Capitulo 3- Primer asalto

El mono de pelaje azul cargo con la chica tortuga hasta una tribu primitiva cuyas casas eran chozas hechas de paja y ramas quebradizas. La joven aun seguía inconsciente cuando el mono la llevo ante un gorila de pelaje blanco con cara, manos y pies rojos, sus ojos eran del color del carbón y su enorme cola parecía echa de metal. Su aguijón era del tamaño de las piernas de la joven y era de color lila. Era el macho alfa. En cuanto posaron a la joven delante de él la olisqueo levemente, luego la levanto con una mano y la acerco a su cara mientras recorría su cuerpo con un dedo enorme. Mika abrió los ojos cuando el simio removió sus senos y, espantada, le aparto de un puñetazo directo al ojo.

La bestia rugió de dolor mientras se cubría el ojo y luego la miro enfurecida, ella se hallaba tendida en el suelo rodeada por montones de simios idénticos al que la había llevado ahí. Por un momento pensó en escaparse pero un simio le gruño mostrando todos sus colmillos y mejor prefirió quedarse en donde estaba. El jefe de la tribu la miro un momento más y luego quiso tocarla nuevamente pero ella se aparto. El jefe dio un resoplido y, finalmente, señalo una jaula de madera gruesa que se hallaba cerca de su enorme trono. De inmediato dos monos tomaron a la chica y la arrastraron hasta la jaula, en donde la encerraron. Mika se asomo por los barrotes para observar a los monos y vio que estos comenzaban a preparar una fogata

-por favor, que esto sea un mal sueño- pidió en voz alta –por favor, chicos. Ayúdenme.

De pronto Mikey frenó, habían estado corriendo en dirección al humo si detenerse pero, repentinamente, Mikey sintió una fuerte opresión en el pecho que le obligo a detenerse. Volteo a ver a sus amigos y descubrió a Mike mirando al suelo visiblemente confundido y a Miguel con los ojos abiertos de par en par

-¿una opresión en el pecho?- pregunto Mikey y Mike asintió

-¿Qué crees que haya sido?- pregunto Mike

-ni idea- Mikey se giro y miro al humo que salía de detrás de unos árboles –quédense aquí, iré a ver- le dijo a los otros y se encamino hacia el lugar

Mike bajo a Miguel y lo apoyo contra un tronco para luego sacar sus armas, acuclillarse a su lado y mirar atentamente la dirección por la que Mikey se había ido. Ahora solo podían esperar y rezar para que quien sea que hubiera encendido el fuego los ayudara. Por el rabillo del ojo vio a Miguel estremecerse y volteo la cabeza para preguntarle que ocurría. Sin embargo; apenas había empezado a formular la pregunta cuando un cuchillo de hoja negra y lustrosa se poso en su garganta

-no te muevas- ordeno una voz masculina- Mike se quedo de piedra –levántate y gírate lentamente- ordeno el desconocido y Mike obedeció, en cuanto estuvo frente a frente con él se dio cuenta de que era un humano. Piel blanca, caucásico, media 1.90 a lo sumo y vestía de negro. Llevaba unas gastadas botas de cowboy, un pantalón tejano con los bajos deshilachados, un cinturón con una hebilla que antes había tenido lustre, una camiseta negra mugrienta cubierta por un abrigo negro que casi rozaba el suelo y un sombrero de cowboy negro por debajo del cual asomaba una cabellera negra también

-¿Quién eres?- pregunto Mike mirando los ojos café oscuro del hombre –me pareces conocido

-mi nombre es Casey, Casey Jones. ¿Quién eres tú?

Mikey aterrizo ágilmente sobre el suelo y miro hacia el rustico campamento, detrás de los árboles había un pequeño precipicio bajo el cual había una orilla repleta de rocas grises y brillantes. En esta se alzaba una tienda de lona a cuyo lado había una hoguera en la que ardían unos trozos de carne. A un lado de la tienda había un cerdo descomunal cuya cabeza había sido aplastada recientemente. Mikey intuyo que la carne procedía de ahí. Por la abertura de la tienda se veía una especie de manta café oscuro tirada en el suelo. Mikey se detuvo como si le hubieran dado un golpe. Aquella manta se parecía a la túnica que vestía aquella figura.

Se pregunto entonces si esa figura encapuchada también había lanzado a los otros chicos al portal. Después de rescatar a Mika se los preguntaría, entonces esbozo una triste sonrisa y miro la carne en las brazas; no tenía fe en sí mismo pero, de algún modo, la salvaría. Entonces sintió un movimiento a su espalda y, aparentando no haberlo notado, dijo

-el estruendo de hace rato debió causarlo quien mato al cerdo

-toda la razón- dijo una voz a su espalda y él se giro para toparse con un hombre completamente vestido de negro a cuya espalda estaban Mike y Miguel

-¿chicos?- pregunto Mikey

-Mikey- dijo Mike –él es Casey en esta dimensión, le he dicho todo lo que paso

-¿en serio?- pregunto Mikey entusiasmado -¡¿entonces puedes ayudarnos?!- Casey negó con la cabeza

-escucha, chico. No sé que tan buen amigo suyo soy en aquellas dimensiones, pero lo cierto es que en esta no tengo muchos amigos. De hecho casi ninguno.

-¿de verdad?- pregunto Mikey mirándole sorprendido, entonces desvió la vista hacia Mike, él estaba llorando. Casey le llamo y él le miro nuevamente. Mike, que traía a Miguel cargado, lo bajo de su espalda y luego se giro para que no lo viera llorar. Miguel, por su parte, comenzó a llorar de rabia y de impotencia. Le habían explicado a Casey la situación y, de primero, les dijo que los viajes dimensionales eran muy usuales en esa dimensión, así que no estaba impactado por esa revelación. Pero luego le dijeron sobre el ataque del mono y él les dijo dos cosas. Las mismas que ahora le estaba diciendo a Mikey

-esos son los monos Zayan, a su amiga se la debió de haber llevado a su tribu. Ahí el Gran Jefe decidirá si es apta para devorarla o para casarla con algún mono o con él mismo, en cuyo caso la transformaran en una de ellos. Pero, de cualquier manera, olvídenla. Ya no pueden hacer nada por ella. Ni por él- dijo señalando a Miguel con el pulgar –no existe antídoto conocido para el veneno de esos monos, pero cualquiera que sea infectado por ellos se convertirá en un lio, todos sus músculos y órganos empezaran a realizar funciones que no les corresponden, por ende se echaran a perder con el tiempo y él morirá en absoluta agonía. Ambos están perdidos, lidien con ello y sigan con sus vidas.

Mikey miro a Mike, que seguía llorando, y a Miguel, que lloraba en silencio. ¿Eso era todo? ¿Así iba a terminar? ¿Dos de sus otros yo iban a acabar muertos cuando apenas intentaban mejorar? No, este sujeto, fuera o no Casey, no le haría abandonar a sus camaradas de ninguna manera. Mikey miro fijo a ese tipo. El Casey de su dimensión podía ser muchas cosas, pero jamás abandonaba a quien lo necesitaba. No, él siempre hacia lo correcto. Incluso cuando estuvo en peligro lo ayudo y ahora era el momento de que él se ayudara a sí mismo, aunque fuera en otra dimensión. Entonces recordó a la figura que lo lanzo a la otra dimensión y recordó la primera frase que le oyó decir: Cinco mundos. Cuatro héroes. Tres batallas. Dos sacrificios. Un pago. ¿Miguel y Mika eran los Dos Sacrificios?

-eso te gustaría- espeto Mikey mientras miraba al suelo y Casey le miro confundido –te gustaría que hubieran dos sacrificios. Te gustaría que dejara a mis amigos- aunque Mikey parecía estar hablándole a Casey en realidad le hablaba a la figura encapuchada de su memoria. Entonces elevo el tono y, con este, subió la confianza y la claridad impregnadas en su voz –te gustaría que mi falta de confianza me hiciera retroceder y rendirme. Pero eso no pasara- una brisa soplo entonces y Mike miro fijo a Mikey. Miguel estaba en el suelo mirando hacia Casey, así que también lo miraba atentamente –yo ya he decidido que seré mejor. Ya he decidido que son mis camaradas- entonces levanto la mirada y, tras unas lagrimas furiosas, miro a Casey con decisión. Mike abrió los ojos sorprendido y se giro completamente hacia él –ya he decidido que son mis amigos. Y, únicamente por eso, ¡yo los defenderé!

Miguel se movió un poco. Mikey estaba decidido -¡Me da igual quien seas!- le grito a Casey -¡Me da igual que ya no haya esperanza! ¡Si no lo intento de verdad los perderé!- Casey dio dos pasos atrás, claramente sorprendido –voy a luchar con esos monos, la traeré de vuelta. Y luego llevaremos a Miguel a algún sitio. Tiene que haber alguien que pueda ayudarlo. Y si tú no quieres ayudarnos- el joven le dio la espalda a Casey –entonces quédate aquí y no hagas nada. Pero nosotros lucharemos, ¿verdad, Mike?

-¡sí!- Mike asintió y se seco las lágrimas con el brazo. Luego se inclino y recogió a Miguel del suelo, Casey los miro fijo mientras se alejaban, en especial a Mikey, le recordaba un montón al Guerrero de la Noche, claro que él ya no existía, pero aun así Casey Jones era Casey Jones. Esbozo una triste y satisfecha sonrisa y les llamo

-esperen, puedo decirles donde la tienen- ambos jóvenes se detuvieron y se giraron

-¿en serio?- pregunto Mike

-seguro. No creo que se gane nada con ello, pero si están seguros…

-lo estamos- afirmo Mikey y Casey le miro otro momento antes de proseguir

-entiendo. Les ayudare. Mika esta allá…- el hombre señalo hacia su espalda, justo entre el bosque. –Sigan todo derecho a la orilla hasta que lleguen a un acantilado desde donde se divisa una ciudad blanca, esa como a dos o tres horas de aquí. Una vez ahí miren giren hacia la derecha, hacia ahí habrá unas columnas de humo blanco saliendo del bosque. Esa es la aldea del mono. Yo puedo cuidar a Miguel por ustedes mientras van por la chica, pero les advierto que si no vuelven al amanecer lo matare. Es mejor eso a que siga sufriendo por el veneno

-muchas gracias- dijo Mike y le tendió a su compañero. Casey lo recibió y miro nuevamente a Mikey, quien le miraba sorprendido, luego le sonrió

-vayan, traigan a Mika de vuelta- les dijo haciéndoles un gesto con la cabeza. Ambos asintieron y echaron a correr en aquella dirección.

Mika miro al cielo del atardecer desde dentro de su jaula y se llevo una mano al corazón. Este latía con fuerza. Hacía rato había sentido un calor increíble junto con una oleada de paz saliendo de su interior, ese sentimiento se veía acompañado por una determinación única que jamás antes había sentido y, junto con esa determinación, llegaron dos verdades innegables. Ellos vendrían a salvarla y, si no lo hacían, ella escaparía. Ahora solo debía averiguar cómo. La joven estaba sentada en el piso de la jaula pero, justo en ese momento, se percato de que había una sección de esta que estaba a oscuras puesto que las ramas y el musgo que conformaban la jaula eran más densos en esa parte, en la que formaban un muro.

La tortuga se acerco a esta parte y corrió el musgo a un lado como si de una cortina se tratara. Al otro lado había una suerte de callejón entre dos chozas de paja y, más allá, el bosque. Mika sonrió ampliamente al percatarse de que sí podía escapar, después de todo no le habían quitado sus armas. Entonces la puerta de la jaula se abrió repentinamente y Mika se enderezo y se giro para quedar con la espalda apoyada contra el muro viendo directo al mono que la había llevado a ese lugar. El mono camino hacia ella y le toco la cara con una mano, ella se aparto y el mono la sujeto con fuerza, luego su mano descendió y toco sus pechos para luego apretar uno suavemente, rápidamente Mika reacciono lanzándole una patada y el mono retrocedió luego gruño mostrando todos sus colmillos y Mika imito el gesto. La determinación que antes había sentido le ayudaba a tener fuerzas ahora.

El mono, medio sorprendido y medio enfadado, dio un paso hacia ella y ella gruño. Lo que sea que el mono vio en sus ojos le hiso retroceder al instante y la joven dio un paso y, con una mirada feroz, le ordeno –Lárgate- el mono obedeció al instante y cerró la puerta ras de sí. Mika giro nuevamente, se hinco y utilizo su kusarigama para cortar las ramas detrás de la cortina de musgo. Un par de minutos después había creado un boquete lo suficientemente grande para pasar por el gateando. Salió de la jaula, miro a ambos lados y echo a correr. Era libre.

El mono salto por encima de ella y le bloqueo la salida, Mika freno y otros dos monos aparecieron a sus costados. Entonces oyó claramente como la jaula era aplastada y se giro, el Gran Jefe la miraba sonriendo satisfecho. Entonces aulló triunfante y la joven se cubrió los oídos para luego ser noqueada por la cola del Gran Jefe y llevada por este. Esa chica sería una buena esposa.

Miguel estaba tirado en el interior de la tienda de campaña mientras el resplandor anaranjado del atardecer se colaba por la entrada de la tienda. Ojala hubiera podido ayudar a los chicos en algo, pero ahora era verdaderamente inservible y, pronto, no sería más que un bulto moribundo. Mika, Mikey y Mike estarían por su cuenta pero, aun si se recuperaba, ¿les ayudaría eso? Mike les había dicho de su trastorno y era evidente que todos lo tenían. Entonces, ¿Qué caso tenia tratar? "¡yo los defenderé!" los ojos de Miguel resplandecieron con determinación. Mikey aun no había terminado, ni él tampoco. Si se recuperaba, no, cuando se recuperara haría todo lo que estuviera en su mano por mejorar y protegería a sus nuevos camaradas contra el planeta entero si era necesario. En ese instante quiso mover el puño de su mano derecha y alzarlo pero, en vez de eso, deslizo la pierna izquierda

"Diablos" pensó y quiso emitir un suspiro, pero solo consiguió darse la vuelta y quedar tendido sobre su costado izquierdo "mierda" entonces quiso gruñir y gritar y levanto la mano derecha formando un puño "espera…" Miguel se concentro en gruñir y gritar de nuevo y realizo de nuevo el movimiento "nada mal" entonces comenzó un raro juego, trataba de ver que parte de su cuerpo se movía si trataba de mover otra parte y luego realizaba movimientos con la parte que podía mover. Era divertido y, luego de un momento, descubrió algo.

Casey se sentó frente a la hoguera y se comió su cerdo pacientemente mientras todo a su alrededor se oscurecía. Aquellos chicos no sabían donde se estaban metiendo, aunque tenía que admitir que eran valientes y el hecho de que fueran tan leales solo por ser uno y el mismo en cuatro diferentes versiones le indicaba que, si se esforzaban y encontraban a alguien dispuesto a entrenarlos, con el tiempo serian imparables. Pero para ello necesitaban cierto talento que no todo el mundo poseía. Un talento único que solo unos cuantos podían tener: las agallas para no rendirse nunca.

Casey oyó un gruñido en la tienda y se puso de pie para ir a ella. Corrió la cortina de la entrada y vio a Miguel. Y no pudo creer lo que vio.

La noche había caído cuando Mike y Mikey llegaron al lugar donde los monos tenían su aldea. Al centro de la misma había una especie de hoguera en la que se había encendido un fuego verde y azul y, atada a un poste de cabeza a este estaba Mika. Ambos jóvenes estaban escondidos tras unos arbustos y observaban el lugar atentamente

-se la van a comer- susurro Mike

-eso si lo permito- espeto Mikey fijando la mirada en la aldea. De pronto, un mono de pelaje azul parduzco apareció llevando un libro viejo entre las manos

-¡hermanos!- grito con voz chillona y los demás simios guardaron silencio –este es un día glorioso puesto que nuestro Gran Jefe al fin ha elegido esposa- los monos rugieron y Mike y Mikey abrieron los ojos como platos –ahora iniciaremos el ritual de conversión de esta joven tortuga y la volveremos una hembra de nuestra especie…

-¡un momento!- grito Mika interrumpiéndole -¿Qué te hace creer que me casare con ese gordinflón? No, mejor dicho ¡¿Qué te hace creer que quiero ser una de ustedes?! ¡¿O que dejare a mis amigos?!- se hiso el silencio y luego el mono anciano respondió

-¿amigos?- pregunto conteniendo la risa -¿amigos? Dime, si son tus amigos ¿en donde están? ¿Por qué no han venido por ti?- Mika iba a responder pero el mono continuo -¡Porque saben que sería una pérdida de tiempo! ¡Tu única opción es ser devorada o casarte! ¡Elige!

Entre los arbustos Mike y Mikey escucharon la conversación y Mike tomo la palabra –debemos hacer algo, no es justo que la obligue a decidir algo así

-¡ninguna de las dos!- grito Mika -¡puede que no estén aquí ahora, pero vendrán!

-y entonces será tarde- dijo el Gran Jefe, que estaba sentado cerca de la hoguera –tú serás mía

-puede que tomes mi cuerpo y mi tortu-humanidad, pero jamás te perteneceré- aseguro la chica con veneno

-¿Qué hacemos?- pregunto Mike nervioso –son muchos y tienen armas y aguijones y…

-Mike- interrumpió Mikey –yo tampoco creo que lo logremos, pero no nos podemos rendir sin intentarlo, ¿de acuerdo? Ella confía en nosotros y debemos corresponder esa confianza, ¿ok?- Mike asintió y Mikey respiro profundo –hace algún tiempo mi padre le enseño a Donnie a "pelear sin pensar" y mi hermano se volvió más fuerte gracias a eso. Creo que ahora debemos hacer exactamente eso. Vamos a luchar, no debemos pensar

-entiendo- aseguro Mike –adelante

-yo voy primero- dijo Mikey –hare que se centren en mi, tu rescata a Mika- Mike asintió de nuevo y, de pronto, mientras Mikey se alejaba de él tuvo una idea. Estuvo a punto de perderla pero entonces recordó "pelear sin pensar" y tomo una decisión. No pensaría, se aferraría a su idea inicial y la seguiría. Así su trastorno no le causaría problemas por ahora.

-te convertirás en mi esposa- dijo el Gran Jefe –ya aprenderás a obedecerme

-eso quisieras- gruño Mika

-ellos no vendrán- aseguro el simio viejo –sino, dime donde están

-¡justo aquí!- como si fueran uno los simios se volvieron en la dirección de la que había venido aquella nueva voz y descubrieron a una versión masculina de la joven que tenían frente a ellos encaramada en el tejado de una de las chozas de paja. Una de sus manos estaba apoyada al frente en el techo y la otra a sus espaldas, sosteniendo un objeto invisible

-¡Mikey!- grito Mika felizmente -¡viniste por mí!

-¿te creías que te dejaría, preciosa?- Mika se sonrojo levemente mientras le sonreía a su contraparte masculina

-¡desháganse de él!- rugió el Gran Jefe y un puñado de monos azules brinco hacia Mikey, entonces el movió el brazo que mantenía tras su espalda y dejo ir la cadena de su kusarigama como si fuera un látigo llevándose por delante a los monos que lo amenazaban. Todos se estrellaron contra algunas chozas y se clavaron los maderos que las sostenían, su sangre comenzó a manchar el piso y, de un momento a otro, algunos se convirtieron en los hombres que antes habían sido antes de disolverse en polvo -¡mátenlo!- rugió el Gran Jefe

-¡Mikey!- grito Mika desesperada cuando más monos fueron hacia el chico. Entonces unas shuriken aparecieron volando desde la izquierda y se clavaron con certeza en algunos monos. Solo dos de ellos llegaron al tejado donde estaba Mikey, él brinco al piso para esquivarlos y luego corrió lejos del lugar, los monos descendieron tras él y le siguieron. Pero tres kunais les obligaron a retroceder, dos se clavaron en la tierra y uno le dio a un mono en la cabeza, cayó al suelo, se convirtió en una mujer morena y se disolvió

-¡tiene refuerzos!- grito el mono anciano

-¡encuéntrenlos!- grito el Gran Jefe y unas shuriken volaron hacia él. Los monos brincaron a protegerle e interceptaron las shuriken desviándolas con palos, pero cuando las golpearon reventaron unas bombas de humo que iban atadas a estas y toda el área se cubrió de un humo espeso. Los monos enloquecieron puesto que no sabían a donde correr, entonces Mikey corrió por entre ellos. Él había visto la cortina de humo y, antes de que llegara a él lleno sus pulmones de oxigeno y corrió. Pateo y golpeo a varios monos para sacarlos del camino lo que provoco que algunos quisieran atraparlo y acabaran luchando entre ellos puesto que en el humo no podían verse y atacaban a las siluetas que había en el humo sin detenerse a pensar que no todas podían ser Mikey y, al llegar frente a la hoguera, salto; uso su kusarigama para cortar la cuerda que sujetaba a Mika y ambos se sostuvieron del poste. Mikey dejo escapar el aire

-gracias- dijo la chica y él le sonrió. Acto seguido, ambos llenaron los pulmones de oxigeno y brincaron al suelo desde lo alto del poste para aterrizar justo frente al simio anciano quien rugió y se lanzo contra Mikey tirando puñetazos con sus seis brazos. Mikey retrocedió y el anciano se dispuso a acabar con él, pero entonces freno y se giro, incrédulo y asustado vio como Mika separaba su cola en dos mitades con su kusarigama, un potente chorro de sangre negra emergió de su cola y él se seco como si de una esponja siendo exprimida se tratara. Un segundo después su cuerpo sin vida cayó al suelo.

Mika miro el cadáver sin poder creerlo, hasta que Mikey la tomo de la mano y huyeron a toda marcha de aquel lugar. Mike los estaba esperando fuera de la cortina, en cuanto llegaron Mika y Mikey volvieron a respirar y luego todos empezaron a correr lejos de ahí

-gracias, Mike- dijo Mika –gracias, Mikey

-has estado increíble- le dijo Mike a Mikey

-¿yo? ¿No te viste?- le pregunto Mike a Mikey en respuesta -¡Eres genial!

-gracias- se sonrojo Mikey -¿Cómo se te ocurrió quedarte escondido?

-hice lo que Donnie. Pelear sin pensar

-¿no lo pensaste?- pregunto Mika impactada

-tuve la idea de quedarme escondido y moverme rápido para que los monos creyeran que éramos muchos. Iba a divagar, como siempre, cuando recordé "pelear sin pensar" y se me ocurrió que lo mejor era centrarme en esa idea y no pensar en nada más

-¡asombroso!- rio Mikey

-gracias- respondió Mike

-oigan- espeto Mika -¿y Miguel?- ambos chicos se miraron entre ellos y, justo en ese momento, el Gran Jefe aterrizo justo frente a sus narices

-MIA- gruño señalando a Mika mientras unos hilos de saliva pegajosa caían al suelo desde sus colmillos

-ay no- dijo Mike

-sí que eres irresistible, Mika- bromeo Mike mientras sacaba sus armas

-que alegría- espeto Mika sarcásticamente -¿Miguel nos ayudara?

-Miguel esa envenenado- dijo Mikey sorprendiéndola –es culpa de ese mono

-¿y podemos…?- el Gran Jefe rugió y lanzo un puñetazo al suelo que los tres chicos esquivaron saltando lejos -¡¿podemos ayudarlo?!- grito Mika y, en ese mismo instante, la cola del jefe golpeo a Mike y lo estrello contra un árbol muy grueso destrozándolo -¡Mike!

-¡no!- grito Mikey -¡el veneno es incurable!- el chico corrió hacia el jefe y comenzó a zigzaguear por el piso, el jefe trataba de aplastarlo, pero fallaba todos los puñetazos, Mika estaba hincada junto a Mike ayudándolo a incorporarse – ¡encontramos a nuestro amigo Casey, versión de esta dimensión, y nos dijo que no hay cura existente para él!- el jefe se harto y clavo los seis puños en la tierra. Por un momento una nube de polvo cubrió el lugar y luego Mikey apareció dando un brinco y usando su kusarigama (la parte dura y pesada) para golpear un ojo del jefe

-¡Mike, vámonos!- espeto Mika pero el joven no se podía parar

-no puedo…- justo en ese instante vieron a Mikey ser sujetado por la cola del jefe y estrellado contra el suelo cerca de ellos -¡Mikey!

-no…- suspiro Mika y el jefe se acerco y se dispuso a pisar a Mike. Entonces ella saco su kusarigama, le dio vueltas y la envió contra el jefe haciéndole un corte profundo y grave en la pierna. La bestia rugió –JAMAS. SERE. TUYA- le gruño y la bestia rugió aun más alto

-Mika…- exclamaron Mike y Mikey tratando de incorporarse. Entonces la bestia junto cuatro de sus gigantescos puños sobre su cabeza y se dispuso a aplastarlos. Los bajo a toda velocidad y, justo cuando estaba por darles, una figura negra salto de entre los arbustos y le dio una certera patada al mentón. El jefe retrocedió tomándose la barbilla con dos de sus manos y las tortugas observaron sorprendidas a una silueta con caparazón y bandana naranja que aterrizaba hincada delante de ellos y luego se levantaba y miraba desafiante al mono

-mejor que te apartes, monito- Miguel se trono los nudillos y luego miro a sus camaradas -¿están bien?

-¡Miguel!- espetaron Mike y Mikey felizmente

-¡chicos!- Casey llego corriendo junto a ellos un momento después

-¡Casey!- dijo Mikey -¿no habías dicho que Miguel no tenia cura?

-no la tiene- dijo Casey –luego de que se fueron lo recosté en mi tienda de campaña y él comenzó a mover su cuerpo intentando averiguar cómo contrarrestar el veneno por su cuenta. Es sorprendente…

-en realidad solo averigüe que debo querer mover para mover que- dijo Miguel – si quiero mover mi pierna derecha…- su brazo izquierdo se extendió –muevo el brazo y si quiero recostarme…- el Gran Jefe volvió a la carga y le lanzo un puñetazo a Miguel mientras este hablaba -¡salto!- el puño se estrello contra la tierra y Miguel brinco en el aire para esquivarlo. Nadie podía creerlo

-Miguel- exclamo Mika felizmente mientras Miguel descendía y aterrizaba en la espalda del Gran Jefe para luego comenzar a atizarle golpes en esta

-Mika- llamo Mikey y se puso de pie, ella le miro –enredemos nuestras kusarigamas en su cola. Casey ayúdame a jalar. Mike tu ayuda a Mika- ambos asintieron y Mikey y Casey se apartaron y corrieron hasta que cada pareja quedo una a cada lado de la bestia -¡ahora!- Mika y Mike obedecieron y las kusarigamas se enredaron en la cola de la bestia justo cuando esta se quito a Miguel de encima, él dio una voltereta en el aire y evito hacerse daño al estrellarse contra otro árbol.

Las cadenas se tensaron y la cola de la bestia le fue arrancada en un momento. Su sangre negra rocío el piso y la bestia cayo justo cuando Miguel le salto encima y quedo acuclillado sobre su cuerpo. Un grupo de monos llego donde ellos en ese instante y, al ver la escena, huyeron despavoridos. El silencio se hiso presente

-creo…que ganamos- dijo Miguel sin poder creérselo

-ganamos- rio Mike

-¡chicos!- espeto Mika y atrajo la atención de sus amigos, luego realizo una reverencia. Un gesto de agradecimiento japonés que aprendió de su madre –gracias por salvarme- se enderezo y miro a Casey, las tres tortugas estaban sonrojadas –a ti también, Casey. Gracias por venir

-no me agradezcas, agradécele a tus amigos. Yo la verdad te di por muerta desde el primer momento- confeso sumamente apenado

-no debes agradecernos- dijo Miguel –en todo caso no a mí ni a Mike

-tiene razón- espeto Mike –Mikey fue el que no se rindió, ni contigo ni con Miguel. Él fue el que quiso ayudarlos desde el primer momento- Mika miro a Mikey y él se sonrojo y desvió la mirada

-creí que si no lo intentaba te perdería y a Miguel también. No me lo hubiera perdonado si se hubieran ido y yo no hubiera tratado, por lo menos una vez, de salvarlos- justifico Mikey

-hay quien dice que el que no arriesga no gana- dijo Mike

-cierto- espeto Casey -¿Qué tal si les invito a pasar la noche conmigo?

-¿seguro?- pregunto Mika

-seguro, creo que les debo eso al menos

-muchas gracias, Casey- dijo Mikey y con eso todos volvieron al campamento del hombre de negro.