Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Abby Green, Amante en Dublín. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, que nada tiene que ver con Naruto. Sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no eres fan de esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la primera vez que leí sobre ella.
CAPÍTULO 10
Señor Uchiha, ¿de nuevo se va usted pronto? Sasuke levantó la vista mientras se ponía la chaqueta y vio a Ivy en la puerta de su despacho.
—Sí. Supongo que como director general de Uchiha Corporation tengo esa prerrogativa —algo en su voz hizo que sonara cortante y a la defensiva y se arrepintió al ver el rubor en las mejillas de la madura mujer.
—Bueno... por supuesto, señor Uchiha, yo no quería decir ni por un segundo...
—Ivy, lo siento. Soy yo. Estoy cansado, eso es todo.
—Por supuesto. La negociación con Nueva York está acabando con la paciencia de todo el mundo...
Sí, así era. Y Sasuke lo que quería era irse a casa, atravesar aquella puerta y ver a Hinata. Se detuvo un momento: «casa» y «Hinata». ¿Desde cuándo era su casa un apartamento de diseño y desde cuándo anhelaba ver a Hinata?
«Desde que ella ha convertido el apartamento en un hogar... desde que sus cosas de aseo están colocadas al lado de las tuyas... desde que el olor a comida te da la bienvenida cada noche cuando llegas a casa... desde que te encanta sentarte a ver una película...».
Interrumpió sus pensamientos haciendo un gran esfuerzo. —¿Tiene ya todo lo que necesita para el viaje de mañana?
—Sí —respondió a Ivy con alivio.
No le había dicho nada a Hinata del viaje a Nueva York que tenía a la mañana siguiente. ¿Por qué le hacía eso sentirse tan culpable? Nunca había sentido antes la necesidad de dar explicaciones a nadie. Justo en ese momento un joven colega se paró en su puerta.
—Señor Uchiha, unos cuantos vamos a ir a tomar algo ahí mismo... si quiere unirse a nosotros.
Sasuke agarró su maletín.
—Iré encantado.
Mucho más tarde, cuando entró en el apartamento, todo estaba en silencio. Se había quedado en el bar todo lo que había podido, pero se había aburrido pronto de la conversación de los jóvenes, los hombres tratando de impresionarlo y las mujeres pasando cerca de él sugerentes.
Dejó las cosas, colgó el abrigo y fue hacia la habitación imaginando encontrar allí a Hinata acurrucada y calentita. Se imaginaba metiéndose en la cama al lado de ella. Entró y vio que la cama estaba vacía. Sintió una opresión en el pecho.
¿Dónde estaba? Deshizo el camino recorrido y miró en todas las habitaciones.
Empezó a experimentar una sensación de pánico. A lo mejor se había vuelto a ir al cine... De pronto deseó haber estado allí para haber ido juntos. A lo mejor estaba por ahí, en un bar, buscando compañía...
Casi a punto de llamarla por teléfono, vio una luz en la terraza. La usaban cada vez más desde que el tiempo había empezado a mejorar. La idea de algo tan doméstico antes le hubiera desagradado, pero con Hinata era diferente. Nunca había llevado a vivir a su casa a sus anteriores amantes. Hinata era la primera mujer con la que había pasado tanto tiempo, lo que era una ironía.
Abrió las puertas sin hacer ningún ruido. La fresca brisa nocturna lo envolvió, lo mismo que el sonido del tráfico de la calle. Ahí estaba Hinata, acurrucada en una tumbona con un cómodo chándal viejo y envuelta en un chal. Una taza de algo estaba a su lado. Parecía dormida.
Y de pronto Sasuke supo qué le había estado preocupando desde el principio.
Hinata no se había puesto ni una sola vez ningún vestido como aquél de la noche de Londres. ¿Por qué se habría vestido como una fulana aquella noche? Había más preguntas. ¿Por qué nunca quería salir por la noche a bailar? Algo que él aborrecía pero con lo que hubiera transigido. ¿Por qué no lo llamaba diez veces al día para estar segura de que la seguía deseando? ¿Por qué cada vez que le ofrecía la posibilidad de ir a restaurantes de lujo, solía arrugar la nariz? ¿Y por qué estaba tan contenta de quedarse en casa... leyendo o viendo la tele?
No tenía sentido, pero mientras se planteaba esas preguntas sintió la fuerza del deseo, que se despertaba dentro de él. Dio unos pasos y la besó ligeramente en los labios. Ella abrió los ojos perlas y misteriosos en la oscuridad de la noche.
—Sasuke...
—Hinata...
—¿Dónde estabas?
—Tuve que salir... —¿por qué se sentía tan mal al decir eso?
Hinata le pasó los brazos por el cuello y le dejó que la levantara hasta su pecho.
La llevó a la habitación, y Hinata permitió que la desnudara. Había vuelto tan tarde... ¿dónde habría estado? Nunca lo decía y ella nunca se lo preguntaba, porque él no tenía que darle explicaciones. Ella le pertenecía, pero no significaba nada para él.
—Tengo que irme a Nueva York unos días.
Hinata lo miró por encima de la taza de café. Se sentía descuidada en bata al lado de él con un traje inmaculado.
—¿Te vas... solo?
—Sí —dijo lacónico. Necesitaba separarse de ella, de allí... por demasiadas razones.
De pronto Hinata sintió que se le quitaba un peso de encima; un respiro de unos días sin el sabor agridulce de verlo, de dormir con él todas las noches, sería como un oasis en medio del desierto. Le brillaron los ojos de alivio y no pudo evitar que él lo notara.
—No hace falta que te alegres tanto, Hinata.
—Ya te estoy echando de menos —dijo rápidamente recomponiendo su expresión.
—A lo mejor podrías venir conmigo... —se burló, pero sabía que no podría. Esa negociación era importante y ella hubiera sido demasiada distracción, pero nunca se lo diría—. Relájate, Hinata, no es posible.
Sasuke terminó su taza, la dejó en la pila y se puso el abrigo. A pesar de la sensación de alivio que había experimentado cuando le había dicho que se iba, en ese momento Hinata sintió que la envolvía la soledad.
—Sasuke.
Se detuvo en la puerta y cuando ella se acercó él bajó la cabeza. La besó con desesperación. Soltó la maleta y la abrazó y la levantó del suelo. Ella le devolvió el beso ansiosa, como si ya se hubieran separado unos días. Tembloroso la dejó en el suelo y se apartó de ella.
—¿Es eso un «no te olvidaré»?
—Será mejor que te vayas —respondió ella.
Salió y se cerró la puerta. Hinata se apoyó en ella para contener el temblor que sacudía todo su cuerpo. No lloraría. No podía llorar. Se sentó en el sofá y se envolvió en sus brazos.
«Sólo unas pocas semanas más, eso es todo...».
Se quedó pensando en la noche anterior... No había llamado para decir que llegaría tarde. No le había dicho que se iba de viaje...
Se levantó con resolución y se prometió disfrutar de los días de libertad que tenía por delante. A pesar de que ya lo estaba echando de menos.
Los siguientes días, Hinata pintó con frenesí para tratar de no pensar en Sasuke.
Llamaba todas las noches pero las conversaciones eran breves y bruscas, como si estuviera comprobando que ella seguía allí.
El tiempo se extendía delante de ella aburrido, vacío. Su sensación inicial de alivio hacía tiempo que había desaparecido. El lunes lo echaba de menos con tal intensidad que sentía dolor en el pecho. Pasó el martes. Hinata empezó a pensar histérica que era el final. Cualquier día recibiría una llamada de Ivy para decirle que el señor Uchiha había enviado todas sus cosas de vuelta a Inglaterra y le pedía que por favor dejara el apartamento a mediodía.
El teléfono sonó tarde la noche del miércoles. Casi se le cayó de las manos.
—Soy yo.
—Hola —¿por qué parecía tan tímida?
—Vuelvo mañana —parecía muy cansado.
—Muy bien. Nos vemos entonces.
Colgó. Ni una palabra más. Nada de «te echo de menos o me muero de ganas de verte», pero incluso así, Hinata no pudo evitar sentirse feliz. Volvía. Todavía no iba a dejarla.
A la mañana siguiente llamaron a la puerta. No podía ser Sasuke tan pronto. Se le disparó el pulso pero pronto se le frenó al ver en la puerta a Azuma, el chófer. Tenía un aspecto horrible. Se preocupó al verlo así y casi se olvidó de Sasuke.
—Azuma... ¿qué pasa?
—Siento preocuparte, Hinata. Es mi corazón... iba de camino al aeropuerto pero tuve que parar... Es una maldita angina, creo, pero necesito un médico... No creo que pueda recoger al señor Uchiha...
Hinata lo llevó adentro y se hizo cargo. Recogería ella a Sasuke.
—Vamos derechos la hospital. Llevaré tu coche; puedes enseñarme a manejarlo de camino y yo recogeré a Sasuke.
—Pero...
—No hay peros, Azuma, podrías tener un accidente... Has hecho bien viniendo aquí.
Bajaron hasta donde estaba el coche. A la edad de veintisiete años, Hinata jamás había conducido nada más grande que un Mini y le llevó algo de tiempo acostumbrarse a un coche tan enorme. Con una sonrisa para ocultar sus nervios y las manos sudorosas, se lanzó al tráfico de la hora punta. Un rato después, tras asegurarse de que Azuma quedaba estable en una cama del hospital, se marchó.
Tenía el tiempo justo para llegar al aeropuerto. El coche le daba más miedo sin Azuma a su lado.
Milagrosamente encontró un sitio para aparcar lo bastante grande y no se dio ningún golpe. Se quedó unos minutos en el coche respirando hondo. Azuma le había dicho dónde tenía que esperar a Sasuke en la zona VIP del aeropuerto. Salió del coche y esperó cada vez más nerviosa. ¿Se mostraría sorprendido? ¿Le gustaría? ¿Le disgustaría?
Estaba cansado. No se había sentido así de cansado en toda su vida. Le escocían los ojos mientras esperaba su equipaje. Sólo podía pensar en Hinata. Se maldijo por no haberla llevado con él. La había tenido presente en sus sueños y en sus pensamientos a cada momento. Había pensado que la separación mitigaría su deseo y lo único que había hecho había sido aumentar. Una noche había tenido que soportar una cena en la que le habían presentado una mujer detrás de otra, todas a su disposición. Eran impresionantes, lo mejor de Nueva York: modelos, actrices... Y no le habían sugerido nada. Todo lo que quería era... Hinata. Y le dolía admitirlo.
Por fin apareció su equipaje y salió al exterior buscando a Azuma en el lugar habitual. Y entonces la vio a ella. La alegría que sintió casi le hizo perder el equilibrio. Se sintió incluso mareado. ¿Sería una aparición? La veía de perfil: el pelo azulado contra el verde del jersey echado por encima de un vestido corto que dejaba ver sus piernas desnudas y unas chanclas.
Entonces ella se dio la vuelta y lo miró. Levantó una mano ligeramente y luego la bajó. Se llenó de valor y alzó la barbilla para recibirlo. Sasuke llegó a su lado con expresión severa.
—¿Dónde está Azuma?
No hizo caso del dolor que le provocó que preguntara primero por Azuma y respondió:
—Está en el hospital...
—¿Qué?
Le apoyó una mano en el brazo y dijo:
—Está bien. Es sólo una angina. Lo dejé allí y vine a recogerte. Estaba tan preocupado... —apartó la mano del brazo. Sasuke se frotó los ojos y Hinata se dio cuenta de lo cansado que estaba—. De verdad que está bien. Sólo tiene que quedarse en observación veinticuatro horas.
—De acuerdo —la miró y le pasó una mano por la mejilla—. ¿Y tú? —ella tragó con dificultad y se encogió de hombros. Casi no podía hablar—. Gracias por ocuparte de Azuma.
Hinata volvió a encogerse de hombros.
—Está bien. Ha sido difícil convencerlo de que no viniera a buscarte. El coche está aquí al lado.
—¿Has traído su coche?
—Sí, Sasuke —el tono seco ocultaba lo difícil que le había resultado llevarlo hasta allí. Cuando llegaron al coche no pudo resistirse a decir—: Iba a traer el Mini, pero pensé que tu ego no lo soportaría...
Sasuke le sonrió de forma extraña y sintió un gran placer por su irreverencia, era algo difícil de encontrar.
—Ja, ja.
Sasuke fue de modo automático al lado del conductor mientras se frotaba los ojos. Parecía agotado. Pidió las llaves con un gesto. Ella negó con la cabeza.
—No vas a conducir, estás medio dormido.
—Hinata...
—De ninguna manera —fue tan firme que Sasuke se sorprendió.
Hinata se sentó en el asiento del conductor. Sasuke no tenía elección. La verdad era que estaba demasiado cansado para discutir. Se sentó en el asiento del acompañante. Apenas podía mantener los ojos abiertos. Su último pensamiento fue que nunca lo había ido a buscar una mujer al aeropuerto... y le había gustado.
Tampoco recordaba la última vez que había ido en un coche conducido por una mujer. De todas las mujeres, Hinata había sido la que había hecho las dos cosas; después la oscuridad lo envolvió.
Esa noche, después de la cena, Hinata se estaba preparando en el baño para irse a la cama. Se soltó el pelo y en el espejo vio un brillo especial en sus ojos. Era por él. Porque había vuelto. Se ruborizó. El salto de cama de seda resultaba casi doloroso encima de su recalentada piel.
Aquello era peligroso. Lo sabía. Como ir en un coche a ciento cincuenta por hora en dirección a un muro y con los frenos estropeados.
Apagó la luz con decisión y fue hacia el dormitorio. El corazón se le dio la vuelta al ver la escena que tenía delante: Sasuke dormido en la cama tapado sólo hasta la cintura. Era dolorosamente guapo.
«Duerme...».
Como en un sueño, cruzó la habitación y se sentó a su lado en el borde de la cama. Él no se movió. Con una mano le apartó el pelo de la cara y después lo besó en los labios muy suavemente. Sin abrir los ojos la agarró de la muñeca y le devolvió el beso. Abrió unos ojos de sueño y Hinata supo que estaba atrapada.
Tiró de ella hasta tumbarla encima de él. La miró primero a la cara y después a la voluptuosa «V» del escote.
—Sasuke... no deberíamos... estás muy cansado...
—Para esto nunca...
Y con un grácil movimiento la hizo rodar de modo que ella acabó de espaldas en la cama con él encima. La acarició en la cara mientras la besaba provocando en ella un ataque de sensualidad que acabó con todas sus resistencias. Hinata era tan incapaz de parar como él de detenerse. La mano fue bajando hasta los pechos cubiertos de seda, acariciando los anhelantes pezones. Hinata gemía deseosa mientras con sus manos buscaba y encontraba el pecho, se movía, seguía explorando, más abajo, por debajo de la sábana, donde se topó con la ardiente evidencia de la excitación de Sasuke.
Le levantó la combinación para verla desnuda.
—Dios, Hinata... te he echado de menos... ¡Eres como fiebre en mi sangre!
Hinata respondió con un grito mientras se quitaba del todo la combinación y se besaban apasionadamente. Con una torpeza desacostumbrada, Sasuke buscó y desenrolló un preservativo. Y entonces, por fin, se encontró en casa... al entrar en su carne de satén mientras ella salía a su encuentro. El cansancio y la fatiga desaparecieron.
Ese control que siempre valoraba tanto estaba fallando. Su ardiente erección al encontrarse con su calor hacía que respirara con dificultad. Abrió los ojos y miró hacia abajo para sumergirse en aquel profundo verde. Tan profundo como el océano. Estaba roja por la excitación y podía sentir cómo su cuerpo empezaba a tensarse alrededor de él. Trató de aguantar... de recuperar algo de control, pero no podía. El cuerpo de ella se tensaba y arqueaba mientras lo abrazaba. Podía sentir los duros pezones clavarse en su pecho, lo que aumentaba la salvaje oleada que lo empujaba hacia el éxtasis. Después se sintió arrastrado por el orgasmo de ella y durante un momento se quedó como suspendido... antes de precipitarse en el abismo. Justo después de hacerlo, de estallar, tuvo el más poderoso deseo de experimentar aquello piel contra piel. Sin protección. Nunca antes había echado de menos el contacto directo... hasta ese momento, con ella, que sentía que la barrera era... un error.
Mientras el placer carnal lo recorría y se sentía explotar, deseó con una fiereza primitiva derramarse dentro de ella... Segundos después, cuando el mundo volvió a su sitio, cuando la constatación... de lo que acababa de pasársele por la cabeza lo golpeó, el cuerpo entero se le tensó encima de ella. ¿Estaba loco, quería dejarla embarazada? La terrible idea hizo que se librara bruscamente del cuerpo de ella y pudo escucharla gemir. Sus cuerpos estaban todavía dolorosamente sensibles, incluso el suyo se quejó cuando se separó... todas sus células queriendo permanecer allí, mezcladas con las de ella. Todavía estaba excitado pero tenía que escapar... de ella... de sí mismo. ¿Se estaría volviendo loco debido al cansancio? Tenía que ser eso. Sintiéndose de pronto malhumorado por sus estúpidas divagaciones, se levantó de la cama y, sin mirar a Hinata, se fue al cuarto de baño y se metió en la ducha.
Las lágrimas llenaban los ojos de Hinata, pero no las dejaría correr. Ya sabía cómo era posible hacer el amor y tener ganas de llorar con el corazón roto al mismo tiempo. Porque ya no podía negarlo más tiempo, ya no podía negar que había entregado su corazón a Sasuke, para siempre. Cada latido era para él. Y eso al final la mataría.
