Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.
CAPÍTULO 7
Azuma, el chófer de Sasuke, estaba esperando con el coche en el aeropuerto privado. Hinata estaba contenta de que hubiera alguien con quien hablar mientras Sasuke estaba fuera del coche hablando por teléfono. En el curso de la conversación Hinata descubrió que Azuma había perdido a toda su familia en un accidente de tráfico hacía diez años. Trabajaba para otra persona de la empresa, pero cuando Sasuke se había enterado de la noticia, lo había convertido en su chófer y desde entonces lo llevaba a todas partes.
—A decir verdad, cariño, no sé que hubiera hecho. Me tuvo yendo de un lado a otro cuando... —se detuvo y se le humedecieron los ojos. Hinata le apoyó una mano en el hombro—. Lo siento, cariño, todavía es... —se rehizo y miró fuera del coche—. Es un buen hombre. Se ocupará de ti. Leal, diría. Mucho mejor que algunos de los que han tratado de...
Sasuke entró en el coche en ese momento y Azuma hizo un guiño a Hinata antes de darse la vuelta para llevarlos a la ciudad. Desde luego Sasuke tenía un admirador en Azuma. No podía reprocharle cómo se había comportado con ese hombre, pero no quería saber cosas buenas de él, quería odiarlo, confirmar que era un cínico.
La voz de Sasuke interrumpió sus pensamientos.
—Azuma, déjame en la oficina, tengo una reunión esta tarde, y después deja a Hinata en casa —cuando llegaron a la oficina, y aún en el coche siguió—. Estaré de vuelta a las siete y llevaré el contrato, así que ¿por qué no pones agua a hervir y lo celebramos?
Hinata se ruborizó sabiendo que Azuma estaría escuchando la conversación.
—Muy bien.
Cuando se hubo marchado, se recostó en el asiento y respiró cómoda por primera vez en todo el día. Al menos tenía unas pocas horas para recuperar el control. Cuando la dejó en el edificio de apartamentos, Hinata miró cómo se alejaba Azuma en el coche.
Fue a ver a su madre para asegurarse de que estaba bien. La vio tan feliz y relajada que Hinata se sintió aliviada de verdad por primera vez. Era casi otra mujer, estaba diferente. Parecía más joven. Ésa tenía que ser su motivación. Estaba haciendo lo que debía. Lo sabía.
De vuelta al apartamento decidió que no podía seguir mintiendo sobre sus conocimientos culinarios y preparó un arroz con champiñones silvestres. Cocinar siempre la relajaba y le iba a hacer falta. Renunció a ponerse unos cómodos vaqueros viejos y una camisa sencilla y pensó que sería mejor vestirse como él esperaba. Así que ahí estaba, sintiéndose ridícula en la cocina con una blusa de seda y unos pantalones de tweed. El pelo, a pesar de que había tratado de recogerlo en un moño, ya estaba otra vez libre a la altura de la nuca.
Cuando Sasuke llegó, sus pasos amortiguados por la alfombra, vio a Hinata removiendo algo en una cazuela, inclinada para olerlo con el ceño ligeramente fruncido. Después se irguió y empezó a trocear unas cebollas para hacer una ensalada. La destreza con que lo hacía le demostró que no era una novata. Decidió ignorar el extraño dolor que sintió en el pecho mientras la miraba.
—El agua hervida huele sorprendentemente bien —dijo lentamente.
Hinata dio un brinco y se volvió, pero recuperó la compostura rápidamente. Sasuke notó la tensión en su gesto y se arrepintió de lo que había hecho.
—Sí... bueno, no quería darte la satisfacción de pensar que tenías una cocinera interna además de una amante, pero ya ves... Cocino bastante bien.
—Mejor, porque tengo hambre. Me doy una ducha y vuelvo.
Hinata se encogió de hombros como si no le importara, pero desde que la había sorprendido, tenía el pulso desbocado.
En cuanto desapareció Sasuke, metió las muñecas debajo del grifo de agua fría para tranquilizarse. Se humedeció las ardientes mejillas. Imágenes de fantasías eróticas empezaban a tomar posesión de cada rincón de su cabeza. Era una hormona andante. Colocó los cubiertos y sacó una botella de vino porque sabía que él así lo esperaba, pero se juró beber muy poco para mantener totalmente el control.
Y entonces apareció él. Se había vestido como le hubiera gustado a ella: unos vaqueros viejos y una camiseta que ceñía el musculoso pecho. El pelo mojado alrededor del cuello.
—¿Qué hago?
Hinata cerró los ojos para reprimir las lujuriosas imágenes que acudían a su cabeza.
—Puedes traer la ensalada, lo demás está ya en la mesa.
Se acababa de quedar sin apetito.
Sasuke trajo la ensalada y se sentaron. Él sirvió vino a los dos y alzó su copa:
—Por esta noche.
Hinata se quedó pálida y respiró hondo. Se limitó a asentir en respuesta. Y bebió un buen trago de vino. Demasiado para sus buenas intenciones.
Sasuke probó la comida y en su rostro apareció una mirada de incredulidad.
—Hinata, esto está realmente bueno. ¿Cuándo aprendiste a hacerlo? ¿Sabes lo difícil que es conseguir que quede bien?
Hinata se ruborizó de placer y no pudo reprimir una sonrisa.
—¿De verdad?
—De verdad. He comido en muchos de los mejores restaurantes de Italia y nunca me han hecho un rissoto tan bueno como éste.
—Trabajé como ayudante de un cocinero cuando estudiaba en la universidad.
—¿Trabajabas mientras estudiabas? —casi había cerrado los ojos incrédulo.
Hinata pensó deprisa. Hamura tenía millones, el dinero no hubiera sido problema, pero Hinata siempre lo había rechazado, pensaba que era dinero ensangrentado a pesar de los ruegos de su madre para que aceptara la ayuda de Hamura. Se encogió de hombros y dijo:
—Creo que quería demostrarle a Hamura que podía valerme por mí misma, pero me aburrí pronto... —las siguientes palabras la mataban si pensaba en la horrible habitación de alquiler llena de cucarachas en la que había vivido—. Pero, por supuesto, no duré mucho. ¿Por qué elegir el camino difícil?
—Es verdad, ¿por qué?
Hinata pensó que tenía que mantenerse alejada de los temas personales. Tenía demasiada inclinación a hablar deprisa y abiertamente. Como había pasado en la comida de Montecarlo. Cuando Sasuke sirvió el último vino en su copa se preguntó cómo habrían hecho para beberse toda la botella. Sentía esa melosa blandura en su cuerpo y quiso levantarse para ponerse alerta.
—Voy a hacer café —fue a levantarse y Sasuke la retuvo con una mano.
—No, tú has hecho la cena, yo haré el café. Siéntate en el sofá y te lo llevaré.
Esa cortesía le hacía sentirse incómoda. Lo miró mientras quitaba la mesa y después escuchó cómo trasteaba en la cocina. Hizo como le había dicho y se sentó en el sofá. En ese momento lo vio encima de la mesa. El contrato. Eso la espabiló más rápido que ningún café. Lo agarró con cuidado y echó un vistazo. Ahí estaban, negro sobre blanco, las terribles palabras:
Hinata Hyuga... se convertirá en la amante de Sasuke Uchiha durante sólo dos meses... desde la fecha de hoy... y la casasita en... volverá a estar a nombre de Hana Hyuga... pero sólo cuado la susodicha relación haya...
Sintió náuseas. Teniéndolo delante, no podía realmente creer que hubiera tenido el valor de ponerlo por escrito... ¿con el asesoramiento de un abogado? ¿Con testigos? Ahí estaban los espacios para sus firmas. Tan impersonal y tan seco como se había quedado su boca. A pesar de que había sido ella la que había rogado por la casa y había provocado esa situación... aquello era demasiado.
Sasuke volvió y Hinata volvió a dejar el contrato en su sitio.
—Así que ya lo has visto —dijo él con un tono grave e implacable.
—Sí. Lo que, sin duda, esperabas cuando me has dicho que me sentara aquí.
—En realidad no es así. Había olvidado que lo había dejado ahí, pero ¿cuál es el problema? ¿No era lo que querías?
Hinata dejó el café en la mesa y se levantó del sofá intentando desesperadamente no echarse a llorar.
—¡No! No es lo que quería. Nunca he querido nada de esto. Y menos que mi vida privada acabara conocida al detalle por extraños.
Sasuke también se levantó y se acercó a la ventana a mirar la espectacular vista de la ciudad. Se dio la vuelta para mirarla.
—Lo siento, Hinata, pero esto es resultado directo de tus actos. Hace seis meses jugaste con fuego y ahora te estás quemando —la agarró de los dos brazos.
—Me deseas, Hinata, tanto como yo a ti. ¿Puedes negarlo?
Triste, embriagada por su proximidad, no podía moverse. Súbitamente la atrajo hacia él. Bajó las manos por sus brazos y le sujetó las dos manos a la espalda con sólo una suya.
—Te gusto, ¿verdad? —con la otra mano le apartó un mechón de pelo de la cara.
El cuerpo de Hinata ardía de vida cada vez que la tocaba, pero tenía que resistirse, era su única defensa. Después de haber leído el contrato había sentido que le quedaba un hilo de dignidad y se había agarrado a él.
—Sí... —las palabras se retorcían en su interior—. Puede que me gustes en el exterior, pero tienes que saber que en el interior te odio con todas mis fuerzas.
Vio en él una mirada tan salvaje y tan breve que pensó que se la había imaginado.
—Eso está bien porque no es tu corazón lo que quiero. Sólo tu cuerpo. Es hora de terminar lo que empezaste aquella noche, Hinata.
La crueldad de sus palabras la quemaba. Sintió que la garganta se le cerraba cuando se inclinó sobre ella y la besó posesivamente. Y mientras su cuerpo se alegraba del contacto, su cabeza desmentía sus palabras repitiéndole a cada momento lo que quería ignorar, lo que no quería afrontar. Lo que no podía afrontar. Sasuke finalmente suavizó el beso y le soltó las manos y ella dudó durante un segundo antes de sucumbir a la sensualidad por lo inevitable de la situación.
No tenía elección. Estaba en una carrera a punto de llegar al final. Una carrera que ella había iniciado. Una carrera que Hamura había puesto en marcha seis meses antes. Por mucho que quisiera golpear a Sasuke por hacer que se sintiera así, sus traidoras manos subieron por el pecho, arriba... hasta entrelazarse detrás del cuello enterrando los dedos en el sedoso cabello. Sabiendo que todo estaba perdido, se entregó a lo que de momento tenía. Y lo que tenía era a él... besándola, haciéndole el amor. Se acercó más, tanto como era posible, respondiendo a sus besos. Aquello era todo lo que tenía. Su desprecio y su pasión, así que lo aceptaría. Sasuke se echó para atrás, podía sentir cómo Hinata temblaba de forma violenta entre sus brazos.
—Eh... baja el ritmo —dijo como para reconfortarla.
Un destello de algo muy bien guardado dentro de ella le llegó en una mirada, le recordó a un animal acorralado que luchaba para defenderse. Pero eso era una locura...
—Lo siento, sólo... yo...
La hizo callar apoyándole un dedo en los labios. Si no la hubiera conocido hubiera dicho que estaba abrumada. Sin experiencia... pero abandonó esa idea. Tenía que estar fingiendo.
La respiración acelerada de Hinata empujaba sus pechos contra el cuerpo de Sasuke. Le pasó un dedo por la acalorada mejilla, recorrió la delicada línea de la mandíbula, el borde del cuello hasta llegar al primer botón de la blusa. Lo desabrochó, después el siguiente, el siguiente... Podía sentir cómo la respiración cada vez se le entrecortaba más pero, al menos, la desesperación parecía haber desaparecido. Ese enigmático destello de sus ojos había sido reemplazado por algo más reconocible. Deseo.
La blusa abierta dejaba ver un sencillo sujetador casi transparente. Podía ver las rosadas areolas de los pezones alrededor de las erguidas puntas. Recorrió la línea de los pechos con una mano manteniéndose alejado del punto más sensible, pasando del valle a la montaña y finalmente, despacio, llegando a unos pezones que se habían puesto aún más duros.
Hinata sintió que se le doblaban las piernas. Sasuke la sujetó y la llevó hasta el sofá. Ella se tumbó y lo miró mientras se quitaba la camiseta dejando a la vista el perfecto torso.
Puso las manos encima de las de ellas a ambos lados de su cuerpo y la besó en la boca. Después bajó los labios por el cuello, el valle y finalmente los deseosos pezones. Hinata se retorcía de placer mientras la boca cambiaba al otro pezón. No podía pensar, ni hablar. Todo lo que podía hacer era sentir placer mientras Sasuke la chupaba y agarraba uno de los pezones con los dientes.
Con un suave movimiento, Sasuke la incorporó y le quitó la blusa, le desabrochó el sujetador y se lo quitó. Volvió a tumbarla y la miró.
—¡Qué hermoso!
Recorrió la curva de la cintura, el suave vientre, y los dedos se detuvieron en el botón del pantalón. Se inclinó sobre ella y Hinata sintió cómo su pecho le rozaba los senos de un modo delicioso. La besó en la boca y ella le pasó los brazos por el cuello mientras sus lenguas se enlazaban en una danza que la dejaba sin respiración. La mano de los pantalones desabrochó el botón. Deseaba que se los quitara y levantó las caderas para ayudarlo a que se los bajara.
Sasuke se detuvo y bajó la vista. Vio las bragas lisas, las delgadas y bien formadas piernas. Deslizó una mano por el borde de la seda en busca de la evidencia del deseo de ella. Oyó, sintió cómo Hinata dejaba de respirar.
Era tan hermosa sólo con las bragas puestas, el cuerpo entero salpicado de pecas, que sintió que le gustaba más desesperadamente que nunca. Los vaqueros retenían su excitación.
La tomó en brazos y la llevó al dormitorio. Se sentía tan vulnerable desnuda entre sus brazos... Hinata había pensado que llegado ese momento se sentiría paralizada por los nervios... pero había una fiebre en su sangre que hacía que sólo pensara en Sasuke... y ella. Se sentía bien. Como si no importara nada de antes, lo que importaba era ese momento.
Una vez en el dormitorio, la puso de pie. Hinata tenía una mirada insondable.
Se inclinó sobre ella y le soltó el pelo. Una cortina de ondas cayó por los hombros hasta la espalda. Sin dejar de mirarla, se quitó los vaqueros.
Estaba desnudo. La caliente mirada de Hinata lo recorrió de arriba abajo. Era magnífico. Aunque sólo había estado antes con un hombre, sintió algo en lo más profundo y... supo lo que tenía que hacer. Era algo que no podía siquiera figurarse, una especie de conocimiento innato. Algo entre ella y ese hombre. Algo que hacía que cada célula de su cuerpo deseara tenerlo dentro, que la llenara.
Levantó la vista un momento y lo que vio en los ojos de Sasuke disparó su pulso.
Con una sensación de aventura sensual, envalentonada por la mirada que había visto en sus ojos y ante lo evidente de la excitación de Sasuke, preguntándose cómo tenía valor para hacer algo así, cerró su pequeña mano sobre la longitud de su sexo. Podía sentirlo latir, moverse ligeramente mientras deslizaba la suave mano a lo largo de su dureza. La mano parecía pálida y diminuta alrededor de él, apenas capaz de rodearlo. Sintió una espiral de deseo crecer dentro de ella.
Miró a Sasuke a la cara y vio que tenía los ojos como hendiduras mientras intentaba mantener la respiración a un ritmo pausado. Pensar en lo que le estaba haciendo hacía a Hinata sentirse feliz.
Sasuke había ido más allá de la razón o la coherencia. La embriagadora mezcla de inocencia y obvio conocimiento de ella eran demasiado. Sentía la necesidad de estar dentro de ella, de llenarla... a esa mujer, a ninguna otra. No quería, no podía pensar en los demás hombres a los que ella les habría hecho lo mismo antes. Se propuso poseerla de un modo tan completo que ella nunca deseara a otro hombre.
Le sujeto la mano y con una voz gutural dijo:
—Hinata... para o esto se acabará demasiado pronto.
La llevó a la cama y la tumbó. Lo miró mientras se echaba sobre ella y se apoyaba en los fuertes brazos. Se movió para dejarle que se pusiera a su lado. Las manos de Sasuke recorrieron su cuerpo hasta que llegaron a las bragas y despacio pero de forma segura empezaron a bajarlas. Se las quitó y las tiró al suelo.
Ya estaba completamente desnuda y sintió cómo Sasuke le separaba las piernas con su cuerpo. Sintió un aliento ahí, en el centro de su feminidad. No podía mirar y se cubrió el rostro con un brazo. Las manos de él se deslizaron debajo de sus nalgas levantándolas ligeramente y entonces pudo sentir la lengua que exploraba dejando un húmedo camino, primero en el interior de uno de los muslos y después en el otro, antes de que le separara las piernas un poco más de modo que la boca... la lengua pudiera buscar y encontrar ese diminuto y duro rincón de su cuerpo que nunca antes ningún hombre había acariciado de modo tan íntimo.
Cuando su lengua lo encontró, lo rodeó, lo chupó... Hinata pesó que se desmayaba... y entonces la lengua bajó... y entró en ella. Arqueó la espalda. Una mano se agarraba a las sábanas. Respiraba de modo tan agitado que creía que se iba morir. ¿Cómo podía hacerle sentir así... tan lasciva y...? No podía controlarse, la espiral iba creciendo, la lengua era más dura, entraba cada vez más hasta que llegó a un punto sin retorno y su cuerpo entero se sacudió en espasmos fruto del orgasmo. Seguía teniendo el brazo sobre la cara, las lágrimas llenaban sus ojos debido a intensidad de la emoción. Sintió que Sasuke subía por su cuerpo y se apartó el brazo de la cara. Se secó las lágrimas antes de que pudiera verlas.
Sasuke la besó tan profundamente que descubrió en su boca el sabor de sí mismo.
Estaba borracho por su aroma, su sabor, la sensación de que no podía esperar más.
Después de ponerse protección, intentó que la urgencia por entrar en ella no hiciera que se vertiera inmediatamente. Ella lo miraba y lo que vio en sus ojos le hizo sentir una profunda ternura, pero el deseo era tan poderoso que no se detuvo a pensar en ello.
—No cierres los ojos, Hinata.
Ella negó con la cabeza. No podría aunque quisiera. Sintió cómo él empujaba entre sus hinchados pliegues y levantó las caderas para ayudarlo. Sasuke pasó una mano por debajo de su cintura y la levantó un poco para poder empujar con más fuerza. Hinata tenía los ojos abiertos de par en par. Toda la longitud de su erección abrazada por su cuerpo.
De forma instintiva, Hinata le rodeó la cintura con las piernas, le puso las manos en los hombros mientras él seguía llenándola. Mientras lo miraba a los ojos y a base de rítmicas embestidas, Sasuke la llevó hasta otro universo donde olvidó tiempo y espacio, su nombre, todo. Esperó hasta que el cuerpo de ella se convulsionó alrededor del suyo y entonces, con gotas de sudor en las cejas, dejó paso a su propia capitulación.
Mientas envolvía con su cuerpo a Hinata, Sasuke sintió por primera vez en su vida que había llegado a casa.
«Vaya un pensamiento ridículo...».
Pero, lo más importante... ella era suya.
Hinata tomo la taza de té que acababa de hacer y se acercó hasta el enorme salón. Apenas veía lo que miraba, pensando que se sentía... curiosamente tranquila... y vacía. Le dolía todo el cuerpo, los músculos protestaban si se movía muy deprisa y cuando un rato antes se había mirado en el espejo se había quedado impresionada por las marcas que tenía. Se sintió avergonzada al recordar que había arañado a Sasuke y se preguntó si también le habría dejado marcas.
Bebió un sorbo de té y sintió cómo el líquido calentaba su interior curiosamente frío. A lo mejor ése era su mecanismo de defensa. Todo lo que quería reconocer era que él la había llevado hasta el límite de las sensaciones y que los dos habían encendido una pasión que le asustaba por su intensidad. Y eso había provocado en ella un deseo que sabía que no se apagaría hasta que volviera a ver a Sasuke.
Sonó el teléfono taladrando el silencio y dio un brinco. Sintió una especie de escalofrío al anticipar que la voz de él sería la que escucharía al otro lado. Los recuerdos de la noche anterior inundaron su cabeza. Menos mal que él no podía verla.
—¿Hola?
—Hay un mensajero de camino para...
—De acuerdo, bien.
—Hasta luego entonces.
—Bien.
Colgó. Sabía de qué estaba hablando exactamente. La conversación no podría haber sido más estéril. Sasuke estaba hablando del contrato. Con la emoción de la noche anterior, cuando se había sumergido en ese torbellino de deseo y placer, se había olvidado de todo. Sólo al despertarse por la mañana en una cama vacía ycon el contrato a su lado... Sonrió con una mueca. Él había firmado y dejado una breve anotación:
Fírmalo y enviaré un mensajero. Considéralo hecho.
Así que estaba hecho. Su madre había recuperado la casa... y en siete semanas y unos días, ella sería libre de marcharse. Curiosamente no se sentía tan feliz como había pensado. Se apartó de la ventana y del teléfono y fue a por la taza. Buscó un bolígrafo, firmó el contrato y lo metió en un sobre que Sasuke había dejado. Después esperó al mensajero abajo. Cuando llegó, casi se lo tiró, mucho más turbada de lo que pensaba que estaría.
