Reinaba el silencio en el piso franco en el que estaban. Chris Redfield estaba sentado en uno de los sofás de la sala de estar, tratando de no quedarse dormido mientras hacía la guardia nocturna. Tenía la pistola de nueve milímetros sobre el regazo y, mientras la miraba, recordaba cómo Umbrella le había destrozado la vida a él y a sus compañeros de los STARS.
Todo empezó con los asesinatos de las montañas Arklay, cerca de la ciudad de Raccoon City. El caso, que en principio lo llevaba la policía de Raccoon, fue reasignado a los STARS de la ciudad. El equipo Bravo había salido en helicóptero para rastrear el bosque cercano y debido a un problema técnico, habían tenido que aterrizar forzosamente. Al perder la comunicación con el equipo Bravo, el equipo Alfa, liderado por Albert Wesker, salió en su búsqueda. Tras un ataque por parte de perros mutantes y una larga carrera, habían terminado en la vieja y supuestamente abandonada Mansión Spencer, donde vieron por primera vez los efectos del virus-T. Dicho virus hacía que las personas se convirtieran en zombis sedientos de carne humana, que se iban descomponiendo poco a poco sin que ellos se dieran apenas cuenta, ya que tampoco sentían dolor. Cuando salieron de allí intentaron contarlo a las autoridades pero nadie les creyó. Posiblemente el jefe de policía Irons tuvo algo que ver en ello ya que estaba recibiendo cuantiosos sobornos por parte de Umbrella.
Se les apartó del caso y se les suspendió de empleo y sueldo, además de ser expulsados de los STARS. Casi dos semanas después del incidente de la mansión, tuvieron que huir de la ciudad tras haber sido atacados por agentes de Umbrella, quienes habían tratado de matarlos. Rebecca se había ido con David Trapp, un amigo de Barry que iba a llevar una pequeña incursión en una instalación de Umbrella en la ensenada Calibán. Chris supo que habían salido vivos de allí por los pelos. Después de haberse separado, Barry y él se habían dirigido a Europa para intentar descubrir la sede central de Umbrella y a sus directivos más importantes mientras Jill echaba un último vistazo a un par de instalaciones de Umbrella en la ciudad de Raccoon City. Allí se había encontrado con Carlos Oliveira, miembro de los UBCS, el Servicio de Contramedidas Biológicas de Umbrella. Ambos salieron de la ciudad en helicóptero antes de que bombardearan la ciudad. Tres semanas antes, cuando por fin se iba a reunir con su hermana, Umbrella la había secuestrado y llevado a una remota isla llamada Rockfort. Chris había ido a buscarla pero, cuando llegó a la isla, descubrió que había sido bombardeada y que una nueva infección del virus-T había hecho de las suyas en la zona. Para colmo, su hermana ya no estaba allí, sino en la Antártida. Chris llegó hasta allí en un avión y, una vez en la base de Umbrella, tuvo que matar a la desquiciada de Alexia, quien había creado una mejora del virus-T y al que había llamado T-Verónica en honor a la fundadora de la familia Ashford. Alexia había estado inoculándose ese virus durante años y el resultado fue impresionante ya que poseía poderes mentales. Finalmente, había mutado en una especie de libélula gigante que él había hecho explotar con un lanzagranadas que había encontrado por allí.
Su hermana había estado bastante deprimida después de aquello ya que, al parecer, había perdido a un amigo allí. Según le había contado Claire, Steve Burnside le había salvado la vida cuando tuvo que enfrentarse a los Tiranos que el desequilibrado de Alfred, hermano gemelo de Alexia, le había enviado. El chaval había pilotado el avión que les llevó a la instalación de Umbrella, donde desgraciadamente había sido infectado con el virus y había muerto delante de la impotente Claire. A Chris se le había partido el corazón al haber tenido que separar a su hermana del cadáver de su amigo, pero sabía que no tenía elección y que Claire lo entendería, ya que la instalación iba a saltar por los aires.
Chris suspiró. Le había costado una hora quitarse la porquería que el mutado cuerpo de Alexia había lanzado al explotar. Desde que habían vuelto de allí no había gran cosa que hacer, solo esperar a que Carlos, Jill, Barry y Leon volvieran de su misión en Lisboa y eso le provocaba una sensación de inutilidad enorme. Tenían a gente vigilando la sede central de Umbrella y habían tenido que cambiar de residencia debido a que la compañía tenía una ligera idea de dónde podrían estar escondidos. Habían pensado en marcharse a las afueras pero David había dicho que habría llamado la atención de la gente que, siendo tan numerosos como eran, anduvieran por calles y zonas por las que no pasa casi nadie. Chris había pensado que el hecho de que no hubiera nadie que les pudiera ver podía ser bueno, pero David había dicho que aunque no hubiera nadie por la calle, la gente que se quedaba en casa sin salir podía verlos a través de las ventanas por lo que había propuesto buscar un piso en alguna de las muchas calles que siempre estaban abarrotadas de gente.
Finalmente, una amiga de David les había prestado el piso. No sabían quién era ya que, por alguna razón, David se había negado a decir su nombre. Chris había pensado en que posiblemente dicha mujer pudiera ser parte de la familia del ex capitán de los STARS, también se le había ocurrido de que fuera alguna ex mujer o algo parecido, pero lo descartó en seguida. David no parecía ser el tipo de hombre que pudiera tener una familia, aunque últimamente con Rebecca se comportaba de una manera bastante afectiva…
Chris pensó en sus compañeros que estaban en Lisboa y que llevaban casi un mes fuera. No es que le preocupara el tiempo que llevaban fuera, sabía que el trayecto era lo que más tiempo les iba a llevar pero, aún así, estaba completamente seguro de que no estaría tranquilo hasta que no los viera en el piso con sus propios ojos.
Había sido Trent quien les había dado aquella información justo cuando él se había ido a buscar a su hermana, habría ido si no hubiera estado fuera. Trent les había dicho que allí había pruebas de los experimentos que Umbrella estaba llevando a cabo. Jill había llamado dos días antes desde un hotel diciendo que estarían de vuelta entre hoy y mañana… Si no había problemas. También había dicho que traían a una aliada a la causa. Chris estaba inquieto, al igual que David. A ninguno de los dos les gustaba la idea. Introducir a alguien que habían encontrado en una instalación de la compañía farmacéutica podía significar tener un infiltrado en su grupo. Aunque Jill había dicho que la traían porque conocía a David… Eso era algo desconcertante.
Chris se estiró en el sofá y echó la cabeza hacia atrás. Estaba aburrido. Las armas estaban ya cargadas y limpias, lo había hecho con John mientras David y Rebecca hablaban de los planes que podrían llevar a cabo contra Umbrella. Cuatro horas antes se habían ido a dormir, dejándole solo. Le había tocado hacer la guardia de la noche y no le gustaba hacerla solo, no porque se sintiera indefenso o algo parecido, si no porque se aburría una barbaridad.
La puerta del piso se abrió de improviso y Chris pegó un bote en el sofá mientras agarraba la pistola y apuntaba a la puerta. Oyó como un grupo numeroso entraba en silencio en la oscura entrada del piso y como se cerraba la puerta en el mismo silencio. Chris se levantó y estaba avanzando hacia los intrusos cuando la luz se encendió, cegándole durante unos segundos. Parpadeó y cuando al fin pudo ver algo, vio que eran Jill, Barry, Leon y Carlos. Había una joven con ellos y supuso que sería la aliada que Jill había mencionado. Chris la observó unos segundos. Era alta y delgada, con el pelo de color castaño oscuro recogido en una larga cola de caballo que casi le llegaba al codo. Sus ojos parecían ser de un color claro, la poca luz de la sala no le permitió distinguir el color exacto pero le pareció que eran azules. La miró con interés, era muy atractiva pero no parecía ser muy fuerte físicamente. De hecho pensó que incluso Claire podría tener más posibilidades en un enfrentamiento que ella.
—Chris, te presento a Eva Black —dijo Jill mirándole con ojos cansados.
—Chris Redfield —dijo él tendiendo una mano hacia la joven.
—Encantada —dijo la chica, estrechándole la mano. Chris notó el mismo acento británico que tenía David.
—Chris —dijo Barry—, nosotros estamos cansados. Así que nos vamos a ir a dormir un poco, ¿vale?
—Muy bien —accedió Chris—. Mirad a ver si podéis echaros en algún sitio.
—¿Tú no vienes? —le preguntó Eva.
—No —dijo él moviendo la cabeza. Luego suspiró y le sonrió—. Tengo que hacer la guardia nocturna.
—¿Quieres que te acompañe? —le volvió a preguntar Eva, mirándole fijamente.
—¿Qué? —dijo Chris, desconcertado—. ¿No deberías ir a dormir?
—No tengo sueño.
—Haz lo que quieras, Eva —le dijo Jill—, pero yo me voy a dormir. No me tengo en pie de lo cansada que estoy.
Y antes de que él pudiera decir algo, el pequeño y cansado grupo se dirigió hacia una de las habitaciones, dejándolo solo con Eva. Chris se quedó en silencio mirando como el grupo se alejaba y, de repente, la luz se apagó, dejando toda la sala a oscuras. Se volvió para ver a una figura oscura, que dedujo que era Eva, con la mano en el interruptor.
—Será mejor que apaguemos las luces —dijo ella en un susurro—, podríamos llamar la atención y eso puede significar disparos. Y no quiero que me dejen el apartamento hecho un desastre...
—¿El piso es tuyo? —preguntó Chris.
—Sí —dijo ella. Parecía sorprendida por el hecho de que él no lo supiera—. David me pidió que se lo dejara si yo no lo iba a utilizar. ¿No lo sabías?
—No —dijo Chris—. David no nos quiso decir nada.
Eva no contestó, simplemente se acercó al centro de la estancia, donde había otro sofá, y la oyó dejar caer su pequeño equipaje en el suelo con cuidado, para hacer el menor ruido posible. Unos segundos después, oyó como se dejaba caer de golpe sobre el otro sofá mientras soltaba un resoplido de alivio. Chris se sentó también.
—¿Qué quieres saber? —le preguntó ella tras unos segundos de silencio.
—¿A qué te refieres? —dijo él.
—Sé que quieres saber si soy o no de fiar —respondió ella, con tranquilidad—. Y que también tienes curiosidad de por qué me quiero unir a vosotros.
—Eres muy aguda —dijo Chris lentamente. La chica había dado en el clavo en aquel sentido—. ¿Quién eres y qué hacías en Lisboa?
—Me llamo Eva Black, tengo veintitrés años y nací en Londres, pero me mudé a Estados Unidos hace algunos años —comenzó a explicar ella—. Pertenezco… Pertenecía a los STARS de Exeter, en Maine, y estaba en una misión de infiltrada para atrapar a cierto espía en Umbrella. Cuando me encontré con tus amigos, me explicaron todo lo que Umbrella había hecho y que había comprado a las personas clave de los STARS. Eso me cabreó. Pero la razón por la que me uní es para hacer pagar a Umbrella por lo que hizo en Raccoon City.
—¿Por qué? —dijo Chris, poco convencido—. Tú no estuviste en la ciudad, no pudiste ver lo que el virus-T había hecho.
—Cierto —asintió ella—. Pero quiero acabar con Umbrella por lo que ha hecho. Lo vi en la instalación. Tuve que tragarme los principios morales que tenía para inocular el virus-T a personas y animales para que no me descubrieran. Y no me gustó. Gente convertida en zombis, monstruos despellejados infectados por el virus-T… Un desastre…
—Ya veo —dijo Chris, recordando la mansión Spencer—. ¿Cómo siendo tan joven has conseguido que te asignen una misión encubierta?
—Aahh… Sí —dijo Eva riendo—, ese detalle. Verás, los directivos de los STARS creen que soy buena en todo lo que hago —Chris notó que lo decía en un tono desdeñoso—, por ello insistieron en que aceptara la misión. Me negué varias veces pero al final acepté para que me dejaran tranquila, total, parecía una misión sencilla…
—¿A qué edad…? —comenzó a preguntar Chris, pero Eva lo interrumpió.
—Veinte recién cumplidos.
—¿Veinte? —dijo Chris, impresionado.
—Según me dijo Jill, tenéis a un ex miembro de los STARS que entró con dieciocho años —dijo Eva, a la defensiva—, ¿por qué te sorprende que haya entrado a esa edad?
—No acabo de acostumbrarme a que gente tan joven entre en estos equipos….
—Entiendo.
Se quedaron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. A Chris le parecía buena chica, pero no por ello iba a dejar de prestarle la debida atención. No quería que les volvieran a traicionar de la misma manera que en el caso de Wesker…
Wesker.
Chris recordó sus ambarinos ojos cuando se quitó las gafas de sol en la base de la Antártida, le había dicho que ahora era superior. ¿Qué era lo que le había pasado? Él creía que estaba muerto. Todos lo creían. Entonces, ¿por qué seguía vivo? Era algo que le intrigaba.
Miró por la ventana y vio que estaba amaneciendo. Los tonos azules oscuros y negros fueron pasando a ser rojos, rosas y amarillos. En una hora más o menos el resto se despertaría y sabría lo que había pasado en Lisboa y si habían conseguido las pruebas. Miró a Eva y vio que estaba recostada en el respaldo del sofá, con la cabeza apoyada en uno de los laterales. Parecía dormir profundamente. Sonrió para sus adentros pensando en lo que ella había dicho sobre no estar cansada.
Eva cerró los ojos y se volvió a acomodar en el sofá. Pensaba que Chris era un buen tío. Que lo único que no quería era tener un traidor entre ellos. Según le había contado Jill, su antiguo capitán, Albert Wesker, les había llevado a la mansión Spencer para que se enfrentaran a los monstruos de Umbrella y había chantajeado a Barry con hacer daño a su familia. A Eva no le extrañó en absoluto que Chris quisiera ser precavido en ese sentido.
Bueno, eso se arreglará cuando David les hable de mí.
Pensó en la impresión Chris le había dado. Ella estaba de acuerdo con David en que las primeras impresiones jugaban un gran papel. Durante el poco rato que estuvo la luz encendida, pudo ver que Chris era muy atractivo. Pelo corto y oscuro, ojos de color verde apagado y de mirada profunda; alto, delgado y robusto. Según había leído en uno de los archivos que había encontrado de casualidad en uno de los ordenadores de aquella instalación, Chris Redfield era una espina muy gruesa y muy clavada en la espalda de la compañía. Había sido piloto de las fuerzas aéreas y era tirador de élite. Pensó que era bueno tenerle en la lucha contra Umbrella. Ella era también muy buena con las armas, pero no era ni había sido miembro de ningún club de tiro. Todo lo había aprendido de su padre, Joseph. Había sido miembro de los STARS durante muchos años antes de morir y había sido mentor de David.
Se acomodó más en el sofá dispuesta, al menos, a descansar medianamente. Le gustaba dormir, pero en esas circunstancias era mejor hacerlo con un ojo abierto… Vio a Chris levantarse e ir hacia la cocina, lo siguió con la mirada y estaba segura de que se había sobresaltado al verla despierta. Seguro que estaba convencido de que ella se había quedado dormida. Sonrió por dentro mientras se volvía a acomodar en el sofá.
El sonido de una puerta hizo que Eva se pusiera alerta, aunque no abrió los ojos. Seguramente venía de alguna de las habitaciones. Oyó caminar a gente y, de repente, notó que la cogían del brazo. Instintivamente y sin pensar, agarró aquella mano extraña y tiró a su dueño al suelo mientras se sentaba sobre su espalda y le retorcía el brazo. Oyó el gemido de dolor de un hombre.
—¡David! —exclamó una voz femenina.
—¡Eh, Eva! ¿Qué haces? —dijo Chris, atónito.
Eva se levantó de encima del hombre. Su supuesto atacante se levantó también, frotándose el brazo que ella le había lastimado. El hombre tenía el pelo corto y era delgado pero robusto, con el físico de un nadador. Se dio la vuelta y su mirada se cruzó con la de ella. Eva reconoció al hombre al instante y, por ello, se quedó sin habla. El hombre también parecía sorprendido.
—¿David? —dijo ella. A pesar de que sabía que se lo iba a encontrar, no pudo sentirse algo asombrada por verle allí de verdad.
—Eva, ¿qué… qué haces aquí? —dijo él, claramente sorprendido—. Creía que estabas en una misión.
—Sí -dijo ella, suspirando—. Tú mismo lo has dicho, estaba.
Se dirigieron hacia la cocina y Claire preparó café. Cuando todos tuvieron una taza caliente y humeante en las manos, miraron a Eva.
—A ver por dónde empiezo… —dijo ella, rascándose la cabeza.
—Puedes probar a decirme por qué estás aquí —dijo David, mirando a Eva con firmeza y seriedad—, en vez de en la misión que se te encomendó.
—No me eches la bronca, David —dijo ella, desafiante, mirando sus oscuros ojos—. No hasta que hayas oído lo que tengo que contar, ¿vale? Además —dijo ella, sonriendo burlonamente—, el rollo de «jefazo duro» no te pega nada.
—No cambiarás nunca —dijo él, moviendo la cabeza mientras sonreía levemente —. Siempre igual.
—Me lo tomaré como un cumplido —contestó Eva, guiñándole un ojo—. Como sabrás, me encargaron una misión aparentemente sencilla, de la que no se te contó nada porque, de haberlo sabido, te hubieses negado firmemente. Mi misión era infiltrarme como científico en una instalación de Umbrella, situada en Lisboa, para encontrar a un espía que la compañía decía tener, y que estaba pasando información a alguien de fuera, y matarlo. Después de saber lo de la traición dentro de los STARS, supuse que Umbrella estaba detrás.
—Eso quiere decir que Umbrella ya había comprado a gran parte de los STARS cuando se te encargó la misión —murmuró David, pensativo.
—Sí, eso mismo pienso yo —corroboró Eva—, pero en aquella instalación hubo un escape. Un desgraciado no tuvo cuidado al transportar un par de tubos llenos de virus-T y los rompió. Como entenderéis, el virus afectó a todo aquel que estuvo cerca del escape. Los conductos de ventilación lo esparcieron por todos los rincones y prácticamente todo el personal quedó infectado.
—¿Cómo es que tú no te infectaste? —preguntó Rebecca, extrañada.
—Buena pregunta, jovencita —Eva sonrió a Rebecca de manera cómplice—. Me encontraba en una zona de pruebas, de puertas estancas y todo eso. De esas que en cuanto detectan una fuga viral cierran todos los accesos a ellas. Tres personas y yo nos libramos del contagio… Aunque ellos tuvieron la mala suerte de ser mordidos por los infectados —la voz de Eva comenzó a quebrarse, al parecer contar aquello le hacía recordar lo que había visto—. Eso es lo que pasó a grandes rasgos. Si queréis detalles preguntádselos al resto, yo no me veo capaz.
—No creo que necesitemos los detalles, Eva —dijo David con voz suave—. ¿Conseguisteis las pruebas contra Umbrella?
—Sí, eso creo —dijo Eva, asintiendo con la cabeza. Parecía más tranquila ahora que no hablaba de lo que pasó cuando se escapó el virus—. Al parecer, Leon se introdujo en el sistema informático de la instalación y sacó los datos pertinentes. Si es lo que andáis buscando, claro. A mí me basta con patear el culo de los directivos de Umbrella.
—Típico de ti —dijo David, volviendo a sonreír—. Siempre te gustó patear el culo de los demás.
—Empezando por el de John —dijo Eva con una ligera sonrisa maliciosa—. Por cierto, ¿dónde está? Me habían dicho que estaba contigo.
—Creo que sigue durmiendo… —dijo Rebecca, con el ceño fruncido por el desconcierto.
—¿Ah, sí? —preguntó Eva, fingiendo incredulidad y alzando una ceja.
—Espera Eva —dijo David—. Jill, Barry, Leon y Carlos necesitan descansar. No creo que despertar a John sea una manera de dejarles dormir —David bebió un poco de café y añadió—: no a tu manera, claro. Además, tenemos vecinos, no queremos llamar la atención. Será mejor que vayas a dormir —Eva abrió la boca para protestar pero David se mantuvo firme—. Estoy convencido de que puedes aguantar bastante sin dormir, pero no creo que sea bueno para tu cuerpo.
—Muy bien —dijo Eva de mala gana, levantándose de la silla—, dormiré. Pero si pasa algo quiero participar.
—Sí, claro —cedió David.
Eva salió de la habitación con fastidio.
—Vale —dijo Rebecca—, David, ¿puedes explicarnos…?
—Eva Black, veintitrés años, si mal no recuerdo —dijo David, mirando a ningún sitio—. Pedí que la enviaran a mi equipo apenas entró en los STARS. Salvó la vida de tres de mis hombres y la mía en su segunda misión bajo mi mando —David parecía hablar más para sí mismo que para los demás—. Y a pesar de todo lo que salió mal, conseguimos el objetivo: salvar a los dos rehenes que un grupo terrorista había secuestrado.
—¿Está licenciada en alguna universidad? —preguntó Rebecca.
—No —dijo David moviendo la cabeza—. Dejó los estudios para entrar en los STARS. Pero supongo que su madre le habrá enseñado lo suficiente como para pasar desapercibida como científico.
—¿Su madre? —preguntó Claire.
—Su madre era bioquímica, como Rebecca.
—¿De quién estáis hablando? —dijo una voz en la puerta.
Todos se volvieron para ver a John atravesando la puerta de la cocina. Tenía cara de sueño y estaba bostezando.
—¿Te acuerdas de Eva Black? —preguntó David, mirándolo.
—¿Eva Black? —repitió John con una sonrisa, que parecía más una mueca, mientras se echaba café en una taza—. ¿Cómo puedo olvidar a esa catástrofe con patas? —dejó de sonreír y miró a David con atención—. ¿Por qué quieres hablar de ella? Nunca mencionas el tema, ¿por qué ahora sí?
—Pues porque estuvo a punto de sacarte a tiros de la cama —dijo David, mirándole a los ojos.
—¿Qué? ¿Está… Está aquí? —preguntó John, mirando a los presentes.
Todos asintieron con la cabeza, mientras David esbozaba una sonrisa apenas perceptible.
—Vaya, vaya —rió John con fuerza—. Los de Umbrella ya se pueden agarrar a lo que puedan porque, a partir de ahora, les vamos a dar mucha más guerra —y bebió un sorbo de café.
—¿Tan buena es? —preguntó Chris. Comenzaba a pensar que se había equivocado al juzgar a su nueva compañera.
—Sí, es buena —respondió David—. Pero ella nunca lo admitirá.
—Fijaos si es buena —dijo John—, que David quiso quitársela de encima.
—¿Qué? —dijo Rebecca, mirando con incredulidad a David. Aquello no pegaba nada con el carácter del ex capitán—. David, ¿qué…?
—¡John! —exclamó el aludido mirando a su compañero con dureza—. Eso no es cierto.
—Sí que lo es —le contradijo él, sonriendo maliciosamente—. Si mal no recuerdo la llamaste a tu despacho y luego salió muy indignada. Supongo que la intentaste despedir o algo por el estilo… —John terminó la frase con un tono burlón.
—Ah... Eso —dijo David con un suspiro—. No iba a despedirla. La iba a ascender a capitán. Pero ella se negó rotundamente, y como es tan tozuda no me escuchó. Dijo que no iba a ningún sitio. Que no le interesaba el mando y que le daba igual estar en un equipo que en otro, siempre y cuando fuese yo quien estuviese al cargo.
—Toda una persona fiel… —dijo Chris.
—Sí… —murmuró David, bajando la mirada. Parecía estar pensando en algo.
—¿Os ha contado lo que ha pasado en Lisboa? —preguntó John.
—Un poco —contestó Claire—, no ha querido darnos detalles.
—¿Es de fiar? —preguntó de repente, Rebecca.
—Yo confío en ella al cien por cien —dijo David, convencido—. Y le confiaría mi vida.
—Yo diría que le confiarías sus vidas —dijo John riendo. Había hecho hincapié en la palabra «sus» —. Nos ha salvado el culo tantas veces que le debemos unas cuantas vidas… —bebió café y añadió—. Pero yo también confío en ella.
—Sólo quería saberlo —se disculpó Rebecca, algo azorada.
—Es normal ser precavida ante situaciones como esta —dijo David, mirándola con comprensión—. No te disculpes por algo así.
Rebecca asintió con la cabeza. Chris no pudo evitar un bostezo y su hermana lo vio.
—Deberías acostarte, Chris —le dijo con firmeza—. Llevas toda la noche despierto y no creo que estar más tiempo despierto sea lo mejor.
Chris se levantó, bostezando de nuevo, y cuando estaba ya en la puerta, David le detuvo.
—¿A qué hora llegaron? —le preguntó.
—Eehh… Sobre las seis o las siete —dijo rascándose la cabeza—. No estoy muy seguro. ¿Por qué?
—Para hacer un cálculo del tiempo que les voy a dejar dormir —respondió David. Hizo un gesto con la cabeza y continuó hablando—. Ve a descansar.
Chris salió de la habitación casi sin saber por donde iba de lo cansado que estaba. Se metió en la primera habitación que vio y en la primera cama vacía que encontró.
