Hola mis lectores, les traigo el siguiente capítulo de "Te Enseñaré a Amar" basada en TMNT 2012, espero les guste. Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Nickelodeon
Comencemos.
Cap. 3: ATRACCIÓN.
La oscuridad cubrió la ciudad de Nueva York, la luna se levantó en lo alto del cielo y las estrellas brillaban junto con ella.
Karai, vestía su traje de kunoichi y su mascarilla de metal, recorría las azoteas de Nueva York junto con cuatro ninjas del Pie, juntos buscaban señales de los discípulos de Hamato Yoshi sin embargo no había rastro alguno de ellos.
Karai se detuvo sobre la cornisa de una azotea.
– Parece que esta será una noche aburrida – pensó, se dio vuelta para ver a sus ninjas –. ¿Podrían ser más rápidos? – dijo mientras ponían una de sus manos en su cadera.
Los ninjas aterrizaron en la misma azotea que ella y uno de ellos se acercó bajando la mirada.
– Lo sentimos señorita Karai. – dijo con respeto.
Karai rodó los ojos con el ceño ligeramente fruncido.
– ¡Vámonos! – ordenó y saltó a la siguiente azotea siendo seguida por sus ninjas.
Continuaron recorriendo Nueva York unas horas más pero nuevamente no tuvieron éxito en encontrar a alguien del clan Hamato.
Los ninjas seguían de cerca a la muchacha.
– Señorita Karai – dijo uno de ellos llamando su atención mientras seguían saltando por las azoteas –. Ya es tarde, deberíamos regresar.
Karai se detuvo y miró a sus ninjas.
– Está bien, volvamos. –
Los ninjas asintieron con la cabeza y todos se encaminaron hacia la sede del pie.
Luego de unas horas estaban solo a un par de calles de la sede del pie, Karai desvió un poco la mirada mientras saltaba a la siguiente azotea y vio a las cuatro tortugas no muy lejos de ella.
Karai se detuvo sobre una azotea y sus ninjas se detuvieron al lado de ella.
– ¿Sucede algo señorita? – preguntó uno de los ninjas.
– No – dijo Karai con el ceño ligeramente fruncido –. Regresen sin mí, tengo que algo importante que hacer.
– Nosotros podríamos acompañarla, nuestras órdenes son protegerla. – dijo otro de los ninjas.
– Soy capaz de cuidarme yo sola – dijo Karai con firmeza –. Si mi padre pregunta por mí, díganle que regresé a la mansión Oroku.
– Está bien señorita. – uno de los ninjas hizo una seña para continuar con su camino y se fueron.
Karai se quitó la mascarilla y suspiró un poco cansada luego nuevamente se la colocó y continuó su camino hacia la misma dirección por la que se fueron las tortugas.
– ¿Estará bien que esté haciendo esto? – pensó Karai mientras se acercaba a las tortugas –. Solo quisiera verlo de nuevo.
Karai sabía que ir en busca de las tortugas sin sus ninjas iban en contra de las ordenes de Shredder, pero algo en su interior no quería que las ninjas lastimaran a las tortugas o más bien, no quería que lastimaran a aquella tortuga de ojos azules que invadía sus pensamientos sin previo aviso.
Mientras tanto, los hermanos Hamato se detuvieron en una azotea no muy lejos de Karai.
Leonardo se acercó a la cornisa de la azotea y miró la ciudad, sus hermanos se sentaron a descansar, Mikey tenía su patineta sobre su caparazón.
– Leo – dijo Mikey llamando su atención –, estoy aburrido mejor hay que regresar.
Leonardo rodó los ojos.
– Fue una noche fue tranquila – dijo Donnie –, parece que hoy los kraangs no hicieron nada importante.
Leo cruzó los brazos.
– Que no los hayamos visto no quiere decir que no tramen algo importante. –
– Tienes razón – dijo Donnie sujetando su barbilla y pensando un poco –, también es raro que no hayamos visto al Clan del Pie.
– ¿Por qué sería raro? – preguntó Raph arqueando una ceja.
– Usualmente los vemos cada vez que salimos a patrullar la ciudad. – respondió Donnie.
– Pues yo digo que mientras más lejos estén de nosotros mejor – dijo Raph serio cruzando los brazos y miró a su intrépido líder –. ¿No es cierto Leo?
Leonardo frunció el ceño y miró a su hermano.
– Rapha, yo… –
– ¡Mira! – dijo Mikey interrumpiéndolo.
En la parte inferior había un pequeño patio de juegos que tenían rampas para patinaje.
– ¿Podemos ir? – preguntó Mikey con ojos de cachorro.
– No creo que sea una buena idea. - dijo Leo dudoso.
– ¡Por favor! – suplicó Mikey.
Leonardo suspiró resignado.
– Muy bien, está bien pero solo un momento. – accedió Leo.
Las tortugas bajaron con mucho entusiasmo a las rampas de patinaje y se turnaron para usar la patineta de Mikey, Donnie se deslizó con la patineta por las barandas de las escaleras, Raph daba volteretas por la pequeña pista de patinaje y se deslizó por unos tubos y Mikey hacia girar la patineta en el aire y continuaba deslizándose por las rampas, todos se divertían a excepción de Leonardo quien estaba apoyado sobre un columpio mirando a sus hermanos.
– ¿No quieres intentarlo Leo? – preguntó Mikey
– No – respondió –. Será mejor irnos pronto de aquí.
– ¿Por qué la prisa? – preguntó Raph.
– Alguien podría vernos – argumentó acercándose a ellos –, es peligroso estar aquí.
– Que extraño – dijo Raph cruzando los brazos –, no pensaste que sería peligroso ir al edificio Bayerli.
– ¿A qué te refieres? – preguntó Donnie mirándolos.
– No se refiere a nada. – dijo Leo desviando la mirada.
– Si claro, lo que digas. – Raph cogió la patineta y continuó deslizándose por las rampas.
Leo suspiró resignado y continuó esperando a que sus hermanos se cansaran para poder irse.
Mientras tanto Karai se detuvo a una azotea cercana a la pista de patinaje, se sentó sobre la cornisa y observó con atención a las tortugas en la parte baja.
Karai sonrió de lado, pero no se notó ya que traía su mascarilla puesta, miró a Leonardo apoyado sobre el columpio apartado de sus hermanos.
– Se ve tierno – pensó mientras sus mejillas se sonrojaban ligeramente –. ¿Por qué no estás divirtiéndote con tus hermanos? – Karai se asomó un poco más he hizo caer una pequeña piedrecilla.
Leonardo escuchó un ruido detrás de él y sin romper su postura, miró un charquillo de agua y en el reflejó a Karai.
– Ella está aquí. – pensó, alzó la mirada y sus ojos azules se cruzaron con los ojos ámbar de Karai.
Karai sintió un ligero cosquilleo recorrer todo su cuerpo al ver los ojos de Leo.
– Leo – dijo Mikey llamando su atención –. ¿Estás seguro que no quieres intentarlo? – le extendió la patineta.
– Perfecto – pensó Leo –. Está bien, lo intentaré. – dijo con una sonrisa de lado, era su oportunidad de impresionar a Karai.
Karai lo miraba atenta.
Leonardo dejó la patineta en el suelo y comenzó a deslizarse aproximándose hacia las rampas y los tubos, hizo algunas maniobras en el aire, aterrorizó con mucha precisión, levantó la patineta con el pie y esta se elevó girando hasta llegar a las manos de Mikey.
Sus hermanos lo miraban con la boca ligeramente abierta.
Leonardo desvió la mirada y vio a Karai, ella lo mirada sorprendida.
Karai sonrió y se retiró.
– ¡Muy bien Leo! – dijo Donnie contento.
– Hace mucho tiempo no te veía usar la patineta así – dijo Mikey.
Raph cruzó los brazos mirando a Leonardo.
– ¿Sucede algo Raph? – preguntó Donnie.
– No… no es nada – se acercó a Leo –. Leo hiciste bien intrépido líder.
– Gracias – respondió serio –. Muy bien, ya es hora de regresar.
Los hermanos se miraron entre ellos y luego subieron a la azotea de un edificio.
– ¿Saben qué? – dijo Leo deteniéndose y mirando la dirección por donde vio a Karai –. Adelántense, yo los veré después. – saltó a la siguiente azotea.
– ¿A dónde va? – preguntó Donnie mirando a su hermano irse.
– No lo sé – respondió Mikey –, pero mejor regresemos, se está haciendo tarde.
– ¿Raph no vienes? – dijo Donnie
– Si – respondió Raph, miró la dirección por donde Leo se fue y apretó los puños –. Espero que no estés cometiendo un error Leo. – la tortuga de banda roja se dio vuelta y regresó junto con sus hermanos a las alcantarillas.
Mientras tanto Leo saltaba por las azoteas intentando alcanzar a Karai. Luego de un rato Karai se detuvo en un tanque de agua y se sentó a descansar.
– ¡Karai! – dijo Leo aterrizando en la misma azotea que Karai.
La joven se dio vuelta y vio a Leonardo, bajó del tanque de agua y puso su mano sobre el mango de su sable.
– ¿Qué quieres? – preguntó y se quitó la mascarilla.
Leonardo se acercó lentamente hacia ella.
– ¿Que estás haciendo aquí? – preguntó la tortuga de ojos azules.
– Mi trabajo – respondió –, buscar las tortugas y llevarlas con…
– Karai – Leo la interrumpió serio –. ¿Recuerdas lo que te dije cuando estábamos al edificio Bayerli?
– "No tengo que hacerlo". – dijo Karai con una sonrisa de lado
– Así es. – dijo Leo algo nervioso
– Tengo que cumplir órdenes – retiró la mano del mango de su sable –. Y lo que yo haga o no, no es asunto tuyo. – lo miró seria.
– Pero lo que haces no es correcto, estoy seguro que a ti no te gusta seguir las órdenes de Shredder. –
Karai lo miró curiosa.
– ¿Cómo podrías saber eso? –
– Porque lo veo en tu mirada – Leonardo sintió un impulso de hacerse y acaricia su mejilla, pero se contuvo –. Yo puedo ayudarte si lo deseas.
– ¿Ayudarme a qué? –
– A hacer lo correcto – tomó la mano de Karai –, a dejar el Clan del Pie.
Karai se soltó y se abrazó así misma suspirando cansada.
– Leo – dijo casi en un susurro –, aunque quisiera dejar el Clan del Pie no podría hacerlo.
– ¿Por qué? – se acercó más a ella.
– ¿A dónde iría? – preguntó un poco desanimada –. El Pie es el único lugar que he conocido toda mi vida, mi madre murió cuando yo era pequeña y fui criada por mi padre… – Karai se detuvo, no quería decirle a Leo que Shredder era su padre.
Karai se sentó sobre la cornisa de la azotea.
Leo se arrodilló hasta quedar a la altura de Karai y sujetó su mano.
– Lamento lo de tu mamá – dijo con ternura –, pero creo que ella no querría que su hija estuviera en un lugar como el Pie.
Karai se soltó nuevamente del agarre de Leonardo y lo miró con el ceño ligeramente fruncido.
– Ten una misión que cumplir – dijo seria –, no espero que lo entiendas.
– ¿Y qué misión es esa? – preguntó molesto.
– Destruir al Clan Hamato. – respondió.
– ¿Y piensas cumplir esa misión? – Leonardo se puso de pie y la miró.
Karai se incorporó mirándolo con seriedad.
– Si me sigues provocando cumpliré esa misión lo más rápido posible. –
Leo suspiró resignado.
– Ven… –
– ¿A dónde? – pregunto Karai.
– Quiero mostrarte algo. – respondió.
Karai sonrió y recordó cuando citó a Leonardo en aquel edificio.
– Ya tengo que regresar – dijo Karai con una sonrisa de lado –, no puedo acompañarte.
– Solo ven será por unos momentos. –
Karai desvió la mirada hacia la dirección donde se encontraba la sede del pie y luego volvió a ver a Leo.
– ¿Solo será un momento? – preguntó Karai.
– Si –
– Está bien. – dijo Karai con una ligera sonrisa de lado, en el fondo deseaba seguir a Leonardo aunque no lo admitiría.
– Muy bien – Leonardo sonrió –, sígueme.
Leonardo saltó a la siguiente azotea y vio a Karai, ella suspiró y luego sonrió mirando a Leonardo, él extendió la mano esperando a Karai y ella saltó a la misma azotea donde estaba él.
Ambos siguieron su camino y se perdieron entre la oscuridad de la noche.
Continuará…
Hasta aquí este capítulo, espero les haya gustado por favor déjenme sus comentarios si fue así, nos leemos en el siguiente capítulo, éxitos a todos.
Gracias y saludos.
