sobre la suya.

La sacudida que sintió en ese contacto pareció ir directamente a su centro, enviando ondas de choques a través de ella. Su lengua entró pasado los labios para explorar su boca con ardiente pasión. Él sabía a especias oscuras, ricas y embriagadoras, exóticas e intoxicantes, llenándola de calor. La forma erótica en que la acariciaba con la lengua a lo largo de la de ella sólo se incrementó cuando los colmillos de Izayoi estallaron libres, sin querer drenando su sangre. En vez de tirar hacia atrás, Inuno la besó más profundo, sosteniéndola más fuerte, levantándola hasta que sus pies estaban fuera de la tierra y sólo sus brazos la mantenían en posición vertical.

Su deseo inicial parecía sólo un murmullo vago de nostalgia. Con Inuno sosteniéndola y su lengua voraz en la boca, ardía por él. Sus manos dejaron su cabello para deslizarse por su espalda, las uñas sin descanso cavando en él. Esos duros músculos se movían debajo de sus palmas, burlándose de ella con el roce de la piel que estaba tan cerca y a la vez negándose a ella por sus ropas.

Izayoi no quería tela entre ellos. Quería sentir su piel en la suya. Ese pulso constante entre sus piernas se convirtió en un latido que exigió ser saciado. Trató de decirle eso, pero la boca de él seguía dominando la suya con la insistencia hambrienta y sensual. No podía hablar. Apenas podía siquiera pensar.

Algo suave rozó su espalda y piernas. Entonces, de alguna manera, el suéter y sus jeans se habían ido, e Inuno estaba en el suelo con ella encima de él. No se detuvo a pensar en los botones que volaron fuera de su camisa por su propia voluntad antes de que la tela se deslizara fuera de él. Lo único que importaba era la increíble agitación que sintió cuando sus pieles se reunieron. Qué duro, suave y apretado se sentía su pecho contra sus senos, y la forma en que parecía que de repente tenía una docena de manos, porque lo sentía acariciar cada parte de ella.

Las sensaciones bombardeándola fueron tan intensas como cuando Izayoi despertó por primera vez como un yokai, sólo que esta vez, no eran aterradoras. Su piel se sentía febril, su cuerpo temblando y estremeciéndose con necesidad y éxtasis sólo de la sensación de él. Un fuerte gemido se le escapó cuando Inuno deslizó su boca hacia abajo de sus labios a su cuello, rozando su piel con sus prominentemente extendidos colmillos. En lugar de morderla, lamió y chupó ese sensible lugar que sus colmillos habían perforado dos noches antes. La sensación eléctrica de su boca disparó a un camino de ciega y dolorosa necesidad de su cuello a su cintura, haciendo que todo en su interior se tensara.

- Te deseo tanto - exclamó ella, oprimiéndose a sí misma contra él.

Inuno se alejó de su garganta con un gemido que pareció hacer eco a lo largo de él. Ella agarró su pelo, desesperada por tener la boca de él en ella otra vez, y luego sintió el placer doloroso de él moldeándose a ella antes de besarla una vez más. Su deseo se elevó a un nivel doloroso. Izayoi cerró sus puños en el pelo, casi lo desgarró en su impaciencia para llevar a su boca más cerca. Cuando la mano de él se deslizó hasta su muslo, dejó escapar un gemido ahogado por el hormigueo que dejó. Entonces tomó su sexo, la palma de su mano sensualmente acariciando su clítoris con firmes movimientos circulares, los dedos de él devastándola con su habilidad, incluso a través de sus bragas.

Calor fundido estalló a través de Izayoi mientras todas sus terminaciones nerviosas se sentían como si hubiesen sido alcanzadas por un rayo. La sensación fue tan intensa, tan feroz, que la abrumó. Gritó con la convulsiva y súbita tensión en su interior, el éxtasis explotando a través de ella en ondas incontrolables que ondulaban desde su núcleo y se extendían al resto de su cuerpo. Inuno se deleitó con la sensación del orgasmo de Izayoi. La dulzura embriagadora de su boca, el éxtasis tortuoso de su piel contra la suya, su cuerpo temblando encima de él mientras roncos gritos vibraban en contra de su boca… era un recuerdo que muchas veces reproduciría de nuevo en el futuro, aún con lo breve que ese futuro podría ser.

Pero ya había tomado más de lo debido. Si fuera honorable, habría aplacado la necesidad de Izayoi sin poner las manos sobre ella. Había utilizado su poder para esos fines en el pasado con otros nuevos yokais que había engendrado, pero siempre a distancia, donde era impersonal. Todos los impulsos de los yokais eran demasiado abrumadores para controlar al principio, y la lujuria no era la excepción. Pero cuando Izayoi le dijo que lo deseaba, cuando llegó a él... Inuno no pudo sólo satisfacerla con su poder. Tenía que tener sus manos y boca sobre ella, sentirla a su lado, sin importar que fuera tan doloroso como magnífico.

Con la mayor renuencia, puso fin a su beso, lamiéndose los labios para saborear el gusto de Izayoi por última vez. Entonces envió su poder a recoger el sweater y los pantalones de los que la había despojado antes a toda prisa. La cabeza de ella cayó sobre su hombro, los labios suaves, llenos buscando su carne. Un estremecimiento pasó por él mientras la lengua de ella lo lamía, saboreando y acariciándole la piel de su hombro hasta el hueco de su garganta. Ah, dioses, si las cosas fueran diferentes.

- Izayoi. Tenemos que parar. - Inuno se obligó a sentarse, para alejarla hasta que su hermoso rostro estaba mirándolo en confusión en vez de presionado contra su carne.

- ¿Qué esta mal? - Todo en ella era un incentivo para que olvidara sus principios. Sus pechos tensos contra su sujetador, su ropa interior de encaje era más seductora que para ocultar, y su olor a limón era a la vez dulce y más almizclado con su lujuria. Cerró los ojos. Si incluso se permitía imaginar que sabía tan bien como olía...

- No podemos hacer esto. Estás alterada a causa de tus nuevos sentidos. Más adelante, cuando entres en razón estarás molesta conmigo por explotar tu condición si te tomo. - Izayoi dejó escapar un sonido entre una burla y una risa incrédula.

- ¿Estás tratando de parar porque crees que no sé lo que quiero? - Trató de recordar las cosas que había dicho a otras personas que había creado cuando se encontraba en una situación similar, pero nunca los había querido con la misma necesidad feroz que le arañaba ahora. Era difícil formar palabras lógicas cuando su atención se mantenía distraída por el olor de Izayoi en su piel, lo cerca que estaba, y cómo se veía de deslumbrante en su ropa interior minúscula.

- Esto no es lo que elegirías por tu propia voluntad sin influencia - logró decir. Si esto fuera más difícil, lo llamaría tortura. Izayoi se levantó de un salto, agarrando sus pantalones y sweater del suelo a su alrededor.

- Increíble. ¿Siempre piensas por otras personas que es lo que realmente quieren? ¿O se trata de algo que has reservado sólo para mí? - El ácido en su tono fue inesperado. ¿Acaso creía que se negaba a ella por falta de deseo? La idea habría sido irrisoria si él no estuviera sufriendo con tanta fuerza en este momento.

- He tenido experiencia con nuevos yokais. En este momento, tus nuevos sentidos están dirigiendo tus acciones en lugar de tu voluntad. Asumir que hablas en serio en estas circunstancias equivale a… - trato de excusarse.

- Realmente tomas las decisiones por otras personas. Wow, eso debe molestarlos. Me tiene enfurecida, también. Felicitaciones, Tú ganas. Ahora ya no te quiero. - Izayoi interrumpió, tirando de sus pantalones.

- ¡Nunca te me ofreciste antes de esto! - Inuno dijo, su fachada controlada agrietándose bajo el peso de su frustración.

- Estuviste bajo mi techo por una semana cuando nos conocimos, pero en todo ese tiempo, sólo hablaste de tu deseo de irte. No de cualquier anhelo de mis atenciones. - Ella se acercó, los vaqueros no del todo abrochados porque los había roto cuando se los había puesto.

- Cuando nos conocimos, pensé que ibas a matarme, luego, cuando supe que no lo harías, aún me mantuviste cautiva. No iba a caer en un caso del síndrome de Estocolmo y decirle a mi captor cuanto me excitaba… aunque si recuerdas, te dije algo en ese sentido un día. Luego, cuando me dejaste ir, que fue el único momento que hizo posible para mí actuar por lo que sentía por ti, simplemente desapareciste. Pensé que no podía importarte menos. Si no fuera por lo que hiciste con mi jefe, nunca habría ido a buscarte... - Izayoi se detuvo bruscamente, dándole la espalda y tirando de su suéter en el momento siguiente. Estaba, también, roto por su fuerza, colgando de ella como un poncho por las rasgaduras.

- ¿Fuiste a buscarme? ¡¿Cuándo?! - Inuno se levantó de un salto, agarrándola por el brazo y haciéndola girar hasta enfrentarlo. Algo se torció dentro de su pecho. ¿Qué era esto?

- La noche siguiente, después de que hipnotizaras a mi jefe. Fui a todos los lugares en los archivos de mis viejos casos donde podría haber una asociación paranormal. ¿Sabes por qué estaba en el club de striptease esa noche? No estaba allí investigando el caso de una persona desaparecida; encontrar a Jennifer fue un accidente. Estaba allí en busca de una conexión contigo, porque quería volver a verte sin todo el asunto captor/cautiva entre nosotros. - Una carcajada se le escapó.

Por unos momentos, Inuno no pudo hablar.

¿Ella había estado en el club aquella noche en busca de ÉL? ¿Pasó otras noches buscándole también? ¿Podría Izayoi realmente sentir la misma inexplicable e insistente atracción hacia él, que él sentía por ella? Desafiaba la razón que ella lo hubiese buscado por ningún otro propósito. Su personalidad no era compatible con humanos que acudían a los no-muertos sólo a buscar la emoción a veces peligrosa de un yokai, y no lo necesitaba para nada más. Él se había asegurado de eso cuando le dio toda la sangre que requería para su hermana antes de dejarla.

- Di algo. Incluso si es para decirme que fui una idiota por perseguirte y que me merecía acabar como un yokai por eso. Al menos eso es mejor que el silencio. - Ella lo miró fijamente, la luz de la luna reflejándose en sus ojos verdes.

Su honradez tan natural era tan diferente del discurso normal y reservado de él. La razón le advirtió decirle a Izayoi que estaba en lo cierto. Que un humano hundiéndose a sí mismo en el mundo de los yokais sin un protector por lo general terminaba sufriendo graves consecuencias, pero no pudo pronunciar esa declaración. Tampoco podía decirle a Izayoi la otra cosa que sería mejor para ella creer, a pesar de que era una mentira: que no le importaba más que cualquiera de sus otras propiedades. Bajo el peso de su mirada, sin embargo, toda su fría lógica se desmoronó y se encontró respondiendo con la misma cruda honestidad que ella le había mostrado.

- Soy el Maestro de una larga línea de yokais y humanos, y sí, a menudo pienso por otras personas. Por otra parte, he traicionado a casi todo el mundo que he amado, incluyendo la participación en el asesinato de mi esposa y he retenido información importante de mi co-gobernante. Mis otros pecados son demasiado numerosos para enumerarlos, y tengo la muerte segura avecinándose en mi futuro, así que tan pronto como seas capaz de controlar tu condición, Izayoi, harías bien en olvidarme. - Ella siguió mirándolo con ese nivelada, penetrante mirada, sin disgusto o shock en su cara. Inuno esperó, esperando que en cualquier momento sus palabras penetraran y su reacción cambiara, pero los minutos pasaban, y todavía su expresión no se alteraba de una contemplación reflexiva.

- Me estoy poniendo hambrienta - dijo al fin, dándole la espalda y caminando de nuevo por el bosque hacia su casa.

Miró su retirada con asombro. ¿Dónde estaban sus reprimendas? ¿El castigo de su carácter que tantos otros habrían sido rápidos en tener si les hubiese dicho lo mismo a ellos? Por otra parte, no sentía un ataque inminente de hambre de Izayoi, pero tal vez lo estaba ocultando. O estaba aprendiendo a anticipar sus antojos. Sacudió levemente su cabeza y la siguió, dejando detrás su camisa en el suelo. Ya tenía muchos recuerdos de esta noche sin un recuerdo tangible para atormentarse a si mismo. A pesar de eso, pasó su lengua por los labios una vez más, absorbiendo el sabor de Izayoi y recordando la sensación de su estremecimiento de placer encima de él. Si él hubiera sabido que lo había buscado, que su deseo no se basaba totalmente en sus nuevos e incontrolables sentidos, ¿Habría tenido la fuerza para rechazarla antes?

No. La respuesta resonó por todo su cuerpo, seguido inmediatamente por otra pregunta burlona. Ahora que sabía de estas cosas, ¿Iba él a tener la fuerza para permanecer lejos de ella?

Continuara…