Antecedentes penales…

- Ya terminé - Izayoi se obligó a bajar la taza a pesar de que todavía quedaba un trago más en ella. La deslizó sobre la mesa hacia Gorgon. Las palabras fueron quizás las más difíciles que había pronunciado, sin embargo, sintió un oleaje de orgullo incluso a través de los aullidos de hambre que le exigían arrancarle de nuevo la taza y lamer cada gota de ella.

- Es sólo tu quinto día de no-muerta. Eres fuerte, ¿No? - Gorgon le sonrió.

- Años en dieta hace a un montón de mujeres fuertes cuando se trata de controlar nuestros apetitos. ¿Quién sabría que decir no a un postre resultaría ser el campo de entrenamiento para convertirse en un yokai? - Izayoi permitió una sonrisa forzada cruzar su cara.

Gorgon se echó a reír, tomando la taza y enjuagando la sangre que quedaba en ella en el fregadero. Izayoi notó que él nunca bebía de las bolsas que componían la totalidad de sus comidas, pero desaparecía durante varias horas cada noche. Esperaba que variara a sus donantes, o que sus vecinos más cercanos no fueran anémicos.

Le lanzó a Izayoi una botella de agua de la nevera. Ella la bebió, haciendo una mueca por la forma en que sabía ahora, pero ya había sido advertida de que beber agua era importante durante sus primeras semanas como yokai. Parecía que su nuevo cuerpo quemaba todo el sustento que recibía a través de la sangre sin dejar nada de sobra para impedir que se viera como una uva dejada demasiado tiempo bajo el sol. Izayoi no había preguntado cómo era posible que pudiera beber o comer, pero ya no tenía necesidad de un inodoro. No estaba preparada para que le explicaran algunos misterios de los yokais.

En el lado positivo, nunca tendría que lidiar con su período de nuevo, pero haberle arrancado la maternidad era duro. Sin embargo, Tina había sobrellevado la misma incapacidad para quedar embarazada, debido a su enfermedad. Izayoi no se dejaría caer en una depresión por sus situaciones similares de no poder tener niños, sobre todo porque siempre podría adoptar, mucho más adelante en el futuro, cuando llegara a un acuerdo con todo lo que su nueva existencia implicaba.

- Ahora. Vamos a intentarlo de nuevo. - Gorgon se dio la vuelta, sosteniendo un cartón de huevos.

Izayoi miró la caja de huevos con una mezcla de frustración y determinación. Una regla simple para nuevos yokais era que si no podían manejar un cartón de huevos sin romperlos, entonces no podrían estar alrededor de humanos sin correr el riesgo de inadvertidamente aplastarlos con un toque casual. En los últimos días, Izayoi había demolido más cajas de huevo y tenido las manos recubiertas en más yema de lo que quería recordar. Todavía sentía como si tuviera algo de esa sustancia pegajosa atrapada bajo sus uñas, sin importar cuanto se los hubiese restregado, pero estaba mejorando. Se las arregló para no despedazar más puertas, o dejar agujeros en lugar de huellas en el suelo, y con el último cartón había roto sólo un huevo cuando terminó. Izayoi se acercó a Gorgon, coreando "suave, suave" en su mente cuando llegó a la caja de cartón. Cuando se las arregló para tomarlo de las manos abiertas de Gorgon sin que las entrañas de los huevos salieran entre sus manos, sonrió.

- ¡Ja! - Parecía que la quincuagésima vez era la vencida.

- Ahora, si puedes abrirlo y tomar algunos huevos sin romperlos, estarás casi lista para estar cerca de humanos otra vez. - La sonrisa Gorgon era orgullosa. Muy lentamente, Izayoi abrió el contenedor y tocó la parte superior de un huevo. No se rompió, para su alivio. Ahora todo lo que tenía que hacer era sacarlo.

En su visión periférica, se dio cuenta de que Inuno pasó caminando. Así era como lo había visto últimamente… por el rabillo del ojo. No había estado completamente evitándola, pero siempre parecía estar ocupado haciendo algo más aparte de pasar tiempo en la misma habitación que ella. No era de un modo grosero. Por el contrario, parecía como si Inuno quería evitarla, pero no se atrevía a estar totalmente lejos. La motivación detrás de su ahí-pero-no-del-todo-ahí picaba su curiosidad. ¿Un maestro yokai mucho más antiguo y sofisticado se sentía realmente incómodo por lo que había sucedido entre ellos?

- Saca el huevo - Gorgon la impulsó.

Izayoi puso tres dedos en torno a esa fresca y ovalada forma, presionando tan suavemente como pudo para levantarla. El huevo tembló, pero no explotó. Piensa en Tina, se alentó. Este no era un huevo, era la mano de su hermana pequeña, y ella iba a tomarla sin herirla cuando la viera de nuevo... El huevo salió del envase en una sola pieza. Gorgon gritó de alegría. Izayoi casi saltó de emoción, pero romper al suelo arruinaría el momento. Levantó la vista, con el huevo acunado en su mano, para ver a Inuno mirándola. Tenía una expresión de satisfacción en su rostro que se convirtió rápidamente en impasible una vez que sus ojos se encontraron. Todavía jugando a ser el Sr. Tranquilo, ¿eh? pensó, volviendo su atención a la caja de huevos.

- Voy a intentarlo de nuevo - dijo a Gorgon.

- Ve por ello. - Él sonrió.

Mientras llegaba a otro huevo con su mano libre, sus pensamientos volvieron a Inuno. Después de su confesión en el bosque, Izayoi reflexionó sobre si él era realmente tan despreciable como había dicho. Después de todo, ella era la última persona en pensar, "Oooh, ¡sexy!" cuando un hombre admitía ser un bastardo controlador y despiadado. Había pasado por ese tipo de relación antes, así que sabía que no había nada romántico o sexy en eso. Pero aunque Inuno había pintado una fea imagen de sí mismo, reflexionando, sus acciones estaban en contraste con sus palabras.

Cuando la había mantenido con él la semana en que se conocieron, había salido de su camino para darle tanta libertad como fuera posible. Luego la dejó ir a pesar del riesgo del secreto de su raza, además le había dado a Izayoi los medios para tratar la enfermedad de su hermana, así Tina tendría una esperanza de vida promedio. Luego, cuando Flare la atrapó, Inuno había ido por ella y la curó sin la menor vacilación.

Ante el ultimátum de Ryuko, Inuno hizo lo único que podía hacer: La había traído de vuelta de la muerte. Desde que se había despertado por primera vez en ese avión, no había puesto ninguna condición o limitación sólo aquellas para impedir que matara a gente inocente. Tenía total libertad para hacer lo que quisiera, incluyendo llamar quien quisiera, revisar su correo electrónico, o bien comprar en línea así podría usar algo más que ropa prestada. Y Inuno había declarado en repetidas ocasiones que una vez que estuviera en control de su hambre y su nueva fuerza, era libre de irse. Una vez más.

- Casi - dijo Gorgon alentándola, mientras Izayoi empezaba a sacar otro huevo. Una ligera fisura apareció en su superficie blanca. Apretó los labios, pero continuó. Después de otro par de segundos, el huevo estaba en su mano, una pequeña quebradura en zigzag estropeaba su superficie lisa, pero su contenido seguía estando dentro y seguro.

- Ponlos de nuevo en su lugar sin romperlos, y lo tendrás - dijo Gorgon, guiñándole un ojo.

Izayoi dividió su atención entre devolver los huevos a su envase y en todo lo que Inuno no dijo o hizo. Sintió su necesidad la otra noche, pero aunque prácticamente le exigió tener sexo con ella, la había rechazado argumentando que podría estar bajo la influencia de sus nuevos sentidos. Luego, le dijo cosas terribles sobre sí mismo, casi como si quisiera una reprimenda. Inuno no actuaba como alguien que tenía poco respeto por los demás tampoco. Tenía un poder extraordinario, pero no hacía ostentación de el. De hecho, sólo le había visto usarlo cuando iba en beneficio de otras personas. Si ella fuera él, haría uso de esos poderes todo el tiempo. Como teletransportar sangre o agua para ella, mientras estaba sentada sobre su trasero descansando—y que Dios nos ayude si Izayoi alguna vez tenía la capacidad de mover objetos cuando alguien la dejara atrapada en el tráfico.

No, había mucho más en Inuno que la forma en que se había descrito a sí mismo con tanta dureza. A pesar de su advertencia de que le olvidara una vez que recuperara el control de su nueva condición, no tenía intención de hacerlo. Por el rabillo del ojo, Izayoi vio a Inuno entrar en la habitación de al lado con su paso habitual como deslizándose, su postura erguida y majestuosa, su culo llenando la parte trasera de sus pantalones con una sensualidad que era pecadora. No, él no la ahuyentaría tan fácilmente. Derribaría ese caparazón que había erigido en torno a sí mismo cuando se trataba de ella. Y entonces vería si la conexión entre ellos, la misma que Inuno parecía estar tratando tan duramente de evitar, era tan fuerte como sospechaba. Izayoi puso los huevos de nuevo en su cuna de cartón, sonriendo por su logro y ya estaba planeando su próximo movimiento. Que empiece el juego.

Inuno oyó la puerta de su habitación abrirse, pero no abrió los ojos. El agua caliente en la bañera ejercía un efecto calmante. Se resistía a romper la paz temporal debajo de ella por algo tan trivial como que Gorgon le tarjera su ropa limpia. A pesar de que había dicho a su amigo que podía hacer sus propias tareas domésticas, Gorgon insistía en hacerlas él mismo. Y a decir verdad, podía ser que le tomara a Inuno unos minutos para encontrar la manera de operar una lavadora moderna. Por lo general tenía un gran equipo de yokais y humanos en cada casa se quedaba, por lo que otros habían manejado tales tareas para él. Tal vez Gorgon pensó que sus esfuerzos no harían necesario reemplazar todo el vestuario de Inuno más tarde. Pero entonces un ruido golpeando algo le hizo abrir los ojos. Miró a través del velo del agua del baño para ver a Izayoi enmarcada en la puerta, sus delgados dedos tamborileando en el marco.

- ¿Algo está mal? - Su cabeza se despejó del agua en el instante siguiente, una señal de alarma a través de él.

- Nopi - dijo ella, entrando en el baño para apoyarse en el mostrador.

- Gorgon salió para dar un paseo, lo que supongo significa encontrar su comida. y me sentía un poco sola. - Sus ojos verdes eran claros y cándidos, pero Inuno dudaba de la veracidad de su declaración. Izayoi nunca antes había siquiera entrado en su habitación, por no hablar de sorprenderlo mientras estaba dándose un baño. Tenía un método para sus acciones. ¿Qué método? No lo sabía. Aún.

- ¿Sola? - repitió, alzando una ceja. Ella se encogió de hombros.

- Todos a los que conozco están durmiendo a estas horas, y hay sólo cierta cantidad de televisión que una persona puede ver antes de que volverse loca. Ya que estoy apenas empezando a controlar mi hambre y mi fuerza, pensé que sería una buena idea hablar contigo en lugar de estresarme caminando de un lugar a otro hasta que regrese Gorgon. ¿Hice mal? - Esa mirada inocente de nuevo, pero con un toque de desafío en esta ocasión. Inuno sintió su boca contraerse. Estaba desafiándolo a que le dijera que se fuera con la implicancia que haría retroceder su admirable progreso. Tenía curiosidad por ver dónde tenía la intención de llevar esto.

- Por favor. Quédate. - Él se acomodó en el borde de la gran bañera, entrelazando sus dedos detrás de su cabeza.

- ¡Burbujas! En una escala del uno al diez, un baño de burbujas tiene que tener rango cero en cuanto a las cosas que yo esperaría de un yokai feroz más viejo que el polvo rudo se permitiera. La única cosa que me sorprendería más sería si sacaras un patito de goma. - La mirada de Izayoi se detuvo sobre su pecho antes de que se moviera más cerca del agua de la bañera, se detuvo, y luego una leve sonrisa estalló en su cara.

- Los juguetes para baño están reservados sólo para los más antiguos, y más letales yokais. Me falta un siglo de edad y otros mil hombres para matar antes de llegar a ese santificado punto de referencia. - Luchó contra otra, más fuerte contracción de sus labios.

Izayoi se rió, un sonido femenino, ronco que hizo tensar cosas en él, recordando a Inuno por qué había tratado de no quedarse mucho tiempo en su presencia los últimos días. Un duro hormigueo comenzó en su ingle, la demanda silenciosa de su cuerpo instándole a enviar su sangre allí. Lo ignoró, contento de tener control de tales cosas en lugar de que sus entrañas hicieran lo ellas que quisieran.

- Entonces, ¿cómo lo estoy haciendo? - preguntó Izayoi, apoyándose para sentarse sobre la encimera. Crujió en el primer toque de sus manos, pero no había ejercido la fuerza suficiente para romperla. Una vez más, admirable progreso.

- Estás progresando muy bien. En unos días más, te mostraremos cómo alimentarte de humanos. Cuando seas capaz de hacerlo sin ayuda, no tendrás necesidad de permanecer aquí. - Él cerró los ojos. Tal vez sería más fácil seguir ignorando los impulsos de su cuerpo si no seguía mirándola. Era tormento suficiente tener su aroma llenando la habitación, burlándose de él con su cercanía.

- No quiero alimentarme de humanos - dijo de una vez, la ligereza anterior desapareciendo de su voz.

- Me quedo con la sangre envasada. Calentada y en una taza, puedo fingir que es café realmente espeso. Morder en la piel de alguien… no, no quiero hacer eso. - Inuno no abrió los ojos.

- Debes hacerlo, aunque no sea tu método preferido de alimentación. Si el hambre te golpea cuando estés en un lugar donde la sangre no esté disponible en bolsas, mejor que sepas cómo alimentarte sin dañar a un humano en lugar de mutilarlo o matarlo de forma accidental por tu propia inexperiencia. - Casi podía oírla morder su labio.

- Tienes un punto - dijo al fin. Inuno no se molestó en informar a Izayoi que una vez hubiese probado la sangre directamente de una vena, era dudoso que volviera a su alternativa en bolsas. No había comparación de sabor entre la sangre fresca y bolsas de plasma. Incluso la energía derivada de la sangre fresca era más potente que la de su sustituto.

- Ese retorcido policía Ryuko, ¿Qué tienen en tu contra? - preguntó Izayoi, el cambio de tema lo sorprendió lo suficiente como para abrir los ojos. Casi suspiró. Incluso si pudiera resumir varios miles de años de antagonismo entre él y Ryukotsusei en una breve explicación, no quería. Sin embargo, desde que su amarga disputa resultó dando lugar a que Izayoi perdiera su mortalidad, no era justo que se negara a responder.

- Ryuko procede de una estirpe de gobernantes en el que a cada heredero se le asignaba un determinado número de años para reinar sobre súbditos humanos. Al principio de cada reinado, el heredero era convertido en yokai, concediéndole la oportunidad de la inmortalidad, pero también asegurando que el heredero no pudiera tener hijos vivos. Consortes eran proporcionados para la esposa del heredero, y de los niños que dieran a luz, uno era elegido como el nuevo heredero. Este sistema fue honrado por muchas generaciones, hasta Ryuko. Estaba resentido por renunciar a su tiempo asignado para reinar. Cuando su sucesor, murió misteriosamente antes del final de su reinado, la responsabilidad de la elección de un nuevo heredero recayó en Ryuko. Él retrasó el nombramiento de otro y trató de retomar el poder en su lugar. Un heredero fue elegido pese a las objeciones de Ryuko, pero luego se negó a ceder el control, citando preocupaciones sobre la capacidad del nuevo heredero para gobernar. Cuando se atentó en contra de la vida del heredero, el sire de Ryuko intercedió y fue removido por la fuerza del reino. Después, un regalo de poder originalmente destinado a Ryuko fue dado en cambio por su Sire al nuevo heredero. El odio de Ryuko ha quemado desde entonces. – narro en modo estoico.

- Tú eras el otro heredero, el que trató de matar. - Izayoi se le quedó mirando, su rostro reflejando simpatía, comprensión, y un toque de ira.

- Sí - Inuno inclinó la cabeza.

- ¿Y cuál fue el regalo que obtuviste en lugar de Ryuko? - La verde mirada no vaciló.

- Podría variar dependiendo de la persona, pero lo que recibí fue fuerza adicional, la capacidad de leer mentes humanas, visiones del futuro, y el poder para localizar y controlar a personas u objetos con sólo un pensamiento. - Ella dejó escapar algo parecido a una risa.

- ¡Oh, esas triviales cosas! Es su culpa, pero como es muy cruel para admitirlo, no es de extrañar que Ryuko te odie. Guerras mundiales se han peleado por menores celos. - Sí, y si le decía a Izayoi cómo muchas de las guerras entre humanos durante siglos habían surgido de disputas esparciéndose entre otros yokais Maestros, se sorprendería.

- Así que, antes de que te convirtieras en yokai, ¿Eras una especie de cacique? – pregunto curiosa.

- Algo como eso. - Inuno le dirigió una leve sonrisa.

- No es de extrañar que estés acostumbrado a pensar por otras personas, en lugar de que ellas lo hagan por sí mismas. Igual que los políticos de hoy. - murmuró.

- "El poder absoluto corrompe absolutamente" - Él ahogó su risa por la ironía en su en su tono.

- Y Ryuko tomó su amargura y se convirtió en la versión yokai de un policía en su lugar. Parece una elección extraña. - Saltó del mostrador, estremeciéndose mientras el piso crujía cuando aterrizó sobre sus pies, pero viéndose aliviada cuando los azulejos se mantuvieron intactos por debajo de ella.

- Los Guardianes de la Ley están en la posición más alta entre los yokais. A Ryuko se le negó una forma de poder, así que asumió otra. - Inuno levantó uno de sus hombros en medio encogimiento.

- Yo quería ser policía. No funcionó. - Izayoi se vio pensativa.

- ¿Qué sucedió? - Estaba intrigado. Había demostrado ser una mujer muy decidida. ¿Qué había sido suficiente para disuadirla de este objetivo?

- Si quieres que te diga, meteré mis pies en la bañera. Voy a necesitar algo que me relaje para este viaje por el carril de la memoria. - Ella le lanzó una mirada.

Ahora estaba realmente intrigado. Inuno inclinó la cabeza en el borde de la bañera. Izayoi se quitó los zapatos antes de que con cuidado se sentara en el borde plano. Él movió las piernas para darle más espacio, pero no era necesario. Había elegido deliberadamente una gran bañera de modo que abarcara todo su cuerpo cuando descansara bajo el agua. Izayoi soltó un sonido de placer mientras sus pies, luego las pantorrillas, desaparecieron en el agua. Inuno mantuvo su mirada en su cara, no en los preciosos muslos que estaban desnudos y muy cerca dada la forma en que ella se deslizó el borde de su vestido muy por encima de sus rodillas.

- Te dije que tengo presentimientos sobre las cosas. Cuando tenía diecisiete años, tuve un presentimiento sobre el hermano mayor de una amiga, y ese sentimiento era peligro. En la superficie, no había razón para ello. Takemaru era atlético, popular, provenía de una familia de policías, y acababa de convertirse en un policía el mismo poco después de graduarse de escuela secundaria. Creo que la única razón porque Takemaru se interesó en mí fue porque lo evitaba cada vez que pasaba el rato con su hermana. - Inuno no pudo contener un resoplido suave.

- Por supuesto, no tenía nada que ver con tu inteligencia o belleza. - Ella le lanzó una mirada sesgada.

- Takemaru tenía un montón de chicas detrás de él igual de inteligentes y bonitas. Pero empezó a poner su encanto en mí, y no hice caso de esa sensación de alerta acerca de él porque no había aprendido a confiar en mis instintos todavía. Empezamos a salir. Las cosas fueron bien al principio, pero luego los celos de Takemaru comenzaron a preocuparme. Odiaba cuando pasaba tiempo con mis amigos. No podía soportar que cualquier otro tipo siquiera me mirase. Justo antes de la graduación, rompí con Takemaru. Estaba empezando a asustarme… - En la habitación, el teléfono móvil de Inuno comenzó a sonar.

- ¿Necesitas contestar? - Ella miró por encima.

- Puede esperar. - Pensó en la carpeta manila que había dado a Inuyasha. Contenía toda la información de Izayoi… detalles que Gorgon había reunido que Inuno se negó a mirar con la idea de que cuanto menos supiera sobre Izayoi, sería más sencillo purgarla de sus pensamientos. Ahora no dejaría que nada, ni siquiera el tono de timbre que indica que Inuyasha llamaba, le interrumpiera de oír hablar de esta parte del pasado de Izayoi.

- Mi mamá contrajo meningitis bacteriana poco después que nos separamos. Antes de Tina y yo lo supiéramos, ella se había ido. Nos sentimos devastadas. Takemaru apareció y ayudó con el funeral, se hizo cargo de las cosas… él fue increíble. Se disculpó por todo lo anterior, dijo que se había dado cuenta de sus errores e incluso quería casarse conmigo. Yo no estaba segura, pero… el Departamento de Niños y Familias estaba husmeando sobre Tina. Ella sólo tenía dieciséis años, mi padre no era su padre, y su verdadero padre no la quería. Si me casaba con Takemaru, Tina tendría lo que consideraban un "ambiente familiar estable" y no entraría en acogida temporal con alguien más. Así que a pesar de que acababa de cumplir diecinueve años y todavía tenía dudas, me casé con él. - Hizo una pausa para dar Inuno una sonrisa seca.

- Como puedes imaginar, Takemaru no había cambiado milagrosamente. Su posesión se agravó. Pronto no tenía amigos, la universidad fue aplazada, y la única familia a la que veía era a Tina porque vivía con nosotros. Me sentía miserable, pero decidí esperar hasta que Tina cumpliera dieciocho años antes de dejarlo. Creo que Takemaru sospechaba lo que yo pretendía. Sus ataques de ira empeoraron y comenzó a golpearme. - Inuno no dijo nada, pero en su mente, ya estaba ordenando a Gorgon duplicar la información que había reunido sobre Izayoi para que pudiera encontrar a este Takemaru y matarlo lenta y terriblemente con sus propias manos. Sí, conocía el estilo. No, nunca cambiaban.

- Traté de ocultar los moretones a Tina, porque ya estaba tratando con un infierno suficiente debido a su enfermedad. Entonces un día, cuando estaba limpiando en el ático, encontré unas cuantas bolsas de polvo blanco y un montón de dinero metido en una caja. No hizo falta ser un genio para saber lo que Takemaru estaba haciendo. Llamé a su compañero, con la esperanza que intercediera, pero fue un error. Takemaru lo negó, dijo que estaba loca, su compañero sepultó la información, y Takemaru me golpeó hasta dejarme inconsciente. Amenazó con matarme si alguna vez decía una palabra sobre el dinero o drogas a alguien otra vez. Personas extrañas empezaron a aparecer en la casa a cualquier hora después de eso. Sabía que Takemaru estaba traficando o algo peor, y me asustó como el infierno por Tina. Tuve que tratar de obtener ayuda de nuevo, no importaba con lo que él me había amenazado. Había un policía viejo, Mack Davis, que había conocido en mi boda. Takemaru dijo que estaba en Asuntos Internos. Así que fui a verlo. - Su voz cambió del tono plano, sin emociones que había usado en su relato a algo más suave y más rico. Eso le dijo a Inuno que Mack Davis no le había fallado.

- Mack me creyó. Preparó las cosas por su cuenta para atrapar a Takemaru porque sabía que con la larga línea de policías en la familia de Takemaru, alguien probablemente le diría a Takemaru si Mack usaba los canales normales. En un mes, Mack tenía todas las pruebas que necesitaba en vídeo, grabaciones, y cosas que le di para ir directamente al fiscal. Takemaru y un par de otros oficiales involucrados fueron detenidos por traficar drogas. Yo fui uno de los testigos estrella en el juicio de Takemaru. El juez lo encerró condenándolo a treinta años, pero Takemaru fue asesinado en la cárcel después de un año de su encarcelamiento. - Izayoi hizo una pausa para mirar directamente a los ojos de Inuno.

- Sabía cómo los ex policías eran tratados por los reclusos cuando testifiqué en su contra. Incluso sabía, en el fondo, la primera vez que fui a ver a Mack, que daría lugar a la muerte de Takemaru. Sin embargo, aunque una parte de mí todavía lo amaba, lo hice de todos modos. La familia de Takemaru me llama asesina, pero yo no lo maté. Él escogió a sus acciones, y eso selló su destino. Lamento su muerte, pero no me arrepiento de salvarme a mí y a mi hermana. - Ella desvió la mirada a continuación, con un gesto autocrítico.

- Después de ver cómo un buen policía como Mack podría revertir el daño que tantos malos habían causado, fui a la universidad, me licencié en justicia penal, y pasé a la academia de policía. Salí muy bien, también, pero a pesar de obtener mi certificación de cumplimiento de la ley, ningún organismo policial me contrataría. Algunos amigos policías de Takemaru y otros me tenían en su lista negra. Así que en lugar de ser un oficial de policía, Mack me consiguió un trabajo como investigador privado. No es mucho más que perseguir a cónyuges engañando y una tonelada de papeleo ahora, pero tiene potencial para más tarde hacer una diferencia en las vidas de las personas. Mack murió hace un año. Su credo era salva una vida, en cada oportunidad que tengas. Él terminó salvando un infierno mucho más que una, y ahora es mi meta hacer lo mismo. - Demasiadas emociones recorrieron a Inuno.

Satisfacción de que el hombre que había abusado de Izayoi estaba muerto. Admiración por su valentía de hielo a una edad tan joven. Gratitud hacia el hombre que había intercedido por ella. Ira contra los policías que habían negado a Izayoi un trabajo por lealtad a los que habían deshonrado la ley. Pero, por encima de todas las emociones, había empatía. Sabía la agonía que se sentía el ser la causa de muerte de alguien a quien había amado una vez, incluso si Izayoi no había sido el instrumento real. Sí, estaba muy familiarizado con el dolor de hacer esa elección, y tener que llevarla a cabo hasta el amargo y sangriento final. Pocas personas sabrían alguna vez lo pesado que era llevar esa carga. De todas las personas en las inmediaciones de ese almacén, hace tres semanas, que haya sido Izayoi la que había seguido su voz y entrado por la puerta tenía que ser más que una coincidencia. Tenía que ser el destino.

Pero con esa oscuridad inminente esperando por él, ¿Podría estar Izayoi destinada a ser la causa de su muerte? En poco tiempo, la posición de ella en su vida se había convertido en una de gran importancia. Nadie en más de dos milenios había sido responsable de un cambio tan grande en sus acciones, pensamiento y sentimientos. El frío razonamiento era lo que le había mantenido con vida durante estos largos años llenos de guerra, pero cada vez que estaba cerca de Izayoi, la razón le dejaba. Si trataba de evitar ese vacío oscuro inminente, su mejor oportunidad era mantener a Izayoi lejos de él. Aquellos regidos por la emoción en lugar de la razón eran mucho más fáciles de matar, como él bien sabía.

Sin embargo, mirando a Izayoi, no se preocupaba por la razón o la muerte. O su teléfono, que empezó a sonar otra vez. Inuno se deslizó a través del agua hacia ella, atraído por la misma compulsión inexorable que llevaba a las polillas a bailar con las llamas. Había tenido varias vidas llenas de razón, frías maquinaciones, y, últimamente, vacío. Tal vez las polillas sabían lo que él no, que la alegría de las llamas valían el precio de la destrucción. Tenía la intención de averiguarlo.

Los ojos de Izayoi se oscurecieron a un tono más rico de verde mientras se acercaba. Puso las manos a cada lado de ella, apoyándose contra el borde de la bañera mientras se ponía de rodillas. Las piernas de ella le rozaron el pecho, el agua corría por él mojando los extremos de su vestido, pero ella no se apartó. En cambio, su olor llameó con deseo mientras examinaba su cuerpo lentamente.

- Casi puedo sentir tu mirada en mí - murmuró él, el calor dirigiéndose a sus entrañas mientras enviaba a su sangre cálida por el baño allí finalmente.

- Si esperas que no mire, Inuno, te subestimas. - Su voz era ronca, deteniéndose en las sílabas de su nombre como si lo estuviese acariciando.

Se acercó a ella, presionando su cuerpo contra las rodillas hasta que bien tenía que alejarse de él o separarlas. Izayoi separó las piernas, despreocupada del agua que empapaba su vestido mientras alineaba su cuerpo contra el de ella, saboreando sus gemidos cuando sus pieles se reunieron. Ella pasó los brazos alrededor de su cuello, sus dedos separando el pelo en varios espesos mechones, mientras le miraba fijamente a los ojos.

- No vas a decidir dejar esto a la mitad de nuevo, ¿verdad? - Dejó caer su boca en el oído de ella, lamiendo la tierna base una vez antes de responder.

- Estuve separado de mi esposa por más de nueve siglos y prohibido por la ley de yacer con otra persona. Después de su muerte, nadie me tentó lo suficiente... hasta que llegaste tú. - Un ruido de asombro se le escapó a Izayoi mientras se apartaba para mirarlo.

- ¿No has tenido sexo en más de novecientos años? Si estás tratando de decir que quieres llevar las cosas con calma, esperar hasta que lleguemos a conocernos mejor - Tragó.

- No. Te estoy advirtiendo que no voy a mostrarte compasión. - Él rió, tirando de ella hacia abajo en la bañera con él.

La besó con toda el hambre reprimida que había hecho estragos en él durante la mayor parte de un milenio. Los brazos de Izayoi se apretaron alrededor de él, el sabor de su boca embriagante, la caricia de su lengua una extravagancia sensual. El agua se derramó de la bañera mientras le quitaba el vestido y lo arrojaba a un lado. Su sujetador y la ropa interior fueron descartados también, hasta que nada interrumpía la sedosa suavidad de la carne de ella a lo largo de la suya.

Ella gimió mientras pasaba las manos por su cuerpo. Deslizó la boca de la de ella, besando esa hermosa línea de la mandíbula antes de pasar hasta la plenitud de sus pechos. Se llenó la boca con cada uno de ellos por turnos, chupando sus pezones hasta que los jadeos de Izayoi se convirtieron en gritos, y sus uñas le rastrillaban por la espalda. Su toque se hizo más frenético, y puso las piernas alrededor de su cintura. La sensación de ella envuelta a su alrededor fue magnífica, cada giro de su seductor cuerpo le inflamaba, pero no apresuraría este momento. Quería explorarla más plenamente primero.

Le acariciaó los pechos mientras sumergía la cabeza bajo el agua. Ese tenso adorno de rizos bromeó con su boca antes de que su lengua separara sus profundidades. La lujuria aumentó con una intensidad insoportable cuando la probó. Esa resbaladiza suavidad era adictiva, instándole a lamer más rápido, más profundo, hasta que más de su sabor a miel le llenaba la boca, y los gritos tenían una borde rítmico de urgencia. El placer en ella sólo aumentó su abrumadora, y dolorosa necesidad, tensando todo en su interior con una demanda voraz. Tenía que estar dentro de ella. Tenía que… Inuno salió desde la bañera con un gruñido, solamente su amistad de muchos siglos le detuvo de golpear con fuerza letal al yokai que entró. Gorgon estaba en la puerta del baño, con una expresión sombría.

- Si no fuera de vida o muerte, créeme, no interrumpiría, pero necesitas ver esto. Ahora. -

Continuara…