Centro residencial Konoha

09:00 a.m.

Era lunes en la mañana cuando la alarma del despertador sonó, despertando a la joven Hotaru quien, con un bostezo la apagó para seguido levantarse, arrastrando los pies, dirigiéndose hacia el baño.

Después de asearse debidamente y de desperezarse se dirigió a la cocina en donde se encontró con el detective, quien se encontraba preparando el desayuno.

— Buenos días Hotaru, ¿dormiste bien?

— Buenos días señor Hatake, sí, he dormido bien.

Y no mentía, gracias a todo el agotamiento acumulado en su cuerpo había dormido profundo, tanto así que su mente no la había atormentado con los recuerdos de la fatídica noche anterior.

El hombre asintió, sirvió el desayuno y ambos se sentaron a la mesa para comer.

— Obito me ha dicho que tienes diecisiete años ¿no?

— Sí, así es, dentro de tres meses cumpliré dieciocho.

— Eso quiere decir que ya estás en segundo de preparatoria.

Ella asintió confirmando lo dicho por el hombre.

Bien, en ese caso desayuna, luego de comer iremos a comprarte algo de ropa y útiles personales, ya hablé con Obito y va a tratar de conseguirte algunas cosas de tu casa...

La chica recordó en ese momento que estaba vestida únicamente con una de las camisas del hombre frente a ella, a lo que inmediatamente sintió su rostro arder.

Otra cosa, ya en la estación llamaron a tu preparatoria para avisar sobre lo ocurrido, así que puedes faltar el día de hoy si lo necesitas.

¡Oh, no! No creo que eso sea necesario -dijo la chica para seguido pensar- "si me quedo sin hacer nada lo más probable es que empiece a pensar en lo que aso anoche, y realmente no quiero eso... No quiero recordar toda esa pesadilla..."

El resto del desayuno transcurrió en silencio; al acabar de comer, Hotaru se dispuso a recoger la mesa y fregar los platos, para luego ir a cambiarse de ropa nuevamente por la ropa que le prestaron en la estación policial.

Una vez que ambos estuvieron listos, salieron del departamento con rumbo al ascensor, se subieron al auto del detective y arrancaron con rumbo a la zona comercial del distrito Konoha.

Al llegar, vieron como las múltiples tiendas se empezaban a mostrar frente a ellos, la gente iba y venía en una carrera contra reloj, y los autos pitaban en un conjunto de bocinas y chirridos cual orquesta urbana.

Kakashi estaciono el auto y ambos bajaron, tomando rumbo hacía una de las tiendas, en la que se podían aprecias varios maniquís con ropa femenina en el aparador.

Bien, vamos Hotaru, debemos conseguirte algo de ropa.

La chica asintió con timidez.

Juntos, avanzaron con paso calmo hasta la entrada de una de las tiendas, donde pronto fueron recibidos por una mujer obesa y muy efusiva.

—¡Bienvenidos a Rosa y Pastel! ¿En qué puedo servirles? -exclamó la dependienta.

Kakashi y Hotaru compartieron una breve mirada incómoda, ninguno de los dos disfrutaba ese tipo de atención desmedida de parte de los vendedores de las tiendas, y lo que era peor, lo lambiscones que podían tornarse ese tipo de empleados cuando uno lo único que deseaba era comprar unos cuantos artículos sin ser molestado por nadie.

—¿Podría mostrarnos algunos de sus vestidos para adolescentes? -preguntó el agente con una mirada cansada.

—¡Por supuesto que sí! Me imagino que son para esta linda señorita ¿No es así? ¡Vamos, pequeña! ¡Tengo un par de vestidos que se que te encantarán!

La chica hizo una pequeña mueca, dirigiendo su mirada hacía el albino en un gesto que claramente le pedía ayuda.

Realmente no quería tener que lidiar con la efusiva mujer.

— ¡Ya vas a ver que bonitos vestidos te vas a probar!

Un par de horas después de andar lidiando con la aparatosa mujer, la chica y el albino salieron agotados de la tienda con un par de vestidos para la chica, quien aprovechando se había dejado puesto uno de los vestidos que compraron, un vestido sencillo de color azul oscuro con un bordado blanco en los bordes de la falda y mangas hasta los codos, guardando en una de las bolsas la amplia ropa que le había prestado el Uchiha en la estación policial.

— Ya va siendo tarde, ven, debemos ir a la estación, con eso aprovechamos y vemos si lograron recolectar algunas de tus posesiones personales, luego de eso vamos a comer.

— ¡Sí, señor Hatake!

Así, ambos se dirigieron a la estación policial, allí Obito Uchiha pronto fue a recibirlos apenas los vio llegar.

— Hola, que bueno que ya llegaron, Kakashi, el jefe te requiere en su oficina.

Kakashi asintió y enseguida empezó a ir hacia dicha dirección con su usual actitud despreocupada.

— Tú ven conmigo, logré sacar algunas cosas de tu casa, vamos a buscarlas.

— Sí.

Ambos fueron caminando por un pasillo hacia un cuarto lleno de casilleros, una vez allí, Obito se acercó a uno de ellos y abrió el candado del locker, de donde sacó una caja de cartón con las pertenencias de la chica.

— Aquí tienes, se que no es mucho pero creo que te puede servir, allí están tu uniforme, algo de ropa, un par de fotos, algunas cosas personales y mochila con tus libros de la escuela... -dijo tendiéndole la caja a la muchacha.

— No importa señor Uchiha, muchas gracias por todo.

El hombre negó.

— No es nada, es lo menos que podía hacer... -dijo con una sonrisa- Y por lo que veo ya Kakashi te llevó a comprar algo de ropa.

— Sí, el señor Hatake ha sido muy amable conmigo.

Dicho esto, ambos regresaron de nuevo a la sala principal de la comisaria, una vez allí Obito le indicó a la joven que tomara asiento en lo que Kakashi regresaba.

Mientras tanto, en la oficina del jefe Uchiha, Kakashi y el teniente se encontraban analizando varios datos de la investigación, al mismo tiempo que el albino recibía instrucciones con respecto al caso de Hotaru.

Una vez que ya todo quedó acordado, el albino salió de la oficina y fue a la sala principal de la comisaria en búsqueda de la chica, allí la encontró sentada, con la caja de cartón a su lado y leyendo un libro de química, seguramente de su escuela.

— Veo que Obito consiguió traerte algunas cosas... -dijo con su semblante despreocupado.

— Sí, no es mucho pero es suficiente para mí -dijo esta poniéndose de pie- ¿Ya nos vamos?

El hombre asintió y tomó la caja mientras que la chica se colgaba su bolso del hombro.

— Sí, vayámonos a almorzar...

Así, se dirigieron al auto de Kakashi y tomaron rumbo al departamento del hombre.