Montaña rusa

Si Izayoi aún pudiera sonrojarse, sus mejillas habrían estado al rojo vivo. Quedarse en el cuarto de baño y nunca más poner los ojos en Gorgon otra vez sonaba como un buen plan, pero las palabras, vida o muerte, le hicieron imposible atender su vergüenza. Inuno había cerrado la puerta del baño murmurando una disculpa cuando salió a ver lo que fuera por lo que Gorgon les había interrumpido, por lo que tuvo un momento privado para recoger los pedazos de su equilibrio ,y una toalla, antes de seguirles.

- Traté de llamar - Gorgon estaba diciendo mientras se acercaba a la computadora de Inuno, de todas las cosas.

- Inuyasha también lo hizo. Me llamó después de que no pudo contactar contigo. Cuando colgué, corrí de regreso de la ciudad tan rápido como pude. - Inuno se quedó con los brazos cruzados, desnudo, agua cayendo sobre la alfombra debajo de él. Izayoi se percató de que tenía un tatuaje en la espalda de un símbolo que no conocía, pero no se tomó el tiempo para admirarlo, con su atención fija en lo que estaba haciendo Gorgon.

- ¿No puedes decirme qué es lo que es tan urgente mientras preparas la computadora? - Inuno gruñó.

- Ese club de striptease de la otra noche fue incendiado… Los tres yokais están muertos, además de varios humanos también. Pero ese no es el problema real. - dijo Gorgon, mientras sus dedos se movían rápidamente por el teclado.

- ¿Fue Jennifer uno de los humanos muertos? ¿Jennifer Jackson? - Izayoi preguntó, sorprendida por la forma en que fríamente Gorgon describió las muertes.

- Sería mejor si hubiera muerto - murmuró Gorgon. Izayoi jadeó a su respuesta. Inuno le permitió introducirse entre sus brazos, su pelo mojado cayendo sobre los hombros de ella, la boca ligeramente acariciando su sien.

- Esta noticia, aunque importante, podría haber esperado - dijo a Gorgon en un tono duro.

- Esto no puede. - Gorgon levantó la vista después de un poco más de rápidos toques de los dedos.

El sitio para un canal de noticias de Chicago llenó la pantalla de la portátil, segmentos de vídeo de las noticias de las once en el centro de la página. Los ojos de Izayoi se ampliaron a la imagen congelada con el titular de ¿JUEGO DE ROL DE YOKAIS RESPONSABLE DE INCENDIO? No fue el titular lo que le sorprendió. Fue verse a ella misma en la imagen, la cabeza hacia atrás, la boca de Inuno pegada en su garganta.

- Oh, Dios mío - susurró.

Gorgon hizo clic en reproducir, y la voz de la presentadora de noticias fluyó, hablando de la espantosa escena de cuerpos quemados que los bomberos habían encontraron cuando respondieron a la llamada. Sorprendentemente, el incendio había ocurrido anteayer, no ayer en la noche, pero lo que había sido descubierto a tiempo para aparecer en las noticias de las once fue el material de seguridad. El único recuperado de la escena, dañado, pero algunos segmentos restantes todavía visibles.

- … no tienen los nombres de los participantes involucrados - la voz de la presentadora de noticias zumbaba profesionalmente sombría.

- La policía todavía está en proceso de búsqueda de sus identidades, pero como ustedes pueden ver, parece ser una extraña imitación de un ritual yokai… así es, dije yokai… teniendo lugar. Veamos las imágenes, Robert. - El agarre de Inuno sobre Izayoi se tensó mientras ella observaba sin palabras, como su muerte tenía lugar en la pantalla.

Cuando vio a Inuno tirar de su collar y usarlo para cortar y abrir su propia garganta, la mano convulsivamente se cerró sobre su cruz. Debe haber reemplazado la cadena, pensó, sintiéndose entumecida. Ni siquiera notó que en un momento su collar no estuvo, pero había estado aturdida por la sed de sangre ese primer día…

- Te arrepentirás de esto - dijo Inuno en la pantalla a Ryuko después que había terminado de sorber de su cuello y su cuerpo estaba inmóvil.

-¿Me amenazas? - El Guardián de la Ley se cruzó de brazos.

- Te lo prometo - Parecía como si la pantalla se hubiese acercado para mostrar un primer plano de la cara de Inuno.

La imagen se desvaneció para mostrar de nuevo a la presentadora de noticias. Pidió que cualquier persona con información sobre la identidad de las personas en el video contactara con el departamento de policía de Chicago Heights, CrimeStoppers, o la sede de noticias. Izayoi todavía no parecía poder formar cualquier palabra. Mi hermana podría haber visto esto, se encontró pensando en una forma congelada, distante. O su hermano. O su jefe, o Lily, o cualquiera de las otras personas en su oficina… maldición, los policías que habían estado en el juicio de Takemaru hace años podrían reconocerla. En menos de cinco minutos, todas sus posibilidades de volver a algo parecido a su vida anterior fueron incendiadas con la misma eficiencia despiadada con que el fuego destruyó el club de striptease.

- Ryuko… Este es un crimen imperdonable, incluso para él - escupió Inuno. Gorgon le dirigió una mirada firme.

- El Guardián de la Ley alega que tú mataste a esas personas y quemaste el club. - Inuno miró a Gorgon, absorbiendo esa información. Sus brazos se quedaron en torno a Izayoi, sintiendo el sutil temblor que pasaba por ella.

- ¿Era este todo el material recuperado? El video de esa noche es de hace varios días ¿No había una cinta disponible más reciente, tal vez una que mostrara al verdadero asesino y pirómano? - preguntó Izayoi con voz ronca.

Inuno no necesitó ver a Gorgon sacudir la cabeza para saber la respuesta a eso. Había imaginado que las habitaciones en el club eran grabadas en vídeo. Ryuko obviamente lo había hecho también, y el Guardián de Ley se había asegurado de que nada que lo incriminara hubiese sido dejado en la escena.

- No se encontró material de video de fecha posterior de esto, y lo que vieron fue una versión abreviada. El clip completo no está en el sitio de noticias de la estación, pero está en YouTube y varios otros lugares. - No, Ryuko había dejado sólo las imágenes que se veían muy condenatorias para Inuno para cualquier persona en su mundo que las viera.

- Muéstrame - dijo Izayoi de inmediato.

Gorgon miró a Inuno. Él le dio una inclinación de cabeza casi imperceptible. Después de un par de clics, la versión de YouTube comenzó a reproducirse. Era significativamente más larga, partiendo cuando Inuno llegó por primera vez para curar a Izayoi y terminaba con él llevando su cuerpo recién muerto de la habitación. La parte fría de él podía admirar la inteligencia de Ryuko. Grabado en cinta para que todo el mundo viera la amenaza velada de Inuno a los tres yokais que habían herido a Izayoi, su descontento con la clara condena del Guardián de Ley, y su amenaza abierta a Ryuko al final. Brillante.

- Mira los comentarios. Están criticando mi muerte. - La voz de Izayoi era hueca.

Él echó un vistazo a los comentarios debajo de la caja de vídeo. Frases como "¡Oh por Dios es tan falso!", "Debería haber más sangre", "La peor actriz en la historia" y "¿Qué rayos con los estúpidos ojos brillantes?" fue todo lo que leyó antes de cerrar el portátil con un movimiento de su mente. Izayoi tiró de su brazo y Inuno la soltó.

- Necesito… No lo sé. Debería llamar a Tina. Si mañana se despierta y ve esto, va a darle un ataque, pero ¿Qué se supone que le voy a decir? - murmuró mientras empezaba a caminar de un lado a otro.

- Deberías vestirte - dijo él, volviendo su voz más amable para sacar la ira y la amargura que sentía hacia Ryuko.

- Sí, sí... Vestirme. - Izayoi salió de la habitación, todavía claramente conmocionada. Inuno no podía culparla. Sabía que Ryuko había saboteado más que su vida con esta malvada hazaña. Se encontró con la mirada azul de Gorgon.

- Esto es malo - dijo Gorgon, remarcando lo obvio.

- Con Flare, Patches, y Wraith muertos, y el club de striptease quemado, la mayoría de los yokais que vean este video van a creer la afirmación de Ryuko de que cumpliste tus amenazas. - Esa no era la verdadera preocupación, como Gorgon sabía. Matando a tres yokais sin Maestro y unos pocos humanos no despertaría el interés del Concejo de Guardianes. ¿Dejando atrás pruebas de la raza de los yokais para que cualquier humano las descargara en Internet? Eso preocuparía a todos los yokais.

- Ciertamente, sería más fácil creer que hice esto que creer que un Guardián de Ley pondría en peligro el secreto de la raza de esta manera. - La boca de Inuno se torció.

- Tampoco tengo una prueba de mi inocencia. Las únicas personas que saben que estuve aquí durante el incendio son tú e Izayoi. - Los mismos involucrados en el crimen. Ryuko había elegido bien su ataque.

- Tenemos que salir de aquí de inmediato - afirmó.

- Ryuko puede haber apostado que estaba atendiendo a Izayoi por mí mismo en sus primeros días, lejos de la mayoría de mi gente y cualquier coartada para el incendio, pero también puede tener espías observándonos. Incluso ahora, Guardianes o Enforcers podrían estar llegando. - Gorgon le dirigió una mirada sombría.

- Será mejor que ninguno de nosotros se encuentre con algún Guardián hasta que tengas los medios para probar que Ryuko hizo esto. Ryuko quiere algo de ti, pero ni Izayoi ni yo le servimos de nada, y nosotros somos los únicos que podemos respaldar tu inocencia. - Sí, ellos dos serían los primeros objetivos de Ryuko. Inuno calculó sus posibilidades si se quedaban juntos. No le gustaban las probabilidades. Era mejor si se separaban mientras él reunía a sus aliados. De lo contrario, si uno de ellos era capturado, todos serían capturados, y la verdad nunca podría ser hecha pública.

- Vete… No me digas dónde. Permanece oculto hasta que este asunto haya terminado. - dijo en voz baja. Gorgon le dio una palmada en los hombros.

- Tienes aliados que instarán a los Guardianes a escucharte. Cuando llegue el día en que me necesites, allí estaré. - Inuno brevemente tocó las manos de su amigo, el gesto abarcaba las palabras que no tuvo tiempo de decir.

- Vete - repitió.

Gorgon se fue sin tomar nada ni mirar hacia atrás. Sabio. El tiempo era esencial, y lo que no se podía llevar en una mano no valía la pena el retraso para tomarlo. Rápidamente se puso algo de ropa, recogió sólo su teléfono móvil, su ordenador portátil, y su abrigo. Junto con Izayoi, era lo único con lo que pretendía irse. Izayoi se despertó con el sonido de gritos y el silbido de un tren como adentrándose en un túnel. Trato de ponerse de pie en un ciego instinto de supervivencia para evitar la trayectoria del tren, pero brazos fuertes se apoderaron de ella.

- No temas. Estás a salvo. - Inuno. ¿Cuántas veces había oído esas palabras de él? Muchas, al parecer.

Se despertó lo suficiente como para notar que se encontraban en una habitación vacía con varias piezas de grandes equipos apilados contra las paredes. Las máquinas zumbaban con su propio ruido interno al tiempo que en algún lugar por encima de ellos, esa cadencia de gritos seguidos de los sonidos de un tren de carga se elevaba y volvía a caer.

- ¿Qué demonios…? - dijo Izayoi.

- Estamos debajo de una montaña rusa. Big Thunder Mountain, creo que se llama. - Él miró hacia el techo.

Por un segundo, Izayoi no supo si reír o preguntarle si estaba bromeando. ¿Disneylandia? ¿Ahí fue donde Inuno decidió que sería seguro para ellos huir después de salir con tanta prisa? No le había dicho dónde iban cuando les sacó volando de la casa, y quedarse dormida al amanecer le había impedido ver a dónde se dirigían después de varias otras paradas y partidas.

- Primero baños de burbujas. Ahora parques de Disney. Estás destrozando cada mito espeluznante de yokais que he oído. - Inuno se encogió de hombros.

- Es un punto de referencia fácil de encontrar, y vamos a encontrarnos con gente de aquí. Además, necesitabas un lugar seguro para descansar. Estos parques temáticos tienen laberintos por debajo de ellos, con muchas habitaciones de este tipo que no son utilizadas, para mantener la limpieza y el funcionamiento del parque lejos de los ojos de los clientes. - Izayoi digirió esto. No sabía que había algo debajo de Disneylandia, lo que probablemente significaba que un montón de otras personas no eran conscientes de eso también.

- ¿Con quiénes nos encontraremos? - Esto era más seguro que dormir en un coche o en un banco en un parque, eso era seguro.

- Mi co-gobernante y su esposa - respondió Inuno.

- Co-gobernante. ¿Eso quiere decir que es un socio en una gran corporación de yokais que los dos supervisan? - Sus cejas se arquearon.

- En esencia. - La boca de él se curvó.

- ¿Y confías en él? - Izayoi sintió un parpadeo en sus emociones entre tristeza y determinación, era una extraña combinación para sentir con su pregunta.

- Confío en que hará lo mejor para nuestra gente y que va a decir la verdad acerca de sus intenciones, cualesquiera que estas sean - respondió al fin.

- ¿Por qué eso sonó como si no estuvieras dando una respuesta directa a mi pregunta? - murmuró.

- Porque eres perceptiva. - La leve sonrisa de Inuno se hizo más profunda.

Ella miró hacia abajo para ver que ella estaba acostada sobre el abrigo de él, varias toallas, camisetas con capucha, un jersey, y otros objetos blandos con diferentes logotipos de personajes de Disney. Eran el único amortiguador entre ella y el suelo de cemento duro. Negó con la cabeza. Su primer viaje a Disneylandia era como un yokai, escondida bajo una montaña rusa con otro yokai. De repente, Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas parecían normales en comparación.

Inuno le tendió la mano para ayudarla a ponerse de pie. Izayoi la tomó, acostumbrada a la energía natural que emana de su piel. Las primeras veces que la había sentido le había parecido una leve electrocución, pero ahora, disfrutaba de la sensación de hormigueo que tocar a Inuno provocaba. Su poder pulsante ciertamente tenía sus ventajas inesperadas. Después de anoche, Izayoi sabía que su lengua se sentía como un vibrador puesto en la velocidad de Oh Demonios Si. Su mano se tensó sobre la de ella, y su boca de repente le acariciaba el cuello mientras inhalaba allí. El olor de Inuno se intensificó también, esa rica colonia natural de especias oscuras profundizándose y aumentando. Algo se tensó en su interior.

- Me tientas más de lo que puedes imaginar. - Su voz era baja, pero resonante.

- Sean cuales fueren tus pensamientos en ese momento, mantenlos. Endulzan tu olor de la manera más tentadora. - Izayoi casi suspiro por las sensaciones corriendo a través de ella. Ni siquiera necesitaba besarla para sentirse excitada. Sólo estar cerca de él era suficiente para que lo deseara. Ella recorrió su mano libre a lo largo del brazo de Inuno.

- ¿Cuánto tiempo tenemos hasta que debamos encontrarnos con esa gente? - Mucho más que una pregunta sobre su encuentro colgaba en sus palabras. La boca de él se deslizó a lo largo de su cuello otra vez, haciéndola estremecer con el hormigueo adicional.

- Te mereces algo mejor que esto - dijo en voz baja. Izayoi podía sentir su deseo luchando con su sentido del honor —y quería que su honor perdiera.

- Puede ser una lúgubre habitación de equipo, pero por una vez, estamos solos - susurró de nuevo.

- No perdamos eso. - La boca de él provocaba la piel de ella, mientras que más ondas de hormigueo recorrían su cuerpo. Dejó escapar un corto gemido. Sabía que era su poder acariciándola con mil trazos invisibles, algunos de los toques sorprendentemente íntimos. Los colmillos se le extendieron por propia voluntad, y un escalofrío la recorrió.

- ¿Es eso un sí? - consiguió decir Izayoi.

Sus labios se inclinaron sobre los de ella en respuesta. Su boca se abrió a la vez, acariciando la lengua de él con la suya, igualando la urgencia en su beso. Ella gimió de nuevo mientras los toques de su poder se incrementaban, las sensaciones alimentadas por la sensación de sus manos que empezaban a desplazarse sobre ella también.

Cogió los botones de la camisa de él, arrancándolos porque se olvidó de bajar la intensidad de su nueva fuerza. Inuno se despojó de su ropa sin quitar sus manos de ella, todas las costuras separándose y volando lejos de ellos hasta que las piezas restantes cayeron al suelo. Izayoi sintió que su ropa se apartaba de la misma manera, hasta que los dos estaban desnudos, con sus ropas en ruinas a sus pies. Un sonido primitivo se le escapó cuando sintió la dura longitud de él apretada contra su vientre. Luego una tensión por un deseo casi doloroso la inundó cuando cerró la mano sobre él y le sintió crecer aún más. Después de todos los arranques y partidas, las interrupciones, lo quería dentro de ella ahora. La necesidad era demasiado grande para retrasarla con juegos previos.

- Tómame. No esperes - dejó salir en una voz entrecortada una vez que él liberó sus labios para dejar un rastro con su devastadora boca por su cuello. Los dedos de él encontraron sus profundidades en el próximo momento, lo que la hizo gritar por el chisporroteo de la sensación. Le acarició mucho más lentamente de lo que ella lo hacía, su ritmo más rápido haciéndola retorcerse, un profundo gemido escapó de Inuno fortaleciendo su lujuria.

- No estás lista todavía. Te haría daño - dijo con voz áspera.

Ella sentía la necesidad de él, como si se tratara de un ser vivo tratando de usar sus garras para encontrar una salida fuera de él. La intensidad, la fuerza abrumadora del deseo alimentando su impaciencia. Sí, así era como ella se sentía. Como si fuera a morir si él no estaba dentro de ella ahora mismo.

- Desearte duele aún más - se atragantó Izayoi.

Un ruido áspero vino de él justo al sentir su cuidadoso control romperse. La frialdad de la pared se reunió con su espalda en el momento siguiente, Inuno separando sus piernas y levantándola. Su boca clamó la de ella en un tórrido beso mientras su carne dura y gruesa presionó contra su núcleo. Sus terminaciones nerviosas se sintieron electrificadas en ese contacto íntimo, entonces arrancó un grito de ella cuando su empuje la quemó como una marca. Estaba mojada, pero no lo suficiente, no para su tamaño. Sin embargo, Izayoi ató sus brazos a su alrededor y se arqueó hacia él, su necesidad rivalizando con el dolor inicial que había sentido.

- Más - gimió en su boca.

Los músculos de la espalda de él se tensaban bajo sus manos, y luego otro impulso abrasador le trajo más profundo en su interior. Ella gimió mientras la felicidad se combinaba con un destello de dolor, y aún así, no quería que se detuviera. Nada se había sentido tan increíble como Inuno rastrillando su boca con la lengua, mientras que su cuerpo llevaba al de ella hasta el límite

Otro empuje le hizo dejar caer la cabeza hacia atrás mientras el placer ahogaba las punzadas de dolor inicial. Sentía cada aspereza de la pared contra su espalda, cada movimiento de su lengua, manos, y poder, mientras que esa dureza se adentraba en su interior. Sus caderas se retorcieron con una compulsión que no pudo controlar, instándole aún más profundo, hasta que un gemido rasgó por medio de él y se enterró por completo arqueando fuertemente sus caderas.

No tenía necesidad de respirar, pero Izayoi estaba casi sin aliento por el bombardeo de sensaciones. La piel Inuno crujía con energía, cada toque enviando más hormigueos a través de ella, hasta que su cuerpo se sentía como si hubiera estado vibrando con el mismo poder pulsante que el de él. La plenitud en su interior fue abrumadora, haciendo a sus terminaciones nerviosas latir aun cuando esa hambrienta urgencia exigía mucho más.

Separó la boca de la de ella, mirándola a los ojos mientras poco a poco se retiraba. Su pulgar trazaba su labio mientras la otra mano la sostenía en alto, manteniendo sus caderas juntas. Profundo, el placer que fundía los huesos se apoderó del subconsciente de Izayoi mientras él se impulsaba hacia adelante de nuevo, lo que la hizo casi gritar por la aglomeración de éxtasis llenándola.

- Eso es lo que siento cuando estoy dentro de ti. Y sentirás cada parte de ello, te lo prometo. - Su voz era baja, los ojos iluminados de un color rojo cegador.

Una cortina cayó sobre sus emociones entonces, hasta que las sensaciones que Izayoi sentía eran suyas y sólo suyas. Enredó las manos en su pelo, a punto de decirle que derribara la pared así no habría barreras entre ellos, pero un puñado de placer se apoderó de ella antes de que pudiera hablar. Le aclaró la mente de pensamientos, escurriendo un grito en lugar de palabras. Inuno lentamente comenzó a moverse, su boca separándose mientras la miraba, mientras sus cuerpos se fusionaban. Otra presión de placer se apoderó de ella, lo que la hizo jadear su nombre mientras esas bandas de éxtasis en su interior se tensaron.

Él sonrió, tan sensual y hermoso, que era otra forma de felicidad sólo mirarlo. Las manos de Izayoi desenrollaron su cabello para acariciar su espalda, cada vez más excitada con cada flexión de los músculos que suponía otro impulso increíble en su interior. Su boca se cerró sobre la de ella otra vez, el beso de alguna manera más oscuro y más rico. Sus lenguas se retorcieron juntas con la misma suavidad que sus movimientos dentro de ella, la intensificada pasión de Izayoi haciendo que su cuerpo pudiera recibir, sin problemas, todo de él.

Sus manos la recorrieron, mientras que poco a poco comenzó a aumentar su ritmo. Sus gemidos eran ahogados por el beso, uniéndose a los roncos, y guturales ruidos de Inuno a medida que se movían juntos. Cada nuevo impulso desato la intensidad dentro de ella, extendiéndose hasta que todo su cuerpo palpitaba en lugar de sólo sus entrañas. Incluso su piel dolía con un hermoso tormento por un mayor contacto con la de él, haciéndola abrazarlo aún más febrilmente mientras sus piernas se deslizaban en torno a las caderas de él.

Él cogió la parte posterior de su muslo en un apretón fuerte, sosteniéndola más cerca mientras sus empujes se intensificaban. Las olas de placer derramándose desde su núcleo la tenían gritando contra su boca, sus colmillos cortándole el labio mientras su cabeza comenzaba a tirar con creciente urgencia. Su mano se enredó en el pelo de ella, manteniéndola estable, mientras que el beso se volvía mordaz, la boca de él causando estragos en ella con un hambre que era demasiado feroz para ser contenida.

Sus uñas se hundieron en las caderas de él mientras comenzaba a moverse más rápido, rompiendo su razón con ese ritmo incesante. La presión sensual creció hasta que sintió como si fuera explotar si no se detenía —y no quería que se detuviera. Ella quería que él la llevara más allá del borde, a la caída libre.

Inuno liberó su boca con un grito que resonó en el interior del pequeño cuarto. Su ritmo aumentó repentinamente en un grado que hubiera asustado a Izayoi si no fuera por el éxtasis explotando a través de ella. Sus ojos se cerraron, mientras que sus entrañas finalmente convulsionaron por la inmensa dicha, inundándola con una sensación demasiado grande para ser llamada placer. Palabras se derramaron de la boca de Inuno en un idioma que ella no entendía. Lo agarró mientras el orgasmo continuaba palpitando dentro de ella, impactándola con su intensidad. Quería que él sintiera lo mismo que ella estaba sintiendo. Que dejara ir ese último trozo de control.

- Córrete dentro de mí… Necesito sentir que te corres ahora, Inuno… - exclamó Izayoi, su voz casi un susurro.

Otra serie de palabras con voz ronca que no reconoció cayeron de sus labios, pero luego la besó con una pasión que coincidía con la quemante demanda de su cuerpo. Se encerró a su alrededor, moviéndose con él, su mente deslizándose fuera de la realidad en la pura sensación. Sintió el temblor profundo en su interior a continuación, el estremecimiento que pasó de su cuerpo al de ella. Se flexionaba y contraía, incluso mientras un grito áspero se arrancaba de su garganta. Inuno se arqueó, introduciéndose en su interior con tanta fuerza que quedó sin aliento. Su cabeza cayó hacia atrás, el pelo oscuro como abanico detrás de él mientras otro, más largo gemido salía de él. Se ajustó a los espasmos reverberando en el interior de ella, su estruendoso clímax a través de sus entrañas con potentes y rítmicas vibraciones.

Sus brazos se enroscaron alrededor del cuello de él mientras saboreaba los temblores que aún le sacudían. Un profundo sentido de pertenencia la llenó, como si algo largo tiempo inquieto en su interior hubiera encontrado su hogar. Durante varios momentos, ni siquiera quiso hablar, no fuera a ser que las palabras rompieran lo correcto que se sentía este momento. Luego miró más allá de la cara de Inuno para ver el montón de ropa directamente debajo de ellos. Varios metros debajo de ellos, de hecho.

- ¿Qué? - dijo con voz entrecortada. Una mirada alrededor confirmó lo que sus ojos le dijeron. No era la pared rozando su espalda. Era el techo. Una risa baja lo sacudió incluso mientras su distancia al suelo comenzaba a disiparse, sus cuerpos flotando más lento que una pluma a la deriva.

- ¿Pensaste que te dejaría caer? - le preguntó con voz ronca, besando su cuello con una minuciosidad lánguida que se llevó lejos ese destello de ansiedad.

Los dejó en la parte superior de la pila de ropa suave, sin dar la vuelta una vez para ver donde estaba. La dejó sobre él, con las rodillas de ella hundidas en la plataforma de tela a su alrededor, su cabello enmarcaba su rostro como seda negra. Sus manos se perdían a lo largo de la espalda de ella con firmes y suaves caricias, haciendo una pausa en la parte redondeada de sus caderas.

- He oído la expresión escalar las paredes, pero nunca pensé que la experimentaría, y mucho menos así - murmuró ella, su boca curvándose en lo que probablemente era una sonrisa de ensueño.

Él sonrió de regreso, sin filtros, la amplia extensión de sus labios le recordó cómo Inuno era incluso más hermoso sin su habitual expresión impasible. Ella le acarició el rostro, trazando sus dedos sobre los pómulos altos, las espesas cejas oscuras, la boca llena, y su orgullosa e inclinada nariz.

- ¿Qué estás pensando? - preguntó, inclinándose hacia adelante para rozar sus pechos contra él.

- Que me quedaría así contigo siempre, si pudiera - respondió él, su sonrisa desvaneciéndose un poco.

¿Fue la sombra que pasó por su rostro debido a su falta de tiempo porque tenía que encontrase con su co-gobernante pronto? ¿O debido al trabajo de incriminación de Ryuko que implicaba a Inuno en asesinatos que no había cometido? No quería preguntar. Quería mantener este momento sólo entre ellos, sin otras personas o cosas inmiscuyéndose todavía.

- ¿Por qué te contuviste? ¿Para qué no pudiera sentirte? - preguntó ella, apoyando los codos sobre los hombros de él. Su mirada se deslizó sobre sus pechos, presionados ahora contra la pared de su pecho.

- Es un pobre amante el que asegura la satisfacción de su mujer simplemente dejando que ella se alimente del de él - respondió él con un atisbo de sonrisa.

- No creo que necesites preocuparte por eso. Nunca. - Izayoi se rió entre dientes.

- La próxima vez, lo compartiremos juntos. - respondió él, su voz más grave.

Una ráfaga de anticipación la llenó, haciéndola querer convertir la próxima vez en este momento. Pero otro apriete en su interior, una más temido, hizo a Izayoi mirar por la habitación en consternación. Además de las máquinas, el abrigo de Inuno, y la parafernalia de Disney que yacían en la habitación, esta estaba vacía. Y ella estaba muy hambrienta.

Inuno no había traído la nevera de sangre con ellos cuando se había apresurado a salir de la casa en las pocas horas restantes antes del amanecer. Había estado tan impresionada por el video de su muerte y el asesinato y el incendio que le habían adjudicado a Inuno que ni siquiera recordó pedirle que lo trajera. Lo único que había insistido en hacer antes de salir fue llamar a Tina, pero en su prisa, todo lo que Izayoi logró transmitir a su hermana era que estaba a salvo y que le dijera a su hermano que no creyera nada de lo que viera en la televisión. No fue ni de cerca una explicación, pero tendría que bastar por ahora.

- Por favor, dime que metiste un par de bolsas de sangre en tu abrigo antes de salir - dijo, cambiando de posición incómoda mientras la presión en el estómago se incrementaba.

- Te dije que llegaría un momento en que no sería capaz de atender a las preferencias de tu alimentación. Ese momento llegó antes de lo esperado. - La mente de Izayoi se rebelaba ante la idea, incluso mientras su estómago maullaba en necesidad una vez más.

Tragó saliva. Si se negaba y trataba de esperar hasta que se toparan con un banco de sangre u hospital, podría ser lanzada en el mismo apagón de hambre sin sentido que había dominado sus primeros días como yokai. Y si Inuno no estaba justo a su lado cuando eso sucediera, podía matar a alguien.

- ¿Cómo debo hacer esto? - susurró. De ninguna manera quería tratar de arreglárselas por sí misma.

- Vamos a cambiarnos en algunas de estas ropas e ir hasta el nivel del parque. Hay cientos de adultos de los que elegir. - Él hizo un gesto a la pila por debajo de ellos.

Y diciendo esto, Inuno suavemente la puso a un lado y se incorporó, tirando una camiseta de debajo de él y deslizándose en ella. Eligió unos pantalones y se los puso en la misma forma descuidada, completando el encubrimiento de su magnífico cuerpo desnudo, muy a pesar de Izayoi. Sin embargo, no podía quejarse. Si no fuera por ella, podrían haber pasado más tiempo haciendo el amor en lo que ahora era su habitación favorita en el mundo.

A continuación seleccionó un sombrero de la pila, entrelazando el pelo largo y plateado en un nudo y poniendo una gorra de Disney sobre el mismo. El efecto sobre su aspecto fue alarmante. De alguna manera, en cuestión de segundos, Inuno fue de parecer un hombre sorprendentemente elegante al final de sus veinte a un turista mucho más joven que podría conseguir que le pidieran identificación si intentaba comprar una cerveza.

- Eres como un camaleón, ¿lo sabías? - dijo Izayoi.

- Los disfraces son una habilidad necesaria para los yokais. No es sólo una cuestión de cambiarse de ropa, sino que crear un nuevo personaje también. Nuestros rostros se han difundido no sólo en las noticias de Chicago, también los descargaron a través de Internet. No hay que de darle la oportunidad a ningún humano aquí para que nos reconozca, a pesar de que nuestro tiempo no será largo. - Levantó una ceja.

- No has dicho mucho acerca de lo que nuestro plan era cuando nos fuimos antes, luego por supuesto, me desmayé al amanecer. Ni siquiera sé cómo te las arreglaste para llevarnos desde Wyoming hasta el sur de California. No podrías haber volado todo el camino. - Se encogió de hombros.

- Fue bastante fácil hipnotizar a la gente para que nos transportara a donde teníamos que ir una vez que estaba seguro de que no nos habían seguido. - Y con los poderes hipnóticos de Inuno, ninguno de los conductores siquiera recordaría su paso como taxista. La idea hizo a Izayoi pausar. ¿Tenía ella ahora esa misma habilidad para hipnotizar a la gente? ¿O era algo que desarrollaría con el tiempo?

Otro apriete de su estómago le recordó que no tenía el lujo de sentarse aquí pensando en la medida de sus nuevas habilidades. Buscó a través de la pila de ropa hasta que encontró una camiseta y pantalones deportivos, haciendo una pausa para limpiar discretamente los restos de su pasión con uno de los trozos de su ropa destrozada. Luego se metió el pelo dentro de un sombrero como Inuno había hecho. Fue increíble darse cuenta de que pronto, ella aprendería a morder realmente a alguien y beber su sangre… a la vez que llevaba una gorra de Goofy y una camiseta de Minnie Mouse.

Su vida había sido arruinada por Ryuko en todas las formas posibles, pero en este momento, Izayoi no estaba pensando en eso. Increíblemente, era feliz, a pesar de que la felicidad no tenía ningún sentido a la luz de las terribles circunstancias en que ella y Inuno se encontraban. Él le acarició la mejilla cuando se puso de pie, mirándole con más qué interés casual la boca. Izayoi se lamió los labios. Si sólo hubiese pensado decirle a Inuno que llevara algunas bolsas de sangre en el abrigo antes de salir de la casa. Entonces podría haber sido capaz de pasar la próxima hora o así aprendiendo lo que lo hacía gemir más fuerte en lugar de encontrar la manera de morder a alguien.

- Amo tu aroma - Él inhaló, sus ojos brillaban con rojo.

- Lo amo aún más ahora que está en todo mi cuerpo. - casi gruñó. El hambre en su tono hizo que cosas más abajo en su interior se tensaran, pero lamentablemente, su estómago se negó a tomar un asiento trasero en su deseo creciente. Ahí se iban sus planes para más exploraciones en el techo.

- Vamos ahora - dijo ella.

- O no me querré ir para nada, y será peligroso para cualquier persona que entre en contacto conmigo después. - Maldita su necesidad de alimentarse tanto. Disminuiría con el paso del tiempo, le habían asegurado, y no podía esperar. Sería un gran alivio cuando lo único que necesitara fuera una taza de sangre, y eso fuera todo.

- Sí. Ahora - murmuró Inuno. Sus labios rozaron los ella para último beso, casi haciendo a Izayoi decidir olvidarse de la alimentación, pero luego se detuvo, y salieron de la sala de equipos ruidosos juntos.

Continuara…