Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.


SINOPSIS

El empresario Sasuke Uchiha creía haber descubierto los planes de Hinata Hyuga de arruinarlo seduciéndolo para que apartara su mente de sus millonarios negocios.

Pero la realidad era que Hinata estaba siendo manipulada por su cruel padrastro.

Ella se había enamorado de Sasuke... pero él le había dicho que no quería volver a verla.

Ahora que su padrastro había muerto, dejando arruinadas a Hinata y a su madre, Sasuke era el único propietario de todos sus bienes. Como paso final de su venganza, iba a hacerle una proposición a Hinata que no podría rechazar: si no quería perder su hermosa casa familiar... ¡tendría que ser su amante mientras él estuviera en Dublín!

PRÓLOGO

Londres, noviembre

Hinata Hyuga se quedó de pie justo al otro lado de la puerta giratoria. La oscuridad de la tarde de noviembre resaltaba el brillo de las luces del lujoso hotel londinense. Tenía el corazón en un puño, le temblaban las piernas y las manos, sudorosas, lo mismo que la espalda. Le dolía la cabeza, justo en los puntos donde las horquillas sujetaban la masa de cabellos. Con una mano visiblemente temblorosa, empujó la puerta pero no fue capaz de entrar dentro de su giro. El frío viento le golpeó las piernas desnudas, pero no pudo sacarla del estupor en que se encontraba.

Una pareja salió de un taxi justo detrás de ella y en un frenesí de porteros, equipajes y alemán en medio de la helada brisa, supo que tenía que entrar al recibidor que estaba justo detrás del cristal o apartarse y dejar pasar.

La realidad la sacó de su estupor. Respiró y se movió lo justo para poder entrar en la puerta giratoria y llegar hasta el interior.

Lo vio en cuanto estuvo dentro. Estaba de pie mirando en otra dirección, hablando con alguien, así que no pudo apreciar su llegada, lo que ella agradeció. Una oportunidad, aunque ínfima, de controlar sus nervios. Y una ocasión para observarlo un momento.

Estaba de pie con las manos en los bolsillos, haciendo que la tela de sus pantalones sastre se ciñera a su parte trasera mostrando un físico más propio de un atleta que de un magnate multimillonario. Un magnate que tenía la terrible reputación de ser uno de los más poderosos e innovadores en Europa.

Sasuke Uchiha había empezado a existir para ella sólo dos semanas antes cuando lo había conocido en casa de su padrastro. Había sido uno de los escogidos magnates que se habían reunido con el marido de su madre en las últimas dos semanas. Y al haber estado ella allí para echar una mano a su madre atendiendo a los invitados, los sueños de Hinata se habían llenado rápidamente con aquel hombre tan dinámico. Todavía no podía creer que estuviera interesado en ella, aunque la prueba era que tenían una cita. Una cita en la que había un fin oculto.

Hinata tragó con dificultad. No podía escapar a lo que tenía que hacer. Lo sabía con terrible fatalidad. Pero... ¿podría él descubrirlo en un segundo? Casi tuvo la esperanza de que sí. Era un hombre muy inteligente. Quería darse la vuelta y salir por la puerta, pero no podía. Si lo hacía las consecuencias afectarían a su ser más querido. No tenía elección.

—Hinata.

Abrió los ojos de par en par. ¿Cómo no lo había oído acercarse? Trató de calmarse enderezando la espalda.

—Sasuke, siento haberte hecho esperar.

La miró de arriba abajo, dejándola sin respiración.

—Unos pocos minutos son una sorpresa agradable. He esperado más otras veces.

De alguna manera Hinata supo que mentía. Ninguna mujer hubiera hecho esperar a ese hombre. Sus penetrantes ojos negros la mantenían atrapada. No podía apartar la vista y esa conocida sensación como de no tener esqueleto no se le pasaba. Ése era el efecto que tenía sobre ella desde que lo había visto por primera vez. Cuando todavía no tenía ni idea del papel que tendría que interpretar en el maquiavélico plan de su padrastro. Cuando no había visto en Sasuke otra cosa que un hombre, no alguien a quien traicionar, arruinar... robar su riqueza. Y... seducir.

Al mirarlo sentía nublarse su mente. Incluso durante un segundo se engañó a sí misma pensando que todo lo que había alrededor no existía. A lo mejor aquello sólo era la sencilla cita que él le había pedido, sin ningún otro interés. Eso la hacía respirar con una peligrosa excitación. Después de esa noche no volvería a verlo y eso la hacía sentirse vacía.

Un destello helado brilló en los ojos de Sasuke durante un segundo, pero rápidamente lo reemplazó la dulzura.

—¿Vamos? La mesa está ya preparada...

A Hinata se le cayó el corazón a los pies. Ése era el punto de no retorno.

—Bien.

Atravesó el recibidor delante de él en dirección a una puerta del fondo. Se sentía como si caminara hacia la guillotina. Entonces notó en el bolsillo la pesada llave de la habitación. La llave de la habitación que había reservado su padrastro. Sintió una náusea. El escenario donde tendría que seducirlo. Incluso tendría a uno de sus hombres vigilando todo el proceso... para asegurarse de que ninguno de los dos se marchaba demasiado pronto. Antes de que el daño estuviera hecho. ¿Cómo podría hacer algo así?

En la puerta del comedor sintió los dedos de Sasuke en el brazo. Se volvió al ser consciente del escaso retal de encaje que llevaba puesto. No quería llegar al inevitable momento de quitarse el abrigo. Sintió pánico. No podía hacerlo... no podía mirar. No pudo soportar la reacción de Sasuke cuando vio el vestido.

Llevaba una combinación. Eso era todo. Había visto bailarinas con más ropa. No le quedaba bien con su pálida piel. Llevaba el abundante pelo azulado recogido haciendo que se muriera de ganas de soltárselo. Sentía una ardiente corriente recorrer sus venas y se dio cuenta de que, incluso con el vestido más barato, ella tenía el poder de encender un poderoso deseo en su interior. Se burló de sí mismo.

Por un instante, antes de haber descubierto quién era ella o qué estaba ocurriendo, había pensado... Trató de evitar que sus pensamientos siguieran en esa dirección. Pero su mente no lo obedeció.

Cuando la conoció, ella había tocado algo profundamente oculto y desconocido que tenía en su interior. Lo había sacado de su cínica inercia habitual. Lo había mirado con una timidez tan dulce... y después había sonreído. Esa sonrisa había hecho patente la corriente de atracción sexual que discurría entre los dos y algo más intangible... pero tan inocentemente femenino, que le había sorprendido.

Estaba acostumbrado a que las mujeres le sonrieran, pero con un descaro tan calculado que le enfriaba la sangre.

Apretó los labios mientras la seguía a través del comedor, consciente de las miradas de admiración que suscitaba el seductor balanceo de sus caderas. Y su mirada, como la de los demás, estaba atrapada por el pedazo de encaje y seda casi indecente. Al verla esa noche, con unas intenciones tan evidentes, se preguntó de nuevo cómo podía haber pensado alguna vez que no era exactamente igual que las demás mujeres.

Estaba seguro, con una confianza arrogante, de que ella lo deseaba. Ella había sentido el mismo impacto a primera vista, lo sabía.

No era nada más que una actriz mediocre, pero eso todavía... y odiaba admitirlo, le volvía más loco, le hacía bajar la guardia. Nunca antes había tenido pérdidas de concentración dirigiendo sus empresas desde Londres hasta Tokio.

Conocía de ellas hasta el mínimo detalle, su control era legendario e inspiraba miedo entre sus competidores. Una capacidad de control que no permitiría que ni ella ni su familia debilitara, incluso en ese momento, cuando ellos creían que lo habían conseguido. Los imbéciles.

Se centró en los hechos. Ella estaba allí para llevárselo a la cama, para seducirlo y distraerlo. Era la dulce trampa. Uno de los trucos más viejos del mundo. Si no estaba equivocado, había visto la inconfundible forma de una llave en el bolsillo de su abrigo. ¿Sería la llave de una habitación de ese hotel? Sintió el amargo sabor del desagrado.

Pero los dos podían jugar al mismo juego: él también estaba allí para seducirla.

Un pequeño lujo que se iba a permitir. Botín de guerra. Porque aquello era una guerra. Desde que había sentido como un puñetazo en el estómago la primera vez que la había visto y había descubierto lo evidente de su juego, lo descaradamente que se la habían puesto en el punto de mira... había decidido probar lo que le ofrecían.

Llegaron a la mesa. Hinata la rodeó y se colocó frente a él con una mirada de casi... ansiedad en su rostro. Era buena, pensó él. Nunca había visto ese nivel de astucia. Se reafirmó en su fría claridad mental ignorando la presión de su bajo vientre.

Pronto averiguaría ella cómo habían fallado sus maquinaciones. Después se vengaría de su familia. Y entonces se libraría de ese deseo que lo consumía.

Cuando acabara la noche ella nunca lo olvidaría ni querría volver a recorrer ese camino.


Notas de la autora: Hola otra vez, bien aquí esta una nueva historia que espero que les guste y la disfruten.