Momentos Stony (2)
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Enfermo
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—¡Mnh!... Steve, me estoy muriendo... —se quejó Tony, apenas logrando abrir los ojos sintiendo el fuerte dolor de garganta.
—No seas tan exagerado, cariño —respondió el rubio, entrando a la habitación con un vaso de agua y una pastilla en la otra mano—. Es solo un pequeño resfriado. Toma, esto te bajara la fiebre y aliviara el dolor.
Espero que el castaño terminara de tragarlas para ayudarlo a recostarse y colocar un paño húmedo sobre su frente.
—Steve... —el castaño le agarro de la muñeca impidiendo que saliera, llamando así su atención—. Steve, no me quiero morir... —de repente le miro horrorizado como si pareciera recordar algo—, no me quiero encontrar a Howard en el infierno, porque estoy seguro que al cielo no iré... y ese maldito tampoco...
Steve miró como este comenzaba a enloquecer diciendo frases sin sentido y lanzando maldiciones al aire.
—Debería llamar a Bruce, creo que esta delirando por la fiebre... —susurró para si mismo.
—¡Oh Dios! ¿Qué haré, Steve? —Tony exclamó—. No, todavía no estoy preparado. ¡No estoy listo para verlo! —gritó, terminando en un ataque de tos por su garganta irritada.
Saliendo, Steve lo dejo hablando solo y se fue a la sala donde encontró a su pequeño hijo jugando con unos legos de colores. Peter le miro cuando entro dedicándole una hermosa sonrisa de dientes completos. Se veía tan adorable con su mono azul y la camisa roja con diseños de arañas en negro, su cabello castaño revuelto y sus grandes ojos azules que le devolvían la mirada con total atención.
—¡Pa-pa! —estiró sus pequeños brazos en su dirección, demandando ser levantado. Steve no se hizo de rogar y caminó para alzarlo en brazos, dándole un beso en la frente.
—Hola, arañita —dijo, dejándolo de nuevo en el suelo—. Tengo que preparar el almuerzo. Estarás a cargo de papá, debes avisarme si necesita algo, ¿entendido? —habló como si le estuviera dando una importante misión para cumplir. Peter de inmediato se paro derecho lo mas que pudo y le miro con mucha determinación, asintió.
Una vez en la cocina, Steve agarro el delantal azul y se lo coloco alrededor de la cintura, abrió la nevera sacando todo lo necesario para preparar una rica sopa de pollo. Pensó en hacerle otra comida a Peter sabiendo que el pequeño no era muy fanático de las sopas, pero era domingo y ya le tocaba tomarse un buen caldo. Con una sonrisa se dispuso a preparar todo.
Por otro lado, nuestro pequeño castaño se encontraba sentado en el suelo abrazando su peluche de araña favorito con los ojos bien abiertos fijos en la habitación de su padre. Muy a pesar de su corta edad, Peter entendía muy bien lo que ocurría a su alrededor, por eso cuando su Pa le dijo que su Padre se encontraba enfermo y no podría jugar con él, supo de inmediato que debía portarse bien y ayudar a su Pa en todo lo posible.
Su primera misión seria vigilar a su Papá y lo iba a lograr con éxito así los dos estarían orgullosos de él. Con eso en mente, Peter apretó el puño y asintió determinado.
Estuvo largo rato sentado vigilando la puerta hasta que esta misma se abrió y un demacrado Tony, salió tambaleándose, despeinado, con la cara pálida y la nariz roja, los ojos rojos y llorosos rodeados por profundas y oscuras ojeras. Al instante Peter se levantó, dejo su peluche a un lado y corrió para tomarlo de la mano y llevarlo al centro de la sala donde yacían sus bloques olvidados. Obligó al castaño a sentarse en la alfombra, se apresuro al sofá donde anteriormente había dejado su cobija favorita y regreso junto a su padre para colocarla alrededor de sus hombros. Acuno la cara del hombre entre sus pequeñas manos para que lo mirara a los ojos.
—¿Papi mal? —preguntó con su corta lengua, mirándolo con preocupación. Tony se enterneció por la ternura de su hijo, regalandole una calmada sonrisa.
—Tranquilo, arañita. Papá estará bien después de una buena comida y unos cuantos besos de su arañita favorita. —abrió los brazos esperando que el menor saltara en ellos. Peter soltó un corto chillido emocionado y ambos rodaron por el suelo entre risas y cosquillas durante algunos minutos.
Tony se obligo a sentarse y encorvarse cuando un ataque de tos lo ataco, tiro los bordes de la cobija a su alrededor para cubrirse mejor de los fuertes escalofríos que comenzaron a recorrer su cuerpo. Su respiración se convirtieron en jadeos mientras luchaba por respirar con normalidad, su rostro mostrándose mucho mas cansado. Parece que la poca energía que le quedaba fue drenada durante el corto juego.
Peter busco su peluche de araña y una cobija pequeña para sentar al lado del castaño, muy cerca de él, mirando con atención e imitando su postura. Peter tocio y estornudo cada vez que Tony lo hacia, imitando cada uno de sus movimientos. El castaño mayor no pudo evitar reír por lo tierno que era.
—¡Stebeeeeeeeeeeee! —gritó luego de un rato de no ver a su querido rubio. Él iba a necesitar una buena dosis de apapachos para lograr sobrevivir a ese horrible resfriado que le atacaba sin piedad.
—¡Eeeed! —Peter a su lado le imito con su corta lengua, logrando otra risa al castaño que termino en un ataque de tos.
Steve salió de la cocina con dos tazones humeantes de sopa, los cuales coloco sobre la mesa antes de acercarse a ellos en la sala, coloco una mano sobre la frente de Tony, sonriendo aliviado al comprobar que la fiebre había bajado bastante.
—Parece que ya estas mejor. —dijo sonriendo.
Tony le devolvió la sonrisa.
—Unos besos de mi pequeña arañita cura cualquier enfermedad. —respondió, encogiéndose de hombros haciéndole cosquillas en la barriga al menor sacándole unas carcajadas.
—Oh, ya veo —Steve saco al pequeño de sus brazos y se dio la vuelta—. Entonces no vas a necesitar mas de los míos, entonces.
—¡¿Qué?! —Tony saltó y se aferro a sus piernas, mirándole como si acabara de decirle que el mundo estaba apunto de ser destruido—. ¿Acaso quieres matarme, es eso? —Steve comenzó a reír demasiado divertido por la cara aterrada del castaño y su dramatismo.
Juntos caminaron a la mesa. Tony moría de hambre y no podía esperar el momento para poder llenar su barriga con una buena comida; un gran plato de carne estaría bien o incluso pollo, no se quejaría. Pero al ver lo que le esperaba en la mesa era un triste plato de sopa con unas pastillas y un vaso de agua a un lado, no pudo evitar soltar un sonido de disgusto.
Tony miró todo el plato con decepción, le dedico un mohín molesto al rubio, el cual lo ignoro y siguió acomodando a Peter en su silla elevada, dejando también un plato de sopa delante suyo.
Ambos, padre e hijo, hicieron una mueca de desagrado hacia la sopa y se volvieron a mirar al rubio, el cual de igual forma les miraba parado a un lado de la mesa con las manos en la cadera y una ceja arqueada, esperando alguna queja de su parte.
—Coman o no habrá donas por tres meses.
—¡Stebeeeeeeee! —se quejo Tony.
—¡Eeeeed! —seguido de Peter.
¡Gracias por leer!
GjFantasma
