Hola mis lectores, les traigo mi primera historia extensa "Te Enseñaré a Amar" basada en TMNT 2012, espero les guste. Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon.
Comencemos.
Cap. 1: UNA CHICA NUEVA EN LA CIUDAD.
Leonardo caminaba por la azotea de un edificio en la ciudad de Nueva York, estaba enojado debido a un discusión que tuvo con su hermano Raphael, pateaba algunas latas vacías tratando de calmarse pero simplemente no conseguía que su enojo desapareciera. Sus hermanos siempre cuestionaban su liderazgo y por primera vez en mucho tiempo se cansó de eso y decidió dejar a su hermano Raphael a cargo de la misión.
– ¿Qué sabe Rapha sobre ser líder? – dijo mientras cruzaba los brazos molesto –. Él jamás entendería lo cansado que puede ser tener una responsabilidad tan grande como esa. – saltó a la siguiente azotea y respiró profundo mientras miraba el cielo nocturno.
Leonardo sintió múltiples presencias detrás de él, sacó rápidamente sus katanas y se puso en posición de ataque.
– Clan del Pie – dijo mientras miraba a los ninjas –, me acaban de alegrar la noche. – los ninjas atacaron, Leonardo se defendió y uno a uno derrotó a todos los ninjas del pie – ahora me siento mejor. – dijo con una ligera sonrisa.
La joven tortuga alzó la mirada y distinguió la sombra de alguien que lo observaba desde la cima de un cartel, sujetó con fuerza sus katanas y mantuvo su posición de ataque.
Aquella persona lo vio por unos segundos más y luego saltó dando un par de volteretas y finalmente aterrizando con precisión a unos metros de él, se incorporó lentamente dejando ver que se trataba de una muchacha, usaba una mascarilla de metal, una armadura que cubría su torso, rodilleras, sandalias tradicionales japonesas y una pantaloneta negra.
– Nada mal – dijo en un tono sereno felicitándolo por haber derrotado a los ninjas del pie.
– Ah… – Leo la miraba atónito –. ¿Gracias? – no pudo decir más, estaba realmente impresionado con aquella joven y sentía su corazón latir cada vez más rápido.
– De hecho – ella rió un poco y caminó lentamente hacia él –, podría ser un reto.
Leo movió su cabeza volviendo a la realidad y se mantuvo en posición de ataque, la joven se detuvo a unos cuantos pasos de él, ella lo miró fijamente mientras ponía su mano sobre el mango de su arma, desenvainó rápidamente su espada y lanzó un polvo cegador hacia Leo. Leonardo se cubrió los ojos pero fue inútil, comenzó a toser y su vista se tornó borrosa, la joven aprovechó su momento de confusión y corrió rápidamente hacia él, logró acertarle un golpe y derribarlo.
– Creo que no – dijo la joven mientras apuntaba con su sable a Leonardo.
Él la miró con el ceño fruncido mientras estaba en el suelo.
– Me llamo Karai. – la joven se quitó la máscara dejando que Leo pudiera ver su rostro.
Leonardo la miró atónito, era realmente bonita.
– Hasta luego – dijo la muchacha mientras envainaba su espada, se separó de Leonardo y se retiró por el mismo lugar por el que apareció.
Leonardo se puso de pie confundido mientras miraba la dirección por la que Karai se fue.
– ¿Qué fue eso? – preguntó para sí mismo confundido.
La noche pasaba con tranquilidad.
Karai corría y saltaba por las azoteas de la ciudad de Nueva York, disfrutaba de la brisa fresca y recordaba su enfrentamiento hacia un par de horas con aquella tortuga de banda azul.
– Eso fue divertido – dijo deteniéndose en una azotea –, pero aun no puedo entender por qué hay mutantes en esa ciudad – miró la ciudad de Nueva York –. Esa tortuga… si no me equivoco su nombre es Leonardo.
Karai empezó a sentir un ligero cosquilleo en su interior y junto con ello su corazón comenzó a latir más rápido.
– Que extraña sensación – llevó una de sus manos a su pecho –, seguramente estoy agitada por estar patrullando la ciudad desde hace unas horas – se acercó a la cornisa de la azotea –. Bueno, continuaré un rato más. – saltó hacia la siguiente azotea y continuó su camino.
Karai había llegado de Japón hacia unos días, esa noche decidió salir a conocer la ciudad de Nueva York junto con unos ninjas del pie pero no contó con que se encontraría con una de las tortugas del Clan Hamato, Shredder estaba loco por derrotarlos, aunque Karai era parte del Clan del Pie no estaba interesada en los planes de venganza de Shredder.
– Creo que será mejor regresar – dijo mientras se detenía en una azotea, desvió la mirada y pudo distinguir no muy a lo lejos la silueta de aquella tortuga que había conocido hacía un par de horas –. Bien, tal parece que todavía habrá un poco de acción de esta noche. – sintió su corazón acelerarse pero no le dio importancia, se quitó la mascarilla de metal y se apresuró hacia la joven tortuga.
Leonardo bajó por las escaleras de incendio de un edificio y se acercó a un callejón, estaba enojado debido a un discusión que había tenido con Splinter.
FLASHBACK.
Splinter se acercó a Leo, él estaba mirando televisión en la sala.
– Leonardo – dijo llamando su atención –. ¿Dónde están tus hermanos?
– No tengo idea. – respondió Leo sin prestarle importancia.
– ¿Qué quiere decir "no tengo idea"? – preguntó Splinter extrañado por la respuesta de su hija.
– Rapha cree que puede liderar el equipo mejor que yo – respondió mientras seguía viendo la tv –, así que lo dejé.
Splinter frunció el ceño.
– ¡Esa decisión no te corresponde! – dijo mientras se acercaba más.
Leonardo se levantó y miró a su padre.
– ¿Por qué no sensei? – preguntó –. Tengo que tomar todas las decisiones y ya estoy cansado, ellos no tienen idea de lo difícil que es ser líder y no aprecian lo que hago – suspiró –. ¿Es demasiado pedir un simple "gracias"?
Splinter golpeó su bastón contra el suelo.
– ¡Claro que lo es! – dijo molesto –. El liderazgo no es cuestión de aprecio, es cuestión de responsabilidad – continuó serio –, no es importa que la carga sea pesada, lo que importa es sobre llevarla – miró enojado a Leo –, ve a buscar a tus hermanos.
FIN FLASHBACK.
– ¿Y si yo no quiero llevar la carga? – preguntó para sí mismo mientras continuaba caminando, suspiró resignado y se detuvo a pensar en donde podrían estar sus hermanos –. ¿En dónde están?... Donnie dijo algo de la cuarenta y siete y la…
– ¿Siempre hablas solo? – dijo Karai vacilante detrás de él y haciendo voltear a Leonardo.
– A veces soy el único que escucha. – respondió Leo con una ligera sonrisa.
– Yo escucharé... – dijo con una sonrisa mientras sacaba su sable –. Cuando supliques por tu vida.
Leonardo suspiró y desenvainó una de sus katanas.
– Veamos como peleas contra alguien que puede ver. – expresó Leonardo con una sonrisa haciendo alusión a la vez que Karai lo atacó con polvo cegador.
– Veamos como peleas contra alguien que es mejor que tú. – respondió Karai con una sonrisa de lado.
Leo se ofendió.
– Veamos como lo haces tú contra… – pensó por unos momentos una respuesta – ah… ah… – no se lo ocurrió nada –. ¡Vamos a ver!
Se hincaron mostrando respeto hacia el otro y luego se incorporaron poniéndose en posición de ataque, se miraron fijamente, Karai sonrió de lado y corrió a atacarlo, Leonardo la esperó sin moverse.
Ambos chocaron armas y continuaron luchando, era como si ambos supieran los movimientos del otro antes de que pudieran realizarlos, sentían como si fuera un baile, cada movimiento, cada salto, cada ataque estaba perfectamente en sincronía con los ataques del otro.
Leonardo esquivó un ataque de Karai y retrocedió un par de pasos.
Karai lo miró mientras respiraba cansado.
– Eres bueno – dijo con una sonrisa un poco sorprendida por la disciplina de Leo –, por eso no hemos podido terminar contigo.
– No diré que Shredder no lo ha intentado. – respondió Leo jadeando.
Karai sonrió.
– Lo sé – continuó –, es de lo único que habla "venganza, venganza" "vendetta, vendetta".
– ¿En serio? – arqueó una ceja y se puso en posición de ataque –, y supongo que no lo apruebas.
– No, por mi está bien – respondió con una sonrisa –; pero, necesita un pasatiempo.
Karai se aproximó nuevamente a atacarlo, Leo se defendió, continuaron luchando un rato más, esquivaban y atacaban, Karai logró hacer a un lado las katanas de Leonardo y acertarle una patada en el rostro que lo hizo retroceder un par de pasos.
– Nada mal – expresó Karai casi felicitándolo –, pero he visto mejores. – dijo vacilante con una sonrisa.
Leonardo sonrió.
– Con un sable tal vez – se incorporó y desenvainó su otra katana –, no con dos.
Karai sonrió.
Continuaron luchando unas horas más, Karai se dio cuenta de que Leo tenía razón al decir que era un poco difícil lugar contra alguien que usaba dos sables pero aun así no se dejaría derrotar por él, Leonardo continuaba defendiéndose y atacando pero teniendo cuidado de no lastimarla. Sin darse cuenta llevaron su pelea hacia las escaleras de incendio.
Leonardo se detuvo.
– ¿Sabes algo? – dijo haciendo que Karai también se detuviera al otro lado de la escalera –. No creo que seas tan mala como finges ser.
Karai suspiró y lo miró con seriedad.
– ¿Qué parte de querer cortarte la cabeza no has entendido? –
– En la azotea pudiste terminar conmigo – continuó Leo –, pero no lo hiciste.
– Porque – respondió con una sonrisa –, eres lo primero en la ciudad que no me aburre – rápidamente le lanzó un par de shurikens.
Leonardo las esquivó.
Karai saltó hasta quedar delante de él.
– Además – dijo sonriendo –, no creo que seas tan bueno como finges ser – logró inmovilizar a Leo poniendo su sable contra su cuello, Leo detenía que el sable avanzara más poniéndolo contra sus katanas –. No me digas que eso de ser bueno no cansa después de un tiempo.
Leo la miró frunciendo el ceño mientras detenía el sable de Karai.
– Creo que es mejor que la otra opción. – respondió, sintió su corazón acelerarse pero en la posición en la que estaba no tenía tiempo para prestarle atención ya que podía deberse a la tensión del momento.
– ¿Que es cuál? – preguntó mientras sostenía a Leo –. ¿Divertirte?, ¿liberarte?, ¿vivir tu propia vida?
Leo sabía que en parte las palabras de Karai eran verdad pero aun así no quería ser parte de eso, sujetó con fuerza sus katanas y se apartó de Karai arrinconándola encontrar la pared mientras la apuntaba con su arma.
Karai jadeó un poco por el dolor que le propinó el golpe de Leo pero no le dio mucha importancia, sonrió de lado mientras lo miraba.
– Creo que toqué un nervio. – dijo sarcástica por la reacción de tuvo la joven tortuga al decirle que ser bueno no siempre es lo mejor.
– ¿Por qué? – preguntó serio –. ¿Te golpee?
Karai saltó rápidamente hacia él, quedando en cima, Leo se hizo a un lado, Karai lo apuntó con su sable.
– ¿Ves ese edificio? – preguntó Karai mientras apuntaba en dirección a un gran edificio.
– Sí. – respondió Leo mirándolo y luego devolvió su mirada hacia Karai.
– Veme ahí a las doce. – dijo mientras se subía a la baranda de la escalera de incendio.
– ¿Por qué? – preguntó Leo confundido.
– Quiero mostrarte algo. – Karai guardó su sable, saltó al siguiente piso de la escalera y continuó su camino hasta que se alejó de la vista de Leo.
Leonardo se quedó en silencio mientras miraba la dirección por donde Karai se había ido, estaba confundido y respiraba con un poco de dificultad.
– Debo admitir que es bonita – dijo mientras se recargaba sobre la pared –. ¿Para qué querrá que vaya a ese edificio? – miró aquel lugar –. ¿Qué hago?, debo hablar con alguien. – saltó al siguiente edificio y continuó su camino.
Mientras tanto, Karai llegó a la sede del Pie, caminó por los pasillos pensando en Leo, sabía que estaba mal confraternizar con el "enemigo" pero sinceramente ella no sentía algún tipo de resentimiento hacia él sino todo lo contrario, le parecía lindo y muy bueno en las artes marciales.
– Karai – dijo uno de los soldados del pie sacándola de sus pensamientos –, el maestro te está buscando.
Ella rodó los ojos fastidiada y se dirigió a la sala principal de la sede, las puertas se deslizaron dejándola entrar y caminó hasta quedar cerca del gran sillón donde Shredder la estaba esperando.
Karai se arrodilló delante de él.
Shredder la vio serio.
– Karai – dijo serio –, supe que tuviste la oportunidad de terminar con Leonardo.
Karai no entendía como se pudo enterar pero mantuvo la calma.
– ¡Ah!, ¿sí? – dijo con una ligera sonrisa mirándolo.
– ¡Y en vez de acabarlo lo dejaste ir! – expresó muy molesto.
– ¡No es verdad! – dijo excusándose –, él escapo.
– Me cuesta trabajo creer eso – dijo mirándola con detenimiento.
– Se te escapo a ti ¿no? – expresó sarcástica.
Shredder apretó los puños.
– ¡Ya basta! – gritó e hizo que Karai bajara la mirada –. La próxima vez que lo veas debes terminar con él – se acercó a ella y desplegó las cuchillas de su guarte –. ¿Entendido?
– Entendido – dijo aun con la mirada baja –, padre.
Shredder siguió su camino y salió de la sede.
Karai se incorporó.
– ¿Cómo pudo enterarse que pelee con Leo? – pensó –. Seguramente uno de los ninjas debió contárselo, debo ser más cuidadosa. – miró el reloj de la pared –. Es hora de irme.
Karai salió de la sede y empezó su recorrido hacia el edificio donde citó a Leonardo. Al llegar no lo vio por ningún lugar así que se dispuso a esperar un rato, caminó de un lado a otro mientras miraba la ciudad, los minutos pasaron y ya comenzaba a aburrirse.
– Creo que no vendrá – pensó mientras miraba la ciudad, estaba lista para irse pero sintió la presencia de alguien detrás de ella y sabía exactamente de quien se trataba –. Empezaba a creer que no vendrías… – se dio vuelta y, definitivamente, era Leo quien estaba detrás de ella –. No me decepcionaste. – dijo mientras ponía una de sus manos en sus caderas y sonreía de lado.
Leo asintió y se acercó a ella.
– Y dime… – expresó confundido –. ¿De qué se trata esto?
Karai sonrió y le lanzó unos binoculares.
– Ve eso. – señaló un museo no muy a lo lejos.
Leonardo se acercó a la cornisa y con ayuda de los binoculares vio por una ventana algunas armas en exhibición.
– Es el sable de Miyamoto Musashi… – dijo sorprendido al verlo y se arrodilló en la cornisa.
– El mejor guerrero en la historia de Japón – Karai se arrodillo al lado de Leo y mirando el museo –, es antiguo, es invaluable… y es tuyo, si me ayudas. – volteo a ver a la joven tortuga.
– ¿A hacer qué? – preguntó Leo confundido.
– Ya sabes qué… – dijo son una ligera sonrisa –. Vamos a robarlo.
– No lo haremos. – discrepó Leo con el ceño fruncido.
Karai lo miró molesta pero luego relajó su expresión.
– ¡Vamos! – dijo casi suplicando –. Ese sable está ahí solo empolvándose, tú sabes que mereces esa katana, la mereces más que un holgazán con dinero – Leonardo miraba el sable, Karai se acercó más a él –. Ya deja de ser responsable Leo, deja de esperar que los demás te den la vida que quieres – se acercó más –, ve a reclamarla. – dijo casi en un susurro.
Leo sentía su corazón palpitar cada vez más rápido debido a la cercanía de Karai, estaba a punto de ceder pero recordó las enseñanzas de su maestro.
– No… – se apartó un poco de ella y desviando la mirada.
Karai suspiró fastidiada y se incorporó.
– Iré por el sable Leo, con o sin ti – expresó seria –. Elige.
Leonardo se incorporó.
– ¡No puedo! – desvió la mirada –. Está mal.
– Empiezas a aburrirme – dijo colocando su mano sobre su sable, estaba por desenvainar su espada pero Leo sujetó su mano.
– Karai… – dijo mientras sostenía su mano y sentía su corazón acelerarse –. No tienes que hacerlo.
Karai sentía una calidez especial al sentir el tacto de Leo, ¿qué sería lo que sentía?, solo una vez había experimentado una calidez similar hace muchos años.
– Lo sé – expresó con una sonrisa –, eso lo hace divertido. – tomó por sorpresa a Leo, lo derribó aplicándole una llave y poniendo un pie sobre él.
Como si las cosas no pudieran poner más incomodas, el hermano de Leo, Rapha, llegó hasta ellos.
– ¡Leo! – dijo corriendo hacia él, pero se detuvo al verlo en el suelo y con la joven kunoichi aplicándole una llave – ¿Qué haces? ¿Quién es ella?
Leonardo lo miró nervioso, Karai por otro lado lo miraba con una ligera sonrisa.
– Ah… Rapha, Karai; Karai, Raph. – dijo presentándolos.
Ambos se incorporaron.
– ¿Acaso eres amigo de ella? – dijo Raph acercándose –. Estamos arriesgando la vida mientras tú sociabilizas con el clan del pie.
– Puedo explicarlo… – dijo Leo nervioso.
– Esto será entretenido. – expresó vacilante Karai mientras cruzaba los brazos mirándolos.
Leo suspiró.
– Veras… – comenzó a explicar –. Karai y yo, compartimos el gusto por una obra de arte que era…
Detrás de ellos apareció Víbora Alga, un mutante alto de color verde y con varios tentáculos.
– Las encontré tortugas. – dijo con su voz ronca.
– Eso me da gusto. – dijo Leo fastidiado y junto con su hermano se pusieron en posición de ataque sacando sus armas.
Víbora Alga los atacó e hizo que se separan, Leo y Raph corrieron hacia el otro extremo mientras que Karai se hizo a un lado, esa no era su pelea así que no tenía pensado intervenir.
– Ah, perdón eres el líder – dijo Raph a su hermano –, bienvenido.
Ambas tortugas se enfrentaron al mutante. Leonardo vio a Karai parada desde el otro el extremo de la azotea, ella lo miraba con una sonrisa, Víbora Alga aprovechó la desconcentración de Leo y lo sujetó del brazo con uno de sus tentáculos lanzándolo cerca de la cornisa y soltando sus katanas, lo sujetó nuevamente y lo jaló pero Leonardo se sujetó del borde de concreto de la puerta. Rapha pudo resistir un poco luchando contra él pero finalmente también fue capturado por uno de los tentáculos del mutante.
Karai miraba la pelea desde el otro extremo de la azotea, los miraba un poco confundida, le habían dicho que en esa ciudad había mutantes pero no esperaba ver a dos de ellos en una sola noche.
Leo se dio cuenta que no resistiría mucho tiempo sujetándose, miró a Karai.
– ¡Karai! – gritó –. Karai por favor… auxilio.
Karai lo miró con una sonrisa de lado, desenvainó su sable y se lo lanzó. Leonardo cerró los ojos esperando lo peor, luego de unos segundos los abrió y vio el sable de la muchacha clavado a un lado suyo.
– Sayonara. – expresó con una sonrisa y saltó de la cornisa del edificio dejando a las tortugas en su pelea con Víbora Alga.
Karai continuó su camino, no estaba feliz por haber dejado a Leo luchando solo contra ese mutante, sentía un ligero cosquilleo en su interior que le traían ciertos recuerdos a la mente. Logró llegar a su casa, la mansión Oroku, ubicada en las zonas más exclusivas de todo Nueva York, cruzó sigilosamente el gran jardín y entró por la ventana de su habitación.
– Que noche tan agitada – dijo para sí misma mientras se recostaba en su cama.
En un par de horas amanecería, se preguntaba cómo habría terminado la pelea de Leo, seguramente le fue bien ya que Leo era bueno en las artes marciales, le gustó mucho "luchar" contra él.
Karai se levantó y se dirigió a su gran armario, se quitó su armadura y la guardó en el último cajón, se quedó solo en mayas negras, se dirigió al baño y rápidamente se duchó, se puso ropa cómoda y se dispuso a dormir un poco pero escuchó a alguien tocar su puerta.
– Adelante. – dijo Karai levantándose.
Shredder entró a la habitación, ya no usaba su armadura sino que vestía un traje tradicional japonés.
– ¿Dónde estabas Karai? – dijo con seriedad.
– Yo… – dijo nerviosa –. Seguía conociendo la ciudad.
– Pensé que regresaste a la mansión cuando saliste de la sede del Pie – continuó –, pero al llegar me dijeron que todavía no llegabas y que recién notan que lo hiciste.
– Si lo sé, saliendo de la sede continué mirando la ciudad – dijo Karai excusándose –, y luego regresé a casa.
– ¿No te encontraste con esas despreciables tortugas? – preguntó molesto.
– No padre – cruzó los dedos detrás de su espalda –, te lo juro.
– Muy bien Karai – relajó la mirada –, descansa mañana tienes entrenamiento. – Shredder se dirigió a la puerta y la cerró dejando a Karai sola.
Karai suspiró y se echó en su cama.
– Espero que Leo esté bien… – dijo mientras miraba por la ventana, sin darse cuenta se formó una ligera sonrisa en su rostro.
Mientras tanto en las alcantarillas.
Raphael jaló a Leo hasta un lugar apartado de sus hermanos.
– ¿Qué hay con la chica que trató de matarte? – preguntó Raphael.
– No trato de matarme – corrigió Leonardo –, ella me salvo.
– ¿Si? – discrepó –. Te lanzo un cuchillo a la cabeza.
– Lo lanzó cerca de mi cabeza – continuó Leo con una sonrisa y mostrándole el sable.
Rapha cruzó los brazos.
– Es del clan del pie. –
Leo colocó su mano sobre el hombro de Rapha.
– Nadie es perfecto. – dijo para finalizar y se retiró a su habitación.
Leonardo entró a su habitación mirando el sable, estaba fascinado con Karai y deseaba verla de nuevo, guardó su espada en una caja debajo de su cama se recortó mirando el techo.
– Gracias Karai – dijo para sí mismo mientras ponía sus manos detrás de su cabeza, cerró los ojos y lentamente se fue quedando dormido.
Continuará…
Bueno, este fue el primer capítulo, yo espero les haya gustado y déjenme sus comentarios si fue así, nos leemos en el siguiente cap.
Gracias y saludos.
