Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.
CAPÍTULO 4
Cuando Hinata se despertó, le llevó un minuto saber dónde estaba. Se sentía completamente despejada, como si hubiera disfrutado del sueño más reparador de su vida. Se estiró debajo de las sábanas, sonrió y después se quedó quieta. La sensación de la suave tela en la piel le resultó extraña. Recordó exactamente dónde estaba.
Se sentó y se dio cuenta de que estaba en el lado contrario de la cama de donde se había acostado por la noche y que había la huella de otra cabeza muy cerca de la suya, lo que demostraba que Sasuke había dormido con ella aunque en ese momento ya no estuviera. Por dónde estaba, podría haberse subido encima de él... o a lo mejor la había empujado. No, se habría despertado. ¿Cómo podía haber dormido tan profundamente con él en la cama a su lado? La mayor parte de las veces tenía un sueño ligero y la primera noche que dormía en esa cama, compartiéndola con la persona más perturbadora que había conocido nunca, dormía como un bebé por primera vez en años.
La puerta se abrió y apareció un limpio, afeitado e impecablemente vestido Sasuke. Hinata se subió la sábana hasta la barbilla increíblemente aliviada de verlo completamente vestido.
—Buenos días —dijo él dejando una taza de café en la mesilla.
Lo miró recelosa.
—¿Sabías que eres como una serpiente cuando duermes? Estabas encima de mí cuando me he despertado. Has debido de creer que una cama gigante sería lo bastante grande para...
Después de lo que ella misma había estado pensando, aquello era demasiado. No iba a permitirle que la provocara y omitió una réplica a la defensiva, pero tenía que decir algo.
—Bueno, a lo mejor esto ha sido un error después de todo, si duermo ocupando toda tu cama sin haberme desprendido de la ropa...
Sasuke se sentó en la cama al lado de ella y Hinata casi se quedó sin respiración.
Dos poderosos brazos se colocaron a ambos lados de ella. La sábana cayó y dejó ver la parte superior de su cuerpo, apenas oculta por el encaje y el satén. Los ojos de él recorrieron desde la cara hacia abajo hasta detenerse en los pechos. Bajo su mirada, Hinata pudo sentir cómo sus pezones se endurecían y se volvían pequeñas puntas que levantaban la tela de modo evidente como rogando que los acariciaran. Como sin importancia, Sasuke levantó una de las manos y pasó los nudillos por uno de los sensibles picos, haciendo que ella gimiera ahogada antes de que la agarrara de la barbilla para obligarla a mirarlo a los ojos.
—¿Error...? No lo creo, mi amor.
Hinata se estremecía mientras sentía cómo la parte inferior de su cuerpo ardía de necesidad. Sasuke acababa de demostrar con poco más de una mirada que, si hubiera querido, podría haberla poseído la noche anterior. Lo sabía y ella también. De pronto, se puso de pie y con una expresión incomprensible dijo:
—Volveré a buscarte a las once para irnos a Montecarlo, así que estate preparada.
Y se fue. Hinata cerró los ojos. Sería capaz de hacerlo, pensó. Tenía que hacerlo, pero qué difícil iba a ser.
A la hora señalada, Hinata esperaba con una bolsa preparada para marcharse.
Había llamado a su madre para decirle que, como asistente de Sasuke, tenía que ir con él a un corto viaje. Al haber guardado toda su ropa antigua y haberse puesto la nueva, se sentía un poco más como la actriz que estaba intentando ser. Una sencilla falda de lino, camisola de seda y chaqueta a juego. El pelo recogido. Sonó el teléfono. Era Sasuke para decirle que estaba abajo en el coche.
Ya fuera, Hinata se quedó un momento de pie en las escaleras. Sasuke la miraba desde el asiento trasero del coche. Al verla llegar, fresca y brillante y dulcemente sexy, sintió ganas de saltar para tocarla y comprobar si era real.
Hinata dejó la bolsa y se metió en el coche para volver a salir un segundo después.
—¿Qué pasa? —dijo lacónico Sasuke desde el interior del coche.
—Sólo quiero asegurarme de que mi coche está cerrado —fue corriendo hasta su coche, que estaba al lado, y revisó las puertas.
Cuando volvió, Sasuke estaba de pie al lado del coche.
—¿Esa cosa es tu coche?
—Sí —replicó a la defensiva.
—Es un peligro para la salud.
Hinata hizo un esfuerzo para reprimir su primer impulso. Se había comprado ese coche con sus primeros ahorros ganados ocupándose del jardín. Había aprendido a conducir con él y lo cuidaba con mimo.
Supuso que Sasuke esperaba que condujera algo más ostentoso, así que eligió las palabras con cuidado para parecer despreocupada.
—Oh... sólo lo tomo prestado cuando estoy en casa. Lo suele utilizar el jardinero.
Se metió en el coche y esperó que el tema se olvidara. El chófer se dio la vuelta para mirar a Hinata y presentarse como Azuma. Le sorprendió su acento inglés.
—Un gran coche, ¿verdad? Mi primer coche también fue un Mini. Sé lo unido que se puede uno sentir a él —dijo, y le hizo un guiño, el primer gesto de auténtica calidez humana en dos días.
Hinata le respondió con una sonrisa y después miró en dirección a Sasuke, al otro lado del coche. La estaba mirando con una extraña expresión en el rostro. Ella volvió la cara rápidamente y miró por la ventanilla. Pudo ver por el rabillo del ojo cómo se ponía a mirar unos papeles. Sin sus ojos sobre ella, Hinata respiró despacio y pensó por primera vez en el lugar al que se dirigían.
Un sitio cálido... y lleno de glamour... y exótico... y extranjero. Donde sucedería lo inevitable. En unas horas, volverían a Dublín convertidos en amantes. ¿Sería capaz de hacer el amor con él dejando sus sentimientos aparte? Tendría que serlo.
Hinata levantó el rostro hacia el sol. Qué felicidad... si no reparaba en el hecho de que estaba allí más o menos bajo coacción, de lo que sólo ella era culpable, y en que tenía el estómago hecho un nudo constantemente desde que Sasuke había vuelto a aparecer en su vida sólo tres días antes.
Abrió los ojos y se los protegió del sol. Estaba sentada en la terraza de la habitación del hotel, un balcón que daba a una idílica placita. Se levantó y se apoyó en la pared. El sol brillaba en la distancia. ¿Cuántas mujeres más habrían tenido ese trato? Llevadas de un lado a otro, a hoteles lujosos, lugares fantásticos... exclusivamente para el placer de él. La idea dolía como un cuchillo en el corazón. Se separó enfadada de la pared.
Dio un pequeño grito cuando vio a Sasuke en la ventana francesa que separaba la habitación de la terraza. Tenía los ojos sombríos.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí...? ¿Qué ha pasado con tu reunión? —se sentía absurdamente expuesta, como si él pudiera saber lo que había estado pensando.
Sasuke se acercó.
—Tienes que tener cuidado... te achicharrarás al sol —Sasuke se dio cuenta de que tenía más pecas en la cara y los hombros, lo que la hacía parecer ridículamente joven.
Hinata se puso rígida al sentir los dedos de Sasuke en los hombros.
—No te preocupes —dijo sin respiración disimulando la tensión de su cuerpo—, experiencias previas me han hecho no salir al exterior sin un factor treinta. Abandoné la idea de broncearme hace años.
—Aun así... deberías tener cuidado.
—Si no tienes cuidado tú, voy a pensar que te preocupa mi bienestar —bromeó ella.
—Qué va. Me has salido muy cara. Y no quiero que esta noche me digas que tienes que reponerte de una insolación.
A Hinata se le secó la boca. A pesar de su tono insultante no podía apartar de la mente las imágenes que le sugería la expresión «esta noche». Pensó en algo que decir, pero él se adelantó:
—Mi primera reunión ha durado menos de lo que pensaba. No he comido todavía, ¿y tú? —Hinata negó con la cabeza—. Tengo mesa en un pequeño restaurante que hay justo a la vuelta de la esquina, vamos a comer algo ligero. Tengo otra reunión en una hora.
—De acuerdo... —Hinata agarró su bolso y lo siguió fuera de la habitación.
Un pequeño paseo desde el hotel y llegaron a una callecita adoquinada. Sasuke señaló un restaurante lleno de plantas y cestas de flores. Dentro se estaba fresco. El camarero los llevó hasta una mesa apartada, al lado de una ventana abierta.
Era romántico hasta decir basta. Embriagador teniendo a Sasuke al otro lado de la pequeña mesa, sin-tiendo sus piernas rozar las de ella.
Miraron el menú y cuando volvió el camarero, le pidieron la comida. Sasuke pidió agua con gas. Cuando el camarero dejó la botella y se fue, Sasuke alzó su copa.
—A falta de vino... ¿podemos brindar por una tregua, Hinata?
Hinata sintió un temblor en el vientre. No podía esquivar sus ojos, el negro la hipnotizaba. Levantó su copa también. Sasuke hacía eso sólo para ponerse las cosas más fáciles. Nadie querría una amante reacia.
—Por la tregua...
Sasuke sonrió, ella bebió un sorbo y sintió que el temblor de su vientre se multiplicaba por mil. Cuando le sonreía de ese modo... no podía pensar bien. Peligro.
«Se está comportando de ese modo encantador sólo para conseguir de ti lo que quiere...», le decía una vocecita en su interior. Hinata la ignoró. Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
—No olvidemos por qué estamos aquí...
—Infórmame, Hinata, por favor —dijo con brillo en los ojos.
—La casa, por supuesto.
—Ah, sí, la casa. Estaba intentando, veo que sin esperanza, darnos la oportunidad de olvidarnos de la fea realidad. No hace falta que me recuerdes que te estás vendiendo por una casa que vale millones. Y que yo soy el idiota que piensa que lo vales —las últimas palabras las dijo con rabia y ella pudo apreciar un temblor en la sien. Era evidente que se arrepentía de haberlas pronunciado.
Hinata se ruborizó. Bueno, se lo había buscado. Bebió un poco de agua. Sasuke se inclinó hacia delante.
—Pero Hinata, no hay ninguna razón por la que no podamos llegar a un común acuerdo.
Tenía que ser cuidadosa, estaba dejando que las emociones la hicieran vulnerable.
—Sí, tienes razón. Brindemos por esa tregua otra vez —levantó su copa.
Con ojos calculadores, Sasuke le dio con la suya. Ella sonrió ocultando el dolor. Con un aplomo que no sabía que tenía, Hinata se las arregló para mantener una conversación ligera. Sasuke pareció olvidarse de su pequeño arrebato mientras conversaban sobre asuntos sin trascendencia, pero ella seguía dándole vueltas y pensando en todo lo que tenían en común. Una vez le había encantado hablar con él. Sin saber cómo la conversación fue pasando a temas más personales.
—¿Vas mucho a Río? —ya se habían llevado los platos y Hinata tenía la taza del café en la mano.
A pesar de que no habían bebido vino, sentía una especie de suavidad en los huesos que la relajaba. Y se sorprendió de lo poco que le costaba relajarse. Sasuke miró al infinito un momento y algo brilló en su cara.
—No mucho. A pesar de que mi madre sigue allí, pero está muy ocupada con su nuevo marido...
—Ya lo has mencionado antes, ¿verdad? ¿Es...?
—De mi misma edad —dijo con una carcajada—. Sí. Y tiene montones de dinero para mantenerla al ritmo de vida que ella está acostumbrada.
Hinata trataba desesperadamente de mantener las cosas en un tono ligero.
—Bueno, tienes que admitir que es un cambio completo. Habitualmente es al revés, un viejo con una mujer no mayor que su hija.
Hubo un segundo de tensión y después Sasuke sonrió.
—Tienes razón. A ti seguramente ella te gustaría. Es muy directa, no tiene pelos en la lengua.
De pronto le dio vergüenza la posibilidad de conocer a su madre, pero sabía que él no lo había dicho en ese sentido. En todo caso, sería un insulto encubierto más.
—¿Está... está tu padre todavía en Inglaterra?
Asintió en silencio mientras bebía un sorbo de café.
—Sí. Vive en Brighton, así que me acerco a verlo siempre que puedo —había tensión en su voz cuando hablaba de su padre.
Hinata supuso que habría tenido una relación difícil con su madre y recordó que le había contado que sus padres habían luchado por quedarse con él cuando tenía tres o cuatro años. Había dado tumbos entre Brasil y el Reino Unido durante años.
—Pero tú vives en Londres, ¿no? O vivías... —no fue capaz de decir las palabras «hace seis meses».
Él asintió.
—Tengo un apartamento allí y otro en Río, Nueva York, París... pero nunca estoy en un sitio el tiempo suficiente como para llamarlo mi casa. Un sitio al que volver...
—No me lo puedo imaginar. Todo el tiempo que vivimos en Londres, Irlanda siguió siendo nuestro hogar. Un sitio al que volver...
«Un refugio contra el terror», pensó. Dublín siempre le había resultado demasiado aburrido a Hamura, nunca se quedaba mucho y ella nunca había sido más feliz que durante sus años de colegio, cuando había permitido a su madre quedarse... lo que había sucedido porque él se iba de vacaciones con alguna de sus muchas amantes.
—¿Es allí donde vives ahora?
Volvió a la realidad para asentir.
—Me gustaría. Llevamos en casa seis meses...
—¿Seis meses? —dijo cortante. Hinata se ruborizó de culpabilidad y se preguntó si habría bajado demasiado la guardia. Eligió sus palabras con mucho cuidado:
—Mi madre quería volver a casa, así que me fui con ella para ayudarla a instalarse.
—Así que dejaste Londres hace seis meses... —dijo entornando los ojos. Hinata asintió.
Sasuke la estudió. Había algo ahí dentro, estaba seguro, pero no podía saber qué. Hamura debía de haberla mandado lejos por miedo a que Sasuke fuera tras ella. Protección. Pensarlo le hizo volver a sentir esa rabia de nuevo. Por su traición, por su propia debilidad. Hizo un esfuerzo por contenerse, acababan de firmar una tregua.
—¿Estás muy unida a tu madre?
Hinata se sintió aliviada al ver que se apartaba el foco de Londres. Asintió enfáticamente. Sasuke se quedó sin respiración: Hinata estaba radiante. El sol le había dado un cálido brillo a su pálida piel. El escote dejaba atisbar el valle que formaban sus pechos. Un mechón de pelo azulado había caído por encima de su hombro y se apoyaba al lado de un pecho. Se estaba volviendo loco: sentía celos, ¡del pelo! Se movió en la silla. «Esta noche», se juró, sintiendo el latido del deseo en su sangre...
Un momento después, volviendo al hotel, Sasuke tomó despreocupadamente la mano de Hinata con la suya. Se volvió a mirarla. Ella también lo miró. El sol detrás de él la deslumbraba.
Iba a besarla y no había nada que pudiera hacer para evitarlo. La atracción mutua era innegable, siempre lo había sido. La atrajo hacia él rodeándola con un brazo mientras que con la otra mano le sujetaba la cabeza. Sus bocas se rozaron. Ardiendo de deseo, Hinata finalmente se rindió y, por primera vez desde que se habían vuelto a encontrar, le devolvió el beso porque, a pesar de todo, ella también lo deseaba. No podía evitarlo. Lo necesitaba tanto como respirar. Simplemente no podía evitarlo.
Al notar su tácita aceptación, Sasuke estrechó el abrazo. Su lengua entró en su boca y exploró su dulzura. Hinata deslizó las manos por sus brazos hacia arriba sintiendo los músculos bajo la piel. Cuando finalmente Sasuke levantó la cabeza, le dio otro rápido beso como si se resistiera a separarse de ella. Hinata se sentía mareada. Lo único que la mantenía en pie era el brazo alrededor de su cuerpo. Se odiaba por ello, ya la tenía exactamente donde quería. Y no podía hacer otra cosa que... obedecer.
—No tendré mucho tiempo después, así que haré que me lleven el esmoquin y nos reuniremos en el bar del hotel antes de la recepción —la soltó y la empujó con suavidad en dirección al hotel.
Antes de sentirse completamente humillada, se dio la vuelta y echó a andar sin mirar atrás.
