Momentos Stony

.

.

«Gracias, Tony...»

.

.

—¡Steve! ¡Steve, rápido ven aquí! —los gritos escandalosos de Tony se escuchaban por gran parte de la torre, seguidos de la voz de JARVIS anunciando, innecesariamente, que el Señor Stark lo llamaba urgentemente.

Steve que hasta ese momento se encontraba en la sala leyendo pacíficamente un libro, se levantó de un salto y corrió al taller de Tony pensando que este se encontraba en algún grave problema.

Sin tocar siquiera la puerta, entró como un torbellino preparado para pelear contra cualquier amenaza o en todo caso correr hacia el hospital mas cercano. En lugar de la terrible escena que se imagino en su cabeza, lo recibió un Tony con una gran sonrisa y ojos brillantes, casi saltando de felicidad.

—¿Tony? —Steve se enderezo confundido, comenzando a enrojecer por la forma en que entró—. ¿Estás...? Yo... bueno... ¿para qué me llamabas? —carraspeó al final intentando contener la vergüenza, teniendo que desviar la mirada al final de esos marrones que la miraban con tanta atención.

—¡Steve, mira!

Sin darle ninguna importancia al ridículo que se encontraba haciendo, o en realidad ni siquiera lo noto, de todas formas Tony procedió a poner un objeto bajo su nariz. Se trataba de un guante rojo, Tony le agarró del brazo y se lo puso al tiempo que le explicaba con detalle como funcionaba. Una especie imán para atraer su escudo y que no se perdiera en medio de una batalla, o algo parecido dijo, en realidad Steve no estaba prestando nada de atención.

En su lugar sus ojos estaban fijos en la pequeña silueta del mecánico, delineo el perfil de su rostro notando cada pequeño detalle; se notaba que estuvo varios días encerrado en su taller por las ropas manchadas de grasa, el cabello totalmente desarreglado y enredado con algunos baches oscuros de aceite, su barba siempre perfecta ahora se encontraba en un deplorable estado y por sobre todo esas ojeras como prueba innegable de las horas que paso sin dormir.

Se enterneció al pensar que Tony se había tomado la molestia de hacerlo para su comodidad. Una sonrisa se poso en sus labios al imaginarse al mecánico trabajando día y noche. Sin detenerse a pesar lo que estaba por hacer, se inclinó sobre él dándole un pequeño beso en la mejilla, un simple roce.

—¿Cap? —Tony le miro sorprendido y con un notable rojo subiendo por su cuello.

—Muchas gracias, Tony... —Steve le respondió, dándole una gran sonrisa con los ojos convertidos en pequeñas medialunas.

—No hay problema, solo lo hago por el equipo... —se tuvo que girar para que el otro no notara como el sonrojo aumentaba hasta alcanzar su rostro.


¡Gracias por leer!

~GjFantasma