Ratonera

El Gran Cañón estaba lleno de color con los rayos del sol poniente. Ladrillo, naranja, bermellón, dorado, añil, y plata parecía intercalarse en un mural sin fin que era impresionante. Si Izayoi no hubiera estado tan preocupada por lo que la próxima hora podría traer, se habría mantenido girando en círculos lentos para tratar de memorizar la belleza asombrosa a su alrededor.

Pero, por supuesto, este no era un viaje de turismo, a pesar de que estaban en una de las atracciones turísticas más visitadas de los Estados Unidos. El Gran Cañón era también un buen lugar si necesitaban correr por sus vidas. La gran cantidad cuevas, fisuras y escondites eran sólo superados por la enormidad del lugar. Cualquier perseguidor, Guardianes de Ley o Enforcers no sabrían si buscarlos en el cielo o el suelo, o eso había explicado Inuno. Izayoi se situó entre Sesshomaru y Inuno, la brisa coloreando el olor natural del aire con los diferentes aromas que emanaban de los dos yokais. La mezcla de Inuno de sándalo y especias oscuras se entremezclaba con el aroma más inusual de Sesshomaru de canela y… humo.

- Mira - dijo Inuno, apuntando hacia el sur.

Ella fijó su mirada en esa dirección, pero lo único que vio fue a una adolescente pelirroja caminando por un sendero a unos doscientos metros por debajo de donde estaban. Ella debería estar a la cabeza de su grupo de turistas, aunque Izayoi se sorprendió de que los tours se realizaran por la noche. Tal vez debería ir allí y cautivar al grupo a dar la vuelta para que no hubiese ningún humano inocente que podría resultar lastimado si las cosas se volvían desastrosas con la Guardiana de Ley…

- Inuno. He venido sola como prometí. - dijo la adolescente.

- ¿Esa es Ayame? - Izayoi soltó. ¿La poderosa Guardiana de Ley de la que Inuno y Sesshomaru habían hablado en un tono tan cauteloso? ¡Ni siquiera se veía de la edad suficiente para conducir un auto! La hermosa joven pelirroja miró directamente a ella entonces, y aún en la distancia, Izayoi pudo ver un destello de color verde brillante en sus ojos. No era humana, sin lugar a dudas.

- Aprenderás rápidamente que las apariencias es la manera menos fiable para juzgar a nadie en nuestro mundo. Tómame a mí, por ejemplo. - Sesshomaru apuntó su mirada a Izayoi.

Levantó una mano hacia Ayame, y esta estalló en llamas azules. Los ojos de Izayoi se ampliaron. Ni los dedos ni la palma de la mano de Sesshomaru parecían en lo más mínimo estar quemados. Las llamas cubrían el puño de su camisa, pero de alguna manera el material no se incendió. Luego, cuando Sesshomaru bajó la mano, las llamas se apagaron sin ni siquiera una chispa o cabello chamuscado para demostrarlo.

- Ahora sé por qué hueles a humo todo el tiempo - murmuró Izayoi, añadiendo piroquinesia a su lista mental de habilidades que algunos yokais eran capaces de manifestar.

- Ayame. Te doy las gracias por haber venido. - dijo Inuno.

Su voz era tranquila y confiada, pero Izayoi sintió la tensión de Inuno chirriando en su subconsciente. Él estaba preparado para que esto fuera un ataque, listo para enviarla lejos al menor indicio de que esto fuera una emboscada. La pelirroja Guardiana aumentó su ritmo a medida que se acercaba a ellos, moviéndose ahora con gracia y velocidad por la pendiente empinada de una manera que hacía obvio que no era humana. En el momento en que estaba a unos cincuenta metros, Izayoi podía sentir la energía crepitante saliendo de ella. Poder que sólo había sentido antes en tal magnitud de Inuno.

- Tienes una hora para defender tu caso, Inuno - dijo Ayame en un tono agudo.

- Esa es toda la cortesía que la memoria de nuestro sire y nuestra larga asociación puede comprarte. - Esto no suena prometedor, pensó Izayoi. Los rasgos de muñeca-Barbie de Ayame eran una máscara de ira, y la energía que giraba alrededor de ella se sentía claramente desagradable.

Inuno no se dejó intimidar por la actitud de la Guardiana de Ley. Inclinó la cabeza de una manera respetuosa y procedió a detallar en términos elocuentes y convincentes como se encontraba en Wyoming con Izayoi y Gorgon, mientras que el incendio del club y los asesinatos ocurrieron. Le dijo a Ayame que podía obtener sus registros de teléfono celular para determinar que las llamadas se hicieron desde Wyoming y no desde, Chicago, y que nunca dejaría evidencias de la existencia de su raza para que los humanos las pudieran encontrar, como lo demostró al destruir las cámaras en Disneylandia. Cerró con disculpas por la paliza a los Enforcers, pero dijo que había sentido era la única manera de proteger a Izayoi de los posteriores fines corruptos de Ryuko. Izayoi casi quería aplaudir cuando terminó. Si se trataba de un discurso de campaña, se habría ganado a todos los votantes. Excepto a uno.

- ¿Y te disculpas por el asesinato de un Enforcer, también? ¿O es que eso, también, escapó de tu atención en tu afán de defender a tu nueva amante? - Ayame casi escupió a Inuno.

- ¿Qué Enforcer? No maté a ninguno de ellos. - Su expresión se oscureció.

- Josephus te persiguió por el cielo junto con otros seis, pero más tarde fue encontrado marchito en el suelo - respondió Ayame. Su mirada le rastrilló.

- Estás acusado del asesinato de un Guardián Enforcer. Incluso tus muchos aliados no serán capaces de influir en el concejo por misericordia, no importa lo poderosos que puedan ser. - Ella dio una mirada a Sesshomaru cuando hizo ese comentario, pero Izayoi se indignó demasiado para permanecer en silencio.

- ¡Inuno no lo hizo! Fuimos directo desde el cielo al océano, no a ningún lugar sobre la tierra. Debo recordar eso, porque me asustó como la mierda. - estallo.

- Izayoi… - comenzó Inuno.

- Es verdad - respondió ella, más para Ayame que para él. La expresión de la pelirroja no cambió, pero Izayoi no permitió que la detuviera.

- Déjame adivinar, crees la declaración de Ryuko de que Inuno hizo todas estas cosas porque ha perdido la cabeza por mí, ¿verdad? ¿Y yo sólo soy una zorra malvada a la que le gusta incitarlo al asesinato? ¿Podría alguien por lo menos conocerme antes de pensar eso? Pensé que el sistema judicial humano era desordenado a veces, pero su sistema de yokais es peor. Por lo menos tenemos inocente hasta que se pruebe lo contrario. No culpable y sentenciado incluso antes de tomarse la molestia de mirar todos los hechos. - Estaba tan harta de que la gente asumiera que Inuno había hecho cosas horribles, sin molestarse en considerar una vez que alguien más podría estar involucrado.

- ¡Izayoi! - la voz de Inuno fue más dura.

- ¿Te atreves a insultar las leyes? - Demandó Ayame, tendiéndole la mano a Inuno después de que sintiera como si él hubiese puesto una mordaza invisible a través de la boca de Izayoi.

- No interfieras. Déjala hablar, o me iré ahora - gruñó Ayame. Los labios de Izayoi fueron liberados de su súbita inmovilidad. Le dio una única mirada fulminante a Inuno que prometía graves consecuencias si alguna vez lo hacía de nuevo, a continuación, se dirigió a la Guardiana que ya echaba humo.

- Estoy a favor de sus leyes para buscar justicia contra quien mató a ese Enforcer y filtró la cinta, pero tengo que decir que no estoy impresionada con el poco trabajo de investigación que se ha hecho. Ryuko dice que Inuno incendió ese club, por lo que la gente sólo lo cree, no importa que yo estuviera loca por sed de sangre esos primeros días y Inuno estaba ocupado cuidando de mí. Luego, un Enforcer termina muerto después de perseguir a Inuno, así que obviamente, Inuno lo mató. No se considera otra explicación a pesar de que si la sentencia es tan grave para una muerte, ¿Por qué entonces Inuno no los mató a todos? No tiene sentido, especialmente si crees que se ha doblegado de repente por una mujer a la que le gusta que mate a la gente por ella, como Ryuko sigue reclamando. - Ayame tenía a Izayoi por el cuello de su camisa, sus ojos azules mar taladrando en los de ella.

- Tal vez Inuno actuó sin tu conocimiento. Tal vez te obligó a participar. En este momento, sólo te estoy ofreciendo la posibilidad de admitir la verdad sin temor a la persecución. Tienes la palabra de un Guardián de no se te presentarán cargos. ¿Hizo Inuno estas cosas? ¿O alguna vez dejó tu lado durante la noche del incendio, o después de que los Enforcers les persiguieron, para poder cometer estos crímenes? – insinuó Ayame en tono cálido, pero Izayoi no cayo.

- No a todo lo anterior. No fue él. - contestó Izayoi sin apartar la vista.

- ¿Estás dispuesta a jurar por tu sangre que es inocente? ¿De renunciar a tu propia vida si es encontrado culpable de cometer aunque sea uno de estos actos? - La mirada de Ayame aún perforaba la de ella.

- Sí - dijo Izayoi sin pestañear.

- ¡Ella no ha sido acusada de nada, no puedes esperar que pierda su vida sobre la base de la decisión del concejo con respecto mí! – fue cuando Inuno estalló.

- Si puedo - dijo Ayame, liberando a Izayoi.

- Y voy a repetir su voto al concejo una vez que regrese, así que si tienes alguna culpa que confesar, Inuno, y desea liberarla de ello, hazlo ahora. - Inuno le dio a Izayoi una mirada tan atormentada que hizo que el miedo se deslizara hasta su columna vertebral. No confesaría algo que no había hecho, ¿verdad? Por supuesto que no. Él estaría condenándose a sí mismo a la muerte sólo en la mera casualidad que otros Guardianes votaran en su contra...

- No - ella jadeó, apretándole los brazos.

- ¡Sé qué piensas que vas a morir de todas formas, pero tus visiones son incorrectas, Inuno! Están estancadas y retorcidas por la culpa que sientes por cosas de las que ni siquiera tienes la culpa. Esta no es la única manera de salvarme. Vamos, si Ayame de alguna manera no sospechara que algo más estaba pasando, no se habría presentado. ¡No hiciste nada de esto! ¡No te atrevas a decir que lo hiciste! - Lágrimas se derramaban de sus ojos, y lo apretaba tan fuerte que Izayoi oyó romperse los huesos de los brazos de él, pero el miedo la hizo incapaz de aflojar su agarre. Inuno estaba a punto de escapar de ella para siempre, podía sentirlo.

- No te fíes de lo que esas malditas visiones dicen - susurró.

- Confía en mí. Podemos vencer a Ryuko otra manera, lo sé. Déjame probártelo. - Sus ojos, tan oscuros y sin fondo, miraron hacia ella. Muy suavemente, se apoderó de sus manos y tiró de ellas fuera de sus brazos con una flexión de su poder. Luego se las llevó a los labios.

- Te amo - susurró contra su piel.

- No, por favor - le rogó, el pánico en aumento mientras las lágrimas continuaban deslizándose por sus mejillas. Inuno miró de Izayoi a Ayame.

- No tuve nada que ver con el incendio, la muerte de esas personas, o la muerte del Enforcer. La misma persona que me acusa es el responsable. Ryukotsusei. - dijo él en un tono claro.

Alivió inundó a Izayoi con tanta fuerza que pensó que su rodillas cederían. Todos sus instintos le gritaban que Inuno había estado a minutos de asumir toda la culpa. Parte de ella quería lanzar sus brazos alrededor de él, mientras que otra parte quería darle una bofetada por casi hacer algo tan noble, y letalmente estúpido.

- Nunca más me asustes así de nuevo - le ordenó con voz temblorosa.

- En cambio, me he aterrorizado a mí mismo. - Su boca se curvó en una sonrisa triste.

Izayoi sabía lo que quería decir, pero creía en todo lo que dijo acerca de encontrar una manera de vencer a Ryukotsusei. La expresión de Ayame, cuando la miró sólo lo confirmó. La Guardiana de Ley parecía cautelosa pero reflexiva, esa enojada y acusatoria luz inicial dejó su mirada.

- Inuno, si continúas tratando desperdiciar tu vida, te voy a matar yo mismo tan lentamente que me rogaras piedad más veces que años cargas en tu espalda. Es posible que no seas tan necesario para tu gente con Inuyasha compartiendo tu línea, pero eres necesario para tus amigos. Recuerda eso la próxima vez que escuches el canto de sirena de la tumba. - murmuró Sesshomaru.

- La mayoría de los Guardianes cree que mataste a esos yokais y le prendiste fuego al club. Hubo, sin embargo, un hallazgo preocupante en el cuerpo de Josephus. Su cabeza había sido cortada, pero una inspección más cercana reveló que podría haber sido apuñalado por la espalda. - dijo Ayame, hablando por primera vez después de varios momentos. ― ‖

- ¿No sería evidente si lo hubiese sido? - preguntó Izayoi, frunciendo el ceño.

- No. Cuando un yokai muere, el cuerpo se descompone de nuevo a su verdadera edad. Josephus tenía varios cientos de años. Debe haber quedado poco de él, excepto piel seca y huesos. - respondió Inuno.

No era una bonita imagen mental, pero los cadáveres lo eran pocas veces. Izayoi todavía no había entendido la importancia de la herida de cuchillo como sospechosa, a menos que los otros Enforcers revelaran que Inuno dejó todos los cuchillos de ellos atrás en el parque. Aunque Josephus podría haber tomado su propia espada antes de que él los persiguiera y luego ser asesinado con eso…

- Ahí lo tienes - dijo Sesshomaru, sonando satisfecho.

- Yokai u oni, Inuno no utiliza cuchillos para matar. Él simplemente corta la cabeza con su poder. Ryuko hubiese necesitado un cuchillo contra un Enforcer, y el elemento de sorpresa, también. Eso explica por qué la herida de Josephus estaba en la espalda. Pobre bastardo probablemente nunca lo vio venir. - Un destello de ese día en el almacén se deslizó a través de la memoria de Izayoi, e hizo una mueca. Inuno había decapitado a todos los demonios con un solo pensamiento, más rápido de lo que le habría tomado recoger uno de los cuchillos de ellos. ¿Por qué Inuno usaría cuchillos cuando su telequinesis era un arma mucho más rápida y letal?

- Ryuko debe haber tomado la cabeza de Josephus después de muerto para que pareciera como si yo lo hubiera hecho. Ingenioso. No debe haber pensado que alguien buscaría una herida de cuchillo, o que las pruebas de una permanecerían. Al culparme de la muerte de un Enforcer, la mayoría de mis aliados se apartarían. Él ya sabe que busqué la muerte antes. Esto me dejaría en una posición mucho más desesperada para darle lo que quiere en primer lugar. - reflexionó Inuno.

- ¿Qué es lo que quiere, aparte de que acabes muerto? - gruñó Izayoi.

- Mi poder. Caín fue el padre de nuestra raza, maldecido por su dios para siempre a vagar por la tierra como un fugitivo en castigo por el asesinato de Abel. Pero Caín declaró que su sentencia era demasiado grande, y su dios se apiadó, marcando a Caín para que nadie pudiera matarlo. Caín se convirtió así en el primer yokai, dependiente de la sangre en busca de sustento, pero más allá de la muerte mortal y poseedor de poderes increíbles. Caín luego hizo su propia raza para reemplazar a la familia de la que había sido expulsado, pero sólo a uno de sus descendientes le dio una parte de su increíble poder. Enoch fue el primer receptor, y muchos siglos después, Enoch pasó el legado de poder de Caín a su heredero, Tenoch, que luego lo pasó a mí. - Las pelirrojas cejas de Ayame se arquearon.

- ¿Cómo podría Ryukotsusei conseguir eso de ti ahora? Le diste ese legado de poder a Inuyasha cuando fusionaste tu línea con la de él. – pregunto seriamente.

- Así lo hice, e Inuyasha no puede pasar el poder a nadie más hasta que lo domine por completo. Me llevó varios cientos de años hacer eso. Ryuko no tiene ninguna intención de esperar tanto tiempo. Él quiere que le ceda todo el poder que queda en mí. Es la única manera de estar seguro de que finalmente poseería el legado de Caín. – se encogió de hombros.

- Pero si cedes todo tu poder… - La voz de Izayoi se apagó.

- Es probable que muera. O que Ryuko me mate, una vez que esté debilitado después de dárselo. Si vivo después de entregar mi poder, sería la prueba de su duplicidad. Si estoy muerto, Ryuko podría mantener en secreto su nuevo poder, y muy pocos sabrían que lo tiene. - Él dio un resoplido sombrío.

- Esperas que el Concejo de Guardianes crea tus acusaciones en contra de otro Guardián de conspiración, asesinato, exposición de la raza, y chantaje. Todo se basa en conjeturas cuando tu propia adhesión a nuestras leyes ha sido irregular. - La cara de Ayame estaba muy solemne.

- ¿Irregular? Él no ha hecho nada malo - dijo Izayoi con frustración.

- Rumores abundan que Inuno conjuró espectros para encontrar y matar a su esposa. La Magia Negra está expresamente prohibida por la ley, pero, por supuesto, todos aquellos que fueron testigos de la muerte de Irasue y la muerte de sus guardias son leales a Inuno y no lo confirmarían. - Ella le dio una mirada penetrante a Sesshomaru mientras hablaba. Él le guiñó un ojo, su boca curvándose en una sonrisa socarrona.

- ¿Esos mismos rumores mencionan cómo Irasue convocó un ejército de la tumba para emboscarme a mí y a mi gente? - preguntó Inuno.

- ¿Ella envió zombis tras de ti? - Izayoi preguntó, incrédula.

- Sí. Y cualquier cosa de la tumba no puede ser asesinada por medios normales. Incluso mi telequinesis era inútil contra ellos, porque la magia de la tumba no está sujeta a los poderes de los vivos, como Irasue sabía. - respondió Inuno brevemente.

- Podría haber presentado una queja formal… - Ayame comenzó.

- Lo qué hubiera tomado semanas para investigar - Inuno interrumpió.

- Dejándome a mí y la mayoría de mi gente muertos para entonces ya que Irasue habría conjurado otra forma de magia de la tumba para terminar con nosotros después de que la primera fracasó. Fue sólo una conjetura afortunada la que nos salvó en ese momento, pero ya era demasiado tarde para las decenas que había sido asesinados. - La mandíbula de la Guardiana de Ley estaba estable en una línea dura. Izayoi casi podía sentir la tensión entre ellos tres, y sus luchas internas sólo ayudarían a Ryuko.

- Entiendo tu reverencia por la ley, Ayame - dijo Izayoi.

- Eres un buen policía. Pero, hipotéticamente, si Inuno hubiese conjurado ese hechizo en contra de su esposa, entonces sabe una manera segura de matar a Ryuko. También sabe que nadie está dispuesto a testificar en su contra, ya sea por lealtad o miedo. Sin embargo, Inuno se niega a usar este poder invencible contra alguien que está haciendo todo lo posible para derribarlo. - Izayoi se acercó más, y bajó la voz.

- Si usó antes ese poder, sólo fue en defensa propia, y casi todas las leyes permiten libertad para la auto-defensa. Él no lo está usando ahora a pesar de que sería la forma más rápida de ganar, así que ¿No está él, entonces, probando su máximo respeto por la ley? - Ayame se quedó mirando cada uno de ellos durante mucho tiempo, sus ojos azules mucho más antiguos que su aspecto adolescente. Izayoi se mantuvo completamente inmóvil. Rezando que la Guardiana de Ley viera más allá del castillo de cartas de Ryuko.

- Puedo estar inclinada a creerte, pero el resto del Concejo de Guardianes requieren pruebas, no conjeturas, por muy convincentes que estas sean - dijo Ayame finalmente.

Y en el tiempo que les llevaría obtener dichas pruebas, Ryuko estaría ocupado creando más situaciones incriminatorias para Inuno, causando la muerte de muchas más personas inocentes. Los dientes de Izayoi se apretaron. Ella había ayudado a atrapar a un policía corrupto, una vez con Takemaru. Tal vez podría hacerlo de nuevo con Ryuko.

- Sé de una forma para atrapar a Ryuko. No te va a gustar. Pero tendremos que volver a Chicago para arreglar algunos asuntos en primer lugar. - dijo. Tres miradas giraron en su dirección.

Izayoi tomó la Línea Verde 10de Chicago como si fuera la primera vez. Esta era una ruta tan familiar para ella a lo largo del Loop11, pero ahora, todo era diferente. La multitud de olores eran abrumadores, incluso más dominantes que el rugido de los carros del metro, mientras iban disparados a lo largo de las vías. Aparte de los fuertes aromas de alcohol, orina, hedor corporal, perfumes, y mal aliento, los olores persistentes en el carro eran también como huellas dactilares de emociones.

Por supuesto, también podía oler rastros de sangre, ya fuera en el tránsito o persistiendo en algunas de las personas que entraban y salían en su camino a su próxima ubicación. Se había alimentado recientemente de nuevo, así que el olor no despertó el hambre en ella al reconocerlo. La sangre era una parte de su vida ahora, no más una opción que ella había decidido dejar de oler cuando era humana. De alguna manera, Izayoi no podía creer el poco tiempo que había pasado desde que se había despertado por primera vez como un yokai. Se sentía mucho más tiempo, al igual que el tiempo que había transcurrido desde que había conocido Inuno. Calendarios, fechas y relojes no eran una forma precisa de medir algunas cosas.

Una voz anunció que la parada siguiente era Clinton Street. Izayoi se colgó su bolso al hombro y se puso de pie, sin necesidad de aferrarse a la parte posterior del asiento o al poste por equilibrio. Cuando el carro se detuvo, se bajó, dirigiéndose ahora por las familiares calles que la llevaban al apartamento de Tina.

Muchas veces antes, Izayoi había caminado esta parte de West Loop por la noche con su atención centrada en la abertura de cualquier callejón a su lado, o extendidas zonas de oscuridad, donde la luz de las farolas no penetraba. O por el sonido de pasos siguiéndola demasiado cerca. Ahora se dirigía por las calles sin mirar a ningún lugar más que hacia adelante, sus pasos ligeros y seguros. No más parches de oscuridad, armas, callejones, o extraños al acecho podrían hacerle daño nunca más. Todo el mundo a lo largo de estas calles tenía latidos de corazón, haciéndolos vulnerables para ella, no a la inversa, en caso de que decidieran cruzarse en su camino con malas intenciones.

Llegó al edificio de Tina un poco más rápido de lo que lo habría hecho en condiciones normales. Después de todo, no podía atraer atención no deseada pasando por las calles a una velocidad sobrenatural. Uso su llave para entrar, y luego eligió las escaleras en vez de los ascensores para evitar a cualquiera de los vecinos de Tina, que podría reconocerla si se topaba con ellos. Izayoi ya sabía que su identidad se había filtrado en las estaciones de noticias en los últimos días. La última vez que había llamado a Tina, su hermana había colgado sin hablar. No pensaba que Tina estuviese enojada con ella. Asumió que la línea de teléfono de Tina era monitoreada, lo que significaba que probablemente su teléfono móvil, también. Izayoi no se molestó en llamar a su hermano, casi nunca tenía un número estable.

La escalera estaba vacía, lo que le permitió a Izayoi moverse en lo que rápidamente se estaba convirtiendo en una velocidad más natural para ella. Alcanzó el nivel catorce en pocos minutos, cepillándose el pelo detrás de la oreja reflexivamente antes de entrar en el piso. Una vez fuera del apartamento de Tina, sin embargo, se detuvo. Había dos latidos de corazón en el interior, no uno. Izayoi inhaló cerca de la puerta, pero no pudo distinguir nada demasiado útil. Nunca había cogido el olor de su hermana como un yokai aunque la fuerte fragancia cítrica cerca de la entrada, probablemente pertenecía a Tina. ¿Quién estaba allí con su hermana? ¿Y quién fuera, presentaría un problema?

No podía darse el lujo de irse ahora. Había arriesgado mucho para venir aquí. Izayoi llamó, de nuevo alisándose el pelo a un lado mientras esperaba. Primero oyó pasos, un latido de corazón justo del otro lado de la puerta, y luego un grito ahogado de asombro antes de que la puerta se abriera. Tina estaba de pie en el otro lado, todavía siendo pelirroja y menuda, como siempre, pero con un brillo saludable en su tez que no tenía la última vez que la había visto. Izayoi sonrió. La sangre de Inuno había traído a su hermana pequeña de vuelta, y ahora tenía el tratamiento para la enfermedad de Tina corriendo por sus venas.

- Hey - dijo Izayoi.

- ¿Puedo entrar? - Los ojos azules de Tina estaban muy abiertos, y su olor —sí, era esa mezcla cítrica de la que Izayoi había cogido una bocanada fuera de la puerta, como naranjas y clavo —se agrió muy ligeramente mientras su pulso se aceleraba.

- ¿Está todo bien? - Izayoi preguntó, tensándose. ¿Había un policía en el apartamento con Tina? Buen Dios, ¿Habían enviado a alguien después de que Izayoi llamó la última vez?

- ¿Izayoi? - dijo Tina provisionalmente, como si no acabara de creer a quién estaba viendo.

- ¿Quién es, T? - preguntó la voz de su hermano saliendo desde el interior del apartamento.

- ¿Rick está aquí? Oh, Tina, no le dejaste que se mudara contigo, ¿verdad? - preguntó Izayoi, sacudiendo la cabeza.

- ¿Quién es? - Su hermano apareció detrás del hombro de Tina. Sus ojos estaban rojos y por un pliegue en la mejilla, parecía que acababa de despertar.

- Izayoi, ¡mierda santa! - dijo, sus ojos desorbitados cuando la vio.

- Estás en un gran problema, hombre. Así como, enorme - terminó Rick.

- Hola, Rick ¿Joey finalmente te echó? - dijo Izayoi con voz seca.

Tina se alejó en silencio. Izayoi entró, un olfateo reveló que Rick olía a marihuana, alguna otra droga, cigarrillos y alcohol. Una mirada mostró que había creado una cama en el sofá de Tina. Parecía como si hubiera estado aquí durante días. Latas de cerveza vacías, un cenicero rebosante de colillas, y un par de bolsas arrugados de papas fritas completaban el cuadro. Izayoi quería golpearlo, y no sólo por destrozar el departamento de Tina mientras se sentía como en su casa.

- ¿Estás fumando cerca de Tina? Ella tiene FQ y acaba de salir del hospital hace un par de semanas después de casi morir, ¿Pero tu maldita adicción a la nicotina es más importante que sus pulmones? ¿Ni siquiera podías salir a la calle para dejarla respirar un poco de aire limpio en su propio apartamento, Rick? - Su rostro se puso rojo moteado.

- Te busca la jodida policía, el FBI, y tal vez más, ¿Pero vas a ser una perra conmigo por fumar? Amiga, tienes algo de nervios… - comenzó a chillar su hermano.

- Oh, cállate - le espetó Izayoi.

Para su sorpresa, Rick dejó de hablar. De una vez. Su boca se abrió, pero no salió nada. Entonces sus ojos se desorbitaron, y comenzó a agitar sus manos como si estuvieran quemándose. Izayoi se giró, esperando ver a alguien detrás de ella, pero no había nadie, excepto Tina. Ella acaba de cerrar la puerta y se quedó mirándola.

- Tus ojos… - susurró.

Izayoi maldijo. Había mantenido un agarre perfecto a sus emociones durante todo el camino aquí, pero cinco segundos en compañía de su hermano había dejado caer su disfraz normal disparándole dagas de brillante resplandor sobrenatural. Ahora tenía que solucionar este lío.

- Rick, siéntate. Encuentra un lugar mental feliz o algo - le ordenó.

Rick se sentó en el suelo, sus movimientos frenéticos amortiguados y una expresión de paz estableciéndose en sus rasgos. Izayoi se encontró estando agradecida de que no había sido un yokai cuando eran niños y tuvo que cuidarlo por su padre y su nueva esposa. Podría haberse aprovechado horriblemente de sus habilidades de control mental. Rick daba demasiado trabajo incluso cuando era niño. Luego se volvió a Tina, que tenía los ojos cerrados, mientras que una sola lágrima resbalaba por sus mejillas.

- No, Izayoi - dijo Tina, sacudiendo la cabeza con los ojos todavía cerrados con fuerza.

- Lo que sea que le hayas hecho, no me lo hagas a mí. Lo sabía. Vi la cinta en YouTube, y aunque no quería creer… aun así, nunca te hubieras metido en algo así, y luego simplemente desaparecer. Incluso si lo hicieras, la cruz de mamá. No habrías dejado a alguien arrancarla de tu cuello y usarla de esa manera si sólo fuera un acto. No te habías quitado su collar desde que murió, así que cuando vi eso, sabía que tenía que ser real… - La mano de Izayoi se cerró sobre la cruz en su garganta.

Le había sorprendido saber que Inuno la había utilizado para cortar su propia garganta y alimentarla con su sangre, pero nunca se le ocurrió que Tina vería eso y sería capaz de determinar que no era un torcido juego de roles. Tina estaba en lo cierto, sin embargo. No se había quitado este collar, no desde que lo había desenganchado de la garganta de su madre y lo puso alrededor de la suya el día antes del funeral de su madre.

- Tina… - No estaba segura de qué decir. No había previsto decirle a su hermana tan pronto. Con el tiempo, sí, pero no esta noche. A Rick, creyó que nunca podría decirle.

- La policía encontró un montón de frascos de sangre en tu apartamento. Me preguntaron si sabía si estabas en algún juego de rol de yokais, si había visto a ese tipo del video antes, o si sabía dónde estabas. - La voz de Tina se quebró.

- Les dije que no sabía nada, pero sí reconocí a ese tipo del hospital la noche que me desconectaron del respirador. Las enfermeras seguían hablando como era un milagro la forma en que me recuperé. Nunca me había sentido mejor últimamente, tampoco. Luego, cuando vi la cinta, él, lo que sucedió, y tú desapareciendo... de repente, supe por qué estaba mejor. - Oh Dios, Tina lo había pensado todo hasta el final. Izayoi luchó con lo que debía hacer. Un destello de sus ojos, e Izayoi podría hacer a Tina olvidar todo, pero aunque con Rick, no tenía otra opción, Tina podría ser capaz de manejar esto.

- Lo conocí por accidente - dijo Izayoi, tratando de resumir las increíbles últimas semanas de la mejor manera posible.

- Vi cosas que me hicieron saber que él no era humano, pero no pudo hacerme olvidar como podía con la mayoría de la gente. Cuando te dije que tenía gripe, no era cierto. Él me mantenía con él, con la esperanza de que caería bajo su poder y que podría borrar de mi mente lo que había visto, pero eso nunca sucedió. Entonces dejó que me fuera, pero sentí algo tan fuerte por él, que lo busqué. Eso me llevó al club. Viste lo que pasó allí. - Tina no dijo nada, pero su rostro se puso pálido.

- ¿Él le prendió fuego al lugar? ¿Mató a esas personas? – Sin embargo, su pequeño cuerpo estaba recto.

- No. Él fue inculpado por ese bastardo que ordenó mi muerte. Puede que esté lejos por un tiempo, pero quería volver a verte y decirte… bueno, no tenía la intención de decirte esto, pero quería decirte que no tienes que preocuparte. Estoy bien, mejor que bien, y una vez que esto se resuelva, voy a estar de vuelta en tu vida como antes. - dijo Izayoi de una vez.

- He estado tan asustada. Pensé que te habías ido para siempre, porque eras otra cosa ahora. No sé qué significa todo esto, y es tan difícil de creerlo, incluso, pero cuando te oí discutir con Rick, sabía que eras todavía tú en el fondo. - Tina finalmente encontró la mirada de Izayoi. Otra lágrima resbaló por su mejilla.

- Por supuesto que sigo siendo yo. No es nada como los mitos, Tina. No mato a la gente. No me oculto en una cripta durante el día. Puedes ver que estoy todavía usando la cruz de mamá, así que no retrocedo ante objetos religiosos, tampoco. La mayor parte de lo que has oído está mal, de hecho. – Izayoi sintió que su propia mirada se humedecía. Tina todavía parecía un poco aturdida, pero Izayoi recordaba cómo se había sentido abrumada al principio, también, y que había tenido más pruebas de las que Tina había visto.

- ¿Tienes colmillos? - preguntó Tina, viéndose al mismo tiempo fascinada y vacilante.

- Sí. Todavía me estoy acostumbrando a ellos. - Izayoi sonrió con ironía.

- Y el tipo... tú y él… - tartamudeo nerviosa.

- Su nombre es Inuno, y lo amo - contestó en voz baja Izayoi.

- Es increíble. No tengo tiempo para decirte cuánto, pero en realidad lo es. Lo conocerás pronto, lo prometo. - Tina miró por encima de su hombro, como si Inuno pudiera mágicamente aparecer detrás de ella a través de la puerta.

- Eso va a ser, ah, un poco raro. Quiero decir, eres mi hermana, no te sientes como algo distinto, incluso si lo eres ahora. Pero él es todo lo contrario. Incluso se ve como un yokai, con toda esa cosa de alto, moreno y ardiente pasando. ¿Vive en una de esas casas grandes y espeluznantes? - dijo con un nudo en la garganta.

- No, las dos en las que he estado eran bastante normales - dijo Izayoi mientras pensaba, aparte de la casa que aún no he visto. Esa enorme y triangular en la meseta de Guiza.

- No puedes decirle a Rick. Él te ama, pero dirá todo sobre ti tan pronto como la policía le interrogue. Les dijo todo lo que has hecho desde que tenías diez años. Si él sabe de esto, va a ir a la policía, las noticias, lo que sea. - La mirada de Tina se desvió detrás de Izayoi.

- No, no le diré a Rick - suspiró Izayoi, siguiendo la mirada de Tina a su hermano.

- Ni siquiera recordará que vine aquí, tampoco. Pero tú lo harás. Si así lo deseas. - Rick tarareaba para sí mismo, sentado, viéndose mucho más relajado de lo que lo había visto sin estar demasiado drogado.

- Si quiero. Puedes confiar en mí. - La expresión de Tina se mantuvo estable a pesar de que aún estaba pálida.

- Sé que puedo, Tiny-T - dijo Izayoi, llamándola por el apodo que había usado desde que eran niñas. Fue hacia su hermana, sintiendo a Tina temblar un poco mientras ella ponía sus brazos a su alrededor. Entonces su hermana se relajó cuando no ocurrió nada más, excepto un abrazo, sin saber que Izayoi se recitaba a sí misma "cáscaras de huevo" en la mente para que no inadvertidamente apretar demasiado.

- Me tengo que ir. Tuve que escaparme de Inuno cuando él estaba fuera para venir a verte. No me hubiera dejado hacerlo de otra manera, así que tengo que volver pronto. Se va a volverse loco si vuelve, y yo no estoy. - dijo al fin, liberando a Tina.

- ¿Él te impide salir? - Tina le tocó el brazo.

- No es para nada como Takemaru. Sólo está asustado de que algo me pase, por ese otro yokai que anda tras él. Es por eso que no podía venir a verte hasta que él saliera. Pero una vez que las cosas vuelvan a la normalidad, puedo ir donde yo quiera. - dijo Izayoi en voz baja, sabiendo de dónde provenía la preocupación de Tina.

- Eso espero. No llames o envíes correos electrónicos. Creo que la policía tiene mi teléfono y tal vez mi e-mail monitoreado, pero ten cuidado. - dijo Tina.

- Lo tendré. - Izayoi se acercó a Rick, mirando a su hermano. Si pudiera ayudarlo con su enfermedad tan fácilmente como Inuno había ayudado a Tina.

- Nunca me viste esta noche - dijo al fin, verde brillando de sus ojos.

- Has estado dormido. Cuando te despiertas en otro par de horas, sabrás que Tina y yo te amamos y siempre lo haremos. Irás a las reuniones de Narcóticos Anónimos, y obtendrás un patrocinador, porque te darás cuenta de que hay más en la vida que emborracharse o drogarse. Sabrás que hay más en ti que tu adicción, Rick, y que puedes vencerla. Ah, y no fumarás delante de Tina de nuevo - concluyó ella.

Izayoi no podía hacer que su hermano dejara las drogas y se mantuviera limpio, pero tal vez, sólo tal vez, esta directiva subconsciente lo pondría en el camino hacia la recuperación. En última instancia, sólo Rick podría salvar su propia vida. Todo lo que Izayoi podía hacer era tratar de darle un impulso. Luego se volvió a Tina, le dio un último abrazo, y salió del apartamento. Tomó de nuevo la escalera para bajar, contando los pisos y extrañando a Inuno a pesar de que habían pasado sólo unas horas desde que lo había visto. Las escaleras estaban en silencio excepto por el ruido de sus botas contra los escalones, pero después de que había descendido una media docena de plantas, un hormigueo en el aire como telarañas invisibles pasó rozando a través de la piel de Izayoi.

Vaciló un momento antes de volver a su ritmo. Seis pisos más para llegar al nivel de la calle. Esa sensación de tela de araña aumentó, pero Izayoi cuadró sus hombros y continuó bajando, haciendo caso omiso de la señal de SALIDA a su derecha que la llevaría al interior del sexto piso del edificio. Los yokais se estrellaron contra Izayoi antes de que llegara al cuarto piso…

Continuara…