Intenciones ocultas
Inuno escaneó las hileras de casas en el valle por debajo de ellos. Una ligera brisa le agitó el cabello mientras se enfocaba en cada residencia, en busca de una que no contuviera latidos. Junto a él, Izayoi estaba en silencio, pero un ligero estremecimiento pasó a través de ella. Los dos estaban todavía mojados, y era más frío aquí, mucho más lejos de la costa de California donde se habían sumergido al océano horas antes.
- Ahí - dijo él, poniéndose de pie.
- Sé que está mal entrar en la casa de alguien cuando no está, pero no puedo esperar para librarme de toda esta sal seca. Pica. - Izayoi se levantó, dejando escapar un sonido de alivio.
- La casa tiene un letrero de A LA VENTA. Dudo que alguien la ocupe. ¿Serviría para aliviar tu conciencia, si posteriormente arreglo enviarles a los dueños un pago para cubrir nuestra breve estancia? - Él le dio una mirada divertida mientras se dirigían hacia la residencia vacía.
- Serviría, en realidad. Aunque eso no hace que el allanamiento de morada esté bien, pero así no me sentiría tanto como un ladrón. - dijo ella.
- Dalo por hecho. - Era un pequeño gesto para apaciguar su sensibilidad, a pesar de que él no tenía intención de que los residentes o los agentes inmobiliarios fueran conscientes de que alguien había estado en la casa. Sin embargo, tenían cuatro horas antes de que se reunieran con su aliado, y no tenía la intención de pasar ese tiempo con Izayoi húmeda, fría y miserable.
Se encontraron con el jardín de la casa cinco minutos más tarde. Inuno apagó las luces de sensor de movimiento con un chasquido de su mente una vez que se acercaron al lugar, luego deshabilitó las líneas de la alarma antes de abrir una puerta lateral. Podría haber elegido un barrio más modesto para buscar casas vacías. Unas que quizás no tuvieran sistema de seguridad, pero esta estaba más cerca de su punto de encuentro. E Izayoi se merecía un entorno más lujoso para compensar la miserable sala de equipos en la que había despertado ayer.
La quietud vacía de la casa les llamaba tentadoramente. Izayoi no era la única que esperaba descansar durante unas horas. Había agotado gran parte de su energía entre los Enforcers, la altura a la que había volado, navegar a través del océano, y luego volar hasta aquí. Necesitaba alimentarse también, pero eso podría esperar hasta más tarde, cuando estuviesen a salvo con su aliado.
- Podrías ser el mejor ladrón de bancos del mundo si quisieras - comentó Izayoi mientras entraban por la puerta que había abierto. Ninguna alarma sonó. Bien. Algunos sistemas eran más sofisticados que otros. La casa estaba amueblada, pero tenía una sensación de vacío que hablaba de las semanas en las que no había sido ocupada.
- No me da ningún placer robar. A veces es necesario, como el esperar aquí, o beber de los seres humanos sin ellos saber que me ofrecen sus venas. O cuando hipnoticé a aquellos conductores para que nos llevaran a nuestro destino. Pero tomar algo cuando lo mismo se puede comprar o dar libremente... no, esa no es mi manera. - respondió con un encogimiento de hombros.
- Voy a encontrar una ducha y esperar que haya agua para que pueda quitarme esta sal de encima. ¡PICA! - Izayoi le dirigió una larga mirada antes de alejarse.
Y diciendo esto, subió la brillante escalera de mármol y desapareció en el segundo piso. Inuno miró detrás de ella, midiendo si había algún significado adicional detrás de sus palabras. Mucho podría haber cambiado entre ellos después de que los Enforcers los hubiesen embestido en el parque. Ella había estado, obviamente, sorprendida por las cosas que él había hecho, pero luego le había abrazado en las oscuras profundidades del océano con ternura mientras esperaban para asegurarse de que ningún Enforcer los encontraría. La voz de Izayoi también se profundizó muy levemente cuando dijo que buscaría una ducha. No podía decir si su olor había cambiado también, aún olía demasiado fuerte al océano para capturar cualquier tenue matiz de deseo. Pero sus ojos parecían haber brillado escarlata un poco antes de que se diera la vuelta.
Tenía la intención de descubrir si tenía razón. El sonido de agua cayendo comenzó cuando Inuno dio el primer paso por las escaleras. Subió lentamente, escuchando el roce al quitarse ropa mojada, luego el suave sonido de disfrute que Izayoi hizo cuando estuvo bajo el rocío del agua. Siguió los sonidos mientras continuaba hacia el segundo piso, pisando las mismas huellas húmedas que ella había hecho sobre el mármol, dirigiéndolo hacia el baño donde estaba. El baño con la puerta abierta…
Inuno se quitó la camiseta mojada, dejándola en el suelo. Sus zapatos y empapados pantalones siguieron el ejemplo, el inútil teléfono móvil dentro de ellos haciendo un ruido sordo al golpear el mármol. Luego entró desnudo al baño. El vapor lo envolvió cuando entró en la ducha cerrada. Izayoi estaba bajo el rocío, de espaldas a él, su cuerpo suavemente brillante. El peso del agua volvió su cabello un tono más oscuro de castaño, causando que cayera hacia abajo para cubrirle los hombros.
Ella se inclinó hacia atrás en sus brazos sin dudar, desencadenando un sentimiento de profundo alivio en él. No fue sino hasta ese momento que se dio cuenta de cómo arrasaría con él, un rechazo de parte de ella. Sus manos casi temblaban cuando las deslizó por los elegantes y suaves planos de su cuerpo. Mi Izayoi. Mi fuerte y hermosa dama oscura.
Le besó la parte posterior del cuello, el agua corriéndole sobre la cara desde la regadera. Un suave gemido salió de ella. Trató de darse la vuelta, pero él la sujetó dónde estaba. En su impaciencia de antes, se había descuidado explorarla en la forma en que quería. Lentamente. A fondo. Hasta que se retorciera por él.
Inuno separo los brazos de Izayoi, apoyándola contra la pared de la ducha con su cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante. Sus manos le acariciaban el frente mientras su boca hacia lo mismo por su espalda, mientras gozaba de los pequeños y afilados jadeos de ella. Su poder encerrado, buscando todas las curvas de su cuerpo a las que sus manos no habían llegado todavía. Cuando su boca cayó en la curva de su espalda, dejó caer su escudo para q Izayoi pudiera sentir su hambre. Su anticipación y lujuria mientras expandía los globos de sus mejillas para introducir su lengua en... Su valle.
Ella se estremeció, un sonido áspero escapando de ella. Él le abrió más aún las piernas, arrodillándose, buscando su dulce centro. Su siguiente lamida lo encontró, y la apretó más cerca. Ella se inclinó hacia adelante más aún cuando su espalda se arqueó. Una onda larga pasó por ella.
- Por favor. Necesito tocarte. - exclamó Izayoi.
Sus rodillas temblaban mientras la lengua de él se arremolinaba más profunda en su interior. Él inhaló, deleitándose con su aroma, su sabor, y los temblores que sintió vibrar en contra de su boca. Su poder la mantenía en posición vertical, mientras que sus manos seguían acariciándola, la humedad en su lengua cada vez mayor, mientras los gemidos de Izayoi se convertían en sollozos. Ella se echó hacia atrás, balanceándose en su éxtasis, incitándole a introducir la lengua más rápido y más profundo dentro de ella. Un triunfo primitivo le llenó cuando sus jugos empezaron a cubrirle la boca a pesar de que el agua aún caían en cascada a su alrededor.
- Ahora, ahora, ahora - ella casi gritó, soltando la pared para poner sus manos en puños.
Inuno se levantó en un movimiento ágil, llenándola en un sólo y poderoso empuje. Arrancó un grito de ella, pero no se debía a dolor, y sus muros se cerraron alrededor de su eje en éxtasis en lugar de tensión. Un gemido gutural salió de él mientras la agarraba por las caderas y comenzaba a moverse con movimientos lentos y profundos. Ella estaba tan apretada, pero tan húmeda, cada apretón inundando su cuerpo con un placer casi insoportable. Su boca se aferró a su cuello mientras le trajo más cerca contra él, su espalda frotándole el pecho y esas nalgas deliciosamente llenas provocando sus entrañas. La cabeza de ella cayó hacia atrás mientras sus brazos se levantaron para rodearlo por la espalda, sus caderas igualando el ritmo creciente de él.
El placer corrió por todos los nervios de su cuerpo. Creció aún más cuando los gritos de ella se hacían más fuertes, el apretón de su carne en torno a él más fuerte. Aumentando la intensidad hasta que sintió que se quemaba de adentro hacia afuera, su piel tan apretada y caliente, incluso el rocío continuo de agua de la ducha era dolorosamente erótico. No podía dejar de moverse más rápido, conduciendo a Izayoi con un hambre desenfrenada que exigía su respuesta. Lo llenó de alegría cuando ella gritó, y los espasmos apretaron su eje. Su apretón de éxtasis interior sólo agudizó el placer, haciendo vibrar su cuerpo con una cadencia en respuesta. Quería enterrar su semilla profundo en el interior de ella, pero aún más que eso, quería sentir la pinza dulce de su orgasmo a su alrededor otra vez. Ahora mismo.
Ella no había dejado de temblar por su liberación cuando Inuno salió de ella, girando para que estuviera frente a él, cubriendo la boca de ella para capturar su gemido. La lengua de Izayoi acarició la de él casi febrilmente mientras empujaba dentro de ella otra vez, los escalofríos restantes de su clímax vibraban a lo largo de su cuerpo con una sensualidad sin fin. La levantó, usando su poder para deslizarlos de la ducha al dormitorio antes de bajarla en la cama. Otro empuje largo y profundo le había hecho cerrar las piernas alrededor de la cintura de él mientras le enterraba las uñas en la espalda. Incluso a través de la bruma de deseo, él sintió un destello de claridad. Este era el lugar donde Izayoi pertenecía… en sus brazos, compartiendo todas las emociones que se agitaban a través de él con una intensidad devastadora.
Luego se perdió en el sabor de su boca, el roce de su piel, el fuerte control de sus brazos, y el húmedo, y estrecho abrazo que inundó su cuerpo con placer indescriptible. Su nombre salió de los labios de ella en un gemido mientras su boca se deslizaba por el cuerpo de ella, deleitándose con el aroma y el sabor de su piel sedosa.
- No te detengas - instó Izayoi, tratando acercarlo.
- Quiero sentir como te corres otra vez - más gruñó que habló.
- Entonces regresa aquí y dame unos minutos más… ¡oh! - Ella dejó escapar una risa entrecortada.
El grito se arrancó de ella cuando él hundió sus colmillos entre sus piernas, justo en el corazón de su sensibilidad. Una gran satisfacción lo llenó mientras la suave carne de Izayoi se apretó por debajo de su boca casi al instante. Entonces él se levantó y empujó dentro de ella, un gemido escapándosele con la sensación del cuerpo de ella convulsionando a su alrededor.
La espalda de ella se arqueó mientras que los temblores continuaron en su interior. Él se movió más rápido, besando su cuello, labios y mandíbula, mientras que dejaba escapar a su control. Ese palpitar en él creció hasta que se sentía como si su piel se fuera a partir del placer creciendo como espuma dentro de él. Le superó, ahogándolo en sensaciones que se intensificaron hasta que explotó en un clímax que lo dejó agarrándose lo suficientemente fuerte a Izayoi para provocarle contusiones. Por largo rato, él la miró fijamente, mientras que las últimas ondas lentamente desaparecieron de su cuerpo. Tenía los ojos más rojos que había visto nunca, y sus uñas aún enterradas en sus hombros.
- No puedo creer que me hayas mordió ahí. Pero lo que realmente no puedo creer es cómo se sintió. - dijo finalmente.
- Hay ventajas en ser un yokai. Esa es una de ellas. Disfrutaré mostrándote las demás. - Una sonrisa curvó sus labios.
- No puedo esperar - murmuró ella. Entonces su expresión cambió, perdiendo ese letargo sensual para convertirse en seria.
- Hay algo que necesito decirte. - Él se alejó, dejando la felicidad de su abrazo para inclinarse hacia atrás contra la cabecera. Izayoi se sentó y, tirando de la manta exterior a su alrededor ya sea por frío o en un intento de poner otra barrera entre ellos además del espacio que ahora los separaba.
- Estoy escuchando - respondió él. Decenas de siglos ocultando sus emociones pusieron su cara en blanco y su voz neutra mientras sus escudos se erigían otra vez, manteniendo a Izayoi imposibilitada de sentir algo de su agitación interna. La mirada de ella se mantenía estable.
- Estoy enamorada de ti. Sí, es muy pronto. Sí, aún hay mucho que no sé de ti, pero esto no es encaprichamiento o lujuria. Es real, y es algo que ha estado creciendo en mí desde antes de que me dejaste en ese techo. - Inuno se quedó atónito. Sintió su boca abrirse, pero no parecía poder formar las palabras. La razón a la vez rechazó su declaración. Ella no podía amarle. Izayoi tenía un corazón limpio. Uno sin manchas —un corazón como el de nadie— pero si ella hubiese visto toda la oscuridad en su vida a lo largo de los años, huiría de él.
- Di algo. No me importa que, sólo hable. - La mirada de ella se mantuvo estable.
- Soy un asesino. - Las palabras salieron sin pensarlas, pero eran verdad. Ella merecía saber lo que era, a pesar de que la alejara.
- Ya lo sé. Te vi arrancar las cabezas de esos onis el día que nos conocimos, ¿recuerdas? - Su boca llena, hermosa tembló.
- No sólo esa vez. Muchas veces. Más de lo que pueda recordar. - Inuno encontró su mirada, esperando a que se nublara con repulsión con sus siguientes palabras.
- ¿Cuántas de esas veces tenían que ver con la protección de ti o tu pueblo? - preguntó ella, ningún cambio en su expresión.
- ¿Importa? - Sus cejas se juntaron. Ella le había sorprendido una vez más. ‖
- Sí. Tu mundo funciona por reglas muy diferentes. Podría no haber visto mucho de él, pero esa parte está clara. Te estás llamando a ti mismo un asesino despiadado, Inuno, pero te he visto proteger o salvar vidas que no deberían importarte si fueras una persona tan fría. Yo debería saberlo. La mía fue una de esas vidas que salvaste, y en ese momento, ni siquiera me conocías. - respondió ella con énfasis.
- Puse una trampa a mi esposa para que fuera asesinada. La vi morir y no hice nada para detenerlo. - Su voz era plana. Izayoi le tocó la cara.
- Kagome me dijo que trató de matarte y a todo el mundo cercano a ti. Así que no tenías otra opción. Tampoco yo cuando entregué a Pete. - Alejó las manos de él. Era muy difícil decir la siguiente parte con ella tocándolo, pero necesitaba saber exactamente quién era a quien ella pensaba que amaba.
- Yo maté a Irasue mucho antes de ese día. Me preguntaste si alguna vez tomé una vida fuera de la protección de mí mismo o mi pueblo. La respuesta es sí. Antes de que Irasue se casara conmigo, ella amaba a otra persona. Maté a su amante, y no fue en defensa. Yo era un yokai, y él no era más que un humano. - El recuerdo de ese asesinato se levantó en su interior, como lo había hecho tantas veces en los últimos años, mientras que Irasue se acercaba cada vez más a su destino.
- Le dije a Irasue que su amante había sido asesinado por romanos. Nos casamos un año más tarde, pero con el tiempo, uno de los testigos derramó mi secreto. Traté de explicarle las circunstancias que rodearon su muerte, pero a ella no le importó. Lo que hice causó que Irasue me aborreciera, y ese odio es lo que la llevó a tratar de destruirme a mí y a mi pueblo. Todas sus acciones pueden yacer a mis pies. - El cuerpo roto de Intef en el suelo, su sangre empapando la arcilla pálida, y los rostros atónitos de los guardias de Inuno mientras lo miraban.
- ¿Lo mataste por celos? - Izayoi preguntó, su voz áspera.
- Ese día, los humanos estaban en guerra. Los soldados habían herido a Irasue tan gravemente que tuve que convertirla en lugar de limitarme a curarla. Luego fui a buscar a su amante como había prometido. No sentí celos reales hacia Intef. Él era uno de las muchas diversiones que Irasue se había permitido durante su desagradable matrimonio, aunque él tenía un fuerte control sobre ella, porque quería que él se convirtiera en yokai, también. - Sus ojos se cerraron.
- ¿No te preocupaba que convertirlo arruinaría las cosas para ti? Debía importarte mucho ella en ese entonces, o ¿No estaban ustedes dos, ah, involucrados aún? – pregunto tímidamente.
- No éramos amantes todavía. Sería paciente, peno no compartiría. Me importaba Irasue, pero no era ciego a su naturaleza. Ella se sentía atraída por el poder y la riqueza. Yo tenía ambos, Intef no tenía ninguno. Sabía que pronto me elegiría en lugar de a él. - Inuno abrió los ojos para dar un vistazo agudo a Izayoi.
- ¿Así que si no fueron celos...? - Su voz se apagó.
- El poder de mover cosas con mi mente puede estar influenciado por mis emociones. Es por eso que requiere de un control absoluto, que también es por eso que mi sire sabía que Ryuko habría sido una mala opción para él. Yo no había conocido a Intef antes de ese día, pero cuando fui a buscarlo, oí sus pensamientos. Había estado utilizando a Irasue para ganar poder, vendiendo sus secretos a sus enemigos. Él era quien había enviado a los soldados Romanos a matarla, los mismos que la habían herido tan gravemente que tuve que convertirla. Oí todo eso, y mi rabia dio rienda suelta a mi poder. - La boca de Inuno se tensó en una línea sombría.
- Estaba muerto antes de que cualquiera de mis guardias pudiera hablar para detenerme. - Rosa brillaba en los ojos de Izayoi.
- Te equivocaste al matarlo - dijo suavemente.
- Pero sabes eso, y has cumplido una condena de novecientos años de culpabilidad en virtud de eso. Creo que eso es suficiente castigo… y no eres responsables de lo que hizo Irasue. Si esa es la excusa que utilizó para toda la miseria que causó, sobre todo teniendo en cuenta que él trató de matarla, entonces yo lo llamo mierda. La muerte de ese hombre está en tus manos, pero todo lo que ella hizo está en las de ella. - Una vez más, Inuno se encontró en la rara posición de estar sin palabras.
La gente no simplemente lo amaba si lo conocían. Ellos lo respetaban, eran leales a él, le temían, lo odiaban, lo envidiaban, lo codiciaban, necesitaban cosas de él, o sentían una combinación de varias de esas cosas. Pero nadie, simplemente lo amaba —sobre todo, nadie como Izayoi. Ella deslizó sus manos a lo largo de sus brazos, acercándose a él.
- Durante toda tu experiencia, supongo que esta es una cosa con la que no estás muy familiarizado, así que te voy a ayudar. Para empezar, no se requiere de semanas o meses para saber que lo que sientes es amor. Por otra parte, esto es algo que aún con todo tu poder, no puedes controlar. No tienes que hacer eco de mis sentimientos, Inuno, pero no puedes disuadirme de ellos, tampoco. Te amo. - murmuró.
- Lidia con eso. - Su sonrisa fue irónica.
Ella acercó la cabeza de él hacia la de ella entonces, su boca moviéndose con tal suavidad, que podría haber sido un humano al que estaba tratando de no dañar. Él aún no podía convocar las palabras para responder a sus declaraciones increíbles, pero esto... esto no requería ninguna palabra. La besó con todo lo que no podría formar en un discurso, derribando la barrera que impedía a Izayoi sentir sus emociones. Los brazos de ella se apretaron, sus colmillos alargaron, y su cuerpo se moldeó al suyo. Una poderosa necesidad se elevó en él, más fuerte que la lujuria, más profunda que la posesividad. Dejó a Izayoi sentir todo eso mientras rodaba para estar encima de ella, alejando la manta que era la única barrera entre ellos.
La limusina negra esperaba delante de ellos en la calle que Inuno dijo que estaría. Izayoi exhaló un suspiro de alivio mental. Ellos llegaban tarde. Gracias a Dios que su amigo había esperado por ellos. Ella se alisó la parte delantera de su toga improvisada, imaginando que se veía tan confiada como Inuno lo hacía en su conjunto a juego. Sin embargo, mientras él parecía ser capaz de usar cualquier cosa, incluso una sábana, a la vez que afectando un aire elegante, Izayoi estaba bastante segura de que ella parecía un rechazado de una fiesta de fraternidad.
Si hubiesen pensado en pasar la ropa empapada de mar a través de la lavadora y la secadora, ellos habrían tenido algo más para usar. Pero Inuno había demostrado ser insaciable, y así, ante el leve asombro de Izayoi, ella también. No estaba segura de si esto era debido a su nueva resistencia como un yokai, o porque Inuno hacia el amor como si hubiese inventado el acto. Si ella no estuviese ya muerta, el número de orgasmos que él le había dado podría haberla matado. ¿Y sentir su placer al mismo tiempo? Ella se estremeció. Bueno que Inuno finalmente se acordó de la reunión. Ella no lo habría hecho.
Por supuesto, eso significaba que habían tenido que salir corriendo de la puerta y la casa, mientras amueblaba, no tenía nada de ropa adicional en ella. Izayoi estaba a punto de ponerse su ropa mojada y manchada de alga marina cuando Inuno arrancó una sábana limpia de otra cama y formó un pareo para ella fuera de esta, haciendo uno para sí mismo, de otra sábana. Afortunadamente, había poca gente en la calle ahora, menos de una hora antes del amanecer. La ventana de la limusina bajó cuando se acercaron, un hombre guapo con cabello plateado largo en el otro lado de la misma.
- Inuno. Si cualquiera aparte de ti me tuviese volando al otro lado del mundo solo para mantenerme esperando mientras estaba, obviamente, demorándose en la cama, tendría a mi conductor atropellándolos. Dos veces. - dijo el desconocido.
- ¿Vuelo largo? - Inuno preguntó en respuesta, abriendo la puerta para dejar a Izayoi entrar. Ella tuvo cuidado con el borde de su toga mientras se sentaba en el asiento de enfrente del extraño moreno, cuya mirada se desvió por encima de ella en forma juzgadora.
- Muy largo - respondió.
- Y fui detenido dos veces en el aeropuerto por controles de seguridad "al azar" también. Sólo porque tengo el cabello largo y plateado, soy constantemente confundido con un terrorista potencial. Supongo que es peor cuando vuelas en comercial. Ellos deben intentar un examen de cavidades en todo momento. - La boca de Inuno se curvó mientras se subía a la limusina.
- Esas habitaciones privadas para revisiones proveen una oportunidad fácil de alimentarse. Esta es Izayoi Graceling. Izayoi, Sesshomaru Tepesh - Luego se sentó junto a Izayoi, colocando su mano en el hombro de ella.
- Todo un honor - Sesshomaru arrastró las palabras, tendiéndole una mano atravesada con lo que parecían viejas cicatrices. Su ceño fruncido, incluso mientras ella sacudía la mano tendida hacia ella. Ese nombre le sonaba. ¿Dónde lo había oído antes...?
- ¡Oh! No eres el verdadero Drácula, ¿verdad? - exclamó Izayoi. Sus ojos se abrieron.
- ¿Nadie parece advertir a la gente antes de conocerme? Aunque sospecho que lo que hizo a ese detalle deslizarse de tu mente fue lo mismo que también hizo que llegases tarde. - murmuró Sesshomaru, disparando una mirada irritable hacia Inuno.
- Estás siendo descortés - dijo Inuno en un tono reprobador incluso mientras Izayoi se removía en su asiento. Es cierto que aparecer tarde usando nada más que sábanas no necesitaría de demasiada imaginación para entender lo que los había retenido.
- Está bien, Inuno. Aunque si me hubieses dicho que estaba a punto de encontrarme con un yokai legendario, habría agarrado los paños de seda más agradables para usar en su lugar - contestó ella, encontrándose con la mirada rojo cobrizo de Sesshomaru con una ceja arqueada.
- Puedo ver por qué le gustas. Aunque, por lo que dice Ryuko, a Inuno no solo le gustas. Está tan enamorado que está despedazando yokais por ti, desafiando los intentos del Guardián de hacerlo rendirse, y en general actuando aún más loco de lo que era al principio de su relación con Irasue, quizás ella arda en paz. - Sesshomaru destelló para ella un instante digno de una sonrisa. Izayoi le lanzó una mirada a Inuno. Este era un tema desconcertante por más de una razón… y ¿no había nadie sensible acerca de arrojar a la esposa muerta de Inuno enfrente de él?
- Sabes que yo no hubiese sido tan tonto como para dejarme ser captado en la cinta de video en un lugar al que más tarde volví y supuestamente quemé - dijo Inuno. Por favor, su tono implícito con pesada ironía.
- No, eres muy cuidadoso sobre los videos. Escuché que todas las cámaras en Disneylandia se apagaron ayer después de que un extremista musulmán reportado quitó las luces, y luego detonó una pequeña bomba antes de escapar. - El labio de Sesshomaru se curvó.
- ¿Extremista musulmán? - Izayoi repitió, su boca abierta. De todas las tonterías de perfiles raciales...
- Nadie resultó herido. Aunque las familias conmocionadas obtuvieron un reembolso de sus tiquetes de ingreso. - Continuó Sesshomaru.
- Inuyasha fue seguido por los Enforcers. Fue un incidente desafortunado. - dijo Inuno, encogiéndose de hombros.
Sesshomaru gruñó en una manera que hizo a Izayoi pensar que él e Inuyasha no eran cercanos, pero eso era difícilmente de su preocupación. Una ola de letargo pasó por encima de ella. El amanecer debía estar cada vez más cerca. Ella había querido llamar a Tina antes de caer dormida, pero ahora no había tiempo. No reconfortaría a su pobre hermana con que ella estaba bien si Izayoi se desmayaba en mitad de la frase al hablar con ella.
- Vamos a necesitar un lugar seguro donde quedarnos por los próximos días. Obviamente, todas mis residencias serían el primer lugar en el que los Guardianes me buscarían, las casas de mi gente y hoteles lo siguiente. Pero tú no eres de mi línea, y tu gente tendría miedo de tu ira más que la de los Guardianes, si alguno de ellos revelase que me estás ayudando. - dijo Inuno.
- Ya tengo un lugar escogido para ustedes. Pero debes de querer más que eso de mí, para tenerme viniendo hasta aquí. Alojamiento secreto se puede arreglar por teléfono. - La mirada de Sesshomaru se volvió conocedora.
- Voy a establecer un lugar seguro y neutral para reunirme con Ayame. Uno del que podamos fácilmente escapar si ella no está dispuesta a venir sola. Te quiero allí como testigo de lo que se dice entre nosotros. - respondió Inuno.
- ¿Ayame? ¿Por qué, de todos los Guardianes de la Ley, asumirías que ella sería la más simpática a tu causa? Sé que ustedes comparten el mismo sire, pero Ayame casi mató a Kagome por interferir en un duelo tan sólo el otoño pasado. - Los ojos de Sesshomaru parecieron tener un tono más rojo.
- La he conocido por la mayor parte de mi vida - respondió Inuno.
- Podrías decir lo mismo de Ryukotsusei. - Sesshomaru gruñó.
- ¿Quién es el yokai que te creó, Inuno? ¿Alguna vez lo conoceré a él o a ella? - preguntó. Izayoi
- No de este lado de la tumba - murmuró Sesshomaru.
- Tenoch fue mi creador. Fue un respetado y poderoso yokai, y él murió hace casi 600 años. - Inuno dio a Sesshomaru una mirada ligeramente reprobadora antes de volverse hacia ella.
- ¿Cómo murió? - Preguntó Izayoi antes de recordar que de causas naturales no era una posibilidad.
- Ah, ah, no importa - balbuceó ella.
- Tenoch murió de lo mismo que mata a la mayoría de los muy viejos y muy poderosos yokais. Suicidio - dijo Sesshomaru.
- Eso nunca se ha demostrado - Inuno devolvió el disparo en un tono duro.
- Tenoch tenía más poder que tú, pero ¿yo tengo que creer que fue derribado por sólo un cuarteto de Maestros yokais? - Sesshomaru le preguntó en un tono igualmente inflexible.
- Aquellos que no conocen los detalles pueden creer esa fábula, pero tú y yo sabíamos que eran sólo cuatro yokais en su contra, no cincuenta como se informó. Tenoch se hizo caer en una trampa. Si hubiese realmente querido vivir, él podría haberlos matado. Sin embargo, Tenoch estaba cansado. Había perdido la mayoría de sus atesorados anclajes a este mundo, y la mayoría de su gente no lo necesitaba. Él quería morir. Él sólo lo hizo ver como asesinato por lo que su gente no sufriera de culpa sobre ello. - La cara de Inuno regresó a esa máscara impasible de nuevo, las paredes a su alrededor cerrándose como un campo de fuerza.
- Siento haber preguntado, vamos a descartar el tema - dijo Izayoi, pensando que era cruel de Sesshomaru presionar la cuestión.
Si Sesshomaru tenía razón en su descripción de las circunstancias, entonces, lo hacía sonar como que Tenoch se había suicidado. Algunas personas deprimidas hacían cosas similares, como apuntar un arma descargada a la policía en una forma de suicidio conocida como Muerte por Policía. La muerte era lo suficientemente mala, pero el suicidio agrega un dolor adicional a los que se quedan. Uno que Tenoch aparentemente trató de evitar haciendo a su muerte parecer como una emboscada de sus enemigos...
Su mirada se volvió de nuevo a Inuno cuando el horror se deslizó hasta su columna vertebral. Su expresión era impenetrable, su oscura mirada insondable cuando se encontró con la suya… El almacén. Los onis. Ellos habían estado despedazándolo, pero Inuno no se había movido siquiera para defenderse antes de que ella hubiese llegado, a pesar de que podría haber muerto en cualquier momento…
- ¡No! - Izayoi se lanzó hacia Inuno.
Él la cogió, sosteniéndola muy estrechamente, manteniendo los brazos apretados alrededor de ella. Al mismo tiempo, ella pudo sentir la salida del sol, absorbiendo todas sus fuerzas de ella. Trató de luchar contra la fuerza de los rayos, para permanecer despierta el tiempo suficiente para exigir saber por qué lo había hecho, pero incluso antes de que pudiera hablar, la oscuridad llegó por ella.
Continuara…
