Disclaimer: Ningún personaje es mío, todos son de Katsura Hoshino.

Resumen: Lenalee era como una santa virgen en la Orden, donde la mayoría daría su vida para protegerla, pero tal vez ella no era la que necesitaba la protección. (drabble)

Título: Anhelo

Pareja: Lavlena.


Anhelo


Lenalee era un ser puro e inocente que estaba rodeado de gente mala y perversa, extrañamente todo ser que se acercaba a ella se volvía en otra persona que la cuidaría sin importar el costo. No importaba como sea el sujeto, ella lograba seducirlo y conducirle a su camino de amor y amistad. Ella siempre fue así y, por eso, cuando Lavi se supo ya en medio de su hechizo, le tuvo cierto miedo.

La chica había desordenado cada espacio de la vida de Lavi, había puesto en duda cosas totalmente irrefutables. Ella fue una de las pocas personas que le dejaron sin aliento y le hicieron pensar en cambiar, en dejar de ser un Bookman. Le dejó noches en vela y crisis existenciales en cada pestañeo.

Lavi se sentía intimidado ante eso, pero también deseoso.

Con cada minuto cerca de ella sentía ansiedad por ver esa piel blanca, por tocarla y besarla. Cada vez que la escuchaba pensaba como sería su voz cuando ella llegue al éxtasis, como serían sus gemidos llenos de pasión.

Lavi la deseaba con ganas, pero también no quería eso de ella. En la Orden todos ponían a Lenalee en un pedestal demasiado grande, donde nadie podía acercarse a ella; pues atrás suyo se encontraba millones de guardianes. Uno de ellos era Komui, por obviedad, pero a pesar de sus ganas y crisis, Lavi se había vuelto también en otro responsable de proteger a Lenalee de los seres malvados que la rodeaban. Pese a odiarlo, sabía que hasta él podría sacrificar su vida —o parte de ella— para protegerla.

Ese sentimiento de desprecio a si mismo comenzó a asomar por su cabeza demasiada mareada como para pensar en algo mejor. Lavi se quedó varado en el no sentir y en el sentir sin tocarla; y… el tocarla. Y ya decidido a dejar todos sus pensamientos atrás, él mismo se dio una respuesta que le dejó tranquilo: «Lavi era un ser tan grotesco que no podía meterse con Lenalee».

Pero fue en cierto momento se dio cuenta de un hecho: Lenalee no paraba de verlo.

La evitó por un tiempo largo, uno que sin saberlos le hundió más en el deseo. Entró casi a la histeria cuando se dio cuenta de las largas miradas que él le daba, de sus pensamientos truncados en sus largas pestañas y de ese hormigueo en su entrepierna.

Pensó hasta pedirle auxilio al viejo Bookman, empero antes de sucumbir a su última carta, Lenalee —la dulce, linda e inocente Lenalee— se acercó a él. Nadie estaba prestando verdadera atención a los dos en ese momento, y es por eso que cuando Lenalee posó sus labios en lo de Lavi, el único en hacer un ruido sorprendido fue el mismísimo Bookman Jr.

—Me gustas.

Ante la declaración y, el susurro inaudible del deseo correspondido, Lavi quedó con la opción de escapar o probar. Su lado pragmático le gritaba que lo haga, mientras que el lado metódico ordenaba que huyera.

Lavi, por lo que parecía los segundos más interminables del mundo, hizo caso por primera vez a la lógica del lugar donde estaba. El Reino Unido, Inglaterra, el señor pragmático.


¿Qué tal?

Esto en un inicio era un reto… y debía de llegar al lemon, no pude y no llegue a escribir nada, jajaja; pero bueno, no importa. Aquí esta este pequeño drable que encontré mientras ordenaba mis historias.

Bueno, eso es todo. Nos leemos luego.