CAPITULO III
-Equipo uno tenemos el objetivo a la vista, procedemos a un avance.
-Equipo dos, entramos por el este, esperen señal.
-Equipo tres, listos desde la altura, tenemos visión total de la cabaña.
-Equipo alfa, esperen todos la señal.
- Aquí la comandante Hellsing, procedan a eliminar a las amenazas, tengan mayor precaución.
Y de esa forma, la Real Orden de los Caballeros Protestantes en conjunto con el ejército británico se lanzaron a la exterminación de las dos bestias que habitaban la derruida cabaña.
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- ¿Maestro?-al girar el rostro no pudo más que fruncir el seño. Ese desagradable gato se había escapado y se encontraba semi recostado sobre su draculina acariciando su cabello- maestro, ¿realmente te vas con esa y me dejas aquí a morir sola? – siguió hablando mientras fingía la voz de la vampiresa.
Era capaz de sentir el peligro en el que estaba su dueña, así que no podía perder tiempo. Sin darle tiempo a reaccionar se acercó al niño y le arrancó el corazón- vuelves a estar en mi poder Schrödinger, ve y trae de regreso el alma de la vampiresa- le ordeno mientras se tragaba el pequeño corazón y utilizando su poder desapareció para ir con su ama.
-Ahhhh- se quejó el felino en la soledad del cuarto de la vampiresa- este amo es muy gruñón, pero de seguro tu y yo la vamos pasar muy bien Fräulein- le susurró al oído de Victoria.
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Podían escuchar el retumbar de la marcha de los soldados, no hacían nada por querer pasar desapercibidos, los motores y el cargar de las armas hacían mucho ruido. Ellos tenían hambre, mucha hambre.
-No, váyanse- gruñó la bestia con su último resquicio de cordura- prometimos… no hacer… daño- pero ya era muy tarde, la luna estaba casi llena y la bestia tomo el control cuando sintió las tropas avanzar.
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En la profundidad del alma del rey no muerto encontró a una pequeña niña rubia dormida, no tendría más qu años, la tomó entre sus brazos y dejó que esta lo guie hasta donde se encontraba el resto del alma de Seras Victoria.
Cuando abrió los ojos se encontró en un paisaje seco y casi desértico, y a la lejanía se podía observar un castillo solitario, tétrico y horripilante, el mayor de seguro se habría sentido muy a gusto allí. Sin soltar a la niña comenzó a caminar hasta aquel macabro lugar.
No había luna o sol, tampoco estrellas o nubes, el lugar mientras se acerba parecía estar totalmente abandonado y en la inmediatez del lugar no había ningún animal o planta, se sintió emocionado, nunca había entrado en una dimensión así, además sus poderes hacía rato que habían dejado de funcionar, era realmente interesante este nuevo amo gruñón que había encontrado.
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Un rugido quebró la quietud de la noche y las bestias salvajes se arrojaron sobre una lluvia de fuego que se abalanzó sobre ellos. Al igual que como muchas otras criaturas mágicas, los licántropos tenían excelentes reflejos que les permitieron esquivar la mayoría de las balas y llegar hasta el equipo uno.
-Aquí equipo tres, ¡los licántropos están destrozando al equipo uno! Equipo dos ¡apúrense!
La radio era un caos de voces de distintos canales que hacía casi imposible el poder entender que decían, Integra frustrada solo se quitó los auriculares y salió de la tienda, se acercó al borde del barranco y con un rifle de larga distancia apuntó a la cabaña, aunque ya no había más rastró de los licántropos o el equipo uno.
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Bajó a la niña que aun dormía en sus brazos y la dejó contra el gran muro que rodeaba la fortaleza, se acercó a la reja y la abrió. Al entrar la temperatura del lugar descendió abismalmente, se giró y constató que la niña se encontraba afuera y aun dormía.
Mientras caminaba por el sendero principal se dio cuenta que el lugar se encontraba nevado y algunos matorrales conservaban sus flores cecas por la helada, como si el lugar hubiese sido transportado desde otro lugar hasta allí.
A la izquierda del lugar bajo un gran roble muerto encontró lo que buscaba. A los pies del árbol una lapida con la estatua de un dragón aguardaba abierta, delante de esta y en fila había siete tumbas. Llas recorrió con una sonrisa, ahora sabía donde se encontraba, si el mayor lo hubiera sabido habrían ganado la guerra.
La primera tumba sin nombre y abierta a la espera de un cuerpo, bastante extraño. De la segunda a la sexta selladas con los nombres que él tan bien conocía Marishka, Aleera, Verona, Lucy y Wilhelmina. Mientras se acercaba al final de la fila, podía ver la séptima tumba siendo cavada por una rubia cabeza.
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Estaba herido, todo su lado derecho ardía enormemente, le habían disparado con plata. Henry había muerto unos pocos metros detrás de donde se encontraba. Tenía que huir, pero los humanos lo habían rodeado, la bestia bufaba agitada y presa de sus cazadores, sin escapatoria.
Unos pasos resonaron en el bosque y la bestia sintió la temperatura descender unos cuantos grados, desde los arboles vio salir al mismo sujeto de la vez anterior. Su abrigo rojo lo hacia una presa fácil de distinguir, pero su aura era oscura y poderosa. Un vampiro con quien no hay que meterse.
La criatura viendo su final acercarse solo se agazapó contra un árbol y espero que una bala terminara con su sufrimiento.
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La ponzoña había cubierto por completo sus brazos, piernas y el rostro. Ya casi había terminado su propia tumba. Un poco tétrico si alguien le preguntaba el tener que cavar su sepultura, pero bueno se encontraba en el limbo, aquel lugar donde paran las almas que no pueden ir al cielo o el infierno, que esperan al día del juicio final.
Se acercó a ella y la tomó por los hombros- Vamos Fräulein, es hora de regresar- poco a poco se giró y lo miró con ojos vacios, un escalofrió recorrió al gato. Sin perder mucho más tiempo la obligó a salir del hueco que había cavado y en el que ya se encontraba una lapida con el nombre de la joven. Una sensación de no estaban solos lo embargó de golpe, la tomó de la mano y salió lo más rápido que pudo del lugar, sin sus poderes eran presas fáciles.
Cuando ya se encontraba en las rejas se giró y pudo ver en las puertas del castillo a una mujer con el rostro cubierto por un velo que poco a poco comenzó a caminar hacia ellos. Se apresuró a empujar a la Victoria adulta hacia afuera y a cerrar la reja a su paso, tomó a la niña Victoria y sin mirar atrás camino hasta donde había llegado, era hora de volver.
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- No era necesaria tu presencia, el ejército lo tenía controlado- hacia ya unos 30 minutos que habían regresado del bosque. Alucard había eliminado al segundo licántropo y desde entonces se había quedado a su lado en un mutismo total.
Él se quedo en silencio sentado en la silla frente a su escritorio, seguía mirándola fijamente sin decir una palabra. Si bien nunca había sido muy hablador, esta tampoco era una actitud muy común en él.
- ¿Por qué?- hablo con voz profunda, esperando una respuesta.
- Explícate- no estaba acostumbrada a que la cuestionasen en sus decisiones. La misión había tenido bajas, pero habían logrado eliminar los objetivos. Además de que la situación entre ellos se había vuelto muy tensa.
- Cuando los licántropos atacaron a Victoria no ordenase a tus hombres que la ayuden. ¿Por qué la dejaste peleando sola?- no había tonalidad alguna en su voz, era totalmente neutra e Integra por primera vez en mucho tiempo volvió a sentir una niña pequeña. La pregunta era muy obvia, el problema era la respuesta.
No quería decirle que en ese momento había surgido en su cabeza aquella imagen del jardín y en un completo y irracional ataque de estupidez infantil había decidido no ayudar a Victoria, qué se sentía fatal y quería darse la cabeza contra la pared, qué la conciencia le carcomía hacia ya varios días y qué se sentía la persona más estúpida y desagradecida sobre la faz de la tierra. Le había fallado a la única persona que nunca la abandonó, qué cuando la guerra terminó y todo se vino abajo estuvo allí para levantarla con una sonrisa.
- Eso no es algo que te tenga que interesar a ti- contestó exhalando el humo de su habano. Y esperó a que dejase el tema allí mismo, no quería hablar con él, quería disculparse con Victoria y con ella hablar todo aquello que había sucedido.
Sin embargo la respuesta nunca llegó, Alucard giró bruscamente su cabeza a la izquierda y luego desapareció en una nube sombras negras. Integra sin pensarlo dos veces salió disparada de su oficina, en el ala este de la mansión estaban las mazmorras.
Cuando llegó a la plata baja muchas de las mucamas se encontraban paradas en la entrada del pasillo, cuando Sir Hellsing se adentró en este un alarido de mujer sonó por todo el ala. Definitivamente Victoria estaba de regreso.
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Hola! Hasta aquí el tercer capítulo, muchas gracias a los que se toman el tiempo de dejar un comentario. Ahora más que nunca me gustaría que me dijesen que creen que pueda pasar, pues tengo muchas ideas de cómo terminar el fic pero no sé bien por cual decidirme, así que agradecería saber que piensan.
No le quedan muchos capítulos la verdad, después de todo, la idea principal era describir un poco la relación entre los 3 personajes de la historia. Sí abrí el pié para una historia un poco más larga que tengo pensada y que tal vez esta me sirva como prefacio ¿De quién será la primer tumba?
Nos leemos pronto! Gracias por pasar!
