Hola chicos aquí otro capítulo, ciento haberme tardados tanto pero como saben me estoy cambiando de casa y además tengo clase así que me ocupa todo el tiempo. También aprobecho para recordarles que si no me dejan comentarios me tardo aun más en publicar. Lean disfruten y COMENTEN.

Bye, Bye

Alimentada

Bastaron algunos destellos de la mirada de Inuno para que los empleados con que se encontraron olvidaran que dos personas no autorizadas estaban dando un paseo por las entrañas del parque. Cuando llegaron a la escalera que conducía al nivel del parque, los ojos de Izayoi ya se estaban tiñendo de rojo y sus colmillos comenzaron a sobresalir de sus dientes superiores. Esta era su primera vez entre mortales después de su transición. La sangre la llamaría más fuerte de lo normal a causa del hambre. Su mano se tensó sobre la de él hasta que le habría destrozado los huesos si su poder no lo hubiese protegido automáticamente.

- No me dejes hacerle daño a nadie. - La voz de ella era ronca, sus colmillos cada vez más largos. Él le levantó la barbilla.

- No lo harás. Eres lo suficientemente fuerte para manejar esto. Se sentirá abrumador estar entre la multitud al principio, pero no te centres en sus latidos. Concéntrate en los otros ruidos. Ayudará. - Izayoi hizo un corto asentimiento.

Sus colmillos se retrajeron un poco, y algo del rojo brillante dejó sus ojos mientras reunía su determinación. Él esperó hasta que casi no quedaban rastros de escarlata en su mirada verde claro antes de abrir la puerta. Un arbusto recortado en forma de un elefante escondía la puerta lateral de la vista de los turistas mientras salían. Condujo a Izayoi junto a él al pasillo principal, justo en medio de la multitud. A pesar de que era pasada la puesta de sol, el parque aún estaba lleno. El horario extendido de verano se justificaba para tanta actividad después de oscurecer.

Un estremecimiento pasó a través de Izayoi, y sus ojos brillaron rojos de nuevo, pero Inuno no se detuvo. Tenía que aprender a controlarse a sí misma en torno a una aglomeración de mortales. Era mucho antes de lo que había dejado a otros nuevos yokais enfrentarse a una multitud, pero este curso intensivo era necesario. Mientras Izayoi había dormido más temprano, había intentado ver el futuro otra vez, pero nada había cambiado, excepto que la temida oscuridad parecía estar más cerca. Su tiempo se estaba acabando, e Izayoi necesitaba estar lista para cuando él muriera. Por esa razón había desechado deliberadamente las bolsas de sangre que había traído en su abrigo antes de que ella se despertara, y no se limitó a dejarle que se alimentara de uno de los empleados bajo el parque.

- Baja la cabeza - la dirigió.

Ella bajó la cabeza, protegiendo el destello rojo en su mirada de toda la gente curiosa a su alrededor. Pasaron a través de Fontier Land en New Orleans Square, donde le consiguió a Izayoi un par de gafas de sol. Ella le dirigió una mirada agradecida mientras se los colocaba en el rostro. Ahora, cualquier parpadeo rojo de sus ojos sería silenciado o probablemente se vería como un truco de las gafas.

Su confianza parecía crecer a medida que continuaban su camino a través de la multitud, pero aunque Inuno sabía que todavía luchaba con el hambre, no podía sentirla. Izayoi se había convertido en yokai a través de su sangre y poder, así que formaba parte de él y ella podía sentir sus emociones cada vez que él redujera sus escudos. Él, sin embargo, sólo podía vislumbrar sus sentimientos de la misma forma que antes, a través de su olor, sus gestos, el tono de su voz y su lenguaje corporal. Todos esos le decían que, a pesar de que el hambre seguía aumentando, la fuerza de Izayoi también lo hacía, igualando el desafío de ser empujada en este banquete vivo a su alrededor.

- ¿Sólo tengo que… escoger a alguien, y luego encontrar un arbusto o alcoba para esconderme detrás? - susurró ella. Eso sería suficiente, pero quería que aprendiera cómo alimentarse incluso a plena vista. Lamentó la falta de tiempo para aliviarla más gentilmente, pero las capacidades de Izayoi para sobrevivir por su cuenta eran de primera importancia.

- Vamos a hacerlo allí - dijo, señalando a la estructura delante de ellos en la colina. Ella dejó de caminar.

- ¿Quieres que muerda a alguien, mientras estamos en el paseo de la Mansión Embrujada? - preguntó con incredulidad. Él se encogió de hombros.

- Es más oscuro allí dentro de lo que es en la mayoría de los otros lugares en este parque, y los otros humanos a tu alrededor estarán demasiado distraídos por el paseo para prestar atención a lo que estás haciendo. - Ella comenzó a caminar de nuevo, pero negó con la cabeza.

- Justo cuando pensé que no podía sentirme más rara al respecto - murmuró.

Izayoi estaba de pie junto a Inuno a medida que avanzaban a través del primer segmento del paseo de la Mansión Embrujada. Habían sido empujados dentro de una pequeña sala circular. Entonces, el techo y los retratos se extendieron por encima de ellos, mientras que una voz falsa-espeluznante hablaba de todas las macabras y diversas delicias a la espera de los visitantes. Para algunos más que para otros, Izayoi pensó secamente.

Trató de centrarse en la voz grabada. O las manivelas de varias máquinas y la música y sonidos que se sobreponían de las habitaciones de más allá. En todo, excepto en los cuerpos llenos de sangre a su alrededor. Esta sala estaba llena, con gente rozándose entre sí cada pocos segundos. Si se concentraba, podía ahogar todos los tentadores latidos de corazón bajo la conmoción del resto de la ruidosa atracción.

Cuando las puertas de la habitación se abrieron, se sintió aliviada. Entraron en una sala mucho más grande, en una especie de cinta transportadora, donde los coches de caricaturas llamados Coches de la Muerte estaban siendo sistemáticamente llenados con visitantes. Era mucho más fácil controlarse aquí, sin estar en una pequeña habitación con el equivalente a una comida de cinco platos a su alrededor.

Inuno hizo caso omiso del orden de la fila para dar un paso y acercarse a uno de los asistentes del paseo. Después de un flash casi imperceptible de sus ojos, el empleado estaba muy feliz de sentarlos con una persona más en lugar de dar a Izayoi e Inuno su propio carro. Ella descubrió que no podía mirar al joven en el Coche de la Muerte al que el empleado le había dirigido que se unieran. Sólo la presión constante de la mano de Inuno en el brazo, la llevó al asiento mecánico en forma de cúpula y le impidió huir del todo.

- Hey - dijo el chico a modo de saludo cuando Izayoi se sentó junto a él, Inuno a su otro lado. Ella no se atrevió a responder. La culpa y el hambre competían en su interior. ¿Podría realmente morder a este joven y beber su sangre?

El asistente levantó una barra de seguridad de metal, la comprobó para asegurarse de que estaba cerrada, y entonces se encontraban en su camino hacia la siguiente sección del paseo. Una voz grabada sonaba por los altavoces en el interior del carro mientras el narrador continuaba hablando monótonamente. No era oscuro para sus ojos en el interior del paseo, pero si con varios rincones en sombras, Izayoi sabía que los demás visitantes tenían dificultades para ver lo que ocurría dentro de este bien llamado Coche de la Muerte… a excepción de las veces en que el viaje hacia girar deliberadamente los coches.

- No creo que pueda hacer esto - le susurró a Inuno mientras el hombre reía y saludaba a sus amigos cuando el viaje hizo girar a los coches para colocarlos brevemente uno frente al otro

- Debes hacerlo. - Su mirada se mantenía estable.

El dolor que se extendía por todo su cuerpo con intensidad cada vez mayor parecía estar de acuerdo. Inuno estaba en lo cierto. Ella era un yokai ahora. Podía no estar aún de acuerdo con a la idea, y ciertamente no había pedido esto, pero eso no cambiaba los hechos. O bien aprendía a tomar la sangre de alguien sin causar daño, o se arriesgaba a matar a alguien más tarde, cuando la necesidad se elevara más allá de su control, y no hubiese una máquina expendedora de plasma convenientemente cerca. Inuno se inclinó hacia delante, capturando la atención del hombre joven riendo. Sus ojos brillaron rojos antes de hablar.

- Inclínate hacia atrás con ella en la esquina. No digas nada. No sientes ningún temor. - Esa familiar mirada complaciente se estableció en la cara del joven mientras pasaba un brazo alrededor de Izayoi y los inclinaba hacia el lado del carro. Se quedó sin aliento. Con la mitad de su cuerpo pegado al de ella, su pulso parecía ahogar todos los otros ruidos a su alrededor, centrando su atención en ese ritmo delicioso y constante.

- En la mano es más seguro hasta que tengas más experiencia. Luego avanzas a la muñeca, el cuello… pero nunca muerdas la yugular a menos que tu intención sea matar - Inuno le dio instrucciones con voz tranquila. El carro entró en un salón lleno de falsas imágenes de decenas de fantasmas bailando vestidos con trajes del siglo XVIII.

Izayoi miró a ellos en vez de a la cara del joven mientras poco a poco se deslizaba la mano de él hacia su boca, recordando a sí misma ejercer no más presión que la que había usado al manipular los huevos. Si alguien los viera, todo lo que notarían sería una pareja acurrucada en la esquina del Coche de la Muerte, la mano del hombre sobre la boca de la mujer como instándola a que guardara silencio. Sus gafas escondían sus ojos brillantes, y la mano del joven bloqueaba la vista de sus colmillos a la vista de cualquier persona cuando estos salieron, mientras el pulso palpitante bajo su pulgar se acercaba a su boca. Ella cerró los ojos, recitando "suavemente, suavemente" a sí misma mientras apretaba los colmillos en la vena saltando contra sus labios.

El sabor a ambrosía que inmediatamente le llenó la boca arrastró su último vestigio de duda. Lo que estaba tragando era más rico que el chocolate, más suave que la crema, y se extendía con deliciosa calidez a través de ella. Su mente vagamente reflexionó que esto no era nada parecido a cuando se había alimentado de esas bolsas. Estas siempre habían tenido un débil sabor ácido y la dejaban con un sentimiento de asco, pero esto se sentía totalmente natural. Como si ella fuera parte de una antigua cadena de vida que era a la vez sagrada y misteriosa, oscura y hermosa.

Después de su cuarto trago, los ojos de Izayoi se abrieron. El rostro del joven fue lo primero que vio. Se preparó para una mirada acusadora, pero sus ojos estaban entrecerrados y una sonrisa de pura felicidad envolvía su rostro. Se había presionado más a ella, hasta que la cabeza descansaba sobre su hombro y su cuerpo era una marca insistente contra de su lado derecho. Una mirada a su regazo reveló que él estaba disfrutando de esto un poco demasiado. La mirada de Izayoi voló a Inuno, pero en lugar de celos o censura, su expresión era ligeramente divertida. Con cuidado, Izayoi sacó sus colmillos, sorprendida cuando Inuno se apoderó de la mano del chico antes de que pudiera preguntarle qué hacer a continuación.

- Una forma de curar los pinchazos es cortar la lengua con un colmillo y mantenerlo sobre las heridas antes de quitar la boca. O puedes pasar el pulgar a través de tu colmillo y presionar la sangre a través de ambos orificios. En cualquier elección, la intención es evitar una mayor pérdida de sangre y ropa manchada. - dijo.

Ella pensó que era irónico que el carro les llevara a través de un cementerio cantante mientras seguía las directivas de Inuno. Optó por cortarse el dedo en lugar de su lengua, colocándolo sobre las perforaciones gemelas que había hecho cuando Inuno levantó la mano. Segundos más tarde, cuando comprobó, las heridas por punción se habían curado completamente y así también el corte en su pulgar. No había evidencia en absoluto de lo que había sucedido, salvo el calor extendido por todo su cuerpo en lugar de la persistente hambre.

La culpa y vergüenza que Izayoi esperaba sentir estaban curiosamente ausentes. En cambio, se sentía mejor de una manera que no sólo era debido a su falta de hambre. Todos los latidos de corazón y cuerpos calientes en el interior del edificio ya no se sentían tentaciones que buscaban convertirla en una asesina. La gente a su alrededor se sentía como gente de nuevo. ¿Quién hubiera pensado que alimentarse de un humano la haría sentirse más conectada con su humanidad perdida en lugar de menos?

- Baja las gafas - dijo Inuno en voz baja.

- Luego mírale a los ojos y dile que no recuerda nada de lo ocurrido, excepto el entretenimiento del paseo. - Ella le lanzó una mirada a Inuno.

- ¿Puedo hacer eso… ya? - Se sentía un mundo mejor, más fuerte incluso, pero no como alguien que podría alterar la memoria de una persona con una simple mirada y un comentario. La boca de él se arqueó.

- Sí, ya tienes esa habilidad. - Izayoi trató de reunir su hipnotizador interior mientras se deslizaba las gafas por la nariz, dirigiendo su mirada al joven que todavía se apoyaba contra ella con una sonrisa de ensueño.

- Así que, ah, no pasó nada, excepto, bueno, te gustó el paseo - balbuceó. Dios, ese era un patético intento de hipnotizar. Tendría que hacerlo mejor para hacer que durara.

El joven se sentó, la inexpresividad dejando sus ojos mientras el coche comenzaba su viaje hacia un conjunto de espejos donde la voz automatizada les informaba que pronto se vería si uno de los fantasmas de la mansión había enganchado un paseo en su carro. Inuno estiró el brazo y acercó a Izayoi hacia él, con los brazos rodeándola en un leve abrazo.

- ¿Eso funcionó? - Izayoi soltó con asombro.

- Por supuesto. - Él todavía tenía esa expresión ligeramente divertida.

- Mira. Tienes un fantasma sentado en tu regazo. - Estaba abrumada por la suavidad con que todo había ocurrido cuando el joven se volvió hacia ella con una sonrisa.

Miró a los espejos que recubrían la pared frente a ellos para ver imágenes de vídeo de un hombre gordo con gafas sobrepuesto sobre ella en el coche. La visión de los tres con su pasajero fantasmal sonriendo sólo aumentó el surrealismo que Izayoi sentía. Su primera alimentación como un yokai real contaba con un fantasma falso. El viaje se desaceleró cuando el cuarto contiguo reveló la plataforma de desembarque con su cinta transportadora de gran tamaño. Un empleado bajó la barra de seguridad en frente de ellos y los tres salieron del carro. El joven saludó a sus amigos con la misma mano que Izayoi había mordido antes de que se alejara, sin darse cuenta de que había estado involucrado en un verdadero acontecimiento sobrenatural en el falso viaje embrujado. Inuno y Izayoi estaban casi de vuelta a Big Thunder Mountain, cuando él sintió un cambio de poder en el aire a su alrededor. Por un instante, se tensó, pero luego la onda de energía tocó la fibra sensible de reconocimiento en él. Inuyasha. Tan de él llegar temprano.

- Mi co-gobernarte estará aquí en un momento - dijo a Izayoi.

Ella se quitó las gafas de sol como si acabara de recordar que ya no las necesitaba. Sus ojos no habían cambiado ni una vez después de que se alimentó, y su actitud estaba mucho más relajada. Él esperaba que reconociera la sabiduría de renunciar a las bolsas de plasma en el futuro. La sangre fresca no sólo tenía mejor sabor y la hacía más fuerte, sino que también satisfacía su hambre más a fondo. Él vio a Inuyasha y Kagome a través de la multitud en el otro lado de la montaña rusa. Su co-gobernante no parecía muy contento.

- ¡Maldita sea, Grand sire! - fueron las primeras palabras de Inuyasha mientras se acercaba.

- Has dejado atrás un desastre de cuerpos quemados, yokais muertos, personas desaparecidas, Guardianes amenazando, y pruebas en vídeo de la existencia de nuestra raza. Luego te vas de vacaciones. De verdad deseas morir. - La mandíbula de Izayoi cayó abierta. Inuno le dio un apretón en la mano, notando la aguda mirada marrón de Inuyasha seguir el gesto.

- Ya no. Sabía que el establecimiento estaba siendo monitoreado, y sólo un tonto no esperaría que esos cuartos no fueran grabados en vídeo. Sí, tenía la intención de matar a los tres yokais, pero a nadie más y ciertamente, sin dejar atrás una cinta con mis acciones documentadas. Yo no lo hice. - contestó con frialdad.

- Ibas a matar a Flare, Parches, y Wraith? No creí a Ryuko cuando lo dijo… - preguntó Izayoi, con clara conmoción en su voz.

- Ellos te torturaron. Por supuesto que los iba a matar. - Inuno la miró.

- Uh, antes de que esto vaya más allá, vamos a por lo menos a presentarnos a tu amiga. Yo soy Kagome, y éste es mi marido, Inuyasha. Somos parte de la torcida y pequeña familia colmilluda de Inuno. - Kagome se aclaró la garganta en el tenso silencio que siguió.

Izayoi sacudió la mano extendida de Kagome después de responder con su nombre. Inuyasha estrechó la mano de Izayoi también, pero con una mirada mucho más especulativa que la que Kagome le había otorgado. Inuno encontró la mirada impasible de su co-gobernante, sin responder la pregunta silenciosa que Inuyasha le dirigió.

- Normalmente, te creería, porque eres la persona más paciente y calculadora que he conocido. Sin embargo, en este caso, me siento tentado a creer la afirmación de Ryukotsusei de que fuiste motivado a actuar sin la cuidadosa planificación habitual. - dijo Inuyasha, volviendo al tema original. Su mirada se desvió a Izayoi de nuevo.

- ¿Es seguro hablar de esto aquí? - preguntó Izayoi, señalando a las familias que pasaban por allí en su camino a Fontier Land.

- Lo es si no fueron seguidos. - Inuno dio a Inuyasha una mirada desafiante.

- Tuve cuidado, Grand sire - Inuyasha dejó escapar un resoplido.

- Eso de "Grand sire" es demasiado extraño, teniendo en cuenta que te ves más viejo que él - murmuró Izayoi.

- Sabes, nunca lo había notado, pero tiene razón. Sobre todo ahora, con la gorra de béisbol y toda la ropa de Disney. Todo un aspecto diferente para ti, Inuno. No creo que nadie te reconozca de esta manera. - Una ceja oscura se levantó, incluso mientras Kagome se echaba a reír.

- Sí, estás lleno de sorpresas, ¿no? - Inuyasha estuvo de acuerdo, con otra mirada apuntando a Izayoi.

- Les dijiste que no fuiste el que incendió el club. Si no quieren creerte, deberíamos irnos. Estoy segura que tienes amigos que estarán dispuestos a escuchar tu versión de los hechos. - dijo Izayoi calmadamente, pero con acero subyacente en su tono.

Inuno sintió una oleada de orgullo mientras Izayoi cuadraba los hombros y le regresaba la dura mirada a Inuyasha. Podría escoger otras palabras para él más tarde acerca de su intención letal hacia esos tres miserables yokais, pero todo lo que Izayoi mostraba ahora era su firmeza… y su incapacidad para dejarse intimidar. Era una mujer fuerte. Lo suficientemente fuerte para sobrevivir en este oscuro mundo humano e inhumano, una vez que se él se hubiese ido.

- Eso puede ser cierto, sin embargo, no veo a ninguno de ellos aquí - respondió Inuyasha, abarcando el parque con un gesto de su mano.

- Ni tampoco los verás. Voy a reunirme con ellos sin ti - declaró Inuno con calma.

- ¿De veras? ¿Y por qué es eso? - Ambas cejas de Inuyasha se alzaron.

- Cuanto menos sepas de mis planes para Ryukotsusei, será mejor para garantizar la seguridad de nuestra línea si no tengo éxito - respondió Inuno, su tono endureciéndose mientras la expresión de Inuyasha se ensombrecía.

- Saben, me vendría bien un trago. Izayoi, te importaría hacerme compañía, mientras voy a por un gin tonic? - dijo Kagome, una vez más rompiendo la tensión.

- No será mucho tiempo - Izayoi miró Inuno. Le divirtió y a la vez le emocionó que Izayoi se sintiera protectora con él. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien sintió la necesidad de protegerlo de los demás?

- Gin-tonic, ¿eh? Tengo una mala noticia para ti. No creo que este parque sirva alcohol. - Izayoi preguntó mientras se alejaba con Kagome. La predicción de Izayoi resultó ser verdad, y su nueva compañera se conformó con un granizado de limón en su lugar. Estaba a punto de regresar con Inuno, pero Kagome hizo un gesto con la mano en una mesa cercana con bancos.

- Tal vez deberíamos darle a los chicos unos minutos solos. De esta manera, pueden quemar un poco de exceso de testosterona. ¿Te sientas conmigo? - Izayoi podía aún dar un vistazo a Inuno a través de la multitud de gente que pasaba, incluso si todo el ruido circundante le hacía difícil oírlo. Miró a la pelirroja con cautela, pero la sonrisa de Kagome era suave, carente del velado antagonismo de su marido. Kagome deslizó su granizado de limón sobre la mesa cuando Izayoi se sentó.

- Suficiente azúcar para hacer un dentista llorar, pero es bueno. - Izayoi tomó un sorbo para ser cortés, pero luego no pudo contener las muecas por el sabor. Era como aserrín húmedo.

- Lo siento, no es mi favorito - logró decir, deslizándolo para regresárselo. Kagome tomó otro trago, sin ofenderse.

- Cierto, eres novata. Nada sabrá bien además de la sangre en tu primer par de semanas. Entonces tu paladar se acostumbra. - Izayoi sabía que la mujer frente a ella era un yokai, su falta de ritmo cardíaco había revelado eso en el instante que se conocieron. Se preguntó cuan vieja era Kagome. El cosquilleo que Izayoi había sentido cuando estrechó la mano de Kagome fue mucho menor que el de Inuyasha despedía.

- Terrible, ser traída de vuelta sin poder elegir - continuó Kagome, sin dejar de mirar a Izayoi con esos ojos gris claro.

- Vi el video. Ese Guardián de Ley es un hijo de puta. No te culpo o a Inuno por estar molestos… y si me preguntas, los otros tres yokais se lo merecían, también. ¿Torturarte? ¿Secuestrar a una adolescente y hacer que se quitara la ropa para ellos? A quien le importa. Inuno le hizo un favor al mundo, librándolo de esos imbéciles. - Izayoi soltó una carcajada cuando la comprensión la golpeó.

- Policía bueno, policía malo, ¿verdad? Él llega actuado todo hostil, pero tú suavizas las cosas y me traes para una agradable y pequeña charla. ¿Se suponía que debía ser derribada por tu simpatía y confesar los crímenes de Inuno? Lo siento, vuelve a intentarlo. Algo más original en esta ocasión, espero. - Asintió en dirección hacia Inuyasha.

- ¿Fui tan obvia? Dios, soy muy mala con la sutileza. Soy muy mala en andarse por las ramas, también, así que desde que eres, obviamente, una mujer inteligente, vamos a cortar la mierda y vamos al grano, ¿de acuerdo? - Una sonrisa se dibujó en los labios de Kagome.

- Sí, vamos… No fue Inuno. He estado con él en Wyoming desde que dejamos ese club hace más de una semana. Sí, podría haberse escapado mientras yo estaba inconsciente desde el amanecer hasta la tarde, pero el canal de noticias informó que el incendio comenzó después de la medianoche. E Inuno ha estado conmigo todas las noches desde el momento en que abro los ojos hasta el amanecer, por lo que no podría haber sido él. - murmuró Izayoi.

- Mira, esa es la cosa que de verdad da miedo aquí. - Kagome se inclinó hacia delante, con la voz más baja, pero más intensa.

- Inuno claramente siente algo por ti. La cinta y ver de primera mano cómo actúa a tu alrededor lo demuestran. Normalmente, yo diría vive y deja amar, pero la última mujer por la que Inuno cayó, era un malvada, y una perra asesina. No se atrevió a acabar con ella hasta que casi destruyó a todos —y me refiero a todo el mundo— cercano a él, Inuyasha y yo, especialmente. Así que comprenderás, si la vista de Inuno poniéndote ojos de cachorro, provoca temor en los corazones de mí y quienes vivieron a través de lo que sucedió la última vez que el hombre estaba mal por una mujer. - Izayoi cerró los ojos, escuchando de nuevo la plana entonación en la voz de Inuno cuando le dijo que había participado en la muerte de su esposa.

¿Estaba todavía cargando con la culpa por lo sucedido? Ella ya había conjeturado que las circunstancias habían sido justificadas —si Inuno era un asesino despreocupado, habría matado a Izayoi el día en que se conocieron. La descripción de Kagome de su ex sólo confirmaba la especulación de Izayoi. Inuno claramente no había tenido opción más que matarla si quería que él mismo y los que le importaban sobrevivieran. Al igual que Izayoi no había tenido otra opción que entregar a su esposo por venta de drogas, a sabiendas de lo que le esperaba en la cárcel.

- Así que ¿Estás preocupada de que yo podría ser otra malvada y perra asesina? Tal vez alguien que manipularía a Inuno para incendiar y masacrar a esas personas sólo para vengarse de lo que me pasó, ¿es eso? - preguntó ella, abriendo los ojos.

- Fuiste torturada y asesinada. He sido torturada y casi asesinada, y déjame decirte, juré venganza sangrienta contra todos los que participaron. Si animaste a Inuno a que incendiara el lugar y matara a los yokais, lo entiendo, pero parece que tiene exceso de celo. Él tiende a perder su mierda sobre una mujer que le importa. De cualquier manera, ambos necesitan dejar de correr y hacer frente a las consecuencias antes de que este problema se agrave. - La mirada de Kagome brilló rojo por un segundo.

- No. Fue. Inuno. Fue esa vergüenza de policía llamado Ryuko. Le puso a Inuno una trampa porque quiere algo de él. ¿No prestaste atención a esa parte de la cinta? Si tú e Inuyasha fueran amigos de verdad, habrían dejado de sospechar de Inuno, y comenzarían a ayudar a demostrar quién realmente lo hizo. - Izayoi apretó los dientes, su frustración en aumento.

- Si fue Ryuko, ¿dónde está esa joven bailarina? Jennifer, ¿La que trataste de ayudar? Ella no está entre los muertos, y no ha ido con la policía o su familia. ¿No es extraño que la persona a la que inicialmente trataste de sacar del club sea una de las pocas personas que escaparon del fuego? - Preguntó Kagome.

- Ryuko obviamente sabe cómo hacer un buen trabajo de incriminación. No sería tan convincente si Jennifer terminara muerta, ¿verdad? Si por una vez miraras esta situación con la idea de que Inuno no lo hizo, podrías sorprenderte de que más notarías. Y es posible que quisieras una venganza sangrienta contra las personas que te torturaron. Inuno admitió que tenía la intención de matarlos, también, pero esa no soy yo. Podría matar en defensa propia, pero no en retribución. Es mi meta salvar vidas, no destruirlas - Izayoi se puso de pie, harta de discutir el mismo punto.

Izayoi se dio la vuelta, sintiendo los ojos grises en su espalda mientras se alejaba. Dudaba que Kagome hubiese oído realmente las palabras que había dicho. Parecía que ella e Inuyasha habían tomado una decisión sobre lo que pasó antes de que llegaran. Si estos eran los aliados más cercanos a Inuno, entonces tendrían una mejor oportunidad de derrotar a Ryuko sin ellos.

- No - dijo Inuno por tercera vez.

- Voy a tomar tu palabra de que no lo hiciste. Tus aliados probablemente, también lo harán. Pero tienes muchos enemigos que se están aprovechando de esto, difundiendo la versión de Ryuko de los hechos por todos lados para una manifestación de oposición en tu contra. Si la mayoría de la gente cree que no tuviste nada que ver con este incendio, y luego, entregas a Izayoi a los Guardianes de Ley para que pueda apoyar tu declaración de tu paradero es tu mejor oportunidad. Lo sabes. - Inuyasha se pasó una mano por el pelo en señal de frustración.

- Lo que también sé es que Ryuko la mataría o usaría, y los Guardianes no serían capaces de protegerla porque no sospecharían de él - respondió Inuno inexorablemente.

- ¿No ves que ocultarte con ella te hace ver aún más culpable? Estás diciendo que ella y Gorgon son tu coartada, pero todos ustedes se niegan a presentase ante los Guardianes para responder a la acusación de Ryuko - dijo Inuyasha.

- Ryuko está exigiendo principalmente su presencia, además de la mía. ¿Esto no parece raro? ¿Por qué no iba a ser igual en la búsqueda del otro testigo? – bufo Inuno.

- Sí, es inusual. Creo que Ryuko anda tras de algo. Pero arriesgas demasiado al no entregarla. Podrías ser condenado in absentia si continúas desafiándolos. Izayoi tiene una oportunidad si es entregada a un Guardián en quien confías. No tiene por qué ser Ryuko. Sin embargo, te pones en gran peligro si sigues actuando como si fueras culpable. Grand sire. - La voz de Inuyasha era aguda.

- Por favor, no hagas esto. - Ese tono agudo fue suavizado.

Inuno bruscamente se dio la vuelta y miró fijamente hacia el stand de bebidas. Izayoi y Kagome ya no estaban sentadas en él. Envió sus sentidos hacia el exterior y encontró una oleada de energía inhumana detrás de una alta farola de hierro forjado. Inuno fijó su mirada allí, y en Izayoi detrás de él. Ella se estremeció cuando lo miró, luego fingió atarse los zapatos en una pobre imitación de que no había estado escuchando.

- Estás tan pillada - se oyó la observación conversacional de Kagome mientras se acercaba por detrás Izayoi.

- Inuno - Inuyasha continuó.

- No tengo nada más que decir sobre este tema - respondió él, mirando a Izayoi renunciar a la pretensión de atarse los zapatos

- ¿Ryuko está exigiendo que me entregue para declarar? - preguntó Izayoi a Kagome. Ella había oído hablar demasiado. Inuno le echó una dura mirada a Inuyasha antes de dirigirse a ella.

-A-ja. - estaba diciendo Kagome.

- E Inuno acaba de decir infiernos no. Te dije que no es razonable cuando se trata de una mujer con la que está envuelto. Oh, él está muy envuelto. Parece marcado, también. - Izayoi no se volvió, pero sus hombros se tensaron. Inuno lanzó una mirada de advertencia a Kagome que ella respondió con una sonrisa.

- Tú no eres para nada como era ella, por cierto - prosiguió diciendo Kagome a Izayoi, haciendo caso omiso del ceño fruncido de Inuno.

- Y créeme, quiero decir eso como un cumplido. - Inuno sabía de quién estaba hablando Kagome. La ira estalló en él ante la mención de su muerta, engañosa esposa. ¿Siempre iba ser juzgado por las acciones de Irasue? ¿Podrían continuar los pecados de ella persiguiéndolo, un fantasma que nunca podría poner a descansar?

- El hecho de que algunos cometamos un error en el amor una vez, no quiere decir que estamos condenados a repetirlo - fue lo que contestó Izayoi justo antes de que Inuno la alcanzara.

Él deslizó la mano por su espalda mientras que sus palabras quitaban el aguijón de su ira, disminuyendo una culpa que no había reconocido cargar. Sí, su corazón había sido atrapado por una mujer que sabía tenía la capacidad para un gran mal. Había advertido a Irasue que sus oscuras acciones la llevarían a su destrucción. Ella había optado por permanecer en ese camino sin tener eso en cuenta, determinada a que podría alterar su destino. El fin de Irasue había llegado tal como Inuno había previsto… un cuchillo de plata torcido en su corazón por el yokai que Inuno amaba como un hijo, con quien compartiría su poder, y elevaría a la condición de co-gobernante de su línea.

Pero el hecho de que ese destino amargo le había ocurrido, no quería decir que estaba para siempre condenado a amar a aquellos que lo iban a traicionar. Su mano se deslizó por la espalda de Izayoi una vez más. Kagome estaba en lo cierto. Izayoi no era nada como Irasue, sin embargo, había capturado sus emociones, incluso con más firmeza que su traicionera ex esposa. Este podría ser el final de su vida, pero lo veía como bien vivido.

- Nuestro tiempo con ellos ha terminado - dijo a Izayoi.

- Hay más que aún tiene que ser resuelto… - Inuyasha dio la vuelta para estar de pie junto a Kagome.

- Terminado. Protege la línea. Hasta que esto se resuelva, es tuya. - repitió Inuno en un tono más duro. Luego puso una mano sobre el hombro de Inuyasha, reuniéndose con la obstinada mirada marrón de su co-gobernante.

- No puedes hacer eso - dijo Izayoi, conmoción en su tono. Ella tenía que haberse dado cuenta de a lo que estaba renunciando con esas palabras.

- Sabia muchacha, deberías escucharla - murmuró Inuyasha.

- No es permanente. - Inuno dejó caer la mano del hombro de Inuyasha y la colocó sobre la espalda de Izayoi de nuevo.

- Ryuko no ha podido vencerme en todos sus muchos previos intentos. Volverá a fallar ahora. Tan sólo necesito tiempo. - Inuyasha abrió la boca, pero Kagome le tocó el brazo.

- No te molestes. No renunciarías a tu novia tampoco si estuvieras en su lugar. Inuno, déjanos saber lo que necesitas. Vamos a jugar al tonto con respecto a tu paradero con los Guardianes mientras tanto. Izayoi, un placer conocerte. Inuyasha... nos vamos. - Inuyasha lanzó una larga mirada a su esposa. En su olor todavía se arremolinaba la frustración, pero luego se encogió de hombros en señal de conformidad.

- Muy bien, Gatita. Grand sire, sinceramente espero que sepas lo que estás haciendo. Izayoi, tal vez la próxima vez, nos encontraremos en mejores circunstancias. - Entonces los dos yokais se giraron y se alejaron, su sorprendente aspecto era lo único que hacía que alguien les lanzara una segunda mirada al pasar.

La energía en el aire se desvaneció, llenándose en su lugar con las vibraciones más suaves que despedían los mortales. Izayoi enfrentó a Inuno, su mandíbula fija en una terca línea. Él aclaró la expresión de nuevo a su máscara impasible mientras esperaba a que ella discutiera sobre su negativa a entregarla a Ryuko o a otros Guardianes de la Ley. Entonces, inesperadamente, sus manos lo tomaron por el cuello redondo de la camiseta.

- Ven aquí - dijo ella. Se inclinó casi con cautela, pero su vacilación terminó cuando Izayoi tocó sus labios con los de ella. Él saboreó la sensación de su boca llena, luego los placeres de su lengua cuando ella abrió los labios. Un lento fuego comenzó a encenderse en su interior. Tantas horas hasta el amanecer… Ella rompió el beso para mirarlo a los ojos.

- ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que nos encontremos con el siguiente grupo de aliados? - susurró. Un destello de escarlata apareció en sus ojos de color rojo claro, cada vez más oscuros y más brillantes. Dejó de acariciar su rostro para cubrir su mano con la de él.

- Hasta mañana - dijo con voz ronca.

- Bien. - Los colmillos de Izayoi ya habían comenzado a descender con deseo.

- Entonces vamos a volver a la sala de máquinas ahora y... - Poder arrasó a través del aire en el siguiente momento, haciendo que Inuno buscara en torno a su fuente interrumpiendo su casi beso con Izayoi. Inuyasha corría entre la multitud, demasiado rápido para ser observado por los humanos como algo más que una ráfaga de viento, Kagome justo detrás de él.

- ¡Enforcers! Cerca de una docena de ellos entran por las puertas principales del parque ahora. No sé cómo se las arreglaron para seguirme, pero deben haberlo hecho. - anunció Inuyasha cuando los alcanzó. Sus ojos brillaban de color rojo.

Era lamentable, pero no fue una completa sorpresa para Inuno. Inuyasha era inteligente y cuidadoso, pero un yokai no se convertía en un Enforcer antes de cumplir 500 años de edad y completar un riguroso proceso de entrenamiento. No eran los soldados detrás del poderoso cuerpo gobernante de todos los yokais porque fueran nada menos que excepcionales. Por eso Inuno había elegido el parque. Sería un lugar del que sería relativamente más fácil escapar.

- Váyanse. Si luchan contra ellos, podrían ser condenados por los Guardianes conmigo. Váyanse de aquí y renuncia a mí porque fui un tonto que no quiso escuchar tus insistencias de que me entregara. - dijo con un gruñido.

- No lo haré - dijo Inuyasha con voz áspera.

- Hacer cosas que no siempre quieres hacer es el precio que viene con ser el Maestro de una línea. - Inuno le dirigió una mirada rápida y dura.

- Ahora, protege a nuestra gente y vete. - Empujó a Inuyasha y Kagome lejos de él, entonces, con una ráfaga de su poder les lanzó por el aire lejos del parque. Izayoi soltó un ruido conmocionado y unos pocos humanos levantaron la vista en confusión, sin duda, sus mentes rechazaban lo que su visión había capturado con sólo un vistazo.

- Tenemos que irnos también. Vamos, a volar lejos de aquí. - dijo Izayoi, tirando de su mano.

- Espera. - Lo haría, pero no aún. Una docena de yokais Maestro de la élite de Guardianes Enforcers se presentaron en la entrada de Fontier Land.

- No voy a ser la causante de muertes, Inuno. Es mi elección, y si no nos vas a sacar de aquí, elijo entregarme. - A su lado, el agarre de Izayoi en su mano se tensó.

- Si me quieren, aquí estoy. - Él sacó su mano de las de ella con un pellizco de su poder. Entonces extendió los brazos a los Enforcers.

Izayoi, vio a la docena de yokais descender sobre ellos como si fuera algo sacado de una pesadilla. Se movieron pasando a la gente en el parque como si ni siquiera estuviesen allí, con un único propósito que la hacía debatir si debía ir corriendo hacia ellos y entregarse. No podría soportarlo si se desataba una pelea que dejaría a los inocentes visitantes del parque (hombres, mujeres y niños) en la línea de fuego donde podrían resultar lastimados. O peor. Ella jadeó algo tratando de hacer a Inuno entrar en razón, pero él escapó de su agarre frenético y su respuesta a los Enforcers la sorprendió.

- Si me quieren, aquí estoy. - El abierto desafío en su voz, decía que no tenía intención de irse en silencio. Oh Dios, ¡No podría significar que lucharía contra ellos! ¡No aquí con todas estas familias alrededor!

Izayoi soltó un ruido horrorizado a los yokais avanzando, tanto hombres como mujeres, sacando brillantes hojas de las vainas en sus cinturones y acelerando su paso. Unas pocas personas se detuvieron a mirar, pero Inuno ni siquiera se inmutó. Él se quedó de pie allí con los brazos extendidos hacia fuera y los pies plantados en el suelo.

- Inuno, por orden del Consejo de Guardianes, vendrás con nosotros. - uno de los Enforcers gritó.

Un sonido de explosión apagado seguido de una lluvia de múltiples chispas llenó el aire en el instante siguiente a la vez que todas las luces se apagaron en su sección del parque. Incluso las de emergencia impresionaron con pequeños ruidos, sumergiendo Fontier Land entre las sombras para Izayoi, pero en la oscuridad para cualquier humano. Alrededor de ellos varios sonidos de los paseos del parque se detuvieron. Varias personas jadearon. Algunos niños comenzaron a llorar, pero aparte de dar a Inuno una mirada de advertencia, los Enforcers no reaccionaron. Ellos seguían acercándose.

Izayoi intentó correr hacia ellos, tratando de evitar una confrontación mortal le gustara o no a Inuno. Pero después de dos pasos, se encontró con que no podía moverse. Su cuerpo se sentía como si hubiera sido de alguna manera encerrado en un bloque de concreto hasta el cuello. Todavía podía girar la cabeza, así que lo hizo, justo a tiempo para ver a Inuno darle un ceño fruncido de censura.

- Eso no es necesario. No será derramada sangre esta noche. - Entonces poder inundó el aire en una onda de marea, Inuno de pie en el centro de la misma.

Todos los Enforcers repentinamente comenzaron a detenerse, sus movimientos rápidos y precisos, ahora lentos. Al mismo tiempo, los humanos alrededor de ellos, adultos y niños por igual, retrocedieron en sincronía perfecta, rápida. Pronto la zona estaba vacía de todo el mundo excepto Inuno, Izayoi, y los Enforcers, cuyo impulso se había reducido ahora a la velocidad de una tortuga.

- Libéranos… ahora - el que se había acercado más a Inuno exigió en un gruñido ahogado.

Él cerró los puños en respuesta. Otra ola de poder fue puesta en libertad, resultando en que todos los cuchillos de plata de los Enforcers fueron arrancados de su agarre a la tierra en un montón a los pies de Inuno. Entonces como uno solo, los Enforcers fueron lanzados hacia la noche, más allá de la altura de la montaña rusa cercana, antes de ser golpeados en el suelo. El impacto rompió el concreto y envió una onda de choque a través de su sección del parque haciéndola temblar. Gritos llegaron desde el perímetro a pesar de que pocas personas habían sido capaces de ver lo que había pasado.

Igual de abruptamente, esa docena de yokais fueron elevados en el aire, esta vez golpeándose entre sí en lugar de la calle. Izayoi se sorprendió cuando vio a los poderosos Enforcers reducidos a verse como si fueran participantes en una especie de espectáculo de marionetas kamikaze.

- Vinieron a detenerme por un crimen que no cometí - dijo con calma Inuno por debajo de ellos.

- Díganle a Ryukotsusei que me presentaré ante el Consejo de Guardianes… una vez que tenga pruebas de quien verdaderamente cometió esos actos. - A continuación, los Enforcers fueron lanzados hacia arriba antes de golpear el suelo otra vez, y otra vez, y otra vez. Izayoi estaba demasiado sorprendida por su macabra rutina de rebote, la que rompía más concreto cada vez, para darse cuenta de que Inuno ahora estaba a su lado.

- Tenemos que irnos. - Casi aturdida, asintió con la cabeza, poniendo sus brazos alrededor de su cuello mientras la sujetaba a él.

Luego Inuno se lanzó al aire, los Enforcers todavía golpeando firmemente el suelo debajo de ellos. Inuno mantuvo un brazo alrededor de Izayoi, mientras los lanzaba hacia arriba en el cielo. Mantuvo la mitad de su concentración en los Enforcers abajo, tratando de aturdirlos en la medida de lo posible con los impactos repetidos, pero pronto su poder sobre ellos se rompería mientras la distancia entre ellos creciera.

Una vez que sintió el quiebre mental, Inuno volvió toda su atención en impulsarlos más alto en el cielo, más arriba de lo que se hubiera atrevido cuando Izayoi era humana. Después de varios segundos, el aire se hizo más frío, y las luces por debajo de ellos se atenuaron. Aun así, no disminuyó la velocidad. Conocía el temple de los Enforcers. Ellos se recuperarían rápidamente, entonces irían tras de ellos.

Muy pronto sintió otra oleada de poder en las corrientes por debajo de ellos. Se centró en él, enviando una explosión concentrada de fuerza hacia abajo, hacia la fuente. Fue recompensado con un grito ahogado y la disipación brusca de esa energía. El Enforcer probablemente se recuperaría antes de caer al suelo. Si no, las montañas estaban ahora por debajo de ellos en lugar de los miles de humanos inocentes que estaban en el parque de diversiones, y un aterrizaje brusco no mataría a un yokai.

Otros dos tipos más de poder cabalgaron sobre las corrientes de aire detrás de ellos. Inuno sacudió sombríamente su cabeza mientras utilizaba más de su fuerza para enviarles un par de impactos de gran fuerza que los envió cayendo hacia la tierra. Matarlos en el parque hubiera sido mucho más fácil, pero Ryuko quería que Inuno los matara. Asesinar, incluso a uno de los Enforcers aseguraría de que todos los Guardianes se unirían contra él. No podía hacer eso, pero eso no quería decir que les permitiría capturarlo o Izayoi. La única sorpresa fue que Ryuko no había llegado con los Enforcers para asistirlos en su intento de atraparlo.

- Frío... demasiado frío - murmuró Izayoi.

Escarcha comenzó a cubrirlos a los dos, pero no podía arriesgarse a ir más bajo. Tomó una gran parte de su considerable poder para seguir así de rápido y a esta altura. La mayoría de los Enforcers no serían capaces de igualar esta altura y velocidad. Era su mejor oportunidad de escaparse lejos sin recurrir a matar a quienes les perseguían. Una vasta extensión de color azul oscuro bordeaba las luces intermitentes por debajo de ellos. Inuno le dio una mirada especulativa. Tal vez había otra manera de perder a los Enforcers sin agotar sus fuerzas en esta altitud o con las explosiones de energía necesarias para desviar a sus perseguidores.

Inuno giró hacia ese continuo tramo azul, bajando su altura hasta que el hielo ya no se cristalizaba en la piel de Izayoi. Al mismo tiempo, sintió la carga de tres Enforcers más viniendo abajo ellos. Dejó a que se les acercaran. Más cerca, más cerca… Envió una explosión triple de poder que les hizo girar de nuevo hacia las montañas. Un estiramiento alrededor con sus sentidos reveló que los otros Enforcers no estaban cerca. Satisfecho, Inuno envolvió ambos brazos alrededor de Izayoi y disparó sus cuerpos en línea recta hacia abajo, hacia esa invitadora plataforma índigo.

- ¡Inuno, no! - gritó Izayoi. Sus cuerpos entraron como un torpedo en el océano un momento después.

La explosión del impacto sacudió a Izayoi, enviando un dolor candente a través de su cuerpo. Durante unos segundos, se quedó pasmada. Entonces el dolor se disipó, reemplazado por una inexplicable subida de pánico. Tuvo que recordarse que no había nada que temer. No tenía necesidad de respirar nunca más, pero una parte de ella todavía quería gritar cuando Inuno los precipitaba más profundo en el océano. Iba más lento en el agua de lo que había sido en el cielo, pero tan rápido que aún sentía como si estuvieran siendo tirados hacia abajo por una gran cadena invisible. El agua la rodeaba con un abrazo cada vez más apretado, la presión cada vez mayor hasta que se sentía claustrofóbica. Nada más que líquido estaba a su alrededor, y la comprimía con la fuerza de un puño cerrando lentamente sobre su cuerpo.

Luego comenzaron a detenerse, y flotaba lado a lado a través de las profundidades. El agua se abría a su alrededor con las explosiones de poder de Inuno que los propulsaban, cortando horizontalmente hacia las profundidades, como si sus cuerpos se hubiesen transformado en un único torpedo. Finalmente, esa sensación se detuvo. Izayoi abrazó con fuerza a Inuno, esperando otra explosión de movimiento en cualquier segundo, pero se quedó quieto. Ni siquiera era consciente de que tenía los ojos cerrados hasta que la sal picó cuando los abrió. Inuno los había suspendido en las sombras más profundas que jamás había visto como un yokai, sólo el destello brillante color escarlata de sus ojos les daba una forma de iluminación.

Izayoi se frotó los ojos, pero no ayudó al picor. Su control sobre ella se aflojó hasta que sólo un brazo la sujetaba a él. Miró hacia arriba, luego a ella, y negó con la cabeza. Supuso que eso significaba que no podía ir a la superficie en cualquier momento en los próximos minutos, lo que, aunque sabía que las probabilidades eran escasas, todavía era lo que esperaba que sucediera. La presión a su alrededor se agregó a la sensación de que estaba siendo asfixiada… a pesar de que había pasado horas sin un solo aliento todos los días de la semana pasada. La oscuridad también aumentó su intranquilidad, lo que no tenía sentido. Recientemente, se había lamentado de que no volvería a ver la oscuridad de nuevo, sin embargo, aquí había un decente sustituto a su alrededor, y lo odiaba. ¿Con qué rapidez se había acostumbrado a la capacidad de ver todo a su alrededor con la claridad del cristal?

Izayoi no llevaba reloj, pero se golpeó la parte superior de la muñeca con lo que ella esperaba fuera una mirada inquisitiva. Inuno levantó dos dedos en respuesta, casi la llevó a intentar maldecir bajo el agua. ¿Dos horas aquí abajo? Si veía un tiburón, gritaría sin lugar a dudas, a pesar de que tenía dientes afilados ahora, también. Algo le acarició en la espalda. Izayoi se volvió con un grito en silencio, pero no había nada, además del azul oscuro por lo que podía ver. Ese roce vino de nuevo, desde los hombros hasta la parte baja de la espalda en una caricia tranquilizadora y firme. Se relajó. Inuno.

Se volvió hacia él, su rostro se iluminó con el brillo de su propia mirada. Su cabello flotando a su alrededor en una nube de plata, los bordes de su camiseta flotaban hacia arriba para revelar ese firme, suave y musculoso estómago. Los firmes planos de su cara se veían casi inquietantemente bellos contra el fondo de ese infinito lienzo índigo detrás de él, las corrientes submarinas suavemente desordenando su pelo. Era tan impresionante… y la cantidad de poder que era capaz de manejar era aterrador.

Había golpeado a Inuyasha y Kagome fuera del parque con tanta facilidad como si quitara una pelusa de su camisa. Luego había desarmado a los Enforcers. Trasladado a la gente lejos del peligro. En varias ocasiones golpeó a los Enforcers contra el suelo con tanta facilidad como un niño rebotaba un balón — todo ello sin tocar a ninguno de ellos. Entonces los había llevado hasta los límites del cielo antes de caer a las profundidades del océano, mientras que lo hacía parecer fácil. Izayoi ni siquiera podía comprender la magnitud de sus habilidades. Ya estaba desconcertada sobre cómo podía controlar la mente de cualquier humano con un destello de su recién brillante mirada, y eso era nada comparado con lo que Inuno podía hacer.

Él le miró, su rostro usando su usual expresión enmascarada, pero astillas de preocupación pasaban a través de su subconsciente. No sus emociones. Las de él. ¿Creía Inuno que su demostración asombrosa la espantaría? A nivel de habilidades, ellos estaban totalmente en rangos diferentes. Él tenía fácilmente más de mil años que ella, también, lo que era difícil de contemplar. Además, había tenido esa desafortunada tendencia a pensar por personas, como había admitido antes y probado otra vez cuando no le permitió entregarse a los Enforcers.

Sin embargo, con todo su asombroso poder, Inuno aún tenía una fuerte conciencia. El poder absoluto corrompe absolutamente, había bromeado una vez, sin embargo, había demostrado en repetidas ocasiones lo contrario con sus acciones. Para toda la desigualdad de sus poderes, Inuno se mantuvo en terreno emocional de igualdad con ella, siempre dándole la libertad de aceptarlo o rechazarlo. Su sentido práctico le había advertido que sus diferencias eran suficientemente enormes para destrozarlos, aun no estando en grave peligro por Ryuko, los Enforcers, y los otros Guardianes de Ley. Sin embargo, su instinto le decía que Inuno estaba destinado a ser suyo.

Izayoi se encontró sonriendo ante la idea. Inuno de ella. Ella llegó a través del agua que los separaba, acariciando su cara, sintiendo la chispa de su poder contra su piel. Mío. Se sentía correcto. Se sentía más correcto que cualquier otra cosa, de hecho. Él la tomó en sus brazos, emociones demasiado fuertes para ella para nombrarlas rozando en contra de su subconsciente. De repente, la idea de dos horas en el océano así, no era desagradable. No, si podía abrazarlo y sentir todo lo que él no se había permitido decirle aún.

Continuara…