Departamento de policía de Konoha.

03:30 a.m.

— Ten, esto te hará sentir mejor... -dijo Obito al tiempo en que le tendía una taza con café humeante.

— Gracias -murmuró con timidez la joven.

Estaba sentada en una banca con una chaqueta cubriéndola a la espera de que el médico forense tomara las muestras de ADN de sus uñas y tomara fotos de ella para las evidencias de lo ocurrido aquella horrible noche, ya habían tomado su ropa, por lo que era cubierta únicamente por una de esas pequeñas batas de hospital que le habían dado y aquella chaqueta que el detective junto a ella le había prestado en lo que le conseguían algo decente que usar.

Tenia sueño, estaba cansada, con miedo, frío y no sabia que seria de ella ahora, sus padres habían muerto y ella no tenia ningún lugar a donde ir.

Y ciertamente, la idea de regresar a casa le provocaba pavor.

— Dime, ¿Hay algún familiar al que podamos llamar para notificarle que estás aquí? -preguntó el detective tomando asiento junto a ella.

— No, papá era huérfano, no tenia familia, mamá no tenia hermanos y mis abuelos murieron hace un par de años... Nada más eramos nosotros tres.

El detective asintió con tristeza, aquella chiquilla le producía un gran sentimiento de compasión.

— Señor, ¿Qué va a ser de mi ahora?

El Uchiha suspiró, realmente no lo sabia, por el momento era probable que el jefe le colocara una custodia a la chica, al menos hasta que atraparan al infeliz que había asesinado a sus padres, pero luego que todo acabara lo más probable es que servicios sociales tomara partida del asunto.

¿Cómo decirle a la chica junto a él que cuando toda aquella pesadilla acabara entraría a una nueva? ¿Qué entraría al sistema a la espera que alguien la adoptara? ¿Cómo decirle que probablemente aquello no pasaría y que entonces estaría allí hasta que cumpliera la mayoría de edad? ¿Y luego qué? ¿A dónde iría? no, no tenia el corazón para decirle aquello, esta era la parte que odiaba de ser policía.

Vio los ojos tristes de la chica y suspiró, entonces una idea cruzó su mente.

— Dime pequeña ¿Qué edad tienes?

— Diecisiete, en Agosto cumplo dieciocho...

— Eso es dentro de... ¡Tres meses! Vaya, eso es bueno.

— ¿Eh? ¿Por qué?

Antes de que pudiera contestarle llegó una oficial indicándole que pasara a la sala donde se encontraba el médico para ser examinada.

El Uchiha soltó un suspiro cansado.

— Pobre chica...

Se levantó del asiento y tomó rumbo hacia la oficina de su jefe, al llegar a esta tocó levemente la puerta y a los pocos segundos obtuvo el permiso de pase.

Una vez dentro vio a Fugaku Uchiha en compañía de Kakashi, quien se encontraba con una mirada seria leyendo el expediente que se había abierto sobre el caso de la familia Shino.

— Jefe, ya deje a Hotaru con el médico forense, Ichitaki dice que en cuanto termine llevará las pruebas al laboratorio lo más pronto posible para que las examinen.

— Bien, ¿Sabes si Kotetzu consiguió la ropa para la chica?

— No, al parecer no ha conseguido nada aún... Está esperando a que abran las tiendas para buscar algo.

— Entiendo, pero no podemos tener a esa chica semi desnuda en el departamento...

— Señor, ¿Qué piensa hacer con la chica? ¿A quién piensa asignar para su custodia? Debemos colocarle un guardián en lo que atrapamos al asesino...

— Eso ya lo tengo arreglado, apenas terminemos el papeleo e Ichitaki acabe con la chica ella se quedará con Hatake...

El azabache vio con una ceja alzada al albino, quien mantenía una postura recta y la mirada seria observando el expediente en sus manos.

En ese momento la mirada de ambos se cruzó, a lo que un destello de rivalidad asomó en los ojos de ambos.

Había cosas que jamás cambiarían.

— De acuerdo, ¿Y qué medidas tomaremos con respecto al asesino?

El jefe de la estación apoyó los codos en el escritorio, entrelazando sus manos y con aire pensativo habló.

— Lo más seguro es que el asesino regrese por ella para terminar el trabajo, jamás había dejado algún sobreviviente, es por eso que ella se quedará a vivir con Hatake en lo que solucionamos esto, para ello varios oficiales trabajarán de encubierto en la academia Konoha, debemos mantenerla vigilada las veinticuatro horas del día, además, un par de patrullas montarán guardia en frente del edificio donde vive Hatake y cuando el asesino aparezca lo atraparemos.

— Básicamente lo que quiere decir es que usaremos a la chica de carnada.

— Sí, así es, es por eso que debemos mantenerla vigilada, de esa forma atraparemos a aquel infeliz y no tendrá oportunidad de hacerle daño a la señorita Shino.

El Uchiha menor asintió, le dio una última mirada a su compañero y salió de la oficina.


Centro residencial Konoha.

05:00 a.m.

Un auto plateado se detuvo en el estacionamiento de un alto edificio departamental, de él bajaron dos personas, quienes se acercaron con rapidez hacia la entrada de este.

Con la mirada gacha Hotaru entró en el elevador junto al detective, quien con prontitud presionó el botón del último piso y en silencio el elevador cerró sus puertas y empezó su trayecto hacia arriba.

Al abrirse de nuevo las puertas del elevador ambos salieron de este, yendo hacia el último departamento del piso, al final del amplio pasillo color blanco.

En un panel electrónico, al lado de la puerta el Hatake ingresó una contraseña y rápidamente la puerta emitió un breve pitido, acompañado de una luz color verde reflejada en el panel, indicándole a ambos que ya tenían acceso a el departamento del detective.

Una vez dentro el albino dejó su chaqueta en un perchero y girándose hacia la chica le indicó que lo siguiera.

— Ven, te mostraré tu habitación...

La chica asintió con algo de timidez y lo siguió una vez mas en silencio, ciertamente ella nunca se había considerado retraída, sí, es cierto que le costaba hacer amigos, pero generalmente era alguien sociable; el problema con su estado de ánimo realmente radicaba en el fuerte trauma causado por los sucesos ocurridos hace tan solo algunas horas atrás.

Iba a necesitar mucha terapia para superarlo.

En el pasillo del departamento habían cuatro puertas, todas de madera oscura, en total contraste con las blancas paredes inmaculadas, en la sala todo se encontraba en un perfecto orden, tenia un sofá negro de cuero sintético, un televisor, una mesa ratona, un par se sillones a juego con el sofá y un estante de acero inoxidable con algunos libros y algunas cosas más encima, el piso del departamento era de madera de roble, al igual que las puertas del pasillo.

— Está será tu habitación -dijo el Hatake abriendo la segunda puerta a la derecha- la mía es la del fondo del pasillo, la primera puerta de la derecha es mi despacho y la que esta del lado izquierdo es el baño, ponte cómoda, te dejaré descansar tranquila para que más tarde desayunemos y después vayamos a comprar algo de ropa, mientras tanto te buscaré algo cómodo para que te cambies y puedas dormir un poco.

La chica asintió una vez más, hasta ahora estaba sintiendo el como su cuerpo le empezaba a reclamar la falta de dueño a la que se había visto sometida.

El hombre se giró con intención de ir hacia su habitación para hacer lo ya antes mencionado, cuando la suave y tímida voz de la jovencita le detuvo.

— Señor Hatake... Muchas gracias.

Dicho esto, la chica entró en la habitación, dejando que el detective siguiera su camino.