Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.
CAPÍTULO 6
Cuando se despertó a la mañana siguiente, Hinata sintió que le palpitaba la cabeza. Estaba sola en la cama. Una nota en la almohada, al lado de su cabeza, atrajo su atención.
Me voy a una reunión, pero volveré a buscarte para comer en la terraza a las doce y media.
Sasuke
Miró el reloj. Eran las diez. Se dejó caer en la almohada y algunos fragmentos de la noche anterior le volvieron a la cabeza. Poco a poco empezó a recordar lo que había provocado en ella una reacción tan extraña. Recordó la gente, el calor de la sala y cómo después sus pensamientos habían empezado a dar vueltas a los acontecimientos de meses antes.
Tenía que admitir que podía haber sido una especie de conmoción retrasada.
Había estado soportando la carga tanto tiempo... ni siquiera su madre sabía lo que había sucedido en Londres, hasta qué extremo había estado implicada Hinata.
Tampoco sabía los planes de huida que Hinata había hecho para las dos en caso de que Hamura fuera a por ellas. Lo aliviada que se había quedado cuando había conseguido convencer a su madre de volver a casa. Porque estaba segura de que Hamura pronto descubriría que Sasuke lo sabía todo y que estaba preparado para repeler la absorción. Y sabía que le echaría la culpa a ella... le preocupaba que le pegara... pero era evidente que lo que había sucedido entonces era que Sasuke había lanzado sus propias represalias y eso había mantenido ocupado a Hamura. De un modo retorcido, se daba cuenta en ese momento de que había sido él quien las había salvado de Hamura.
La causa tenía que haber sido ver de nuevo a Sasuke, las intensas emociones...
Salió a la terraza al sol de la mañana. Nunca se había visto a sí misma como una reina del drama. Recordó lo amable que había sido Sasuke, cómo la había llevado en brazos. Una ola de calor invadió sus miembros, todavía podía recordar la sensación de seguridad. El deseo de que pudiera ser algo real... Tenía mucho miedo de caer en el mismo peligroso sueño de antes. El sueño de que Sasuke la amaba. Decidió apartar aquellos pensamientos y meterse en la ducha. Él no lo amaba... no. Ni siquiera le gustaba.
Si se lo repetía como un mantra, a lo mejor acababa por creérselo.
A las doce y media Hinata se sentía de vuelta a la normalidad. Habían traído una mesa con comida que hacía la boca agua: pescado, ensalada, pan tostado y una botella de champán metida en hielo. Oyó la puerta de la habitación y se puso de pie en la terraza para esperar a Sasuke. Cuando apareció, el corazón se comportó como siempre lo hacía cuando él estaba delante.
—¿Cómo estás? —preguntó él con frialdad.
—Bien. Mucho mejor. Sobre lo de anoche, lo siento mucho. No me había sucedido antes...
—Está bien —dijo levantando una mano.
—De acuerdo —Hinata lo dejó, era evidente que no quería hablar del tema.
A lo mejor estaba enfadado porque no se habían acostado. A lo mejor pensaba que era parte de un elaborado plan para evitarlo. Se acercó a él y lo agarró del brazo—. No pensarás que yo... Bueno, que lo hice a propósito... —se detuvo, la cara carmesí...
—No, claro que no —y era cierto. Nunca se le hubiera ocurrido y en ese momento le sorprendió darse cuenta.
—Bien.
—Vamos a comer.
—De acuerdo.
Se sentaron a la mesa con el único sonido de fondo de algunos coches en la plaza, alguien que llamaba a alguien. Era increíblemente íntimo.
Sasuke se ocupó de abrir el champán y echarle un poco a Hinata antes de servirse él. Ella dio las gracias con un murmullo y trató de parecer fría, como si aquello fuera algo normal para ella.
—¿Qué tenemos en el programa para más tarde? ¿Otra cena?
—Sí, me temo que sí, pero no tienes que venir si crees que no estás preparada.
Su consideración le afectó, a pesar del muro de hielo que estaba intentando levantar alrededor de su corazón. Negó con la cabeza.
—No, estoy bien. Normalmente no soy de las que se desmayan. De hecho no me había ocurrido nunca —se sentía culpable, pero tenía que parecer despreocupada, como si él no tuviera su mundo en las manos. Le dedicó una sonrisa extraña—. Espero no tener que enfrentarme a más mujeres, escuchar a todo el mundo hablar de la familia real como si fueran íntimos y tratar de descifrar vuestra jerga financiera...
Un repentino golpe de empatía casi dejó a Sasuke sin respiración.
—Lo siento. Ya sé lo aburridos que pueden ser. Y sobre lo de las mujeres... ya has visto lo peor anoche. No me ven a mí, ven signos de dólar, un anillo y un posible marido para sus hijas.
Estaba desconcertada por sus excusas. Por una vez no la metía a ella dentro de esa categoría. Pero se equivocaba con las señoras: veían en él mucho más que eso. Era el más atractivo por su juventud, su virilidad y su cartera. No pudo evitar preguntar:
—¿No quieres casarte algún día?
Aguantó la respiración mientras esperaba la respuesta. Sasuke apretó la mandíbula.
—¿Con lo que he visto? —dijo con una voz increíblemente áspera—. Si me caso, será simplemente un acuerdo de negocios... y por los hijos.
No pudo evitar que un escalofrío la recorriera entera al escuchar esas palabras.
En cierto sentido, por la breve experiencia que tenía en aquellos círculos, no podía reprochárselo. También había una cierta melancolía en sus palabras que hizo que Hinata deseara preguntar más, saber más de él, saber más de su vida, sus padres... pero no fue capaz.
En un esfuerzo por evitar hablar de temas personales empezó a charlar de cualquier cosa. Sasuke se recostó en la silla para estudiarla. Estaba vestida informalmente, con una blusa sin mangas y unos pantalones de lino. Algo le fastidiaba sobre eso, pero antes de que pudiera averiguar qué, estaba distraído. El rostro de Hinata estaba animado mientras contaba una historia, pero lo que realmente le cautivaba eran sus movimientos, el modo en que abría los ojos para enfatizar las cosas. Habían compartido la cama dos noches y todavía no había pasado nada. Era la primera vez en su vida y sabía que no podría soportar esperar mucho más. Se había levantado varias veces la noche anterior e incluso se había dado una ducha fría.
—... y así fue, de verdad —Hinata se detuvo, se había dado cuenta de que no la había estado escuchando. ¿Era tan aburrida?
Sasuke se incorporó.
—Lo siento, estaba en la luna.
—Está bien —forzó una sonrisa.
De pronto se sintió mal. La había ofendido al no escucharla. Y estaba perplejo por su reacción. ¿Lo estaría engatusando? ¿Haciéndole pagar su falta de atención? Sacudió la cabeza. La forma que tenía de hacerse la inocente estaba tan arraigada que ya le salía sola.
—¿Qué pasa? —dijo ella con una mirada de preocupación.
—Nada —dijo brusco. Se puso de pie y al hacerlo la silla chirrió provocando en Hinata una mueca de disgusto—. Deberías tomártelo con calma esta tarde.
Ella también podía ser fría.
—Estoy bien, Sasuke, de verdad. No volverá a suceder. Voy a hacer algo de turismo —se encogió de hombros—. Puede que no vuelva jamás aquí...
Sasuke entornó los ojos. Realmente no había dicho eso con ninguna segunda intención, ¿verdad? Se le secó la boca.
—Estoy seguro de que podrás convencer a alguien de que te traiga...
Hinata se contuvo de contestar por las obvias implicaciones de que se refería a otro amante... si a él se lo podía llamar así. En momentos como ése, cuando era cínico y odioso, era muy fácil olvidar las ideas sin sentido sobre estar enamorada.
—Seguro que tienes razón —dijo sonriendo alegremente.
—Te veré esta tarde. Saldremos a las siete.
Asintió y lo miró mientras él se alejaba. Se dejó caer en la silla en cuanto se hubo ido al ser de pronto consciente de cuánta tensión había soportado.
Hinata estaba decidida a que Sasuke no afectara a su equilibrio. Estaba haciendo un recorrido turístico en autobús. Pero, por mucho que lo intentaba, no podía evitar la fantasía que envolvía su cerebro como una tenue niebla. Que si se hubieran conocido en circunstancias diferentes, a lo mejor él podría haber sentido algo por ella, algo más que el poderoso deseo que era evidente que sentía.
Se subió las gafas de sol y sonrió. Ése era el problema. Las posibilidades de ser otra cosa distinta de su amante eran casi nulas. La prueba la tenía en la noche anterior, cuando él había dicho que ellas siempre sabían dónde estaban. Pero si ése fuera el caso, no sería suficiente. Para ella no.
Vio algo en la calle y se bajó en la siguiente parada. Sin saber por qué acabó entrando a un esteticista. No era porque quisiera hacer el esfuerzo. No iba a concederle eso a su fantasía. Era sólo orgullo de mujer.
Esa noche, otra brillante ceremonia. Era como una fotocopia de la noche anterior. La misma gente, las mismas conversaciones. Y aun así... lo que pasaba entre ellos era diferente. Hinata estaba al lado de Sasuke con un posesivo brazo alrededor de la cintura. La incluía en las conversaciones dejando muy claro que estaba con él. Su mujer. Podía recordar cómo la había mirado antes cuando había salido del vestidor en la habitación. Todavía se estremecía al recordarlo.
El esteticista la había depilado, pulido. Se regañaba diciéndose que eso sólo acabaría produciendo más sufrimiento. Lo sabía, pero no podía evitar el diabólico y pícaro deseo que le había hecho elegir el vestido que llevaba. Era uno de los que había elegido la dependienta, algo que Hinata nunca se hubiera atrevido a llevar.
Pero que suponía sería adecuado.
Llevaba el pelo recogido en la cima de la cabeza y el vestido negro era engañosamente sencillo. Un escote alto hasta el cuello no revelaba mucho, pero entonces, detrás, desaparecía, mostrando toda la espalda. Siempre había sido demasiado consciente de sus pecas, pero en ese momento, al lado de Sasuke, con su brazo alrededor de la cintura, se sentía... cerca de considerarse hermosa por primera vez en su vida.
Sin que ella se diera cuenta, la gente se había ido dispersando y Sasuke la llevó a la terraza. El aire templado los envolvía con su aromática brisa y Hinata respiró hondo. Había un rincón apartado de la vista y Sasuke la tomó de la mano.
—¿Qué... qué hacemos aquí?
Bajo el tejado de flores y hojas, se volvió a mirarla y dijo:
—Algo que he estado deseando hacer toda la noche —acercó la boca a la oreja provocando en ella un delicioso estremecimiento—. Tu espalda me está volviendo loco.
La apretó contra él y Hinata gimió al sentir la dureza de su excitación contra el vientre. Sintió que se humedecía de anticipación. Estaba sin aire, esperando que la besara, la abrazara. Sin embargo su boca seguía en el cuello, rozándolo apenas con los labios. Hinata le pasó las manos por el cuello, intensificando aún más el abrazo. Sin pensar, sólo sintiendo.
Entonces, las manos de él recorrieron la espalda desnuda y un temblor la recorrió entera. Y en ese momento sus bocas se encontraron y supo que estaba perdida. Dibujó el contorno de sus labios antes de que la lengua entrara y compusiera con la de ella una embriagadora danza.
Las manos de él recorrieron la cintura, la espalda, toda la suave piel. Una mano empezó a bajar y bajar hasta que acabó encima de la tela del vestido que cubría las nalgas. Ella se echó hacia atrás, con los ojos abiertos, respirando entrecortadamente. Mientras la miraba, sus manos pasaron por debajo del tejido hasta encontrar la curva de las nalgas envuelta por las medias de seda. Las manos de ella se clavaron en sus hombros.
Los ojos le brillaban en medio de la enrojecida cara mientras él se inclinaba y volvía a besarla con pasión y fuerza y las manos sobrepasaban la seda y acariciaban, exploraban las voluptuosas curvas. Una mano siguió más abajo con dedos que buscaban, más abajo, todo el camino hasta...
Hinata gimió en los labios de él cuando los dedos encontraron la húmeda prueba de su deseo y siguieron de acá para allá buscando las parte más sensible.
Cuando debería haberse separado de él, se agarró más fuerte sintiendo la más exquisita de las torturas. No podía hacer nada, no podía moverse. Sasuke era implacable, despiadado. Y entonces llegó allí... a esa parte... Un espasmo la recorrió en respuesta y aún seguía atrapada. Incapaz de escapar a un placer que casi era demasiado. Demasiado intenso.
Mientras la besaba con fiereza en el cuello y ella dejaba caer la cabeza, una mano la apretaba contra él y la otra estaba llevándola rápidamente a una espiral de endiabladas y abrumadoras sensaciones de una clase que nunca había experimentado. Podía sentir el sutil ritmo de su duro cuerpo. Había separado las piernas para dejarle acceso y los movimientos de ambos se hacían cada vez más urgentes. Hinata no sabía qué buscaba, era algo que se encontraba justo fuera del alcance y entonces... de pronto algo tomó el control de ella de un modo tan devastador... que dejó de respirar un minuto.
Unos segundos después, como si se la hubieran llevado a otro sitio, lentamente volvió y sintió su cuerpo entero palpitar por las secuelas de lo que había parecido un terremoto de sus sentidos. Mientras la realidad se iba colando en su confusa mente y Sasuke aflojaba lentamente su abrazo, supo con sorprendente claridad que había tenido su primer orgasmo. Miró a Sasuke sabiendo que debía de tener una expresión de sorpresa en el rostro, pero ni siquiera intentó disimularla. Había perdido la virginidad con un novio de la universidad, pero éste nunca había conseguido hacerle sentir algo más que un moderado malestar. Eso... eso, sin embargo estaba a otro nivel. Oyó el sonido de voces, un tintineo de risas procedentes de la sala de baile a sólo unos metros.
Se había soltado de sus brazos. Con poco más que la fuerza de un beso le había permitido el acceso total sin casi protestar. Sin pensarlo, sólo había reaccionado. Tenía que alejarse.
—Perdona... tengo que ir al cuarto de baño.
Sasuke la dejó ir y ella se marchó con la esperanza de no parecer tan hecha polvo como le había dejado lo que acababa de suceder. La miró irse y se sentó en el asiento que había detrás de él. Su propio ritmo cardíaco estaba empezando a normalizarse y el dolor de su insatisfacción era realmente agudo.
Sacudió la cabeza sonriendo. Sólo había planeado besarla. No había pensado en la súbita necesidad de vapulearla hasta dejarla sin sentido. ¿Qué le pasaba? La última vez que había acariciado a una mujer de forma tan exhaustiva en un lugar público había sido de adolescente. Y había sido a una chica, no a una mujer. Se maldijo a sí mismo; no debería sorprenderse si ella tenía la marca de un mordisco en el cuello, pero había sido tan receptiva... Ese toque de fingida inocencia hacía que perdiera el control rápidamente cada vez que estaba cerca de ella. ¡Con sólo apoyar las manos en su espalda! Podía sentir todavía el temblor que la había sacudido, la presión de sus pechos, que habían prendido fuego a su vientre... su bajo vientre. Y todo eso le había embriagado hasta hacerle perder la razón. Había sido igual que aquella noche de Londres que recordaba tan bien... y ella se había detenido justo cuando... justo cuando él todavía era capaz de parar. ¿Estaba volviendo a hacerle lo mismo? Dejándole atisbar el paraíso sólo para ponerlo de rodillas...
No podía volver a hacerlo. De ninguna manera. Él no se detendría. Sabía que la respuesta de ella no era fingida y Hinata no sería capaz de parar esa vez. Se puso de pie con energía, pero permaneció todavía un momento oculto en las sombras antes de ir a buscar a Hinata. Era hora de reclamar su premio.
De vuelta en la habitación del hotel, Hinata escuchó el sonido de la puerta que se cerraba tras Sasuke. Estaba nerviosa, al límite. No estaba preparada. Necesitaba tiempo para procesar lo que había pasado, tenía que ser capaz de controlar sus emociones cuando se entregara a él. Todavía estaba aturdida, conmocionada por la intensidad con que había respondido a sus caricias en la terraza. Él la había visto en cuanto había vuelto a aparecer en el salón. Se había quedado quieta, intentando no salir corriendo en dirección contraria a la que él se acercaba. Sin decir ni una palabra, se había detenido delante de ella, la había tomado de la mano y llevado fuera. Ni una palabra. A nadie. Y ya estaban en el hotel. La enorme cama justo ahí, delante de ella.
Hinata se volvió en dirección a él sin saber todavía qué iba a decir, pero antes de que pudiera hablar, Sasuke fue al cuarto de baño mientras se quitaba la chaqueta.
—Voy a darme una ducha...
—Muy bien —el pánico atenazaba su voz—. Yo haré lo mismo después.
Sasuke se dio la vuelta y levantando una ceja dijo:
—A menos que quieras compartir...
—No —cortó tajante—. Esperaré.
Él se encogió de hombros.
Hinata salió al balcón y lo recorrió de arriba abajo con los brazos cruzados. No podía pensar con coherencia. Todo iba demasiado deprisa. Todavía estaba hecha pedazos después de aquel ataque de manoseo. ¿Cómo iba a poder soportarlo cuando Sasuke... la poseyera por completo? Su vientre se derretía en un líquido ardiente sólo de pensarlo. Se sentó en una silla. No era el tipo de mujer mundana a la que él estaba acostumbrado. Era simplemente la sencilla Hinata Hyuga. La niña pelirroja y con pecas que se hacía daño con facilidad y todavía tenía señales de cuando se caía de los árboles de pequeña. Y otras cicatrices que él nunca debería conocer. Necesitaba tiempo, espacio, para retrasar lo inevitable sólo un poco más.
Se abrió la puerta del cuarto de baño. Hinata se puso de pie de un salto. ¿Ya había terminado? Sasuke salió con una toalla de tamaño ridículo alrededor de la cintura. El pelo mojado se le pegaba a la frente. Hinata no podía apartar la vista del ancho y musculoso pecho. Sus ojos saltaron por encima de la toalla y siguieron a las fuertes y bien torneadas piernas. Tragó. Sasuke le hizo un gesto en dirección a la puerta:
—El baño es todo para ti... No tardes mucho, Hinata.
Una vez dentro, se apoyó en la puerta. El vaho la envolvía... el calor de su cuerpo, el aroma todavía presente en el aire. Todo aquello volvió a sembrar el deseo en su cuerpo. Tenía que hacer algo. No podía firmar su rendición esa noche.
Al día siguiente, a lo mejor... pero no en ese momento, no después de la explosiva experiencia.
Se quitó los zapatos y fue hasta el espejo a mirar su reflejo. Dos brillantes manchas de color realzaban sus mejillas; tenía los ojos demasiado abiertos y brillantes. Se metió en la bañera en un intento desesperado de conseguir algo más de tiempo para pensar.
Finalmente, después de esperar tanto como pudo, Hinata abrió la puerta con cuidado. Sasuke estaba tumbado en la cama con los ojos cerrados. Salió despacio.
¿Estaría dormido? Sasuke abrió de pronto los ojos. No había habido suerte. Se apoyó en un brazo y frunció el ceño al darse cuenta de que ella no se había cambiado de ropa. Después un brillo de agradecimiento se dibujó en su rostro.
—Bien. Estaba fantaseando con la idea de quitártelo. Ven aquí.
Sasuke había pensado que ella se lo había dejado puesto a propósito...
¿Cómo podía no darse cuenta de que estaba aterrorizada? Hinata dio un paso adelante y se detuvo. Sasuke volvió a fruncir el ceño. Parecía demasiado serio.
—Hinata... —dijo en tono de aviso.
—Sasuke, espera —levantó una mano como para infundirse valor—. No voy a acostarme contigo hasta que hayas firmado el contrato.
Se levantó de la cama de un salto y Hinata corrió al cuarto de baño, cerró la puerta y echó el cerrojo. Pensaba que el corazón le iba a estallar. Vio cómo se movía el pomo de la puerta y se alejó de ella.
—Hinata... Abre o tiraré la puerta abajo.
La desesperación debilitaba la voz de Hinata.
—Dijiste que firmarías un contrato garantizando que la casa volvería a ser de mi madre. Quiero que lo firmes antes de que... pase algo entre nosotros.
—Ya ha pasado, corazón.
Se ruborizó al otro lado de la puerta. Bueno, al menos ya no estaba tratando de tirarla abajo, aunque tenía el tono de quererla estrangular.
—Hinata, sal de ahí...
—De ninguna manera —pudo oír un resoplido—. No, a menos que me prometas que no me tocarás.
Hubo un silencio muy largo. Tan largo que Hinata tuvo miedo de que se hubiera ido sin decir nada y se fuera a pasar toda la noche encerrada en el cuarto de baño. Entonces oyó un «bien» muy bajito.
Quitó el cerrojo y abrió la puerta. Se sintió aliviada cuando vio a Sasuke en el otro extremo de la habitación con los pantalones puestos y los brazos cruzados. Sintió un escalofrío pero decidió salir.
—¿Quieres explicarme de qué va todo esto?
—Quiero firmar ese contrato. Una vez que esté segura de que vas a mantener tu palabra, entonces podrás... tener... hacerme tuya —pronunciar esas palabras hizo que un torbellino caliente le recorriera el cuerpo.
Sasuke se acercó un poco. Ella reculó ligeramente.
—Si no recuerdo mal, no aseguré nada semejante. El acuerdo era que tú te mudarías a vivir conmigo, te convertirías en mi amante y entonces... yo pondría la casa a nombre de tu madre.
Maldición, tenía razón. Hinata bajó los hombros. Por un momento, Sasuke sintió algo como... preocupación. Parecía increíblemente indefensa.
Lo único que evitaba que hiciera lo que quería, acercase, zarandearla y después besarla, era que le asustaba la intensidad con que deseaba hacerlo. Y tenía que controlarse, a pesar de que lo ocurrido en la terraza todavía lo tenía atenazado.
Recordó algo y la miró convencido de que tendría una marca ligeramente encarnada en el cuello. Decidió no dejar que ella viera lo cerca que lo ponía de perder el control. Él, Sasuke Uchiha, uno de los magnates más ricos del mundo, había mordido apasionadamente en el cuello a una mujer. Así que permaneció de pie. Necesitaba algo de tiempo, espacio para asegurarse de que no perdería el control la siguiente ocasión.
Hinata levantó la cabeza y lo miró.
—Mira. Me tienes. No voy a negarte lo que quieres...
—Tú también me quieres a mí, Hinata...
«Más que a nada en el mundo», pensó ella. Los ojos de Hinata llamearon un segundo diciéndole que estaba de acuerdo, aunque lo que dijo fue:
—Mi dignidad ya la he arrojado a la alcantarilla. Todo lo que te pido es que cuando volvamos firmemos el contrato y entonces... entonces...
«No habrás más excusas para evitar lo inevitable...».
—De acuerdo.
Hinata pensó que no lo había oído bien.
—¿De acuerdo?
—Sí. Bien —pasó a su lado sin ninguna expresión en el rostro y empezó a vestirse.
—¿Qué... qué haces?
—Bueno, Hinata, como no quieres que compartamos la cama todavía... Voy a salir. Será mejor que estés dormida cuando vuelva.
Y se fue. Había conseguido lo que quería, entonces ¿por qué no estaba contenta?
¿Por qué quería correr tras él y decirle: «¡para!, lo siento, por favor vuelve y llévame a la cama»? ¿Qué había hecho? Era incapaz de pensar con claridad cuando él estaba cerca, pero en cuanto se iba sí podía. Lo había llevado demasiado lejos y se había marchado, había vuelto a la recepción. Era el único sitio. O a lo mejor habría ido a cualquier bar lleno de humo en busca de un alma gemela.
Se sentó en una silla. Sasuke podría elegir a cualquiera de las bellezas que habían estado intentando atraer su atención las dos últimas noches. Se había marchado para elegir a una. Le estaba haciendo saber que no podía retenerlo, pero incluso sabiéndolo, ardía por él, deseaba dolorosamente que culminara la experiencia que había comenzado antes. Se cambió de ropa y se metió en la cama con la esperanza de que el sueño acabara con aquella tortura.
A la mañana siguiente Hinata se despertó y se sintió a salvo, segura, arropada y cálida. Se movió y se quedó helada al darse cuenta de dónde estaba. Estaba completamente envuelta por el abrazo de Sasuke. Sus cuerpos se rozaban desde la cabeza a los pies. El pecho de él en su espalda, las largas piernas envolviendo sin esfuerzo las suyas. Y estaba completamente desnudo.
Hinata tragó con dificultad. Trató de moverse pero los brazos eran como bandas de acero y cuando hizo un movimiento un poco mayor, se tensaron.
—¿Vas a algún sitio? —dijo en su oído una voz ronca por el sueño —se quedó completamente quieta—. Demasiado tarde para eso. Sé que estás despierta.
Y también lo estaba su cuerpo, traicionándola con una ansiosa respuesta a su proximidad.
La mano de Sasuke, que estaba en sus pechos, empezó a descender perezosamente por el vientre deslizándose sobre el satén del salto de cama, y después volvió. La respiración de Hinata se aceleró mientras la mano se entretenía en las redondas montañas y el encaje la rozaba de modo insoportable. Cerró los ojos con todas sus fuerzas y gimió cuando agarró uno de sus pezones entre el pulgar y el índice con suavidad, apretando un poco más al tiempo que una sacudida de excitación se abría paso por su vientre hasta el espacio que había entre sus piernas.
Y entonces, mientras la mano de Sasuke se entretenía estimulando una de sus zonas erógenas, Hinata se dio cuenta de cuánto se le había subido el salto de cama. Sasuke estaba deslizando un musculoso muslo entre sus piernas, abriéndolas, venciendo su resistencia, y entonces pudo comprobar la descarada dureza de su erección allí, rozándola, sólo a un suspiro de estar dentro, donde ella deseaba que la llenara. Acercó las nalgas a él.
—Sasuke... ¿Qué... qué es eso? —su respiración la estaba volviendo loca. —Quería... quería...
—¿Qué quieres? ¿Esto?
Se movió un poco hacia arriba y ella pudo sentir un empujón en su zona más húmeda. Contrajo los músculos y se estremeció con la anticipación. Aquello iba demasiado deprisa, pero todo lo que podía hacer era darse la vuelta y ofrecérsele por completo.
—Sí... oh, sí —se mordió los labios en un intento de no rogar más.
Y entonces, en un instante rápido y brutal, Sasuke se puso en pie y salió de la cama. Ahí estaba, de pie y con una toalla en la cintura que escasamente conseguía disimular el tamaño de su erección. En su rostro se apreciaba el esfuerzo que había tenido que hacer para detenerse.
—¿Qué problema hay? —preguntó ella sin respiración.
—Ninguno, Hinata, que la firma de un contrato no resuelva.
Se inclinó y apoyó las manos en la cama por encima de ella. La miró a la ruborizada cara, las dilatadas pupilas, el cuerpo todavía excitado.
—Cuando lleguemos juntos al orgasmo, Hinata, será así. Podré verte la cara mientras te entregas a mí.
Hinata hundió la cara en la almohada, más humillada incluso que la noche de Londres. Al menos aquella vez no había saboreado la felicidad que él podía darle. No había ido tan lejos como para que ella no pudiera parar, aunque él había llegado a un estado similar. Sin embargo, esa vez había sido él quien había dejado en evidencia la falta de control de ella.
Estaba envolviéndola en un lazo de seda del que sabía que nunca podría liberarse. Incluso después de que él terminara con ella. El dolor la hizo atacar.
—¿No tuviste bastante con la otra cama que calentaste anoche?
La sola idea de él con otra mujer la hacía retorcerse de rabia.
La miró con frialdad.
—Yo, a diferencia de ti, tengo principios. No me comparto. ¿No es una suerte para ti, Hinata? —soltó una breve carcajada—. Soy todo tuyo. Por ahora. Y no volveré a esperar o, créeme, revocaré el acuerdo y me buscaré otra amante —Hinata sintió que la recorría una oleada de regocijo... no se había acostado con otra. De pronto estaba absurdamente feliz. Sasuke la miró incrédulo y se dio la vuelta—. Salimos para Dublín en una hora.
