Confesiones.
- Ella parecía muy enojada. - Inuno levantó la vista de la forma durmiente de Izayoi para encontrarse al nivel de la mirada de Sesshomaru.
- Tengo que dar algunas explicaciones una vez que se despierte - respondió él secamente.
- ¿Tú? ¿Explicándote a un yokai que no tiene todavía dos semanas de edad? Desde donde estoy sentado, Ryukotsusei tiene razón en su afirmación de que estas imprudentemente enamorado. - Sesshomaru sacudió la cabeza.
- ¿Eso te hace preguntarte si sus otras afirmaciones sobre mí son verdaderas también? - Lo desafió Inuno.
- No. Pero me pregunto ¿por qué, de repente Ryuko decidió venir tras de ti implacablemente? Su animadversión hacia el otro ha existido por mucho tiempo, pero ninguno de los dos ha actuado abiertamente en ello. Él ni siquiera apoyó a Irasue durante su guerra contra ti. Eso es lo que tus otros aliados se preguntan también. ¿Por qué un Guardián de repente arriesgaría todo por un enfrentamiento de eones de antigüedad? - La sonrisa de Sesshomaru fue invernal.
- Ryuko no apoyó a Irasue porque ella tenía la intención de matarme, y él me quiere vivo. Por qué ahora, es porque teme que si él se tarda, yo podría deslizarme de su agarre por siempre, llevando conmigo la única cosa que nadie más puede darle por mil años. -respondió, Inuno cambiando de posición a Izayoi con mayor comodidad en sus brazos.
- ¿Y eso es? - Las cejas de Sesshomaru se alzaron.
- Mi herencia de poder. Muchos yokais se enfurecieron cuando se lo pasé a Inuyasha, pero no más que Ryuko. Él siente que ese es su poder que yo injustamente robé, pero si no fuese por mí, Tenoch se lo habría dado a otra persona. Tenoch sabía que Ryuko no podía ser confiable con ese increíble poder sobre los yokais. Por supuesto, Ryuko no reconoce este punto. - Inuno dejó escapar un gruñido suave.
- Confieso que fui uno de esos yokais que pensó que podría ser el destinatario de ese legado. Después de todo, tú y yo éramos cercanos, y yo fui el último yokai que Tenoch hizo, aunque él te dejó para encargarte de mí junto con el resto de los miembros dependientes de su línea cuando se suicidó pocas semanas después de crearme. - Sesshomaru dejó escapar un resoplido.
- Yo estuve orgulloso de llamarte uno de los míos hasta que fue hora de que te convirtieses en tu propio Maestro. Sabes que todavía me preocupo por ti. El destino eligió a Inuyasha como mi heredero. Tan sólo obedecí su elección. - dijo Inuno en una voz espesa por los recuerdos.
- Sí, el destino tiene un sentido del humor caprichoso, ¿no? - La boca de Sesshomaru se aplanó.
- No tengo ninguna queja. Tú salvaste mi cordura más de una vez en mis primeros años cuando perdí a mi esposa, luego a mi hijo en la muerte. Siempre has tenido mi lealtad y gratitud por ello. Sí, yo estaré como testigo en tu reunión con Ayame, repitiendo todo lo que ocurre en caso de que sea necesario. Tú, sin embargo, tendrás el trabajo más duro. Tendrás que conseguir que ella venga. - Luego la habitual cínica expresión divertida de Sesshomaru se estableció de vuelta sobre su rostro.
Inuno apoyó la cabeza contra el interior de la limusina. ¿Convencer al miembro más firme del Consejo de Guardianes de que se reuniera con él en secreto así Inuno podría acusar a otro Guardián de Ley de mentir y traicionar a su raza? Y luego, ¿asegurarse de que Ayame acordase dejarlo irse después de su reunión? Sí, esa parte sería un reto.
Izayoi se despertó con un fuerte retorcijón en el estómago. Ella miró a su alrededor, pero por supuesto ya no estaba en la limusina con Inuno y el otro yokai infame. De hecho estaba sola. La habitación no tenía ventanas, pero era claramente una habitación, ya que en lo que estaba acostada lo certificaba. Los sonidos remanentes a su alrededor tenían una curiosa cualidad haciéndose eco de ellos, y las paredes no se veían como de yeso u hormigón. Parecían de roca muy pulida, en realidad, y el aire tenía un olor extraño en él. No era desagradable, simplemente desconocido.
Otra punzada en el estómago alejó la curiosidad de Izayoi de su entorno. Ella no había comido nada desde que se alimentó de ese joven en el paseo de Mansión Embrujada. Hace casi un día, su estómago le recordaba cada vez con mayor insistencia. Se levantó de la cama, notando que ella estaba vistiendo un camisón de satén color marrón en lugar de la sábana ceñida. Inuno debía haberle cambiado su ropa, pero él no estaba a la vista ahora. Izayoi hizo una rápida inspección de la habitación, que por suerte tenía un armario antiguo en la esquina que contenía ropa masculina y femenina. Ella se metió en una chaqueta y pantalones con una disculpa mental a quien perteneciese la ropa, pero ese tronido en su estómago comenzaba a ser inquietante.
Una vez vestida, salió de la habitación en busca de Inuno. Para su sorpresa, el pasillo en el que entró era muy alto, con más de esos muros extraños a su alrededor. Pasó otras tres puertas en su camino a la cima de lo que parecía una estrecha escalera. Cuando empezó a bajar, Izayoi miró. La escalera era de piedra pulida, cortada en escalones, y conducía a una sala de estar increíblemente grande con un enorme techo abovedado. Aun así, ni una sola ventana estaba a la vista, y esas paredes grises brillantes estaban por todos lados.
- Ah, estás despierta - una voz ligeramente acentuada dijo desde más allá de su vista. Izayoi entró más lejos en la habitación, decepcionada de que la voz no perteneciese a Inuno. Sesshomaru estaba sentado en uno de los tres juegos de sillones en la sala grande, un ordenador portátil abierto delante de él, su mano acariciando distraídamente su mentón.
- ¿Está Inuno aquí? - Izayoi preguntó, esa cuestión más apremiante para ella que incluso los gorjeos dolorosos comenzando a acumularse en su estómago.
- No, pero debería volver pronto. Estás levantada más temprano de lo que esperábamos. El sol no se pondrá hasta dentro de dos horas. ¿Tienes hambre? - Una llamarada de dolor pasó por ella mientras se las arreglaba para decir, "un poco", en un tono que no fuese estremecedor.
- No hay problema, enviaré a alguien para ti - respondió él.
- ¡¿Alguien?! Um, si tienes algo de sangre en bolsas, eso sería mejor. – palideció Izayoi, bueno tanto como su nueva condición se lo permitía. Sesshomaru dejó escapar una breve carcajada.
- ¿Sangre en bolsas? ¿No te has quitado las ruedas de entrenamiento todavía? Por supuesto, cuando fui transformado, no había sangre en bolsas. Criminales o soldados enemigos eran echados adentro con los nuevos yokais durante esos primeros días. - Sólo para mostrar cuánta hambre tenía, esa imagen mental no arruinó su apetito.
- Si puedo evitar tratar a las personas como comida, esa es mi elección - respondió ella, erizándose un poco ante el comentario de "ruedas de entrenamiento".
- Crees que estas honrando a los humanos al no alimentarte de ellos, pero en realidad les estás haciendo daño. La sangre animal no será suficiente a largo plazo, y los suministros de sangre son crónicamente bajos porque no suficientes humanos donan. Esas bolsas de las que bebes pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte de algunos humanos en una sala de emergencia, y si tú las tienes ellos no. - La fría mirada de Sesshomaru la evaluó.
Hizo hincapié en estas dos últimas palabras con una desafiante aguzada de su frente. Izayoi se encontró pensando que todos los actores que habían interpretado el papel de Drácula en el cine se habían equivocado. Sesshomaru no era un niño gótico de cara pálida con un acento euro-basura, ni era un aristócrata envejecido con garras por uñas y una apariencia monstruosa. No, Sesshomaru era un notable hombre de unos treinta años, con una presencia atractiva que tenía una visión brutalmente honesta de las cosas. Una de la que no era tímido acerca de compartir, al parecer. Y él tenía un punto. Sus preferencias de alimentación no deberían poner en peligro a nadie, y si ella mantenía su dieta limitada a las bolsas de sangre, lo harían.
- Tienes razón - dijo.
- Te agradecería si enviases a quien tienes como donante, entonces. Estoy lo suficientemente hambrienta como para que esté empezando a preocuparme. - Él sonrió, haciendo esas severas facciones de repente encantadoras.
- Por supuesto. - Luego habló en su teléfono celular, pidiéndole a alguien llamado Morded que "enviara a Lewis".
Izayoi se quedó dónde estaba, insegura. ¿Debería ella sentarse? ¿O había una sala especial en la que se suponía que se alimentase? La cocina parecía la elección obvia, pero en este raro escondite de yokai sin ventanas, con sus paredes de piedra, pisos, y haciéndose eco de la acústica, ¿quién sabía si había una cocina?
- ¿Estamos bajo tierra? - Preguntó ella.
- No del todo. Estamos en la ladera de una montaña. Esto solía ser una antigua estación de explotación minera, pero ha estado desierta mucho tiempo. La renové hace unas pocas décadas para un más cómodo, pero aun privado, ambiente. - Si todavía había túneles de minas abandonadas por debajo de ellos, eso explicaría los ecos.
- ¿A dónde fue Inuno? – pregunto curiosa.
- A hacer una llamada importante. No puedo tenerlo usando mi celular, entonces nuestra ubicación sería rastreada fácilmente, no con quien él está llamando. - Así es, Inuno quería reunirse con el otro Guardián de Ley, uno con el nombre latino para verdad: Ayame.
Con suerte, Ayame cumpliría con su tocaya y no trataría de emboscar a Inuno si estaba de acuerdo en una reunión. Izayoi se preguntó si la otra razón de que Inuno no estuviese aquí todavía era porque estaba haciendo tiempo. Ella no tenía ninguna intención de olvidarse del hecho de que él había tenido la intensión de cometer suicidio-por onis. Un joven de cabello rojizo entró en la habitación desde el camino opuesto por el que Izayoi había entrado. Hizo una reverencia a Sesshomaru, lo que le pareció extraño, entonces se arrodilló.
- Yo no, Lewis. Ella. ¿Has hecho esto antes? - dijo Sesshomaru, con un gesto descuidado de su mano hacia Izayoi.
- Una vez. - Ella asumió que la pregunta era para ella, ya que Lewis parecía un profesional.
- Usa la mano, entonces. Menos posibilidad de un error ahí. - Lo mismo me dijo Inuno, pensó Izayoi con ironía. ¿Era todo esto de Yokai 101? Si es así, ¿que había en los Cursos Avanzados de yokai? Lewis le sonrió mientras se acercaba, tendiéndole la mano. Izayoi miró a su alrededor. El piso era de piedra, así que no arruinaría ninguna cosa si ella derramaba unas cuantas gotas.
- Vamos a, Um, siéntate - dijo. Sesshomaru se limitó a observar desde su lugar en el sofá, diversión decorando sus facciones cinceladas. Izayoi cuadró sus hombros. Ella podía hacer esto por sí misma. No hay problema.
- ¿Quieres ser sometido primero? - Ella le preguntó a Lewis cuando se sentaron.
- ¿Eh? - Respondió él confundido. Algo así como una tos salió de Sesshomaru lo que la hizo levantar su cabeza. Los yokais no necesitaban toser. ¿Fue esa una risa apagada?
- Ya sabes. Ser embrujado por lo que no sentirás ni recordarás esto. - Los ojos de Izayoi brillaron de rojo hacia Lewis, y sus colmillos parecieron saltar de sus encías. Lewis parecía aún más confuso.
- Si eso es lo que usted quiere. - No voy a pedirle consejos a Drácula, se juró a sí misma. No lo haré.
- Sí, me sentiría mejor acerca de eso. Por lo tanto, ah... mírame a los ojos. - Otro sonido estrangulado vino de la dirección de Sesshomaru. Ahora Izayoi estaba segura de que era una risa. Ella decidió ignorarlo.
- No sientes nada. No estás asustado.- Lewis obedientemente la miró fijamente, e Izayoi trató de hacer a su voz sonar segura.
- Yo lo estoy. Si le dices que los lobos son los hijos de la noche después, podría herirme a mí mismo riéndome - fue la respuesta inmediata de Sesshomaru.
- Estoy tratando de concentrarme - ella apretó los dientes, esos dolores en su interior cada vez peores.
Luego, tan delicadamente como pudo, levantó la mano de Lewis hacia su boca, buscando esa misma vena palpitante entre el pulgar y la muñeca que había mordido ayer. Sus colmillos casi dolían con la necesidad mientras ella lentamente los deslizaba adentro, un pequeño gemido escapó de ella cuando ese sabor caliente se reunió por primera vez con su lengua. Izayoi se olvidó de Sesshomaru después de eso. Se olvidó de todo menos de la controlada felicidad de la alimentación sin dañar la frágil mano en su agarre. Por el momento su hambre disminuía, se había dado cuenta de que sus ojos se habían cerrado en el disfrute... y cuando los abrió, Inuno estaba en la habitación.
Inuno entró en silencio, sabiendo lo que pasaba antes de ver a Izayoi. Aunque la entrada de la casa era casi imposible de ver desde el exterior de la montaña, una vez dentro, las voces le llegaron. Luego la había visto alimentarse del humano con una mezcla de orgullo y excitación. Su expresión era tan sensual mientras ella se alimentaba —y su viaje al hospital para asegurar esas tres bolsas de sangre no había sido necesario, al parecer.
Entonces los ojos de ella se abrieron y se fijaron directo en los suyos. Por un momento, sintió como si todos los demás en la habitación desaparecieron. Si hubiesen estado verdaderamente solos, él se habría lanzado encima de ella y la habría besado hasta que sus uñas cavasen surcos deliciosamente profundos en su espalda. Su poder se arremolinaba en su interior, queriendo tocarla también. Todo lo relacionado con Izayoi le hacía cobrar vida. Sólo había estado lejos de ella por unas horas, todavía ese momento se arrastraba y ardía en su subconsciente, hasta que era casi doloroso. Ella apartó su boca de la mano del hombre, cerrando los agujeros como él le había mostrado antes más de un par de gotas extra que cayeron al suelo. Entonces se levantó, se acercó a él con su mirada todavía deslumbrando rojo.
- Antes de que ustedes dos vayan demasiado lejos, ¿qué dijo Ayame? - preguntó Sesshomaru. Inuno sacudió su cabeza para eliminar las imágenes de todas las maneras diferentes en las que iba a tomar a Izayoi tan pronto como él la tuviese devuelta en la habitación.
- Ella va a venir. Mañana. - contestó él en breve.
- En la tarde o la noche, ¿verdad? ¿No en la mañana? - Izayoi preguntó, su expresión sensual siendo sustituida por una de terquedad. Él sonrió débilmente.
- No, no en la mañana - Como si él no viese ese argumento venir.
- Bien. Voy a tomar una ducha. Y luego, después de eso, Inuno, tenemos que hablar - Su expresión no cambió, sin embargo.
Quedó claro en su tono, olor, y lenguaje corporal que él no estaba invitado a unirse a sus actividades de baño en esta ocasión. No se sorprendió. Él había sabido que ella lo confrontaría sobre los onis. Él sólo había esperado que Sesshomaru no estuviese al alcance del oído cuando ella lo hiciese. Él supuso que no importaba. Cualesquiera que fuesen sus planes antes de terminar con su vida, ellos había cambiado. Él tendría que ser forzado a entrar en una tumba ahora en lugar de abrazarla como había previsto antes. La muerte significaba la separación de Izayoi, algo lamentable para él. Esta podría ser que llegara pronto, independientemente, pero ya no con su ayuda. Izayoi salió de la habitación después de murmurar las gracias al joven, quien se inclinó hacia Sesshomaru antes de marcharse. Inuno intercambió una larga mirada con Sesshomaru. Su amigo tenía una curva conocedora en los labios.
- Por cómo suena eso, estás en problemas. - Sesshomaru arrastró las palabras.
- Me lo merezco. - Él se encogió de hombros.
Inuno esperó en el dormitorio en el que había dejado a Izayoi durmiendo horas antes. A pesar de que la casa oculta dentro de la montaña era muy amplia, sólo había una ducha, el agua era bombeada desde un pozo bien profundo hacia adentro de la vivienda. La ducha estaba en el nivel inferior, y los sonidos eran más débiles, pero había oído a Izayoi terminar hacía unos diez minutos, sin embargo, todavía no estaba de vuelta. Después de otros diez minutos Izayoi apareció, vestida con el mismo suéter y pantalones que había usado antes, el cabello todavía húmedo. Ella le dirigió una larga y calculadora mirada antes de que se sentara en la cama y pronunciara dos palabras.
- ¿Por qué? - No se molestó en fingir ignorancia sobre lo que ella estaba preguntando.
- Por las mismas razones que mi sire lo hizo, me imagino. Mi línea ya no me necesitaba con mi co-gobernarte para atenderla, Ryuko comenzó a buscar otra pelea, y estaba cansado. Además, mis visiones del futuro se desvanecieron, excepto para mostrar a la oscuridad acercándose, así que sabía que mi fin estaba cerca. Decidí encontrarme con ese destino más temprano que tarde, antes de que Ryuko pudiera hacer aparecer cargos en mi contra que atraparían a mi cogobernante también. - Izayoi se le quedó mirando.
- Se te olvidó mencionar que estabas retorcido en culpa por la muerte de tu esposa. - Él sonrió débilmente.
- En realidad no me había dado cuenta de eso hasta hace poco, pero sí. Eso también es verdad. - Ella bajó la mirada.
- Arruiné tus planes, ¿verdad? Me dejé caer en el depósito y luego nos salvaste a los dos en vez de dejar a los onis terminar su trabajo. Después de esa semana que estuvimos juntos y me dejaste ir… ¿Estabas planeando dejar que alguien te matara de nuevo? Por debajo de ellos, Inuno oyó a Sesshomaru pronunciar una maldición entre dientes, pero lo ignoró y mantuvo su atención en Izayoi.
- Sí. Todavía tenía esa intención, una vez que se presentara otra oportunidad. - Un temblor pasó por ella, pero mantuvo la cabeza baja, mirando a la parte de la manta que agarraba y soltaba con su mano. En el piso debajo de ellos, algo se estrelló contra una pared. Ninguno reaccionó a eso.
- ¿Y ahora? - preguntó ella, su voz tan suave que apenas podía oírla. Quería ir a ella. Para abrazarla y prometerle que nunca se separarían, pero sería una mentira. En cambio, daría a Izayoi la misma cruda honestidad que ella le había mostrado a lo largo de su tiempo juntos.
- No, no quiero morir ahora, pero la muerte viene a mí independientemente de eso. Ya te dije antes que no estaría mucho más tiempo en esta tierra, Izayoi. No es por elección, pero mi destino es el mismo. - Su cabeza se levantó a eso, con los ojos brillantes de lágrimas contenidas de color rosa.
- Y una mierda. No creo que estés destinado a morir, no más que cualquier otra persona. -Estaba acostumbrado a que sus visiones fueran cuestionadas. Pocos creían en ellas hasta que las habían visto llegar, y aun así, algunos todavía dudaban.
- Mis visiones nunca se equivocan. - Cuántas veces había deseado que lo hicieran.
- ¿Alguna vez has oído hablar de una profecía auto-cumplida? Es cuando la gente cree en algo tan profundamente que hace cosas para que esto ocurra. Tal vez viste esta oscuridad en tu futuro, ya que una parte de ti ya había decidido tirar la toalla, pero tu conciencia no ha reconocido esa decisión todavía. Así que cuando miraste, viste muerte en tu futuro porque, inconscientemente, ya habías decidido matarte. - preguntó ella, saltando de la cama para estar de pie ante él.
- Miré de nuevo después, cuando quería vivir. Nada había cambiado. La oscuridad seguía allí, más cerca esta vez. - Él negó con la cabeza.
- Pero eso no significa que sea inevitable. Okey, has cambiado de opinión acerca de quitarte la vida, pero como viste muerte antes, estás esperando volver a verla. Y entonces lo haces, por lo que ni siquiera te molestas en luchar por vivir, haciéndole a la muerte mucho más fácil acercarse sigilosamente a ti cuando Ryuko hace algo. ¡Es sólo más de la misma profecía auto-cumplida de la que necesitas salir rápido, maldita sea! - Inuno casi sonrió.
- Ojalá fuera así de simple. - Nadie más alguna vez le había dicho que se librara sus visiones.
- Lo es. Confías en tus visiones de forma implícita, pero ¿Cuándo perdiste la capacidad de ver más allá de la oscuridad de la que estás hablando? Hay algo más que puede estar pasando. Culpa de sobreviviente. Estás hecho un lío sobre lo que pasó con tu esposa. Te culpas por cada muerte que causó además de tu parte en su muerte, por lo que podrías no ver un futuro para ti mismo porque no crees que merezcas uno. - Ella tomó sus brazos.
- Mis visiones no pueden ser alteradas debido a la angustia emocional - respondió.
- ¿Quién lo dice? El hecho de que nunca haya sucedido antes no lo hace imposible. Después de que Pete murió, fui a algunas sesiones de terapia de grupo para ayudarme a lidiar con lo sucedido. Un hombre cuya familia murió en un accidente de auto después de que otro coche se pasara un alto, de repente, ya no podía ver el color rojo. ¡Simplemente no lo podía ver! Y tú te has culpado de probablemente docenas de asesinatos cometidos por tu esposa, además de su muerte, y sin embargo, ¿No crees que eso podría congelar o modificar tus visiones? La mente es una cosa muy poderosa, y cuando es paralizada por el dolor o la culpa, puede estropear casi cualquier cosa. - Izayoi respondió bruscamente.
- Izayoi… - Inuno no sabía qué decir. Había esperado cierta negación de parte de ella sobre su destino. Tristeza también, pero esta simple rebeldía de que lo que había visto no iba a ocurrir, era algo sorprendente.
- Has pasado un infierno - continuó en ese mismo tono obstinado.
- Estoy segura de que ni siquiera sé la mitad de ello, pero sé que habría roto a la mayoría de la gente. Casi te rompió a ti, también, porque ibas a suicidarte, pero te digo que no estás condenado a morir pronto. Lo sentiría si fuera así, al igual que hice con Pete, Tina, mi madre, e incluso conmigo misma esa noche con Ryuko. Sin embargo, todos mis instintos me dicen que tú y yo somos algo a largo plazo, lo que significa que estarás alrededor. No importa que oscuridad estás viendo ahora. - Casi le había dejado sin habla de nuevo. Izayoi tenía apenas treinta años de edad. ¿Cómo podía pensar que sus instintos eran más precisos que más de cuatro mil años de sus visiones?
- Nunca he estado equivocado antes. Nunca. - dijo.
- Entonces, esta será tu primera vez. O te darás cuenta de que malinterpretaste lo que viste. Estoy en lo cierto, Inuno. Lo sé con toda mi alma. Al igual que sé que me amas, incluso si tienes problemas para decirlo. - respondió ella, tocándole la cara.
Por unos momentos, sólo podía mirarla, atrapado en su mirada rojo claro como si fuera un humano atrapado por el brillo fascinante de un yokai. Algo se liberó dentro de él, la liberación de una presión que no sabía que había estado construyendo, y el alivio que sintió era sólo comparable con la certeza que fluía a través de él de que ella tenía razón —sobre parte de lo que dijo.
- Si te amo - dijo con voz ronca, las palabras no eran una representación adecuada de lo que sentía por Izayoi.
- ¿Lo ves? Te dije que tenía razón. - Ella era todo lo que había estado ausente en su vida, todo lo que le daba ganas de quedarse en este cruel e implacable mundo, que era de alguna manera hermosa, una vez más a causa de ella.
- Eso no quiere decir… - Ella sonrió, sorprendiéndole con la alegría que un pequeño gesto podía generar en su interior.
- Silencio - respondió ella, poniéndole su dedo en los labios de él. No pudo evitar sentir diversión deslizarse a través de él. Nadie le había hecho callar en miles de años, pero Izayoi lo hizo sin la menor vacilación.
- No quiero que mires hacia el futuro de nuevo. No aun. Eres un yokai súper poderoso, pero no eres un dios. Hasta que resuelvas las cosas que te llevaron a sentir como qué prefieres estar muerto, todas ellas, no puedes confiar en lo que piensas que estás viendo. - prosiguió.
Todavía no creía que Izayoi estuviera en lo cierto acerca de profecías auto cumplido, culpa de sobreviviente, o mala interpretación cuando se trataba de su visión de muerte inminente, pero estaba dispuesto a escuchar sus consejos. Después de todo, sus visiones habían llegado a un abrupto fin sólo después de la muerte de Irasue. Podía ser mucho más fuerte que Izayoi en un nivel de poder, pero emocionalmente, ella estaba en un terreno más firme. Los acontecimientos de los últimos años habían demostrado ser demasiado para él. Había buscado su propia muerte —algo que juró nunca haría después del dolor de descubrir el suicidio de Tenoch, sin embargo, casi había seguido los pasos de su sire. Sólo la hermosa e increíble mujer frente a él había prevenido eso cuando su camino se cruzó con el de él esa mañana. Destino. ¿Era posible que el suyo no fuera sólo la oscuridad después de todo?
- Dime otra vez cuál era el credo de tu mentor - le preguntó, aunque recordaba su respuesta de antes.
- Salva una vida - dijo Izayoi en voz baja. Inuno la llevó a sus brazos.
- Lo hiciste. Salvaste la mía. - le susurró antes de que su boca exigiera la de ella.
- Este es un tatuaje interesante. ¿Qué es? - Izayoi deslizó una mano perezosa a lo largo de la espalda de él, su contacto enardecedor a pesar de las últimas apasionadas horas.
- Un shenu. La palabra moderna es un cartouche. - respondió él, rodando sobre su lado para estar de cara a ella.
- ¿Qué dice? - Ella todavía recorría el tatuaje a pesar de que ya no podía verlo.
- Es mi nombre de nacimiento, Inu no Taisho, en la escritura del antiguo Egipto. - Su rostro se ensombreció.
- Así fue como Ryuko te llamó. - Él le acarició desde la pierna desnuda hasta la parte baja de la espalda, y su expresión se relajó una vez más.
- ¿Te dieron el nombre de ese Faraón? - preguntó.
- ¿Qué sabes de ese Faraón? - Su mano se detuvo.
- Cuando estaba buscándote después de que hipnotizaras a mi jefe, busqué en Google "Inuno" pensando que me podría llevar hasta ti, si por una remota posibilidad tuvieses una página de Facebook o algo así. No la tenías, por supuesto. Todo lo que apareció bajo tu nombre fueron enlaces y artículos sobre un Faraón muy antiguo, que también fue llamado Inuno, pero era llamado Inu no Taisho la mayor parte del tiempo. - Izayoi hizo una pausa para reírse.
- ¿Eres uno de sus descendientes? ¿Es por eso que tomaste uno de sus nombres? - Ella le dirigió una mirada curiosa.
- Inu no Taisho ha tenido muchos nombres dependiendo de la traducción. Inu no, Toga, e Inuno, entre otros. Recibí este tatuaje el primer día de mi reinado designado cuando tenía veintidós años, apenas seis meses antes de que me convirtiera en un yokai. No soy uno de los descendientes del Faraón sobre el que leíste. Yo soy ese Faraón. Tan sólo utilicé el nombre Inuno después que dejé Egipto. - Él se estiró en la cama, poniéndose de pie ante ella. Ya era hora de que supiera todo acerca de él, incluso las partes más antiguas de su pasado.
- P-pero… ese Faraón era de muy, muy, atrás en la edad antigua. Tiene una pirámide en la Meseta de Guiza. ¡No puedes ser tú! Dijiste que eras más viejo que el polvo, pero… - La boca de Izayoi se abrió y luego se cerró, como si hubiera olvidado cómo hablar de repente. Él esperó. Después de todo lo había pasado, no tenía miedo de que esta revelación resultara demasiado para ella
- Nací en el año 2553 a.C. Te dije que Ryuko y yo veníamos de una línea de gobernantes que designaba a un conjunto de sus herederos para reinar sobre los seres humanos. Esa fue la línea de Faraones desde la primera dinastía hasta la decimotercera. Ryuko y yo somos de la Cuarta Dinastía. Ryuko es la abreviatura de Ryukotsusei, como sabes, pero Ryukotsusei fue más conocido como Djedefre en la historia Egipcia. Él era el medio hermano de Khafre, mi padre. Mi padre y Ryukotsusei fueron los hijos de Khufu, el Faraón que construyó la Gran Pirámide en Egipto. - contestó él, viendo su expresión cambiar de negación a confusión y luego a sorpresa.
- ¿Ryuko es tu tío? ¿Y tú y su familia construyeron las pirámides? ¿Las pirámides? - Izayoi parecía que todavía no había absorbido adecuadamente esta información.
- Fueron diseñadas para que los Faraones se retiraran a vivir con comodidad entre su gente, presuntamente muertos, mientras que un nuevo Faraón reinaba. Pero eran demasiado costosas. Nuestros herederos más tarde construyeron el Valle de los Reyes como solución más eficiente. Todos los pasajes subterráneos y túneles de conexión… - Él se encogió de hombros.
- Te das cuenta de esto es un poco demasiado para asimilar - le interrumpió, negando con la cabeza.
- Hace un mes, no creías en los yokais. Ahora eres una tú misma, además amas a otro, y estás en la casa oculta en una montaña del más famoso yokai de ficción. Tengo plena confianza en que vas a manejar esta última revelación con dificultad mínima. - Inuno enarcó una ceja.
- Más viejo que el polvo ¿verdad? - Ella aún negaba con la cabeza, pero la incredulidad dejó su expresión.
- ¿Quién iba a saber que estabas restándole importancia? - murmuró. Fue a los pies de la cama, arrastrándose lentamente mientras deslizaba su cuerpo sobre el de Izayoi desde sus pies hasta el pecho. Cuando sus rostros estaban al mismo nivel, se detuvo, dejando que su aura, así como su piel acarician la de ella.
- ¿Me siento demasiado antiguo para ti ahora? ¿Muy diferente de la persona a la que amabas antes de saber esto? - murmuró.
- No, no te sientes demasiado antiguo. O demasiado diferente. - Los ojos de ella ya estaban rojo brillante, y sus labios carnosos se separaron.
- Te sientes como mío. Quien sea que hayas sido, quienquiera que seas… eres mío. - Su voz ronca.
- Has hablado, por lo que será decretado. Por toda la eternidad. - Inuno sonrió, sus colmillos extendiéndose en toda su longitud.
Continuara…
