Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.


CAPÍTULO 9

Para cuando llegaron a los postres, Hinata estaba relativamente relajada.

Sasuke había sido la amabilidad en persona, su madre había estado impresionada y ella había permanecido en silencio. Acababa de hacer café y lo llevaba al comedor en una bandeja.

—¿Cómo demonios te las has arreglado para convencerla de que se deshiciera de ese coche? Créeme, lo he intentado durante años. Lo trataba como si fuera una mascota. La única razón por la que no se lo llevó a Londres fue porque estaba segura de que no sobreviviría al viaje...

Hinata se quedó de pie, petrificada por el contenido de la charla de su madre y luego intervino a toda prisa, dejando la bandeja en la mesa, repartiendo las tazas y tratando de no regar todo con café debido al temblor de sus manos.

—Mamá... estoy segura de que al señor Uchiha no le interesan las historias sobre mi cacharro. Me ha hecho un favor. Se me había quedado viejo hace mucho tiempo.

—Pero Hinata, hace sólo unas semanas me dijiste...

—¿Más postre, mamá? ¿Más café?

—No nos lo hemos tomado todavía, Hinata —dijo Sasuke en tono seco mientras con una mirada calculadora evaluaba el desconcierto de Hinata.

Hinata se las arregló para distraer a su madre con cualquier cosa y esperó que Sasuke no lo hubiera notado. Un ratito después, se puso en pie.

—Señor... quiero decir, Sasuke —la madre se rió casi como una niña. El efecto de un par de vasos de vino: estaba prácticamente flirteando con ese hombre—, le enseñaré la casa.

—Mamá, creo que deberíamos irnos.

—Tonterías, Hinata, no tenemos prisa y me encantaría ver la casa.

Extendió galante un brazo a la señora Hyuga, quien dedicó a Hinata una mirada de triunfo.

—¿Ves? Ahora, ¿por qué no empiezas a fregar mientras enseño a Sasuke la casa?

Desaparecieron durante lo que le parecieron siglos. La mente de Hinata trabajaba a todo gas cuando de pronto pensó en su habitación, que no había cambiado de decoración desde que era adolescente.

Entonces Sasuke apareció en su línea de visión en el jardín. Solo. Se quedó de pie con las manos en los bolsillos admirando la vista. Estaba espectacular con un suéter negro y unos pantalones oscuros. Hinata suspiró y dio un brinco cuando apareció su madre.

—Bueno, cariño. Vaya hombre.

Se unió a Hinata en la pila y se puso a ayudarla a secar los platos. Sasuke desapareció de la vista y Hinata sintió miedo de pronto. Su madre le pasó un brazo por los hombros y Hinata se apoyó en ella buscando refugio por un momento.

—Estamos bien, cariño. Gracias a ese hombre, vamos a estar bien.

Hinata asintió y apoyó la cabeza en el hombro de su madre para que no pudiera ver las lágrimas que inundaban sus ojos. Su madre estaría bien y eso era lo que importaba, pero ella... ella no estaría nada bien. Y era gracias a ese hombre.

Sasuke volvió a la casa, sus pasos amortiguados por la alfombra, y se paró en seco cuando vio, a través de la puerta abierta de la cocina, a Hinata apoyada en el hombro de su madre. Había algo en la escena tan primario y privado, que no pudo interrumpir. Se alejó y esperó unos minutos antes de volver tosiendo para advertir de su presencia. Hinata se volvió y lo miró con una sonrisa brillante.

—Sería mejor que nos fuéramos.

—Bien, querida. Ya he entretenido demasiado a los jóvenes.

Se despidieron y por fin se marcharon. Ya en la calle, Hinata se volvió hacia Sasuke y dijo:

—El día que viniste a la casa dijiste que la querías usar como refugio... ¿De verdad te hubieras mudado aquí?

—Nunca tuve la intención de usarla. Lo normal es que la hubiera vendido...

Supongo que le hubiera puesto un precio fuera de vuestro alcance —se encogió de hombros—. ¿Qué puedo decir, Hinata? Sacas lo peor de mí.

Después de eso Hinata permaneció con los labios apretados y distante hasta que él interrumpió sus pensamientos.

—Hinata... creo todo lo que me dijiste de tu madre.

—Bien —se sentía agotada.

—¿Qué ocurre?

—Nada —dijo respirando hondo y mirándolo—, sólo que estoy un poco cansada...

«Y vacía y con el corazón dolorido...».

—Esta noche hay una recepción a la que tenemos que ir, pero si...

—No —dijo rápidamente—. Estoy bien, iremos.

El resto del viaje fue en silencio. Hinata se durmió y Sasuke se enredó en incontables pensamientos desasosegantes. Algo no... encajaba. Cuando habían dado una vuelta alrededor de la casa, la madre de Hinata sólo le había hablado de su primer marido, como si hubiera sido él quien acababa de morir... y no Hamura Hyuga. ¿Sería alguna forma de autoprotección? Pero no parecía así: él había mencionado a Hamura sólo una vez y ella se había puesto pálida y cambiado de conversación. Además parecía demasiado feliz para haber enviudado tan recientemente... y haberse quedado sin una herencia de millones.

Se sentía en un nuevo territorio, un lugar donde nunca había querido estar. Los límites se estaban moviendo. Miró a Hinata dormida y le apartó un mechón de pelo de la cara. Se apoyó ligeramente en su mano y dibujó una sonrisa diminuta.

Algo no encajaba... en absoluto. Pero ¿realmente quería averiguar qué era?

Cuando volvieron al apartamento esa noche después de la recepción, Hinata se quitó los zapatos de una patada nada más atravesar la puerta. Le dolían los pies y tenía los nervios de punta. Sasuke se había pasado toda la noche mirándola, escrutándola. Fue a la cocina y puso agua a calentar. Sintió que Sasuke se acercaba y se apoyaba en el marco de la puerta. Ya no pudo soportarlo más y se dio la vuelta.

—¿Qué... qué pasa? Te has pasado toda la noche mirándome —la miró de arriba abajo pausada y explícitamente y ella sintió una oleada de rubor—. No me gusta.

—Sí, Hinata, te gusta.

Fue hacia ella. Ella no podía ir a ningún sitio. Estaba apoyada en la encimera y de pronto recordó la noche que casi lo había violado en la cocina. Se puso aún más colorada.

—Madre mía, qué rubor. ¿Qué estará pasando por tu cabeza?

Levantó una mano y la acarició en la mejilla. La miró a la boca durante unos segundos eternos y Hinata sintió que se quedaba sin respiración. El corazón le latía como un tambor.

«¡Hazlo ya... bésame!», pensó.

Pero él parecía estar librando una batalla interior, y la miró a los ojos.

—¿Vas a contarme qué era todo eso de lo que hablábamos antes?

—¿Antes? —estaba desconcertada de verdad, además le costaba concentrarse cuando lo tenía tan cerca.

—Tu coche, Hinata. Todo lo que ha dicho tu madre...

Se puso muy tensa. Sasuke podía notar cómo se distanciaba de él aunque no se hubiera movido. De nuevo esos sentimientos arrinconados.

—¿Qué quieres decir? No había nada...

—Por favor. Ahórrame...

Apoyó los brazos a los dos lados del cuerpo de ella. Rozaron los lados de sus pechos. Cerró los ojos un segundo. Era tan injusto que le preguntara de ese modo cuando se sentía tan... débil.

Sasuke podía ver su lucha interior.

—No era nada, Sasuke. Cree que tengo una especie de vinculación adolescente con el coche, pero la superé hace años. Créeme, lo odiaba, tenía prisa por deshacerme de él —se encogió de hombros ligeramente—. Cuando vi el nuevo... simplemente no podía... Eso es todo.

No había ganado millones por no saber interpretar a la gente y sabía que Hinata en ese momento estaba mintiendo, pero ¿por qué? Y ¿qué significaba que fuera así? Cerró de un portazo su mente: no quería ir ahí.

Dejó que su mirada bajara por ella. Estaba muy sexy esa noche. Tenía el pelo recogido en un moño bajo. El vestido de cuello alto resaltaba cada curva de su cuerpo. Le pasó un brazo por la cintura y la atrajo hacia él. Se dijo que daba igual, ¿por qué preocuparse por preguntar? Todo lo que quería de ella lo tenía entre sus brazos. Estaba caliente y deseosa y tan dispuesta...

—Bien, Hinata, digas lo que digas... —y se inclinó sobre ella y la besó hasta que notó que se le aflojaban las piernas.

Entonces, la tomó en brazos y la llevó al dormitorio. Le desabrochó todos los botones del vestido mientras la besaba en cada espacio de piel que aparecía.

Cuando se colocó sobre ella, Hinata tuvo un último pensamiento coherente para agradecer que no hubiera seguido con el tema. Después se perdió en él. De nuevo.

Sasuke se despertó temprano. Un amanecer neblinoso iluminaba la habitación.

Hinata estaba acurrucada a su lado con una pierna encima de él muy cerca de una parte de su cuerpo que estaba ya respondiendo a su proximidad. Le hubiera gustado abrazarla, respirar su aroma, acariciar ese muslo que tenía tan cerca, guiar sus manos hasta el sitio donde pudiera comprobar lo que provocaba en él. Se estaba excitando todavía más. No quería que se fuera nunca.

«¿Qué?».

Se puso tenso. Ya completamente despierto. Sin pensarlo, despacio, se las arregló para salir de debajo de ella sin despertarla. Hinata se movió ligeramente y después se dio la vuelta. En la espalda desnuda, Sasuke vio señales de arañazos. ¿Él había hecho eso? Entonces algo atrajo su atención en la parte trasera de uno de sus muslos, una cicatriz de un color rosado intenso. Parecía como si hubiera sido algo muy feo en algún momento, pero supuso que sería hacía años. Sintió deseos de tocarla.

Ese pensamiento lo animó a la acción.

«¡Basta!».

Estaba contemplando a su amante mientras dormía. Su amante... eso era todo, tenía que recordarlo.