Cebo
El nuevo teléfono móvil de Inuno sonó. Se quedó mirando los números que mostraban que era Inuyasha quien llamaba durante varios segundos antes de contestar. Le tomó ese tiempo recobrar la compostura para que su voz no traicionarán las emociones en furia en su interior.
- ¿Sí? – pregunto frio y casual.
- Acabo de colgar con Ryukotsusei - comenzó Inuyasha sin preámbulos.
- Le dije que no tenía idea de cómo contactarte y toda esa mierda, pero me dio un número que dijo debía repetirte. Dijo que necesitabas comunicarte con él antes de que sea demasiado tarde. ¿Qué demonios quiso decir con eso? - El poder aumentó en su interior, buscando a quien matar, pero la única persona sobre la que Inuno quería dar rienda suelta a esa fuerza letal no estaba aquí.
- Más amenazas sobre el Enforcer muerto, sin duda. Dame el número… y luego envía un correo electrónico masivo de inmediato a toda nuestra gente y que ellos los reenvíen a sus propiedades, repitiendo el número y el mensaje. - respondió con frialdad.
- Lo haré, pero dejar de mentirme ¿Qué ha hecho Ryukotsusei ahora? Déjame ayudarte. - dijo Inuyasha en un tono plano antes de repetir el número.
- Cuando aludiste la posibilidad de que habías manifestado más de mis poderes en el último año, ¿Sentir la ubicación de una persona era parte de esos poderes? - preguntó Inuno, haciendo caso omiso de la otra pregunta. Inuyasha se quedó en silencio por un momento.
- No - dijo finalmente.
- Entonces no puedes ayudarme. Pero puedes ayudar a nuestra gente al no ir corriendo a un conflicto con el Concejo de Guardianes. Envía el correo electrónico. Mantén el desconocimiento de cómo ponerse en contacto conmigo. Renuncia a mí si es necesario. Eso es lo que necesito de ti. - suspiró Inuno.
- Ahora sé cómo de frustrada se siente mi esposa cuando trato de mantenerla fuera de ciertas cosas por su propia protección. - Un bufido exasperado sonó al otro lado de la línea.
- Me alegro de que tengas a Kagome… Tú crees que actué como lo hice en el pasado sólo para asegurar sus poderes para nuestra línea, pero vi que la amarías. Eso, más que cualquier otra razón, fue por lo que intervine. - dijo Inuno en voz baja.
- ¿Por qué siento como si me estuvieras diciendo adiós? - preguntó Inuyasha, sus palabras afiladas con tensión. Inuno cerró los ojos, necesitando otro momento antes de poder hablar de nuevo.
- Me has hecho muy orgulloso - dijo al fin.
Luego colgó, incluso mientras Inuyasha empezaba a farfullar una demanda para saber dónde estaba. Cuando su móvil sonó de nuevo con el mismo número parpadeando, no contestó. Esperaría una hora, tiempo suficiente para que el email de Inuyasha circulara —y Inuyasha lo enviaría, sin importar lo furioso que estaba. Luego Inuno llamaría a Ryuko y escucharía al Guardián de Ley establecer las condiciones para la liberación de Izayoi, las que Ryuko que no tenía ninguna intención de cumplir.
Sabía sin lugar a dudas que Ryukotsusei la tenía. Si cualquier otro Guardián de Ley hubiese secuestrado a Izayoi, habrían sido ellos los que contactarían con Inuyasha, no Ryuko. La única pregunta era si Ryuko era lo suficientemente inteligente como para mantenerla viva. Inuyasha llamó cinco veces más en los siguientes veinte minutos. Inuno ignoró cada llamada. Exactamente sesenta minutos después de que haber colgado con Inuyasha, Inuno llamó al número que Inuyasha le había dado para contactar a Ryuko.
- Sí - respondió Ryuko después de varios timbres. Parecía molesto.
- Estoy aquí - declaró Inuno.
- Inu no Taisho, estoy decepcionado de tu co-gobernante. Al parecer mintió a un Guardián cuando dijo que no tenía forma de llegar hasta ti - ronroneó Ryuko, perdiendo su tono hostil.
- Inuyasha fue muy enérgico en su intento de entregar tu mensaje. Envió tu número a toda nuestra gente y a sus propiedades, instándoles a que lo reenviarán a todas las personas que conocieran en un intento de encontrar a alguien que pudiera ponerse en contacto conmigo. Puedes pasar tu tiempo buscando a través de esa lista de miles de personas para ver quién tuvo éxito, o podemos hablar. - Él casi sonrió.
- Inteligente. Eso explica todas las recientes llamadas y amenazas anónimas. Tu gente es muy leal. Y ahora necesito cambiar este número. - Ryuko dejó escapar una breve carcajada.
- Tú tienes lo que quiero. Tengo lo que quieres. O hablamos de un intercambio, o terminaré más que esta llamada. - dijo Inuno, demasiado preocupado por Izayoi para caer en las bromas de corte habitual de Ryuko.
- No sé de lo que estás hablando - dijo Ryuko con fingida inocencia.
- No hay necesidad de fingir. Si hubiese ido con el Concejo a acusarte de tomar a Izayoi, me hubiesen aprisionado a la vista, y tú eres demasiado cuidadoso para admitir nada por teléfono que yo podía grabar y reproducir para ellos más tarde. No tienes audiencia, además de mi, y me estoy impacientando. - respondió Inuno bruscamente.
- ¿Por qué, Inu no Taisho, suena como si hubieras perdido a tu yokai más joven? Me gustaría poder ayudar, pero no la he visto desde la noche que la cambiaste. - Un silbido bajo sonó.
Ryuko seguía hablando sin correr riesgos de que la conversación fuera supervisada, en persona o por dispositivos electrónicos. El poder de Inuno latía en su interior en olas hirvientes, olas letales que sólo eran comparables por su miedo por Izayoi. Si Ryuko la había matado…
- Sabes que anhelo salir de este mundo… Puedo lograr eso de dos maneras. Una de ellas es ir directamente al Concejo de Guardianes y reclamar la responsabilidad de todos los cargos levantados en mi contra. Mi sentencia será la muerte, y su justicia será rápida. O bien, puedo ir contigo e intercambiarme a mí mismo por la liberación segura de Izayoi. Voy a hacer una de estas cosas en las próximas veinticuatro horas. ¿Cuál será? - dijo en tono helado.
Ryuko se quedó en silencio. Inuno esperó mientras que el aumento de su ira y miedo hizo temblar las paredes a su alrededor. Ryuko había afirmado que él estaba irracionalmente enamorado de Izayoi por sus propios fines, pero nunca lo había creído realmente. Ryuko podría haber adivinado que se preocupaba por ella, pero ¿La ignorancia del Guardián de Ley de los verdaderos sentimientos de Inuno habían hecho que no pensara en mantener viva a Izayoi como chantaje? ¿Y si la había matado para incitar a Inuno a la imprudencia en un intento para más adelante volver e concejo en su contra? Inuno sabía que no deberían haber vuelto a Chicago como ella había insistido. Podrían haber conseguido pruebas contra Ryuko de otra manera. Si no hubiera aceptado el plan de Izayoi, ella estaría con él ahora…
- Si vas a entregarte, como Guardián y tu último familiar con vida, te pido que vengas a mí - dijo Ryuko al fin. ― ‖
- Odiaría que murieras asediado cuando puedo darle tranquilidad antes de que partas. - Inuno cerró los puños, mientras que el alivio se apoderaba de él. Ryuko seguía siendo cauteloso en su discurso, pero su significado era claro. Izayoi estaba viva, y Ryuko la ofrecía a cambio del poder Inuno… y su muerte.
- Luego la muerte que ya he buscado ahora será usada en el trueque de uno de mi pueblo. Dime, si no hubieras tomado a Izayoi, ¿A quién habrías usado a tu favor en mi contra para tus propósitos? - Ryuko ni siquiera estaba fingiendo que dejaría a Inuno vivo después.
- Como un Guardián, nunca chantajearía a nadie, pero si buscara aprovecharme en tu contra, Inu no Taisho, no sería difícil. Nunca das poco por aquellos que te importan - Ryuko respondió con satisfacción cruel.
- Y nunca te has dejado a ti mismo preocuparte por nada más que el poder. A pesar de todos mis lamentos, no cambiaría mi vida por la tuya, tío sin importar si me ganara otros cuatro mil años. - gruño Inuno.
- Estoy cansado de este intercambio. Te veré mañana a la medianoche en la parte superior del edificio del Bank of America en Atlanta. Ven desarmado y solo - espetó Ryuko.
- Necesito pruebas de que no voy a estar actuando en vano. Tu palabra no es suficiente. - contestó.
- Si hubiera "tomado" a Izayoi, no la llevaría a ningún lugar cerca de ti. Tú simplemente me matarías a mí y a cualquier guardia con ese formidable poder tuyo. Asumo un gran riesgo al encontrarme contigo solo para llevarte ante al concejo, pero me consuelo sabiendo que si algo me sucediera, se tomarán medidas que garantizarían tu posterior castigo. - Ryuko se rió entre dientes.
O, si no te pones en contacto con los guardias de Izayoi a la hora determinada, van a matarla, Inuno terminó lleno de cinismo. Lo había sospechado. Ryuko podría ser despiadado, pero no era un tonto. No, Izayoi estaría lejos del lugar donde Inuno se reuniría con Ryuko. La única razón por la que el Guardián de Ley no temía que Inuno la encontrara de antemano era porque su poder para localizar a las personas había desaparecido junto con sus visiones. Estoy llegando, el oscuro submundo de Duat parecía susurrarle. Aún no, Inuno dijo.
- Confío en que encontrarás otra manera de darme la prueba que necesito. Te veré en el tejado de la Torre a la medianoche de mañana - afirmó, y colgó.
- No tienes realmente intención de ir solo, ¿verdad? - Sesshomaru cruzó la habitación, con las manos detrás de su espalda, la mirada dura.
- ¿Con Ryuko? Oh, sí. - Inuno le dio una sonrisa triste.
Izayoi podía oír hablar a Ryuko con Inuno en una de las otras habitaciones del antiguo complejo donde la había encerrado. Imágenes de serpientes emplumadas, guerra y guerreros estaban talladas en las pálidas paredes de piedra en torno a ella en este templo parcialmente derrumbado, proveyendo el perfecto e inquietante telón de fondo para los torcidos planes del Guardián de Ley. Izayoi casi podía imaginar que aún se escuchaba el eco de gritos de los sacrificios dispuestos a través de las ruinas de la antiguamente, gran ciudad del los Mayas.
Grilletes de hierro en sus muñecas y tobillos estaban clavados en la pared detrás de Izayoi. Los grilletes le permitían movimiento por lo que su piel se irritaba y sanaba en un patrón que se repetía cada vez que se movía, pero las esposas no eran responsables por el ardiente dolor en su interior. Su hambre lo era. No se había alimentado desde antes de que fuera a ver a su hermana.
Después de que el trío de yokais la secuestrara del edificio de Tina y Izayoi fuera traída en avión a este sitio enorme en ruinas, Ryuko había drenado sistemáticamente toda la sangre fuera de ella con múltiples cortes con un cuchillo de plata. No porque fuera cruel, le había explicado con una sonrisa fría, sino porque de esta manera, estaría demasiado débil para liberarse. Ryuko incluso tuvo el descaro de decirle que no tenía motivos para temer que ninguno de sus guardias le degradara mientras estaba en esta posición indefensa clavada a una pared. Después de todo, era un Guardián de Ley, y los Guardianes no toleraban ciertas actividades de falta de respeto.
Izayoi se preguntó si el pomposo idiota realmente creía todo lo que había salido de su boca, o sólo pensaba que ella era lo suficientemente estúpida como para creerle. Había visto las miradas lanzadas a ella por algunos de los mercenarios que Ryuko tenía dentro de esta estructura antigua, y ninguna de ellas era respetuosa. Izayoi no necesitaba de sus instintos para decirle que los guardias de Ryuko estaban simplemente esperando el momento oportuno hasta que su amo les diera el visto bueno. Sabía que Ryuko no tenía ninguna intención de dejarla vivir, y que no le podría importar menos si esos crueles hombres tenían unos momentos de diversión hasta que la mataran como les había ordenado.
- Tienes un motivo para alegrarte. Inuno estuvo de acuerdo en intercambiarse a sí mismo por ti. Debe estar muy cansado de la vida. O tiene la intención de tenderme una trampa mañana por la noche con otros guardianes, pero todo lo que verán será a mí, arriesgándome para llevar a un criminal condenado. - dijo Ryuko, entrando en la habitación donde estaba Izayoi.
- Seguro que pensaste en todo - respondió Izayoi con voz plana, con la esperanza de que se fuera y así no tendría que escuchar más de su propio engrandecimiento. Ryuko lanzó su mirada como un lacerante hacia ella, sus ojos oscuros volviéndose rojos.
- Eres demasiado lastimosamente joven para entender cuánto tiempo he esperado, pero ahora por fin ha llegado el momento para reclamar mi poder. - Su largo pelo negro estaba trenzado en un estilo que de alguna manera se las arreglaba para lucir masculino y las trenzas se movieron cuando se acercó a ella.
- ¿No querrás decir robar el poder de Inuno? - corrigió ella. Él abrió los brazos de manera molesta.
- Ese poder estaba destinado a ser mío. Incluso los dioses están de acuerdo. ¿Por qué entonces, Inuno de pronto ansía la muerte? ¿Por qué sus visiones y su capacidad para localizar a las personas falla? Si todas estas cosas no hubiesen llegado a pasar, no podría haber actuado contra él. ¿Lo ves? ¡El destino ha intervenido para mi éxito! - Bastardo narcisista, Izayoi pensó, pero no presionó el ya temperamento inestable de Ryuko al decirlo en voz alta.
Ella sabía por qué todas esas cosas le habían sucedido a Inuno, y no tenían nada que ver con el destino echándole una mano Ryuko y a su lujuria de poder. Eran siglos de culpa reprimida, pesar y dolor poniéndose al día con Inuno, todos uniéndose en una pared de oscuridad de la cual no podía ver más allá y no creía tener la fuerza para derribar. Si Ryuko tuviera una conciencia, estaría familiarizado con lo fuerte que los demonios internos podían ser. Pero, por supuesto, el perverso Guardián de Ley estaba demasiado vacío por dentro para saber nada de eso.
- ¿Y me dejarás ir después de conseguir lo que quieres de Inuno? - Preguntó ella, concentrándose en contener la mayor parte de burla fuera de la cuestión.
- Por supuesto. Nadie creería ninguna de tus historias, y aunque algunos lo hicieran, no habría ninguna prueba. - Nada alteró la expresión de Ryuko.
Con excepción de tu nuevo poder, Izayoi agregó mentalmente. Sólo un idiota creería que Ryuko no la mataría para proteger su secreto. Maldición, apostaba que los mercenarios que hacían guardia en este lugar tenían sus días contados, también. Podía suponer que la única razón por la que Ryuko pretendía que la dejaría ir era para que no gritara ninguna advertencia a Inuno cuando pidiera hablar con ella antes de dar a Ryuko su poder. Inuno no daría nada a Ryuko hasta saber que estaba viva. El Guardián de Ley sabía eso.
- Así que Inu no Taisho te tomó como su amante. Puedo olerlo en ti. - dijo Ryuko pensativo, su mirada deslizándose sobre ella de una manera que la hacía desear una ducha más que sangre.
- Dame un poco de jabón y agua, y lo puedo arreglar - respondió ella en breve. No le gustaba el brillo calculador que comenzaba a aparecer en los ojos de Ryuko, o la referencia explícita, obviamente, de la esencia de Inuno en ella. Cuanto antes Ryuko la dejara sola, mejor. Él se acercó en vez de eso, deteniéndose sólo a unos centímetros de Izayoi.
- Cuando puse un vigilante en la residencia de tu hermana, me pregunté si sería inútil. Sentí que Inu no Taisho tenía una afinidad contigo, así que no esperaba que te permitiera volver por temor a una trampa. Si no le importaba dónde fuiste, entonces tal vez capturarte no me habría beneficiado en nada. Sin embargo, mis guardias te oyeron decir a tu hermana que tuviste que escabullirse de Inu no Taisho para verla. Es por eso que sabía que serías de utilidad para mi viva. - Izayoi reprimió un escalofrío mientras el brillo inquietante crecía más en los ojos de Ryuko.
- Dime ¿Cuánto clama Inu no Taisho preocuparse por ti? - casi murmuró.
Lo último que haría sería decirle a Ryuko que Inuno la amaba. Sólo le harías cosas más terribles por rencor hacia Inuno, pero no podía pretender que no significaba nada para Inuno, tampoco. Eso sería una mentira demasiado obvia. A pesar de que Ryuko creía que Inuno tenía un deseo de muerte, había acordado intercambiarse por ella.
- No estuvimos mucho tiempo juntos, pero fue prometedor - dijo Izayoi en un tono tan evasivo como pudo. La ira y el hambre competían en ella. Quería romper la sonrisa de la cara de Ryuko… y daría hasta el último centavo que tenía por una bolsa de sangre en este momento.
- ¿Sabes lo que los griegos llamaban Inu no Taisho? - preguntó Ryuko con fingida indiferencia.
- Eros, por el dios de la lujuria. Como Faraones, ambos fuimos considerados dioses por nuestro pueblo. He sido un Guardián de Ley por casi tres mil años, pero antes de eso, cuando me dediqué a buscar mi propio placer, como hizo Inu no Taisho… mis noches transcurrieron en tal mar de carne que nunca sería capaz de enumerar todas las mujeres que tuve. - La ira quemaba más ardiente dentro de Izayoi, pero trató de mantenerla baja y sus escudos emocionales altos. No era suficiente para Ryuko inculpar a Inuno y arruinar su vida. Ahora tenía que tratar de destruir su relación con ella, también, a pesar de que tenía la firme intención de matar a Inuno tan pronto como lo viera.
- Bien por ti. Con todos esos recuerdos, parece que deberías dirigir una película porno titulada Los Dioses enloquecen - respondió ella, su voz casi sonaba normal.
- Inu no Taisho vivió así durante más de dos mil años hasta que se casó - dijo Ryuko bruscamente, como si Izayoi fuera demasiado estúpida para darse cuenta de que Ryuko no fue el único que nadó en un mar de carne.
- Tiene sentido. Todas las cosas que podía hacer en la cama frieron mis circuitos… y con ese poder suyo, lo digo literalmente. - Izayoi dejó escapar un suspiro para darle efecto.
- No fueron sólo mujeres. Inu no Taisho ha tenido otros hombres, también. - Ryuko le dirigió una mirada desdeñosa.
- Así que experimentó en sus días salvajes como joven yokai. Mucha gente lo hace. Hubo una vez en la universidad con una amiga después de unos cuantos tragos de tequila… - Ella se encogió de hombros tanto como las pinzas de metal se lo permitían.
- ¿Eres demasiado estúpida para comprender todo lo que he dicho? - le interrumpió él.
- Lo entiendo mucho. Como que estás tan obsesionado con odiar Inuno que te has rebajado incluso a esto. Anda, cuéntame más, pero no me importa. Cualquiera que sea el infierno que Inuno manejaba en ese entonces, creo que lo ha enmendado con más de novecientos años de celibato, por lo que no me volverás contra él con tus pequeñas y sucias anécdotas. En este momento, todo lo que estás haciendo es aburrirme. - Izayoi le dio una mirada dura, su ira escapando en el último momento.
Vio venir el puño, pero como estaba clavada a la pared, lo único que pudo hacer fue prepararse para ello. El dolor la atacó por un lado del rostro, seguido de un sonido de quiebre de su cuello que pudo sentir y oír. Por unos pocos y angustiosos segundos, no pudo ver. Y entonces el dolor desapareció y su visión se aclaró, para que Izayoi pudiera observar cada detalle de como Ryuko limpiaba la sangre de su mano en la camisa.
- Vamos a ver qué tan aburrida estarás después de que tome el poder de Inu no Taisho y lo mate… Si piensas que encontrará una manera de derrotarme, no lo hará. Inu no Taisho sabe que ya está muerto. Si no, habría luchado contra mí con más fuerza. - dijo Ryuko.
Él salió de la habitación con cortantes palabras a uno de los guardias para asegurarse de que comieran delante de ella mientras le daban nada. La boca de Izayoi se tensó en una sombría línea mientras luchaba para aplacar el hambre abrasadora en su interior. Tenía una tarea que cumplir, y necesitaba la cabeza despejada para hacerlo. Y un poco de tiempo sin ningún guardia observándola.
Inuno yacía en el fondo de la bañera. El agua hacía tiempo se había enfriado, pero no añadió más calor a la temperatura. No había querido moverse y menos perturbar su concentración. En las últimas horas, había estado viendo la inminente pared de oscuridad en su mente, tratando de derribarla ladrillo por ladrillo. La ubicación de Izayoi yacía detrás de ella, si sólo pudiera encontrar una brecha en sus indomables defensas.
Pero todo lo que ocurrió fue que la oscuridad continuaba acercándose hasta que parecía haberlo consumido. Repitió las palabras de Izayoi en su mente como si fueran talismanes que podrían guiarlo. ¿Alguna vez has oído hablar de una profecía autocumplida?... ¿Cuándo perdiste la capacidad de ver más allá de la oscuridad?... culpa de sobreviviente... es posible que no veas un futuro para ti mismo porque no crees que merezcas uno.
Nada de eso debería importar ahora. Podría creer que no se merecía un futuro, pero sabía que Izayoi si se lo merecía. Eso debería ser suficiente para hacerle renunciar a cada pedacito de culpa que podría haber estado bloqueándolo antes. Izayoi lo amaba, y creía en él, de un modo en que nadie más lo había hecho antes, nunca. Eso sólo debería ser suficiente para que pudiese rasgar el muro de oscuridad dentro de él.
Sin embargo, a pesar de que canalizó cada fibra de su ser hacia la destrucción de ese muro para enterarse de la ubicación de Izayoi antes de que fuera demasiado tarde, para rescatarla e ir a enfrentar a Ryuko, la oscuridad no vaciló. Su espesura parecía crecer en cambio, y cuando el tiempo se acabara en el reloj que Inuno había ajustado, sabría con gran tristeza que Izayoi había estado equivocada. Esta no era una barrera que había causado él mismo, no importaba con que fuerza su fe quemaba por él. No era culpa de sobreviviente, profecía auto-cumplida, o una mala interpretación de lo que había visto.
Era Duat, el oscuro inframundo carente de cielo o tierra, y nadie derrotaba a la muerte una vez que el barquero ponía su mirada en alguien. Inuno se levantó de la bañera, sin molestarse siquiera en tomar una toalla antes de ponerse su ropa. Un calmado propósito se apoderó de él. La oscuridad eterna podría estar esperándole, pero antes de entrar a Duat, doblaría esa oscuridad para sus propósitos. Había aún una manera de salvar a Izayoi. La expresión de Sesshomaru era sombría mientras lo esperaba fuera del baño. No hizo preguntas, pero sabía que Inuno había sido incapaz de encontrar una brecha en la pared dentro de él. De lo contrario, estaría instándole a irse, para que pudieran recuperar a Izayoi.
- Tal vez podríamos… - comenzó Sesshomaru.
- Conozco otra manera. Aunque es posible que no quieras quedarte a verlo. - Inuno lo interrumpió. Sus labios se torcieron en una sardónica sonrisa.
Continuara…
